Detrás de la pared (Sh2-71)

La constelación del Águila  guarda un sinnúmero de objetos al alcance de telescopios de mediana apertura. Hoy vamos a estudiar una interesante nebulosa planetaria que se encuentra cerca del fantasmagórico globular NGC 6749:

Celestial Tapestry is Borne of Uncertain Parentage

Crédito: The Gemini Observatory/AURA

Hablamos de Sh2-71, catalogada por Sharpless como región HII aunque, como él mismo añadió, “pudiera ser una nebulosa planetaria”. Fue descubierta por Rudolph Minkowski en los 70, que la nombró como M1-90, y también es conocida como Pk 36-1.1. Detrás de todas estas denominaciones se esconde un objeto verdaderamente curioso, una de esas nebulosas planetarias cuya imagen nos impregna la retina y desafía nuestro entendimiento de este tipo de objetos. No tenemos aquí la típica esfera o anillo como podemos ver en M57; tampoco la estructura aparentemente bipolar de M27. Una brillante estrella que ocupa su centro podría explicar en parte esta irregularidad, pues es una binaria eclipsante (varía de magnitud 13.2 a 14 en un período de 17 días), y como tal puede producir cambios en la “dispersión” del gas de la estrella moribunda. Sin embargo, su radiación ultravioleta no es suficiente para ionizar el gas que le rodea, con lo cual su papel como estrella central ha quedado en entredicho. Sin embargo, en 2008 se encontró una débil estrella azulada que reside exactamente en el centro de la nebulosa, cuya radiación sí bastaría para explicar la ionización del gas.

La distancia a Sh2-71 también es algo difícil de precisar. Parece seguro que se encuentra a menos de 3.200 años luz, aunque su situación en el cielo complica los cálculos, pues una inmensa cantidad de polvo y gas se interpone entre ella y nosotros. De hecho, si miramos al cielo a ojo desnudo, comprobaremos que la zona donde reside Sh2-71 está inmersa en la oscuridad que parece atravesar la Vía Láctea y cortarla en dos: es lo que se conoce como la Gran Grieta (Great Rift en inglés), un conjunto de nubes moleculares que comienzan a destacar desde la constelación del cisne y se prolongan hasta Ofiuco. Son nubes de hidrógeno con una tasa importante de proliferación estelar, invisibles en longitudes de onda normales por no recibir una luz externa que las ilumine. Sin embargo, cuando ojeamos la región en el infrarrojo podemos apreciar que brilla con extrema intensidad. Este complejo de nubes moleculares se sitúan a una distancia estimada entre 500 y 1500 años luz, con lo cual no cabe duda que suponen un obstáculo para la luz que sale de Sh2-71, que se  ve oscurecida de manera importante.

Estas nubes moleculares tienen parte de la culpa de la dificultad que podemos encontrar a la hora de observar resta nebulosa planetaria. No obstante, bajo un cielo oscuro puede llegar a ser más sencillo de lo que uno podría imaginarse. Tiene una magnitud de 12.3 y un bajo brillo superficial, respondiendo de manera favorable al uso de un filtro OIII, aunque si estamos bajo cielos oscuros y usamos altos aumentos puede que prefiramos no usarlo. De entrada aparece como una débil mancha difusa sin una forma definida, aunque poco a poco se va definiendo su silueta rectangular, alcanzando una longitud de unos 2 o 3 minutos de arco. En el centro, con visión lateral, se aprecia sin dificultad una débil estrella, la que durante mucho tiempo fue considerada la estrella central  (podemos aprovechar para intentar estimar su brillo, que varía entre la magnitud 13.2 y 14). Tras varios minutos de adaptación podremos distinguir un mayor brillo y engrosamiento de tres de los bordes de la nebulosa, como si fuera un difuso y fantasmagórico marco de la estrella central.

