El otro triplete del Delfín

Hace un año disfrutamos, por estas fechas, de uno de los tríos de galaxias que se encuentran en la constelación del Delfín, comandado por NGC 6956. Y digo “uno de los tríos” porque hoy vamos a ver el siguiente triplete de galaxias, algo poco común para una estación veraniega como es ésta. Se nota, sin embargo, que el grueso de la Vía Láctea ya se encuentra algo alejado y permite distinguir más cantidad de galaxias. La protagonista de este grupo es NGC 6928, que nos servirá de referencia para encontrar las demás.

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Crédito: Jim Shuder

Descubierta en 1863 por el alemán Albert Marth con un telescopio de 1.20 metros de diámetro, NGC 6928 es una espiral que se encuentra a una distancia cercana a los 200 millones de años luz. Se encuentra levemente inclinada hacia nosotros y una maraña de polvo hace que las regiones más brillantes, en el centro, adopten una curiosa forma de letra “S”.  Algunas plumas de material se adivinan en uno de sus extremos, fruto, probablemente, de alguna interacción con sus compañeras. Con una magnitud de 12.2 es la más brillante del trío, con lo cual podemos imaginar que no va a ser tarea fácil a no ser que observamos bajo cielos oscuros.

NGC 6928

Muy cerca brilla NGC 6930, con magnitud 12.8 pero de brillo superficial extremadamente bajo, tanto que fue la más difícil de observar. Es otra espiral que deja entrever un pequeño brazo espiral en fotografías de larga exposición, y uno de sus extremos se aprecia una pequeña galaxia satélite que recibe el nombre de MAC 2032-0952 (visible tan sólo con telescopios verdaderamente grandes). La tercera componente de este difuso triplete es NGC 6927, con una magnitud de 14.4 y un tamaño que no llega al minuto de arco de diámetro. Sin embargo, no debemos dejar que estos números nos desaminen, pues es precisamente su pequeño tamaño el que posibilita que se vea sin gran dificultad. Es una galaxia lenticular que cuenta con una compañera algo más lejos, NGC 6927A, reservada también a telescopios de gran apertura. La única que se muestra con más detalle es, por tanto, NGC 6928, en la que podremos apreciar cierta asimetría en su disco luminoso, como si ensanchara hacia un lado de una forma poco convencional. No obstante, siempre se agradece poder disfrutar de estos lejanos objetos en esta época de sequía galáctica.

NGC 6928 - detalles

El último de la fila (NGC 5694)

A estas alturas no nos resultará extraño encontrar un cúmulo globular que no posea las características que se esperan de él, y es que la composición de estas familias de estrellas puede contarnos una larga historia de migraciones y eventos catástroficos. En el caso que hoy nos ocupa vamos a hablar de NGC 5694, uno de los globulares más lejanos que podemos observar en nuestra galaxia:

Foto NGC 5694

Se encuentra a la considerable distancia de 114.00 años luz de nosotros, distando del centro galáctico unos 96.000 años luz, a las afueras del halo galáctico y a una velocidad de 273 km/s. En un principio se pensó que estaba escapando de la Vía Láctea, aunque recientes estudios sugieren que recorre una órbita hiperbólica que lo aleja del centro galáctico para volver hacia el centro y completar su giro. Presenta una metalicidad muy baja, y sus propiedades hacen pensar que es uno de los cúmulos globulares más antiguos que se conocen. Sin embargo, su discordia radica en que la proporción de elementos que lo forman es ligeramente diferente a los globulares de nuestra galaxia, con lo cual tenemos que pensar en un pasado turbulento. Algunos estudios apuntan a que podría haberse formado en las regiones más internas del halo para, acto seguido, ser arrastrado hacia afuera por otra galaxia, probablemente por las Nubes de Magallanes, lo cual explicaría su altísima velocidad. Sin embargo, la diferente composición de sus estrellas hace pensar en que su origen ha tenido lugar en un lugar distinto, posiblemente en alguna de las galaxias enanas y difusas que orbitan alrededor de la Vía Láctea. NGC 5694 sería, en ese caso, un extraño que ha sido devorado por nuestra galaxia y retenido bajo su gravedad. Hacen falta más observaciones para poder concretar estos datos.

