Un arco de luz (NGC 1491)

Perseo, una vez más, va a sorprendernos con una bonita nebulosa que guarda entre su principal estrella y Auriga, una zona poco conocida pero rica en objetos interesantes. De entrada tenemos varios cúmulos abiertos dignos de ver, como son NGC 1528 o NGC 1513, nubecillas de unos 10 minutos de arco apreciables con prismáticos y resueltas en multitud de estrellas cuando observamos a través del telescopio. Pero hoy nos vamos a ocupar de una nebulosa de emisión que se denomina NGC 1491, también conocida como Sh2-206 o la “Nebulosa de la huella fósil”.

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T.A. Rector (Alaska Anchorage), H. Schweiker & S. Pakzad (NOAO)

Nos situamos en la región más externa del brazo de Perseo, a unos 11.000 años luz de distancia, una zona rica en estrellas y en cuyo seno se ha formado esta región HII que brilla con un color rojo intenso en fotografías de larga exposición. La estrella BD +50 886, un astro de tipo espectral O5, es la encargada de ionizar la nebulosidad que hay a su alrededor, otorgando a la nebulosa su característico brillo. Tenemos en mente que las regiones HII son lugares donde se están gestando estrellas, pero eso no siempre es así, como ocurre en este caso, en el que encontramos una región HII evolucionada. En NGC 1491 no hay signos de actividad proliferativa en el momento actual, sino que las estrellas se formaron hace algunos millones de años. El infrarrojo nos ayuda a conocer este dato, ya que las estrellas “recién nacidas” son muy brillantes en esta longitud de onda. Sin embargo, no se han encontrado fuentes brillantes que puedan asociarse a este proceso, tan sólo algunos puntos en el infrarrojo medio. Estos puntos podrían ser pequeñas estrellas rojizas de corta vida, pero hasta que no se estudien en el infrarrojo cercano no podrá precisarse. Sea como sea, lo que sí sabemos es que NGC 1491 es una brillante nebulosa de emisión con gran cantidad de hidrógeno ionizado, presentando un frente de ionización muy llamativo e intenso que parece abrirse camino a través del medio interestelar a una velocidad de 110 km por hora, similar a un coche por la autovía.

NGC 1491 mide 25×35 minutos de arco si tenemos en cuenta la longitud de onda h-alpha, aunque en luz visible apenas llega a los 5 minutos de arco, que es la zona más brillante que podemos ver en las fotografías. Es una de esas nebulosas en las que el filtro UHC ayuda bastante, aunque es tan brillante que puede disfrutarse sin más ayuda que un telescopio. Descubierta por William Herschel en 1790, a bajo aumento ya se distingue como una pequeña zona de nebulosidad próxima a una pequeña estrella de magnitud 11, que no es sino la ya mencionada BD +50 866, la estrella responsable de ionizar la nube de hidrógeno circundante. Con el Hyperion de 13 mm, a 115 aumentos, la nebulosa adquiría una curiosa forma arqueada, rodeando a la estrella principal, con la zona inmediatamente inferior más brillante. El filtro UHC ayudaba a definir ese arco, aumentando el contraste con el fondo del cielo. La zona más brillante parecía tener dos franjas algo más luminosas, sólo percibidas con visión periférica y en los momentos en los que la atmósfera quedaba más estable. Hacia los bordes la nebulosa pierde brillo rápidamente, con sus bordes difusos, terminando en su extremo occidental de forma apuntada, como el pico de un ave.

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Observación en Sierra Nevada (28/11/16)

Cuando alguien está esperando algo durante mucho tiempo, la simple palabra “puede” es capaz de hacer que remueva cielo y tierra hasta conseguirlo. Tras casi dos meses sin tener un cielo en condiciones (nubes, luna…), ayer por fin la previsión del tiempo auguraba algunos momentos claros por la noche en lo alto de Sierra Nevada. El resto de Granada permanecería bajo gruesas nubes, pero, al parecer, en las alturas podría verse el cielo, eso sí, con un frío considerable. Sin tener certeza sobre el punto de corte de las nubes, me armé de abrigo y monté el equipo en el coche, consciente de que iba a ser la única noche que me ofrecía alguna posibilidad. Llovía cuando salí, y el termómetro comenzó a descender un grado cada 4 minutos. A medio camino de mi lugar de observación una imponente niebla rodeó al coche, impidiendo la visión dos metros más allá, con finas gotas que golpeaban el cristal. Se fue de repente, y comprendí entonces que era una densa nube, que ahora quedaba atrás. Me sumergí en otra nube, disminuyendo la velocidad en las curvas del camino. Entonces pude ver la primera estrella, tímida y emborronada, y supe que iba a salir bien. Al girar una curva un deslumbrante Venus me saludó por el oeste, más brillante de lo que lo había visto nunca, y paulatinamente el cielo se fue poblando de puntos luminosos. Una vez arriba pude contemplar el mar de nubes que quedaba bajo mis pies, tapando la luz que, como una fuente, escupía Granada. En el cielo, un millar de estrellas esperaban a ser exploradas. No eran las mejores condiciones, una fina capa luminosa recorría el firmamento, probablemente por pequeñas motas de humedad, pero, después de dos meses sin una buena noche, me pareció el mismo paraíso. A las 20:30 ya estaba sentado frente al Dobson, navegando por la constelación de Casiopea.

