Envuelta en llamas (la estrella de hidrógeno de Campbell)

Cuando uno piensa en los objetos de cielo profundo de la constelación del Cisne se imagina extensas y difusas nebulosas y ricos cúmulos estelares. Hoy vamos a ver un objeto distinto, más parecido a NGC 6888 que a cualquier otro. Se conoce como la Estrella de Hidrógeno de Campbell (Campbell’s Hydrogen Star), pero su nombre oficial es PK 64+5.1. En la siguiente imagen, obtenida con el telescopio Hubble, podemos contemplarla en todo su esplendor:

A smouldering star

La estrella que ocupa el centro de la imagen llamó la atención a finales del siglo XIX, cuando Willemina Fleming vio que tenía un espectro peculiar. En 1899 William Campbell descubrió que la estrella estaba cubierta por una débil y pequeña envoltura gaseosa, a modo de nebulosa planetaria, rica en elementos pesados como carbono y neón. La estrella de Campbell, como pasó a conocerse entonces, es una estrella de tipo Wolf-Rayet, algo que nos sonará si recordamos objetos como NGC 6888 o NGC 7635 (la Nebulosa de la Burbuja). Una estrella Wolf-Rayet es una estrella extremadamente masiva que genera fuertes vientos, produciendo una rápida pérdida de masa. De hecho, recientes estudios de este objeto han detectado vientos de hasta 700 km por segundo: no es de extrañar que produzcan la dispersión de sus capas más externas. La estrella de Campbell se encuentra a unos 4.000 años luz de distancia, así que no esperemos ver un objeto especialmente extenso.

Con una magnitud de 10.44, su principal dificultad estriba en su pequeño tamaño y en el brillo de la estrella central, que reluce con una magnitud de 11.3. La débil nubecilla apenas alcanza los 5 segundos de arco de diámetro, así que tendremos que usar elevados aumentos y disponer de una atmósfera estable y con la mínima contaminación lumínica. Podemos ubicarla a partir de la conocida Albireo, que se encuentra a unos 2 grados y medio de nuestro objetivo, al que tendremos que llegar saltando de estrella en estrella. Una vez en campo es probable que no veamos más que la estrella central: será el momento entonces de cambiar de ocular. A 429 aumentos la estrella parecía envuelta en el típico halo pequeño y difuso que aparece cuando la atmósfera está especialmente húmeda. Sin embargo, moviendo el tubo podía compararla con otras estrellas de brillo similar, pudiendo apreciar que dicho halo aparecía exclusivamente en la estrella de Campbell. Mucha gente refiere distinguir en esa pequeña esfera gaseosa un color rojizo o anaranjado (debido principalmente al carbono), pero en mi caso no pude ver más que una tonalidad grisácea (mis ojos, por otro lado, no son especialmente sensibles a los cambios de color). Aun así, no deja de ser un objeto interesante, una vez que tenemos en cuenta los violentos procesos que está sufriendo y las rápidas ráfagas que produce a su alrededor.

Pk 64+5.1.png

Con la fuerza de un solo brazo (NGC 7678)

Llega el otoño y volvemos a dirigir nuestra mirada al corazón de Pegaso, a un lugar aparentemente vacío que se oculta entre sus cuatro brillantes estrellas. En esta ocasión disfrutaremos de una de las galaxias del catálogo Arp de galaxias peculiares:

Foto NGC 7678

Copyright © J.Shuder

Estamos hablando de NGC 7678, también conocida como Arp 28, un buen ejemplo del subgrupo de “galaxias espirales con un brazo prominente” en el que Halton Arp colocó a este objeto. No hay más que ver cualquier fotografía de larga exposición para entender el motivo que empujó al astrónomo a incluirla en su catálogo. Es una galaxia espiral cuyos brazos se arremolinan a su alrededor, destacando uno de ellos de mayor grosor y brillo. Su superficie moteada deja entrever numerosas condensaciones, regiones de formación estelar fruto, probablemente, de alguna colisión anterior entre distintas galaxias. Esta huella de interacción intergaláctica puede seguirse alrededor de NGC 7678, apreciándose un halo difuso e irregular similar a tantas otras galaxias que han sufrido encuentros en el pasado. Tres supernovas se han detectado en la galaxia durante los últimos 16 años, todas ellas situadas, curiosamente, en el lado opuesto al prominente brazo. NGC 7678 se encuentra a una distancia de entre 140 y 180 millones de años luz, y su tamaño se estima en poco más de 100.000 años luz, algo menor que la Vía Láctea.

Tiene una magnitud de 12.7 y un tamaño de unos 2.5 minutos de arco en su eje mayor. Al telescopio destaca, en primer lugar, como una mancha difusa cuyo centro, puntiforme, brilla con mayor intensidad. Se encuentra rodeada por tres estrellas que forman un llamativo triángulo isósceles, que servirán para delimitar su posición si el cielo no es lo suficientemente oscuro. Una vez  tengamos la vista bien adaptada y veamos la galaxia con facilidad será el momento de tratar de ver su brazo espiral. Tuve que dedicarle varios minutos usando visión lateral, descansando a menudo la vista para no forzarla demasiado, pero finalmente pude detectar ese tenue detalle, como una fantasmagórica línea que aparecía y desaparecía ante mis ojos. Su buena posición estas noches de otoño, alta en el cielo poco después de anochecer, hace que merezca la pena hacerle una visita: NGC 7678 es, probablemente, una de las galaxias más lejanas que es capaz de mostrar parte de su estructura a tanta distancia de nosotros.

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El átomo por la paz (NGC 7252)

La constelación de Acuario, bajo cielos oscuros, nos depara aún muchas sorpresas accesibles a telescopios de baja apertura. Hoy vamos a centrarnos en un portento cósmico, un objeto que es capaz de despertar la imaginación de cualquier que contemple la siguiente fotografía:

Se trata de NGC 7252, también conocido como Arp 226 o con el poético nombre del Átomo por la Paz (Atom for the Peace). Su nombre deriva de su forma, que recuerda a la estructura de un átomo con las órbitas de sus electrones (aunque hoy en día sabemos que no son realmente así). El nombre es un homenaje al discurso de Eisenhower que, en 1953, puso de manifiesto el deseo de usar la tecnología nuclear para fines energéticos en vez de servir como armamento militar. Arp 226 es en realidad el resultado de la colisión entre dos enormes galaxias que se encuentran a una distancia de entre 220 y 300 millones de años luz. Los filamentos desprendidos son los regueros de estrellas y gas que han salido despedidos a raíz de esta colosal interacción, algo similar a lo que nos ocurrirá a nosotros cuando nos demos de bruces con la Galaxia de Andrómeda. Podemos apreciar condensaciones azuladas en estos filamentos, enormes regiones de formación estelar que se han visto estimuladas por el encuentro de distintas masas gaseosas. En el centro de esta masa de estrellas destaca una pequeña estructura en espiral, de apenas 10.000 años luz de diámetro, que no es más que el remanente de una de las galaxias que está participando en el encuentro intergaláctico. Destaca el color azul de esta zona, otra muestra más de las miles de estrellas que están siendo formadas en masa.

Foto NGC 7252 1

En este “mejunje” de estrellas destacan unos 500 objetos que han sido catalogados como cúmulos ultraluminosos. Estos interesantes grupos de estrellas son los precursores de los cúmulos globulares: con una edad comprendida entre los 50 y 500 millones de años, están plagados por gigantes estrellas azules, permitiéndonos conocer que, al menos una parte de los globulares, se forman en grandes nubes moleculares en momentos de importante proliferación estelar, como son estas colisiones entre galaxias. El más grande de estos cúmulos ultraluminosos se denomina W3 y tiene una masa 35 veces mayor que la de nuestro NGC 5139, omega Centauri, por lo que hablamos de verdaderos colosos espaciales. Tienen, además, diámetros en torno a los 600 años luz, superando con creces a la mayoría de los globulares de la Vía Láctea, que rondan el centenar de años luz.