NGC 5694 fue descubierto por William Herschel, como la gran mayoría de objetos del catálogo NGC, y posteriormente se conoció también como Caldwell 66. Hasta 1932, sin embargo, no se conoció su naturaleza como cúmulo globular, lo cual da una idea del bajo brillo de sus estrellas. En efecto, a pesar de que su magnitud conjunta ronda la décima, su bajo brillo superficial hace verdaderamente difícil resolver sus múltiples estrellas. Se encuentra en el extremo más meridional de Hydra, justo por  debajo de Libra, y cinco estrellas brillantes parecen abrazar el cúmulo globular, ayudando a orientarnos sin mayor dificultad. Con unos 4 minutos de arco (que equivalen a unos considerables 140 años luz), aparece como una pequeña esfera luminosa, extremadamente débil, cuyo núcleo quiere resaltar ligeramente, brillando con mayor intensidad que su difusa periferia. Con visión lateral los bordes alcanzan un mayor tamaño, aunque no deja de ser una lejana y etérea nube. Por momentos quería dejarse ver una textura granulosa, aunque la noche en que lo observé no era la más propicia, pues una leve neblina cubría todo el cielo de manera casi imperceptible. No obstante, es agradable contemplar un cúmulo tan lejano y de aspecto delicado de vez en cuando; otras constelaciones saciarán nuestra sed de gigantes y brillantes globulares.

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SN 2017eaw, (otra) supernova en NGC 6946

Hace 20 millones de años, mucho antes de que el hombre pisara la tierra, una lejana estrella explotó en forma de supernova: el 14 de mayo de 2017 su luz llegó hasta nosotros por primera vez, después de recorrer un trayecto de 20 millones de años luz. Se trata de una supernova que ha tenido lugar en la galaxia NGC 6946, la Galaxia de los Fuegos Artificiales que, haciendo honor a su nombre, nos muestra uno más de estos eventos. Ostentando el récord de supernovas, en NGC 6946 se han registrado 10 de ellas en los últimos 100 años, siendo la última en 2008. Sin embargo, la que nos ocupa hoy tiene el atractivo de su elevada magnitud: el 14 de mayo, el día de su descubrimiento por parte de Patrick Wiggins en Utah, EEUU, brillaba con una considerable magnitud 12.8.

Foto NGC 6946

Wendee Levy/Adam Block/NOAO/AURA/NSF

La espectrometría de la supernova nos ha hecho saber que se trata de una supernova de tipo IIP, aquélla cuyo origen se debe a la explosión de una estrella, al menos, 8 veces más masiva que nuestro Sol. Estas estrellas van dando lugar a una cadena de reacciones a medida que se va gastando su combustible, obteniendo su energía de elementos cada vez más pesados. La estrella llega a un punto en el que este combustible es níquel (que se transforma rápidamente en hierro), un elemento que, lejos de producir energía con su fusión, requiere energía para que se lleve a cabo. Por tanto, la estrella deja de producir reacciones nucleares y la gravedad no encuentra oposición, produciendo un rápido colapso en el que las capas externas llegan a viajar hacia el interior a una quinta parte de la velocidad de la luz. Tanta es la densidad en el núcleo que la estrella alcanza una temperatura de más de 100 billones de grados centígrados, produciendo la degeneración de sus electrones y estallando en forma de supernova, superando en brillo incluso a toda la galaxia que la alberga. Las supernovas de tipo IIP se caracterizan por presentar una luminosidad inicial mantenida en el tiempo, como una meseta (se conoce como plateau) que se prolonga durante un par de meses, para posteriormente decaer poco a poco. Gracias a este patrón de brillo todavía podemos disfrutar de esta supernova a pesar de que tuviera lugar el 14 de mayo, hace más de un mes. Casi cualquier telescopio nos valdrá para ello, aunque para observar con detalle la galaxia necesitaremos cielos oscuros.

