Profundizando en M27

Las nebulosas planetarias son uno de los objetos más fascinantes que podemos encontrar en el cosmos, el último suspiro de una estrella moribunda, y su enorme variedad de formas aseguran al aficionado largos momentos de disfrute. Hoy aprovecharemos la observación de M27, una de las planetarias más famosas, para hacer un repaso de estos interesantes objetos, qué son realmente y cómo se forman.

Antes de hablar de planetarias hay que tener clara la naturaleza de una estrella, que es, a groso modo, una inmensa bola de plasma, formada mayoritariamente por hidrógeno, en la que se ha alcanzado un equilibrio entre dos fuerzas: por un lado, en su interior tienen lugar continuas reacciones de fusión nuclear, produciendo ingentes cantidades de energía hacia el exterior; por otro lado, la gravedad hace que toda la masa tienda a empujar “hacia dentro”, comprimiendo la estrella. Conforme el núcleo va transformando el hidrógeno en helio la fuerza “interna” disminuye, ya que este último elemento necesita de mayor energía para su fusión, con lo cual la estrella va cediendo la victoria a la fuerza de la gravedad, que produce el colapso del astro. A medida que se condensa va aumentando nuevamente la temperatura, promoviendo la combustión del hidrógeno que había en las capas periféricas, de manera que esta envoltura se expande enormemente dando lugar a la formación de una gigante roja (el color rojo se produce por el enfriamiento que se produce en la estrella al aumentar el tamaño por el que tiene que distribuirse el calor). Mientras tanto, en el núcleo, más comprimido, el helio dispone nuevamente de energía y se fusiona dando lugar a elementos más pesados, como son el oxígeno y el carbono. La disposición final de esta etapa es un núcleo rico en estos últimos elementos, una segunda capa formada por helio, y las regiones más externas en las que predomina el hidrógeno. El helio tiene un comportamiento muy errático y dependiente de la temperatura, de manera que cualquier aumento de energía generada en el núcleo va a producir una expansión brusca de la capa media. Así, la estrella sufrirá varias pulsaciones en las que las capas externas se van expandiendo, perdiendo la estrella su atmósfera, que formará una inmensa burbuja de gas. En el centro queda lo que conocemos como enana blanca, una pequeña estrella muy densa y muy caliente, tanto que es capaz de ionizar el gas que ya ha expulsado, motivo por el que podemos disfrutar de sus brillantes fotones.

Foto planetarias

La forma de las nebulosas planetarias es muy variable, y la razón por la que se dan determinadas estructuras no es del todo conocida. En un universo perfecto sin ninguna alteración la forma de la nebulosa sería perfectamente esférica, ya que la envoltura de la estrella se expandiría en todas direcciones a igual velocidad. Sin embargo, también encontramos nebulosas bipolares, otras con espirales arremolinadas, con jets… La presencia de algunas de estas formas sugiere que la estrella central podría tener una compañera orbitando a su alrededor, o bien una estructura gaseosa en forma de torus (como un donut) que limite la salida del gas por dos lugares contrapuestos. También juegan un importante papel las fuertes corrientes que generan las estrellas a su alrededor, rápidos vientos que empujan el gas y pueden alcanzar velocidades de más de 100.000 km por hora. También se ha relacionado la forma de las nebulosas con la masa inicial de sus estrellas. Las que están situadas cerca del plano galáctico, a menudo correspondientes a estrellas jóvenes y masivas, suelen tener estructuras bipolares, mientras que las más alejadas, de mayor edad como nuestro sol y de masa media, adquieren una forma generalmente esférica. Todavía queda mucho por conocer sobre estos restos estelares tan llamativos y relativamente escasos. La fase de nebulosa planetaria tiene una duración poco mayor de 10.000 años, por lo cual no abundan este tipo de objetos en nuestra galaxia. Posteriormente el gas se va dispersando hasta dejar de brillar y hacerse completamente invisible. En la siguiente imagen en infrarrojo, obtenida con el telescopio Spitzer, podemos apreciar el gas en expansión de M27, a raíz de la estrella central.

