Ahondando en el grupo Leo II

 

La constelación de Leo, rica en galaxias, es un lugar que puede pasar desapercibido al lado de otras constelaciones como Virgo o Coma Berenices Sin embargo, tiene sorpresas escondidas en cualquiera de sus rincones. Pequeños grupos de galaxias pueblan una zona comprendida entre 30 y 70 millones de años de distancia, y en su conjunto forman una gran familia conocida como Leo II, situada al lado del Cúmulo de Virgo. Hoy veremos uno de estos pequeños grupos en cuyo dentro destacan dos galaxias, NGC 3607 y NGC 3608. La primera de ellas da nombre al grupo, que está compuesto por unas 14 galaxias y se encuentran en el centro de la constelación.

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NGC 3607 es una lenticular gigante, una familia de estrellas que desprenden una importante cantidad de rayos X calientes, tanto en el interior de la galaxia como en el espacio intergaláctico que la separa de sus compañeras. En su región central reside un agujero negro supermasivo con una masa estimada en 100 millones de masas solares. Presenta un disco de unos 15 segundos de diámetro con un anillo de polvo a su alrededor, similar al que rodea a M104, con la particularidad de que rota en sentido opuesto al del resto de la galaxia. Esta característica la comparte con NGC 6308, una elíptica de baja luminosidad cuyos 10 segundos de arco más internos (el equivalente a 4000 años luz de radio) giran también en sentido contrario al resto. Rota lentamente, a unos 15 km/s, lo cual es más típico de las elípticas gigantes.

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Una posible explicación para la existencia de estos núcleos independientes es la fusión con pequeñas galaxias elípticas, cuyos núcleos son lo suficientemente densos como para sobrevivir parcialmente a este proceso y mantener su velocidad de rotación, aunque esta teoría parece poco probable en el caso de estas galaxias. Otra posibilidad hace referencia a la presencia de brotes de formación estelar, como ocurre en NGC 1023, que alterarían la dinámica interna. En este tipo de galaxias la edad de las estrellas centrales es mucho menor que las del resto del disco, pero en NGC 3607 y NGC 3608 no se cumple esta premisa, con lo cual no permiten despejar esta incertidumbre. Esta última hipótesis podría ser cierta, sin embargo, si las galaxias fueran elípticas, por lo que se ha sugerido que NGC 3607 podría ser realmente una elíptica que ha arrastrado hacia sí parte de las estrellas de NGC 3608, adoptando el aspecto de una lenticular clásica. Se necesitarán nuevos estudios más precisos para conocer el origen de estos núcleos que viajan a contracorriente.

Con una magnitud de 10.8 y un tamaño aparente de 4.9×2.5’, NGC 3607 es fácilmente visible como una bonita esfera ligeramente alargada, con un centro brillante que destaca incluso con visión directa. NGC 3608, muy cerca, forma la pareja perfecta de su compañera. Redondeada y algo más débil, también muestra un núcleo más brillante, aunque sus bordes se difuminan antes y se pierden en la oscuridad del cielo. Una tercera galaxia completa este retrato familiar: NGC 3605 es una pequeña elíptica que parece refugiarse en el regazo de NGC 3607. Es la más débil de las tres, aunque con el Dobson de 30 cm se aprecia sin ninguna dificultad a bajo aumento. Podría parecer una más de este grupo pero, según parece, se encuentra ahí por efecto de perspectiva, situándose a una distancia bastante mayor.

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Crónica: taller de Astronomía en Cabo de Gata

Tras múltiples sesiones de observación y algunas charlas temáticas sobre distintos temas relacionados con la astronomía, desde Turismo Astronómico y El Nido del Astrónomo nos decidimos a organizar algo “más grande”, y lanzamos el primer taller de astronomía, que decidimos hacer en los limpios cielos de Cabo de Gata, en el hotel de la Naturaleza en Rodalquilar. La idea era aunar un fin de semana de ocio en un lugar paradisíaco con unas jornadas de aprendizaje centradas en la astronomía, de manera que nos parecía una manera original y amena de pasar un buen fin de semana. Efectivamente, las nubes no pudieron impedir que disfrutáramos de esos tres días.

