Taller de astronomía en Don Domingo (19-21 de mayo 2017)

Para los interesados, os comparto la información sobre el taller de astronomía que daremos en Don Domingo, en el Parque Natural de Cazorla, el cielo más limpio y oscuro que he conocido hasta ahora. Será el fin de semana del 19 al 21 de mayo de 2017, y para apuntaros podéis hacerlo a través del siguiente enlace:

Taller de astronomía en Don Domingo

Os dejo el programa de ese fin de semana:

Viernes

19:00 Bienvenida

          1.- Introducción a la astronomía

          2.- Nuestro lugar en el cosmos

20:30 Cena

21:30 Observación nocturna

Sábado

10:00 Desayuno

11:00 Observación solar

12:00 Sesiones didácticas:

          1.- Historia de la astronomía

          2.- Sistema solar

          3.- Estrellas dobles y variables

          4.- Cielo profundo

14:30 Comida

16:00 Ruta de naturalaza

20:30 Cena

21:30 Observación nocturna

Domingo

10:00 Desayuno

11:00 Observación solar

12:00 Ruta de naturaleza

14:30 Comida

15:30 Despedida

Duración: fin de semana.

Alumnos: 6 mínimo, 10 máximo.

Incluye: Albergue en régimen de pensión completa. Clases teóricas y prácticas. Desplazamientos desde el hotel en coches particulares (compartidos) para realizar las rutas. (consultar otras condiciones y acompañantes).

Idiomas: castellano, inglés.

Precio: 169 euros en habitación compartida (pensión completa), 149 euros (media pensión).

Solo asistencia al taller un día 50 euros, (1-2 niños hasta 12 años acompañados de un adulto, gratis).  

Solo asistencia al taller los dos días 75 euros, (1-2 niños hasta 12 años acompañados de un adulto, gratis).

Solo observación un día 30 euros, (1-2 niños hasta 12 años acompañados de un adulto, gratis).

Solo observación dos días 50 euros, (1-2 niños hasta 12 años acompañados de un adulto, gratis).

 

El sitio de alojamiento es la casa rural Don Domingo, y doy fe de que la calidad de su comida está a la altura de la del cielo que hay sobre su tejado. En el siguiente enlace podéis entrar en su sitio web:

Casa rural Don Domingo

Unión en Piscis (NGC 520)

Un verdadero espectáculo nos espera en la constelación de Piscis, situado a unos 90 millones de años luz de distancia, un objeto celeste que ha confundido a los astrónomos desde hace cientos de años. En 1784 William Herschel describió a NGC 520 como “débil y considerablemente alargada”, siendo el primer ser humano de la historia en captar sus lejanos fotones. Posteriormente, a medida que mejoraban los instrumentos ópticos, los detalles de esta galaxia fueron asombrando a sus observadores, y no sin razón, como podemos intuir por su inclusión en el catálogo Arp de galaxias peculiares con el nombre Arp 157.

Foto NGC 520 SHT

En los años 60 se consideraba una galaxia proliferativa, de características similares a M82, aunque poco después se comprobó que la verdad era bien distinta: NGC 520 no era una, sino dos galaxias. El estudio de su hidrógeno neutro permitió conocer que NGC 520 era el resultado de la unión entre una galaxia rica en gas y otra con escaso material gaseoso, en una fase similar a la de las famosas Antenas (NGC 4038 y NGC 4039). Podríamos decir, por tanto, que la visión que tenemos de NGC 520 puede ser algo parecido a lo que verán extraterrestres en un futuro cuando miren a nuestro Grupo Local; la Vía Láctea, en unos 4.000 millones de años, bailará con la galaxia de Andrómeda y sus siluetas se fusionarán en caprichosas formas.

Foto NGC 520

Al observar a NGC 520 en el infrarrojo podemos apreciar un número importante de fuentes luminosas, fruto de la gran proliferación estelar que está motivándose a raíz de la interacción. El telescopio Chandra de rayos X dedicó un tiempo de su actividad a analizar este peculiar objeto, distinguiendo dos núcleos que brillaban intensamente en dicha longitud de onda, cada uno representando el centro de cada miembro de la pareja. El núcleo más brillante en rayos X, el más masivo, es, sin embargo, el que menos se aprecia en luz visible, ya que se encuentra oculto por el disco de la galaxia, que vemos de perfil. En su interior se producen estrellas a una velocidad de 0.7 masas solares al año, hasta 35 veces más de lo esperado para estas regiones internas en una galaxia solitaria. La fuente más brillante en luz visible es la más septentrional, y representa el núcleo de la galaxia menos masiva, que vemos de frente y, por tanto, sin polvo que disminuya su intensidad. Ambas galaxias tomaron contacto hace 300 millones de años, quedando destinadas desde entonces a bailar juntas  hasta que la intensidad de la música intergaláctica las fusione en una mayor galaxia, probablemente una gran elíptica.

