NGC 7048, una planetaria en el Cisne

En la entrada anterior disfrutábamos con una original planetaria en la constelación del Cisne. Hoy viajamos a la misma región del cielo para contemplar una nebulosa más clásica, una de las perfectas, en apariencia, burbujas que pueblan el cielo veraniego:

Foto NGC 7048

Richard Robinson and Beverly Erdman/Adam Block/NOAO/AURA/NSF

NGC 7048 fue descubierta por Édouard Stephan en el otoño de 1878 con un telescopio reflector de casi 80 cm de apertura. Stephan estuvo varios años barriendo el cielo en su punto más alto para descubrir nuevas nebulosas, y según él mismo pudo llegar a ver hasta 6000 de ellas. Es una nebulosa planetaria ya en fase avanzada que lleva expandiéndose varios miles de años, formando una esfera gaseosa cuya naturaleza se conoció a principios del siglo XX, gracias a la espectrometría. Estudios recientes sugieren, sin embargo, que también podría ser una planetaria bipolar que vemos de frente, con dos lóbulos que se superponen de manera similar a lo que ocurre con M57. Ni una cosa ni otra pueden asegurarse todavía, así que no nos queda otra que disfrutar de la vista de la nebulosa aparentemente anular. Se encuentra a unos 6000 años luz de distancia y su tamaño es de un minuto de arco de diámetro, habiéndose encontrado en la década de los 90 un tenue halo que la rodea a una distancia mayor, reflejo de la expansión de la atmósfera estelar en distintas épocas, difuminándose una a una conforme se alejan del centro.

Su magnitud ronda la 12, aunque el brillo superficial es relativamente bajo, por lo que tendremos que observarla bajo cielos oscuros y limpios. Un filtro OIII será nuestro mejor aliado si queremos obtener detalles interesantes. A 65 aumentos ya se dejaba notar en el Dobson de 30 cm como una pequeña nubecilla apenas perceptible con visión lateral, aunque el filtro OIII la hacía destacar mientras apagaba la mayor parte de las estrellas. A 300 aumentos el tamaño de la planetaria era considerablemente mayor, y con visión lateral se adivinaba una estructura anular, un reborde más brillante que, sin duda, es el toque final de esta delicada nebulosa.

NGC 7048.png

Una mariposa a lomos del Cisne (NGC 7026)

Si algo tiene la constelación del Cisne, además de cúmulos abiertos, son nebulosas planetarias para todos los gustos. NGC 7026, localizada en la vecindad del Cisne, es una de las más interesantes que podemos observar, y como muestra podemos disfrutar la siguiente fotografía del Hubble.

Foto NGC 7026.jpg

Como se aprecia sin dificultad, NGC 7026 es una planetaria bipolar con una estructura que a menudo se define como “alas de mariposa”. Fue descubierta en 1873 por el observador de estrellas dobles Sherbourne Wesley Burnham, quien, por cierto llegó a descubrir también 6 objetos del catálogo NGC y 21 del catálogo IC. NGC 7026 se encuentra a unos 6000 años luz y es una poderosa fuente de rayos X, señal de la elevada temperatura a la que se encuentra el gas. Se encuentra formado por un torus gaseoso que rodea a la estrella central, probablemente fruto de la época en la que ésta era una gigante roja, mientras que dos grandes lóbulos salen de forma bipolar, expandiéndose a unos vertiginosos 54 km por segundo. La estrella central, de magnitud 14.2, presenta una temperatura de 80.000 grados centígrados, y su espectro recuerda al de una estrella Wolf-Rayet: esto se debe a que las capas externas de la estrella se han expandido, dejando entrever los elementos más pesados que forman parte del interior.

Teniendo en cuenta la distancia de la planetaria, sus 40 segundos de arco aparentes se traducen en un escaso año luz de diámetro, por lo que hablamos de una nebulosa pequeña y, seguramente, joven. Su magnitud 11, sin embargo, hace que sea un objetivo fácil de observar. Para distinguir sus detalles, eso sí, tendremos que usar elevados aumentos. Ya de inmediato, tras poner el ojo en el ocular a bajo aumento, pude apreciar perfectamente su forma bipolar, dos óvalos extremadamente pequeños separados por una fina línea, haciendo honor al nombre por el que también se la conoce, “la Hamburguesa”. Con el ocular de 5 mm, que me proporcionaba 300 aumentos, esta estructura se dejaba ver con mayor detalle aún, destacando que ambos “núcleos” no tenían una forma homogénea, sino que parecían alargarse hacia esquinas opuestas, lo cual no era más que el comienzo de sus lóbulos, que adoptaban la misma forma que otra planetarias como M76 o M27. No pude apreciar las clásicas “orejas” o “alas de mariposa” que se ven en fotografías de larga exposición, pero un débil halo rodeaba a la región central de NGC 7026, de forma ligeramente irregular, como si estuviera torcida, coincidiendo exactamente con la posición de estas alas.

