Messier en el cisne (M29 y M39)

La constelación del Cisne guarda una inmensa cantidad de objetos, cúmulos abiertos y nebulosas de distinto tamaño y brillo. Entre los cientos de ellos que podemos contemplar con un modesto telescopio hay dos que ya fueron observados por Messier en 1764, un año bastante provechoso para el buscador de cometas. Hoy hablaremos de estos dos objetos, sencillos de ver y brillantes, perfectamente asequibles para observar desde ciudad. Son tan brillantes que los observé desde Sierra Nevada, una noche en la que la calima cubrió Granada y tiñió el cielo de blanco, dejando ver sólo las estrellas más brillantes. No obstante, el Dobson de 30 cm atravesó la capa de polvo sahariano y pude obtener una bonita visión de estos dos cúmulos.

Comenzaremos por M29 (también conocido como NGC 6913), un cúmulo abierto muy cercano a Sadr, gamma Cygni. Puede pasar perfectamente desapercibido por su escasez de estrellas, más aun si tenemos en cuenta su localización, una zona en la que la Vía Láctea se recrea y se muestra por cada rincón. Es precisamente la gran cantidad de gas y polvo la causa de que M29 se vea tan apagado, pues brilla con gran intensidad. Hablamos de un grupo de unas 50 estrellas que han nacido en el seno de la asociación estelar Cygnus OB1, un conjunto de gas y estrellas en formación que se sitúa a una distancia de entre 4.000 y 7.200 años luz. Las cinco estrellas más brillantes de M29 son gigantes azules de tipo espectral B0, lo cual ha permitido estimar la edad del cúmulo en unos 10 millones de años. De hecho, sus estrellas todavía se encuentran envueltas en cierta nebulosidad, si bien es completamente invisible con nuestros telescopios.

Foto M29.jpg

 Adam Block/Mount Lemmon SkyCenter/University of Arizona

Cuando observemos sus escasas estrellas, esparcidas por un área de 7 minutos de arco de diámetro, es posible que nos llevemos una decepción, y por eso el dato de su magnitud absoluta cobra especial importancia: a pesar de que su magnitud aparente ronda la séptima, su magnitud absoluta es de -8.2. Dicho de otra manera, si el cúmulo estuviera a 10 pársec (unos 32 años luz), el brillo conjunto del cúmulo alcanzaría la magnitud -8.2, similar a una luna creciente de tamaño considerable, deslumbrándonos y produciendo una contrastada sombra. Esas 50 estrellas, agrupadas en un volumen de 11 años luz de diámetro, alcanzan un brillo 160.000 superior al de nuestro sol: así es como la decena de estrellas que podemos observar por nuestros instrumentos adquieren un inesperado interés.

M29.png

Para el siguiente objeto vamos a viajar mucho más cerca, a poco más de 800 años luz. Se trata de M39, también conocido como NGC 7092, un cúmulo abierto que podemos encontrar fácilmente con unos prismáticos a partir de Deneb, beta Cygni. Charles Messier lo observó en 1764, si bien parece que Guillaume Le Gentil lo descubrió en 1750. Hay incluso quien dice que Aristóteles, allá por el año 325 a.C., lo describió como un objeto de aspecto similar a un cometa. Su edad es más avanzada que la de M29, contando sus estrellas con unos 300 millones de años a sus espaldas. Se estima que está formado por unas 30 estrellas, todas ellas en la secuencia principal. Las más brillantes están a punto de entrar en su etapa de gigante roja, por lo que dentro de varios millones de años el cúmulo se encontrará salpicado por algunos rubíes entre las estrellas blanquecinas.

Su magnitud aparente es de 5.5, con lo cual no es de extrañar que Aristóteles pudiera haberlo observado hace más de 2000 años. De hecho, no es algo difícil de conseguir, siempre y cuando nos alejemos de las luces contaminantes y sepamos donde mirar, pudiendo apreciarlo como un borrón con visión periférica. Con unos prismáticos se puede disfrutar más que con mayores aumentos, ya que tiene un tamaño de 32 minutos, similar a la Luna. Al telescopio es bastante más atractivo que M29, con una veintena de estrellas cuyos miembros más brillantes parecen adoptar una forma triangular, salpicada en el centro por algunas otras más débiles. Su mayor vistosidad se debe, sin embargo, a su cercanía a nosotros, pues su magnitud absoluta es de -2.5, empalideciendo frente a los -8.2 de M29.

M39.png

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