El grupo Maffei (2ª parte)

Le toca el turno hoy a otra de las principales galaxias de este interesante grupo que, como comentábamos en la última entrada, es uno de los más cercanos a nuestra galaxia y, de no ser porque el disco de la Vía Láctea nos obstruye la visión, sería una de las grandes maravillas del cielo. Nuestra protagonista es, en esta ocasión, IC 342, una galaxia más conocida que sus compañeras ya estudiadas, y de la que podremos disfrutar con mayor facilidad.

Foto IC 342 NOAO.jpg

Crédito: NOAO

Fue descubierta por William F. Denning en 1980 con un reflector de 25 cm, lo cual da una idea de su dificultad: IC 342 es apreciable con pequeños refractores, aunque si queremos distinguir más detalles deberemos usar mayor apertura. Es una galaxia espiral que presenta una orientación casi de frente, aunque su forma no se conoció hasta 1934, cuando Edwin P. Hubble y Milton L. Humason la vieron en fotografías de Mt. Wilson, en California. Se conoce como la “Galaxia Oculta” por estar situada en el plano del disco galáctico, detrás de una gran cantidad de estrellas y polvo, aunque no se encuentra tan oscurecida como Maffei 1 o Maffei 2. Su distancia se ha estimado entre 7 y 11 millones de años luz, difícil de precisar por la materia que se interpone desde nuestro punto de visión. Si estuviera situada en otro lugar del firmamento su aspecto sería sobrecogedor, compitiendo probablemente con la mismísima M51.

IC 342 esconde una pequeña barra central, fácilmente visiblefoto-ic-342-spitzer en imágenes en infrarrojo del Spitzer. Su núcleo presenta una gran proliferación de estrellas, al igual que sus brazos. El gas, muy abundante en esta galaxia, se canaliza a través de la barra central y estimula la formación de nuevas estrellas. Justo en la zona más interna se han encontrado dos grandes regiones HII cuyas estrellas tienen apenas una edad de 5 millones de años, enormes estructuras que reciben el nombre de supercúmulos (en nuestra galaxia sólo se conoce un supercúmulo, Westerlund 1 en la constelación Ara, del cual aconsejo su lectura en Internet por ser extremadamente interesante). Realmente, alrededor del núcleo de IC 342 hay una estructura anular con una intensa formación estelar, en la que se ha documentado la presencia de al menos 5 nubes moleculares gigantes y numerosas regiones HII. No hay en esta galaxia un agujero negro supermasivo, como en tantas otras, sino todo lo contrario: una explosión de vida que se abre camino como una gran ola.

IC 342 mide unos 60.000 años luz de diámetro, lo cual se traduce en unos 21 minutos de arco (a modo de comparación, M51 tiene un diámetro de 11 minutos de arco). Su magnitud, de 9.1, sería mucho menor si habitase la constelación de Virgo o Pegaso, pero tendremos que conformarnos con su visión a través del polvo galáctico. El telescopio WISE (Wide-field Infrared Survey Explorer) ha fotografiado IC 342 en el infrarrojo, atravesando la nube de polvo de nuestra galaxia, y ha mostrado una enorme red de filamentos en sus brazos que se distribuyen en multitud de segmentos, refulgiendo por la intensa proliferación estelar a la luz de enormes estrellas recién nacidas.

A leggy cosmic creature comes out of hiding in this infrared view from NASA's Wide-field Infrared Survey Explorer, or WISE. The spiral beauty, called IC 342 and sometimes the

IC 342 captada por el WISE

IC 342 es, a la vez, fácil y difícil de ver. Por un lado, es extremadamente sencillo apreciar su núcleo, que brilla intensamente como una pequeña esfera luminosa y difusa, acompañando a una bonita hilera de seis estrellas que nos servirán de guía. Sin embargo, ver sus brazos en espiral es harina de otro costal. Tenemos que tener en cuenta que presentan un bajo brillo superficial y que, además, se distribuyen por una gran extensión, lo cual no ayuda a distinguirlos. Por ello nos beneficiaremos de aumentos bajos, ya que si usamos elevados aumentos corremos el riesgo de enmascarar por completo estos detalles. En mi caso, a 115 aumentos obtuve la mejor imagen, con el ocultar Hyperion de 13 mm. El núcleo destacaba intensamente, dejándose ver rodeado de un halo extremadamente débil, cuyos bordes se perdían sin forma alguna. Tras un buen rato usando visión periférica y tratando de relajar la mirada pude atisbar uno de sus principales brazos, que nace del núcleo y se dirige hacia el sur describiendo un fantasmagórico arco. Otro brazo, más tenue incluso, se adivina oculto tras la hilera de estrellas, perdiéndose rápidamente en un extremo de ésta hacia el norte. Para disfrutar de IC 342 hace falta un cielo verdaderamente oscuro, bajo el cual se pueden apreciar más brazos, incluso con menor apertura, aunque esos cielos brillan por su ausencia en los lugares que habitamos. Hoy en día, los cielos oscuros suenan casi a leyenda, a fábulas de ancianos, aunque todos los aficionados soñamos con esperanza el día de acercarnos a uno de ellos…