NGC 7026

Para terminar, no podemos irnos de esta zona sin hacer una visita a IC 1369, un bonito cúmulo abierto que se encuentra a apenas 1 grado de distancia. Se aprecia como una quincena de estrellas que adoptan una forma redondeada, acompañadas de un fondo neblinoso y sugerente que no hace más que añadir interés a esta zona. Si disponemos de cielos especialmente oscuros podemos atrevernos, además, con otros dos objetos que comparten espacio con el cúmulo: Barnard 364, una nebulosa oscura, y PK 98-0.1, una bonita planetaria que nos recuerda enormemente a M76. Por supuesto, es muchísimo más débil y el simple hecho de apreciarla ya supondrá un gran aliciente.

Una pequeña nube de estrellas (NGC 7062)

Más allá de la cola del Cisne, en dirección al Lagarto, podremos distinguir, si observamos con prismáticos bajo un cielo oscuro, una multitud de pequeñas manchas nebulosas, grandes familias estelares para todos los gustos. M39 es, probablemente, el cúmulo más grande y brillante de la zona, pero otros muchos esperan a ser conocidos. Hoy nos centraremos en uno que encontré por casualidad, mientras buscaba la nebulosa IC 5146. Fue el primero de muchos que pasaron tras mi ocular, pero su aspecto delicado me hizo querer capturarlo con el lápiz.

Foto NGC 7062.jpg

Se trata de NGC 7062, un cúmulo abierto que se encuentra a unos 4800 años luz de distancia. Debemos su descubrimiento a William Herschel en 1788, gracias a un telescopio de 45 cm de apertura. NGC 7062 colinda con Cygnus X, la gran región de formación estelar que forma parte, al igual que el Sol, de la rama de Orión, esa franja de estrellas que comunica el Brazo de Sagitario y el de Perseo. Por tanto, al mirar hacia NGC 7062 estamos atravesando miles de años luz repletos de estrellas y nebulosas; tenemos suerte de poder distinguir objetos tras este frondoso bosque. Las estrellas de NGC 7062 se distribuyen por un área de unos 3.5 años luz de diámetro, que corresponden a unos 6 minutos de arco tras nuestros instrumentos. El núcleo del cúmulo parece estar sufriendo un lento colapso, como si algo estuviera apretando sus estrellas entre sí. Todo apunta como causante a una nube molecular que se acerca inexorablemente hacia el cúmulo, como si fuera una mano que amasa un puñado de arcilla. La inmensa cantidad de polvo que se interpone entre NGC 7062 y nosotros dificultad su estudio, aunque parece que cuenta con una masa equivalente a 1560 soles, un número nada desdeñable. Su edad se ha estimado en unos mil millones de años, la cual no deja de ser una cifra elevada si tenemos en cuenta la aparente concentración de estrellas que posee.

Al telescopio NGC 7062 no deslumbrará con el brillo de cien soles, ni tampoco destacará por su enorme tamaño o curiosa forma, no. NGC 7062 es uno de esos cúmulos cuyo encanto reside en su delicadeza, mostrándose como una débil nubecilla ovalada en la que chisporrotean, lejanas, numerosas estrellas titilantes. Cuatro de ellas son más brillantes y forman una especie de trapecio que parece enmarcar al resto, al menos una veintena, protegiéndolo de las restantes estrellas. Curiosamente, en sus alrededores no encontramos una gran densidad estelar, y es que el polvo en esta región de la Vía Láctea se deja ver en cada rincón, por lo que no es de extrañar que todo parezca un poco más apagado.

NGC 7062

Formación estelar en el Cisne (IC 5146)

Nos sumergimos de lleno en la constelación del Cisne para observar un objeto que aparece frecuentemente en fotografías. Se trata de IC 5146, conocida popularmente como la Nebulosa del Capullo.