Foto M27 spitzer

Tras esta introducción podemos hablar con propiedad del objeto que nos ocupa hoy, M27, también llamado NGC 6853 o la nebulosa Dumbell. Con una magnitud de 7.5 es la segunda nebulosa planetaria más brillante del firmamento, tan sólo superada por NGC 7293, la nebulosa de la Hélice. Sin embargo, el gran tamaño de ésta última hace que sea mucho más sencillo observar M27, además de su situación predilecta en el cénit en las noches de verano, en la constelación de Vulpecula (la zorra). M27 se encuentra a una distancia de entre 1000 y 1500 años luz, siendo las estimaciones más precisas, al parecer, de 1360 años luz. Tiene unos 3 años luz de diámetro, lo cual habla en favor de un estado avanzado de evolución. De hecho, se ha estimado su edad en algo más de 9000 años, siendo una de las planetarias más antiguas que se conocen. Sus bordes se expanden a velocidades de vértigo, alcanzando los 31 km/s, o lo que es igual, 110.000 km por hora. Si una onda expansiva saliera de nuestro sol a esta velocidad alcanzaría la tierra en menos de 2 meses, muy poco tiempo si tenemos en cuenta las grandes distancias del cosmos.

Foto M27

M27 presenta una estructura bipolar, con una curiosa forma que podría definirse como una manzana mordida, un diábolo o una pesa de halterofilia (de hecho, su apodo “Dumbell” significa pesa en inglés). La vemos completamente de perfil, de manera que si la observáramos desde arriba la veríamos, probablemente, como una esfera o estructura anular. La razón de su bipolaridad parece deberse a una pequeña estrella que orbita a su estrella central a corta distancia, aunque su magnitud de 17 la hace invisible a la mayoría de instrumentos de aficionado. La estrella central, la enana blanca que ha producido este espectáculo, tiene una magnitud de 13.5, y, por tanto, visible con telescopios de abertura moderada, aunque el alto brillo de la nebulosa no lo pondrá especialmente fácil. Dispersos a lo largo de la masa gaseosa podemos observar, en algunas fotografías de larga exposición, nódulos cometarios similares a los que había en la nebulosa de la Hélice. Son, generalmente, zonas más densas de gas que actúan como obstáculos ante la expansión de la envoltura estelar, de manera que la onda expansiva se encuentra con ellos y los “peina”, dejando una cola en dirección opuesta a la estrella. En la siguiente fotografía del Hubble podemos apreciar algunos de ellos.

Foto M27 knots

M27 es observable con prismáticos desde un lugar oscuro como una pequeña nebulosa difusa, pero es al telescopio cuando se muestra en todo su esplendor. Estamos acostumbrados a ver continuamente los objetos más famosos del firmamento, y precisamente son esos objetos los que solemos observar con menor atención, pensando que los conocemos sobradamente. Con este pensamiento en mente me decidí a dedicarle a M27 el tiempo que merece, pasando con ella más de una hora, y pude comprobar, asombrado, que tiene muchas sorpresas que ofrecer. La noche era especialmente oscura y transparente, por lo que decidí usar mayores aumentos que los que suelo utilizar con ella. Con el ocular Kronus de 7 mm obtuve 214 aumentos y unos 15 minutos de arco de campo aparente, de manera que la nebulosa ocupaba prácticamente la mitad.

Me llamó la atención desde un primer momento su elevado brillo, que la hacía visible con visión directa sin ninguna dificultad. La forma de diábolo quedaba perfectamente definida, así como los dos lóbulos o alas que parten hacia ambos lados. El interior de estas alas no era completamente transparente, sino que tenía un tono grisáceo con algunas pequeñas estrellas en su interior. La zona que mostraba más detalles era, sin duda, la región central, con algunos jirones nebulosos más destacados que el resto, así como las cuatro “esquinas” de la manzana bien marcadas, con dos de ellas, opuestas, especialmente brillantes y afiladas. La estrella central brillaba tímida en el centro, perfectamente visible, y con un poco de imaginación podía imaginarla con su compañera girando alrededor, removiendo el gas expulsado como una batidora gigante. Pude comprobar, asombrado, que en la zona del “rabillo de la manzana” había entrantes más oscuros en la nebulosa, que nunca antes había visto, dando aún más un aspecto irregular a la zona. M27 se merece, de vez en cuando, una visita en profundidad, y estas frescas noches estivales invitan sin duda a ello.