La observé el pasado 19 de junio desde un lugar situado a media hora de Granada, con idea de dedicarle cuánto tiempo necesitara para verla en condiciones. Localizar la galaxia es fácil a partir de dos brillantes estrellas de Cefeo, con las cuales la galaxia forma un triángulo (podemos aprovechar, de paso, la cercana presencia del cúmulo abierto NGC 6939, otro espectáculo para la vista). El núcleo de NGC 6940 fue lo primero en aparecer tras el ocular, acompañado de un débil halo que lo rodeaba, dejando claro que la galaxia tiene un bajo brillos superficial. La supernova brillaba junto a una estrella de magnitud 13.2, algo más intensa que ésta, por lo que debía rondar la misma magnitud que se determinó hace un mes, alrededor de 12.8-13. Poco a poco los brazos de la galaxia se fueron definiendo fantasmagóricamente, primero el más cercano a la galaxia, posteriormente otro dos, partiendo de la zona central, un óvalo más brillante que el resto del halo. Dos de los brazos parecían compartir el mismo origen y la misma dirección, aunque uno de ellos giraba más bruscamente cerca del núcleo. El brazo solitario, algo más ancho, se arremolinaba y giraba en dirección a la supernova, que parecía flotar en tierra de nadie. Este tipo de supernovas predominan en los brazos, los lugares de mayor formación de estrellas y, por tanto, los lugares donde las estrellas supermasivas pueden formarse con más frecuencia.

NGC 6946 SN

La adaptación a la oscuridad era cada vez más patente, hasta el punto de que pude apreciar sin dificultad una gran concentración de estrellas y cúmulos que forman un supercúmulo en NGC 6946, una región que descubrió Hodge en 1967. Esta zona, conocida como NGC 6946-1447 o Hodge 1-2, es una región de unos 2000 años luz de diámetro con forma de arco luminoso, compuesta por enormes cúmulos estelares, algunos de los cuales pueden distinguirse con telescopios de gran apertura.

Foto NGC 6946 gemini North

Gemini North Observatory

La mayor parte de estas estrellas se formaron en un brote ocurrido hace 30 millones de años, probablemente por el impacto de una gran masa de gas extragaláctica. A través del telescopio sólo se aprecia como una diminuta mancha redondeada y débil, visible con visión periférica, pero no todos los días podemos ver cúmulos estelares en otras galaxias… NGC 6946, con sus brazos, el complejo de cúmulos y esa imponente supernova que nos saluda estos días es, sin duda, un lugar en el que perderse en estas agradables noches veraniegas: no faltará mucho tiempo para que la luz de la supernova comience a extinguirse lentamente…

NGC 6946 SN - detalles

Siluetas en la Osa Mayor (NGC 4605)

Nos vamos despidiendo de las galaxias primaverales, en esta ocasión con una peculiar galaxia que sorprenderá a cualquiera que la vea desde un cielo oscuro. Se trata de NGC 4605, una galaxia que se encuentra sobre la Osa Mayor, a medio camino entre M101 y M81.

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NGC 4605 que se sitúa a unos 15 millones de años luz, formando parte del conocido grupo de M81. En este grupo de galaxias podemos apreciar numerosas formas llamativas, peculiares y brillantes, como M82 con su gran actividad central, NGC 2403 con sus brazos espirales o la galaxia de Draco NGC 6503. Todas forman parte de una treintena de universos que se dispersan por un área relativamente grande del cielo, a una media de 12 millones de años luz de distancia. NGC 4605 es una galaxia enana espiral con una barra central que aparece inclinada respecto a nuestro ángulo de visión, por lo cual no se pueden diferenciar claramente sus brazos. Su tonalidad azulada y las múltiples condensaciones que bañan su superficie, así como esas nubes oscuras, son sólo una muestra del gran número de estrellas que se están formando en su interior.

NGC 4605 fue descubierta por William Herschel en 1790, apreciándola como una mancha alargada y difusa. Hoy, con telescopios de apertura media y en lugares alejados de la contaminación lumínica podemos llegar a apreciar su estructura irregular y los juegos de luces que nos ofrece, convirtiéndose en una agradable sorpresa para todo aquel que no la conozca. De entrada, a bajo aumento aparece como una mancha alargada perdida en un campo de pocas estrellas, algo que no es de extrañar en esta región del cielo. En cuanto usamos mayor aumento constatamos que no estamos ante una galaxia regular. Un núcleo brillante destaca en la región central de una nube alargada que se extiende a través de unos 5 minutos de arco de longitud. Otra región más brillante aparece justo al lado, y la difusa nube sigue un poco más allá, estrechándose conforme se acerca al extremo. Al otro lado, NGC 4605 se va ensanchando poco a poco, apareciendo una porción más luminosa abrazando el borde, dando la sensación de ser una isla independiente.