El viernes dio comienzo el taller con una charla introductoria acerca de los orígenes de la astronomía y su cambio a través de la historia, haciendo hincapié en las maravillas que hemos descubierto a lo largo de estos últimos siglos. Posteriormente fue el momento de situarnos en este gran universo que poblamos, aprendiendo algunas nociones de geografía celeste: nuestro lugar en el cosmos, un viaje hacia escalas cada vez mayores, comenzando en las inmediaciones de nuestro planeta y terminando en la inmensa maraña que es el universo a gran escala, plagado de miles de millones de galaxias que se disponen formando una red cósmica. No pudimos realizar la observación prevista por culpa de las nubes, aunque pudimos aprovechar unos claros antes de la cena para contemplar a Venus (una imagen idéntica a la que vio en su día Galileo), la famosa Nebulosa de Orión y algunos cúmulos estelares como M35. Tras una copiosa cena, en la que intercambiamos mil y una opiniones acerca de todos los temas habidos y por hablar (saltando de la astronomía a la historia, del cambio climático a los viajes en globo, la filosofía, la mente humana y tantos otros temas que nos distrajeron del deseo de observar el firmamento. No obstante, una charla a la luz de una bonita chimenea puso el broche final a la primera noche.

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El sábado contó con el protagonismo del sol en las primeras horas de la mañana, de manera que aprovechamos para intentar buscar algunas de sus manchas y su superficie granulada. La luna, deslumbrada por el astro, se podía apreciar a corta distancia, mostrando tenuemente algunos de los cráteres en su cara decreciente. Tras esta toma de contacto con los grandes cuerpos de nuestro sistema solar tuvo lugar la segunda sesión didáctica, en la que, durante tres horas, hablamos del origen del universo, aprendiendo la importancia de las ondas a la hora de determinar la dirección del movimiento de las galaxias y algunos otros datos fundamentales de astrofísica, explicados de una forma sencilla para que el menos ducho en la materia pudiera seguir la charla sin grandes dificultades. Posteriormente le tocó el turno a temas puramente astronómicos y mucho más visuales, como el nacimiento de las estrellas, distintos tipos de nebulosas y galaxias en el universo, el final de las estrellas, tanto si lo hacen como una nebulosa planetaria o como una descomunal supernova… No faltaron referencias a objetos exóticos como los agujeros negros o a temas candentes como el descubrimiento de exoplanetas o la detección de ondas gravitacionales. Después de la comida acompañamos a los alumnos del curso de fotografía a una visita a las llamativas Salinas de Cabo de Gata, disfrutando de bellas playas volcánicas y escarpadas elevaciones junto al mar.

La noche nos puso la miel en los labios justo antes de cenar, dejándonos entrever algunos claros en el cielo que, como aves de rapiña, aprovechamos con celeridad para buscar algunos objetos. Estrellas dobles y alguno que otro cúmulo estelar se dejó ver, así como los restos de una estrella que había llegado al final de su vida, dando lugar a lo que conocemos como la Nebulosa Esquimal. Cenamos con tranquilidad y después, viendo que el cielo no nos daba tregua, decidimos hacer una observación virtual con el programa Stellarium, que usamos para aprender las distintas constelaciones, puntos de referencia y el lugar de algunos de los objetos celestes más impresionantes.

Personalmente, después de terminar el curso me he quedado con una muy buena sensación. La astronomía es una ciencia maravillosa, y el hecho de poder transmitirla a gente que nunca ha conocido nada sobre ella la hace aún más especial. Emociona saber que hay gente que todavía es capaz de maravillarse con la bóveda celeste, soltando exclamaciones cuando comprende lo pequeños que somos y lo grande que es este universo en el que nos ha tocado vivir.  Muchas gracias a todo el equipo, a Turismo Astronómico y, en especial, a esos “alumnos” que han demostrado tantas ganas de aprender y han contribuido a pasar un fin de semana muy especial.