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Una ventana al corazón de la Vía Láctea (NGC 6522 y NGC 6528)

El espacio interestelar no es, ni mucho menos, vacío, sino que encontramos grandes cantidades de polvo flotando a la deriva, especialmente en las zonas centrales de la galaxia. Este polvo es el responsable de bloquear la visión de estrellas más lejanas o, al menos, de disminuir su brillo desde nuestro punto de vista, como una niebla que se dispersa por todo el cielo. Pero hay algunas zonas en las que esta niebla se disipa y podemos ver lo que hay detrás con una nitidez indescriptible, actuando como ventanas a regiones más internas de la Vía Láctea. La más importante de estas ventanas recibe, precisamente, el nombre de “Ventana de Baade”, mide alrededor de 1 grado aparente y nos permite echar un vistazo al mismísimo corazón de nuestra galaxia (siendo estrictos, vemos una zona justo colindante al núcleo de la galaxia). Y es, a través de esta ventana, donde podemos cazar in fraganti a dos cúmulos globulares que bordean el núcleo a una distancia extremadamente pequeña. Podremos verlos, además, en el mismo campo del ocular, siendo el par de cúmulos globulares más cercanos que vemos desde nuestro sistema solar.

Foto NGC 6522

Ambos se encuentran muy cerca de Gamma Sgr, conocida como Alnasl, una gigante roja de tipo espectral K0 situada a 96 años luz de distancia. NGC 6522 es el mayor de estos globulares (con 9 minutos de arco aparentes y 70 años luz de diámetro), y todo parece apuntar a que es el más antiguo de todos cuantos conocemos, siendo sus estrellas extremadamente pobres en metales pesados. Se encuentra a 25.100 años luz de distancia, a apenas 2.000 años luz del centro galáctico. Resulta curioso comprobar la fuerza de unión que deben profesarse sus estrellas para aguantar más de 12.000 millones de años girando a gran velocidad alrededor del núcleo (NGC 6522 tarda unos 10 millones de años en dar una vuelta completa a su alrededor), a pesar de lo cual ha perdido bastantes de sus estrellas. Es uno de los cúmulos con menor cantidad de componentes, contando con apenas unas cuantas decenas de miles.

A 16 minutos de arco podemos encontrar a NGC 6528, otro interesante globular que acompaña a NGC 6522 a tan sólo 1000 años luz de distancia. Imaginemos por un momento la impresión que daría ver esa inmensa esfera de estrellas visible a simple vista desde el cúmulo vecino. NGC 6528 es más pequeño, ocupando 5 minutos de arco de diámetro, y se encuentra algo más alejado que su compañero, a 26.000 años luz de distancia. A pesar de ser más pequeño (con un diámetro de unos 40 años luz) contiene muchas más estrellas, varios cientos de miles, que se encuentran mucho más concentradas. Tiene, a su vez, un porcentaje mayor de elementos pesados, fruto de su relativa juventud. A su lado podemos observar una interesante nebulosa oscura denominada Barnard 298, pequeña y de una opacidad intermedia, que bloquea una porción del fondo galáctico.

Para observar este interesante par de objetos es mejor disponer de un cielo oscuro y una atmósfera estable que nos permita usar aumentos. Sin embargo, como mejor se aprecian es a bajo aumento, apareciendo ambos cúmulos en el mismo campo con facilidad. A 115 aumentos se distinguen sin problema, siendo NGC 6522 de mayor envergadura, llamando la atención su aspecto granujiento que tan bien describen los manuales. El campo de fondo es enormemente rico en estrellas, habiendo tantas que son imposibles de contar, tiñendo el marco de color grisáceo. No obstante, estamos muy cerca del núcleo de nuestra galaxia… Entre tanta estrella llama la atención un parche oscurecido junto a NGC 6528, parco en estrellas, que corresponde a la ya mencionada nebulosa oscura Barnard 298. Si queremos resolver las estrellas de los cúmulos necesitaremos mayores aumentos, y aun así no es tarea fácil. NGC 6522 es el más sencillo de resolver, mostrando algunas de sus estrellas que, entre turbulencia y turbulencia, asoman y se dejan ver a través del ocular. NGC 6528, más pequeño y concentrado, nos hará sudar si la noche no es perfecta, y de todas formas no podremos ver más que alguna débil y tímida estrella sobresaliendo en los bordes, pero de todas formas la imagen es tremendamente sugestiva. No todos los días podemos escudriñar el corazón de nuestro universo con nuestros propios ojos.