Con una magnitud de 12.7, NGC 7252 es fácil de observar con instrumentos de aficionado bajo cielos oscuros. Se encuentra en la constelación de Acuario, a medio camino entre Folmahaut y Capricornio. Por muy grande que sea nuestro telescopio, tenemos que olvidarnos de ver esos prodigiosos filamentos, algo que nos tendremos que imaginar debido a su bajo brillo. Con el Dobson de 30 cm aparece como una esfera nebulosa que apenas llega a los 2 minutos de arco diámetro, con un núcleo bastante brillante que destaca sobre la periferia más débil. No hay más detalles que ver en esta pareja de galaxias, pero es, sin duda, un objeto fascinante por todo lo que esconde tras de sí, algo que no debemos olvidar cuando estemos recibiendo sus lejanos fotones. Sería una visión prodigiosa si se encontrara a unos pocos millones de años luz…

NGC 7252

SERastrónomo 2×1: La Vía Láctea

Volvemos después de las vacaciones con la segunda edición de SERastrónomo, en esta ocasión hablando sobre esa increíble franja blanquecina que atraviesa el cielo en las noches de verano y otoño, la Vía Láctea. Todavía estamos a tiempo de coger unos prismáticos y disfrutar de sus recovecos antes de que su parte más brillante (Sagitario, el Águila, el Cisne…) se oculte y se despida de nosotros hasta la siguiente temporada:

Por cierto, ¡se aceptan sugerencias sobre cualquier tema a tratar!

El beso entre Venus y Marte

Esta mañana tuvo lugar una bonita conjunción planetaria, pudiendo ver en el mismo campo del ocular a Venus y a Marte, separados tan sólo por unos escasos 20 minutos de arco. A simple vista, cuando ya despuntaba el día, Venus brillaba con fuerza sobre un pequeño punto que no era otro que Marte: podemos decir que, durante unos instantes, la diosa del amor bailó junto al de la guerra, como si quisieran mandarnos un mensaje. Venus se encuentra con gran parte de su disco iluminado, aunque se distingue una pequeña región, en el margen superior, que todavía no refleja la luz del Sol. Su tamaño es de tan sólo 11 segundos de arco, pero brilla con una magnitud de -3.9. Justo abajo, Marte es apenas un disco de 3 segundos de arco y magnitud 1.8. Eso sí, nos deslumbra con su intensa tonalidad bermellón. El interior aparece anaranjado, rodeado por un halo rojizo que le hace parecer que estuviera en llamas. Sin duda, merece la pena echar un vistazo a eventos como éste. En el transcurso de los días siguiente volverán a alejarse poco a poco, despidiéndose hasta la próxima vez que se encuentren.

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M103 y algunas dobles

Vamos a descansar un poco de globulares en Ofiuco para observar otro tipo de objeto, un cúmulo abierto que se encuentra en la poblada constelación de Casiopea. Nos referimos a M103, una de las últimas entradas del catálogo Messier y un objeto que fue descubierto por su compañero, Pierre Méchain, en 1781.

