El lejano Hickson 58

Hoy vamos a viajar lejos, mucho más allá del Cúmulo de Virgo, a unos considerables 285 millones de años luz en dirección a la constelación de Leo, una zona del cielo que estos días se encuentra cada vez más baja hacia el horizonte occidental.

Foto NGC 3817

Crédito: SDSS

Hickson 58 es un grupo formado por cinco galaxias, según la mayoría de las fuentes, que se encuentran a una distancia equivalente a la del Cúmulo de Coma. Sus dos componentes más brillantes fueron descubiertas por William Herschel en 1784, y un rápido vistazo a cualquier libro o programa nos mostrará que cada de una de ellas posee dos números distintos del catálogo. El motivo parece sencillo: Herschel dejó anotadas sus posiciones y el astrónomo francés Guillaume Bigourdan, posteriormente, no las pudo encontrar. Sí vio otras dos que ocupaban posiciones cercanas, y las catalogó como dos objetos distintos, proporcionando datos sobre su posición que sí coinciden con sus coordenadas actuales. Lo que ocurrió, probablemente, fue fruto de un error de posición de Herschel, de manera que hoy en día reciben los nombres NGC 3825/3852 y NGC 3822/3848. La primera de ellas, que denominaremos NGC 3825, es una galaxia espiral barrada que posee dos brazos opuestos y simétricos, con una magnitud de 13.1. NGC 3822 es una espiral de tipo Sb, sin barra central y con una cierta elongación de su halo. Con una magnitud de 13, es la más brillante de todo el grupo, visible incluso con visión directa. La siguiente galaxia por orden de brillo, NGC 3817, también se conoce como Hickson 58c, y es una espiral barrada descubierta por Jonh Herschel, el hijo de William, en 1828. Nos acercamos a la magnitud 14 con la cuarta galaxia, Hickson 58d o NGC 3819, una galaxia elíptica que también descubrió John Herschel en el mismo año, completando así de una forma importante la tarea de su padre. El quinto elemento del grupo es NGC 3720, una galaxia extremadamente débil con una magnitud que ronda la 14.5, muy difusa y pequeña.

Hickson 58.png

Para encontrar a Hickson 58 debemos ir a la frontera entre Leo y Virgo: y hablamos de frontera literalmente, ya que el límite entre ambas constelaciones atraviesa por completo el grupo, dividiendo, por un lado, a NGC 3819 y NGC 3829, que pertenecen a Leo, y a NGC 3817, NGC 3822 y NGC 3825 por otro, ya en los dominios de Virgo. En un primer momento a bajo aumento, saltan a la vista NGC 3822 y NGC 3825, como dos manchas difusas pero brillantes, visibles sin necesidad de ningún esfuerzo. Si seguimos una línea recta entre ambas llegaremos, un poco más lejos, a NGC 3817, que aparece ligeramente más débil, sin una forma definida. Formando un triángulo con NGC 3822 y NGC 3817 tenemos a NGC 3819, más débil aún y de menor tamaño, que requiere visión periférica para apreciarla con algo más de nitidez. No conseguí ver a NGC 3820, aunque lo observé sin conocer su presencia, así que probablemente me pasaría desapercibida. Supongo que conociendo su posición y con un poco de paciencia será visible con el Dobson de 30 cm. La extensión mayor del grupo no llega a los 8 minutos de arco, así que haremos bien en usar aumentos elevados para aumentar el contraste. En mi caso, la mejor visión la obtuve a 214 aumentos, el aumento estándar para las galaxias más pequeñas y el que me proporciona mayor definición. Hickson 58 no es especialmente compacto, ni muestra detalles peculiares en sus componentes, pero observar objetos tan lejanos es siempre algo enriquecedor.

Hickson 58 - detalles

Con un solo brazo (NGC 4618)

NGC 4027 no es, ni mucho menos, la única galaxia “manca” que podemos encontrar, y tenemos otro claro ejemplo en NGC 4618, una galaxia capaz de mantenernos pegados al ocular durante largo tiempo.

