Geografía astronómica (NGC 7000)

Una densa niebla puede no parecer tan espesa una vez que caminamos en su interior, siendo prácticamente una masa blanca si la observamos a distancia. De la misma manera, en el cielo hay grandes masas gaseosas cuyo brillo queda enormemente mermado si las observamos a aumentos elevados, necesitando un campo amplio para poder disfrutarlas con mayor facilidad. Uno de estos casos es, sin lugar a dudas, la archiconocida Nebulosa de Norteamérica o NGC 7000. Situada en un lugar privilegiado, junto a Deneb (alfa Cygni), puede ser fácil de observar o totalmente imposible dependiendo de las características del cielo. Cualquier atisbo de contaminación lumínica, ya sea urbana o de la luna, borrará los tenues contornos que forman esta nebulosa, mientras que bajo un cielo oscuro podremos disfrutarla incluso a simple vista. Recuerdo que en mis comienzos realicé bastantes intentos para distinguirla, siempre infructuosos, llegando a pensar que era un objeto limitado a la fotografía. Sin embargo, el único ingrediente necesario es alejarse del tumulto de las ciudades.

Foto ngc 70000

NGC 7000 es una de las nebulosas de emisión de mayor tamaño que podemos observar desde nuestro planeta. A una distancia estimada de unos 1600 años luz, su diámetro abarcaría unos 65 años luz de lado a lado. Sin embargo, NGC 7000 no se encuentra aislada, sino que forma parte de una región HII mucho mayor denominada Sharpless 2-117, la parte visible de una inmensa nube molecular en la que se están gestando estrellas. De hecho, es la luz de esas estrellas la que ioniza el hidrógeno que forma la nebulosa, excitando sus electrones y produciendo luz propia. Sin embargo, las dos únicas partes que podemos observar de esta inmensa nube son la Nebulosa de Norteamérica y, muy cerca, la Nebulosa del Pelícano (formada por IC 5067, IC 6068 e IC 5070). ¿Qué ha sido del resto de la nube molecular? La respuesta a esta pregunta la podemos obtener mirando a la Vía Láctea en una noche oscura. Veremos, sin ningún tipo de problema, una franja oscura e irregular que la divide en dos, como un río interno que nace en la constelación del cisne y continúa hacia el sur, ensanchándose aún más en Ofiuco. Esta franja, denominada la Gran Grieta (Great Rift), no es sino una inmensa concatenación de nebulosas oscuras situadas a unos 300 años luz que separa las inmediaciones de nuestro sol (el Cinturón de Gould) de las regiones más alejadas, en este caso la gran región de formación estelar Cygnus X (a más de 4000 años luz de nosotros). Estas nubes oscuras tienen la misma naturaleza que el resto de nebulosas de emisión, son lugares de proliferación estelar, pero sus estrellas “recién nacidas” no poseen todavía la energía necesaria para ionizar el gas circundante. En la siguiente imagen podemos ver, en rayos X, una zona amplia de estas nebulosas oscuras que pueblan la constelación del Cisne. Como podemos apreciar, poco hay de vacío a pesar de su oscura superficie.

Foto cygnus X Spitzer

Volviendo nuevamente a NGC 7000, podemos imaginarla como una porción de Sh2-117 que vemos a través de una ventana entre oscuras y densas nubes opacas. Estas nubes son las que han perfilado sus contornos de una forma tan caprichosa que se asemeja al continente americano, desde el Golfo de México hasta Canadá. Hasta hace poco se pensaba que Deneb era la causante del brillo de la nebulosa, pero estudios recientes han apuntado a J20555125+4352246 como la principal sospechosa. Esta estrella, de magnitud 13.5, puede parecer ridícula al compararla con el brillo y extensión de la nebulosa, pero debemos entender que se encuentra prácticamente oculta por la nebulosa oscura LDN 935. No en vano es una gigante azul de tipo espectral O5…

NGC 7000 guarda algunas sorpresas más, y es que encierra varios cúmulos abiertos en su seno, al menos de forma aparente. El más tenue de ellos se denomina Collinder 428 y se encuentra en su región más occidental, apareciendo a bajo aumento como una pequeña nubecilla compuesta por unas 20 diminutas estrellas que brillan en su interior, dispuestas de forma homogénea y circular. El otro cúmulo, NGC 6997, es más notorio, compuesto por una treintena de estrellas más brillantes y de mayor tamaño, alcanzando los 10 minutos de diámetro. Su edad se ha estimado en unos 100 millones de años, por lo cual, aunque se encuentra a una distancia similar a la nebulosa, no guarda ninguna relación con ella: si esas estrellas hubieran nacido de NGC 7000, el gas ya se habría extinguido hace tiempo.