Sh2-71.png

El parto de una estrella (Parsamyan 21)

Cada vez disponemos de mejores telescopios, más grandes y de mejor calidad, con lo cual el número de objetos que podemos observar se va ampliando exponencialmente. Los catálogos tradicionales, como el Messier o el NGC, ya no son suficientes, y a veces buscamos más allá: ya no sólo buscamos objetos lejanos, sino que vamos tras el exotismo de muchos de ellos, y como muestra el objetivo de hoy: Parsamyan 21.

Su nombre puede hacer que se nos agudice el oído, pues es un objeto relativamente “raro”. También se conoce como GC 19.26.6.01, y su naturaleza es verdaderamente interesante. Corresponde a un tipo de estrellas variables conocidas como FU orionis, recibiendo nuestra protagonista el nombre de HBC 687 o Herbig-Haro 221 (si quieres recordar más sobre los cuerpos Herbig-Haro haz clic en este enlace). Este tipo de estrellas son extremadamente jóvenes, envueltas aún en la nube de gas y polvo que les ha visto nacer. Este  gas va girando a su alrededor, produciendo eclipses cada cierto tiempo que resultan en el oscurecimiento de la estrella. Producen intensos vientos estelares de hasta 1000 km por hora, capaces de remover el disco de acreción que van formando a su alrededor. Parsamyan 21 es parte de la masa de gas que envuelve a HBC 687, una nebulosa de reflexión que brilla al reflejar el brllo de la estrella central. Su rápida rotación ha producido la emisión de gas en forma de dos chorros bipolares, uno de los cuales se puede apreciar con un telescopio de apertura moderada bajo un cielo oscuro.

Parsamyayn 21 se encuentra en la constelación del Águila, cerca de la interesante nebulosa planetaria NGC 6804. Es pequeña, alcanzando apenas un minuto de arco en su eje mayor, por lo que no debemos dudar en usar altos aumentos. Una vez tengamos localizada la nebulosa observémosla con paciencia y con visión indirecta. Si la atmósfera es estable no tendremos problema en ver una diminuta mancha nebulosa, casi como una estrella gruesa y desenfocada. El matiz viene cuando insistimos en su observación y esa pequeña mancha parece vestirse con una débil cola de gas, tomando el aspecto de un lejano cometa con sus bordes muy definidos. Es verdaderamente curioso contemplar un objeto de esta naturaleza, más aún si somos conscientes de lo que estamos viendo. En poco tiempo todo el gas circundante quedará disipado y Parsamyan 21 desaparecerá para dejar lugar a una solitaria estrella

Parsamyan 21.png

Filamentos en lo más remoto (4ª parte): Abell 2199

Hoy volvemos a viajar a las profundidades del cosmos a completar una imagen que comenzamos hace tiempo, cuando hablamos sobre la Gran Muralla, esa enorme estructura compuesta por millones de galaxias que iban desde Abell 1367, el cúmulo de Leo, a Abell 2151, en hércules, pasando por Abell 1656, también conocido como el cúmulo de Coma. Juntas, conformaban una Gran Muralla de más de 500 millones de años luz de longitud situada a unos 400 millones de años luz de distancia. Hoy vamos a ver otro grupo de galaxias que forman parte de esta enorme estructura, un cúmulo denominado Abell 2199 que también se encuentra en Hércules.