Foto NGC 4618

Crédito: Adam Block

Descubierta por William Herschel en 1787, fue catalogada como Arp 23 por Halton Arp en su conocida lista de galaxias peculiares, junto con su compañera NGC 4625. Se encuentran a 30 millones de años luz en la constelación de Canes Venatici, muy cerca de Chara, más conocida como beta Canes Venaticorum. Forman parte de un grupo mayor de galaxias, el grupo Canes II, junto a otras galaxias de categoría como M106, NGC 4490 o NGC 4414. Esta “nube” galáctica, que presenta una forma alargada, se encuentra algo más alejada del grupo Canes I, que cuenta entre sus integrantes con M94, NGC 4449 y NGC 4214, entre otras, situadas a una distancia que ronda los 15 millones de años luz. Tomar conciencia de estas agrupaciones nos ayuda a comprender mejor este enmarañado unvierso en el que nos ha tocado vivir.

Ambas galaxias son enanas irregulares, similares a nuestras satélites magallánicas, aunque se puede apreciar en ellas una cierta estructura espiral, especialmente en NGC 4625. NGC 4618, por el contrario, presenta un prominente brazo espiral que gobierna el aspecto de la galaxia, plagado a su vez de numerosas regiones de formación estelar. Estudiando el hidrógeno neutro de ambas galaxias se ha llegado a la conclusión de que la interacción entre las dos no es tan influyente como podría parecer, de manera que śolo una pequeña parte del hidrógeno de 4618 se ve afectado por la gravedad. Sus cambios morfológicos tienen que deberse, por tanto, a factores internos, entre los cuales figuran hipótesis que atañen a agujeros negros o grandes explosiones de supernovas: se necesitan más observaciones para desentrañar este misterio. Lo que sí está claro es que ambas galaxias presentan una importante proliferación de estrellas, como tantas otras enanas irregulares, algo que llama la atención ya que, a menudo, no se debe precisamente a encuentros intergalácticos. En este caso parece ser que se produce una proliferación estelar en cadena, de manera que una región HII crea estrellas masivas, algunas de las cuales explotan como supernovas en un período corto de tiempo, estimulando el gas circundante y dando lugar a una oleada de formación de estrellas por repetición de este proceso (formación, supernova, formación…).

El hidrógeno molecular ha permitido también estimar la masa de las galaxias, de manera que sabemos que NGC 4618 tiene una masa de 4.700 millones de soles, mientras que NGC 4625 presenta el doble de masa. Si observamos cualquier fotografía veremos que esta última es de menor extensión que su compañera, pero la realidad es muy diferente, como se descubrió recientemente gracias al GALEX (Galaxy Evolution Explorer), un instrumento capaz de captar luz en ultravioleta. Se pudo ver entonces que la galaxia es cuatro veces más extensa que en luz visible, llegando a alcanzar un diámetro de 56.000 años luz. Estos brazos espirales, hasta entonces invisibles, están formados por jóvenes estrellas azuladas, recién nacidas, estimuladas en su caso por recientes interacciones con otras galaxias (fijémonos que tenemos, en estas dos galaxias, dos causas distintas de formación estelar a pesar de compartir el mismo entorno).

Foto NGC 4625 uv

Conocidas ya las principales características de esta pareja de galaxias sólo nos queda coger nuestros telescopios y salir a un lugar bien oscuro. NGC 4618 es, sin duda, la protagonista visual de esta estampa galáctica, apreciándose sin dificultad incluso a bajo aumento como una pequeña mancha ovalada. Con el Dobson de 30 cm aproveché una noche con buena estabilidad atmosférica y disfruté de estas galaxias a 214 aumentos, justo después de haber estado con NGC 4027. Para mi sorpresa, me fue más sencillo vislumbrar el prominente brazo de NGC 4618, que aparecía curvado junto al borde ovalado de la galaxia. Era tenue, pero la mirada periférica lo revelaba sin mayores problemas, conformando una curiosa visión a la que no estamos acostumbrados, recordando enormemente a las fotografías que se pueden encontrar en la red. NGC 4625, cercana y discreta, resultaba fácil de ver con visión lateral, apareciendo como una pequeña mancha difusa y redondeada sin mayores detalles aparentes. Si nuestros pudieran observar la luz ultravioleta otro gallo cantaría…