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Fotografía tomada por Juan Francisco Salinas Jiménez

La fama de “difícil” que tiene la Nebulosa Norteamérica se debe únicamente a que cualquier farola cercana la debilita hasta el punto de volverla invisible, pero si disfrutamos de un cielo oscuro no encontraremos impedimento alguno para verla. Su localización no puede ser más sencilla, cerca de Deneb, y su situación en estas noches veraniegas es óptima. No obstante, tenemos que tener presente que buscamos un objeto extremadamente grande, así que no dejemos de ver la niebla por estar “dentro de ella”. Lo mejor es usar un ocular de bajo aumento, en mi caso fue suficiente con un Panoptic de 24 mm, que me proporcionaba unos 62.5 aumentos. La nebulosa no cabía en el campo de visión de una sola vez, pero con este ocular podía buscar detalles, así como resolver con mayor facilidad los cúmulos abiertos. De entrada la zona más impresionante es la correspondiente a la Bahía de México, perfectamente curvada y definida, destacando la negrura del “Océano Atlántico”. Toda la nebulosa está salpicada de una miriada de estrellas, algunas con un tono rojizo, y otras muchas en el límite de visibilidad del instrumento. Los límites de la nebulosa continúan hacia el norte del continente, ensanchándose a medida que va perdiendo definición. En su zona más alta destacan los dos cúmulos mencionados, siendo NGC 6997 el más fácil de apreciar. Algunas estrellas más brillantes sirven como guía si comparamos la imagen con una fotografía, aunque si el cielo está oscuro la silueta se ve con facilidad. Hacia el norte los bordes se van difuminando en un campo plagado de estrellas, y destacan algunas manchas negras, nebulosas oscuras de las que mencionábamos al principio, entre las cuales llama poderosamente la atención Barnard 352, una de las más opacas que podemos observar.

NGC 7000

Muy cerca de NGC 7000 encontramos la tenue Nebulosa del Pelícano, también visible con nuestros instrumentos, así como otras nebulosas oscuras dispersas, pero volveremos con ellas en otra ocasión. Por ahora nos contentaremos disfrutando de este continente celeste y todos sus recovecos, sus nubes oscuras, sus estrellas infinitas… En una noche oscura podemos perder fácilmente la noción del tiempo navegando por sus tierras, contemplando todas esas estrellas que, por primera vez, están viendo la luz.

NGC 7000 detalle

5 Respuestas a “Geografía astronómica (NGC 7000)

  1. Hola Miguel,
    Excelente entrada, tanto por la observación en sí como por el contexto (como siempre!). La nebulosa Norteamérica es un espectáculo con cielos oscuros, mi mejor imagen ha sido con mi 120mm a 28x, con el que se ve completa en un campo junto al Pelicano. Ah, y también me llamó mucho la atención la B 352, se recorta perfectamente sobre el fondo.

    Si aun no lo has intentado, te recomiendo la zona de nebulosas de la Gamma Cygni. Yo he observado varias secciones con 80mm así que tú no tendrás problema 😉

    Enhorabuena por la entrada y gran dibujo!
    Diego

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  2. Muchas gracias Diego ¡Tiene que ser una pasada observar todo eso en el mismo campo! Intentaré verlo con mi refractor de 5” que tengo olvidado… jeje. La zona de nebulosas de gamma cygni las vi en la misma sesión que la Norteamerica y las tengo dibujadas, va a ser la siguiente entrada casi con toda seguridad, es otra maravilla de esa zona. ¡Muchas gracias otra vez!

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  3. Genial, espero esa próxima entrada!
    Te animo a que lo intentes con ese 5″, si tienes algún ocular que te dé 2 a 2,5 grados en adelante irá muy bien, y mejor si es con filtros.

    Diego

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  4. Pingback: No es lo que parece (NGC 1579) | El nido del astrónomo

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