Mis primeros objetivos fueron dos cúmulos, NGC 559 y NGC 225, que tienen al lado sendas nebulosas oscuras. Sin embargo, desconocía el lugar exacto de las nebulosas y esa leve “claridad” del cielo rompía el contraste que necesitaba para apreciarlas, por lo que cambié de objeto, yendo a Perseo para ver NGC 1491. Es una nebulosa de emisión que en fotografías muestra una silueta similar a una pisada de animal con tres garras, y visualmente es brillante y llamativa, curvándose alrededor de una estrella. El filtro UHC resaltaba la visión, mostrando con mayor claridad esa nube en la que se están formando estrellas. Le tocó el turno después al cadáver de una estrella que está provocando un verdadero espectáculo. Se trata de Sh2-188, una nebulosa planetaria esférica que está interaccionando con el medio interestelar, dejando una estela de gas tras de sí que puede apreciarse en fotografías de larga exposición. Sólo pude ver el lado de la esfera que arremete contra el espacio, gracias al filtro OIII, muy tenue y tras un buen rato de adaptación, pero no todos los días podemos ver algo así. Van der Bergh 1, abreviada VdB 1, es una nebulosa de reflexión que se sitúa cerca de Caph o Beta Cas, y se mostraba como una débil nebulosidad asociada a un triángulo brillante de estrellas.

En ese momento el cielo se estropeó un poco, apareciendo la imagen de las estrellas algo distorsionada, así que decidí probar con algo fácil, como los cúmulos M34 y M37, ambos espectaculares y muy distintos entre sí. M34, brillante y disperso, contrastaba con M37, que presenta una multitud de pequeñas estrellas, más de un centenar, dispuestas de forma triangular. Tras observar M37 aproveché para hacer un repaso de los cúmulos M36 y M38, siempre interesantes de ver, e incluso estuve un rato observando IC 410, la impresionante nebulosa que rodea a un poblado cúmulo abierto, y que resalta mágicamente con el filtro UHC. Volví al coche a calentarme: el termómetro llegó a marcar los 5 grados bajo cero y, aunque llevaba ropa especialmente abrigada, las manos se resentían un poco. Tras unos minutos entrando en calor decidí ir a cazar galaxias, viajando al infinito en la constelación de Fornax. Comencé con Fórnax A, una enorme galaxia elíptica con un agujero negro supermasivo en su interior, responsable de emitir intensas ondas de radio, y luego disfruté de NGC 1635, una preciosa galaxia barrada que muestra dos llamativos brazos que salen de su barra central y adoptan forma de letra Z. Por último, observé el corazón del Cúmulo de Fórnax, sorprendiéndome de la cantidad de manchas dispersas y brillantes que aparecían por el ocular, a pesar de estar muy bajas sobre el horizonte. Después de viajar por esos lugares tan remotos descansé la vista con un sistema solar realmente peculiar, la conocida Sigma Orionis, un sistema de 6 estrellas que giran formando caprichosas órbitas en la constelación de Orión. Viendo sus principales 4 estrellas, no resultaba difícil imaginarlas girando entre sí, con la brillante estrella principal en el centro, como el eje de una gran rueda cósmica.

El frío me venció a las 00:30, tras cuatro hora de disfrute que sirvieron para matar el gusanillo y poder aguantar un poco más en medio de este tiempo invernal. Mientras volvía por la carretera Orión, a mi izquierda, parecía acompañarme desde la distancia, y Sirio apareció brillando sobre la montaña, conformando la bella imagen que preconiza la llegada del invierno.

Poker en Casiopea (Be 58, NGC 7788, NGC 7790, Frolov 1, H21)

La constelación de Casiopea es una de las más ricas en cúmulos abiertos gracias a su localización privilegiada en pleno brazo galáctico de Perseo, una de las zonas más densas de nuestra Vía Láctea. En una noche oscura podemos contemplar una inmensa cantidad de pequeñas nubecillas si barremos la constelación con unos buenos prismáticos, cúmulos abiertos de todo tipo y tamaño. Hoy vamos a ver una cadena de cúmulos que se sitúan cerca de Caph o Beta Cas, uno de los extremos de la conocida “M” o “W”.

De los cúmulos que vamos a estudiar, NGC 7788 pertenece a la asociación Casiopea OB5, una gran familia de gas y jóvenes estrellas que se encuentran a unos 7000 años luz de distancia, ocupando un área de 600 años luz de diámetro. La brillante estrella 6 Cas es la reina estelar de esta asociación, con una magnitud de 5.4. Es una supergigante blanca de tipo espectral A3 y una masa equivalente a 25 soles. El resto de cúmulos se encuentran algo más alejados de esta zona, aunque pertenecen también a los dominios del Brazo de Perseo.

Nuestra primera parada se encuentra a 2 grados y medio de Caph, marcando un extremo de esta prodigiosa hilera, y se denomina Berkeley 58, abreviado como Be 58. Es un cúmulo abierto de magnitud 9.7 que se encuentra a 8800 años luz de distancia y, con un tamaño de 11 minutos, es el mayor de cuantos vamos a ver hoy. Tiene una forma redondeada y sus estrellas, muy débiles, lo hicieron pasar desapercibido a ojos de muchos astrónomos hasta mediados de siglo XX, cuando Gösta Lynga compiló el catálogo Berkeley en la Universidad de California. Visualmente es especialmente atractivo, apareciendo primeramente como una delicada nube circular que, al prestar un poco de atención, se revela como un enjambre de diminutas luciérnagas. A bajo aumento se distinguen algunas de sus innumerables estrellas, mejorando su visión a mayores aumentos.  La estrella CG Cas es una cefeida que se encuentra en su corona, perteneciendo presumiblemente al cúmulo, gracias a lo cual podemos estimar la edad de éste en unos 100 millones de años.