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Ha pasado ya una semana del taller, y desde Turismo Astronómico y El Nido del Astrónomo queremos invitaros a una nueva edición del taller, que en este caso tendrá lugar en uno de los mejores cielos de Europa, situado en plena Sierra de Cazorla, en la aldea de Don Domingo. Allí disfrutaremos de unos cielos privilegiados en un paisaje rural de praderas perdidas entre altas cumbres que nos permitirán disfrutar de tres días inolvidables, con buena comida y mejor compañía. La primavera es la época de las galaxias, y cientos de ellas aguardan a ser vistas con nuestros equipos de observación. En el siguiente enlace tenéis toda la información al respecto, ¡os esperamos!

Taller de Astronomía en Don Domingo – 19, 20 y 21 de mayo de 2017

Impostor cometario (M52)

Los límites entre Cefeo y Casiopea se encuentran poblados por multitud de cúmulos abiertos y nebulosas, correspondientes al rico brazo galáctico de Perseo. Entre ellos figura uno de sobra conocido por los aficionados, visible incluso desde ciudades contaminadas. Se trata de M52, un cúmulo abierto descubierto por Charles Messier en 1774 y que linda con algunas maravillas celestes como son NGC 7635 (la Nebulosa de la Burbuja) o NGC 7538. M52, también conocido como NGC 7654, es un cúmulo abierto inmerso en el plano galáctico. Esta localización hace prácticamente imposible conocer con exactitud su distancia, de manera que hay estudios que lo sitúan a 3.000 años luz mientras que otros lo hacen a más de 7.000  años luz.

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Es una familia cuyos miembros se han contabilizado en 193 componentes, con una edad estimada en unos 35 millones de años, de manera que es relativamente joven. Se ha comprobado que sus estrellas se han ido formando en tandas y de manera secuencial, naciendo primero las de menor masa. M52 tiene un diámetro aparente de 13 minutos de arco. Si tomamos como distancia real unos 5.000 años luz, tendría un diámetro de unos 19 años luz: no presenta una densidad especialmente elevada, en sus regiones más internas tiene una concentración de 3 estrellas por cada pársec cúbico (un pársec es algo más de 3 años luz), no mucho más que en las inmediaciones de nuestro sistema solar.

Con M52 podemos comprender perfectamente el motivo que llevó a Messier a realizar su lista de objetos. A bajo aumento presenta una forma triangular que podríamos definir como cometaria, con una brillante estrella anaranjada que, anclada en un vértice, simularía a la perfección el núcleo del cometa. Conforme usamos mayores aumentos podemos apreciar que el cometa está conformado por multitud de estrellas, decenas de ellas, brillando al unísono como pequeños granos de diamante. Para disfrutar de M52 decidí probar el Maksutov-Cassegrain de 127 mm y f/12, usando el ocular Explore Scientific de 14 mm. M52 cabía perfectamente en el campo, ocupando la región central. Su forma triangular se apreciaba con claridad y me resultó curioso que sus estrellas, perfectamente puntuales, no tenían un brillo muy elevado, aunque en conjunto transmitían una fuerza considerable. La brillante estrella anaranjada, SAO 20606, destacaba sobre el resto, ocupando el vértice del cúmulo. Con una magnitud de 8 y un tipo espectral F, añadía un interesante punto visual que contrastaba con el resto de estrellas, poniendo un broche de oro a un objeto adecuado para todos los públicos (e instrumentos).

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Complejo de nebulosas en Gemini OB1

Las estrellas no se forman de manera de aislada: nacen en el seno de una nube molecular que se va enfriando y, una vez alcanzada determinada densidad, la presión en las regiones más internas es capaz de producir la fusión del hidrógeno, dando vida a una estrella. Sin embargo, en el núcleo de estas nubes moleculares las estrellas se forman en racimos, cúmulos estelares que, con el paso del tiempo, se irán separando. Nuestro Sol corrió la misma suerte, aunque hoy apenas nos sintamos parte de ningún grupo concreto (en su momento compartimos nido con algunas de las estrellas de la Osa Mayor). Hoy vamos a conocer una región verdaderamenrte fértil, situada al norte de Orión, junto al brazo derecho del cazador. Allí tenemos no una, sino varias regiones HII que se agrupan en una singular familia, cada una de las cuales es una zona condensada de la misma nube molecular, que se denomina Gem OB1. Como su nombre indica, abarca un área importante de la constelación de Géminis, aunque en su región más meridional alcanza parte de Orión. Es una de las nubes moleculares más extensas de nuestra galaxia, con unas dimensiones de entre 500 y 800 años luz, y en ella hay hasta 13 condensaciones donde se están formando estrellas de forma activa. Podemos ver gran parte de esta nube en la siguiente imagen:

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Se sitúa en el brazo de Perseo, a unos 8000 años luz de distancia, y la zona que nos interesa hoy es un complejo de 5 regiones HII que fueron descritas por Sharpless en 1959. Sh2-254 es la más débil, así como la más extensa, ionizada por HD 253247, una estrella de tipo espectral O9.5. Las dos nebulosas más brillantes son, sin lugar a dudas, Sh2-255 y Sh2-257, ambas visibles con instrumentos de mediano calibre. Sh2-255 también es conocida como IC 2162, y fue descubierta con anterioridad por Edward Barnard, en 1890. Un filtro UHC ayuda a observar estos cuerpos, aumentando el contraste del hidrógeno ionizado que conforma las nubes. Entre estas dos últimas nebulosas se encuentra un cúmulo abierto cuyas estrellas apenas han visto la luz. Son tan jóvenes que aún se encuentran envueltas en la nebulosa de la que están naciendo, siendo por tanto invisibles a nuestros ojos. El telescopio Spitzer, sin embargo, es capaz de atravesar este caparazón con sus ojos sensibles al infrarrojo, de manera que puede mostrarnos los astros en su más temprana edad. Deberán pasar unos cuantos años hasta que podamos verlos con nuestros propios ojos (desde unos cientos de miles hasta unos pocos millones de años, apenas un suspiro cósmico…). Los cuerpos más jóvenes se denominan YSO, del inglés “Young Stellar Objects”, y su estudio puede proporcionarnos valiosa información sobre el origen de las estrellas. Sh2-256 y Sh2-258 son otras dos de las nebulosas de este complejo, bastante débiles como para ser apreciadas con nuestros telescopios, si bien no son difíciles de fotografiar, presumiendo de ese tono rojizo tan típico de las guarderías estelares. Hay al menos otros 6 cúmulos escondidos entre estas regiones, ocultos por las masas de gas que los están formando, de manera que en poco tiempo habrá toda una hueste de cúmulos abiertos con los que disfrutarán nuestras futuras generaciones.

Este complejo de nubes se encuentra a los pies de Géminis, justo rozando el brazo derecho que alza Orión mientras apunta con su arco al oeste. Las dos nebulosas más brillantes son relativamente fáciles de ver, dispuestas alrededor de dos brillantes estrellas como pequeñas manchas algodonosas extremadamente tenues, que aumentan su contraste con el fondo cuando usamos un filtro UHC. La zona en conjunto alcanza unas dimensiones de hasta 50 minutos de arco, de manera que nos beneficiaremos de oculares de gran campo aparente. En mi caso usé un ocular de 22 mm y dos pulgadas, acompañado de un filtro UHC. Sh2-255 aparecía algo más brillante, redondeada alrededor de su “estrella central”. A su lado, Sh2-257 destacaba también como una nube circular, más definida al usar visión periférica. Algunas estrellas salpicaban su superficie, como si quisieran formar parte de un marco familiar, aunque no sabría decir si pertenecen al complejo nebuloso. Sh2-254 fue la sorpresa de este grupo, ya que pude distinguirla, con suma dificultad, a continuación de las dos anteriores. Con un tamaño algo mayor, sólo pude ver una de sus regiones, extremadamente débil y etérea, pero claramente visible en los momentos de mayor adaptación a la oscuridad. No podía dejar de mirar ese interesante trío fantasmagórico, pensando en lo pequeño que podía llegar a parecer algo tan importante como el germen de la vida de una estrella.

