La cueva (Sh2-155)

El cielo está plagado de gas, hidrógeno en múltiples formas que llena cada espacio del cosmos, formando estrellas cuando se dan las condiciones adecuadas, la materia prima más importante. Hoy vamos a ver una gran masa de gas que se encuentra en la constelación de Cefeo, a una distancia de 2400 años luz, un lugar en el que se unen varias nubes de formación estelar. En concreto, vamos a estudiar la zona fronteriza entre la asociación Cepheus OB3b (un cúmulo de estrellas inmersas en el gas que les ha visto nacer) y la nube molecular Cepheus B. El término de “nube molecular” hace referencia a una región de gas formada por hidrógeno en su forma molecular (H2), una zona de potencial proliferación estelar: la materia prima está ahí, lista para ser usada cuando llegue el momento.

Foto Sh2-155.jpg

Fotografía obtenida por Bill Snyder

La Nebulosa de la Cueva, conocida como Sh2-155 o Caldwell 9, se encuentra entre estas grandes regiones y es un débil objeto envuelto en un halo de misterio. Es una nebulosa de emisión cuyas moléculas de hidrógeno, ionizadas por la luz de brillantes estrellas, emiten luz que puede ser captada desde la Tierra. Su dificultad estriba en que su brillo superficial es extremadamente débil, ya que se encuentra oscurecida por densas masas de polvo interestelar que absorben la mayor parte de sus fotones. En fotografías de larga exposición es un objetivo relativamente fácil de captar, pero en visual tendremos que sudar… Su principal atractivo radica en la peculiar forma que ha adquirido, con ese llamativo arco oscuro que parece la entrada a una lejana cueva. Dicha zona oscura es en realidad la nube molecular Cepheus B, que puede verse en la siguiente imagen, obtenida por telescopio Chandra:

Foto Cepheus B.jpg

Justo en la silueta de la cueva está teniendo lugar una importante proliferación estelar, contando algunas de sus estrellas con una edad menor de un millón de años. Esta nueva generación de estrellas debe su existencia, al parecer, a la onda de choque producida entre ambas masas gaseosas. La asociación OB3b, cuyas estrellas emiten importantes cantidades de viento y radiación, producen un estímulo en la nube molecular Cepheus B, de manera que sus moléculas de hidrógeno comienzan a interaccionar entre sí y, paulatinamente, derivan en la formación de estrellas.

Llama la atención que un objeto tan débil fuese incluido en el catálogo Caldwell. Quizás Patrick Moore buscara añadir algún desafío, algún objeto que nos hiciera ganarnos el esfuerzo invertido. Y bien que lo consiguió. Personalmente ha sido uno de los objetos más difíciles que he observado, a pesar de observarlo bajo cielos verdaderamente oscuros en la región conquense. Su localización requiere algo de tiempo, en uno de los laterales de Cefeo, aunque podemos llegar más fácilmente a partir de M52 o NGC 7635, la nebulosa de la Burbuja. Una vez allí lo más probable es que no veamos nada, pero no desistamos. En mi caso esperé pacientemente, identificando cada estrella y comparándola con una imagen que tenía preparada. Personalmente creo que conocer la forma del objeto con anterioridad puede hacer que nuestra vista se sugestione, pero en ocasiones no queda otro remedio que saber dónde mirar. A los pocos minutos se hizo patente una nebulosidad en torno a las dos estrellas centrales que, según la fotografía, destacaban sobre el techo de la cueva. Poco después otras dos zonas aparecieron poco a poco, tímidas, parte de la enorme asociación Cepheus OB3b. Multitud de estrellas poblaban el campo, como corresponde a esta zona inmersa en la Vía Láctea.

El aumento empleado es crítico, ya que esta nebulosa es un objeto amplio y de un bajo brillo superficial. En mi caso, con el Dobson de 30 cm, el mejor ocular resultó ser el Hyperion de 13 mm, con 115 aumentos, y los filtros, curiosamente, no me resultaron especialmente útiles. Probablemente la excelente calidad del cielo los hacía inservibles. Mi siguiente objetivo, una vez descubiertos los parches de nebulosidad más brillantes, fue captar la boca de la cueva, esa nube de hidrógeno que no emite luz propia. Más de una hora pasé enfrascado ante el ocular, relajando la mirada constantemente para evitar el sobreesfuerzo, y finalmente pude atisbar ese entrante oscuro momentáneamente, en los momentos en los que la atmósfera reunía las condiciones idóneas de estabilidad. Tras verlo por primera vez, las demás ocasiones resultaron algo más sencillas, si bien es de los objetos más esquivos que he visto. Recuerdo haber encontrado con más facilidad los Pilares de la Creación que la cueva de Sh2-155, y quizás por eso deja tan buen sabor de boca. Lo primordial aquí es contar con un cielo de cine, de otra manera el débil brillo de la nebulosa se verá totalmente anulado. Si un día no lo vemos no hay que desesperar, estos objetos acaban cediendo cuando se intentan en varias ocasiones, siempre buscando los mejores cielos posibles.

sh2-155

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