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El grupo Maffei (1ª parte)

Hoy vamos a comenzar un excitante viaje por uno de los grupos galácticos más cercanos a nosotros y, al mismo tiempo, uno de los menos conocidos. Estamos hablando del grupo Maffei, una familia de una veintena de galaxias que quedan parcialmente ocultas por la Vía Láctea, motivo por el que han pasado desapercibidas hasta hace unas pocas décadas. Fue en 1967 cuando Paolo Maffei, escudriñando el cielo en longitud de onda infrarroja, vio dos objetos que, en la constelación de Casiopea, brillaban intensamente, apenas visibles en longitud de onda visual. Bautizó a las fuentes de infrarrojo como Maffei 1 y Maffei 2, y pocos años después se conoció su verdadera naturaleza, dos galaxias que parecían estar muy cerca de nuestra propia galaxia. Previamente Sharpless las había detectado, aunque pensó que eran nebulosas de emisión, por lo que las denominó Sh2-191 y Sh2-197 (pasaban altamente desapercibidas al compartir parcela celeste con la archiconocida y deslumbrante Nebulosa del Corazón o IC 1805). A finales del siglo XX, el estudio en otras longitudes de onda permitió observar estas galaxias a través del polvo de la Vía Láctea, que hasta entonces había actuado como un turbio telón, y así es como llegamos a conocer a estas vecinas con las que compartimos algo más que la mera geografía. Se comprobó que no vagaban solas por el espacio, sino que compartían vuelo con otra galaxia espiral, IC 342, así como diversas galaxias de menor tamaño (Dwingeloo 1, 2, NGC 1560 o NGC 1569 son algunos otros de sus principales componentes). Hoy en día se conocen 24 galaxias en esta familia, que parecen disponerse en dos subgrupos, el subgrupo de IC 342 y el de Maffei 1, siendo éste último el que se encuentra oculto por mayor densidad de polvo galáctico. En la siguiente imagen, captada en IR, podemos apreciar a Maffei 1 y Maffei 2 muy cerca de IC 1805. Maffei 1 es esa mancha elongada y difusa, de color azulado, que ocupa el centro de la imagen a la izquierda. Maffei 2 aparece como una nube más blanquecina y alargada justo arriba.

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El estudio del movimiento de Maffei 1 e IC 342 llevó a la conclusión de que habían estado en contacto con M31, la galaxia de Andrómeda, hace entre 5000 y 8000 millones de años luz, poco después de la formación del Grupo Local, y fueron expulsadas velozmente a raíz de dicho encuentro. Estos datos provocaron un cambio a la hora de concebir la relación entre la Vía Láctea y M31, ya que se habían usado ambas galaxias como pilares para explicar la evolución del Grupo Local. Sin embargo, al aparecer el grupo Maffei en escenario la situación cambió, de manera que habría que estudiar preferentemente la relación entre las cuatro galaxias principales, ya que el acercamiento de Andrómeda a la Vía Láctea podría deberse, en mayor o menor medida, a la interacción con Maffei 1 e IC 342. Vemos así que existe una gran interrelación en el cosmos, que se asemeja más a un océano lleno de corrientes que a un vacío estático.

