No tres, sino cuatro (M20)

Una de las cosas más fascinantes del verano es el retorno de esas grandes nebulosas que pueblan el cosmos y que añaden un colorido incomparable a cualquier rincón. Si miramos a la zona de Sagitario, Escorpio… estamos buceando directamente en pleno centro galáctico, una zona en la que el brazo de Sagitario se despliega en todo su esplendor, con el fondo imponente del núcleo de la Vía Láctea. Una de estas nubes es la que nos ocupa hoy, o, concretando un poco, un conjunto de nubes.

La nebulosa Trífida, también denominada M20 o NGC 6514, es una de las nebulosas más conocidas, apareciendo su fotografía en la mayoría de libros de astronomía y asombrando con sus perfiladas formas. El nombre fue acuñado por John Herschel, aunque fue previamente descubierta por Messier y William Herschel. Éste último catalogó por separado cada parte de la nebulosa, que denominó H V.10, H V.11 y H V12. Sin embargo, dos años después, en 1786, volvió a “redescubrirla”, catalogándola como H IV.41 y pensando que era una nebulosa planetaria.

FOto M20.jpg

Dejamos ahora a los grandes astrónomos del pasado para viajar a un lugar situado a unos 5.000 años luz y hace apenas un millón de años, cuando en la Tierra el Homo Erectus ya producía instrumentos de piedra y controlaba el fuego a su antojo. En esa época dos grandes nubes moleculares, que flotaban a la deriva en el brazo interno de nuestra galaxia, se encontraron, arremetiendo una contra la otra, uniendo sus moléculas en partículas cada vez más pesadas, produciendo finalmente estrellas con vida propia, masivas y calientes. Estas estrellas tan brillantes producían tal cantidad de radiación ultravioleta que eran capaces de ionizar el gas que tenían alrededor, iluminándolo como una fogata en la oscuridad y sorprendiendo, un millón de años después, a una especie de un lejano planeta que la observa con primitivos instrumentos.

Las dos nubes que dieron lugar a la formación de esta asociación fueron descubiertas gracias a que presentan una mayor temperatura que el resto del gas, apenas 30 grados más, pero que permite delimitarlas y confirmar su existencia muy cerca del centro de la nebulosa. Las nubes se llaman “Nube 2 km.s1” y “Nube C”, siendo la primera responsable de las franjas negras que delimitan las partes de la Trífida. Estos oscuros filamentos no son más que gases a los que la radiación de las estrellas centrales no ha llegado aún, por lo que permanecen oscurecidos. Tradicionalmente se han catalogado como Barnard 85, y presenta realmente cuatro líneas con ciertas irregularidades provocadas por los vientos imperantes en la zona. En esta “Nube 2 km.s1” se ha encontrado uno de los objetos más interesantes de M20. Al sur de esta línea, hacia la periferia, hay una nebulosa oscura denominada TC2, de forma triangular y bajo contraste, en cuyo vértice podemos ver una línea gaseosa que parece salir despedida de la nebulosa. Esa línea se denomina HH 399 que, si recordamos, hace referencia al término “Herbig-Haro”, aquéllas estrellas que se están gestando y son rodeadas por la masa gaseosa primitiva, presentando en ocasiones largos jets o chorros de gas que salen despedidos a grandes velocidades. El jet de HH 399 va recorriendo el espacio a unos 400 km por segundo y se aprecia perfectamente en la siguiente fotografía del Hubble.

Foto M20 jet

La imagen puede resultarnos familiar, y es que comparte muchas características con otras nebulosas como M8 o M16, presentando también esos “dedos” o yemas nebulosas en cuyo interior residen las estrellas en formación. La radiación ultravioleta de las propias estrellas del cúmulo es la encargada de ir tallando el gas, de manera que finalmente la estrella recién nacida se mostrará en todo su esplendor. Hay en M20 una estrella que es, sin duda, la protagonista, miembro primigenio de la cohorte,  que se llama HD 164492. Es una enorme estrella de tipo espectral O7.5, extremadamente caliente y azul, y la principal responsable de la ionización de la parte de emisión de M20. Y mencionamos esto último porque en M20 también encontramos una región compuesta por nebulosas de reflexión, zonas a las que la radiación de HD 164492 no llega y, por tanto, no están ionizadas. Reflejan, sin embargo, la luz de las estrellas que engloba, por lo cual adquiere en fotografías un color azulado que contrasta enormemente con el rojo del hidrógeno ionizado. La Trífida, como tal, hace referencia a la parte de emisión, la que muestra las características formas, si bien todo forma parte del mismo conjunto. El cúmulo estelar que guarda cuenta con unas 150 estrellas recién nacidas, descubiertas por el Sptizer en los últimos años, muchas de las cuales están envueltas en su placenta de gas. La mayor parte de las estrellas del cúmulo está ocultas tras las franjas oscuras y los jirones traslúcidos de gas, aunque las más brillantes pueden distinguirse a su través.

Hemos comentado que M20 se formó por la colisión de dos nubes moleculares, a diferencia de la mayoría de nebulosas, aunque recientes observaciones han revelado la presencia de un remanente de supernova que se encuentra excepcionalmente cerca, llamado SNR W28. Es una nebulosidad formada por los restos de la explosión de una estrella que bien podría haber estimulado la proliferación estelar, o promovido la colisión de ambas nubes. Sea como fuere, el resultado ha sido una innegable obra de arte.

Foto M20 SNR.jpg

Podremos observar M20 desde cualquier lugar, pero tenemos que buscar cielos muy oscuros si queremos aprovechar todo lo que nos puede ofrecer. Telescopios modestos o sitios contaminados nos impedirán apreciar cómodamente las franjas que dividen a la nebulosa, uno de sus principales atractivos. Personalmente, siempre pensé que la Trífida, como indica su nombre, estaba formada por tres franjas oscuras. La había observado desde sitios relativamente contaminados y nunca había visto más allá. Por eso, cuando pude observarla desde los limpios cielos de Sierra Nevada, quedé atónito al comprobar cómo la cuarta línea oscura saltaba a la vista, débil y más pequeña, pero clara y definida. La nebulosa en su conjunto adquiría un brillo importante, y la estabilidad de la atmósfera me empujó a usar el ocular de 7 mm, que me proporcionaba 214 aumentos. Entonces la nebulosa de emisión, el cuerpo principal, ocupaba prácticamente todo el ocular, con el brillante centro rasgado por esos filamentos oscuros que nunca antes había apreciado con tanta claridad. HD 164492 brillaba con fuerza en el centro, acompañada por otras 3 estrellas que, en línea recta, forman parte del mismo sistema estelar (hay más estrellas compañeras pero necesitan de mayor aumento para distinguirlas). Con paciencia pasaron los minutos, aprovechando cada fotón que entraba en el tubo, y fui siendo consciente de la irregularidad de las franjas oscuras. Algunas presentaban entrantes y salientes que rompían la monotonía, dando el aspecto de estar contemplando una fotografía. Probé a usar los filtros UHC y OIII y, aunque resaltaban un poco la nebulosa, escogí observar al natural para poder apreciar mayor número de estrellas en el campo. La vista era sobrecogedora, entendiendo entonces por qué la Trífida es una de las nebulosas más espectaculares que podemos observar.

M20

3 Respuestas a “No tres, sino cuatro (M20)

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