Muy cerca de Be 58 podemos contemplar al llamativo NGC 7790, un cúmulo con una forma triangular que recuerda a un cometa. Las estrellas de su extremo más estrecho se encuentran mucho más agolpadas, dando un efecto nebuloso, mientras que la “cola” tiene componentes más dispersas, aunque más brillantes. Con una magnitud de 8.5, es fácilmente visible en unos prismáticos, apareciendo como una pequeña mancha de unos 5 minutos de arco de diámetro. Es un cúmulo único si atendemos a sus estrellas cefeidas, ya que se han encontrado cuatro de éstas bajo su amparo. Lo más fascinante es que dos de ellas forman un sistema binario, siendo la primera estrella doble descubierta cuyos componentes son ambos cefeidas. Recibe el nombre de CE Cas, y ambas estrellas tienen una magnitud de 11 y están separadas por 2.4 segundos de arco, lo cual corresponde a 8000 unidades astronómicas. Tienen un período de entre 4 y 5 días, variando su magnitud levemente. Si recordamos esta entrada, el periodo de las estrellas cefeidas nos informaba acerca de su magnitud absoluta, gracias a lo cual podíamos inferir su distancia, convirtiéndose así en unas de las principales candelas astronómicas, responsables de conocer la naturaleza extragaláctica de las “nebulosas espirales” en la década de los 20. El hecho de que dos cefeidas estén situadas a la misma distancia las convierte en una situación excepcional que permitirá obtener una mayor precisión en la calibración de estas candelas astronómicas. Curiosamente, NGC 7790 contiene dos cefeidas más, llamadas CF Cas y QX Cas, ambas con una variabilidad de unas pocas décimas de magnitud en un período de entre 3 y 5 días. Estas estrellas han permitido estimar la distancia del cúmulo en unos 10600 años luz, así como una edad de unos 120 millones de años.

NGC 7788 nos espera un poco más arriba, con una magnitud de 9 y un tamaño de 9 minutos de arco, adoptando una agradable forma trapezoidal que queda englobada entre cuatro estrellas más brillantes. Es algo más débil que NGC 7790, pero sus estrellas, al igual que las de su compañero, son fácilmente resolubles, al menos una veintena de ellas a bajo aumento. NGC 7788 se encuentra a 7800 años luz de distancia y sus estrellas, en su mayoría de tipo espectral B1, son extremadamente jóvenes. El siguiente cúmulo es tan pobre en estrellas que su naturaleza podría ser discutida, si bien sus estrellas parecen estar a la misma distancia y formar, al menos, una pequeña familia. Su nombre es Frolov 1, un cúmulo situado a 8350 años luz y con una magnitud de 9.2 que está compuesto por apenas una decena de estrellas dispuestas sin ninguna forma aparente. Al verlo tras el ocular por primera vez lo confundí con una zona cercana de mayor densidad de estrellas, si bien no hay ningún otro cúmulo catalogado en las cercanías. Para terminar vamos a echar un vistazo a Harvard 21, algo más llamativo que su vecino, compuesto por una veintena de estrellas muy débiles que se disponen sobre una tenue nubecilla de fondo que contribuye a aumentar la sensación de cúmulo, probablemente formada por multitud de estrellas irresolubles. Los cinco cúmulos pueden ser observados con un ocular de bajo aumento y telescopios de focal corta. En mi caso usé el ocular Panoptic de 24 mm, obteniendo 1 grado de campo de visión, con lo cual necesité hacer el dibujo en dos partes para englobar a los cinco cúmulos. Por cierto, para los aventureros que vayan a observar la zona, hay un sexto cúmulo que me pasó desapercibido en su momento, situado justo por encima de Harvard 21. Se trata de King 12, una pequeña y abigarrada familia de soles que pertenecen, junto a NGC 7788, a la asociación Casiopea OB5.

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Opinión del Dobson Skywatcher 305/1500 mm extensible

Recuerdo cuando vi esa gran caja de cartón (además de otras más pequeñas) y me quedé pensando cómo iba a caber en mi pequeño coche. El Dobson de 30 cm había llegado para quedarse, y al final resultó ser incluso más manejable de lo que parecía a simple vista. Mi anterior telescopio había sido un Newton de 20 cm mal colimado, así que el salto fue abismal. La idea de este artículo, sugerida por mi amigo Leo de Alarcón Web, es hacer una breve reseña sobre el Skywatcher extensible 305/1500, un telescopio que, como su nombre indica, tiene una abertura de 30 cm y una distancia focal de 1500 mm, con lo que obtenemos una relación focal f/5.