NGC 4618

Con un solo brazo (NGC 4027)

A una distancia de entre 70 y 80 millones de años se encontraban las galaxias NGC 4038 y NGC 4039, más conocidas como las Antenas, de las cuales ya disfrutamos hace meses en esta entrada. Ambas galaxias son las protagonistas de un grupo de galaxias relativamente disperso, y hoy fijaremos nuestra mirada en una de sus galaxias compañeras, una que se encuentra a apenas medio grado del famoso par, en la constelación del Cuervo:

NGC_4027

Crédito: ESO

NGC 4027 es una galaxia peculiar, tanto que pertenece al catálogo de Halton Arp con el nombre de Arp 22, en la categoría de galaxias con un solo brazo. Efectivamente, en cualquier fotografía de larga exposición queda patente esta extravagante formación, un enorme brazo que le otorga a esta galaxia el aspecto de un “6” cósmico. El origen de este brazo se lo debemos a una interacción con otra galaxia que tuvo lugar hace millones de años, un encuentro en el que la gravedad fue esculpiendo y modelando esas estrellas que no llegaron a ser arrancadas de su huésped. Desde un principio los ojos acusadores recayeron sobre una pequeña galaxia que se encuentra a 4 minutos de arco de distancia, lo cual corresponde a unos 300.000 años luz, galaxia que recibió el nombre de NGC 4027A. No había nada que uniera a ambas galaxias, al menos en el espectro de luz visible, pero todos los indicios apuntaban a ella. No fue hasta hace poco que se pudo estudiar la región observando el hidrógeno atómico y se confirmó la sospecha, apareciendo un enorme puente de hidrógeno entre ambas galaxias, una estela en forma de espiral que delataba un encuentro relativamente reciente entre ambas.

Foto NGC 4027 H1.PNG

Izquierda: hidrógeno neutro. Derecha: visual

Este tropiezo intergaláctico propició, además de la formación de su prominente brazo, todo un enjambre de formación estelar, manifestándose en forma de múltiples regiones HII y condensaciones azuladas que se pueden apreciar hoy en día, tanto en la galaxia principal como en la más pequeña. Gracias al mapeo del hidrógeno se ha podido saber que ambas galaxias se hallan inmersas en una envoltura de materia oscura que llega a medir más de 1.5 veces la distancia entre ellas y que seguramente será la responsable de la huida en espiral de la galaxia más pequeña. Con los telescopios venideros este fenómeno podrá estudiarse de una forma mucho más profunda y exacta, de manera que podemos esperar grandes avances en este campo en los próximos años.

NGC 4027 fue descubierta por William Herschel en 1785, y no es de extrañar que no pudiera distinguir su brazo espiral o la débil compañera, NGC 4027A: de hecho, pensó que esa mancha debía ser un cúmulo globular extremadamente tenue… Tenemos que tener en cuenta que, aunque NGC 4027 posee una magnitud 11, su brillo superficial es bastante menor, algo lógico cuando sabemos a qué distancia se encuentra. La observé desde cielos relativamente oscuros, si bien esa noche había una débil y difusa neblina casi inapreciable, lo justo para disminuir el número de estrellas visibles normalmente. Aun así, dediqué un tiempo suficiente a NGC 4027 como para aprovechar los detalles que podía ofrecer. Es de esos objetos débiles que, con un poco de paciencia, nos puede ofrecer un rato bastante agradable. La observé a 214 aumentos con intención de sacarle todo el jugo posible: cuando la vista se acostumbró no resultó difícil observar una mancha informe, extremadamente débil, que forma un triángulo rectángulo con otras dos estrellas más brillantes. El tiempo jugó a mi favor, y tras un corto instante apareció ante mis ojos su núcleo central que, a decir verdad, aparecía ligeramente elongado (posteriormente pude comprobar que NGC 4027 es una galaxia barrada, de ahí la longitud de su núcleo). Una diminuta estrella se dejaba entrever durante breves segundos, y la usé como referencia para distinguir su brazo principal. Después de bastante tiempo tras el ocular, relajando la vista, respirando profundamente, usando todas mis artimañas, por fin comencé a notar el esquivo brazo, que por momentos se asemejaba enormemente al de las fotografías. Giraba bruscamente para retorcerse de manera abrupta, dirigiendo su débil resplandor hacia la pequeña estrella que servía de guía. Desde lugares más meridionales, con la galaxia bien alta en el cielo, la vista debe ser inspiradora…

