Entre nubes y estrellas del escorpión

Hay zonas del cielo que transmiten la sensación de estar perdido en otra parte del universo, regiones amplias y llenas de estrellas en las que se reúnen varios objetos y a las que podríamos observar durante horas. Hoy vamos a llevar nuestra mirada al sur del escorpión, justo en la zona en la que su cola, alcanzando el punto más bajo, se desvía hacia el Este. Si observamos desde un cielo oscuro ya podremos adivinar una débil nebulosidad que imita la forma de un cometa, con la cola abriéndose hacia arriba. Ya la vieron en la antigüedad numerosos astrónomos, siendo Giovanni Batista Hodierna, en 1654, el primero en describirla e incluirla en su catálogo. Esta región queda inmersa en la asociación Scorpious OB1, una inmensa familia compuesta por gas y estrellas muy jóvenes y masivas que se sitúan a casi 7000 años luz de distancia. Su núcleo está situado en el llamativo cúmulo abierto NGC 6231, que se emplaza un poco más cerca, a 5200 años luz. Toda la zona, de más de 4º de diámetro, equivale a una extensión entre 200 y 300 años luz, y queda enmarcada por Gum 55, una débil nebulosidad con forma semicircular que se extiende de forma muy tenue, la nebulosa primigenia responsable de todas las estrellas que se han encendido en su interior. Otras masas nebulosas se continúan con Gum 55, destacando IC 4628, conocida como Gum 56 o, más popularmente, la Nebulosa de la Gamba.

Foto IC 4628 NGC 6231

Fotografía de Johannes Schedler

Vamos a comenzar la observación en el corazón de la asociación Scorpious OB1, en el magnífico NGC 6231, un cúmulo abierto formado por un centenar de estrellas cuya vida media se estima entre 2 y 5 millones de años. Sus componentes son, en su mayoría, enormes estrellas de tipo espectral O y B, de color blanco-azulado. Dos de ellas son grandes estrellas de tipo espectral O que conforman sendos sistemas binarios, dos estrellas tan cercanas que sus atmósferas interaccionan entre sí, prácticamente en contacto. Giran muy rápidamente, produciendo elevadas cantidades de Rayos X debido al intercambio de materia entre ellas. Podemos ver estas estrellas gracias a su considerable magnitud, si bien no podremos separarlas. Se denominan HD 152248 y V1034 Sco, y sus magnitudes son, respectivamente, 6.1 y 8.6. Es un cúmulo variopinto, destacando también la presencia en su seno de tres estrellas Wolf-Rayet, denominadas HD 151932, HD 152408 y HD 152270, destacando esta última con una magnitud de 6.6. No vemos a su alrededor grandes burbujas de gas en expansión, pero el tiempo va pasando y en un futuro no muy lejano podrían dejarnos un bonito estampado de color. El origen de NGC 6231 es especialmente interesante, ya que se ha sugerido que podría estar relacionado con el paso de un cúmulo globular que habría estimulado su formación. Este cúmulo globular es NGC 6397 y, aunque ahora está en la constelación de Ara, se calcula que hace 5 millones de años atravesó el disco galáctico justo en el lugar donde se encuentra ahora NGC 6231. Esta coincidencia en tiempo y espacio parece hablar a favor de esta interesante relación, y de ser cierto sería el único ejemplo constatado de un cúmulo abierto formado a partir de la estimulación de un globular.

NGC 6213, además de a simple vista, es tremendamente atractivo a la vista de unos prismáticos, que ofrecen un campo conjunto densamente poblado con el cúmulo en el centro, mostrando una decena de brillantes estrellas abotargadas. Al sur destaca un triángulo conformado por tres brillantes estrellas, siendo dos de ellas fácilmente visibles a simple vista. Ambas reciben la misma denominación Bayer, Zeta, pudiendo distinguir Zeta 1 y Zeta 2. Pueden parecer similares, diferenciadas tan sólo por su magnitud, de 4.8 y 3.6, respectivamente. Sin embargo, su distancia no podía ser más dispar. Mientras que Zeta 2 se encuentra a poco más de 150 años luz, Zeta 1 es una hipergigante azul que se encuentra a la increíble distancia de 5.700 años luz. Imaginemos por un momento lo que significa tener un tamaño 100 veces mayor que nuestro sol, así como una masa que alcanza las 36 masas solares. Zeta 1 Sco acabará por consumir rápidamente su combustible, y entonces explotará en forma de supernova. Se cree que forma parte de NGC 6231, convirtiéndose así entonces en su estrella más brillante. La “pequeña” Zeta 2 Sco es una gigante roja de tipo espectral K4 que muestra un intenso color rojizo al ocular. Zeta 1, a diferencia de lo que cabría esperar, no aparece azulada, sino más bien de una tonalidad anaranjada, debido a que todo el polvo que se interpone entre ella y nosotros hace que tienda más hacia ese color. Al telescopio, cuando observemos NGC 6231, podremos apreciar una bandada de estrellas que parecen adquirir una forma triangular. Destacan una decena de astros brillantes, entre los que podemos observar las binarias espectroscópicas y las estrellas Wolf-Rayet que ya hemos contemplado, aunque desde un cielo oscuro podemos ver que están acompañadas por otras 70 pequeñas estrellas que pueblan un área de entre 10 y 20 minutos de arco de diámetro. A bajo aumento, poco más de 60 aumentos en mi caso, se pueden vislumbrar junto a la pareja de estrellas que conforman Zeta Sco, mereciendo sin duda una observación a fondo.

NGC 6231.png

Vamos ahora a por la segunda parte de la observación, apenas un grado más hacia el norte, para intentar cazar parte de ese anillo nebuloso que enmarca la Asociación Scorpious OB1. IC 4628, la Nebulosa de la Gamba, es una región HII, la parte más brillante y llamativa de la gran Gum 55. Es una gran nebulosa de emisión de más de un grado de diámetro, de forma alargada y con algunas regiones más densas que le dan la curiosa silueta de una gamba. Para verla bien tendremos que buscar cielos despejados con un horizonte sur especialmente oscuro, ya que su situación tan meridional no favorece su observación. Un ocular de amplio campo y un filtro UHC, además de una buena dosis de paciencia, serán nuestras principales herramientas.

FOto IC 4628

Lo primero que veremos será el denso campo estelar, una miríada de estrellas que conforman el cúmulo abierto conocido como Trumpler 24. Es tan amplio que no nos dará sensación de cúmulo, sino de una zona más poblada de la Vía Láctea. Conforme nos habituemos a la oscuridad no nos será difícil contemplar la parte principal de la nebulosa, de unos 20 minutos de longitud y con cierta forma arqueada. Gracias al filtro UHC puede diferenciarse con mayor facilidad del resto del cielo, aunque tras varios minutos observando podremos ver que casi toda la región está inmersa en una débil nube que llega a ocupar el campo completo. Otra condensación alargada y más pequeña aparece muy cerca de la principal, como una pequeña gamba que acompaña a su madre. Si nos armamos de paciencia podremos intentar delimitar los bordes de la nebulosa de fondo, e incluso ver algunas otras pequeñas condensaciones, además de buscar otros objetos muy cercanos que forman parte de esta asociación, como los cúmulos NGC 6242, NGC 6268 o la nebulosa planetaria IC 4637. No son muchos los lugares del cielo que nos ofrecen tanta variedad en apenas 3 grados de espacio.

IC 4628

Una respuesta a “Entre nubes y estrellas del escorpión

  1. Pingback: Principio y fin de un catálogo | El nido del astrónomo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s