Globulares en Ofiuco (2ª parte)

Proseguimos con nuestro viaje entre los cúmulos de Ofiuco bordeando la nebulosa de la Pipa, siguiendo el camino que marca su larga y contrastada cánula. Nuestra primera parada de esta etapa es NGC 3616, un concentrado cúmulo globular de tipo III. Fue descubierto por William Herschel en 1784 y se sitúa justo al norte de NGC 6304. Si sobrevoláramos la Vía Láctea lo podríamos ver al otro lado del núcleo, a unos 36.000 años luz de nuestro planeta, en una turbulenta zona repleta de gas polvo. De hecho, presenta una metalicidad especialmente elevada, ya que al estar tan cerca del núcleo ha encontrado a su paso elementos muy pesados que otras estrellas, tras su muerte, han dejado esparcidas por esa zona. Su diámetro se estima en unos 60 años luz, siendo su diámetro aparente de e 5 minutos de arco. Con una magnitud de 8.1, recuerda bastante a NGC 6304, con un núcleo muy brillante y pequeño, de menos de un minuto de arco, con un halo bastante débil. En este caso no conseguí apreciar ninguna de sus estrellas, permaneciendo todo el rato como una nebulosa redondeada de núcleo brillante, más parecido a una pequeña galaxia elíptica: no es fácil destacar cuando el núcleo de toda una galaxia se encuentra a medio camino.

NGC 6316.png

Más interesante nos resultará NGC 6293, un bonito globular que se encuentra a unos 31.000 años luz de distancia, a tan sólo 4.000 del centro galáctico. Sin embargo, una mirada basta para saber que no ha salido tan “perjudicado” de la situación como su compañero. NGC 6293 fue descubierto por el cazador de cometas Lewis A. Swift en 1885 y es un globular de tipo IV. Curiosamente, de todos los cúmulos globulares situados a 10.000 años luz del núcleo de la galaxia, éste es el segundo de menor metalicidad: no sería extraño que su lugar de origen resida mucho más lejos de esta ajetreada zona. Su baja metalicidad se relaciona además con su edad, estimada en unos 14.000 millones de años. Sí, sabemos que el universo tiene una edad de 13.700 millones de años, con lo cual sería un disparate afirmar que la edad de NGC 6293 es superior, debería haberse formado antes de que se produjera el Big Bang: sin embargo, su edad estimada, más imprecisa que la edad del universo, nos hace ver que es uno de los globulares más antiguos conocidos. M92 tiene una edad similar, aunque se encuentra a 31.000 años luz del centro galáctico, lo cual parece hablar en favor de que los globulares se formaron por igual en distintos lugares de la Vía Láctea (algo importante que contradice algunas teorías de formación de cúmulos globulares, según las cuales estos objetos se habrían formado cronológicamente desde las regiones más internas hacia el exterior de la galaxia).

NGC 6293 tiene una magnitud 8.3 que se reparte por un tamaño de unos 8 minutos de arco (equivalente a 70 años luz). Presenta un brillante y pequeño núcleo, similar a los que ya hemos contemplado en los cúmulos previos. Sin embargo, la periferia de NGC 6293 es mucho más llamativa, pudiendo diferenciarse en dos zonas de distinto brillo. En la zona media titilan unas diez estrellas luchando por hacerse notar, mientras que en las regiones más externas apenas encontramos dos  o tres. En el centro, a pesar de su mayor intensidad, no se resuelven estrellas individualizadas, aunque adquiere una interesante textura granujienta. Justo a su lado hay dos estrellas muy cercanas entre sí que, curiosamente, fueron denominadas como NGC 6294 por John Herschel. Parece ser que vio en ellas un objeto nebuloso que describió como “débil, pequeño, gradualmente brillante en el centro, con un cúmulo globular al oeste”. En el catálogo IC ya aparece como lo que es, una estrella doble cuyos componentes, de magnitud 13 y 13.5, se encuentran separadas por 8 segundos de arco. Cuando lo observé con mi Dobson me sorprendió encontrar una zona especialmente oscura y desprovista de estrellas al este del cúmulo, probablemente parte del gran complejo de gas que puebla esta región del cielo.