NGC 4027

El séquito de Antares (NGC 6144 y ESO 452-SC11)

Pasamos a la última entrada de esta fascinante región para ver los dos globulares más débiles de esta pequeña serie. Uno de ellos, como muestra, no pertenece a ninguno de los conocidos catálogos y no fue descubierto hasta 1981… Pero comenzaremos por NGC 6144, el más brillante de los dos y un objetivo sencillo si disponemos de un horizonte sur despejado. En la siguiente imagen podemos verlo escondido tras la nebulosidad que rodea a Antares:

Foto NGC 6144.jpg

Copyright: Michael Sidonio

Se encuentra a una distancia muy similar a M80, a 33.000, por lo que ambos deben ser vecinos más allá del núcleo galáctico y seguramente disfrutarán de unas vistas recíprocas envidiables… Algo más pequeño que los anteriores, su diámetro se estima en unos 70 años luz, lo cual corresponde a un tamaño aparente de 6.2 minutos de arco. Pertenece a la categoría XI de Shapley-Sawyer, lo cual es indicativo de una baja concentración, muy cercana a los globulares más dispersos, que alcanzan la extrema categoría XII. Se han descubierto en NGC 6144 algunas fuentes de rayos X, una de las cuales corresponde con seguridad a una estrella variable cataclísmica, uno más de los interesantes objetos que pueblan el bestiario galáctico. Esta variable está formada por dos estrellas muy distintas entre sí, una gigante roja y una enana blanca, ambas orbitando entre sí. La gigante roja ha superado lo que se conoce como lóbulo de Roche, la zona de atracción de la estrella, de manera que el gas que sobresale de esta región pierde la atracción gravitatoria de su estrella y es atrapado entonces por la enana blanca, De esta manera, la pequeña y masiva estrella va devorando la materia que cae en su superficie, emitiendo grandes cantidades de energía que podemos percibir desde nuestro humilde planeta como un aumento de brillo transitorio.

Visualmente debemos prepararnos para un objeto bastante más débil que los anteriores. Su magnitud 9 puede llevar a error, pues su bajo brillo superficial puede complicar ligeramente su observación. No obstante, sin la presencia de luces que inoportunen en el horizonte sur podremos verlo sin mayores problemas. Lo observé con el NextStar 102 SLT a una hora en la que el cúmulo estaba demasiado bajo en el cielo, pese a lo cual pude disfrutar de su visión: aún recuerdo la bonita estampa que conformaba junto con Antares y M4 a bajo aumento. Con el ocular de 7 mm, a 94 aumentos, era evidente incluso con visión directa, aunque al usar visión lateral su diámetro parecía mayor. No presentaba un núcleo brillante como en el caso de M80, sino que su luz se repartía homogéneamente por toda su superficie. Ninguna estrella se adivinaba en esa nubecilla redondeada y difusa, aunque sí recuerdo haberlas visto en alguna ocasión con mi Dobson de 30 cm, por lo que volveré a observarlo y a dibujarlo en los siguientes meses. No obstante, la imagen del pequeño refractor no deja de ser placentera, con las estrellas circundantes tremendamente definidas, intentando robar algo de protagonismo a ese lejano cúmulo.