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En el aguijón (M7 y NGC 6453)

En astronomía la distancia juega, a menudo, al engaño con nuestros ojos, y la entrada de hoy es un claro ejemplo de ello. En la cola del escorpión, si la noche es clara, podremos ver que las dos estrellas características del aguijón apuntan hacia una delicada nube blanquecina que destaca sobre el fondo de la Vía Láctea. Se trata de M7, uno de los cúmulos abiertos más conocidos por el aficionado y uno de los más impresionantes cuando se observa a través de prismáticos. Recibe el nombre del “Cúmulo de Ptolomeo” en honor al griego que, en el año 130, lo describió por primera vez como una pequeña nube grisácea junto a la cola del escorpión. Es una familia compuesta por unas 80 brillantes estrellas que superan la décima magnitud y casi 700 más débiles, situadas a una distancia relativamente cercana, a unos 1000 años luz. Son soles jóvenes, con una edad estimada en 220 millones de años (poco si lo comparamos con los 5 mil millones de años de nuestro Sol). Todas estas estrellas nacieron al mismo tiempo y algunas de ellas son tremendamente grandes y brillantes, la mayoría de tipo espectral O y B. Serán unas cuantas las que terminarán sus vidas en forma de violentas supernovas, algo deducible de su gran masa, de aquí a varios millones de años más. Entre el cúmulo destaca una estrella por su color característico, amarillenta, que pertenece a la misma familia de estrellas pero presenta un estado evolutivo algo más avanzado, de tipo espectral G. El tamaño real de M7 es de unos 23 años luz de diámetro (no es precisamente de los mayores cúmulos existentes), aunque su gran tamaño aparente se debe exclusivamente a su cercanía a nosotros. Se encuentra, de hecho, en nuestro mismo brazo espiral.

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Pero M7 contiene algunas sorpresas. Por un lado, varias nebulosas planetarias extremadamente débiles se encuentran escondidas entre sus estrellas, aunque su observación queda restringida a telescopios de gran abertura (algunas de ellas no son tan débiles, pero necesitarán de un buen atlas y de gran paciencia para encontrarlas debido a su apariencia estelar). Los telescopios de abertura media tienen a su disposición un cúmulo globular que linda con la periferia de M7. Es débil y pequeño, y necesitaremos conocer su posición exacta para reconocerlo, pero una vez localizado no es difícil de observar. Se trata de NGC 6453, una imponente esfera de soles situada a unos 37.000 años luz de distancia, al otro lado del centro galáctico, situación que disminuye su magnitud aparente debido a todo el gas que obstaculiza su visión. Con un diámetro aparente de 3.5 minutos de arco, es un globular de tipo IV, con una concentración relativamente elevada, si bien al telescopio no podremos resolver sus estrellas. Veremos, sin embargo, una pequeña y delicada esfera, más definida con visión periférica, cuyos bordes van perdiendo brillo y difuminándose rápidamente, quedando bastante disimulada ante el fondo de la Vía Láctea. Hay que tener fuerza para no dejar que media galaxia te haga completamente invisible, y eso es una hazaña que no se le puede negar a NGC 6453.

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Un cometa de estrellas (M71)

La constelación Sagitta, conocida como la flecha, es una de las pocas constelaciones que verdaderamente pueden asociarse a una imagen clara, si bien es pequeña y sus estrellas no son extremadamente brillantes. Se encuentra protegida por las tres estrellas que conforman el Triángulo de verano y, por tanto, fácil de localizar siempre que no observemos desde el centro de grandes ciudades. Precisamente debido a su tamaño, no es una constelación rica en objetos de cielo profundo, si bien posee uno especialmente interesante al alcance de todo tipo de instrumentos. Se trata de M71, una agrupación de estrellas cuya naturaleza no fue descubierta hasta hace unas pocas décadas.

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M71 había sido durante mucho tiempo considerado como un cúmulo abierto excepcionalmente rico y condensado. Descubierto por Philippi Loyx de Chéseaux en 1746, no fue resuelto en estrellas hasta 50 años después, gracias al ojo y al telescopio de Herschel. M71 contaba con varios factores en contra de ser considerado un cúmulo globular, como el hecho de no contar con ninguna variable de tipo RR Lyrae, variables que frecuentemente habitan estos cúmulos. Además, sus estrellas eran relativamente jóvenes al compararlas con sus congéneres, ya que apenas llegaban a los 9 ó 10 mil millones de años (la mayoría de los globulares cuentan con una edad de 12 mil millones de años). Sin embargo, la espectrometría fue la clave finalmente para conocer su verdadera naturaleza. El diagrama de Hertzsprung-Russell, abreviado como diagrama H-R, es una representación de las estrellas de un cúmulo en función de su magnitud y su tipo espectral, una herramienta que puede darnos valiosa información. En el caso de M71 se pudo comprobar que presentaba lo que se conoce como “rama horizontal” (horizontal branch”), una zona del diagrama que corresponde con una etapa específica de las estrellas. Tras la fase de gigantes rojas (que conforma el punto más alto del diagrama), las estrellas han agotado todo su hidrógeno y su única fuente de combustión disponible es el helio. Por tanto, aquéllas con la masa suficiente como para fusionar helio aumentan su temperatura, desplazándose hacia la izquierda en el diagrama y conformando la “rama horizontal”, de color azul. Ésta es una firma propia de los globulares que se encuentra ausente en los cúmulos abiertos, ya que en ellos las estrellas presentan una concentración mayor de elementos pesados y, por tanto, su combustión no es tan efectiva, alcanzando temperaturas menores y presentando un espectro más hacia el amarillo.

