Galaxias cinceladas (NGC 300)

En la última entrada disfrutábamos de los interesantes detalles de NGC 55, y hoy veremos a su llamativa compañera que, a tan sólo 650.000 años luz de distancia, viaja a su lado más allá de los límites de nuestro Grupo Local. Se trata de NGC 300, una galaxia de tipo SA(s)d, lo cual significa que es una galaxia espiral sin estructura anular, con brazos difusos de baja densidad.

Su aspecto nos recuerda enormemente a M33, la Galaxia del Triángulo, y su distancia se ha estimado en poco más de 6 millones de años luz, situándose por delante de NGC 55. Hay algunos autores que consideran que ambas galaxias no pertenecen realmente al Grupo del Escultor, sino que incluso podrían formar parte del Grupo Local, y es que se encuentran rozando la frontera entre uno y otro, de manera que es difícil de precisar. Al igual que M33, presenta una importante proliferación estelar que podemos observar en la multitud de nebulosas y regiones HII que pueblan sus brazos, así como miríadas de estrellas azuladas que se pueden apreciar a pesar de la distancia. Muchas de esas nebulosas son remanentes de supernova, burbujas de gas que se están expandiendo a gran velocidad. De hecho, en 2010 se registró una supernova que alcanzó la magnitud 16, y será responsable de añadir una nota más de color a esta composición tan variopinta.

Foto NGC 300.jpg

Crédito: ESO

Esta galaxia puede vanagloriarse por contener el agujero negro estelar más masivo que se conoce, un objeto extremadamenteOriginal X-1.b.jpg interesante que se conoce como NGC 300 X-1. No se trata tan sólo de un agujero negro, sino que forma parte de un sistema binario, y el otro componente de esta pareja no es una estrella normal: es una enorme estrella Wolf-Rayet. Estas estrellas, como veíamos en esta entrada, son cuerpos muy masivos que crecen rápidamente, perdiendo material gracias a los veloces vientos que se generan a su alrededor y que llegan a alcanzar corrientes de millones de kilómetros por hora. Imaginemos por un momento a la imponente esfera azul girando alrededor de un agujero negro que, con 20 masas solares, va absorbiendo poco a poco el gas que la forma, produciendo destellos a medida que engulle la materia acretada: la realidad supera, en ocasiones, a la ficción. Ambos completan una órbita en tan sólo 32 horas, lo cual da una idea de sus rápidos movimientos.

The black hole inside NGC 300 X-1 (artist’s impression)

En 2008 se descubrió otro peculiar objeto, denominado en inglés como OT, traducción de transitorio óptico. Este objeto brilló con una magnitud de 14.3 en mayo, y revisando anteriores fotografías se encontró que ya estaba presente un mes antes, con una magnitud de 16. Previamente, en febrero, no había rastro de ningún punto luminoso, por lo que su aparición fue bastante repentina. Dio mucho que hablar, ya que su emisión era demasiado intensa para ser una nova, pero demasiado débil para ser una supernova. Aparecieron diversas hipótesis para explicar su naturaleza, siendo una de las más probables la que apuntaba a una fusión entre dos estrellas que, como dos bolas de billar colisionando a miles de kilómetros por hora, habían liberado una gran cantidad de energía. La masa conjunta debía de estar entre 12 y 25 veces la masa de nuestro sol, con lo cual su encuentro no debió pasar desapercibido.

NGC 300 presenta un brillo superficial relativamente bajo (otro punto en común con M33), así que no esperemos ver la misma definición que en NGC 55, por lo menos si la observamos a baja altura sobre el horizonte. No obstante, podremos disfrutar de ella si tenemos la paciencia necesaria para extraer sus sutiles detalles. En primer lugar apreciaremos su núcleo redondeado, al lado de una brillante estrella, con bordes poco definidos que van perdiéndose poco a poco en un tímido y amplio halo galáctico. Uno de sus principales brazos pasa muy cerca del núcleo, entre dos estrellas, y es quizás su estructura más visible, aunque no es tarea fácil. Justo al lado podemos ver una gran región HII, de varios miles de años luz de diámetro, que aparece como una pequeña mancha apenas perceptible con visión periférica. Conocer su situación exacta será imprescindible para poder apreciarla, y también podremos aspirar a intuir otro de sus brazos, que se abre más ampliamente que el anterior desde el núcleo. Su región más visible, al menos la que yo pude observar con el Dobson de 30 cm, es la que hay cerca de otra estrella al oeste, apareciendo como una nebulosidad muy difusa y alargada a su alrededor. NGC 300 es visible incluso a través de unos prismáticos, pero para observar estos detalles tendremos que recurrir al telescopio y a aumentos elevados. En mi caso el ocular que me resultó más útil fue el Hyperion de 13 mm, que me proporcionaba 115 aumentos y unos 30 minutos de campo en el ocular.

ngc-300

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