NGC 6144

Vayamos ahora con ese misterioso globular cuyo nombre pasa desapercibido y que, sin embargo, puede causar más de una sorpresa. Se trata de ESO 452-SC11, un globular que podríamos definir como “oscuro” y cuya dificultad resulta evidente por el hecho de haber sido descubierto en el año 1981. Se encuentra a unos 23000 años luz, situado a 3500 años luz sobre el disco galáctico, en una zona de transición entre el halo y el bulbo. Y aquí viene uno de los detalles importantes de este cúmulo, y es que su metalicidad, muy baja, está en consonancia con la de los globulares del halo. La metalicidad, como ya sabemos, es el contenido en elementos más pesados que el hidrógeno, helio o litio: una estrella de baja metalicidad se habría formado presumiblemente en una época más primigenia, un tiempo en el que había menos concentración de elementos pesados (que se formaron a posteriori en el núcleo de las grandes estrellas), y suelen predominar en el halo galáctico. Por tanto, el hecho de que ESO 452-SC11 tenga una baja metalicidad pero se encuentre entre el bulbo y el halo hace sospechar que se ha desplazado en los últimos miles de millones de años: bien pudiera provenir de otra galaxia que nuestra Vía Láctea devoró en su momento…

Tenía previsto observar este cúmulo cuando dispusiera de cielos extremadamente oscuros, y esa oportunidad llegó el año pasado, cuando subí a más 3000 metros de altura, muy cerca del Veleta en Sierra Nevada. El viento no acompañaba, el frío tampoco (a pesar de ser verano), pero no recuerdo haber visto un cielo tan cristalino en toda mi vida. Parecía que las estrellas estaban incrustadas en un techo oscuro y que se podrían tocar con el brazo estirado, así que cuando apunté mi Dobson de 30 cm a ESO 452-SC11 sabía que, al menos, podría distinguirlo. Sin embargo, la sorpresa llegó cuando, siguiendo un camino de estrellas desde Antares, llegué a la zona en cuestión y el cúmulo saltó a la vista con una facilidad que nunca hubiera imaginado. Aparecía como un parche nebuloso sin forma definida, con los bordes difusos pero bien apreciables con visión lateral. Entonces noté embelesado cómo algunas diminutas estrellas hacían su aparición en el halo del globular, más finas que cualquier otra estrella que hubiera contemplado alguna vez a través el telescopio. Hasta una decena de ellas pude contar sin gran esfuerzo, comprobando, una vez más, que bajo cielos oscuros podemos llevar a nuestros ojos mucho más allá de sus límites.

ESO 452-SC11

El séquito de Antares (M80)

Continuamos nuestro periplo alrededor de Antares yendo un poco más lejos, esta vez a 32.500 años luz, donde veremos al segundo cúmulo globular más brillante del escorpión, conocido como Messier 80 o NGC 6093. Esta inmensa bola de estrellas fue descubierta por Charles Messier en 1781 y descrita como el núcleo difuso de un cometa sin cola. Poco después, William Hesrchel fue el primero en resolver algunas de sus estrellas, quedando maravillado con su visión.

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Se encuentra 32.600 años luz de distancia, al otro lado del núcleo de la Vía Láctea, y su diámetro es algo menor que M4, de unos 95 años luz de un extremo a otro. M80 puede presumir de ser uno de los cúmulos globulares más densos, algo que ya apreció William Herschel en su momento. Una de las consecuencias del entorno tan denso que ocupa su núcleo es la presencia de numerosas azules rezagadas (del inglés blue stragglers), que son estrellas extrañamente azuladas que a menudo pueblan los cúmulos más poblados. ya conocemos que las estrellas de mayor edad presentan una tonalidad rojiza, de manera que no deja de extrañar que aparezcan estas peculiares estrellas. Su naturaleza parece deberse a la pérdida de la envoltura de las estrellas, probablemente debido a interacciones entre ellas, de manera que las regiones más internas quedan expuestas, regiones mucho más calientes y que, por tanto, brillan con un tono azulado característico, haciendo que sean pequeñas gemas que contrastan en una oscura duna rojiza.