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Maffei 1 es la galaxia elíptica gigante más cercana al Grupo Local, situándose a unos 10 millones de años luz. Es una galaxia que alcanza los 75.000 años luz de diámetro, la mitad que la Vía Láctea, y está formada por estrellas de baja metalicidad, lo cual indica una edad avanzada, como la mayoría de galaxias elípticas. Cerca de su núcleo, sin embargo, se hace evidente cierto proceso de proliferación estelar que ha tenido lugar en los últimos 100 millones de Foto Maf 1.jpgaños, si bien no es más que un suspiro de aire fresco en una residencia de ancianos. Todo apunta a que tiene una gran cantidad de cúmulos globulares, como la mayoría de las galaxias elípticas, habiéndose estimado su número en unos 1100, si bien es extremadamente difícil apreciarlos debido a las interferencias con nuestra propia galaxia. La extinción, el “ocultamiento” por la Vía Láctea, se ha estimado en unas 4.7 magnitudes, de manera que si estuviera situada en otro lugar más limpio de gas y polvo brillaría con una magnitud cercana a 7, destacando sobre la mayoría de galaxias. Así, el tamaño que presenta en visual es de apenas 2 minutos de arco de longitud, mientras que si la observamos en infrarrojo ocupa un área de 23 minutos de arco de diámetro, tres cuartas partes de la luna llena. A la hora de observar Maffei 1 con nuestros telescopios tenemos que tener en cuenta que es pequeña y débil, con un bajo brillo superficial, estando camuflada en un grupito de estrellas que reciben el nombre de Czernik 11, un discreto cúmulo abierto en el que contamos 7 u 8 componentes. Y allí, entre el rombo que forman sus principales estrellas, veremos el núcleo de Maffei 1, luchando por dejarse ver tras el telón de la Vía Láctea. Teniendo en cuenta que es un objeto de pequeño tamaño, será mejor usar oculares de gran aumento. En el Dobson de 30 cm el que mejor resultado me proporcionó fue el Cronus de 7 mm, con 214 aumentos, de manera que oscurecía un poco más el fondo y permitía obtener un mejor contraste, dejándose ver esa nubecilla ovalada y tenue, especialmente con visión periférica.

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Maffei 2 es harina de otro costal… Se sitúa más lejos que Maffei 1, a unos 16 millones de años luz, y es una bonita espiral barrada que me recuerda enormemente a M109. Presenta dos prominentes brazos que nacen en los extremos de su barra central y que brillan extremadamente en el infrarrojo, mostrando una bárbara proliferación estelar. De hecho, Maffei 2 es la galaxia de brote estelar (starbust) más cercana a nosotros, una galaxia joven repleta de regiones HII y grandes cúmulos de estrellas. Esta proliferación podría deberse a una posible interacción en el pasado con alguna de las múltiples enanas que pueblan la zona, aunque en el momento actual no muestre signos de fusión reciente.

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Maffei 1 era distinguible con pequeños telescopios, incluso con uno de 10 cm bajo un cielo oscuro, pero Maffei 2 no nos lo pondrá tan fácil. Su escaso brillo puede hacernos temblar, ya que se le atribuye una magnitud de 16, aunque al ser pequeña y densa nos facilitará (levemente) la tarea. Se encuentra cerca de Maffei 1, y para atisbarla necesitaremos conocer con total precisión su posición, así como tener conciencia de que roza lo invisible. La mínima apertura necesaria ronda los 30 cm y, además, el cielo tiene que ser de los más oscuros que podamos soñar en la Península. En mi caso la observé desde el Puerto de Blancares, una oscura zona a 40 minutos de Granada que siempre me ha permitido ver objetos verdaderamente débiles. Me sorprendió poder distinguir a Maffei 2 con relativa facilidad, usando la visión periférica, apenas como una difusa y minúscula nube, recordándome su visión a PGC 16865, la lejana galaxia que aparece inmersa en NGC 1807. Sin embargo, PGC 16865 se encuentra a 246 millones de años luz mientras que Maffei 2 está a tan solo 16 millones. Imaginemos por un momento la cantidad de materia que se interpone entre nosotros y Maffei 2 para que ambas galaxias parezcan similares… De hecho, esta galaxia se encuentra aún más enturbiada que Maffei 1, oscurecida en 5.7 magnitudes, por lo que no es de extrañar que haya sido descubierta a finales del siglo pasado.

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*En el siguiente enlace podéis leer más sobre la estructura y composición de este grupo, con detalles sobre cada una de las galaxias que lo forman:

http://iopscience.iop.org/article/10.1086/313255/pdf

El fantasma de Acuario (NGC 7492)

Un objeto puede ser extremadamente débil por dos motivos principales: o bien se encuentra extremadamente lejos, o bien hay algo que bloquea su camino e interfiere en la observación. El objeto de hoy encaja en el primer subgrupo. Se trata de NGC 7492, un cúmulo globular que se encuentra en la constelación de Acuario, no muy lejos de la galaxia NGC 7606, que ya vimos con anterioridad. Este cúmulo globular fue descubierto por William Herschel en 1786, y es uno de los objetos más débiles que podemos encontrar en el catálogo NGC, más incluso que algunos globulares del catálogo Palomar. A pesar de contar con una magnitud visual que ronda la 11, su brillo superficial es muy bajo, por lo que supondrá un desafío observarlo.

