No tres, sino cuatro (M20)

Una de las cosas más fascinantes del verano es el retorno de esas grandes nebulosas que pueblan el cosmos y que añaden un colorido incomparable a cualquier rincón. Si miramos a la zona de Sagitario, Escorpio… estamos buceando directamente en pleno centro galáctico, una zona en la que el brazo de Sagitario se despliega en todo su esplendor, con el fondo imponente del núcleo de la Vía Láctea. Una de estas nubes es la que nos ocupa hoy, o, concretando un poco, un conjunto de nubes.

La nebulosa Trífida, también denominada M20 o NGC 6514, es una de las nebulosas más conocidas, apareciendo su fotografía en la mayoría de libros de astronomía y asombrando con sus perfiladas formas. El nombre fue acuñado por John Herschel, aunque fue previamente descubierta por Messier y William Herschel. Éste último catalogó por separado cada parte de la nebulosa, que denominó H V.10, H V.11 y H V12. Sin embargo, dos años después, en 1786, volvió a “redescubrirla”, catalogándola como H IV.41 y pensando que era una nebulosa planetaria.

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Dejamos ahora a los grandes astrónomos del pasado para viajar a un lugar situado a unos 5.000 años luz y hace apenas un millón de años, cuando en la Tierra el Homo Erectus ya producía instrumentos de piedra y controlaba el fuego a su antojo. En esa época dos grandes nubes moleculares, que flotaban a la deriva en el brazo interno de nuestra galaxia, se encontraron, arremetiendo una contra la otra, uniendo sus moléculas en partículas cada vez más pesadas, produciendo finalmente estrellas con vida propia, masivas y calientes. Estas estrellas tan brillantes producían tal cantidad de radiación ultravioleta que eran capaces de ionizar el gas que tenían alrededor, iluminándolo como una fogata en la oscuridad y sorprendiendo, un millón de años después, a una especie de un lejano planeta que la observa con primitivos instrumentos.

Las dos nubes que dieron lugar a la formación de esta asociación fueron descubiertas gracias a que presentan una mayor temperatura que el resto del gas, apenas 30 grados más, pero que permite delimitarlas y confirmar su existencia muy cerca del centro de la nebulosa. Las nubes se llaman “Nube 2 km.s1” y “Nube C”, siendo la primera responsable de las franjas negras que delimitan las partes de la Trífida. Estos oscuros filamentos no son más que gases a los que la radiación de las estrellas centrales no ha llegado aún, por lo que permanecen oscurecidos. Tradicionalmente se han catalogado como Barnard 85, y presenta realmente cuatro líneas con ciertas irregularidades provocadas por los vientos imperantes en la zona. En esta “Nube 2 km.s1” se ha encontrado uno de los objetos más interesantes de M20. Al sur de esta línea, hacia la periferia, hay una nebulosa oscura denominada TC2, de forma triangular y bajo contraste, en cuyo vértice podemos ver una línea gaseosa que parece salir despedida de la nebulosa. Esa línea se denomina HH 399 que, si recordamos, hace referencia al término “Herbig-Haro”, aquéllas estrellas que se están gestando y son rodeadas por la masa gaseosa primitiva, presentando en ocasiones largos jets o chorros de gas que salen despedidos a grandes velocidades. El jet de HH 399 va recorriendo el espacio a unos 400 km por segundo y se aprecia perfectamente en la siguiente fotografía del Hubble.

Foto M20 jet

La imagen puede resultarnos familiar, y es que comparte muchas características con otras nebulosas como M8 o M16, presentando también esos “dedos” o yemas nebulosas en cuyo interior residen las estrellas en formación. La radiación ultravioleta de las propias estrellas del cúmulo es la encargada de ir tallando el gas, de manera que finalmente la estrella recién nacida se mostrará en todo su esplendor. Hay en M20 una estrella que es, sin duda, la protagonista, miembro primigenio de la cohorte,  que se llama HD 164492. Es una enorme estrella de tipo espectral O7.5, extremadamente caliente y azul, y la principal responsable de la ionización de la parte de emisión de M20. Y mencionamos esto último porque en M20 también encontramos una región compuesta por nebulosas de reflexión, zonas a las que la radiación de HD 164492 no llega y, por tanto, no están ionizadas. Reflejan, sin embargo, la luz de las estrellas que engloba, por lo cual adquiere en fotografías un color azulado que contrasta enormemente con el rojo del hidrógeno ionizado. La Trífida, como tal, hace referencia a la parte de emisión, la que muestra las características formas, si bien todo forma parte del mismo conjunto. El cúmulo estelar que guarda cuenta con unas 150 estrellas recién nacidas, descubiertas por el Sptizer en los últimos años, muchas de las cuales están envueltas en su placenta de gas. La mayor parte de las estrellas del cúmulo está ocultas tras las franjas oscuras y los jirones traslúcidos de gas, aunque las más brillantes pueden distinguirse a su través.