Otro de los indiscutibles privilegios de este cúmulo es la aparición, 1860, de una nova en el propio grupo de estrellas, una estrella que alcanzó la séptima magnitud, brillando más que todo el conjunto de las estrellas, que presentan una magnitud de 7.8. La nova recibió nombre propio, T scorpii, y durante los siguientes meses fue apagándose paulatinamente. En esta entrada hablábamos sobre la naturaleza de estos interesantes objetos que, durante un tiempo, nos sorprenden con su inesperado brillo. Otras dos estrellas pueden ser de interés en la zona para el observador de estrellas variables, R scorpii y S scorpii, ambas oscilantes entre la magnitud 10 y la 15 en un plazo de 223 días en la primera y 117 días en la segunda. No está de más echar un vistazo cuando observemos el cúmulo y tratar de localizarlas, estimando su magnitud si están en el rango visible de nuestro telescopio.

Con unos simples prismáticos M80 parece una estrella gruesa y desenfocada, una imagen especialmente llamativa si la encuadramos en el marco perfecto que forma junto a Antares, M4 y NGC 6144: el color rojizo de la estrella es embriagador… Con el más pequeño de los telescopios ya podemos sacarle más jugo a esta gran familia de estrellas. Debo decir que con mi refractor NextStar 102 SLT disfruté como un niño chico, obteniendo una vista muy interesante a 94 aumentos. Con unos 10 minutos de arco de diámetro, M80 brillaba intensamente, con un núcleo intenso que llamaba poderosamente la atención. La corona, más débil, parecía un eco lejano en el que se adivinaban algunas estrellas dispersas. Cuando alzaba la mirada a otra parte algunas diminutas estrellas se colaban en mi retina, algunas muy cercanas al propio núcleo, apareciendo y desapareciendo como si se tratara de un juego.

M80 ref.png

Con M80 volví a probar el Dobson de 254/1200 mm que tanto placer me había proporcionado con la Nebulosa del Cisne. Ese tubo y sus dos espejos no me defraudaron. Una miríada de estrellas se congregaron en el centro del campo de visión con tremenda fuerza, brillando al unísono sin necesidad de usar visión periférica. El núcleo no era circular, sino que adquirió una forma triangular, de bordes combados, con estrellas distribuidas por toda su superficie. La periferia se extendía algo más que con el refractor, pero lo que más llamó mi atención fue el poblado campo de estrellas que se dispersaban aquí y allá. Junto a las del propio globular, formaban una estampa digna de todo el tiempo que pudiera dedicarle. Pero el cielo estival va llegando, y con él innumerables objetos con los que seguir disfrutando…

M80.png

El séquito de Antares (M4)

Una de las regiones más fascinantes que podemos apreciar en fotografías de larga exposición es el mar de nebulosas que colindan con Antares, y que señalan el extremo de la asociación OB más cercana a nosotros. Estas asociaciones son grandes regiones de hidrógeno en las cuales se están formado numerosas estrellas: las más masivas, de tipo espectral O y B, excitan con su luz el gas circundante, formando un juego de luces difícil de superar con un pincel. La Asociación Scorpius-Centaurus OB2 recorre gran parte del firmamento, desde la región de Antares hasta la Cruz del Sur, dividida en tres zonas principales situadas a unos 400 años luz de distancia. La última oleada de formación estelar tuvo lugar entre 5 y 15 millones de años atrás, y muchas de las estrellas más masivas ya han terminado sus días explotando como potentes supernovas. Nuestra estrella protagonista, Antares, es la más importante de la región superior de la asociación, que se dispone entre el cuerpo y las pinzas del escorpión. En ella encontramos varios objetos interesantes, aunque comenzaremos diciendo algunas palabras sobre la brillante estrella.

Foto M4 ant

Antares es uno de los grandes portentos del universo, una estrella que posee un diámetro 883 veces superior al del Sol. Es de tipo espectral M1.5, una supergigante roja que, situada en el centro de nuestro Sistema Solar, llegaría a superar con creces la órbita de Marte. Se encuentra a 550 años luz de distancia y tiene una masa de 15 masas solares, con lo cual su destino como supernova está más que asegurado. Antares forma un sistema binario con una estrella más pequeña de magnitud 5.5, que gira lentamente a su alrededor completando una vuelta cada 2500 años. Su separación con Antares es de tan sólo 3 segundos de arco, algo que no sería especialmente difícil de apreciar a través del telescopio si no fuera por el gran contraste con la principal, que tiene una magnitud de 1.09. De esa manera, necesitaremos una atmósfera limpia y aumentos suficientes para poder distinguir esa pequeña estrella que, en ocasiones, adquiere un tono verdoso al observador, fruto del contraste de brillo.