NGC 520 se encuentra a unos 90 millones de años luz, algo que debemos tener en cuenta cuando lo observemos con nuestros telescopios: no busquemos una galaxia de la magnitud de las Antenas (que se encuentran a la mitad de distancia). Tiene algo más de 100.000 años luz de diámetro, que en el ocular se traducen en una extensión de 4.4 x 1.8 minutos de arco. Si podemos disfrutar de un cielo oscuro nada nos impedirá distinguir a NGC 520, aunque usemos un telescopio de pequeño calibre. Con mi Dobson de 30 cm pude aprecia, ya a pequeños aumentos, que no era una galaxia normal. Su forma parecía algo irregular, alargada, algo ensanchada en uno de sus extremos. Decidí usar mayores aumentos, y a 214x pude exprimir algo más sus detalles. Su forma aparecía entonces casi triangular, con dicho ensanchamiento más patente, siendo el otro extremo bastante más estrecho, casi terminando en punta. Me recordaba en cierta manera a una versión más brillante de NGC 6745, algo que no es de extrañar si la comparamos en fotografía. En los mejores momentos de estabilidad atmosférica los bordes que se abrían hacia la zona más ancha aparecían resaltados, como dos franjas más brillantes que dejaban entre ellas, un espacio más oscuro, atisbo de polvo y gas que separan a estos dos universos en colisión.

NGC 520

Las nubes moleculares de Orión-Monoceros (NGC 2149 y NGC 2170)

El universo está enormemente jerarquizado, y siempre hay una estructura que está por encima de otra. Hemos estado en varias ocasiones la nube molecular de Orión, y ahora vamos a conocer la región en la que se engloba. El complejo de nubes moleculares de Orión-Monoceros es una maravillosa estructura que abarca una gran área del cielo, cuya fascinante historia se remonta a la época en la que se extinguieron los dinosaurios.

foto-ngc-2170

Según numerosos estudios, hace 60 millones de años tuvo lugar un encuentro entre una nube de hidrógeno neutro (una masa de gas conocida como “high velocity H1 cloud” o nube de H1 de alta velocidad) y el disco de nuestra galaxia. La nube de alta velocidad tendría un diámetro de unos 1250 años luz y entraría en el disco galáctico desde el hemisferio sur, avanzando a la vertiginosa velocidad de 100 km por segundo (de ahí el adjetivo que las define). Esta colisión sería la que determinaría la formación, 20 millones de años después, de una inmensa nube molecular, formada también por hidrógeno, aunque en su forma molecular en vez de atómica (dos hidrógenos unidos entre sí). Esta gran estructura se vería esculpida, a posteriori, por las fuerzas de marea de nuestra propia galaxia, así como por la influencia de numerosas supernovas y los vientos de jóvenes estrellas supermasivas. El resultado final lleva a la disgregación del complejo molecular en nubes moleculares más pequeñas, formándose así sus principales componentes, las nubes de Orión A, Orión B y Monoceros R2.

foto-orion-monoceros

Las nubes de Orión fueron las primeras en nacer, hace unos 30 millones de años, mientras que la de Monoceros se formó más adelante, hace unos 10 millones de años. Las primeras, más cercanas, se encuentran a unos 1500 años luz de distancia, situándose la de Monoceros a 2500 años luz, a pesar de lo cual están estrechamente relacionadas entre sí y comunicadas a través de filamentos. En el seno de la nube molecular de Monoceros R2 comenzaron a destacar algunos núcleos más densos, dando lugar a las nebulosas que nos ocupan hoy.

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NGC 2170, fotografía de Adam Block

NGC 2170 fue descubierta por William Herschel en 1784, mientras que NGC 2149 permaneció oculta a la vista del hombre hasta cien años más tarde, cuando fue descubierta por Édouard Jean-Marie Stephan (el mismo que dio nombre al famoso quinteto de galaxias). Esta última se encuentra en el límite de las nubes de Monoceros R2 y Orión A, la cuales se encuentran unidas y formando una estructura anular, probablemente fruto de la burbuja en expansión producida por una supernova reciente. NGC 2170, la nebulosa más brillante de Monoceros R2, se encuentra a 3 grados y medio de su compañera. Al igual que ocurre con la Nebulosa de Orión, estas masas de gas ocultan tras de sí un enjambre de estrellas recién nacidas, así como otras tantas que están aún por nacer.