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NGC 7492 es un globular bastante lejano, situado a unos considerables 84.000 años luz de distancia hacia el sur de nuestra galaxia, formando parte de la región más periférica del halo, esa gran estructura esferoidal que rodea al disco galáctico y que está poblado por estrellas de edad avanzada. La edad de las estrellas de NGC 7492, como se puede intuir al ver su tonalidad rojiza en fotografías de larga exposición, es muy elevada, tanto como la edad de la propia galaxia, por lo que probablemente se formaron a la vez. No se han encontrado restos de colas ni otros signos de interacción que sugieran que NGC 7492 pudiera ser parte de una antigua galaxia satélite devorada por la nuestra, así que pocas aventuras podrá contarnos esta lejana familia de estrellas que mide entre 100 y 150 años luz de diámetro. Contiene unas pocas estrellas variables y algunas azules rezagadas, posiblemente formadas a raíz de la fusión de dos estrellas. La densidad del cúmulo es mínima, habiendo sido catalogado como un globular de tipo XII en la clasificación de Shapley-Sawyer, el extremo de menor concentración de estrellas. Sus componentes más brillantes alcanzan la magnitud 15.5, estando fuera del alcance de un telescopio normal. Nuestro mayor mérito será, por tanto, distinguir sus fotones entre el cielo estrellado.

Para ello podemos localizar a la estrella delta Aquarii, también conocida como Skat, una estrella blanca de magnitud 3.2 y 4.5 veces mayor que nuestro sol, y desde ella saltaremos de estrella en estrella hasta llegar al cúmulo globular. Una vez en el campo no nos extrañemos si no percibimos nada más que algunas estrellas dispersas. La primera vez que vi a NGC 7606 no tenía ni idea de lo débil que era, así que tuve que confirmar varias veces que me encontraba en el lugar correcto. Cuando no me cupo duda de su situación me aparté del telescopio y relajé todo mi cuerpo con los ojos cerrados, dispuesto a hacer un esfuerzo. Finalmente, comencé a notar una difusa nube sin bordes definidos que delataba su presencia. Ningún núcleo más intenso, ninguna estrella en ese disco tan tenue, nada más que un fantasma apenas distinguible, que por momentos adquiría una forma redondeada. A 214 aumentos aumentaba ligeramente el contraste con el fondo, aunque aun así no era más que un suspiro. Sin embargo, ahora sé que poco más se puede pedir a este distante vecino. Dos estrellas muy débiles parecen rozarle, enfrentadas, en la periferia, pero no son más que transeúntes de paso en la misma línea de visión.

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La belleza de la ausencia (NGC 7606)

La constelación de Acuario es un lugar, por lo general, poco conocido. Es verdad que el número de objetos de cielo profundo que contiene no es de los más altos, pero aun así podríamos dedicar varias noches a explorar sus rincones más recónditos y seguro que nos sorprenderíamos con el resultado. Hoy vamos a viajar a una lejana galaxia que se encuentra en la región más septentrional de la constelación, una galaxia que se denomina NGC 7606 y se sitúa a unos 100 millones de años luz de distancia, solitaria en una zona relativamente pobre en galaxias.

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Crédito: Mt. Lemmon SkyCenter (Universidad de Arizona)

Es una galaxia espiral que se nos presenta en un ángulo de inclinación cercano a los 40 grados, mostrando varios brazos que se arremolinan alrededor de un brillante núcleo redondeado que no muestra evidencia de ninguna barra central. Sus brazos, bien definidos, están salpicados  por regiones azuladas, miles de millones de estrellas jóvenes que se disponen a través de 175.000 años luz de diámetro, dimensiones mayores que nuestra Vía Láctea. En el interior, como ocurre en la mayoría de galaxias, el color se torna amarillento, fruto de las estrellas más ancianas que suelen poblar el bulbo. Sin embargo, no son sus estrellas la faceta más llamativa de NGC 7606, sino precisamente la ausencia de ellas, patente en una zona al norte del núcleo, en la que los brazos, simplemente, parecen dejar un hueco entre sí, como si alguien le hubiera disparado con un cañón cósmico provocándole un agujero en su estructura. La causa de esta peculiar formación es desconocida, apenas hay estudios sobre esta galaxia, aunque, si tenemos en cuenta “malformaciones” ocurridas en otras galaxias, el motivo siempre suele ser una interacción con alguna otra compañera. Un agujero de estas dimensiones (a ojo, unos 20.000 años luz de diámetro) no se puede explicar con un evento estelar, viéndonos obligados a culpar a una anterior colisión o interacción con otra galaxia. Es de extrañar que NGC 7606 no llamase la atención de Hilton Arp y no la incluyese en su catálogo de galaxias peculiares.

