Las siamesas de Virgo

Mañana llega la primavera y, con ella, vamos a volver a nuestro estudio sobre el Cúmulo de Virgo, la metrópolis alrededor de la cual gira nuestro Grupo Local. En esta entrada resumíamos todas las galaxias vistas hasta el momento en este cúmulo, y hoy vamos a añadir un clásico, dos galaxias en interacción que se han ganado el apodo de “las Siamesas”.

Foto NGC 4567

Se trata de NGC 4567 y NGC 4568, una pareja de galaxias que se sitúan a una distancia de entre 55 y 60 millones de años luz, en consonancia con el mencionado cúmulo. Ambas galaxias comparten un desplazamiento al rojo similar, lo cual las sitúa a la misma distancia, aunque un rápido vistazo a la anterior fotografía basta para ver que no muestran signos sugerente de estar interaccionando. No vemos brazos desgarrados, colas de marea ni exóticas formas fruto de esta interacción, siendo su cercanía lo único que podría hacernos pensar que están en proceso de fusión. Tienen, eso sí, una inusitada proliferación estelar, apreciable en forma de múltiples condensaciones, especialmente en la zona de contacto de ambas galaxias. Es al observar su hidrógeno neutro cuando realmente podemos cerciorarnos de que ambas galaxias están interaccionando, compartiendo material entre ellas y estimulando una oleada de formación de nuevas estrellas. NGC 4568 ha sido huésped, recientemente, de dos supernovas, una en 1990 y otra en 2004.

Herschel descubrió estas galaxias en 1784, y seguro que su curiosa forma le cautivó. NGC 4567 es algo más débil, aunque ambas rondan la onceava magnitud. Son dos galaxias espirales, alargadas, que quedan unidas por uno de sus extremos, formando la silueta de la letra “V”. NGC 4568 es algo mayor, aunque su orientación es prácticamente idéntica. Al ocular se aprecia fácilmente su disposición, incluso con pequeños instrumentos. Las observé detenidamente con mi Dobson de 30 cm hace unas semanas, comprobando que NGC 4568 aparecía algo más alargada. Ambas galaxias mostraban un núcleo brillante y ovalado, y en NGC 4568 alcancé a observar algunas irregularidades, como una pequeña línea más brillante cerca de uno de sus bordes. Pocas galaxias en interacción hay al alcance de pequeños telescopios, y estas noches primaverales ofrecen una buena oportunidad para disfrutar de estas hermanas gemelas.

NGC 4567

Grupos marginales (NGC 2749)

El universo, como ya sabemos, está formado por multitud de galaxias que se agrupan de forma jerarquizada, siendo los grupos galácticos un primer eslabón en la escala. Conocemos numerosos grupos en nuestro entorno, como el de M81, el del Escultor o el de Maffei. A mayores distancias conocemos los cúmulos principales, como el de Virgo, pero el número de grupos conocidos es bastante escaso entre los aficionados, ya que son, por lo general, bastante débiles y carecen, relativamente, de interés. Hoy vamos a visitar uno de estos pequeños grupos galácticos situado en Cáncer, una constelación que tiene, como estamos apreciando, un buen número de objetos para ver.