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Julie and Jessica Garcia/Adam Block/NOAO/AURA/NSF

Es una región de formación de estrellas en la que conviven nebulosas de emisión, reflexión y de absorción en un armonioso popurrí cuyo colofón es un río de oscuridad que serpentea y desemboca en la nebulosidad. Fue descubierta por Thomas Espin en 1899, aunque hay quien atribuye su descubrimiento a E. Barnard en 1893, a la par que descubría Barnard 168, el “río” que forma parte de este paisaje celeste y del que hablaremos posteriormente. Sea como sea, IC 5146 pasó a formar parte del catálogo Caldwell con el número 19 y, posteriormente, del catálogo Sharpless, conocido como Sh2-125. Se encuentra a unos 4000 años luz de distancia, y en el entramado nebuloso se han encontrado hasta cuatro núcleos de mayor densidad, puntos de ebullición estelar que lideran la gestación de estrellas. En el centro destaca una estrella de magnitud 9, BD 46º 3474, que ha surgido del centro de la nebulosa y cuya emisión ha limpiado de polvo y gas el centro de la misma, esculpiendo su entorno y haciendo que el sobrenombre “del Capullo” tenga algún sentido.

Foto ic 5146 gran

Tom V. Davis

IC 5146 se ha asociado erróneamente a ambas estructuras, la nebulosa y el cúmulo de estrellas que ampara, si bien lo correcto sería denominar IC 5146 a la nebulosa y Collinder 479 al cúmulo, pues fue en este último catálogo cuando se hizo referencia a la agrupación estelar. Más de 100 estrellas se vislumbran en los 12 minutos de arco que mide la nebulosa, aunque el Spitzer ha revelado, en el infrarrojo, más de 200 fuentes emisoras que corresponden a objetos extremadamente jóvenes, como cuerpos Herbig-Haro u objetos T-Tauri. B168 forma parte de LDN 1055, una nube molecular que cuenta con unas 2500 masas solares. B168, oscura por carecer de estrellas que la iluminen, muestra su mayor opacidad a unos 20 minutos de arco de IC 5146, aunque su estela se puede seguir hasta el mismo centro.

Foto IC 5146 spitzer

No es difícil encontrar la nebulosa en la zona más oriental del Cisne, por encima de la brillante Deneb. Podemos guiarnos gracias a M39, que se encuentra especialmente cerca y servirá para maravillarnos y adaptar nuestra visión a la oscuridad. Una vez en el campo veremos, rodeando a un grupito de seis estrellas, una tenue nebulosidad que parece abrazarlas de una forma tremendamente sutil, sin una forma definida. Tendremos que hacer uso de nuestra paciencia para esperar tras el ocular, y un buen rato después, con visión periférica, comenzaremos a desentrañar este curioso objeto. Es mejor usar aumentos relativamente bajos, de otra manera el contraste disminuye y la nube se pierde difuminada en el cielo. Encontré algo de mejoría con el filtro UHC, lo cual no hacer más que corroborar que la mayor parte de la nebulosa es de emisión, mientras que el OIII oscurecía demasiado la imagen. La zona interna, libre de nebulosidad, se hizo patente a los pocos minutos, con algunas otras condensaciones que destacaban muy levemente. Los bordes, más engrosados, parecían otorgar al centro la forma del símbolo infinito, una imagen que me recordaba a la planetaria Jones 1. Media hora después estaba observando una imagen que recordaba a las fotografías que ya conocía, si bien tuve que hacer un esfuerzo importante para no perder detalle. No encontré la nebulosa oscura, pues no sabía con certeza su posición y, además, estaba usando aumentos demasiado elevados para verla. Bajo cielos oscuros bastan un par de prismáticos para poder distinguirla sin dificultad, aunque de ello hablaremos en otro momento.

IC 5146

Una estela de luz en Cefeo (VdB 152)

A veces las fotografías nos inspiran a buscar ciertos objetos que, de otra manera, habríamos creído fuera de nuestro alcance, perdiendo la oportunidad de observarlos con nuestros telescopios. Algo parecido me ocurrió cuando observé por primera vez la exótica nebulosa VdB 152, que podéis apreciar en la siguiente fotografía. Resulta impresionante contemplar esa brillante nube blanco-azulada que va dejando tras de sí una sombría estela de gas y polvo, como un fantasma que se desplaza a través del universo.