Foto Abell 2199.JPG

Lo conforman más de 200 galaxias, entre las que destaca, en el centro, NGC 6166, una supergigante elíptica de tipo cD. Este tipo de galaxias, si recordamos a otras como M87 o IC 1101, se han formado a raíz de múltiples interacciones y ocupan el centro de grandes cúmulos, un lugar privilegiado para ir canibalizando a las menores componentes. NGC 6166 fue descubierta por William Herschel en 1791 y presenta en su interior 4 regiones más brillantes que podrían simular una galaxia de 4 núcleos. Sin embargo, sólo una de esas regiones es el centro de NGC 6166, siendo las otras tres el núcleo de otras tantas galaxias que se encuentran más alejadas, aparentemente unidas por efecto de perspectiva (podemos decirlo con seguridad estudiando el desplazamiento al rojo de cada una, que es claramente diferente). NGC 6166 es una enorme aglomeración de estrellas que ocupa unos 225 mil años luz de diámetro, casi el doble que nuestra propia galaxia. Se encuentra rodeada por un número extremadamente alto de cúmulos globulares: se había estimado su número entre 6.000 y 22.000, aunque un estudio de 2016 sugiere que podríamos estar hablando de más de 39.000 globulares, algo verdaderamente apabullante, aunque es lo que tiene haberse tragado tantas galaxias, cada de las cuales tenía su propio sistema de cúmulos. NGC 6166 es rica en gas y polvo, algo que no concuerda bien con la imagen de una típica galaxia elíptica. En su interior reside un agujero negro supermasivo con una masa equivalente a mil millones de masas solares, dejando al de nuestra Vía Láctea en pañales (tiene tan sólo 6 millones de masas solares). Una gran cantidad de gas frío cae en torno al agujero negro, alcanzando temperaturas tan altas que NGC 6166 se convierte en un potente faro emisor de rayos X.

Abell 2199.png

Aproveché para observar Abell 2199 cuando estuve en el Moral, haciendo uso del Dobson de 40 cm bajo unos cielos más que decentes. NGC 6166, la principal galaxia, destaca conforme nos asomamos al ocular como una nube redondeada con cierta elongación, de bordes extremadamente difusos que se van perdiendo a medida que se alejan de la zona central más brillante. Otras dos galaxias, de magnitud 15, brillan conformando un triángulo con NGC 6166: son PGC 58233 y PGC 58245. Al lado de NGC 6166, PGC 58262  brilla con magnitud 14.8, y una diminuta PGC 58261 apenas se deja ver con magnitud 16. PGC 58277 es una galaxia de mayor tamaño que se encuentra flanqueada por otras dos. Al telescopio pude apreciarla como una mancha alargada, cerca de otra galaxia llamada PGC 58279, de magnitud 15.9. La mayor parte de estas galaxias no son más que un fantasmagórico y lejano borrón difuso, ¡pero vaya si es lejano! Impresiona poder vislumbrar el centro de una de estas grandes estructuras, más aún sabiendo que forma parte de algo mucho mayor.

Abell 2199 detalles

Contacto en el Boyero (Arp 90)

Seguimos nuestro periplo por la aparentemente desierta constelación del Boyero, si bien vamos tomando conciencia de que entre sus estrellas se esconde un buen número de tesoros. Hoy le toca el turno a una bonita pareja de galaxias que están interaccionando entre sí:

Foto NGC 5929

Nos referimos a NGC 5929 y NGC 5930, también conocidas como Arp 90, ocupando una posición en este último catálogo dedicada a las galaxias espirales con una compañera de alto brillo superficial. A unos 130 millones de años luz, NGC 5930 es la principal componente del par, una galaxia espiral clasificada como barrada, si bien en las pocas fotografías de larga exposición no consigo distinguir ninguna estructura similar a una barra. Se puede apreciar un núcleo pequeño y redondeado, brillante, a cuyo alrededor se arremolinan dos gruesos y difusos brazos en espiral. No se aprecian grandes áreas de formación estelar y su color, pálido y nacarado, es el propio de aquellas galaxias que han perdido un gran número de estrellas. Junto a ella se aprecia otra galaxia, NGC 5929, redondeada y de similar textura, que podría definirse como elíptica o lenticular. Se encuentra en aparente contacto con uno de los brazos de NGC 5930, como si un puente curvado uniera las dos galaxias. Es una galaxia de tipo Seyfert 2 en cuyo núcleo habita un agujero negro supermasivo, que desempeñará un papel importante en el resultado final de esta fusión intergaláctica. En la imagen anterior podemos apreciar una galaxia bien diferente, en la esquina izquierda superior. Se trata de UGC 09857, una galaxia de tipo irregular que se encuentra algo más cerca, a unos 110 millones de años luz. Queda patente desde un primer momento su color azulado, debido seguramente a una gran proliferación estelar, típica de este tipo de galaxias. Quizá sea el resultado de una anterior colisión con Arp 90 la que estimulara dicho brote estelar, quizá tenga sus propios motivos… Sea como sea, podemos olvidarnos de observarla con un telescopio convencional.