Lo observé hace unas semanas aprovechando que desde mi terraza se había quedado un cielo relativamente decente. Pensé entonces en sacar el refractor de 102 mm y echar un vistazo, además de observar algunas estrellas dobles, algo que siempre es agradecido a pesar de la contaminación lumínica. Encontrar M103 no supuso ningún problema, visible con prismáticos al lado de delta Cassiopeiaiae o Ruchabh, una binaria eclipsante que forma parte de la conocida figura de Casiopea (sus eclipses ocurren cada 2 años, variando su magnitud de la 2.68 a la 2.74). M103 es uno de los cúmulos abiertos más lejanos que podemos observar con un telescopio pequeño, situado a  una distancia de entre 8.500 y 10.000 años luz. Se han confirmado algo más de 70 estrellas, si bien otras muchas se encuentran superpuestas por perspectiva, dispersas sobre un área de unos 6 minutos de arco de diámetro, que corresponden a unos 15 años luz a la distancia estimada. Dos estrellas llaman la atención en este cúmulo: Struve 131, un sistema binario formado por la estrella más brillante del campo (magnitud 7.3), que presenta una compañera de magnitud 10.5 separada por 13 segundos de arco. Esta estrella doble no pertenece realmente al cúmulo, a diferencia de la gigante roja que ocupa el centro del cúmulo, una estrella de magnitud 10.8 y tipo espectral M6, visible con facilidad a través del telescopio.

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Debo confesar que no conozco más de diez estrellas dobles, mi fascinación por el cielo profundo me ha llevado a descuidar este tipo de objetos, a pesar de lo cual disfruto de ellas cuando se me presenta la oportunidad. Esa noche, desde el patio trasero de mi casa, decidí conocer algunas más, usando para ello la opción que viene integrada en la montura que muestra las principales estrellas dobles que se pueden ver. Mi lista de esa noche, escueta, se basó en las siguientes:

-Sigma Cassiopeiae: este sistema se encuentra a unos 5.000 años luz de la Tierra, formado por dos estrellas de tipo espectral B y magnitudes de 5.01 y 7.24. La primaria brilla con un tono amarillo pálido, mientras que la secundaria aparece blanca, separada de su compañera por unos 3 segundos de arco. A  90 aumentos pude separarlas sin ningún problema, aunque supongo que bajo una noche turbulenta puede resultar más complicado.

-Eta Cassiopeiae: también conocida como Achird, esta estrella está compuesta por dos componentes de magnitudes 3.44 y 7.51. La principal es de tipo espectral G, con un tamaño y temperatura muy similar a nuestro  Sol. La secundaria, de tipo espectral K, es más débil y brilla con una tonalidad rojiza, marronácea, que contrasta con su dorada compañera. Fueron descubiertas p por William Herschel en 1779 y completan una órbita completa en 480 años.

-Nu Draconis es una de esas estrellas dobles que se pueden definir como gemelas. Ambas estrellas blanquecinas brillan con una magnitud de 4.88 y se encuentran a casi 100 años luz de distancia. Los 6 segundos de arco que hay entre ellas convierten su separación en algo sencillo incluso a bajo aumento.

-Alfa Ursae minoris: conocida más popularmente como la estrella Polar, es una estrella doble que se encuentra a 431 años luz de nosotros. La principal, una supergigante amarilla, reluce con un brillo en torno a la segunda magnitud. A su alrededor orbita una cercana estrella invisible a instrumentos visuales (una doble espectroscópica), aunque sí podremos ver otra compañera más lejana, situada a 18 segundos de arco, que brilla con magnitud 8. Se encuentran separadas por 2.400 unidades astronómicas (unos 350.000 millones de km).

Globulares en Ofiuco (3ª parte)

Comenzamos nuestra tercera jornada por este viaje entre globulares sumando otros cuatro objetos a nuestra creciente lista. Pondremos nuestra vista, en primer lugar, sobre uno de los más brillantes de la zona: Messier 19.

M19, también conocido como NGC 6273, fue descubierto por Charles Messier en 1764, pero no fue hasta veinte años más tarde  cuando William Herschel vio que estaba compuesto por multitud de pequeñas estrellas. Se encuentra a 28.700 años luz de nosotros, a tan sólo 6.500 años luz del centro galáctico. Visualmente es uno de los cúmulos globulares más alargados que se conocen, aunque parece ser que esta forma se debe a que una nebulosa oscura “recorta” uno de sus bordes. Cuando se observa M19 en el infrarrojo se puede comprobar que su forma es redondeada, como casi todos los globulares. Se extiende por unos 140 años luz de diámetro y su masa es estima en 1.1 millones de masas solares, por lo que estamos ante un globular bastante grande y pesado. Es de tipo VIII, lo cual indica una baja concentración en su región central, fácil de comprobar si lo comparamos con la mayoría de cúmulos que hemos observado por esta región.