NGC 6293

No muy lejos de allí, NGC 6355 es un cúmulo globular extremadamente apagado por estas nubes oscuras, en concreto por una conocida como LDN 1793. El cúmulo fue descubierto por Herschel en 1784 y se sitúa a 31.000 años luz, compartiendo parcela con NGC 6293. Sin embargo, no podían ser más diferentes al ocular. A pesar de no ver la nebulosa oscura de la que habíamos hablado pueden apreciarse sus efectos sobre esta familia de estrellas. Aparece con el Dobson de 30 cm como una esfera extremadamente tenue, sin ninguna diferencia entre el centro y la periferia, necesitando visión periférica para poder verlo con claridad. Apenas diez estrellas se dispersan sobre su superficie, brillando con extrema timidez.

NGC 6355

Vamos a terminar el capítulo de hoy con el sexto globular de la zona, más al norte, pero antes nos detendremos en una magnífica estrella doble. La descubrí de casualidad mientras navegaba por la zona, dejándome sorprender por sus dos contrastadas estrellas. Se trata de omicron Ophiuci, un sistema binario que debería estar en las mejores listas de verano. La principal es una gigante amarilla de tipo espectral G y magnitud 5.20, mientras que la secundaria brilla con magnitud 6.80 y es de tipo espectral F, reluciendo como un llamativo punto azul pálido. Cuando nos cansemos  de contemplar a esta singular pareja  podemos mover el tubo hacia arriba, hasta que entre en campo NGC 6325.

Es fácil comprobar las similitudes entre NGC 6325 y NGC 6355: ambos tienen un tamaño de unos 4 minutos de arco y ambos se encuentran intensamente “tapados” por nubes de polvo. El campo estelar que rodea a NGC 6325 es más pobre aún, oculto  por la nebulosa LDN 28. Fue descubierto por John Herschel en 1835 y, a pesar de ser de tipo IV, el fuerte oscurecimiento que sufre lo hace parecer mucho menos concentrado. Se encuentra a unos 25.000 años luz, es decir, por delante del núcleo de la galaxia, aunque su mayor cercanía no nos facilitará la tarea al observarlo. La descripción de 6355 podría aplicarse en este caso, aunque quitando de su superficie las débiles estrellas que se dejaban ver. NGC 6325 aparece como una simple nebulosa redondeada sin ningún otro detalle que mostrar, al menos a telescopios de apertura media. Podría parecer poco interesante, pero en una zona tan rica en cúmulos globulares se agradece que haya variedad, permitiéndonos apreciar tan diferentes formas y texturas.

NGC 6325

Globulares en Ofiuco (1ª parte)

La Vía Láctea baña el cielo con su esplendor desde el verano hasta bien entrado el otoño. Estas noches podemos disfrutar aún de todo lo que esta brumosa franja tiene para ofrecernos. Un rápido vistazo bajo un cielo oscuro delatará la presencia de un “camino” oscuro que parece dividir la Vía Láctea en dos, conocido como la Gran Grieta. Esta aparente falta de estrellas no es tal, sino que se produce por la interposición de un conjunto de nebulosas oscuras que obstaculizan la luz que viene de atrás: precisamente, su interior es rico en estrellas recién nacidas, cuyo brillo queda oculto tras la densa capa de gas y polvo. Pues bien, esta maraña de nebulosas recorta formas diversas a lo largo de su camino desde la constelación del Cisne hasta más al sur de Sagitario y Escorpio. En Ofiuco adopta una peculiar silueta que le ha valido el sobrenombre de “la Pipa”. Bajo un cielo oscuro no nos será difícil apreciar su forma: la cánula de la pipa es la zona más contrastada y, por tanto, más fácil de ver, agrupando una serie de nebulosas conocidas como B65, B66, B67 y B59 (la letra viene de Edward Emerson Barnard, astrónomo que catalogó un gran número de estas nubes oscuras). Aparece como una línea oscura que se adentra en la Vía Láctea a su paso por Ofiuco. Unos prismáticos de gran campo pueden mostrar la región con mayor definición, apreciando sin ningún problema sus bordes. Su opacidad alcanza el nivel 6, el máximo de opacidad en este tipo de objetos. La cazoleta de la pipa está constituida por B78,  de mayor tamaño y con una opacidad de grado 5. El siguiente dibujo lo realicé desde uno de los cielos más oscuros que he visto, con una magnitud límite alrededor de 6.5, cerca de Jérez del Marquesado. Observé la nebulosa con unos prismáticos 8×30 que me prestó Leo, en concreto los 8×30 Kite Lynx HD. Me sorprendió la definición tan alta que me ofrecían, con una imagen brillante y la nebulosa claramente contrastada contra el fondo lechoso de la Vía Láctea. No podía dejar de pensar en cómo un instrumento “tan pequeño” podía rendir tanto para este tipo de objetos: incluso he llegado a plantearme cazar todas las nebulosas oscuras posibles con ellos (debo decir que durante esa noche los disfruté como un niño chico con multitud de objetos de todo tipo, en breve me animaré a escribir una reseña sobre ellos).