Hemos comentado que M20 se formó por la colisión de dos nubes moleculares, a diferencia de la mayoría de nebulosas, aunque recientes observaciones han revelado la presencia de un remanente de supernova que se encuentra excepcionalmente cerca, llamado SNR W28. Es una nebulosidad formada por los restos de la explosión de una estrella que bien podría haber estimulado la proliferación estelar, o promovido la colisión de ambas nubes. Sea como fuere, el resultado ha sido una innegable obra de arte.

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Podremos observar M20 desde cualquier lugar, pero tenemos que buscar cielos muy oscuros si queremos aprovechar todo lo que nos puede ofrecer. Telescopios modestos o sitios contaminados nos impedirán apreciar cómodamente las franjas que dividen a la nebulosa, uno de sus principales atractivos. Personalmente, siempre pensé que la Trífida, como indica su nombre, estaba formada por tres franjas oscuras. La había observado desde sitios relativamente contaminados y nunca había visto más allá. Por eso, cuando pude observarla desde los limpios cielos de Sierra Nevada, quedé atónito al comprobar cómo la cuarta línea oscura saltaba a la vista, débil y más pequeña, pero clara y definida. La nebulosa en su conjunto adquiría un brillo importante, y la estabilidad de la atmósfera me empujó a usar el ocular de 7 mm, que me proporcionaba 214 aumentos. Entonces la nebulosa de emisión, el cuerpo principal, ocupaba prácticamente todo el ocular, con el brillante centro rasgado por esos filamentos oscuros que nunca antes había apreciado con tanta claridad. HD 164492 brillaba con fuerza en el centro, acompañada por otras 3 estrellas que, en línea recta, forman parte del mismo sistema estelar (hay más estrellas compañeras pero necesitan de mayor aumento para distinguirlas). Con paciencia pasaron los minutos, aprovechando cada fotón que entraba en el tubo, y fui siendo consciente de la irregularidad de las franjas oscuras. Algunas presentaban entrantes y salientes que rompían la monotonía, dando el aspecto de estar contemplando una fotografía. Probé a usar los filtros UHC y OIII y, aunque resaltaban un poco la nebulosa, escogí observar al natural para poder apreciar mayor número de estrellas en el campo. La vista era sobrecogedora, entendiendo entonces por qué la Trífida es una de las nebulosas más espectaculares que podemos observar.

M20

Guardianes de la Osa Mayor (2ª parte)

M81 y M82 son, como ya dijimos, las galaxias dominantes del denominado grupo de M81 que, a poco más de 10 millones de años luz, está formado por una treintena de componentes. Hoy le toca el turno a algunas galaxias de este séquito que flanquean a la gran pareja central y que, por tanto, podemos aprovechar para observar en la misma sesión.

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Fotografía realizada por Benjamín Hernández Fernández

La más cercana de estas galaxias, a tan sólo 45 minutos de arco de M81, es NGC 3077, una interesante galaxia que muestra la silueta redondeada de una galaxia elíptica. Sin embargo, imágenes de larga exposición han revelado la presencia de grandes nubes de polvo y gas en su interior que, de forma radial, parecen querer escaparse de la galaxia. Estas masas de polvo son el resultado de la interacción de NGC 3077 con M81 y M82, hecho que también puede probarse a mayor escala cuando observamos en distinta longitud de onda, habiéndose descubierto la presencia de filamentos de gas dispuestos como puentes entre NGC 3077 y M81. Situada a unos 12.8 millones de años luz de distancia, NGC 3077 tiene un diámetro de unos 20.000 años luz, considerándose por tanto una galaxia enana de tipo incierto, ya que presenta características propias de las elípticas, espirales e irregulares. Lo que sí está bien claro es que es víctima de una intensa proliferación estelar, gracias al gas que una vez fue atraído por M81 y que ahora, tras muchos millones de años, vuelve a caer en la galaxia, removiendo al mismo tiempo el medio interestelar. Por tanto, podemos decir que NGC 3077 comparte su comportamiento con M82, que también es una galaxia de brote estelar.

