Breve historia de un cúmulo globular (NGC 6749)

Los cúmulos globulares, que nos parecen tan alejados del tumultuoso disco galáctico, no tienen una vida precisamente tranquila. Hay dos grandes poblaciones de estos cúmulos en nuestra galaxia, los que se encuentran más cercanos al núcleo, en el bulbo, y los más alejados o cúmulos del halo. Según pertenezcan a uno u otro grupo sus características serán diferentes, de manera que los más internos son especialmente ricos en metales (elementos más pesados que el hidrógeno y helio). Los cúmulos del halo, más alejados del tumulto galáctico (supernovas, nubes moleculares en interacción…) se han formado en un medio “libre de humos”, exento de dicha concentración de elementos pesados, por lo cual sus estrellas son ricas en hidrógeno y helio. Todas estas esferas estelares van girando alrededor del núcleo galáctico como una canica que se lanza al lavabo. Si su velocidad es demasiado elevada (velocidad de escape) acabará saliendo disparada por el borde; de otra manera, irá perdiendo gradualmente energía hasta caer finalmente en el oscuro sumidero, que en nuestro ejemplo sería el centro más denso de la Vía Láctea, lugar de residencia de nuestro agujero negro supermasivo.

Durante la mayor parte de su existencia (algunos llegan a los 13.000 millones de años) los cúmulos globulares vagan alrededor de la galaxia sin grandes cambios, perdiendo sutilmente energía, de manera que al final de su vida la gravedad vence la partida y son atraídos al centro galáctico. Algunos sobreviven a su paso por el centro, a costa de perder gran parte de su población de estrellas, aunque luego volverán a ser arrastrados nuevamente, de manera que es imposible que escapen de su inexorable destino. No sólo tienen que luchar contra la gravedad del núcleo de la galaxia, sino contra la gravedad del conjunto de estrellas y gases que pueblan el bulbo.

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NGC 6749 era un cúmulo solitario y tranquilo hasta que, recientemente, la gravedad se empeñó en atraerle al centro de la galaxia. Se formó hace 13.000 millones de años en el halo galáctico, algo que sabemos gracias a su composición pobre en metales. Recientemente atravesó el centro de la galaxia, encontrándose hoy a menos de 1000 años luz del eje ecuatorial de la galaxia, siendo el globular más “céntrico” de cuantos conocemos Se encuentra situado, desde nuestro punto de vista, justo detrás de la Gran Nube del Escudo, una inmensa aglomeración de estrellas con una masa estimada de 10.000 millones de masas solares. Si a eso sumamos, la masa de la barra central de nuestra galaxia (20.000 millones de masas solares) y la del propio bulbo galáctico, que posee un 30% de la masa total de nuestra galaxia, el resultado es tan descomunal que NGC 6749 no tiene ninguna posibilidad de salir ilesa: está rozando ese anillo metálico de la boca del sumidero del lavabo, y es cuestión de tiempo que tanta fuerza termine por dispersas todas sus estrellas.

NGC 6947 es un cúmulo de pequeño tamaño, estimándose su diámetro en unos 45 años luz, y extremadamente difuso, tanto que en la categoría de Shapley-Sawyer ocupa el número XII, el último número de la lista. Otra causa de su dificultad observacional es el oscurecimiento que sufre por su situación. Miles de millones de estrellas pertenecientes al brazo de Orión, así como a todas las estructuras mencionadas, se interponen en nuestra visión, sumado a una gran cantidad de gas, remanentes de supernovas y polvo en general. NGC 6749 alcanzaría una magnitud 4 veces más brillante de no ser por las estrellas y el polvo que bloquean su visión. Su magnitud visual es de 12.4, siendo sus estrellas más brillantes de la 16.5.

Hay algo de discordancia en cuanto a la identificación de este objeto, ya que John Herschel, en 1827, lo describió como “un cúmulo de débiles estrellas dispersas que ocupan todo el ocular”, siendo su posición además 8 minutos más alejada del cúmulo globular. Parece que Herschel pudo haber catalogado simplemente una región más densa de la Vía Láctea, ya que con su telescopio difícilmente podría haberlo resuelto, y su descripción no se adapta a la realidad que hoy conocemos. Y es que NGC 6749 es un cúmulo extremadamente débil, uno de esos objetos con un brillo superficial tan bajo (de 21.8) que se aprecia como un tenue fantasma con visión lateral (tiene fama de ser el cúmulo del catálogo NGC más difícil de ver). Aproveché para observarlo una visita al Veleta, el punto más alto de Sierra Nevada al que se puede llegar en coche, con una atmósfera inmejorable. La única pega esa noche fue el frío viento que nos sorprendió con poco abrigo, pero la calidad visual de los objetos hizo que mereciera la pena. De hecho pude apreciar el brillo tenue y disperso de NGC 6749 sin gran esfuerzo, con una brillante estrella marcando uno de sus bordes. Con visión lateral sus límites se expandían algo más, alcanzando unos 4 minutos de arco de diámetro. Con el paso de los minutos algunas minúsculas estrellas se asomaron en la periferia, para desaparecer sobre la marcha, como una chispa incandescente que se encuentra excesivamente lejos. Me lo tomé como un regalo de la atmósfera cristalina en compensación por el frío que me estaba haciendo pasar.

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