Si bien el aspecto más destacado de este telescopio es su tubo, la montura no se queda atrás, aunque tiene un público más restringido que otras. Es una montura de tipo altazimutal que consiste en una “caja de madera” situada sobre una base giratoria, con dos salientes internos en los cuales se apoya finalmente el tubo. Su uso es tan sencillo como mover el tubo hacia donde queramos, ya que la montura permite su movimiento tanto en vertical como en horizontal. Gracias a este manejo tan natural podemos encontrar los objetos en cuestión de unos pocos segundos si conocemos bien su situación, y ésta es, a la vez, una virtud y una desventaja. Virtud, porque nos obliga a conocer el cielo para usarlo, es un estímulo para convertirnos en navegantes de las estrellas a la búsqueda de los objetos celestes. Por otro lado, si usamos elevados aumentos tendremos que sudar para mantener centrado el objeto en cuestión, ya que atravesará el campo de visión a toda velocidad. También es un inconveniente a la hora de realizar astrofotografía, ya que no puede realizar ningún tipo de seguimiento. Cabe decir que en los últimos años hay monturas de tipo Dobson que cuentan con un motor de seguimiento que sirve para no tener que estar constantemente moviéndolo, si bien su uso en fotografía no es tan adecuado. Pero estamos hablando hoy del telescopio básico, el que viene sin cables de ningún tipo y que, por tanto, acota al usuario con las siguientes características:

-Observador visual.

-Observador con conocimientos del cielo. Éste último requisito podría cambiarse por “con ganas de conocer el cielo”, ya que es perfectamente adecuado para el iniciado que quiere aprender de verdad la geografía celeste (un buen atlas y la práctica hacen innecesarias las modernas tecnologías GoTo y similares).

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El tubo es la segunda pieza de este puzle, y no hay más. No hay cables, ni aparatos electrónicos, botones, pantallas… El tubo extensible es el elemento que encarece un poco este tipo de Dobson, pero es sin duda necesario cuando no contamos con un vehículo lo suficientemente espacioso para llevarlo. Cabe sin problemas en el maletero de mi Peugeot 208, mientras que la montura va en el asiento de atrás junto con el resto del equipo. Esto reduce la preparación del telescopio a dos simples pasos:

  1. Colocar la base.
  2. Enganchar el tubo.

Cuando tus compañeros estén comenzando a desenredar los cables de sus equipos tú ya estarás mirando galaxias tras el ocular, y eso es una gran ventaja. El tubo, como telescopio reflector que es, está compuesto por un espejo primario, situado en la base posterior, que envía la imagen recogida a un pequeño espejo secundario, encargado de lanzarla hacia el ocular. Es increíble que con dos simples espejos podamos ver objetos situados a cientos de millones de años luz, es algo que nunca me quito de la cabeza y uno de los motivos por los que debemos sentirnos afortunados los aficionados de este siglo. Cuando usemos grandes aumentos necesitaremos unas buenas condiciones atmosféricas: cuando la estabilidad es óptima las imágenes planetarias muestran un detalle increíble, de manera que se pueden apreciar múltiples cordilleras e incluso sistemas nubosos en Marte, la divisón de Encke en los anillos de Saturno, y los entresijos nubosos de las franjas de Júpiter, así como los eclipses de sus principales satélites. Su magnitud límite teórica se sitúa entre 14 y 15, si bien este último valor es fácilmente superable si observamos bajo un cielo oscuro. En mi caso he llegado a observar alguna galaxia especialmente densa de magnitud alrededor de la 16, así como algunos globulares de la Galaxia de Andrómeda que cuentan con una magnitud de 15.5, así que es cuestión de disponer de un buen lugar de observación y unas condiciones atmosféricas idóneas.

 

Galaxias

En los objetos difusos es donde el Dobson de 30 cm demuestra su verdadero potencial, de manera que podemos usar elevados aumentos sin que la galaxia pierda presencia, apreciando brazos galácticos e incluso ¡nebulosas y cúmulos situados en otras galaxias! Por poner algunos ejemplos, la vista de M51 a 214 aumentos es, sencillamente, sobrecogedora, pudiendo distinguir varias de sus regiones HII dispersas por sus arremolinados brazos; los cúmulos de galaxias parecen realmente cúmulos, enormes agrupaciones galácticas con muchos de sus componentes visibles, como es el caso de Pegasus I; las Galaxias de las Antenas, NGC 4038 y NGC 4039, son dos galaxias en interacción que muestran sus desgarrados halos si observamos desde un lugar oscuro; NGC 6822, la Galaxia de Barnard, se aprecia sin ninguna dificultad y nos muestra algunas de sus grandes nebulosas.

Nebulosas difusas

Otro de sus puntos fuertes, el Dobson de 30 cm posee una gran superficie recolectora de luz, de manera que puede mostrar cualquier nebulosa del catálogo NGC e IC, así como del esquivo catálogo Sharpless. La Nebulosa Norteamérica, la de Gamma Cygni o la Roseta son nebulosas que saltan a la vista en cuanto ponemos el ojo tras el ocular. La famosa Nebulosa de Orión, así como la Laguna, muestra tal cantidad de detalles que parece que estamos contemplando una fotografía en blanco y negro.

Nebulosas planetarias

La capacidad del telescopio de usar elevados aumentos sin hacer que se desvanezcan los objetos débiles es una gran característica que permite observar con precisión las nebulosa planetarias, mostrando una inmensa cantidad de ellas una estructura anular, así como débiles halos a su alrededor y algunas esquivas estrellas centrales que, con menor abertura, pasan totalmente desapercibidas. Sin embargo, estos pequeños objetos dependen en gran medida de la calidad atmosférica, pero en las “noches buenas” el nivel de detalle que pueden mostrar es asombroso.