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Aun así, M71 es un cúmulo globular con un contenido en metales bastante elevado, debido principalmente a su relativa juventud. Cuando sus estrellas nacieron, ya habían tenido lugar las primeras supernovas en la Vía Láctea, dispersando así elementos más pesados al espacio interestelar, añadiendo mayor contenido metálico a las estrellas recién formadas. Por lo demás, M71 es un cúmulo globular normal, aunque de pequeño tamaño, con unos 27 años luz de diámetro. Situado a unos 13.000 años luz de distancia, tampoco es precisamente rico en estrellas, ya que apenas cuenta con 10.000 de ellas (de todas formas, me parece un número considerable para una familia tan unida de soles). Su baja concentración le hace bailar entre las categorías X y XI de la clasificación Shapley-Sawyer, a medio camino entre M68 y M55.

Además de interesante en cuanto a su historia y astrofísica, M71 es también una pequeña joya del cielo veraniego.  Con una magnitud de 6.1 es fácilmente apreciable con prismáticos, mostrándose en todo su esplendor a través del telescopio, si bien tendremos que tener en cuenta que no es especialmente grande, ocupando un área de 7.2 minutos de arco. Al ocular de bajo aumento sorprende inmediatamente, además del campo tan rico en estrellas, la forma triangular que presenta el cúmulo globular, apreciándose como un cometa formado por cientos de diminutas estrellas. No parece haber ninguna que destaque especialmente sobre otras, ni siquiera a mayores aumentos, actuando todas como un ejército en el que el número hace la fuerza. Al contemplarlo, no es de extrañar la confusión que M71 ha venido creando a lo largo de la historia, entendiendo perfectamente a aquéllos que defendían su naturaleza como cúmulo abierto.

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Negro sobre blanco (NGC 6520 y B86)

Me atrevería a decir que la fascinación que causan dos objetos celestes distintos en el mismo campo del telescopio es algo común a la inmensa mayoría de astrónomos. La estación estival es, además, especialmente propicia para este tipo de parejas, ya que la zona que engloba a la Vía Láctea es tan rica en cúmulos y nebulosas que no es de extrañar que a menudo aparezcan agrupados. Hoy le toca el turno a la pareja formada por NGC 6520 y Barnard 86.

NGC 6520 es un cúmulo abierto de estrellas jóvenes, brillantes y azuladas cuyo origen data unos 160 millones de años atrás. Se encuentra a poco más de 6.000 años luz de distancia, ocupando un área de 6 minutos de arco de diámetro. A su lado destaca una mancha negra, que coloquialmente se conoce como “la mancha de tinta”. Se trata de Barnard 86, una nebulosa oscura que no se ve iluminada por otras estrellas. Durante mucho tiempo se relacionó con el cúmulo, ya que ambos se encuentran a una distancia similar y no sería inverosímil que el gas de B86 fuera el progenitor de las estrellas de NGC 6520. Sin embargo, estudios recientes han comprobado que cada uno de los objetos posee velocidades muy dispares, de manera que, aunque ahora estén en el mismo lugar de nuestra galaxia, hace millones de años se encontraban en zonas totalmente apartadas entre sí. Son, por tanto, fruto de un encuentro fortuito que nos permite disfrutar hoy de su unión. B86 bloquea la visión de las estrellas de fondo, una miríada de puntos que parecen formar una impenetrable placa de granito blanco. Estamos mirando a una zona próxima al centro galáctico, a tan sólo 4 grados de distancia, por lo que podemos perdernos entre infinitos puntos de luz. Probablemente esa sea la mejor baza de B86, estar situado ante un fondo tan brillante, de manera que el contraste está garantizado. Me pregunto cuántas nebulosas oscuras habrá en el firmamento, invisibles por encontrarse en un campo de escasas estrellas. Hablando de estrellas, hay una especialmente interesante que luce aún más por encontrarse junto a estos objetos. Se trata de SAO 186161, un brillante astro de magnitud 6.7 que desprende una intensa tonalidad rojiza. Es una gigante roja de tipo espectral K que se encuentra a poco más de 800 años luz de distancia. No tiene nada que ver con la nebulosa ni con el cúmulo, pero supone la guinda que corona a esta bonita estampa celeste.