Encontrar esta galaxia no es complicado, ya que si la noche es oscura sólo tendremos que fijarnos en un bonito grupo de tres estrellas que reciben el nombre de psi Aquarii (más concretamente psi 1, psi 2 y psi 3, siendo esta última una estrella doble con una separación de 1.4” y unas magnitudes de 5 y 9 en sus componentes). Ya que estamos en esta zona podemos aprovechar para disfrutar de una pequeña estrella doble, HD 220436, cuyos componentes, ambos de magnitud levemente superior a 7, están separados por 6.8”, conformando un bonito sistema de fácil resolución. Desde aquí no tenemos más que navegar durante un grado de arco para llegar a nuestra galaxia, NGC 7606, que ronda la magnitud 11 y está, por tanto, al alcance de telescopios de baja apertura si observamos desde un cielo oscuro. En primer lugar veremos su núcleo, que se nos muestra como una mancha redondeada y brillante, rodeado por un débil halo que se difumina hacia sus bordes de forma fantasmagórica. Se encuentra entre dos brillantes estrellas que nos pueden servir de referencia a la hora de intentar cazar su región más oscura, cosa nada fácil y que requerirá una buena adaptación a la oscuridad. Conforme pasan los minutos veremos que el halo tiene una forma elongada, y entonces, si tenemos paciencia, nuestros ojos captarán un difuso vacío de pequeño tamaño que se sitúa en su región septentrional, visible tan sólo con visión periférica y durante algunos segundos. No es tarea fácil mantener la concentración tanto tiempo, y nuestros ojos corren el riesgo de cansarse. Llega un momento en que podemos notar una pérdida de visión, y entonces lo mejor es descansar un momento, levantarnos y dar un paseo por la zona (teniendo cuidado de no deslumbrarnos con ninguna fuente de luz). Luego podremos intentarlo de nuevo, y notaremos que los detalles que antes nos evadían ahora se muestran tímidamente, con los bordes más definidos. Sin duda, una galaxia más de las que disfrutar cuando el horizonte sur se encuentre limpio de contaminación lumínica.

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Venus, la estrella de la tarde

En primer lugar queremos desearos unas felices fiestas y buena entrada del año y, para inaugurar el 2017 vamos a hablar de un objeto del que cualquiera puede disfrutar y que todos, sin falta, hemos contemplado estos días al atardecer. Nos referimos, por supuesto, a Venus, el lucero del alba o la estrella de la tarde. En términos generales, es uno de los cuatro planetas rocosos de nuestro sistema solar, ocupando el segundo puesto en cuanto a cercanía al Sol. Es el planeta más caluroso que conocemos, a pesar de que Mercurio esté más cerca aún del astro rey, y el motivo no es otro que su atmósfera, que alcanza una densidad 92 veces mayor que la de la tierra y es rica en dióxido de carbono (un 96% de su composición, para ser más exactos), lo cual deriva en un intenso efecto invernadero que retiene el calor de los rayos solares. De esta manera, la temperatura en Venus puede llegar a los 460 grados centígrados, mayor que la temperatura que podemos obtener en nuestros hornos convencionales: no parece un lugar muy ameno para vivir, y aún lo es menos si tenemos en cuenta la presencia de nubes de ácido sulfúrico, amén del activo vulcanismo que erosiona su superficie. No obstante, algunos proyectos recientes han sugerido la posibilidad de instaurar una base de investigación en el planeta, no en su superficie sino en la atmósfera, de manera que podría construirse una estructura “flotante” en una zona menos mortífera. De hecho, a unos 50 km de altura las condiciones de temperatura y presión son muy similares a las de nuestro planeta, por lo que la existencia de ciudades flotantes no sería algo tan descabellado (tendríamos que hacer frente, eso sí, a las nubes de ácido sulfúrico que se sitúan en esa franja atmosférica).