Cúmulos abiertos y globulares

En los cúmulos podemos apreciar un gran nivel de resolución. Los cúmulos abiertos mostrarán el grueso de su cohorte de estrellas, apareciendo todas perfectamente puntuales y, a menudo, resolviendo el típico “fondo neblinoso” de algunos en multitud de finas estrellas. Los cúmulos globulares muestran todo su esplendor, ya que el Dobson de 30 cm puede resolver la gran mayoría de ellos, excepto los más esquivos o alejados. Aquí fue donde aprecié uno de los mayores cambios con respecto a telescopios de menor abertura, ya que el núcleo de muchos globulares aparece perfectamente resuelto en multitud de estrellas agolpadas, y la extensión de la periferia también parece ser mayor.

Para terminar, y tras año y medio de uso, creo que destacaría los siguientes puntos:

-A favor:

  • Fácil montaje y manejo.
  • Gran abertura –> Gran cantidad de objetos disponibles para ver.
  • Rapidez para guardarlo (en las noches de invierno se agradece).

-En contra:

  • Seguimiento manual complicado a altos aumentos.
  • Imposibilidad de astrofotografía de larga exposición.

No es un instrumento que recomendaría para comenzar, a no ser que el comprador sea un enamorado de la astronomía y sepa que no se va a cansar. Sin embargo, es la opción perfecta para aquel astrónomo que busca “algo más” pero dentro de unos límites que permitan usarlo con comodidad y frecuencia. “El mejor telescopio es el que más se usa”, reza un dicho, y el Dobson de 30 cm tiene el máximo tamaño para cumplir esta premisa.

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Un diamante escondido en Perseo (NGC 1023)

La constelación de Perseo es conocida por acoger bajo su manto varios famosos objetos de cielo profundo, como M34, la planetaria M76, el Cúmulo Doble o Abell 426, el cúmulo de galaxias de Perseo. Sin embargo, guarda muchos otros tesoros, incluyendo una impresionante galaxia que linda con M34. Recuerdo haber leído sobre ella hace muchos años, de manera que siempre estuvo en mi mente, pero no fue hasta hace unas semanas que me decidí a verla con paciencia y en profundidad, sorprendiéndome por el nivel de detalle que es capaz de mostrar. Se trata de NGC 1023, una bonita galaxia lenticular que, además, es tremendamente interesante cuando comenzamos a leer sobre sus entresijos astrofísicos.

En primer lugar, NGC 1023 es la protagonista del grupo de galaxias que lleva su nombre, una familia formada por más de 60 galaxias que se encuentran a una distancia de entre 30 y 40 millones de años luz. Su cercanía es la responsable de que las veamos dispuestas sobre un área relativamente grande del cielo, de manera que también forman parte de este grupo las interesantes NGC 891 y NGC 925, en Andrómeda y Triángulo, respectivamente. El grupo de NGC 1023 contiene un número significativo de galaxias espirales y un gran ejército de galaxias enanas, muchas de las cuales bailan alrededor de NGC 1023. Las enanas elípticas predominan en la zona más cercana a la galaxia principal, el halo, mientras que las enanas irregulares se encuentran algo más alejadas, cayendo hacia NGC 1023 atraídas por su gravedad. La principal galaxia satélite, PGCC 10139, también es conocida como NGC 1023A, y supone un interesante reto visual al telescopio. Una gran “burbuja” de hidrógeno neutro rodea a este sistema, mostrando una pequeña cola de marea por encima de NGC 1023A, muestra de una reciente interacción, aunque su estructura no se encuentra muy alterada aún. En unos pocos miles de millones de años formarán parte del mismo cuerpo, como ocurrirá con el resto de pequeñas satélites que orbitan a su alrededor. NGC 1023A ha servido para que Halton Arp incluyera a la pareja de galaxias en su catálogo bajo la denominación Arp 135, otro aliciente más para apuntar con el telescopio.

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En NGC 1023 se han descubierto unas interesantes agrupaciones de estrellas en forma de débiles cúmulos abiertos, muy grandes, que se han venido a llamar “faint fuzzies”, que podríamos traducir como manchas tenues. Estos cúmulos, al parecer, son formas muy evolucionadas de cúmulos abiertos como los que conocemos en nuestra galaxia, con estrellas extremadamente añosas, llegando en algunos casos a los 12.000 millones de años de edad. Su naturaleza, así como su origen, son todavía materia de investigación, habiéndose propuesto también como un subtipo de cúmulos globulares. Nos queda mucho por conocer aún.

Se ha comprobado también que la velocidad de rotación de NGC 1023 es mucho mayor que la que se produciría debido a sus estrellas y a los objetos observables, de manera que podría estar rodeada por un halo de materia oscura que aportara dinamismo a su gravedad. Y hablando de gravedad, se ha comprobado que la velocidad en regiones más internas alcanza valores muy elevados, y numerosos cálculos han llevado a la conclusión de que en el núcleo de la galaxia reside un agujero negro supermasivo con una masa de entre 40 y 60 millones de soles.