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Os dejo la siguiente versión de la imagen con los nombres incluídos:

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A merced de la corriente (NGC 1531 y NGC 1532)

El universo nos regala verdaderos espectáculos a la vista, y en esta ocasión vamos a disfrutar de un objeto que, de entrada, puede parecernos familiar. Se trata de un par de galaxias que presentan evidentes signos de estar interaccionando, en la constelación de Eridanus, formando parte de un largo baile de gigantes. NGC 1532 es la mayor de ellas, una galaxia espiral barrada que se nos muestra casi de perfil, con unas dimensiones que alcanzan los 180.000 años luz de lado a lado, más que nuestra propia galaxia. Su inclinación no es completa, de manera que nos deja disfrutar de sus prominentes brazos espiralados, el más cercano de los cuales muestra una llamativa característica, y es que ha sido deformado y alargado gracias a una anterior interacción, probablemente con su compañera, NGC 1531. Esta última es esa mancha pequeña y elongada que se sitúa cerca del núcleo de NGC 1532, una galaxia lenticular que se ha visto desfigurada a raíz de los tirones gravitatorios de su compañera. No es de extrañar, pues mide tan sólo unos 20.000 años luz de diámetro, habiéndose visto desprovista de la mayor parte del gas y, por tanto, perdiendo gran parte de su combustible para formar nuevas estrellas.

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Sin embargo, en NGC 1532 el efecto ha sido totalmente opuesto, como podemos apreciar en la fotografía. Todas esas manchas rosadas que se disponen en sus brazos son regiones HII, grandes masas de hidrógeno ionizado cuya densidad se ha visto incrementada, alcanzando de esa manera la temperatura necesaria para que el hidrógeno se fusione y forme los núcleos de estrellas recién nacidas. En esta entrada hablábamos de los distintos tipos de nebulosas y de cómo las Nubes Moleculares Gigantes pueden dar lugar a estas regiones HII. Innumerables estrellas azuladas, gigantes, se disponen a lo largo de los brazos de NGC 1532, signo inequívoco de su gran proliferación y señal del comienzo de un nuevo ciclo en la historia de esta galaxia. Ambas se encuentran a unos 55 millones de años, pertenecientes al cúmulo de Fornax, que ya estudiamos en esta entrada. NGC 1531 se encuentra situada algo más lejos, aunque en los siguientes miles de millones de años volverá a ocupar un lugar más cercano a nosotros. Su situación es comparable a M51 y NGC 5195, dos galaxias en interacción que, en vez de perfil, nos muestran su esplendor de frente. Otra situación comparable, al menos en cuanto a tamaño, sería el de nuestra propia Vía Láctea y su interacción con la Gran Nube de Magallanes, de manera que al observar a NGC 1531 y NGC 1532 podríamos saber cómo nos veríamos a 55 millones de años luz de distancia…

Visualmente encuentro un gran parecido con NGC 4631 y NGC 4627 (la galaxia de la Ballena), siendo NGC 1532 el cuerpo principal, con unos considerables 11 minutos de arco de longitud. Aparece como una mancha alargada que, a 214 aumentos, ocupa casi todo el campo del ocular, con una magnitud de 9.9. Su centro es brillante y ligeramente alargado, y tras varios minutos de adaptación destaca otra región más intensa a uno de los lados, una débil línea luminosa que se corresponde con el comienzo de uno de sus brazos espirales. Sin embargo, el mayor desafío de esta galaxia es, probablemente, captar los fotones de su gran brazo extendido, ese que NGC 1531 se ha encargado de esculpir. Tras mucho tiempo al ocular comencé a intuirlo por momentos, como una banda fantasmagórica que se extendía más allá del cuerpo de la galaxia. Desaparecía en seguida a la vista, pero después, descansando y relajando toda la musculatura, volvía a distinguirla tenuemente. Por momentos llegué a pensar que era una ilusión, pero entonces la apreciaba nuevamente por el rabillo del ojo. Con mayor abertura y cielos más oscuros no debe ser difícil de disfrutarla en toda su plenitud. NGC 1531 aparecía como una nubecilla brillante y difuminada, alargada en sentido perpendicular a su compañera, sin grandes irregularidades apreciables. Con un poco de imaginación no es difícil sentir la fuerza que une a estos dos universos y vislumbrar el baile cósmico que despliegan ante nuestros pequeños ojos.