Su magnitud aparente, de 7.47, pone a M19 al alcance de un simple buscador, aunque para ver sus detalles necesitaremos usar mayores aumentos. Con el Dobson de 30 cm queda patente su forma alargada, en sentido norte-sur, destacando un amplio núcleo de unos 4 minutos de arco. La corona, más débil, se extiende unos dos minutos más allá. Aparece poblado por una inmensa cantidad de estrellas diminutas, siendo las más brillantes de ellas de magnitud 14. Uno de las características que más llamó mi atención al observar este cúmulo fue la presencia de dos bandas oscuras que se recortaban al sur del núcleo como franjas  sin estrellas, más evidentes con visión lateral. También se aprecian en fotografías de poca exposición y puede que se deban al oscurecimiento producido por nubes de polvo que se interponen en su camino.

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No tenemos más que ascender poco más de un grado al norte para encontrarnos con nuestro siguiente objetivo, NGC 6284. Se encuentra mucho más lejos que cualquiera de los cúmulos que hemos visto, a unos 50.000 años luz, motivo de su menor brillo y tamaño. Descubierto en 1784 por William Herschel, es un globular de tipo IX, con sus estrellas relativamente dispersas.

Visualmente es  bastante similar a otros de los que hemos visto, como NGC 6316 o NGC 6304. A pesar de ser un globular de tipo IX pude distinguir un núcleo brillante que contrastaba de manera importante con la periferia más débil, alcanzando apenas los 3 minutos de arco de diámetro. Algunas tenues estrellas se dejaban entrever en su superficie, distantes y pequeñas, cuando la atmósfera decidía estabilizarse durante unos segundos.

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El siguiente globular de la lista es algo más peculiar, aunque sólo sea por su forma. Es NGC 6235, un globular de tipo X, más disperso aún que los anteriores (recordemos que el más extremo es el tipo XII). Se encuentra a unos 41.000 años luz de distancia, tras una gran cantidad de polvo que disminuye su brillo en al menos tres magnitudes. Es relativamente débil, de magnitud 9 y brillo superficial bajo, pero no tendremos problema para observarlo desde un lugar alejado de las ciudades. Es de los pocos globulares que nos muestran una forma triangular perfectamente definida, algo que llamará poderosamente nuestra atención, De hecho, podríamos confundirlo fácilmente con una pequeña nebulosa difusa, ya que ni siquiera presenta un núcleo que contraste con la periferia. Dos o tres estrellas habitan en su superficie, siendo las restantes demasiado débiles para dejarse ver.

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Seguimos al otro lado del núcleo galáctico, aunque algo más cerca, para visitar el próximo objeto. Se trata de NGC 6287, un globular que podría ser el más antiguo de este tipo de objetos. De entre todos los cúmulos situados a 2.000 pársec del núcleo, NGC 6287 es el que tiene una menor metalicidad, de lo cual se deduce que su formación se dio en las primeras etapas del universo, cuando todavía no se habían formado elementos más pesados. Fue descubierto por William Herschel en 1784 y se encuentra a una distancia de 30.300 años luz. Es un globular de tipo VII, algo que queda patente cuando lo observamos a través de un telescopio. Veremos una esfera difusa de unos 3 minutos de diámetro, sin observar ningún gradiente de brillo, ningún núcleo que destaque del resto de superficie. Podemos ver, eso sí, diminutas estrellas dispersas por su superficie, brillando sobre un fondo granujiento que sugiere que muchas otras se encuentran por detrás.

NGC 6287