NGC 4605

Un lejano vecino (NGC 6652)

Hoy le toca el turno a un compañero de M69, un globular que podemos visitar de paso cuando observemos en el interior de la “tetera” de Sagitario. NGC 6522 fue descubierto por James Dunlop en 1826, casi 50 años después que M69, a pesar de que se encuentra a sólo un grado de distancia aparente.

Foto NGC 6652

NGC 6652 dista 32.900 años luz de nosotros y es uno de los globulares más cercanos al núcleo de la Vía Láctea, a poco más de 6.000 años luz de distancia. Todo parece indicar que se formó en el halo galáctico, a pesar de que se encuentre en el bulbo, probablemente atraído en el pasado por la intensa gravedad de nuestra galaxia. Posee una baja metalicidad, una pista más para corroborar su origen alejado del núcleo, ya que si se hubiera formado en las regiones centrales la “contaminación” del espacio interestelar habría producido estrellas de mayor metalicidad, formadas por elementos más pesados. Su edad se estima en unos 11.700 millones de años, por lo que estamos ante un cúmulo relativamente joven.

En 2012 el telescopio Chandra encontró hasta 11 fuentes emisoras de rayos X. Por un lado, algunas de ellas están relacionadas con binarias de rayos X, un sistema binario compuesto por una estrella “normal” que gira en torno a una estrella de neutrones o agujero negro, cediendo parte de su masa a su masivo compañero, momento en el cual se emiten grandes cantidades de rayos X. Otras de las fuentes parecen ser estrellas de neutrones que brillan como faros cósmicos, mientras que algunas otras se correlacionan con variables cataclísmicas (son sistemas binarios en los que una enana blanca absorbe materia de una estrella compañera, de una manera similar a las binarias de rayos X, produciendo un aumento súbito de la magnitud de la estrella).

Para llegar a NGC 6652 podemos salir de M69, bajando al sur hasta una hilera de estrellas brillantes (la más occidental, por cierto, se llama HD 170479 y es una estrella doble con sus dos componentes separados por 3 segundos de arco, con magnitudes de 5.4 y 9.7). Al otro extremo encontramos el cúmulo globular, que brilla con una magnitud 8.5 y un diámetro de unos 6 minutos de arco. A bajo aumento aparece como pequeña esfera nebulosa, sin un gradiente remarcable. Al usar mayores aumentos (en mi caso utilicé el ocular Cronus de 7 mm, con 214 aumentos) el núcleo aparece de aspecto estelar y los bordes parecen alcanzar una mayor distancia, sin cambios bruscos en la homogeneidad de su superficie. Con paciencia comienzan a vislumbrarse algunas estrellas salpicando la periferia del globular, con sutiles destellos que necesitan un cielo oscuro para ser distinguidos. Uno puede imaginar que son los reflejos de esas exóticas estrellas que mandan ráfagas de rayos X, añadiendo interés a un cúmulo pequeño pero ciertamente sugestivo.

NGC 6652

VII Star Party en Gorafe (17/06/17)

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El pasado sábado 17 de Junio iniciamos la temporada estival de divulgación astronómica en Gorafe, uno de los pueblos más interesantes de la provincia granadina. A las 20:00 comenzamos con una charla introductoria, un viaje espacial en el cual fuimos descubriendo las maravillas que tenemos sobre nuestras cabezas, intentando comprender también la vastedad del universo en el que vivimos. Al terminar fuimos a la plaza del pueblo, que cuenta con el privilegio de ser un estupendo mirador sin edificios que obstaculicen la visión. Disfrutamos del atardecer a medida que Júpiter se iba dibujando contra el azul del cielo, y las nubes altas fueron perdiendo la batalla. Disfrutamos del gran planeta gaseoso y sus lunas, así como de su imponente mancha roja, para luego observar maravillas más lejanas aún: cúmulos globulares, nebulosas planetarias, estrellas dobles… Terminamos disfrutando de Saturno y sus idílicos anillos, una vista que resulta imposible de olvidar. Os dejo con un pequeño reportaje fotográfico del evento. Muchas gracias a los que vinisteis y, a los que no pudisteis asistir, os animo a venir a los siguientes encuentros que iremos anunciando por aquí (este viernes estaremos en Arenas del Rey):

 

Ambiguo M69

No hace falta esperar mucho estos días para ver cómo asoma Sagitario sobre el horizonte, con la famosa “tetera” bien definida acompañando a una perfilada y grumosa Vía Láctea. Pues bien, vamos a sumergirnos en esta tetera para contemplar dos de sus cúmulos globulares, el primero de los cuales pertenece al catálogo Messier.