Vamos a viajar ahora a un grado y medio de distancia para encontrar uno de los cúmulos globulares más conocidos del cielo, M4. A pesar de su relativa cercanía, saltamos de 550 años luz hasta los 7200 años luz de distancia. Conocido como NGC 6121, fue descubierto por Jean-Philippe Loys de Cheseaux en 1746, y Messier lo encontró unos veinte años después. Curiosamente, es el único globular que el francés pudo resolver con su telescopio, lo cual nos da una idea del brillo de sus estrellas.

Foto M4

Durante mucho tiempo fue considerado el cúmulo globular más cercano a nosotros hasta que se descubrió, recientemente, el débil globular FSR 1767, situado a 4900 años luz. Su edad se estima en unos 13.000 millones de años, uno de los más antiguos que se conocen. De hecho, contiene numerosas enanas blancas, los núcleos de estrellas en decadencia que han expelido su atmósfera al exterior. Destaca en el centro del globular una hilera de brillantes estrellas de magnitud 11 que ya fue descrita por Herschel en 1783.

Tiene un diámetro de 150 años luz, aunque su área de influencia duplica dicha extensión. Su órbita lo lleva a pasar a unos 15.000 años luz del núcleo de la galaxia, por lo que probablemente haya perdido una gran cantidad de estrellas en su continuo vaivén. Como curiosidad, en 2003 se encontró en M4 un peculiar objeto: un exoplaneta orbitando a un sistema binario, pero no un sistema binario cualquiera, sino uno formado por una enana blanca y un púlsar, una estrella de neutrones que gira a velocidades de vértigo como un faro cósmico.

Con una magnitud de 5.9, M4 es visible sin necesidad de instrumentos desde un lugar oscuro, aunque precisaremos de un horizonte sur despejado y alejado de las luces de la ciudad. Con un par de prismáticos se pueden apreciar incluso algunas estrellas individualizadas en medio de esa pequeña esfera nebulosa. Tras el ocular de cualquier telescopio M4 es un espectáculo que puede hacer que cualquiera se aficione a la astronomía. Lo observé con el NextStar 102 SLT desde un cielo medianamente oscuro, y la vista me retuvo ante el cúmulo globular durante al menos media hora. A bajo aumento se diferenciaba perfectamente un núcleo más intenso de la periferia difusa y poco definida, con una forma aparentemente circular. Numerosas estrellas se esparcían por su superficie, y la atmósfera estable me hizo querer ver más, así que probé con 214 aumentos. M4 ocupaba al menos la mitad del campo, con un núcleo brillante que adquiría una forma romboidal. Las estrellas se distinguían en toda la región, aunque lo que más llamó mi atención fue una hilera más brillante que atravesaba el centro de lado a lado, produciendo un curioso efecto que no he contemplado antes en ningún otro globular. Algunas estrellas se definían en esta estela brillante, las mismas que Herschel descubrió en su día, quedando mucho más patentes con visión periférica. El campo de estrellas no destacaba especialmente; probablemente, muchas estarían ocultas tras la inmensa masa de gas. Me alejé del telescopio, dispuesto a cazar al resto de globulares que rodeaban a la imponente Antares.