Foto NGC2749 SDSS

Crédito: SDSS

El catálogo WBL de cúmulos galácticos pobres reúne 732 grupos de galaxias que cuentan con 3 o más miembros, los cuales deben compartir un similar desplazamiento al rojo. El que nos ocupa hoy recibe el nombre de WBL 202, situado a apenas 6 grados de M44, el Pesebre. Se encuentra a la considerable distancia de 195 millones de años luz de nosotros, lo cual nos pone en preaviso de que no será uno de los más luminosos (el cúmulo de Virgo, en comparación, se sitúa a unos 60 millones de años luz y tiene una población 400 veces mayor). Es un grupo cuyo centro lo ocupa NGC 2749, una galaxia elíptica que brilla con una magnitud de 12.8. Es clasificada como una galaxia de núcleo activo de baja luminosidad (low-luminosity active galactic nuclei), en cuyo centro reside un agujero negro supermasivo que, aparentemente, presenta una baja actividad, como ocurre en nuestra propia Vía Láctea. El resto de los integrantes de esta familia son NGC 2745, NGC 2747, NGC 2751 y NGC 2752. Tres de ellas podemos encuadrarlas en el mismo campo del ocular, formando un triángulo que necesita cielos oscuros para poder ser disfrutado. NGC 2749 fue descubierta en 1862 por Heinrich Louis D’arrest, un astrónomo alemán, mientras que el resto permaneció en el anonimato hasta que Albert Marth las descubrió con su telescopio de 1 metro de diámetro. Su considerable apertura debe hacer que nos sintamos satisfechos si conseguimos cazar alguna de estas galaxias.

Al ocular, incluso a bajo aumento, no es difícil apreciar la principal componente. NGC 2749 brilla con un núcleo intenso y puntiforme, rodeada de un halo más débil y circular que se pierde poco a poco. Con visión periférica sus bordes parecen algo más extensos, aunque apenas supera el minuto de arco. Las otras dos galaxias visibles son bastante más débiles, rondando la magnitud 14. NGC 2751 es una galaxia espiral que se nos ofrece algo inclinada, con un brillo superficial muy bajo. Si tenemos la vista adaptada a la oscuridad podremos verla como una débil nubecilla sin forma definida, que desaparece rápidamente en cuanto fijamos la mirada. Más interesante es NGC 2752. A pesar de ser también extremadamente débil, en los momentos en que se deja ver recorta su silueta alargada sobre el cielo oscuro. Es una galaxia espiral que nos muestra su perfil, constituyendo un bonito contraste con su hermana mayor, NGC 2749. En varios miles de millones de años, probablemente, no quedará ninguna de ellas para que podamos disfrutarlas. En lugar de eso todas se habrán unido en una gran galaxia elíptica, si no han contactado antes con otro grupo de galaxias, en esta eterna y movida novela cósmica. De entrada, WBL 202 permanece ajena a las grandes aglomeraciones del universo a medio alcance, disfrutando de una aparente calma en una isla desierta.

NGC 2749.png

Por cierto, junto a NGC 2752 podemos encontrar una bonita estrella doble con sus componentes muy cercanas entre sí, lo suficientemente brillantes como para ser accesibles a la mayoría de telescopios. Sin duda, un merecido añadido a este paisaje galáctico.

NGC 2749 detalles.png

 

Sorpresas en la Osa Mayor (NGC 3718 y HCK 56)

La Osa Mayor vuelve a estar en una posición privilegiada para que los observadores del norte disfrutemos de sus infinitas galaxias, y tantas tiene que siempre hay alguna que nos sorprende. Hoy vamos a ver varias de ellas que se engloban en el mismo campo del ocular, y cada una tiene un encanto propio. El vientre de la osa marca la posición de estas galaxias, pudiendo usar NGC 3718 como referencia. Es ésta una galaxia maravillosa, también conocida como Arp 214, que despliega toda la elegancia que una espiral barrada puede permitirse. Sus dos prominentes brazos se encuentran especialmente abiertos y muestran una gran simetría entre sí. Su anómala disposición es fruto de una interacción con otra galaxia en un pasado no muy lejano, otra espiral cercana que se denomina NGC 3729 y que se sitúa a apenas 150.000 años luz de ella. Sus brazos desperdigados cuentan con algunas condensaciones azuladas, lugares de formación de estrellas que brillan con intensidad y resaltan con respecto al resto de la galaxia. El núcleo, amarillento, es residencia de estrellas de mayor edad, aunque cuenta con un elemento que lo caracteriza de forma muy llamativa: hay una interesante banda de polvo oscuro que divide el núcleo en dos, visible con telescopios de gran apertura. Tras su sombra, miles de estrellas están naciendo en el momento actual, o más bien hace 52 millones de años, el tiempo que sus fotones han tardado en llegar a nuestros ojos.