Pipa.png

A continuación podéis ver cómo se denomina cada región de la nebulosa:

Pipa detalles

Pero esta zona del cielo no es interesante sólo por sus nebulosas oscuras, sino porque podemos ver, alrededor de la Nebulosa de la Pipa, hasta 13 cúmulos globulares asequibles a instrumentos de apertura media. La mayoría de ellos pueden verse con pequeños telescopios, aunque para resolver algunos de ellos hará falta una apertura de 30 cm, y más aún para los más oscuros y lejanos. En las próximas  cuatro entradas quiero proponer un recorrido por estos cúmulos globulares que nos servirá para conocer en mayor profundidad este tipo de objetos. Además, algunos son muy distintos entre sí, permitiéndonos apreciar sus diferencias y compararlos con un leve movimiento del telescopio. En esta imagen se exponen los globulares observados, tomando como referencia la posición de la famosa nebulosa oscura.

Pipa mapa

Comenzaremos por el sur, no muy lejos de Antares, observando uno de los más brillantes de esta serie de objetos: vamos a empezar con buen pie. Se trata de M62, también conocido como NGC 6266. Fue descubierto por Charles Messier en 1771, aunque él no consiguió resolver sus estrellas, definiéndolo como una nebulosa redondeada con el núcleo más brillante, muy parecido a un cometa. Lo cierto es que M62 es una esfera formada por estrellas que alcanzan, en su conjunto, una masa de alrededor de 1.2 millones de masas solares, situada a unos cómodos 22.500 años luz de distancia. Este gran número de estrellas determina que en las regiones centrales del cúmulo haya una enorme densidad, tanta que es capaz de propiciar la formación de algunos elementos interesantes. Contiene al menos 89 estrellas variables, muchas de ellas RR lyrae, aunque M62 es famoso por poseer el primer agujero negro estelar encontrado en un cúmulo globular de nuestra galaxia (ya se había encontrado previamente uno en M49). Se detectó gracias a la intensa emisión de rayos X que desprendía, producida en el gas que giraba a su alrededor cuando alcanzaba altas temperaturas. Desde su descubrimiento en 2013 se han encontrado otros agujeros negros de masa estelar formando parte de cúmulos globulares, lo cual parece indicar que es más frecuente de lo que se podría pensar.

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M62 es uno de esos cúmulos globulares que no defraudan a nadie que lo observe desde un cielo oscuro, brillando con la séptima magnitud. Ya visible a través del buscador como una pequeña mancha redondeada, alcanza todo su esplendor con cualquier telescopio. Con el Dobson pude ver una maraña de estrellas que ocupaba casi la mitad del campo a 214 aumentos, superando los 7 minutos de arco de diámetro, aunque en fotografías de larga exposición alcanza los 15 minutos de arco (que se corresponde con unos 100 años luz a la distancia estimada). Podía distinguir sin dificultad tres grandes poblaciones de estrellas: la central y más brillante, el núcleo del cúmulo, ocupaba algo más de un minuto de arco y rebosaba de llamativas estrellas que parecían tocarse. A su alrededor se disponía una segunda capa un poco más tenue, con cierta forma triangular, mientras que las restantes estrellas se esparcían hasta rellenar todo el área. Eran estrellas muy pequeñas y débiles, extremadamente numerosas mirara donde mirara. La vista era aún mejor cuando imaginaba que allí, entre algunos de esos minúsculos puntos, residía un pequeño agujero negro.