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Para disfrutar de esta pareja (trío si tenemos en cuenta la estrella) de objetos es imprescindible ir a un lugar oscuro, ya que cualquier atisbo de contaminación lumínica hace empalidecer a las nebulosas oscuras. Con el buscador podremos percibir una pequeña mancha a medio camino entre Alnasl (gamma Sagittarii) y M8. NGC 6520 aparece como un bonito cúmulo de estrellas, contando cerca de una treintena de ellas en un espacio reducido. A su lado destaca B86, recortada sobre el brillante campo estelar, haciendo verdadero honor a su nombre, como si una gota de tinta negra como el carbón hubiera caído en ese rincón del cielo. Es tan opaca que nos permitirá usar mayores aumentos para observar el cúmulo con más detalle. En mi caso pude llegar cómodamente a los 214 aumentos sin perder ni una pizca de nitidez, eso sí, bajo los estables cielos de Sierra Nevada. B86 adquiría entonces una forma peculiar, con dos prolongaciones separadas entre sí a modo de corazón o letra “Y”. No es difícil imaginarla en un espacio tridimensional, especialmente gracias a la estrella SAO 186161, que brilla rojiza poniendo la nota de color a la observación. Sin duda, B86 es una de las nebulosas con las que todo astrónomo aficionado debería iniciarse para quitarse el miedo a este tipo de objetos, siempre y cuando la oscuridad del cielo acompañe.

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Picoteando galaxias (NGC 6745)

Vamos a empezar la entrada con una imagen tomada por el Telescopio Espacia Hubble.

Foto NGC 6745

Probablemente nos hayamos quedado ensimismados contemplando esa estructura tan aparentemente anárquica, con colores tan dispares y formas poco lógicas. Lo cierto es que no es una galaxia irregular, sino dos galaxias en plena colisión que comenzaron a unirse hace apenas unos cientos de millones de años. Lo que puede que nos llame más la atención es el lugar en que se encuentra, en la famosa constelación de Lira. Este grupo de estrellas es conocido por albergar a M57, la nebulosa del anillo, o el bonito cúmulo abierto M56. Algunos otros cúmulos y estrellas dobles pueblan esta constelación, pero nadie imaginaría que guarda una galaxia tan llamativa entre sus dominios. El nombre de la galaxia principal es NGC 6745, y antaño pudo presumir de poseer unos simétricos brazos en espiral. Sin embargo, hoy se ha visto deformada por el paso de otra pequeña galaxia denominada PGC 200361, que ha ido dejando su rastro en forma de regiones de formación estelar. Si volvemos a mirar la fotografía veremos con claridad el reguero de estrellas brillantes y azuladas que forman un puente hasta esta pequeña galaxia cuyo extremo asoma en la esquina inferior derecha. Aunque las estrellas de distintas galaxias no suelen chocar entre sí (por las enormes distancias que las separan), las masas gaseosas sí suelen encontrarse, aumentando la densidad en algunas zonas y promoviendo la formación de nuevas estrellas. En un punto intermedio entre ambas galaxias la formación estelar ha tenido lugar a gran escala, formando un enorme cúmulo de astros que destacan sobre el resto, tan brillantes que reciben nombre propio, PGC 200362. Estos universos se encuentran excepcionalmente lejos, a 206 millones de años luz de distancia, y el tamaño de NGC 6745 ronda los 85.000 años luz de diámetro.