Fue descubierta por Herschel en 1789, y su núcleo está al alcance de pequeños telescopios (con una magnitud visual de 11), aunque conforme aumentemos la apertura podremos ver más y más detalles. Con mi Dobson de 30 cm quedé sorprendido del brillo central de la galaxia, y en seguida comencé a notar que su luz no era completamente homogénea. Tras unos minutos de adaptación pude comprobar que el núcleo parecía tener dos regiones más luminosas, que se disponían a modo de número “8”, y más tarde comprendí que dicho efecto era debido a la presencia de la banda oscura  central. No tuve conciencia de haber visto la banda en sí, aunque pude distinguir las dos zonas más brillantes que dejaba a ambos lados. La segunda sorpresa vino más adelante, cuando mis ojos fueron capaces de detectar sus dos brazos principales, casi invisibles, apreciables durante unos pocos segundos, como dos prolongaciones que se alejaban del núcleo en direcciones opuestas. El más brillante era el que se acercaba a dos cercanas estrellas, pero a pesar de ello tuve que sudar para disfrutarlo.

NGC 3718 no es la única recompensa que ofrece el cielo en este campo de estrellas, sino que podemos aspirar a localizar una interesantísima agrupación galáctica. El grupo compacto Hickson 56, también conocido como Arp 322, se sitúa al lado de NGC 3718, si bien se encuentra mucho más alejado desde nuestra posición, a unos considerables 425 millones de años luz. Podemos entender, por tanto, la dificultad de su observación. Juntas, forman una hilera que se extiende por 90 segundos de arco de espacio, lo cual equivale a 48.000 años luz a la distancia considerada. No figuran en el catálogo NGC ni en el IC, lo cual da una idea de su debilidad. Son las siguientes:

-Hickson 56a: MGC+09-19-113

-Hickson 56b: UGC 06527

-Hickson 56c: PGC 35618

-Hickson 56d: PGC 35615

-Hickson 56e: PGC 35609

Foto HCK 56.jpg

Crédito: DSS II

Su magnitud oscila alrededor de la 15, siendo HCK 56d la más débil, con una magnitud de 16.8. Estas galaxias por sí mismas serían prácticamente inapreciables si estuvieran aisladas unas de otras, y carecerían de interés, pero la unión hace que reluzcan con entidad propia. HCK 56b y HCK 56d son emisoras de ondas de radio, probablemente por una importante proliferación estelar, mientras que HCK 56a y HKC 56d son galaxias Seyfert, portadoras en su núcleo de un agujero negro supermasivo. HCK 56a, así como HKC 56e, se encuentran algo más separadas del resto, aunque su distancia parece ser similar.Todas ellas tienen menos de 1 minuto de arco de diámetro, y es su unión la que las hace visibles.

Con mi Dobson de 30 cm las pude apreciar con visión indirecta a bajo aumento, antes incluso de buscarlas, cuando todavía estaba disfrutando de NGC 3718. Aparecían como una débil línea borrosa, etérea e intermitente. Al usar mayores aumentos pude ver esa delicada línea fantasmal con mayor claridad, aunque requería de todas formas visión periférica. No había ni rastro de HCK 56a ni HCK 56e que, aisladas, perdían el beneficio de la unión, pero las restantes podían apreciarse sin ninguna dificultad. En varias ocasiones me sobresalté, emocionado, cuando, durante un breve segundo, algunos diminutos puntos aparecieron en medio de la franja: los núcleos lejanos de HCK 56b y HCK 56c que, tímidos, parecían asomarse a ver quién les estaba observando. Con mayor apertura esta curiosa cadena de galaxias debe ser, sin duda, algo digno de recordar.