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Muy cerca de este cúmulo tenemos otro globular, NGC 6304, que contrasta fuertemente con el anterior. Se encuentra a unos 19.000 años luz de distancia pero su tamaño es más pequeño, superando apenas un diámetro de unos 40 años luz. Sin embargo, en él podemos percibir los efectos de la atenuación debido al complejo de nubes oscuras del que hablábamos al principio de la entrada. Es un cúmulo bastante “contaminado” por estrellas del centro galáctico, motivo por el que su metalicidad es especialmente alta. Fue descubierto por William Herschel en 1786, aunque su verdadera naturaleza no fue revelada hasta el siglo XIX.

NGC 6304 es un globular de tipo IV, lo cual indica una importante concentración en el núcleo (recordemos que en la clasificación de Shapley-Sawyer el grado I hace referencia a la máxima concentración posible, mientras que el grado XII nos habla de globulares extremadamente difusos y dispersos, sin ningún gradiente apreciable). Esta concentración, similar a la de M62, queda patente al observarlo por el ocular, incluso a bajo aumento. De entrada podemos apreciar su pequeño tamaño y un poderoso núcleo, de un minuto de arco de diámetro, que brilla con fuerza. La periferia se extiende hasta alcanzar un diámetro total de unos dos minutos de arco, y se pueden llegar a distinguir cuatro o cinco estrellas rozando el borde, extremadamente débiles, como si fueran ajenas al cúmulo.

NGC 6304.png

Luces distantes en Andrómeda (Arp 113)

Al igual que la primavera, el cielo otoñal guarda una enorme variedad de galaxias, algunas solitarias pero otras unidas en grupos y cúmulos galácticos. Vamos a viajar hoy a Andrómeda para visitar un lejano grupo de galaxias situado a una distancia de entre 250-350 millones de años luz:

Se trata de Arp 113, un grupo de 8 galaxias que forman parte del conocido como Grupo de NGC 68, compuesto por unas 40 componentes.  Las galaxias de Arp 113 son las más brillantes de este grupo, aunque todas ellas rondan, como poco, la magnitud 14, por lo que necesitaremos cielos lo suficientemente oscuros. Aproveché para observar estas galaxias una noche en la que la estrella más débil que podía distinguir a simple vista se situaba en torno a la magnitud 6.2, y recuerdo que tuve que esforzarme para esas débiles manchas fantasmagóricas. La principal galaxia, NGC 68, es una lenticular de magnitud 13.9, que se encuentra formando un trío destacado junto  NGC 70 y NGC 71.

Arp 113

NGC 71 es otra lenticular de magnitud 14.4, mientras que NGC 70 es la más llamativa en fotografías de larga exposición: se trata de una galaxia espiral de magnitud 14.2 (algunas fuentes sitúan su brillo en 13.5) que fue descubierta en 1855 por R. J. Mitchell, asistente de William Parsons. Su tamaño se estima en unos 185.000 años luz, superando a nuestra Vía Láctea. NGC 67 y NGC 67A (magnitud 15.2 y 16, respectivamente) son dos galaxias elípticas de menor tamaño, en torno a unos 40.000 años luz, que aparecen como débiles puntos difusos. La única otra espiral de este grupo es NGC 72, que brilla con magnitud 14.7: NGC 72A, muy cerca, es una pequeñísima pero brillante (magnitud 13.7) elíptica, con un diámetro aparente de unos 0.2 minutos de arco). . Un poco más alejada de estas galaxias se encuentra NGC 74, una lenticular de magnitud 14.8 que presenta una silueta fina y alargada, aportando un toque diferente a esta familia de galaxias.

Arp 113 detalles

Principio y fin de un catálogo (grupo de NGC 3)

El catálogo NGC (New General Catalogue) es uno de los principales recursos para el astrónomo aficionado, una enorme fuente de datos con objetos de todo tipo, la mayoría de ellos al alcance de telescopios de apertura media bajo cielos oscuros. Fue compilado por Johan Ludvig Emil Dreyer a finales del siglo XIX, basado sobretodo en observaciones de William Herschel y su hijo. Cuando uno comienza en esta afición suele mirar los objetos del catálogo NGC con cierta sensación de miedo, como si estuvieran fuera de sus posibilidades, pero nada más lejos de la realidad: un gran número de estos objetos pueden verse con prismáticos, e incluso algunos son visibles a simple vista (como el Cúmulo Doble de Perseo, la Roseta o NGC 6231 en Escorpio).

