Doble rama horizontal (NGC 6569)

Seguimos nuestro periplo por los cúmulos cercanos al centro de nuestra Vía Láctea, centrándonos esta vez en NGC 6569, un cúmulo globular situado a unos considerables 35.500 años luz de distancia.

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Fue descubierto en 1784 por William Herschel, quien lo describió como una nebulosa redondeada, coinciendo con James Dunlop. Haría falta saltar al siglo siguiente para que se conociera su verdadera naturaleza, salpicada por miles y miles de estrellas. NGC 6569 se encuentra a unos 10.000 años luz del núcleo de la galaxia, perteneciendo por tanto a los globulares del bulbo (en contraposición a los del halo). Su cercanía al núcleo, un lugar donde hay mayor cantidad de elementos químicos a raíz de numerosas supernovas, le ha concedido una alta metalicidad. Una alta metalicidad se asocia, generalmente, a una corta edad, pero hay que tener en cuenta también el lugar donde se ha originado el objeto, ya que, como ocurre en este caso, podemos hablar de objetos extremadamente antiguos con metalicidad más elevada de lo normal.

Vamos a usar a NGC 6569 como excusa para hablar de la rama horizontal. En un diagrama de Hertzprung-Russel se plasman las estrellas de un cúmulo teniendo en cuenta su magnitud absoluta (en vertical) y su color (o temperatura, en el eje horizontal), lo cual nos da una idea de las características de sus estrellas. La mayoría de las estrellas, que pertenecen a la Secuencia Principal, se disponen alineadas formando una diagonal, un lugar donde se encuentra, por ejemplo, nuestro sol. Cuando una estrella de masa media gasta su hidrógeno nuclear se produce la fase de gigante roja, debido a la combustión del hidrógeno en las capas periféricas: el núcleo se encuentra formado entonces por helio, que la estrella irá quemando lentamente, en una fase sin grandes cambios en su luminosidad que se plasma en el diagrama como una línea horizontal, de ahí su nombre: Rama Horizontal. Esta rama es una característica permanente de los cúmulos globulares, ya que el número de estrellas de edad avanzada que presentan es relativamente alto (son verdaderos fósiles estelares). Pues bien, en NGC 6569, así como en unos pocos globulares (como Terzan 5 o NGC 6440), esta rama horizontal presenta un componente doble. Es decir, hay dos poblaciones de estrellas en la rama horizontal, una de ellas algo más luminosa que la otra. En algunos casos esta diferencia se puede atribuir a distintas fases evolutivas en las estrellas, pero en el caso de NGC 6569 parece algo improbable, así que todavía no se conoce realmente la causa de esta duplicidad de su población anciana. ¿Podría ser que se formara a raíz de dos cúmulos menores, cada uno con su historia y composición? Hasta que tengamos más datos no podemos hacer más que especular: es parte del misterio que le otorga a la astronomía un gran encanto.

Foto HB

Podemos buscar NGC 6569 partiendo de NGC 6624 o de delta Sagitarii, saltando de estrella en estrella en esta densa región de la Vía Láctea. Lo observé con el Maksutov-Cassegrain de 180 mm y, la verdad, no quedé decepcionado. A pesar de tener una magnitud de 9.5, sus estrellas más brillantes apenas alcanzan la magnitud 15, así que no contaba con resolverlo esa noche. Resaltaba ya a bajo aumento como una nube redondeada, sin estrellas, tal como describió William Herschel en su momento. A mayor aumento era más patente una región central algo más brillante, justificando su clasificación como globular de tipo VI según la escala Shapley-Sawyer. El centro aparecía grumoso, sin distinguir estrellas individualizadas pero transmitiendo la fuerza retenida de un millar de ellas.

NGC 6569

El exótico globular NGC 6624

Sagitario está repleto de cúmulos globulares, contando con al menos una veintena de ellos que se recortan contra el brillo de la Vía Láctea estival. Desde los oscuros cielos de la Alcarria conquense me decidí a tachar de mi lista algunos de estos cúmulos y, abriendo el atlas por la página de Sagitario, señalé unos cuantos para observar, sin conocer nada sobre ellos.