Visualmente no supone ningún problema para localizarla, tan cerca de M81 que cabe en el mismo campo si usamos un ocular de bajo aumeno. La primera vez que observé NGC 3077 quedé sorprendido por su alto brillo superficial, así como por su zona central, mucho más luminosa. A 125 aumentos noté, desde un primer momento, una extraña sensación, la impresión de que la superficie no era completamente regular, algo distinto al resto de galaxias elípticas. Así mismo, la zona central no parecía ser perfectamente esférica, sino más bien “poligonal”, algo que me resultó peculiar pero que posteriormente pude comprobar en fotografías. ¿Serían las franjas de polvo oscuro las que otorgaban un aspecto irregular a la superficie de la galaxia? No estoy seguro, pero no lo descartaría. Lo que sí sé es que NGC 3077, con tanta intriga, me mantuvo un buen rato pegado al ocular, durante el cual fue consciente de que una parte de la zona central era más brillante que el resto. Por si fuera poco una estrella doble corona la imagen, a modo de colofón. Se trata de HD 86677, una estrella de magnitud 7,9 y su compañera de la 9,7, que aparece rojiza ante el contraste con la primaria, que brilla con tono amarillento.

NGC 3077

NGC 2976, al otro lado de M81, también muestra similares huellas de estas fuertes interacciones. Es considerada una galaxia espiral peculiar, aunque su estructura queda disimulada por los girones de gas y polvo oscuro que tapizan su superficie. Desde hace 500 millones de años está siendo fruto de una gran proliferación estelar, igual que ocurre con NGC 3077, sobre todo en una región de 5.000 años luz alrededor del núcleo. El resto de la galaxia, especialmente su periferia, es relativamente pobre en gas, perdido a raíz de las interacciones y de la constante formación de estrellas. Es una galaxia aún más pequeña que NGC 3077, pese a lo cual no supone gran problema para observarla con instrumentos modestos. De hecho, presenta una forma muy interesante que podría describir como la típica galaxia en espiral que se inclina hacia nosotros en un ángulo poco pronunciado, a modo de M31 o NGC 2841. Dos estrellas aparecen rozando su elíptico halo como si fueran sendas supernovas, si bien se encuentran miles de veces más cerca que la galaxia.

NGC 2976

Por último, vamos a finalizar esta visita viajando a una distancia mucho mayor, saltando de los cómodos 12 millones de años luz a unos vertiginosos 205 millones de años luz, distancia a la que se encuentra NGC 2959, una galaxia espiral barrada que dista apenas un grado de M81. Sus dos finos brazos la rodean en repetidas ocasiones, haciendo gala de una ordenada armonía. Ronda la magnitud 13.7, por lo que deberemos estar bajo un cielo oscuro para poder apreciarla como una pequeña esfera difusa y tenue, apenas una reminiscencia de lo que verdaderamente es, una enorme aglomeración de soles con un diámetro de 90.000 años luz.

NGC 2925

Nova en Escorpio

En las últimas semanas hemos asistido a la presencia de varias supernovas en distintas galaxias, como la de NGC 4125 o NGC 3631. Se ve que han servido para causar envidia a nuestra Vía Láctea que, desde hace 5 días, nos ha regalado la vista con una nova en la constelación de Escorpio. Pueden parecer eventos similares (ambas suponen el aumento de brillo de una estrella), pero su origen no podría ser más distinto. Una nova se forma en sistemas binarios formados por una estrella gigante roja y una enana blanca. En principio ambas giran de manera natural, pero la gigante roja va aumentando constantemente su diámetro. Hay un dato que conviene señalar en este aspecto, y es el Lóbulo de Roche, que es la zona externa de la estrella en el que la materia se halla ligada gravitacionalmente al astro. Básicamente, es la zona de influencia de la estrella, todo lo que esté fuera de este lóbulo dejará de notar la gravedad de la estrella. El problema viene cuando la gigante roja va aumentando su diámetro, hasta el punto de que sus capas superficiales superan el Lóbulo de Roche. Entonces, esta masa que se ha visto “liberada” de su estrella, va rápidamente a girar alrededor de la enana blanca, el cuerpo gravitacional más cercano que tienen, y de esta manera más y más masa comienza a acumularse sobre la enana blanca. Este aumento de la cantidad de gas en la cubierta de la enana blanca produce una elevación importante de la temperatura que, llegado a cierto límite, se traduce en el inicio de reacciones de fusión nuclear, fusionando átomos de hidrógeno y helio, formando nuevos elementos y liberando enormes cantidades de energía, reflejo del enorme brillo que adquiere la estrella.