NGC 3718.png

Contactos en el cangrejo (NGC 2623)

El objetivo de hoy no es un objeto sencillo de ver; tampoco especialmente llamativo tras el ocular… No, el objetivo de hoy necesita de un cielo bien oscuro, y en el mejor de los casos no veremos más que una mancha pequeña y etérea. Sin embargo, la grandeza de lo que esconde tras de sí hace que merezca la pena intentar cazarla. La siguiente imagen, obtenida por el telescopio Hubble, sirve de presentación:

Foto NGC 2623.jpg

NGC 2623, también conocida como Arp 243, se encuentra en la zona norte de la constelación Cáncer. No es una, sino dos galaxias que protagonizan un baile de larga duración, una interacción intergaláctica que es pregón de lo que ocurrirá entre la Vía Láctea y la Galaxia de Andrómeda en unos pocos miles de millones de años. Se encuentra en un estado de interacción más avanzado que NGC 520, que veíamos el otro día, ya que sus dos núcleos se han fusionado en uno sólo. De hecho, en su centro reside un agujero negro supermasivo con una masa de entre 10 y 100 millones de masas solares que, probablemente, sea el que gobierne la dinámica de estos dos colosos. Y no es para menos, ya que entre un extremo y otro discurren 200.000 años luz, extensión debida, en parte, a la presencia de dos grandes filamentos que han sido desprendidos de cada una de las galaxias progenitoras, reminiscencias de grandes brazos que una vez acunaron, arremolinados, los núcleos de sus respectivas galaxias.

En el brazo septentrional, más definido, se han encontrado más de 100 cúmulos abiertos, cuya formación se ha visto promovida por la colisión entre ambos cuerpos. La edad de estos cúmulos es menor de 10 millones de años, y algunos podrían ser cúmulos protoglobulares, embriones de futuros cúmulos globulares que todavía no se han formado. Estas regiones son muy brillantes en el infrarrojo, gracias al gas que es calentado por las estrellas recién nacidas. Esta incrementada proliferación estelar es responsable, a su vez, de que haya supernovas con una frecuencia mayor de la habitual: en el caso de NGC 2623, la última registrada tuvo lugar en 1999.

El único pecado de este par de galaxias es estar situadas a una distancia demasiado grande, entre 250 y 290 millones de años luz (5 veces más que la distancia media del Cúmulo de Virgo o 100 veces más que M31). Esto deriva en un bajo brillo, de manera que NGC 2623 alcanza una magnitud de 13.9, fuera del alcance de telescopios de baja apertura, a no ser que las condiciones del cielo sean más que idóneas. Con un tamaño de 2.4 x 0.7 minutos de arco, tendremos que buscar algo muy pequeño y muy débil. Con el Dobson de 30 cm pude distinguirla a bajo aumento, haciendo uso de la visión periférica. A 214 aumentos aparecía algo más definida, y la diminuta mancha ya no era tan diminuta, adoptando además un forma algo alargada. Usé la imaginación para repetirme varias veces que en esa mancha fantasmagórica, que apenas podía ver, brillaba el intenso núcleo resultante de la interacción de esas maravillosas galaxias. Sabía que no podía aspirar a ver más detalles, pero el simple hecho de poder distinguir sus fotones, en vivo, ya resultó algo  verdaderamente emocionante.

NGC 2623

Ser Astrónomo: 1) Introducción

Hoy se ha estrenado el programa de Cadena Ser Guadix en el que hablaremos, cada jueves, de distintos aspectos de las astronomía. Se denomina “Ser Astrónomo” y nuestra idea es transmitir un poco de nuestra pasión por esta afición, de manera que los conceptos básicos (y no tan básicos) lleguen a todo el mundo posible. El programa se emitirá, desde hoy, cada jueves entre las 12:30 y 13:00, y en él hablaremos de temas tan variopintos como el nacimiento de las estrellas, los agujeros negros, la mitología, tradiciones relacionadas con el firmamento, nebulosas, galaxias, el principio del universo… Aquí os adjunto nuestra primera entrevista, a modo de introducción, de manera que Miguel Gil (Turismo astronómico) y yo hacemos una declaración de intenciones, presentando la idea que tenemos con respecto a esta emisión y dejando patente la fascinación que es capaz de producir esta afición. A partir del jueves que viene iré complementando cada charla con algunos apuntes e imágenes por escrito, de manera que el blog sirva como complemento al programa.