Y ahora vamos a coger el telescopio y a buscar un lugar oscuro para disfrutar de esta maravilla que se encuentra a poco más de 3 grados de M34. Apreciable incluso con unos grandes prismáticos, su magnitud de 9.3 la hace evidente al primer vistazo en telescopios de moderada abertura. Con mi Dobson de 30 cm la aprecié como una mancha alargada con un intenso núcleo, inmersa en un campo de estrellas muy poblado (no olvidemos que estamos observando a través de nuestra propia galaxia). Decidí usar el ocular Cronus de 7 mm, obteniendo 214 aumentos, que me permitieron apreciar aún mejor la galaxia. Su núcleo, redondeado, resaltaba enormemente, y podía verse sin dificultad un halo brillante de forma romboidal, extendido hacia ambos lados. Dos estrellas rozaban este halo con timidez, mientras que otra débil estrella brillaba al otro lado. El resto del disco de NGC 1023 se extendía en horizontal alcanzando unos 7 minutos de longitud y unos 2 minutos de anchura, conformando una espectacular visión. Una hilera de estrellas se disponía a un lado de la galaxia, siendo la más brillante de ellas SAO 55779, una estrella doble. Es de magnitud 9.09 y su compañera, aunque sea una pareja visual (no se orbitan mutuamente) es una débil estrella de magnitud 14.30 que se encuentra a 12 segundos de arco de distancia, muy interesante de ver. Esta hilera de estrellas es la que usé como referencia para encontrar la esquiva NGC 1023A, la pequeña galaxia enana que orbita a NGC 1023. Necesité bastante tiempo para que mi visión se adaptara completamente, así como conocer su lugar exacto, pero al final comenzó a dejarse ver, extremadamente débil, como una pequeña mancha rozando el disco de la galaxia. Es uno de los objetos más difíciles de cuantos he visto, pero el esfuerzo merece la pena, añade un toque distinto a esta galaxia, ya de por sí bastante completa, aunque infravalorada. Su visión bajo un cielo verdaderamente oscuro es un regalo a la vista, una imagen de la que es difícil cansarse.

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No es lo que parece (NGC 1579)

El título de la entrada hace referencia a la sorpresa que me llevé cuando leí sobre la verdadera naturaleza de NGC 1579. Uno acaba asociando colores a sustancias, de manera que los colores rojizos suelen hacernos pensar en regiones HII, zonas donde el hidrógeno se ioniza con las estrellas que se están formando. NGC 1579, conocida como la Trífida del Norte, es una bella nebulosa que se encuentra en la constelación de Perseo, y llama la atención en las fotografías por su forma y por su color, que recuerdan en gran medida a M20, la Trífida. Sin embargo, como reza el título, no todo es lo que parece, y ese color rojizo de NGC 1579 no se debe al hidrógeno ionizado, sino a la luz reflejada por una estrella muy joven…

Empecemos por el principio, dejando claro que una nebulosa puede ser iluminada por dos motivos, que sirven para incluirla en una de las siguientes categorías: por un lado, las nebulosas de emisión son aquéllas cuyo hidrógeno se encuentra ionizado por una brillante estrella, generalmente estrellas masivas de vida corta, y emiten ese característico color rojizo que conocemos, por ejemplo, de la Nebulosa de la Laguna, M42 o NGC 7000. La luz es emitida, literalmente, por el hidrógeno que forma la nube, un mecanismo totalmente diferente a lo que ocurre en las nebulosas de reflexión. En éstas, simplemente, el gas transmite la luz que le llega de una estrella, es decir, no “produce” luz nueva, sino que la luz se refleja en la nube. Las estrellas que iluminan las nebulosas de reflexión suelen ser gigantes azules que transmiten su color a la nebulosa, y ese es el motivo por el que la mayoría de ellas aparezcan de esa tonalidad. Sin embargo, como en todo, hay excepciones, y NGC 1579 es una de ellas. Su color rojizo me había llevado a pensar que sería una nebulosa de emisión, como también le ocurrió a Sharpless, que la identificó como región HII y la catalogó como Sh2-222, pero resulta que hay una gran cantidad de polvo entre la nebulosa y nosotros que altera nuestra percepción. Cuando observamos en lugares de nuestra galaxia especialmente poblados de estrellas, como sucede en los brazos espirales, suele haber un efecto conocido como extinción o enrojecimiento, ya que la luz azul es atenuada con mayor intensidad por el polvo interestelar y el resultado es que el objeto en cuestión aparece más rojizo. Y de ahí el motivo del color de NGC 1579, una nebulosa de reflexión que se encuentra fuertemente atenuada, como podemos apreciar en la siguiente imagen de Alson Wong:

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Situada a unos 2100 años luz de distancia, NGC 1579 sufre una importante extinción por una nube de polvo denominada Lynds 1482 que pertenece a la nube molecular de Taurus-Auriga, situada a unos 500 años luz. La asociación Perseus OB2, que ya estudiamos en esta entrada, también se encuentra en la misma línea de visión, a medio camino entre la nebulosa y nosotros. NGC 1579 es una zona de formación estelar iluminada por sus jóvenes estrellas, algunas de las cuales excitan levemente el gas que les rodea, de manera que hay pequeñas zonas que son realmente nebulosas de emisión, si bien no es la nota predominante. La estrella más importante se llama LkHα-101, una joven estrella de 15 masas solares y un brillo 8000 veces superior al de nuestro sol que tiene una edad extremadamente joven, cubierta por una pequeña región HII. Se encuentra en un momento muy interesante de su formación estelar, justo cuando se está desprendiendo de la envoltura gaseosa que, a modo de placenta, cubre todas las estrellas que están naciendo. En cualquier momento este gas circundante se desprenderá del todo y la estrella brillará con más fuerza aún. LkHα-101 es la principal responsable de iluminar NGC 1579, y eso es algo que sabemos con precisión gracias a su espectro, que coincide completamente con el de la nebulosa. No es la única estrella de la zona, sino que comparte parcela con un centenar de ellas, todas con una edad estimada en apenas medio millón de años. Poco a poco, a medida que salgan de sus “caparazones” de gas, ionizarán todo el gas de alrededor y lo que veremos será una nebulosa de emisión. La siguiente imagen, obtenida con el Hubble, se centra en la región más interna de NGC 1579, captando una de sus llamativas franjas oscuras. La estrella que destaca en la esquina inferior derecha es la mencionada LkHα-101:

Foto NGC 1579 cerca.jpg

Para disfrutar de NGC 1579 merece la pena hacerlo desde un cielo oscuro y con una atmósfera estable, ya que su brillo superficial es más bien bajo y su tamaño, de apenas 6 minutos de arco, requerirá que usemos aumentos considerables si queremos apreciar más detalles. Se encuentra a medio camino entre Perseo y Auriga, pudiendo encontrarlo a partir de cualquiera de estas constelaciones. A bajo aumento, una vez pongamos el ojo en el ocular, es posible que nos pase desapercibida momentáneamente, aunque en seguida notaremos una débil nubecilla que aparece con visión indirecta. Poco a poco la nube va cobrando mayor intensidad, conforme el ojo se va adaptando, y a 214 aumentos muestra una relación tamaño-brillo adecuada para apreciar algunos de sus detalles. En primer lugar destaca el centro, más brillante y con una forma triangular, que se dispersa a lo largo de unos 3 minutos de arco. Sus bordes decaen rápidamente, pero pueden atisbarse jirones de gas situados más allá, destacando quizás una zona que se encuentra junto a dos estrellas especialmente unidas. El filtro UHC no ayudaba, lo cual me resultó extraño, ya que, por lo general, las regiones HII se realzan bastante: NGC 1579 ya estaba dando a entender su verdadera naturaleza. Tras un largo período de observación pude distinguir la principal veta oscura que separaba ambas zonas, y otra se insinuaba algo más alejada, bastante débil de todas formas. Poco a poco la imagen fue fraguando en mi retina hasta que me vi seguro como para plasmarlo en un dibujo. Si la atmósfera hubiera estado más estable el espectáculo habría sido aún mayor.

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El Supercúmulo de Perseo-Piscis (3ª parte)

Seguimos nuestro camino hacia el otro extremo del Supercúmulo de Perseo-Piscis, el viaje que comenzamos en esta entrada, y podemos notar como el cielo se va poblando cada vez con más estrellas a medida que nos acercamos a Perseo, señal inequívoca de que nuestra propia galaxia nos está saludando con uno de sus brazos. Pero aun así no nos impedirá que veamos un gran número de galaxias, centrándonos en esta ocasión en dos grandes familias de galaxias que pertenecen a la constelación de Andrómeda.

El primer cúmulo pertenece al catálogo Abell, conocido como Abell 262, y es una agrupación de unas 150 galaxias que se encuentran a una distancia estimada en 260 millones de años luz: el Supercúmulo de Perseo-Piscis se va alejando ligeramente desde nuestro punto de vista. Abell 262 es un cúmulo peculiar. Su forma es relativamente irregular y tiene una población predominante de galaxias espirales, algo que no es del todo habitual en estos grandes grupos de galaxias, signo indirecto de una edad relativamente corta. Normalmente las interacciones entre varias galaxias cercanas producen la formación de galaxias elípticas, que suelen ser las más abundantes. Aun así, en el centro del cúmulo sí encontramos una gran galaxia elíptica que, de manera similar a M87, preside la reunión galáctica que está teniendo lugar. Se trata de NGC 708, una galaxia que entra en la categoría de Galaxias cD, conocidas como “galaxias centrales dominantes”, un tipo de galaxias elípticas gigantes que contienen un enorme halo de estrellas y que suelen ocupar el centro de cúmulos galácticos. Todo el espacio que hay entre galaxias, lo que conocemos como “medio intra-cúmulo”, está formado por gas de hidrógeno ionizado (también algo de helio) que alcanza una temperatura de millones de grados. La causante de tal temperatura es la gravedad imperante en las zonas internas del cúmulo, transformando energía en calor, que hemos podido estudiar gracias a la observación en rayos X, que es la onda predominante de este tipo de energía.