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Midiendo agujeros negros (NGC 1332)

Vamos a viajar a 73 millones de años luz de distancia, a una zona aparentemente normal de un grupo de galaxias conocido como el Grupo de Eridanus, parte de un enorme filamento de galaxias que abarcan un gran área de nuestro firmamento, desde esta constelación hasta Doradus, pasando por Fornax. Se trata de un grupo poco denso de galaxias, con algunas verdaderamente interesantes, aunque nuestro punto de mira será hoy NGC 1332, una llamativa galaxia elíptica que se sitúa en la constelación de Eridanus.

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Es una elíptica gigante formada por estrellas de edad avanzada, cuya característica más remarcable es, sin lugar a dudas, la presencia de un agujero negro supermasivo en su interior. Previamente se había estimado su masa en base a un disco de gas ionizado que rodea al núcleo, afectado por la presencia del agujero negro. Sin embargo, este gas ionizado presenta movimientos algo peculiares que dificultan obtener con precisión su velocidad, por lo cual la estimación de la masa del agujero negro oscilaba entre 500 millones y 1.500 millones de masas solares. Hay otro disco gaseoso formado por gas molecular frío, que gira de una manera mucho más “ordenada”, pero su emisión hacía imposible estudiarlo en longitud de onda visible. Por suerte, hoy en día contamos con instrumentos capaces de ver más allá. En el año 2015, un equipo de la Universidad de California en Irvine estudió este disco frío con ALMA (Atacama Large Millimeter/submillimeter Array), una red de radiotelescopios que se disponen a nivel mundial y que pueden llegar a dar imágenes tremendamente precisas, de manera que captaron la emisión de monóxido de carbono (uno de los componentes que se usa como trazador del hidrógeno molecular) con un nivel de detalle muy fino. El disco de gas de NGC 1332 tiene un radio de unos 800 años luz, pero es en su región más interna donde se ve más afectado por la atracción del agujero negro supermasivo. Gracias a ALMA se pudo estudiar a fondo esta zona interna, apreciando el efecto Doppler como podemos ver en la siguiente imagen (en la longitud de onda visual, captada por el Hubble, el disco de gas molecular se aprecia como una banda oscura que recuerda a la de M104).

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El color rojo indica el gas que se aleja de nosotros, mientras que el azul se acerca, ambos de forma proporcional según la velocidad que alcanzan. De esta manera, sabiendo la velocidad que alcanza el disco a esa distancia se ha podido estimar la masa del agujero negro, obteniendo la cifra de 660 millones de masas solares, con un margen de error de un 10%, lo cual acota las estimaciones anteriores y marca una de las mediciones más precisas que se han obtenido hasta el momento. No podemos dejar de maravillarnos ante la utilidad del efecto Doppler…

NGC 1332 ronda la décima magnitud y, con una longitud de algo más de 4 minutos de arco, fue descubierta por William Herschel en 1784. Quince años después el astrónomo descubrió que no estaba sola, sino que otra pequeña mancha redonda se situaba a su lado, objeto que denominó NGC  1331. NGC 1331 es una pequeña galaxia elíptica con un diámetro estimado en unos 15.000 años luz. Su distancia a nosotros se estima entre 58 y 75 millones de años luz, con lo cual no iríamos muy desencaminados si dijéramos que NGC 1332 y NGC 1331 son universos relativamente vecinos. Al telescopio forman un bonito par en el que destaca la brillante NGC 1332 como una mancha alargada y con un núcleo brillante y redondeado. Sus bordes se pierden rápidamente hacia el exterior, difuminados, algo más extensos con visión lateral. NGC 1331, de magnitud 13.4, es bastante más débil, aunque con mirada periférica no supone ningún problema. Se aprecia fácilmente como una pequeña nubecilla redondeada, de apenas un minuto de arco de diámetro, que recuerda vagamente al aspecto de un lejano cúmulo globular. Al otro lado de NGC 1332 hay una débil galaxia de magnitud 15.5 llamada PGC 12827, una bonita espiral de brazos muy distorsionados y más lejana que sus compañeras, situada a unos 92 millones de años luz de distancia. Por momentos, tras observar durante un buen rato a las anteriores galaxias, me pareció intuirla como una mancha tremendamente difusa, apenas perceptible, aparecía y desaparecía por momentos, como un fantasma. Seguramente con mayores instrumentos será fácilmente visible, pero mientras tanto tendremos que conformarnos con registrar alguno que otro de sus lejanos fotones.