Así, una estrella que hasta entonces permanecía invisible a nuestros ojos, puede llegar a brillar lo suficiente para apreciarse a simple vista, como ocurrió en 1572, cuando Tycho Brahe descubrió una brillante estrella que apareció de repente en el cielo. Fue entonces cuando acuñó el término de “nova”, aunque en ese caso concreto se trató realmente una supernova, un evento mucho más cataclísmico del que ya hemos hablado en otras ocasiones. La nova recién descubierta, al lado de la cola del escorpión, se ha denominado PNV J17381927-3725077 o, de una manera más sencilla, Nova Scorpii 2016. Hideo Nishimura la detectó el pasado 10 de junio brillando con una magnitud de 12.4, y posteriormente se ha mantenido entre la magnitud 12 y 13, con pequeñas variaciones. La observé anoche con una luna brillante, cielo suburbano y estando muy baja en el horizonte, pero con un poco de paciencia pude analizar las estrellas más cercanas a la nova y hacer una estimación de su brillo. Para ello tomé como referencia dos estrellas cercanas de magnitud 12.8 y 13.2, ya que la nova en cuestión se encontraba a medio camino entre una y la otra. De esta manera pude estimar una magnitud 13.0, e incluso 13.1 si me fiase más de la atmósfera. No es fácil realizar estimaciones cuando las condiciones son tan adversas, pero aun así resulta emocionante saber que ese pequeño punto, apenas discernible, es una pequeña estrella cuyas capas externas están “al rojo vivo”, con un comportamiento bastante arbitrario que puede prolongarse durante varias semanas e, incluso, volver a repetirse meses o años después.

Nova scorpii 2016

Aprovecho para adjuntar un enlace a la página de AAVSO en la que se notifica el evento y se pueden observar distintas estimaciones de astrónomos de todo el mundo. Cualquier que se inscriba en la página puede aportar su granito de arena con una estimación del brillo para ayudar a elaborar una curva evolutiva. En la imagen se puede ver también la posición de la nova y las coordenadas para buscarla.

https://www.aavso.org/aavso-alert-notice-544

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Un anciano en Libra (NGC 5897)

Situado en la discreta constelación de Libra, un cúmulo globular destaca como objeto de cielo profundo, ajeno a todas las pequeñas galaxias que pueblan la región. Es el preámbulo de la estación de los globulares, y es llamativo por su estilo propio. Se trata de NGC 5897, un cúmulo globular situado a unos 46.000 años luz de nosotros y a 24.000 años luz del centro galáctico. A pesar de tener una magnitud aparente de 8.5, su brillo superficial es extremadamente bajo, ya que su concentración de estrellas es muy baja. De hecho, NGC 5897 se clasifica como un cúmulo globular de tipo XI (el máximo grado, el más disperso de todos, es el XII), muy similar a NGC 288. Está formado por miles de estrellas que se disponen sobre un área de 150 años luz de diámetro, con la característica esencial de tener una metalicidad extremadamente baja comparado con nuestro sol. Es decir, sus estrellas presentan una proporción de hidrógeno y helio mucho mayor que de otros elementos pesados, lo cual habla en relación a su edad, ya que cuando se formaron, en un universo primitivo, no abundaban los metales pesados en nuestra galaxia (los metales pesados fueron haciéndose más abundantes posteriormente, gracias a su formación en explosiones en el interior de las grandes estrellas a modo de supernovas). De esa manera se ha podido calcular su edad es unos 2 mil millones de años mayor que M3, siendo la de éste unos 11.000 millones de años. Por tanto, deberíamos remontarnos a los primeros mil millones de años de vida del universo para datar a NGC 5897.

La clave para poder disfrutar de este cúmulo globular radica en la oscuridad del cielo. Previamente lo había observado con mi Dobson 12’’ desde cielos suburbanos, vislumbrando apenas una nube extremadamente débil. Sin embargo, cuando tuve la oportunidad de observarlo desde cielos cristalinos comprendí que tenía mucho que ofrecer. Ya a 125 aumentos se apreciaba la diferencia, apareciendo la esfera nebulosa con notoria claridad, y unas diminutas estrellas salpicaban la zona, asomándose tímidas a la superficie. Con una magnitud superior a 13, pude ver estas estrellas más fácilmente al usar 214 aumentos, con los cuales NGC 5897 ocupaba un tercio del ocular. Su forma, además, no era perfectamente circular. La región más interna y brillante tenía cierto aspecto de gota de agua o coma, rodeada por una corona algo más tenue, aunque el gradiente de concentración no era especialmente marcado. Más de 30 estrellas aparecían dispersas por toda la superficie, de mayor brillo en el núcleo y más débiles en la periferia, dando cierto aspecto de tridimensionalidad. Sin duda, uno de esos objetivos que debemos afrontar cuando tengamos la oportunidad de observar bajo un cielo especial.