Hoy presentamos un grupo de objetos especialmente interesante, no en su aspecto visual, sino porque conforman las últimas entradas del catálogo NGC y algunas de las primeras. Dicho en otras palabras, vamos a observar a NGC 3 y a NGC 4 en el mismo campo que NGC 7834, 7835, 7837, 7838 y 7840. Se encuentran en la constelación de Piscis, cerca de NGC 100 y de NGC 7814.

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La más brillante de ellas es NGC 3, una galaxia lenticular de magnitud 13.3: le sigue NGC 7834, una espiral de magnitud 14.3, ambas a una distancia similar de unos 200 millones de años luz. El resto de galaxias se sitúan mucho más allá, a unos 500 millones de años luz, por lo que también es de esperar que su brillo sea menor. NGC 7838 es una espiral de magnitud 14.6 que se encuentra extremadamente cerca de la pequeña y débil (magnitud 15.8) NGC 7837. Entre ellas apenas distan 0.6 minutos de arco y resolverlas será bastante complicado, siempre y cuando podamos distinguir a la escurridiza NGC 7837. NGC 4 es la más débil de este grupo de galaxias, brillando con una tímida magnitud de 15.9.

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NGC 7840 supone un tenue final de este catálogo, es una misteriosa y apagada galaxia espiral de tonalidad azulada que se deja ver con una magnitud de 15.2. Todas estas galaxias no serán más que borrones difusos y sin forma definida, oscuras manchas en un lugar del cielo donde ni siquiera brillan las estrellas, pero la posición que ocupan en un catálogo les da un aire distinto. Todos esos lejanos mundos comparten un lugar distante y a la vez cercano en una lista de objetos que una especie de seres vivos usa como referencia a la hora de observar el cielo desde un pequeño y azulado planeta que orbita una estrella amarillenta, una más del montón: y eso hace que esas manchas sean especiales.

NGC 3 detalles

Un eclipse interestelar (Beta Lyrae)

Todos recordamos el reciente eclipse de sol que dejó boquiabierto a medio mundo hace poco más de un mes. Muchos nos quedamos con las ganas de verlo, pero en cuatro días tendremos la oportunidad de observar algo más exótico todavía: un eclipse de una estrella situada a casi 1.000 años luz de distancia. Y más aún, podremos verlo a simple vista…

Con esta introducción quiero presentaros a uno de los sistemas binarios más fascinantes que hay, y para ello necesito que hagáis uso de una pequeña dosis de imaginación. Vamos a viajar con rumbo a la constelación de Lira, hacia una estrella conocida como Beta Lyrae o Sheliak. Conforme empezamos el viaje dejamos atrás a Vega, que sólo se encuentra a 25 años luz, y poco después saludamos al increíble sistema que forma la “doble-doble”, epsilon lyrae. Sus cuatro estrellas pasan rozándonos mientras nos alejamos a toda velocidad hacia nuestro objetivo, Sheliak, y cuando ya llevamos unos considerables 900 años luz de vuelo podemos apreciar que lo que parecía una estrella es en realidad un sistema binario, una pareja de estrellas tremendamente peculiar. Una brillante estrella blanquecina nos deslumbra conforme nos acercamos, pero lo que atrae nuestra mirada es lo que está a su lado. Un disco de gas y polvo rodea a la otra estrella, que queda oculta en su interior como si estuviera inmersa en una nube cargada de lluvia que gira a gran velocidad. Ambas estrellas giran una alrededor de la otra, y mientras nos acercamos al sistema la más débil, la que se encuentra envuelta en la nube de gas, se interpone entre la más brillante y nuestra nave, con lo cual el brillo total disminuye un grado considerable. Poco después la estrella brillante vuelve a aparecer por el otro lado, y nuestros ojos se deslumbran nuevamente. Acabamos de asistir a un eclipse de este peculiar sistema, algo que se repite de manera infalible cada 12 días, como un inmenso reloj cósmico que nos muestra que el universo no es una imagen estática.