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AAPOD2 del día 14 de febrero de 2017

Esta mañana he recibido la inesperada noticia de que mi dibujo de M24 ha sido elegido AAPOD2, así que os vuelvo a compartir la entrada original en la que, además del propio dibujo, podéis ver la imagen explicativa de cada uno de los numerosos objetos que aparecen en el mismo campo. Muchas gracias a todos los que visitáis este blog.


Mirando a través de la ventana (M24)

El que traemos hoy es quizás el objeto más peculiar de todo el catálogo Messier, debido, precisamente, a que no es un “objeto” como tal… ¿Cómo? Se trata de M24, catalogada en numerosas ocasiones como “nube estelar” o incluso como cúmulo abierto, pero esas denominaciones se alejan de su verdadera naturaleza. Para comprender lo que estamos viendo alejémonos por un momento de telescopios, prismáticos y pantallas de ordenador, yéndonos a un lugar oscuro en el que, al menos, podamos ver ligeramente la Vía Láctea surcando el cielo. Vemos que discurre desde el noreste, acompañando a Casiopea, hasta terminar entre Sagitario y Escorpio (más al sur si observamos desde latitudes meridionales), y podremos apreciar que se encuentra parcheada, con claroscuros bien definidos que la hacen completamente irregular. Pues bien, todas estas diferencias en su brillo se deben a ingentes cantidades de polvo y materia interestelar que se encuentran bloqueando nuestra visión del brazo de la galaxia, como si una pared traslúcida nos permitiera ver tan sólo una fracción del total de estrellas que discurren por el lechoso camino. Imaginemos por un momento el alto brillo que tendría la Vía Láctea si no fuera por este polvo: y, si no queremos imaginarlo, no tenemos más que dirigir nuestra mirada a M24.

M24 es una ventana, una zona del cielo libre de polvo y gas que nos muestra directamente lo que hay detrás, una claraboya que nos permite mirar directamente al brazo de Norma. Atravesamos, de esa manera, nuestro propio grupo de estrellas, el brazo de Sagitario-Carina e incluso el brazo de Centauro para sumergirnos aún más lejos, entre estrellas que se encuentran más allá de 12.000 años luz de distancia. Con el siguiente esquema podemos hacernos una idea de nuestro punto de vista:

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Apuntemos con nuestros prismáticos al “cúmulo” estelar, y nos sorprenderemos con la cantidad de estrellas que podemos contar. De hecho, es el lugar donde más estrellas podemos ver en el mismo campo del ocular, habiendo mil de ellas al alcance de cualquier instrumento, dispersas por una superficie de apenas 2 grados de ancho y 1 de alto. Tan brillante es que puede apreciarse a simple vista como un enaltecimiento de la Vía Láctea, entre las pequeñas manchas que se corresponden con M8, la Laguna, y M17, la Nebulosa del Cisne. Si no fuera por el polvo interestelar toda la Vía Láctea tendría un brillo similar a M24, tanta luz que incluso proyectaría nuestra sombra sobre el suelo. En esta fotografía, realizada por Juan Francisco Salinas Jiménez, podemos apreciar la zona en cuestión: es verdaderamente difícil hacerse a la idea de que esa condensación de la Vía Láctea se sitúa en realidad mucho más lejos que las regiones colindantes, que pertenecen al cercano brazo de Sagitario-Carina.

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Autor: Juan Francisco Salinas Jiménez

La ventana que supone M24 tiene, a 12.000 años luz de distancia, un diámetro de unos 600 años luz, y en ella vemos la superposición de estrellas, cúmulos y nebulosas que se sitúan incluso a 16.000 años luz de distancia. Muy relacionado con esta situación se encuentra el término “extinción”, que no es más que el oscurecimiento de los objetos debido a la absorción y dispersión de la radiación electromagnética producida, principalmente, por gas y polvo. Por regla general se ha calculado que la extinción es responsable de que, por cada 3200 años luz de distancia, el brillo de los objetos disminuya entre 0.7 y 1 magnitudes. A 12.000 años luz, donde comienzan las estrellas de M24, esto supondría una disminución de su brillo en casi 4 magnitudes, pero la extinción de M24 se ha estimado en tan sólo 1.5.