NGC 5930, la más brillante de las dos, tiene una magnitud de 12.2, alcanzando unas dimensiones de 1.8 minutos de arco en su eje menor (aproximadamente la mitad de anchura). NGC 5929 apenas alcanza la magnitud 14, pero su pequeño tamaño hará que no sea tan difícil de observar. NGC 5930, con el Dobson de 40 cm, se aprecia sin grandes dificultades como una mancha brillante y redonda, pequeña. Una vez que la vista se adapta a la oscuridad no es difícil entender que esa zona redondeada es la región más interna, apareciendo a ambos lados una nubosidad alargada que corresponde con el disco galáctico. Distinguir sus brazos queda fuera del alcance del telescopio, aunque poder ver, casi en contacto directo, a NGC 5929 añade un atractivo muy interesante a la vista. Ésta pequeña galaxia es una diminuta mota de polvo difuminada y sin detalle alguno, con forma relativamente redondeada; sin embargo, si sabemos lo que realmente estamos viendo, conseguirá que nos quedemos pegados al ocular un buen rato.

NGC 5929

Falsa unión en Boyero (NGC 5857 y NGC 5859)

Boyero no es una constelación que se caracterice por un gran despliegue de objetos de cielo profundo, aunque podemos sorprendernos si indagamos un poco entre sus estrellas. Hoy vamos a hablar de dos galaxias que parecen tocarse, si bien en realidad se encuentran más alejadas entre sí:

Foto NGC 5857

Adam Block/Mount Lemmon SkyCenter/University of Arizona

NGC 5859 es la principal galaxia, mientras que NGC 5857 es la más pequeña de las dos. Ambas fueron descubiertas por William Herschel en 1788, y el desplazamiento al rojo las sitúa a unos 220 millones de años luz. Sin embargo, nuevas mediciones parecen situar a NGC 5859 algo más cerca, de manera que su aparente cercanía no sería más que un efecto de perspectiva. En efecto, no encontramos en estos objetos signos indirectos de estar interaccionando entre sí. NGC 5859 ha sido considerada clásicamente una espiral barrada, si bien dicha barra no se aprecia en fotografías actuales: supongo que el error se debe a que la zona central de la galaxia presenta una forma alargada que podría parecer una barra similar a la de NGC 672. Dos grandes brazos salen desde el núcleo brillante arremolinándose de manera pronunciada, con algunas regiones HII salpicadas aquí y allá. Su tamaño se estima en unos 120.000 años luz, bastante cerca de las dimensiones de nuestra propia galaxia. NGC 5857 es algo más pequeña, estimándose su diámetro de unos 100.000 años luz, y es otra galaxia espiral con halo extenso y difuso que podría ser indicativo de alguna pasada interacción. Lo que más llama mi atención de las fotografías de larga exposición es una mancha azulada cercana al núcleo que debe corresponder a una enorme región de formación estelar.

Visualmente tenemos que tener en cuenta que estas galaxias son débiles, con magnitudes de  12.5 y 13.1, y tienen un bajo brillo superficial. NGC 5859 alcanza los 3 minutos de arco en su eje mayor, apareciendo como una mancha alargada con una barra central más luminosa, entendiendo el motivo de su clasificación como espiral barrada. NGC 5857 es apenas una nube difusa y más pequeña que necesita visión lateral para verla con mayor facilidad. Aparece ligeramente elongada, de apenas un minuto de arco en su eje mayor. Es difícil ver estas dos galaxias y pensar que no están unidas por la gravedad.