Para entender la estructura de Beta Lyrae tenemos que remontarnos unos millones de años atrás, cuando la estrella primaria era la más masiva y, al convertirse en una gigante roja, sobrepasó su lóbulo de Roche: cuando la estrella rellena su lóbulo de Roche comienza a perder sus capas más externas, que son atraídas directamente por la estrella compañera. De esta manera, la estrella menos masiva comienza a recibir materia que se arremolina a su alrededor, formando un disco de acreción, aumentando tanto su masa que hoy en día es la estrella principal del sistema (tiene unas 13 masas solares). Pues bien, estas dos son las protagonistas de este baile estelar que hace que, cada 12.9 días, el brillo de Sheliak disminuya considerablemente, hasta el punto de poder distinguirlo fácilmente a ojo desnudo. John Goodricke, en 1784, fue el primero en advertir estos cambios en el brillo de la estrella, y desde entonces Beta Lyrae ha sido objetivo de numerosos estudios. En 2008 el CHARA Array Interferometer consiguió resolver la estrella primaria del disco de acreción de la secundaria. En el siguiente vídeo podemos ver la secuencia que CHARA obtuvo:

Sheliak cuenta con una gran ventaja a la hora de observar su variabilidad: está situada muy cerca de dos estrellas que presentan brillos similares a su máximo y a su mínimo, de manera que la estimación de su intensidad es extremadamente fácil. Durante la mayor parte del tiempo la estrella permanece en torno a la magnitud 3.4, bastante parecida a la de Sulafat, gamma Lyrae, que tiene una magnitud de 3.26. De hecho, cuando observamos a Vega podemos intuir, por el rabillo del ojo, a las dos estrellas prácticamente idénticas entre sí. Cuando el eclipse se produce presentan una importante diferencia de brillo, descendiendo la magnitud de Sheliak a la 4.3. En esos momentos su brillo es comparable al de zeta Lyrae, que brilla con magnitud 4.37. Por tanto, nuestro único cometido es conocer bien la posición de Sheliak y observar periódicamente para intentar cazar uno de estos eclipses. Hay una página especialmente útil de cara a conocer cuándo será el siguiente eclipse de determinada estrella:

http://www.as.up.krakow.pl/ephem/

En ella no tenemos más que hacer clic en la constelación que queramos y, posteriormente, en el nombre de la estrella. Ahí veremos una tabla con fechas de los mínimos, de manera que podremos organizarnos para observar en los días clave. En concreto, las fechas de los siguientes eclipses de Sheliak son las siguientes:

Por último, os adjunto la imagen que debéis buscar en el cielo con las magnitudes de las estrellas importantes.. Tened en cuenta que, en astronomía, la magnitud desciende conforme mayor es el brillo, de manera que zeta Lyrae, de magnitud 4.37, es más débil que gamma Lyrae, de magnitud 3.27. La magnitud límite visible a simple vista desde una ciudad  suele estar en torno a la 4.5, aunque en las grandes ciudades apenas podemos observar estrellas de magnitud 3.

Sheliak

Ojead el cielo estas noches previas para reconocer la estrella Vega (la más brillante que tenemos justo sobre nuestras cabezas) y la constelación que conforma, la Lira. Fijaos en el brillo de Sheliak y comparadlo cada noche con sus compañeras, confirmando que es muy similar al de Sulafat. La noche del martes 26 de septiembre podréis comprobar que su brillo ha descendido notoriamente, algo que se mantendrá durante toda la noche, el tiempo que tarda la estrella secundaria en pasar por delante de la principal. Al día siguiente todo volverá a la normalidad y podremos ver cómo Sheliak vuelve a relucir con su brillo habitual.

*Ojo, el eclipse del que estamos hablando es el eclipse principal del sistema, cuando la estrella envuelta en gas oculta a la más brillante. Lógicamente, habrá ocasiones en que la estrella más brillante sea la que tapa a su compañera más débil, lo que se conoce como eclipse secundario. En ese caso la magnitud de la estrella también variará ligeramente, descendiendo a la magnitud 3.8. Sin embargo, requiere un poco más de práctica apreciarlo y no es tan vistoso como el eclipse principal, por eso no le he dado tanta importancia en el artículo.

La raspa del pez (NGC 100)

Piscis puede parecer una constelación relativamente pobre en objetos de cielo profundo: sin embargo, si rebuscamos un poco podemos encontrar sorpresas interesantes, como esta galaxia que observé con el Dobson de 40 cm del Observatorio del Moral.