Foto NGC 6624.png

El primer elegido fue NGC 6624, un cúmulo globular que se encuentra al lado de Kaus Media o delta Sagittarii, la estrella por la cual se vierte el té en la imaginaria tetera que conforma la constelación. Fue descubierto por William Herschel en 1784, aunque, como suele ocurrir, sus estrellas no se resolverían hasta el siglo siguiente. NGC 6624 es uno de los cúmulos globulares más antiguos que conocemos y se encuentra a unos 26.000 años luz de nosotros. Es de clase VI, lo cual indica un gradiente de concentración intermedio. Su particularidad reside en su población de estrellas, entre las que encontramos un interesante sistema doble en el que una enana blanca orbita en torno a una estrella de neutrones, completando una vuelta en 11 minutos… Sí, dos cuerpos separados entre sí por 160.000 km (la mitad, aproximadamente, de la distancia que nos separa de la Luna) dan más de cinco vueltas cada hora que pasa, convirtiéndose en el sistema doble más rápido conocido hasta la fecha. El gas más superficial de la enana blanca es atraído por la estrella de neutrones, formando un disco de acreción que alcanza temperaturas inmensas, resultando en la emisión de intensos rayos X. Por si esto fuera poco, en el centro de NGC 6624 también se ha documentado la presencia de un agujero negro de masa intermedia (unas 7.500 masas solares), un tipo de objeto poco conocido aún, un eslabón perdido entre los agujeros negros de masa estelar y los agujeros negros supermasivos que ocupan el centro de las galaxias.

Para encontrar NGC 6624 podemos partir de la misma Kaus Media. Esta estrella, por cierto, es una gigante roja que se encuentra a más de 300 años luz. Nada nos impide disfrutar, de camino, de su llamativo color amarillento. Una vez centrado el cúmulo en el ocular comprobaremos que tiene un brillo considerable, con una magnitud de 7.6 y un diámetro de 9 minutos de arco. Presenta una zona central más brillante, si bien su gradiente no es nada espectacular, y su intensidad decrece rápidamente hacia su periferia redondeada. En un primer momento puede parecer una nebulosa esférica sin más, aunque con un poco de atención comienzan a titilar algunas lejanas estrellas, apenas perceptibles. Aparecen sobre todo en la periferia, tímidas e intermitentes. Con el Mak de 180 mm pude contar una decena de ellas, extremadamente débiles, pero muy sugerentes, convirtiendo a NGC 6624 en un globular bastante interesante.

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Los brazos de Hércules (NGC 6207)

La disposición de los objetos celestes resulta relativamente arbitraria, y por ello no resulta infrecuente encontrar que un objeto eclipse a otro que ha ido a parar a sus inmediaciones. Es el caso de NGC 6207, una bonita galaxia que se encuentra bajo la sombra de la imponente y brillante M13.

Foto NGC 6207 m13.jpg

Crédito: fuente

Ambos objetos pueden verse en el mismo campo del ocular si usamos bajos aumentos, aunque poca gente disfruta con la presencia de esa pequeña mancha alargada cuando las mil estrellas del cúmulo globular reclaman (exigen) su atención. No en vano, su existencia pasó desapercibida hasta 1787, cuando los atentos ojos de William Herschel dieron con ella. NGC 6207 es una galaxia espiral con tres brazos que salen de su núcleo, visibles sin mayor problema gracias a su inclinación moderada. Están salpicados de regiones HII, lugares de candente formación estelar, aunque no tiene cerca otras galaxias que puedan haber estimulado esta proliferación. Su distancia varía enormemente según las fuentes consultadas, coincidiendo la mayoría en una distancia de entre 30 y 40 millones de años luz, aunque hay quien la sitúa mucho más allá, a unos 60 millones de años luz, en cuyo caso formaría parte de una estructura conocida como la Nube de Draco. Su núcleo parece ser excesivamente brillante, aunque el efecto se lo debemos nuevamente a una superposición casual, ya que una estrella de nuestra propia galaxia, de tipo espectral F, ocupa el centro de NGC 6207. En 2004 otra estrella “apareció” momentáneamente en su halo, una supernova que alcanzó la magnitud 15.7.

Foto NGC 6207

Con una magnitud de 11.6, NGC 6207 es visible incluso con telescopios de 10 cm de diámetro. Sin embargo, si queremos vislumbrar algunos de sus detalles tendremos que usar mayores aperturas y disfrutar de un buen cielo. Tiene una longitud de 3 minutos de arco y 1.1 minutos de ancho, y necesitaremos usar aumentos elevados para distinguir algo más que una mancha alargada. La observé con el Dobson de 40 cm del Moral y, tras disfrutarla a bajo aumento en el mismo campo que M13, decidí acercarme más, hasta llegar a los 450 aumentos que me proporcionaban el ocular Zoom Baader (de hasta 8 mm) y una barlow de x2. La galaxia se apreciaba con visión directa sin mayor problema, destacando su núcleo intruso, de aspecto estelar (nunca mejor dicho). Ya desde un primer momento pude notar que su superficie no era homogénea, y un mínimo de atención bastó para notar uno de sus brazos, retorciéndose hacia el este de forma difusa. Al otro lado destacaba una débil alineación fantasmagórica que correspondía al brazo opuesto, rico en regiones HII, que parecía flotar en el halo alargado de la galaxia. Sin duda, una visión para retener en la memoria y un recuerdo de que los actores secundarios pueden llegar a relucir con brillo propio.

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