Foto VdB 152

Crédito: Éder Iván

También conocida como Cederblad 201, se trata de una nebulosa de reflexión que habita en la constelación de Cefeo a unos 1400 años luz de distancia. Sidney van den Bergh es un astrónomo canadiense que nació en 1929, conocido, entre otras cosas, por crear un catálogo de nebulosas de reflexión que se disponen por todo el cielo. En total registró 158 de estos interesantes objetos, que no son más que porciones de gas iluminadas por alguna estrella cercana. En concreto, VdB 152 ocupa el borde de una nube molecular que se llama LDN 1217. La nebulosa de reflexión es la cubierta que envuelve a un Glóbulo de Bok, esa región oscura que aparece adyacente a ella y que se conoce como Barnard 175. En su interior están naciendo nuevas estrellas, que paulatinamente irán erosionando la nebulosa y dando la cara. Vemos una brillante estrella en el seno de VdB 152, BD+69 1231, de magnitud 9.3. Podríamos estar tentados de decir que es una de las estrellas nacidas en la nube molecular, pero lo cierto es que el movimiento de la estrella y el de la nebulosa son bien distintos, de manera que tienen orígenes dispares. El trayecto de la estrella la ha llevado a rondar esta región de la nebulosa, haciendo que brille al reflejar su luz. Dentro de unos miles de años el movimiento de ambos objetos hará que la porción iluminada de la nebulosa sea otra diferente. En el interior de la nube se pueden observar múltiples estrellas en proceso de formación, siendo una de ellas especialmente llamativa, ocupando en la siguiente imagen el borde derecho superior de la nebulosa.

Foto VdB 152 NOAO

T.A. Rector (University of Alaska Anchorage) and H. Schweiker (WIYN and NOAO/AURA/NSF)

Se trata de un cuerpo de Herbig-Haro, en concreto de HH 450, una estrella en sus primeros estadios de vida cuya rápida rotación produce la expulsión de enormes chorros de gas de forma bipolar. En la imagen también se pueden apreciar dos líneas rojizas, los restos de una antigua explosión de supernova que vagan cerca de la nebulosa.

Observar esta nebulosa es más fácil de lo que podría parecer, siempre y cuando observemos desde un lugar oscuro. Desde un primer momento, incluso a bajo aumento, se detecta sin mayores problemas que hay “algo” alrededor de la estrella principal, una nebulosidad que se aprecia mejor con visión lateral. Poco a poco la luz fantasmal va adoptando una forma alargada, y cuando nuestra vista se encuentra bien adaptada no es difícil distinguirla como si tuviera una forma de “L”, bastante similar a lo que observamos en las fotografías. La estela oscura que va dejando tras de sí es harina de otro costal: como mucho se observa que en la zona de la nebulosa oscura no hay más estrellas que una brillante en su región intermedia, mientras que en el exterior la concentración de estrellas es moderada. Una brillante estrella, STF 2883, pone la guinda a la observación. Es una estrella doble con sus componentes, de magnitud 5.6 y 8.6, separadas por unos 13 segundos de arco. La principal aparece de un color amarillo claro, mientras que la secundaria muestra un azul pálido muy sugerente. Sin duda, es una zona del cielo que vale la pena recorrer.

VdB 152

Espiando a la estrella de Tabby (y a NGC 6866)

Mucho se ha oído en los últimos dos años acerca de la Estrella Tabby, un aura de misterio rodea su nombre y ha conseguido desatar la imaginación de millones de personas. Seguro que a cualquiera le suena la estrella con la “megaestructura alienígena”, aunque no sepa muy bien de qué va el asunto. Pues bien, lo que las páginas no suelen mencionar es que es visible con un pequeño telescopio y que cualquiera equipado con un buen atlas es capaz de buscarla en el cielo. Hoy vamos a hacer una recapitulación sobre las hipótesis que intentan explicar el comportamiento de esta estrella y luego daremos algunas nociones para encontrarla y poder ver con nuestros propios ojos la turbulenta estrella.

Su nombre oficial es KIC 8462852, también TYC 3162-665-1, nombres que nos servirán para identificarla en los atlas. La fama que trae consigo se debe a una serie de cambios en su brillo que no pueden explicarse con los conocimientos actuales, y las explicaciones que se han dado son extremadamente variopintas y, algunas, originales. Ya conocida en 1890, no fue hasta septiembre de 2015 cuando su nombre corrió de boca en boca, a raíz del estudio que publicó Tabetha S. Boyajian, una astrónoma norteamericana de 37 años cuyo nombre sirvió para designar a la estrella. Lo que Tabetha observó fue un descenso en el brillo de la estrella que tuvo lugar el 5 de marzo de 2011, siendo la intensidad de la estrella un 15% menor al habitual. Lo descubrió gracias al telescopio espacia Kepler, que había monitorizado parte del cielo desde 2009 hasta 2013. Dos años después Tabetha fue testigo de otro descenso del brillo, esta vez de un 22%, algo sin precedentes en la historia, y mes y medio después la estrella volvió a presentar una nueva fluctuación. Por si fuera poco, además de estos descensos bruscos y autolimitados de luz, el brillo de la estrella se iba apagando lentamente a razón de un 0.34% cada año, posteriormente descendió un 2.5% en 200 días y luego siguió bajando a su ritmo habitual. Tras varios años de descanso la estrella volvió a mostrar un descenso significativo de brillo el 20 de mayo de 2017, reavivando la polémica a su alrededor.