NGC 100 es una galaxia espiral  que fue descubierta en 1885 por Lewis Swift, el famoso cazador de cometas, con un refractor de 40 cm de apertura. Se encuentra cerca de Algenib, gamma pegasi, ocupando una zona en la que las galaxias son más frecuentes (recordemos, por ejemplo, a la cercana NGC 7814 o la ingente cantidad de galaxias que forman parte del Supercúmulo de Perseo-Piscis). Se encuentra a unos 40 millones de años luz de distancia y su tamaño se estima en unos 70.000 años luz, prácticamente la mitad que la Vía Láctea. Presenta varias regiones HII en las zonas más centrales, pequeños puntos rosáceos que cuyo seno tiene lugar una importante proliferación de estrellas. En fotografías de larga exposición podemos apreciar una pequeña galaxia muy cerca de uno de sus extremos. Se trata de PGC 1509358, una débil galaxia que en realidad se sitúa mucho más lejos, a más de mil millones de años luz de distancia. Casi alcanza la magnitud 18, quedando fuera del alcance de instrumentos de apertura media (hace falta bastante más de 50 cm de apertura para poder acercarse a esta pequeña galaxia).

Sin embargo, con disfrutar de NGC 100 tendremos de sobra. Con unos 6 minutos de arco de longitud, es una de las galaxias más planas que podemos observar con instrumentos de aficionado, y seguramente una de las más atractivas de su tipo. Presenta una magnitud de 13.2 y un brillo superficial relativamente bajo, así que deberemos observar bajo un cielo oscuro para disfrutarla en su plenitud. La veremos entonces brillando fantasmagóricamente, como una tenue línea pintada sobre el lienzo de fondo, blanquecina y extremadamente fina. Su centro es más brillante; los extremos se pierden rápidamente a medida que se alejan, afinándose hasta desaparecer por completo.

NGC 100.png

 

Las galaxias Taffy

Descubrí estas interesantes galaxias ojeando el atlas y viendo que tenían un nombre propio: Taffy… Instantáneamente captó mi atención y me encontré con un sistema de galaxias verdaderamente llamativo.

Foto Taffy

También conocidas como UGC 12914 y UGC 12915, las galaxias Taffy son dos galaxias situadas en la constelación de Pegaso a casi 200 millones de años luz. Allí, alejadas de grandes agrupaciones galácticas, estas dos espirales están interaccionando entre sí en un baile de proporciones cósmicas. Su último acercamiento fue hace 20 millones de años, y como consecuencia, un puente de gas se interpone entre ellas, como si no quisieran separarse del todo (algo que no va a ocurrir, puesto que ambas galaxias están abocadas a coalescer y formar una gran galaxia  elíptica). El conjunto emite una gran cantidad de ondas de radio, aunque la mitad de este tipo de radiación se distribuye en el puente de hidrógeno que separa las dos galaxias. En este puente reside una importante región HII que brilla intensamente en rayos X, fruto de la acción de jóvenes y masivas estrellas que estimulan el gas circundante. En UGC 12914 se ha encontrado un anillo de estrellas que destaca junto al núcleo, formado a raíz de un impacto a gran velocidad, lo cual no hace nada más que confirmar el encuentro entre las dos galaxias. UGC 12915 es una importante fuente de radiación infrarroja, señal inequívoca de un brusco brote estelar propiciado por la interacción.

Que la denominación de estas galaxias no nos impida disfrutarlas ya que, a pesar de pertenecer al catálogo UGC, su brillo es relativamente alto. UGC 12914, la más brillante de las dos, tiene una magnitud de 13.2, mientras UGC 12915 es de magnitud 13.9, ambas al alcance modestos telescopios bajo un cielo oscuro. Tienen un tamaño de unos dos minutos de arco, de manera que son visibles incluso a bajo aumento. Con el Dobson de 40 cm no tuve ningún problema para distinguir su recortada silueta contra el negro del cielo. Usé elevados aumentos, forzando el telescopio hasta unos considerables 562 aumentos, para distinguir algunos detalles más. UGC 12914, algo más pequeña, aparecía como una franja luminosa de brillo uniforme. Sin embargo, en UGC 12915 era fácil apreciar su núcleo brillante y puntiforme. Hacia el sur podía adivinar ota región algo más brillante, y en dicho extremo se curvaba ligeramente hacia su compañera, recordándome  a la pareja formada por NGC 4485 y NGC 4490 en Canes Venatici. Las galaxias Taffy son, sin duda, un espectáculo que merecería ser visitado  más a menudo.

Taffy