NGC 6745 tiene una magnitud de 13.3 y un brillo superficial bajo que requiere aberturas grandes y cielos oscuros para poder disfrutarla en condiciones. Su aspecto más interesante es, sin duda, la peculiar forma que le caracteriza, que le ha valido el apodo de “la cabeza de pájaro”. La galaxia más grande simularía la cabeza, mientras que la menor haría las veces del pico. Podemos encontrarla siguiendo una línea imaginaria que una a Vega y a épsilon Lyrae (y ya de paso podemos hacerle una visita de rigor a ésta última). A 62.5 aumentos, con el Dobson de 30 cm, ya se aprecia una pequeña mancha difusa sin bordes definidos, algo alargada, apenas visible si no es con visión periférica. Sin embargo, a 214 aumentos y tras una adecuada adaptación a la oscuridad es cuando más provecho se le puede sacar. Se aprecia entonces sin mayores dificultades la peculiar silueta en forma de pico, siendo NGC 6745 la galaxia más brillante, que poco a poco se va estrechando hasta acabar en una punta afilada y curvada. Por momentos, con visión lateral, puedo percibir un punto algo más brillante a medio camino, breves destellos que denotan la presencia de ese gran cúmulo estelar que  se ha formado a raíz de la colisión de sus progenitores. NGC 6745 es el claro ejemplo de que las galaxias no están reservadas sólo para la primavera, y es el que el cielo de verano nos guarda algunas sorpresas verdaderamente fascinantes.

NGC 6745

Un rincón de contrastes (Corona Australis)

El cielo sur guarda objetos que nos maravillan y despiertan en nosotros un importante deseo de viajar a zonas meridionales para poder disfrutar de sus paisajes celestes. Hoy vamos a hablar de uno de estos parajes formado por una gran variedad de objetos en un espacio de más de un grado de diámetro. Se encuentra en la constelación Corona Australis, justo debajo de Sagitario, y necesita un horizonte bien limpio y estable para mostrar todos sus encantos. Pertenece al denominado Complejo Molecular CrA (Corona Australis), y es una gran asociación de gas en la que está teniendo lugar una importante proliferación estelar. La zona que nos ocupa engloba 3 nebulosas difusas, una nebulosa oscura y un cúmulo globular, así como alguna estrella doble, convirtiendo a esta región en una de las más interesantes y variadas que podemos ver, como podemos comprobar en la espectacular fotografía de Ignacio Díaz Bobillo. Es difícil escoger un punto de inicio, así que comenzaremos por el objeto más lejano, un bonito cúmulo globular denominado NGC 6723.

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Este cúmulo se encuentra a unos 28.500 años luz de distancia, muy cerca del disco galáctico. Pasó por alto el atento escrutinio de Herschel, siendo descubierto en 1827 por James Dunlop. Varios cientos de miles de estrellas se disponen es una esfera de 108 años luz de diámetro, que en nuestro cielo corresponden a 13 minutos de arco. Es uno de los cúmulos globulares más antiguos que conocemos, datándose su origen hace más de 13.000 millones de años y comparable, por tanto, a la edad Foto NGC 6723-1.jpgde M92. A bajo aumento se ve como una esfera nebulosa, con el núcleo más brillante, y si la atmósfera es estable podrá apreciarse un hervidero de pequeñas estrellas que titilan en la distancia, como diminutos granos de harina. A mayores aumentos se resuelve con más facilidad, pero entonces no puede verse en el mismo campo que el resto de nebulosas, así que ya es cuestión de gustos (nada nos impide verlo primero a nivel general y luego profundizar a mayor aumento).

Vamos a estudiar ahora el complejo nebuloso que domina la zona, que presenta a simple vista dos colores bien llamativos, el negro y el azul. Sí, hablamos del color negro y no es del propio cielo, que en esta zona aparece repleto de estrellas infinitas, sino el negro opaco de una nebulosa oscura que se interpone entre el complejo molecular y nosotros, bloqueando nuestra visión a modo de obstáculo invisible. Esa nube, de la misma naturaleza que el resto de nebulosas de reflexión, no emite luz propia ni es iluminada por ninguna otra estrella, motivo por el cual aparece oscura a nuestros ojos. Su nombre es DN Be 157, derivado de Bernes 157. Ha habido desde el principio mucha discrepancia en estos términos, ya que al parecer el nombre Be 157 fue otorgado a una pequeña nebulosa de reflexión que rodea a V 709 CrA, apenas perceptible, y algunos autores han llegado a considerar toda la zona con ese nombre. Sea como sea, DN Be 157 (DN proviene de “Dark Nebula”) es una espectacular nebulosa oscura que en fotografías muestra una gran heterogeneidad en cuanto a densidad, recorriendo de forma longitudinal la constelación de Corona Australis a través de 8 años luz. Se encuentra a unos 450 años luz de nosotros, y al telescopio se aprecia con facilidad una zona especialmente escasa en estrellas, que comienza a medio camino entre NGC 6723, el cúmulo globular, y el resto de nebulosas que vamos a ver a continuación.

