Rubí entre diamantes (M37)

Los cúmulos abiertos pueden no ser, a priori, los objetos más espectaculares del cielo, si bien poco a poco se van ganando el apego de cualquier astrónomo aficionado. Ya sea por su densidad, por la disposición de sus estrellas, el tamaño o alguna forma curiosa, cada cúmulo abierto es único, aunque de entrada pueda parecer “uno más”. En mi opinión, uno de los efectos más llamativos que comparten muchos cúmulos abiertos es la presencia de una brillante estrella roja que corona o preside la familia de estrellas, como un rubí en medio de blancas piedras preciosas. Su presencia tiene que ver, a menudo, con la edad del cúmulo. Cuando las estrellas son jóvenes predomina el azul, como podemos comprobar, por ejemplo, en las Pléyades. Son grandes estrellas que consumen hidrógeno y generan una importante cantidad de energía, especialmente intensa en el ultravioleta. Tras varias decenas de millones de años, e incluso cientos de millones de años tras su nacimiento, algunas de estas estrellas han consumido todo su hidrógeno, “perdiendo fuelle”, de manera que la gravedad gana terreno y genera un aumento de presión y temperatura que estimula la combustión del helio en el núcleo y de hidrógeno en las capas externas, comenzando así la fase de gigante roja, en la que la atmósfera de la estrella se expande enormemente, alcanzando un tamaño cientos de veces mayor que nuestro sol.

Estas estrellas rojas, que han entrado en la “edad adulta”, son las que contrastan con el resto de estrellas azuladas de estos cúmulos abiertos, que no tardarán mucho en seguir su mismo destino. M52, NGC 6940 o NGC 1857 son algunos ejemplos de cúmulos con estrellas rojas llamativas, y hoy vamos a ver uno de los grandes que cumplen esta premisa, el rey de los cúmulos abiertos en Auriga. Nos referimos a M37, también conocido como NGC 2099, el tercero de la línea de cúmulos que podemos apreciar con prismáticos y que está conformada por M38, M36 y M37. Su primer descubridor fue Giovanni Battista Hodierna, en 1654, siendo descrito por Messier un siglo después. Con una magnitud de 6, es visible a simple vista como una débil mancha pequeña si la noche es oscura, deslumbrando al ser observado con cualquier instrumento. La mayoría de fuentes coinciden en otorgar a M37 una distancia que varía entre 4.400 y 4.700 años luz, situándose por delante del brazo de Perseo desde nuestro punto de vista. Es uno de los cúmulos más ricos, con referencias que citan más de 2000 estrellas entre sus componentes. Su edad, de entre 400 y 500 millones de años, es relativamente avanzada para un cúmulo abierto, motivo por el que vemos, sobre todo en fotografías de larga exposición, un gran número de estrellas rojas. Sin embargo, la gigante roja central es la que se lleva el protagonismo, llamada HD 39183, una estrella de tipo espectral M1. Su temperatura, a pesar de lo que su intenso color pudiera sugerir, es más fría que la de nuestro sol, llegando a los 3600 kelvin. Su enorme expansión es la causante de que disminuya la temperatura, ya que el calor debe distribuirse por un volumen mucho mayor.

Foto M37.jpeg

Si M36 nos parecía un cúmulo interesante conformado por brillantes estrellas, nos sorprenderá comprobar cómo M37 es capaz de robarle protagonismo a base de la unión de incontables estrellas diminutas. De entrada, a bajo aumento, llama la atención su forma triangular, que se expande por un área de unos 24 minutos de arco de diámetro. Incontables estrellas se dispersan por toda su extensión, estrellas débiles pero tan numerosas que producen un fuerte efecto visual. La mejor visión la obtuve a 62.5 aumentos, con el Televue Panoptic de 24 mm, ocupando M37 casi la mitad del campo. El fondo, tremendamente poblado de estrellas, no era capaz de ocultar la magnificencia del cúmulo. Una brillante estrella roja de magnitud 6.3, V440 Aurigae, compartía campo a su izquierda, añadiendo aún más atractivo al conjunto. Su tipo espectral M3 denotaba un intenso color rojizo, superando incluso a la ya mencionada estrella central de M37. La región circundante al cúmulo tenía tantas estrellas que sería difícil saber si pertenecen o no a la familia. Había superado largamente la centena cuando perdí la cuenta.

M37.png

Pero la estrella rojiza del centro no es lo único curioso de esta agrupación estelar. Si observamos desde un lugar oscuro nos llamará fuertemente la atención una banda oscura que pasa junto a la mencionada estrella, una zona alargada casi carente de estrellas, que se puede ver también en la mayoría de fotografías, cortando el triángulo a nivel transversal. Con paciencia se aprecian otras zonas oscuras, destacando otra línea que cruza sobre la anterior de forma perpendicular, formando una cruz con el eje al lado de la estrella central. Algunas alineaciones de estrellas se perfilan también más allá de los bordes del cúmulo, añadiendo variedad a este cuadro celeste con tintes rojizos que resultará difícil de olvidar.

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