Pincha en el énlace de abajo para escucharnos en Cadena Ser:

Ser Astrónomo – Programa 1: Introducción

Floculenta perfección (NGC 2775)

La constelación de Cáncer es famosa por contener los cúmulos abiertos M44 y M67, conocidos por todo aficionado, pero el tercer objeto más brillante de la constelación no es un cúmulo, sino una galaxia. NGC 2775 cuenta con el privilegio de pertenecer al catálogo Caldwell con el número 48. Descubierta por William Herschel (cómo no) en 1783, su gran atractivo queda patente al contemplar la siguiente fotografía:

Foto NGC 2775.jpg

Pocas galaxias tan perfectas podemos ver con tal nitidez. Es una espiral de tipo Sa, con múltiples brazos en disposición circular que se arremolinan en torno al núcleo. Varias cosas llaman nuestra atención en cuanto a ellos: por un lado, su origen no está en el núcleo brillante y redondeado que preside la galaxia, sino que comienzan a una distancia prudencial, como si surgieran bruscamente de una profunda niebla. Por otro lado, no vemos unos brazos definidos, sino multitud de ellos que, además, parecen estar fragmentados, como otras galaxias floculentas que ya hemos visto. Una gran cantidad de polvo se interpone entre estos brazos formando una red marronácea que añade un gran atractivo a su visión, a lo que hay que añadir la presencia de múltiples condensaciones azuladas que corresponden a regiones HII, lugares de intensa y reciente formación estelar. NGC 2775 se nos presenta levemente inclinada, con una perfecta simetría que produce una agradable sensación a la vista. Tiene un diámetro de unos 75.000 años luz, y su masa se estima en 17.000 millones de masas solares.

Esta galaxia es el miembro más destacado del denominado grupo de NGC 2775, un pequeño grupo que abarca otras galaxias como NGC 2773 o NGC 2777 (con esta última se encuentra relacionada mediante una nube de hidrógeno atómico, aunque no hay evidencias claras de que hayan interaccionado en el pasado). Se sitúa a unos 55 millones de años luz, distancia comparable a la del Cúmulo de Virgo, al cual se haya unido de la misma manera en que lo está nuestro Grupo Local. NGC 2775 forma parte, además, de una agrupación de galaxias conocida como la nube de Antlia-Hydra, un largo filamento formado por más de 100 universos que comparten movimiento a través del cosmos. Hay fuentes que indican la presencia de hasta 5 supernovas en NGC 2775 durante los últimos 30 años, aunque la única que he encontrado registrada ocurrió en 1993, alcanzando una magnitud de 13.9.

NGC 2775 se encuentra a maś cerca de Hydra que del centro de Cáncer, motivo por el cual pertenecía a la primera constelación hasta que, a principios del siglo XX, se redefinieron los límites de las constelaciones, quedando la galaxia englobada dentro del cangrejo. Con una magnitud 10.1, NGC 2775 es fácilmente visible con instrumentos de pequeña apertura, con los cuales destacará, sin duda, su brillante núcleo, que reluce como una potente estrella rodeada de un débil resplandor. Con el Dobson de 30 cm el halo de la galaxia aparece con claridad alrededor del brillante núcleo, una redondeada nube apreciable incluso con visión directa, cuyos bordes se pierden abruptamente en la periferia. No resulta tan llamativa como puede serlo en las fotografías de larga exposición, pero verla en directo, captando sus fotones en el mismo momento, es algo difícil de superar.