Foto M69

M69, también conocido como NGC 6637, fue descubierto por Charless Messier en 1780, siendo uno de los cúmulos globulares más débiles de su lista. Se encuentra a 29.700 años luz de nosotros, a tan sólo 6.000 años luz del centro galáctico. De la misma manera, M70 es un vecino próximo, habiendo entre ambos algo menos de 2.000 años luz: tiene que ser asombrosa su visión recíproca, o mejor aún, la vista desde algún planeta cercano a los dos. Su radio es de unos 42 años luz y tiene una masa equivalente a 300.000 masas solares. La mitad de esta masa está condensada en los 7.2 años luz centrales, a pesar de lo cual pertenece a la categoría V de la clasificación Shapley-Sawyer, una concentración moderada pero sin llegar a extremo.

Entre sus estrellas más masivas podemos ver algunas de tipo espectral G2, lo cual nos da una información privilegiada sobre su edad. Al principio de su formación un globular cuenta con estrellas de todo tipo, pero son las más masivas las que tienen una vida más corta. Estas estrellas son las gigantes azules de tipo espectral O, a las que siguen las blancas de tipo B y A, de manera que van desapareciendo progresivamente. Conociendo el tipo espectral de las estrellas más masivas del cúmulo podemos inferir la edad. Sería una lógica similar a: “las estrellas de tipo A tienen una vida de 12.000 millones de años y las de tipo G de 15.000 millones de años, si en el cúmulo no hay ninguna de tipo A pero sí las hay de tipo G, entonces la edad del cúmulo estará entre 12.000 y 15.000 millones de años”. De esta manera se conoce que la edad de M69 es de unos 13.000 millones de años, algo que no cuadra con la metalicidad del cúmulo (y aquí introducimos un segundo dato importante). En el universo joven las cantidades de hidrógeno y helio eran mayores a las que hay ahora, ya que los elementos más pesados se han ido formando en el interior de las estrellas con posteridad. Así, la muerte de las estrellas ha esparcido los elementos más pesados y ha contaminado el medio: las estrellas de mayor metalicidad se han formado en etapas posteriores, mientras que las de baja metalicidad se formaron en una época en la que el hidrógeno y helio eran mucho más abundantes. De esta manera, la metalicidad de M69 choca directamente con lo que sabemos por su tipo espectral. Para un globular de 13.000 millones de años cabría esperar una metalicidad muy baja, pero en este cúmulo nos topamos con lo contrario, un importante enriquecimiento de elementos pesados. La causa de este desajuste reside directamente en la localización del cúmulo, ya que se encuentra en el bulbo de nuestra galaxia, en la zona central donde hay una mayor proliferación de estrellas y, por tanto, una mayor cantidad de elementos pesados. Por tanto, podemos decir que la metalicidad de una estrella depende principalmente de su edad, pero también del lugar en el que se haya formado.

M69 tiene un tamaño de 10 minutos de arco y una magnitud de 8.3, por lo que es fácilmente visible a través de unos pequeños prismáticos, aunque sólo lo veremos como una pequeña estrella desenfocada. Al telescopio M69 nos muestra su esplendor, sobre todo si observamos desde un lugar oscuro y con una atmósfera limpia. Podremos disfrutar entonces de su enjambre de estrellas que brillan formando una esfera luminosa. Con el Celestron C11 numerosas estrellas salpicaban toda su superficie, llegando a resolverse incluso en el mismo núcleo. Éste, pequeño y de forma triangular, se diferenciaba claramente de la periferia, presentando un notable incremento de brillo, como corresponde a un globular de concentración V. El campo colindante, repleto de puntos, nos recuerda que estamos observando el barrio central de nuestra galaxia, un lugar lleno de transeúntes.

M69