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La densa atmósfera de Venus (crédito: NASA)

Venus es un planeta extremadamente lento en su rotación, de manera que tarda 243 días en dar una vuelta sobre su propio eje, girando además en dirección contraria al resto de los planetas del Sistema Solar. Sin embargo, su año dura 224 días terrestres, así que podemos decir que su día es mayor que su año. Con un diámetro de unos 12.000 km, Venus es considerado un gemelo de la Tierra, y sus condiciones fueron, una vez, similares, pudiendo albergar agua líquida en su superficie, y quien sabe si alguna forma primitiva de vida. Especulaciones sobre la vida en Venus se han gestado desde finales del siglo XIX, afirmando Svante Arrhenius, químico sueco, que Venus era un planeta verde y húmedo, con una vida similar a la del período Carbonífero terrestre, poblado por anfibios y los primeros reptiles. Por supuesto, hoy sabemos que dicha afirmación no se acerca a la realidad, si bien cuando el sistema solar era joven las condiciones en Venus eran más favorables, gracias, en parte, a que el sol desprendía menos calor (un 40% menos que actualmente). Tampoco se puede descartar que no haya pequeños microorganismos habitando su atmósfera, lo cual explicaría a presencia de algunos gases ricos en azufre que, según nuestros conocimientos, no deberían formarse de manera inorgánica. Sea como sea, todo lo que podemos hacer sobre el tema es especular y soñar con otras formas de vida, la respuesta nos llegará cuando el hombre vuelva a salir al espacio.

El movimiento de Venus siempre ha llamado la atención del ser humano, ya que se caracteriza por asomar consecutivamente a ambos lados del Sol, alejándose un poco de él para lugar volver como si estuviera anclado a él, como si oscilara en forma de péndulo. Esto se debe a su órbita más interna que la nuestra, algo sencillo de comprender si imaginamos su situación con respecto a nuestro planeta, como podemos ver en la siguiente imagen.

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En la imagen queda patente uno de los mayores atractivos del planeta, y es que, según su posición con respecto al Sol, nos muestra distintas fases, de la misma manera que nuestra luna. Así, cuando Venus se encuentra al otro lado del Sol nos muestra su cara completa, y mientras se va acercando su fase va disminuyendo. Así, a medida que aumenta su diámetro aparente la superficie iluminada del planeta es menor, apareciendo como una bella y delicada luna menguante, hasta que desaparece de nuestra vista deslumbrado por el sol para reaparecer, al cabo de varios días, por el otro lado.

A día de hoy, 1 de enero de 2017, Venus tiene un diámetro de 21.8 segundos de arco y su superficie iluminada es de un 56%. Es un momento interesante para observarlo porque podremos apreciar, gradualmente, cómo va menguando poco a poco, si bien el tamaño del disco será mayor. Lo observé con el Dobson de 30 cm el 28 de diciembre, siendo aparente su forma a bajo aumento, apareciendo como una luna gibosa extremadamente brillante. Lo mejor de este planeta es que puede verse antes de que anochezca, evitando con ello un deslumbramiento seguro. Decidí usar 300 aumentos para intentar distinguir algún detalle más. La superficie del planeta, como hemos comentado, está cubierta de nubes, pero a veces se pueden apreciar distintos matices si la atmósfera acompaña. En mi caso me llamó la atención la claridad de la periferia que, gradualmente, iba oscureciéndose a medida que se acercaba al núcleo. Una especie de sombra rompía la homogeneidad de su superficie, con una orientación vertical, que en un primer momento confundí con un artefacto visual. Sin embargo, posteriormente pude comprobar, comparando con observaciones de otros aficionados, que la sombra era una región más oscura de su atmósfera, destacando por sus bordes rígidos. En dos meses nos ofrecerá la silueta de una bella sonrisa, la misma que Galileo descubrió con su telescopio en el siglo XVII, la misma que desafiaba a la teoría geocéntrica, y todo eso podemos apreciarlo con el más simple de los telescopios desde nuestras casas. De hecho, en los momentos de fase más extrema es posible distinguir su silueta a simple vista, cuando el planeta presenta un diámetro de unos 60 segundos de arco. Necesitaremos para ello una estabilidad atmosférica excepcional, además de vista extremadamente aguda, pero nada nos impedirá intentarlo cuando llegue la primavera.

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