NGC 2149 es la más débil de estas nebulosas, precisando un cielo relativamente oscuro. Su tamaño de 3 minutos de arco hace aconsejable usa aumentos elevados, siempre y cuando no perdamos demasiado contraste. Con mi Dobson de 30 cm llegué a apreciarla con mayor claridad a 214 aumentos, apareciendo como una nebulosidad extremadamente débil que se disponía alrededor de una pequeña estrella. Ligeramente alargada, la nubecilla desaparecía por complejo cuando fijaba la vista, aunque con mirada periférica se dejaba ver con relativa facilidad.

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Mucho más brillante es NGC 2170, a pesar de contar con unas dimensiones similares. Aparece como una nebulosidad más densa en torno a una llamativa estrella, con dos prolongaciones que se disponen a ambos lados, abarcando otras dos estrellas como si fueran sus brazos. Con visión periférica se extienden algo más lejos, aunque no llegan a superar los 3 minutos de arco. Es emocionante pensar que estamos contemplando dos pequeñas cimas de un enorme iceberg que se encuentra oculto a nuestros ojos, haciendo patente, una vez más, que el universo se encuentra entrelazado e interactuando en todo momento.

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NGC 925, la otra galaxia del triángulo

NGC 925 es otra de las galaxias que esconde la constelación del Triángulo, frecuentemente dejada de lado, si bien comparte bastantes características de M33, su hermana mayor. Se encuentra a 30 millones de años luz, distancia que Hubble estimó con precisión gracias a la observación de las estrellas cefeidas, como podemos leer en este artículo. Es una galaxia de tipo SAB(s)d, una espiral barrada con una elongación considerable (parámetro indicado por la letra “d”). La “s” hace referencia a la ausencia de un anillo en la barra, estructura que a veces se forma en su interior. Fue descubierta en 1784 por William Herschel y, tras estudiar sus propiedades cinéticas, se ha adscrito como miembro del grupo NGC 1023, junto con otras galaxias como NGC 891.

Una de sus peculiaridades radica en una patente asimetría que domina la galaxia en todos sus rincones. Presenta un brazo sur homogéneo y continuado, relativamente normal, mientras que el septentrional aparece subdivido en múltiples zonas sin orden aparente, como si fuera una galaxia floculenta. Además, el centro de la barra no se correlaciona con el centro dinámico de la galaxia, lo cual ha dado que pensar a los astrónomos. Podría deberse a la presencia de una nube de H1 (hidrógeno neutro) gigante de un millón de masas solares que está interactuando con la galaxia, aunque nada contradice la hipótesis de que se deba a una interacción con otra galaxia. La barra es un elemento interesante, poco densa y con una importante proliferación estelar, además de estar ligeramente desviada del centro de la galaxia, lo cual hace pensar que es una estructura determinada por ondas de presión, más parecida a los brazos en espiral que a típicas barras centrales. Quizás habría, por tanto, que redefinir el término barra. En NGC 925 encontramos una gran proliferación estelar, probablemente fruto de las mencionadas interacciones, que se fundamenta en dos zonas más destacadas, en la barra central y en el extremo del brazo sur, el más “tradicional”.

Visualmente, queda patente desde un primer momento su gran parecido a M33. Un brillo superficial bajo, de 14.2, a pesar de tener una magnitud que ronda la décima. No obstante, su tamaño de 10 minutos de arco hace que la luz se disperse por un área relativamente extensa. Aparece ya a bajo aumento como una mancha alargada y muy difusa, que puede necesitar visión lateral si las condiciones no son idóneas. Mayores aumentos no ayudan a revelar más detalles, aunque con mayor apertura es posible apreciar sus brazos espirales destartalados. Se encuentra enmarcada por cuatro estrellas que forman un trapecio y que pueden ayudar a localizarla si usamos poco aumento. En mi caso el ocular por el que me decanté fue el Hyperion de 13 mm que, a 115x, proporcionaba un interesante campo visual, aunque las estrellas no son especialmente numerosas en esta región del cielo. No obstante, merece la pena hacer una visita a esta peculiar galaxia, aunque sea por dar algo de protagonismo a una constelación que carece de grandes figuras astronómicas, al margen de M33.

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