NGC 5857

El cúmulo de Hind (NGC 6760)

La constelación del Águila no tiene ningún objeto del catálogo Messier, pero tiene entre sus dominios cientos de interesantes objetos, especialmente del New General Catalogue. Hoy vamos a estudiar uno de sus cúmulos globulares, situado por debajo de una de sus alas, una zona en la que proliferan los cúmulos abiertos y las nebulosas planetarias.

Foto NGC 6760

NGC 6760 es una gran esfera de estrellas, un cúmulo globular con más de 300.000 componentes. Dista de nosotros unos 24.100 años luz, rozando el disco galáctico, motivo por el cual aparece más “apagado” de lo que debería, por todo el polvo que enturbia su línea de visión. Fue descubierto en 1845 por  John Russell Hind, un astrónomo británico que nos sonará por ser el descubridor de la Nebulosa Variable de Hind, en Tauro, aunque destacó en muchos otros campos, especialmente como buscador de asteroides y experto en estrellas variables (sobre todo las R leporis y T tauri). NGC 6760 es un cúmulo bastante disperso que no presenta un marcado gradiente, perteneciendo a la categoría IX de Shapley-Sawyer.

Su magnitud es de 8.9, al alcance de pequeños telescopios, aunque su brillo superficial es bastante tenue, así que necesitaremos cielos bastante oscuros para poder disfrutar de esta gran familia de soles. A bajo aumento aparecerá como una mancha difusa y redondeada, más evidente con visión lateral, de unos 3 minutos de arco di diámetro. Apenas hay diferencia entre el núcleo y la periferia, tan sólo podemos adivinar un discreto aumento de brillo conforme nos acercamos al centro. Algunas estrellas comienzan a dejarse ver en las regiones más externas, dos o tres más brillantes y otras tantas mucho más débiles. El cúmulo presenta un aspecto grumoso, que tras una completa adaptación a la oscuridad se manifiesta con minúsculos puntos flotando en la nube, como pequeños granos de harina que se hubieran dejado caer allí arriba. La noche que lo observé reinaba una calima como pocas he visto, ocultando la mayor parte de las estrellas a simple vista. Sin embargo, me sorprendió la calidad de imagen que pude obtener con NGC 6760. No obstante, a posteriori he vuelto a observar el cúmulo y he podido comprobar que esas pequeñas estrellas que solo se adivinaban son en realidad más brillantes y numerosas, poblando esa esfera difusa de un extremo a otro, habitantes diminutos de un inmenso mundo cósmico.

NGC 676'0

La distancia a las estrellas (61 cygni)

Hubo un tiempo, no hace mucho, en el que la distancia a las estrellas era una incógnita, no habiendo medio alguno que sirviera como pista para conocerla. Uno de los primeros pasos en el camino para conocer las distancias estelares fue comprobar que algunas estrellas se movían más rápido que otras por el firmamento. Por ejemplo, el rápido movimiento aparente de la Estrella de Barnard hacía suponer que se encontraba más cerca que el resto de astros, aunque hacían falta nuevas herramientas para poder confirmarlo y poner números objetivos a las hipótesis. Una estrella de la constelación del Cisne fue crucial para entender la magnitud de las distancias estelares, y será la protagonista de la entrada de hoy: 61 cygni.