Una estrella puede disminuir su brillo por dos factores principales: o bien disminuye su brillo intrínseco o algún objeto se interpone entre ella y nuestros instrumentos, y aquí es donde las hipótesis fallan una detrás de otra. KIC 8462852 es una estrella de la secuencia principal, una estrella “adulta” de tipo espectral F. Si fuera una joven estrella recién nacida podríamos argüir que el gas que la rodea bloquea su luz en ocasiones, produciendo las fluctuaciones que se observan, pero las estrellas ya formadas atraviesan un período de estabilidad en el que no se producen grandes cambios, de manera similar a nuestro Sol.

Así pues, desde hace dos años han surgido numerosas hipótesis que se basan en que “algo” oscurece la estrella, aunque ninguna de ellas haya demostrado, hasta la fecha, ninguna evidencia clara de ser cierta. Al principio se sugirió que los descensos de brillo podían deberse al paso de un planeta fragmentado por una gran colisión, de manera que una nube de material residual le seguiría a sus espaldas. Sin embargo, una colisión entre grandes cuerpos habría producido una importante cantidad de radiación infrarroja, señal que no se ha apreciado con ninguno de los instrumentos usados para observar la estrella. Una posible explicación que llamó la atención por su exotismo hacía referencia a un enjambre de cometas que giraban en torno a la estrella, pero no debemos olvidar que estamos hablando de un oscurecimiento del 22%, lo cual hace altamente improbable que varios cometas, por grandes que sean, oculten tanto porcentaje de la estrella.

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Una de las hipótesis más interesantes ha sido postulada por Fernando J. Ballesteros y su equipo, de la Universidad de Valencia, que explican el patrón de brillo por la presencia de un gran planeta con anillos, acompañado a su vez, a ambos lados, por nubes de asteroides troyanos. De hecho, el equipo de astrofísicos ha predicho, incluso, nuevos eclipses que tendrán lugar en los próximos años. Según su estudio, en 2021 la nube de asteroides producirá un nuevo oscurecimiento, teniendo lugar en 2023 la principal ocultación por parte del gigante gaseoso. Nuevos estudios y el tiempo se encargarán de corroborar esta fascinante imagen.

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Pero la fama de la estrella se la debemos a una explicación aún más exótica: la presencia de una enorme estructura alienígena sería la responsable de las disminuciones de brillo. En 1960, el físico Freeman Dyson describía en la revista Science una gran esfera hipotética que rodeaba parte de una estrella, argumentando que sería un método muy eficiente de obtener energía por parte de civilizaciones extraterrestres avanzadas y que su emisión de radiación infrarroja permitiría detectarla desde nuestros telescopios. KIC 8462852 resultó ser una atractiva y potencial estrella para albergar esta megaestructura, y la imaginación de todo el mundo divagó mientras los medios de comunicación se hacían eco de la noticia. Por supuesto, y pese que a todos nos fascinaría que la esfera de Dyson fuera real, antes habrá que descartar otras muchas hipótesis más plausibles que la estructura extraterrestre.

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Pues bien, después de tanto leer sobre esta peculiar estrella es hora de localizarla con nuestro telescopio, simpre intentando hacerlo desde un lugar oscuro. Podemos encontrarla a partir de NGC 6866, y deberíamos aprovechar para hacer una visita a este magnífico cúmulo globular. Fue descubierto por Caroline Herschel, la hermana de Wililam Herschel, en 1783. A pesar de que sus estrellas más brillantes son de magnitud 10.5, el cúmulo en su conjunto alcanza una magnitud de 7.6, fácilmente apreciable gracias a que se dispersa por un tamaño de tan sólo 7 minutos de arco. Se encuentra a unos 3.900 años luz de nosotros y su edad se ha estimado entre 600 y 800 millones de años, lo cual no deja de ser considerable para una agrupación tan compacta. Encontraremos la Estrella de Tabby a apenas 30 minutos de arco de NGC 6866, pudiendo saltar fácilmente de estrella en estrella. Como referencia buscaremos un trapecio de estrellas extremadamente abiertas, una de las cuales es KIC 8462852.