M24, conocida también como la “Pequeña Nube de Sagitario” (la Gran Nube de Sagitario es otra región especialmente brillante y de mayor tamaño que se encuentra al oeste de la constelación), es realmente espectacular a través de unos simples prismáticos. Con una forma alargada, cientos de estrellas brillan en su interior, resultando imposible contarlas todas. La mayoría de ellas tienen una edad muy joven, de unos 220 millones de años, aunque destacan algunas estrellas rojizas que denotan una vida más larga y, probablemente, una situación más periférica con respecto al núcleo de la galaxia. Una de las más destacadas, apreciable sin dificultad a través de los prismáticos, al norte de M24, se denomina HD 167720, con una magnitud de 5.8. Es de tipo espectral K4 y, a casi 1000 años luz de distancia, es una gigante roja con un diámetro 40 veces mayor que nuestro sol.

Pero no nos quedemos en la visión global de esta familia de estrellas que, si bien resulta sobrecogedora, tiene más que ofrecernos si nos fijamos en los detalles. Sus dos elementos más llamativos, si la noche es oscura, serán dos nebulosas oscuras conocidas como Barnard 92 y Barnard 93, ambas situadas a una distancia mucho más cercana, a pocos cientos de años luz. El gas que las forma no se encuentra iluminado por ninguna fuente de luz, por lo que actúan como una pared bloqueando por completo lo que hay tras ellas. La más evidente es B92, que cuenta con una opacidad de 6 (siendo ese valor el más oscuro en la escala que elaboró Edward Emerson Barnard), mientras que B93, más pequeña, tiene un valor de opacidad de 4. Aparecen como dos pequeñas manchas negras, al norte de M24, siendo B93, más alargada, la única que contiene una débil estrella en su interior. B93, por cierto, era conocida antiguamente como el “agujero negro”, aunque dicho nombre quedó en desuso tras el descubrimiento de los famosos agujeros negros, que nada tienen que ver con estas nubes oscuras.

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Otro detalle llamativo de M24 es un cúmulo abierto que a menudo se ha confundido con la propia nube estelar. Se trata de NGC 6603, un interesante cúmulo abierto situado a unos 12.000 años luz de distancia. Esta familia de estrellas tiene una edad estimada en 200 millones de años, suficientes para que la nebulosa que les diera origen se haya diseminado por completo. La mayoría de ellas son de tipo espectral B, una treintena de componentes cuyo brillo individual no supera la magnitud 14. Sin embargo, su alta densidad hace que el cúmulo en conjunto brille con una magnitud de 11.4, por lo que será fácil de apreciar como una pequeña nebulosidad en el centro de M24. Con el Dobson de 30 cm se aprecian multitud de sus componentes, si bien con los prismáticos de 22×100 mm sólo se distingue una minúscula nubecilla redondeada, apenas destacada entre el inmenso brillo de la nube estelar. Por cierto, muy cerca de este cúmulo hay una estrella doble visible a bajo aumento, HD 168021. Sus dos componentes, de magnitudes 6.4 y 7.9, tienen una separación de 18 segundos de arco. La enorme cantidad de estrellas, sin embargo, resta protagonismo a este sistema binario que, de otra manera, captaría invariablemente nuestra atención.

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M24 contiene aún otros tesoros por resolver: una pequeña nebulosa planetaria denominada NGC 6567, más cúmulos abiertos como Collinder 469 y Markarian 18, así como algunas nebulosas oscuras menos evidentes. Tendremos tiempo para ir estudiando todos estos detalles, completando así la topografía de esta ventana al interior de nuestra galaxia. Muy cerca, además, como podemos comprobar en el dibujo, está el cúmulo abierto M18, así como otras grandes regiones HII que iremos viendo progresivamente.