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Qué ver en primavera

En el siguiente enlace tenéis una propuesta de observación de 15 objetos primaverales que no son especialmente conocidos. La mayoría son galaxias, que es lo que predomina en esta estación, algunas con detalles en su superficie y otras con otro tipo de interés. Si hacéis clic en el nombre del objeto iréis a la página del artículo original, con el dibujo y la información correspondiente. Las observaciones las he realizado con mi Dobson de 30 cm, aunque la mayoría de los objetos pueden ser vistos con muchísima menos abertura. ¿Qué otros objetos añadiríais a la lista?

Propuestas de Primavera

El Huso celeste (NGC 3115)

El Sextante es una constelación que cabalga a lomos de Hidra y se encuentra bajo la brillante estrella Regulus, de Leo. Es una agrupación de estrellas muy discreta, tan débil que su estrella más brillante, alfa sextantis, tiene una magnitud aparente de 4.48. Aun así, el Sextante tiene algunos objetos interesantes que mostrar, destacando en cuanto a cielo profundo, sin duda, NGC 3115, conocida también como la Galaxia del Huso.

NGC 3115 es una galaxia que trajo consigo cierta confusión. Desde un comienzo fue considerada una galaxia de tipo elíptica, más concretamente E7. Recordemos que este tipo de galaxias adquieren un número tras la letra “E” que hace referencia a la elongación visible, de manera que una galaxia E0 es perfectamente esférica. Podemos deducir, por tanto, que NGC 3115 es enormemente alargada, algo perfectamente visible en cuanto a sus dimensiones aparentes, de 7.2 x 2.5 minutos de arco. Sin embargo, tras muchos años considerando a NGC 3115 como una elíptica, se encontró que presentaba un disco y un engrosamiento central a modo de bulbo con una alta concentración de estrellas. De esta manera se reclasificó como una galaxia lenticular, ese tipo de galaxias a medio camino entre elípticas y espirales que comparte características de ambos. NGC 3115 se encuentra a unos 30 millones de años luz de distancia y es una pequeña galaxia cuyo diámetro se estima en unos 30.000 años luz.

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En 2011 fue testigo de un importante avance en el campo de los agujeros negros. Desde antes ya se conocía la existencia de un agujero negro supermasivo en el núcleo de NGC 3115, pero no fue hasta ese año cuando se obtuvo la imagen más reveladora y con mayor detalle de los efectos directos de estos objetos, gracias al telescopio Chandra, en rayos X. Se observó la masa de gas que rodea al agujero negro, el conocido como disco de acreción, que se va calentando a medida que se acerca al centro y emite radiación en distintas longitudes de onda. Se pudo comprobar que, a una distancia de 700 años luz del centro del agujero negro, la temperatura ascendía a niveles muy elevados, localizando a esa distancia el conocido como “radio de Bondi”. Mediante cálculos variados se llegó a la conclusión de que el agujero negro tenía una masa de 2.000 millones de soles, convirtiéndolo en el agujero negro tan masivo más cercano a nuestra galaxia.

NGC 3115 es una galaxia brillante, alcanzando la magnitud 9.9. Es visible en el buscador si la noche es oscura, a modo de diminuta mancha un poco alargada. Al telescopio es cuando revela su verdadera estructura. Su gran brillo superficial nos permite usar aumentos elevados, de manera que la primera vez que la observé lo hizo a 300 aumentos. La galaxia ocupaba entonces casi la mitad del campo del ocular con un centro brillante y pequeño, redondeado, enmarcado en el centro de un prominente engrosamiento que se estrechaba a medida que se acercaba a los extremos afilados. Este bulbo era más brillante que el resto del disco, y tras tener la vista bien adaptada pude percibir, con visión lateral, dos líneas que destacaban saliendo del núcleo, una hacia cada lado, en dirección a los extremos, durante unos 2 minutos de longitud. NGC 3115 es, sin duda, una de las galaxias de perfil más atractivas que podemos observar en primavera, en una zona poco conocida pero que bien merece una visita de vez en cuando.