M4

Siguiendo los pasos de Arecibo: M13

El universo está lleno de ondas de distinto tipo, aunque hay un conjunto de ondas de radio que merecen especial atención, ya que fueron emitidas por los seres humanos como una señal de comunicación hacia otros mundos. Ahora se encuentran a 43 años luz de nosotros y, si algún día son encontradas por una raza inteligente, serán capaces de descifrar datos interesantes, como la estructura de nuestro sistema solar, el ADN del que estamos formados, las moléculas más frecuentes e incluso un dibujo de una persona con su altura media y la población del planeta. Se conoce como el Mensaje de Arecibo, porque fue emitido desde el radiotelescopio de Arecibo, enviado desde su órbita espacial en 1974. Su destino es el mismo que vamos a seguir nosotros en este artículo…

Si por algo es famosa la constelación de Hércules es por albergar uno de los cúmulos globulares más conocidos del cielo, conocido como el Gran Cúmulo de Hércules, M13 o NGC 6205, el punto del vasto infinito al que se envió el Mensaje de Arecibo. Visible sin necesidad de ningún instrumento óptico bajo cielos oscuros, M13 es uno de los objetos más impresionantes que la primavera nos puede ofrecer.

Foto M13

Crédito: Roth Ritter

Se encuentra a unos 25.100 años luz de distancia y mide unos considerables 146 años luz de diámetro. Fue descubierto por Edmond Halley en 1714, adelantándose medio siglo a nuestro amigo Charles Messier. William Herschel describió unas alineaciones de estrellas que partían del cúmulo hacia el exterior y que se conocen como patas de araña. Este astrónomo acometió la hercúlea tarea de contar las estrellas de este cúmulo, estimando que lo conformaban unas 8000 componentes. Sin embargo, ni siquiera se acercó, pues la población de esta esfera de luces es de unas 300.000 estrellas, por encima de la media de estos cuerpos. Tiene una categoría V en la clasificación Shapley-Sawyer, lo cual indica la presencia de un gradiente moderado, con un núcleo más denso y periferia difusa.

Se han descubierto algunos elementos interesantes en este cúmulo. En 2005, por ejemplo, se encontró un sistema binario, uno de cuyos componentes resultó ser una estrella de neutrones que emitía rayos X. Para conocer lo que es una estrella de neutrones podemos leer esta entrada, en la que hablábamos acerca de la conocida M1. Barnard 29 es una estrella descubierta en el cúmulo que presenta un tipo espectral B2, lo cual contrasta enormemente con el resto de estrellas, mucho más rojizas, que rondan el tipo espectral G. ¿Cómo es posible, si las estrellas de un cúmulo se forman a la vez, que haya una tan joven en apariencia? Pues bien, la respuesta no está en la edad de las estrellas, sino en su temperatura. Barnard 29 parece ser una estrella evolucionada que ha perdido sus capas más externas, de manera que ha dejado al descubierto su núcleo mucho más caliente y, por tanto, más azulado.

Con una magnitud de 5.8, M13 es fácilmente distinguible a simple vista siempre y cuando nos alejemos de las luces artificiales, apareciendo como una tenue estrella borrosa en uno de los márgenes del cuerpo del héroe griego. Con un par de prismáticos su visión es sublime, con un denso núcleo,  llamando la atención esas dos brillantes estrellas que lo flanquean, HIP 81673 y HIP 81848, ambas rondando la magnitud 7. Con el más pequeño de los telescopios la vista es sobrecogedora. Lo observé una noche que estaba probando el NextStar 102 SLT, y quedé maravillado con el resultado. Usé el ocular Cronus de 7 mm, obteniendo 94 aumentos, suficiente para que las dos brillantes estrellas aparecieran en el mismo campo. M13, con sus 20 minutos de arco de diámetro, dominaba el centro del ocular, con un intenso núcleo redondeado que superaba los 5 minutos de arco. Las estrellas aparecían y desaparecían en su interior, en ocasiones tan juntas que se hacían difíciles de separar. Una zona más débil se extendía alrededor, una corona en la que las estrellas pululaban con mayor libertad, en un número bastante menor. Poco a poco fueron apareciendo las famosas patas de araña que ya describió en su día Herschel, como prolongaciones que salían del núcleo y se extendían más allá, rozando su periferia. Las dos patas centrales, algo más cortas, se quedaban a mitad de camino, pero las otras dos se curvaban y parecían querer abrazar el cúmulo. Sin duda, una imagen para recordar y volver a visitar siempre que tengamos oportunidad.

M13