Las alas de NGC 2346

Sabemos ya de sobra que los objetos celestes no son algo estático, no se encuentran flotando inmóviles, sino que interactúan entre sí de diversas y floridas maneras. Hoy vamos a estudiar un objeto apasionante que ilustra perfectamente este dinamismo cósmico. Se trata de NGC 2346, una nebulosa planetaria situada en la constelación de Monoceros, el unicornio, y que lleva tras de sí una historia fascinante. La fase de nebulosa planetaria ocupa un período relativamente corto de tiempo, poco mayor de 10.000 años de duración, pero antes de encontrar lo que veremos en la siguiente fotografía, dos estrellas ocupaban su lugar, girando una alrededor de otra en un delicado equilibrio de fuerzas.

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Una de las estrellas agotó el hidrógeno de su núcleo y, al colapsarse por acción de la gravedad, el aumento de densidad provocó su reactivación y la combustión del hidrógeno que quedaba en sus capas, de manera que estas se expandieron, entrando en la fase de gigante roja. Esta situación redujo la distancia que separaba a ambas estrellas, y su compañera, una gigante blanca, giraba veloz a su alrededor, cada vez más cerca, esparciendo el gas de su compañera en forma de anillo, de la misma manera que un ventilador en una habitación llena de polvo lo dispersaría en todas direcciones, o una manguera echando agua sin control a uno y otro lado. Al mismo tiempo la gigante roja se expandía aún más, enfriándose a medida que el calor debía dispersarse por un volumen mayor. Esta estrella terminó por expeler su envoltura y dar lugar a una nebulosa planetaria, con el gas expulsado deformándose en forma de mancuerna, en una estructura denominada bipolar. Su imagen nos recuerda a tantas otras planetarias de este tipo, como M27, M76 o NGC 2440, aunque NGC 2346 es más débil que todas ellas, con una magnitud aparente de 11.6 y un tamaño de un minuto de arco.

Su estrella central ronda la magnitud 11, fácilmente visible con cualquier telescopio, pero no siempre ha brillado así… En 1981 se registró una disminución de su intensidad hasta alcanzar la magnitud 15, que es estableció durante un año para volver, posteriormente, a su magnitud habitual. Luego, en 1996, se repitió el mismo proceso, y en 2004 tuvo lugar por última vez. ¿A qué se debe esa repentina disminución? Parece ser que a grandes nubes de gas que emitió en su momento la gigante roja, quedando desde entonces girando a su alrededor y produciendo, de vez en cuando, estos eclipses al interponerse entre la estrella y nosotros. En la siguiente gráfica de la AAVSO podéis apreciar estos cambios de magnitud.

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NGC 2346 es una nebulosa observable desde cielos contaminados, aunque su esplendor se muestra al observarla desde sitios verdaderamente oscuros. En mi caso la observé con el Dobson de 30 cm desde el Barrio de Monachil, a apenas 7 km de Granada, con una magnitud límite de 5, con lo cual no pude disfrutarla como se merece, aunque estas observaciones sirven para motivar una segunda visita. La estrella central brillaba intensamente, libre en ese momento de nubes de polvo y gas que pudieran oscurecerla. Desde el primer momento ya era evidente la presencia de cierta nebulosidad alrededor del astro, así que me decidí a probar mayores aumentos para obtener más detalle. A 300 aumentos la nebulosa adquiría una forma alargada, y algunas irregularidades comenzaron a notarse, algunos salientes que parecían querer romper con la homogeneidad y comenzar a formar nuevas prolongaciones, el principio de las “alas de la mariposa”.  No llegué a apreciar la característica estructura bipolar, aunque esos despuntes nebulosos eran muy sugestivos, dejando a mis ojos con ganas de más.

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En la siguiente imagen he representado cuáles serían sus bordes reales, los que se pueden apreciar en fotografías de larga exposición. En astronomía, sobre todo cuando las condiciones no son las ideales, tenemos que recurrir a la imaginación, aunque eso no es un impedimento para disfrutar de esta afición.

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Opinión sobre el NextStar 102 SLT

En algunas ocasiones me habéis preguntado por telescopios adecuados para empezar a disfrutar de la astronomía. Pues bien, después de probar varios creo que, si la idea es comenzar pisando fuerte, una de las más acertadas opciones sería este telescopio, de un tamaño más que considerable para ver miles de objetos de cielo profundo, estrellas dobles y planetas. Se trata del refractor NextStar 102 SLT, fabricado por Celestron, un telescopio de 10 cm de apertura y 66 cm de longitud focal, cuyo peso y tamaño nos permitirán transportarlo a los lugares más oscuros que queramos, convirtiéndose así en un compañero imprescindible.