NGC 2775

Observando la materia oscura (NGC 672 e IC 1727)

La materia oscura es uno de esos misterios de los que todo el mundo ha oído hablar y que, a pesar de los grandes avances tecnológicos, todavía no llegamos a conocer en profundidad. Sabemos de su existencia porque, aunque no podemos verla, vemos los efectos que causa en su entorno, ya que la materia oscura hace que la materia bariónica (de la que estamos formados nosotros) se mueva de una forma diferente a la esperada. Para entenderlo basta un ejemplo sencillo, usando datos ficticios y cotidianos: imagina un hombre extremadamente delgado que da vueltas sobre sí mismo, sosteniendo una cuerda en cuyo extremo hay una piedra de 1000 kilos girando a su alrededor a gran velocidad. No es de extrañar que nos resulte poco creíble, ya que el sujeto, de apenas 50 kilos de peso, no tendría la fuerza suficientemente para soportar el peso de la piedra. El hombre debería pesar, según podríamos calcular, unos 2000 kilos para que la piedra girase a la velocidad que observamos. ¿Cómo puede ser? Además de los 50 kilos que pesa el individuo debería haber otros 1950 kilos a su alrededor, invisibles, que eviten que él salga disparado tras la pesada piedra. Esa sería la materia oscura, y esa es una de las cosas que podemos observar al escudriñar el universo. Hay muchos movimientos de galaxias que no se pueden explicar con la masa visible, de manera que existe una masa invisible que ha recibido el nombre de materia oscura. Que no la veamos no ha impedido que podamos conocerla a fondo, y de hecho se ha pesado cuánta materia oscura hay en el universo, encontrando que hay cinco veces más masa en forma de materia oscura que en forma de materia visible (un 27% de toda la masa del universo es materia oscura). Se ha comprobado, incluso, que adopta una forma de telaraña cósmica, con filamentos que se unen en nodos en los que se encuentran los cúmulos de galaxias. La materia oscura, por tanto, podría ser el escenario que determina la localización de las galaxias que pueblan el cosmos, una red de caminos que organiza el universo de manera anónima y discreta.

Hoy vamos a estudiar uno de estos filamentos de materia oscura, o, al menos, algunas de las galaxias que lo pueblan, cuya disposición se ha visto enormemente influenciada por este concepto tan abstracto. Viajamos a la constelación del Triángulo, a unos 25 millones de años luz, donde encontramos una bonita pareja de galaxias que nos asegurarán un buen rato de disfrute bajo un cielo oscuro. La principal es NGC 672, una espiral barrada que fue descubierta por William Herschel en 1786. Presenta unos brazos muy débiles y elongados con algunos parches rosados que manifiestan la presencia de regiones de formación estelar, aunque el protagonismo recae, sin duda, sobre la larga y destacada barra central, que brilla con la luz amarillenta de millones de soles. Su tímida compañera es IC 1217, otra galaxia que muestra una débil barra y unos fantasmales brazos apenas distinguibles, probable fruto de su interacción con NGC 672. De hecho, ambas galaxias están a tan sólo 85.000 años luz, menos de lo que mide nuestra Vía Láctea, por lo que no es de extrañar que se dejen notar sus efectos gravitaciones. Se ha detectado, recientemente, un puente de hidrógeno entre ambas galaxias que no hace más que apoyar esta unión estrecha.

Foto NGC 672.jpg

Crédito: Adam Block

El grupo de NGC 672 contiene, además, otras cuatro galaxias, que reciben los matemáticos nombres de AGC 110482, AGC 111945, AGC 111946 y AGC 112521 que, como podemos suponer, quedan fuera de nuestro alcance visual, siendo la mayoría galaxias enanas con una masa excepcionalmente pequeña (el 97% de la masa total del grupo de NGC 672 recae sobre NGC 672 e IC 1727). Todas las galaxias de este grupo han sufrido dos grandes episodios de proliferación estelar, uno antiguo y otro más reciente, coincidentes en el tiempo en cada una de ellas. El primer boom estelar ocurrió hace más de 10.000 millones de años, en el universo joven, mientras que la segunda oleada tuvo lugar hace apenas 8 millones de años luz. Más aún, el grupo de NGC 784, que comparte movimiento con el de NGC 672, también presenta en sus miembros estos dos mismos períodos de brote estelar, sugiriendo que el motivo de esta proliferación debería ser similar tanto en un grupo como en otro. Esto descarta las interacciones entre galaxias como causa principal, ya que entonces no tendrían por qué coincidir los períodos de formación. Recapitulando, hay “algo” capaz de producir que 14 galaxias hayan tenido una intensa proliferación estelar en los últimos millones de años, tras permanecer miles de millones de años en letargo… ¿Cuál es el causante de esa extraña sincronicidad?