Tabby

Se encuentra flanqueada por estrellas de magnitud 11.5 y 11.9, de manera que su propia magnitud, de 12, no destaca especialmente. Sin embargo, resulta emocionante contemplarla si sabemos todo lo que lleva a sus espaldas. Parece una más de tantas estrellas que pueblan el ocular, eclipsada también por el magnífico cúmulo abierto que tiene al lado. Sin embargo, al imaginar un planeta anillado ocultándolo, un enjambre de cometas o una cubierta metálica usada por una civilización extraterrestre, ese pequeño punto se transforma en un objeto verdaderamente fascinante.

Tabby 1

Turbulenta NGC 6778

El Águila es una de las constelaciones más rica en nebulosas planetarias que podemos encontrar, desplegando un ingente número de ellas pertenecientes a múltiples catálogos. Hoy vamos a estudiar una pequeña pero interesante planetaria que se encuentra bajo una de sus alas.

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Crédito: IAA-CSIC

Hablamos de NGC 6778, una nebulosa que se sitúa a unos considerables 10.800 años luz de distancia, en uno de los extremos del brazo de Sagitario. Fue descrita por Albert Marth en 1863, aunque hay algo de discordia en cuanto a su descubridor, ya que Wlliam Herschel se adelantó al describir NGC 6785, un objeto que parece coincidir con NGC 6778 y que bien podría haber sido el mismo.

Las nebulosas planetarias se suelen formar en dos etapas bien diferenciadas: una primera en la que la estrella alcanza la rama asintótica gigante, expandiendo sus capas externas tras haber consumido el hidrógeno de su núcleo (al contraerse aumenta la temperatura en sus capas externas y, consecuentemente, se produce una importante expansión); la segunda fase tiene lugar cuando la expulsión de capas externas deja al descubierto el núcleo de la estrella, extremadamente caliente, de manera que se produce radiación ultravioleta que ioniza el gas expulsado, comenzando la joven nebulosa a relucir con brillo propio, así como nuevas oleadas de gas expulsado a gran velocidad. Durante todo este proceso pueden producirse cambios que afectarán al final de la estructura planetaria, y eso es lo que ha ocurrido con NGC 6778. Su estrella central no es una sino un sistema binario, dos estrellas que se encuentran muy cercanas entre sí y que orbitan una a la otra en apenas 3 horas y media. De hecho, ambas estrellas se encuentran bajo una envoltura gaseosa común, ocultas a nuestros curiosos ojos. Esta disposición ha dado lugar a que se formara, en primer lugar, un anillo gaseoso ecuatorial, una especie de torus que delimitaría, con posteridad, la creación de dos lóbulos bipolares, grandes cavidades de gas que se abrieron a ambos lados. Unos mil años después se produjeron los jets que, finalmente, esculpirían la nebulosa tal cual la vemos hoy. Estudios recientes dejan claro que los lóbulos se han visto alterados por un evento violento con emisión de masa, una explosión interna que sembró de irregularidades sus regiones más externas. No hay pistas todavía sobre cuál pudo ser la naturaleza de tal evento, así que toca esperar a que se realicen nuevos estudios y clarifiquen un poco la situación.

Encontrar NGC 6778 no es especialmente dificil si vamos saltando de estrella en estrella. Si observamos a bajo aumento aparecera como una pequeña estrella desenfocada, y soĺo tenemos que colocar delante del ocular un filtro OIII para comprobar que una de las estrellas no se oscurece. Es cuando usamos altos aumentos cuando podemos apreciar los detalles de esta interesante planetaria, ya que apenas tiene medio minuto de arco de diametro. A 214 aumentos pude distinguirla como una pequeña y brillante mancha alargada, fácilmente visible incluso con visión directa, gracias a su magnitud 12. Aprovechando la estabilidad atmosférica decidí probar el ocular de 5 mm, que me proporcionaba unos considerables 300 aumentos. Para mi sorpresa la nebulosa no perdió definición, pudiendo apreciar, con un poco de paciencia, sus dos lóbulos bien diferenciados, como si fuera una versión en miniatura de M76. No había rastro de la estrella central, demasiado debil para intuirse si quiera, pero el hecho de poder apreciar detalles en un objeto tan pequeño ya es reconfortante.

NGC 6778