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El susodicho aparato y su feliz dueño

He de decir, antes de nada, que teniendo previamente un Dobson de 30 cm, me he sorprendido gratamente al mirar a través del NextStar, superando mis expectativas sobradamente, y motivándome así a escribir este pequeño artículo tras varios meses de prueba. Para opinar sobre el telescopio podría usar la siguiente imagen de la nebulosa de Orión, que observé hace dos semanas, y dar por concluido el artículo:

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Pero no es sólo esa mi intención, sino dar algunas pinceladas sobre el rendimiento de este equipo en los distintos tipos de objetos, así como de su funcionamiento, para saber qué se puede esperar de él. En primer lugar tenemos que mencionar su montura. He de decir que siempre he sido reacio a las monturas con GoTo, esas que te llevan al objeto deseado con solo pulsar unos botones, y sigo manteniendo que, para conocer bien el cielo, conviene practicar todo lo posible a la hora de buscar objetos por uno mismo. Sin embargo, es innegable la ventaja de este sistema, principalmente por el seguimiento del objeto, ya que no hace falta estar haciendo continuos movimientos para mantenerlo centrado en el ocular, algo de agradecer cuando trabajas a altos aumentos o cuando quieres enseñar un objeto a otros observadores. La precisión al buscar objetos es bastante exacta, y especialmente interesante me parece su menú de estrellas dobles, que te lleva a distintos sistemas múltiples y, de camino, te presenta información sobre las estrellas.img_9427

La primera vez que me asomé por este telescopio quedé sorprendido por la nitidez de las estrellas, que aparecían como puntos perfectos, transmitiendo colores que difícilmente había percibido con mi Dobson de 30 cm: amarillos, anaranjados, azules… El contraste entre unas y otras era mucho más llamativo a través de sus lentes. Esto es especialmente útil a la hora de observar cúmulos abiertos, aunque uno de mis primeros objetivos cuando el NextStar cayó e mis manos fue M15, sorprendiéndome cuando el globular se resolvió en un gran número de diminutas estrellas, especialmente en la periferia, abigarradas y bullendo en la lejanía. En otros cúmulos globulares el resultado es similar, ofreciendo un bonito contraste entre el núcleo brillante y nebuloso y la periferia salpicada por multitud de astros.

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Sin embargo, no acaban aquí las aptitudes de este tubo. En cielo profundo se comporta de una manera excepcional, cosa que nunca llegué a imaginar. Puedo decir, tras varios meses de prueba, que no he dejado de sorprenderme cada vez que he observado algún objeto con el telescopio, sin falta. Las nebulosas difusas se muestran con una calidad más que aceptable, como podéis comprobar con M42, al inicio del artículo, o con este dibujo de M8 que realicé a finales de verano. Es indispensable, eso sí, estar bajo un cielo bien oscuro, pero en esas condiciones el nivel de detalle que podremos observar es bastante elevado. En la Laguna podía apreciarse sin ningún problema el “río” interno, así como algunos jirones de luz que despuntaban aquí y allá.

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En M42 el resultado es aún más impresionante, desplegando sus alas a través de todo el campo, que a 47 aumentos puede englobarla al completo sin ninguna dificultad, dejándose ver también el complejo de nebulosas de NGC 1977. Me resultó un poco complicado observarla “al revés” de lo habitual en el Dobson, aunque el ojo se va habituando poco a poco, y al cabo de los minutos uno acaba acostumbrándose.

En cuanto a nebulosas planetarias, su corta focal no nos permite usar aumentos muy elevados, aunque será suficiente para distinguirlas entre los campos de estrellas e incluso apreciar algunos de sus detalles. Con el ocular Cronus de 5 mm obtenía unos cómodos 112 aumentos, permitiéndome algunas vistas como la siguiente de M57, la Nebulosa del Anillo. Es verdaderamente imponente observarla con este tubo, ya que proporciona una definición muy alta, incluso si se usa desde cielos con contaminación lumínica. Otras planetarias están también a su alcance, siendo impresionante la famosa M27, aunque las más pequeñas también son fácilmente detectables.

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En cuanto a la observación de galaxias se comporta bastante bien, siempre y cuando las condiciones del cielo sean idóneas. M81 y M82, por ejemplo, suponen una bonita estampa celeste, y su compañera NGC 3077 aparece a su lado, visible sin ningún problema. A mayores aumentos la línea oscura que divide M82 se hace patente, como también se intuyen los brazos en espiral de M33, la Galaxia del Triángulo, con su región HII conocida como NGC 604 en uno de sus extremos.

Podríamos pasar horas describiendo los objetos visibles a través de este telescopio, aunque la mejor manera de hacerse a la idea es probarlo por uno mismo. Su pequeño tamaño lo convierte en un instrumento de batalla para transportar a los lugares más oscuros que tengamos a nuestro alcance, y es ahí donde demuestra, con creces, que el tamaño no es tan importante como podría parecer. No esperemos, claro está, ver los mismos detalles que con un gran reflector, pero teniendo en cuenta su peso y la facilidad de alineación, en ocasiones inclinará la balanza a su favor, especialmente, como no me cansaré de repetir, si vamos hasta un lugar alejado de la contaminación lumínica. Teniendo en cuenta su precio, no es de extrañar que sea uno de los mejores candidatos a comenzar en esta afición, y una cosa es segura: con el NextStar 102 podemos tener telescopio para muchos años, convirtiéndose en un compañero infatigable de viajes y permitiéndonos observar miles de objetos celestes.

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