En 1792 Giuseppe Prazzi se dio cuenta de que 61 cygni, una bonita estrella doble, parecía haberse movido 3 minutos de arco con respecto a la última medida de que disponía, hacía ya 40 años. Estudiándola con detenimiento pudo comprobar su rápido movimiento aparente, surcando el cielo a razón de unos 5 segundos de arco cada año: 61 cygni fue conocida como la “estrella voladora de Piazzi”. A principios del siglo XVIII los astrónomos se lanzaron a la caza de estrellas cercanas para descubrir, por vez primera, la distancia real que las separaba del Sol. A falta de otros métodos más modernos, se basaron en la paralaje, un medio que nuestros propios ojos usan para que podamos apreciar el entorno en tres dimensiones. Podemos entender lo que es la paralaje con un sencillo experimento: cerremos un ojo y coloquemos el dedo de nuestra mano delante, a unos 20 centímetros. Ahora miremos con el otro ojo: el dedo parecerá haberse movido con respecto a los objetos del fondo. Sabiendo la distancia que hay entre nuestros dos ojos y el ángulo que forma el dedo con los objetos del fondo podremos obtener, mediante la más sencilla trigonometría, la distancia que nos separa del dedo. De la misma manera se pensaba que podríamos conocer la distancia a estrellas cercanas, comparando su posición relativa al resto de las estrellas desde distintas posiciones. En la Tierra, con un diámetro de unos 12.000 km, no podemos separarnos lo suficiente como para apreciar ningún movimiento en las estrellas (es como si nuestros ojos, en el ejemplo anterior, estuvieran prácticamente juntos y el dedo muy lejano). Hacía falta aumentar la separación entre los dos puntos de observación, algo que podía conseguirse si observásemos en distintos momentos del año. El 1 de enero, por ejemplo, la Tierra se encuentra en su punto más lejano al lugar que ocupa el 1 de julio, distando entre ambos puntos unos 300 millones de km, de manera que, observando en esos dos días extremos, podríamos agrandar la distancia entre “nuestros ojos”, permitiendo distinguir, en teoría, desplazamientos más pequeños.

Paralaje

Y así fue. Con la mejora de los instrumentos de medida, en 1838 Friedrich Bessel hizo historia al comprobar la paralaje de 61 cygni, convirtiéndose así en la primera estrella cuya distancia se conoció. Bessel comprobó que, desde puntos distantes, la estrella parecía moverse 0.314 segundos de arco con respecto al fondo, estimando que se encontraba a 10.4 años luz, distancia bastante parecida a la estimada hoy en día, 11.36 años luz. A partir de entonces la distancia a las estrellas dejó de ser un misterio y se abrió un nuevo mundo a ojos del ser humano, que fue consciente, bruscamente, de la inmensa magnitud del cosmos.

Pero vamos a estudiar ahora la composición de la estrella, ya que, como hemos apuntado con anterioridad, se trata de un sistema binario. La estrella primaria, de magnitud 5.21, se encuentra separada de la secundaria, de magnitud 6.03, por 30.7 segundos de arco. Ambas son enanas rojas de tipo espectral K, algo más pequeñas que nuestro sol, con una edad que ronda los 6 mil millones de años. Giran entre sí lentamente, tan lento que tardan 659 años en dar una vuelta completa, habiendo entre ellas un espacio de 84 unidades astronómicas. No se ha descubierto ningún planeta alrededor del sistema: de haberlo, la vida allí sería bastante improbable ya que 61 cygni B, la estrella secundaria, presenta erupciones periódicas de radiación que desintegrarían, literalmente, cualquier atmósfera planetaria.

Para el aficionado, 61 cygni tiene dos aspectos fascinantes que la hacen meritoria de, al menos, una visita. Por un lado, es una bonita doble con sus dos componentes claramente anaranjadas y una separación más que cómoda: de hecho, es posible distinguir ambas estrellas con unos simples prismáticos de 10×50, siempre y cuando tengan un soporte estable. En segundo lugar, su rápido movimiento propio las convierte en candidatas perfectas para seguirlas periódicamente, dibujando o fotografiándolas cada cierto tiempo para comprobar cómo se van moviendo entre las restantes estrellas. Un pequeño astro de magnitud 10.7 está en una situación idónea para servir de referente, muy cerca de ambas estrellas. Si visitamos 61 cygni dentro de un año o dos podremos comprobar cómo las dos gemas anaranjadas se han alejado ligeramente de la pequeña estrella, mostrándonos, de primera mano, que nuestra galaxia no es precisamente estática.

61 cyg