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Espirales en Coma I (NGC 4559 y NGC 4414)

Hemos visto ya numerosos componentes de la Nube de Galaxias Coma I, y hoy vamos a añadir a dos miembros más. Para entrar en materia, recordaremos que la Nube Coma I es un conjunto de galaxias que comparten su velocidad y dirección, alejándose de nosotros a 980 km por segundo y situándose a una media de 40 millones de años luz. Es un grupo en el que las protagonistas son las galaxias espirales, a diferencia de lo que ocurre en otras agrupaciones más numerosas, donde predominan las elípticas. El miembro más brillante de Coma I es NGC 4725, mientras que otros de los componentes que ya hemos visto son M64, NGC 4565, NGC 4631 y NGC 4656. En el cielo ocupan un área intermedia entre Abell 1656 (el Cúmulo de Coma) y Abell 1367 (el Cúmulo de Leo), aunque se sitúen mucho más cerca que esos grandes cúmulos. Sin embargo, guarda mayor relación con el Cúmulo de Virgo (a 65 millones de años luz), ya que la Nube Coma I, junto con nuestro Grupo Local, forma parte de la periferia del Supercúmulo de Virgo, alrededor de cuyo centro giramos debido a la gravedad.

Hecho este preámbulo, y orientados ya respecto a esta nube de universos, vamos a ver a las dos protagonistas de hoy. La primera de ellas es NGC 4559, una de las galaxias más cercanas de Coma I, situada a unos 29 millones de años luz. Es una galaxia a medio camino entre una espiral y una espiral barrada, y como el resto de galaxias “intermedias” presenta una elevada cantidad de hidrógeno neutro. Sus brazos, algo irregulares, se encuentran salpicados por numerosas aglomeraciones estelares y regiones HII. Algunas de ellas poseen nombre propio, tanto del catálogo IC como del HK83. La última supernova ocurrida en ella tuvo lugar en 1941, alcanzando la treceava magnitud. NGC 4559 presenta un brillo superficial suficiente para poder disfrutarla con paciencia. Con 10.7 x 4.4 minutos de arco se caracteriza por mostrar, en primer momento, un halo ovalado con un núcleo brillante y puntual. Tres grandes estrellas flanquean a la galaxia y parecen envolverla en su regazo. La mejor visión la obtuve con el Kronus de 7 mm, a 214 aumentos, con una pupila de salida de 1.4, perfecta para observar detalles en lejanas galaxias.

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Si la noche es lo suficientemente no resultará difícil observar algunas de estas condensaciones galácticas, sobre todo si dedicamos el tiempo oportuno. Tras varios minutos de observación pude apreciar tres zonas más brillantes. Una de ellas, a modo de brazo, salía del núcleo y se dirigía hacia la estrella central, engrosándose al llegar junto a ella. Esta zona está compuesta por dos grandes cúmulos denominados HK15 y HK16. Hacia el otro lado destaca, en el extremo opuesto, otra condensación algo alargada que corresponde a IC 3555, mientras que en la región superior otra condensación algo más débil recibe la denominación IC 3551. Conforme más regiones HII veo en otras galaxias, más increíble me parece el hecho de poder apreciarlas con un “simple” aparato formado por dos espejos…

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La siguiente galaxia, NGC 4414, se encuentra más alejada, a 61 millones de años luz, rozando el centro del cúmulo de Virgo. Es algo menor que la anterior, alcanzando un diámetro de 56.000 años luz. Es otra galaxia espiral de tipo floculenta, con sus brazos subdivididos en porciones más cortas, de manera similar a M63 o NGC 2841. Las estrellas de mayor edad se disponen en las regiones más centrales, amarillentas, mientras que las más jóvenes pueblan sus múltiples brazos retorcidos. Recientemente han aparecido dos supernovas en NGC 4144, una en 1974 y la última en 2013. Visualmente es parecida a la anterior en cuanto a su forma ovalada, presentando también un núcleo brillante y de tamaño reducido. En este caso no se aprecian sus regiones HII, sino que despliega de manera vistosa sus dos principales brazos, cada uno saliendo hacia lugares opuestos, visibles sin mayor problema si tenemos paciencia y la vista bien adaptada. Por supuesto, la visión periférica es un requisito indispensable para distinguir estos detalles tan tenues, pero aun así no deja de tener su encanto.

NGC 4414