El interesante estudio de Adi Zitrin y Noah Brosch publicado en 2008, que podéis encontrar al final del artículo, propone algo extremadamente interesante. Estas 14 galaxias se encontrarían dispuestas a lo largo de un filamento de materia oscura, causa primordial de esta sincronicidad en todas ellas. De hecho, el eje mayor de siete de estas galaxias es muy similar en cuanto a su dirección, eje que coincidiría con el paso del filamento de materia oscura. Podríamos entender este filamento como un tornado que va girando sobre sí mismo, y este giro contribuiría a la rotación de las galaFoto NGC 672 remolinoxias que se encuentran en su camino. El filamento de materia oscura, como comentábamos al principio del artículo, cumple las reglas de la gravedad, de manera que atrae objetos a sus inmediaciones. Ahora supongamos que hay una gran nube de hidrógeno flotando en una zona cercana al filamento. La gravedad haría que la nube se acercara al filamento y, por tanto, a las galaxias, produciéndose la acreción del gas, que llegaría prácticamente por igual a cada una de ellas. Este hidrógeno interactuaría con las galaxias, produciendo una importante proliferación estelar que es la que Adi Zitrin y Noah Brosch analizaron en su trabajo.

Pero vamos a coger ya nuestros telescopios para observar a NGC 672 e IC 1217 en persona, ya con la base teórica a nuestras espaldas. Su localización, cerca del vértice más agudo del Triángulo, resulta fácil de encontrar debido a la presencia de brillantes estrellas en el camino. Necesitaremos, eso sí, un cielo oscuro para poder disfrutar de ellas. NGC 672, la más brillante, posee una magnitud algo menor de 11, al alcance de la mayoría de instrumentos. Con mi Dobson de 30 cm pude apreciar, desde un primer momento, su brillante barra central, que destacaba sobre el fondo del cielo entre dos discretas estrellas. Con visión periférica la barra quedaba confinada en una nube ovalada, extendiéndose el halo hasta alcanzar unos 5 minutos de arco de extensión, quizás algo más. El halo era débil pero fácilmente visible, difuminándose rápidamente hacia sus bordes. IC 1727 tiene una magnitud de 11.5, pero su brillo superficial es muchísimo menor que el de su compañera. De hecho, de entrada no pude apreciarla, ni siquiera con visión periférica. Tuvieron que pasar varios minutos, adaptando mi vista a la oscuridad, para que sus fotones comenzaran a estimular mi retina. Entonces pude notar una nubecilla extremadamente difusa, alargada, que se disponía muy cerca de NGC 672. Al mirarla directamente desaparecía sobre la marcha, para volver a asomarse cuando usaba visión indirecta. Poco a poco su presencia se fue reafirmando y me acabó acompañando de manera más continua, aunque en ningún momento dejó de ser eso, una débil mancha alargada de bordes poco definidos. Una mancha, sin embargo, compuesta por miles de millones de estrellas…

NGC 672.png

Terminé la observación con muy buen sabor de boca. No sólo por el aspecto visual, sino por saber que había estado contemplando dos galaxias atravesadas por un inmenso torbellino invisible, una prueba más para la existencia de un universo enmarañado en el que la materia oscura y la materia bariónica se relacionan entre sí formando enormes telarañas cósmicas.


*Fuente: https://academic.oup.com/mnras/article/390/1/408/974955/The-NGC-672-and-784-galaxy-groups-evidence-for