Al otro lado de NGC 6723 destacan, en primer lugar, dos brillantes estrellas que van a orquestar la disposición de las nebulosas. La más occidental tiene dos componentes, dos llamativas estrellas de tipo espectral B, separadas más de 50 segundos de arco.                La más brillante de ellas, denominada HD 176386, tiene una magnitud de 7.2 y a su alrededor se dispone la nebulosa de reflexión NGC 6727, como un etéreo manto que la rodea de forma tenue. La estrella más débil, SAO 210829, se encuentra en el centro de la nebulosa NGC 6726. Ambas nebulosas son en realidad la misma entidad, pero cada denominación hace referencia a la parte más iluminada por cada una de las estrellas. Son nebulosas de reflexión, es decir, no brillan con luz propia, sino que reflejan la luz que desprenden las estrellas más cercanas, en este caso las ya mencionadas. A bajo aumento se aprecian al telescopio como una nebulosidad redondeada, brillante si observamos desde un cielo oscuro, que al usar mayores aumentos se dispone en forma de “8”, especialmente con visión lateral. Los filtros nebulares resaltan ciertas longitudes de onda predominantes en nebulosas de emisión, por lo que aquí no serán muy eficaces, haciendo además que el fondo estrellado pierda protagonismo.

Esta nebulosa de reflexión no termina aquí, sino que alcanza una gran extensión, estando presente también alrededor de la otra estrella brillante que comentábamos en el párrafo anterior, BSO 14. Si prestamos un poco de atención veremos, incluso a bajos aumentos, que se trata de una estrella doble, con una separación entre sus componentes de 13 segundos de arco y unas magnitudes de 6.4 y 6.7. A su alrededor la nebulosa de reflexión toma el nombre de IC 4812. Aparece algo más tenue que las anteriores, si bien con visión lateral se ve sin ningún problema y alcanza un tamaño similar, con sus bordes en forma de cuadrilátero. De la misma manera, poca ayuda nos brindarán los filtros, de forma que nuestro mejor aliado será un cielo oscuro.

Foto NGC 6729

Región de NGC 6729

Vamos a terminar esta apasionante región del cielo con un objeto verdaderamente interesante denominado NGC 6729. Es una nebulosa de reflexión que rodea a la estrella R CrA, a modo de cometa, descubierta por Albert Marth, un astrónomo alemán, en 1861. Pocos años después Julius Schmidt notó que el brillo de la estrella variaba entre la magnitud 9 y 13, y el brillo de la nebulosa también cambiaba en consonancia. A finales del siglo XX se fotografió por primera vez a NGC 6729 en varias ocasiones, con un período de menos de un mes entre foto y foto, pudiendo comprobarse entonces las impresionantes variaciones que en tan poco tiempo tenían lugar en la masa de gas, alterándose incluso su forma y tamaño. En las siguientes imágenes podemos apreciar una de estas secuencias:

Foto NGC 6729 cambios

Teniendo en cuenta los datos de que disponían y el breve período de cambio (se podían llegar a apreciar cambios en la nebulosa en apenas 24 horas), se llegó a la asombrosa conclusión de que el fenómeno se debía a la rápida rotación de una masa gaseosa que orbitaba a la estrella a 1 Unidad Astronómica de distancia. Si recordamos, ocurre algo similar con NGC 2261, la Nebulosa Variable de Hubble, otra muestra más del increíble dinamismo que reina en el cosmos. A través del ocular NGC 6729 se ve apenas como una pequeña nebulosa en la que destaca su forma cometaria, con el vértice ocupado por la estrella R CrA, débil en el momento en el que la observé. Mayores aumentos pueden llegar a revelar algunos filamentos más destacados, pero su vista junto a todos los objetos que hemos mencionado es algo digno de disfrutar al menos una vez desde un cielo cristalino. Sin duda, debemos guardar esta maravillosa zona del cielo en la lista de objetos a la que recurriremos cuando viajemos al otro lado del mundo. Mientras tanto, seguiremos luchando contra el horizonte, mereciendo sobradamente la pena todo el esfuerzo que podamos realizar en su búsqueda.

NGC 6723.png

A continuación se detallan los principales componentes de este grupo de objetos:

NGC 6723 - detalles