A la hora de observar Abell 262 podemos diferenciar claramente el centro del resto del cúmulo, ya que en el interior encontramos una vista especialmente llamativa. Varias brillantes galaxias se arremolinan en el núcleo del cúmulo conformando un precioso sexteto, que adopta la forma de la letra Y. Lidera este grupo NGC 708, la ya mencionada gran espiral que hace de eje en esta rueda galáctica, y muy cerca podemos ver a NGC 705, una bonita galaxia lenticular que nos muestra su perfil y un brillante núcleo. Su magnitud, algo superior a 14, puede hacer difícil su observación, aunque presenta un alto brillo superficial que nos ayudará a identificarla. NGC 704, muy cerca, es una galaxia lenticular que cuenta con una débil y cercana compañera, PGC 197601, fuera del alcance de la mayoría de instrumentos, y un poco más lejos se encuentra PGC 6945, otra lenticular excepcionalmente débil. Más fácil de observar es, sin duda, NGC 703, una galaxia lenticular de magnitud 13.3 que marca una de las astas de la “Y”, completando este pequeño grupo. La primera vez que las observé no sabía qué iba a encontrar, y una vez en la zona vi una especie de nebulosidad heterogénea que brillaba muy débilmente. Cuando adapté la vista, observando con calma, pude distinguir, con mi Dobson de 30 cm, los cuatro componentes más brillantes de este grupo, especialmente a 214 aumentos cuando la estabilidad atmosférica daba unos segundos de tregua.

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Su visión me recordó enormemente al Quinteto de Stephan, con la diferencia de que, rápidamente, pude notar cómo otras galaxias poblaban el ocular, apareciendo como pequeñas nubecillas a la visión lateral. Muy cerca del cuarteto apareció NGC 710, una bonita galaxia espiral que se muestra de frente, con una magnitud de 13.7. Al otro lado, junto a una brillante estrella, NGC 709, una lenticular de magnitud 14.3, se dejaba ver con esfuerzo, algo más fácilmente al conocer su localización exacta. Sin embargo, dos de las galaxias más interesantes se encontraban algo más alejadas. NGC 714, una lenticular de magnitud 13.1 que vemos de perfil, aparecía como una mancha alargada y extremadamente fina, con un punto en el centro que delataba la posición de su núcleo. Otro arañazo en la negrura del cielo podía verse justo al lado, provocado por NGC 717, otra galaxia que mostraba su más delicado perfil. Su magnitud de 14 no fue suficiente para esconder el contraste tan llamativo que producía su fina silueta.

abell-262-detalles

De Abell 262 saltamos ahora hacia nuestro siguiente objetivo, que se encuentra extraordinariamente cerca de NGC 891, aunque sólo sea en perspectiva. Podemos comprobarlo en la siguiente imagen de Juan Lozano de Haro que, por cierto, fue APOD el pasado 12 de Noviembre de 2016. En la fotografía el cúmulo aparece en la mitad inferior izquierda, donde podemos ver una serie de diminutas y difusas manchas que corresponden a las galaxias de Abell 347. NGC 891, a la que ya dedicamos una entrada, no necesita presentación:

Abell 347 no tiene tantas galaxias como Abell 262, pero es un interesante punto y final a la vista del Supercúmulo de Perseo-Piscis. Contiene entre 30 y 50 galaxias, la mayoría de las cuales son elípticas, varias de ellas de tipo cD, como ocurría con NGC 708. El cúmulo no tiene un centro bien definido, aunque podríamos considerar a NGC 910 como la principal componente, de magnitud 12.2, una gigante elíptica de 1.6 minutos de arco de diámetro. Muy cerca podemos encontrar a NGC 912, una galaxia lenticular de magnitud 15 cuyo alto brillo superficial hace posible que se aprecie con mayor facilidad. La otra “gran galaxia” de esta zona es NGC 911, una elíptica alargada que brilla con magnitud 13.9. Se encuentra junto al extremo de una hilera de tres estrellas que nos servirán para orientarnos en la lejanía de este cúmulo. Estas estrellas apuntan a la brillante HD 14771, una estrella amarillenta de tipo espectral K que, a 1500 años luz de distancia, brilla con una magnitud de 6.7. Es la estrella que marca la frontera entre NGC 891 y Abell 347, y su interesante tinte añade una nota de color a la estampa celeste.

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Otras dos galaxias se pueden identificar con facilidad junto a la hilera de estrellas brillantes. La primera es NGC 909, una elíptica de magnitud 14.5, relativamente débil pero, como la mayoría de las elípticas, con un alto brillo superficial. Si no fuera por su brillo, muchas de estas galaxias serían invisibles a aberturas medias. La otra galaxia es NGC 906, una bonita espiral que en fotografías muestra dos gruesos brazos que se retuercen alrededor de una prominente barra central. Su magnitud, de 12.6, nos permitirá disfrutar de esa mancha difusa con mayor facilidad, maravillándonos por la lejanía de lo que estamos contemplando.

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Aquí damos por finalizada esta aproximación al Supercúmulo de Perseo-Piscis, una de las mayores estructuras que tenemos “a la vuelta de la esquina”. Nos hemos centrado en sus principales galaxias o grupos de galaxias, si bien hay cientos de ellas al alcance de un telescopio medio, que hemos tenido que obviar por cuestiones prácticas. Quien quiera estudiar esta zona a fondo no tiene más que ponerse a ello con un buen atlas y un cielo alejado de las grandes urbes. Nosotros, por ahora, lo dejaremos aquí, después de haber visto 33 de sus galaxias en total, suficiente para saborear la distancia de estos lejanos universos y para hacernos una idea de su disposición en el cielo. En el siguiente dibujo, para finalizar, podemos ver una recreación de este muro, tal y como lo veríamos si nuestros ojos nos permitieran observar sus galaxias a simple vista en el cielo. Las zonas que hemos visto están marcadas para hacernos una idea de su situación. No podemos negar la grandeza del cosmos y dejar de impresionarnos conforme lo vamos conociendo en mayor profundidad.

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