Lejanos destellos con nombre propio

Hace unas semanas me encontraba bajo un cielo oscuro mirando el atlas por la zona sur de la Osa Mayor, buscando objetos entre sus patas. Encontré dos galaxias con nombre propio y pensé que debería haber una buena razón para que alguien se preocupe en nominarlas de alguna manera, así que les eché un vistazo.

La primera de ellas, IC 708, tenía escrito al lado “Papillon”, que viene a significar “Mariposa” en español. IC 708 forma parte de un cúmulo galáctico que se llama Abell 1314 y que contiene más de 250 galaxias. Se encuentra a una distancia tremendamente elevada, a unos 450 millones de años luz. Entre sus componentes encontramos 4 galaxias que pertenecen al catálogo IC, mientras que el resto forman parte de otros catálogos como el PGC o el UGC. El nombre de “Papillon” deriva de su visión en ondas de radio, y es que en este cúmulo de galaxias se ha encontrado una de las mayores estructuras emisoras de radio que se pueden observar. Alrededor de la galaxia encontramos una zona de intensa emisión con la forma de dos alas abiertas (usando un poco la imaginación), aunque no es la única fuente que encontramos, pues parece que dichas alas fuesen el comienzo de un enorme filamento que se continúa hasta IC 711. En la siguiente imagen podemos apreciar estos fenómenos, además de diversas fuentes de menor tamaño que pululan por todo el cúmulo.

Foto Abell 1314.jpg

IC 708, así como IC 711, son radiogalaxias, es decir, galaxias en las que vemos una importante emisión de ondas de radio. ¿Cómo puede ser que veamos este tipo de radiación entre galaxias? Parece ser que se forma en lugares donde hay grandes nubes de hidrógeno flotando alrededor de galaxias con núcleos muy activos. Del interior de estas galaxias saldrían despedidos enormes cantidades de electrones a velocidades cercanas a la luz que colisionarían directamente con estas nubes, originando la fuerte radiación (denominada sincrotrón) que podemos apreciar desde aquí.

En la vertiente visual Abell 1314 no es tan interesante, aunque supone un desafío por su extrema debilidad, y siempre tiene algo de surrealista y emotivo poder observar objetos tan distantes. A 65 aumentos IC 708 era la más brillante de las galaxias del campo, con una magnitud de 14.1. Redondeada y de bordes difusos, pequeña, nada haría pensar en la fuerza que desprende de su núcleo. Muy cerca, a poco más de dos minutos de distancia, pude apreciar a IC 709, de magnitud 15, más pequeña aún pero fácilmente distinguible con visión indirecta. Al lado de una brillante estrella destaca también IC 712, una elíptica ligeramente elongada. El otro extremo del filamento de ondas de radio, IC 711, puede apreciarse brillando con magnitud 15.1, al lado de un discreto grupo de 5 estrellas. Justo a su lado, visible de manera más fácil con mayor aumento, pude apreciar una débil estrella doble. Posteriormente, comparando el dibujo con imágenes, una de las componentes podría ser una galaxia en vez de una estrella, una elíptica MGC +08-21-06, miembro del grupo también. Por último, la galaxia que más difícil me resultó apreciar y, sin embargo, la más interesante visualmente, fue PGC 35831, una espiral vista de perfil que se encuentra algo más lejos, a unos 480 millones de años luz. Con visión lateral, tras varios minutos conseguí ver claramente su llamativa forma, como una diminuta astilla en medio de la oscuridad del cielo.

Abell 1314.png

Con la vista cansada por el esfuerzo me desplacé, muy cerca, a la siguiente galaxia con nombre propio, NGC 2985, que el atlas denominaba “Espiral en miniatura”. Situada a unos 45 millones de años luz de nosotros, es la galaxia más pequeña en la que se ha podido discernir una estructura espiral. Es una espiral enana cuyo diámetro se encuentra entre los 5.000 y los 10.000 años luz, con un bulbo Foto NGC 3928.pngexcesivamente azulado para su edad, que denota una etapa reciente de intensa proliferación estelar.

Cuando la observé iba con la imagen de una espiral pequeña en mente, y hoy me planteo si fue sugestión o realmente pude distinguir sus brazos. En primer lugar vi una esfera blanquecina con un núcleo más intenso, con el suficiente brillo superficial como para usar mayores aumentos. A 214 aumentos noté algo brillante a la derecha de la galaxia, en su disco, y tuve por unos momentos la impresión de que era uno de sus brazos espirales, impresión que varias veces pude confirmar. Al otro lado, y tras un buen rato observando, pude notar otra pequeña condensación, apenas visible durante varios segundos. Mi escepticismo llegó a posteriori, cuando observé las pocas imágenes que circulan en la red sobre la galaxia. Efectivamente, los brazos estaban en el lugar que yo había visto, pero las fotografías muestran unos brazos muy pequeños y de bajo brillo. La observación, no obstante, la terminé seguro de que los había podido distinguir, por lo cual dejaré para una segunda visita el juicio visual.

NGC 3928

A lomos del Escorpión (NGC 6334 y NGC 6302)

Los brazos de nuestra galaxia y, en concreto, el brazo de Sagitario, nos brindan una oportunidad estupenda para observar nebulosas y cúmulos estelares, algo que se echa en falta en primavera, cuando miramos al polo norte galáctico. Hoy continuamos el viaje que comenzamos en NGC 6357 para contemplar dos nuevas nebulosas.

La primera de ellas, a menos de 2 grados de la anterior, es NGC 6334, conocida como Sharpless-2 8 o, más comúnmente, como la Nebulosa de la Pata de Gato. Ya conocemos varias nebulosas en las que se están gestando estrellas, como M42 o M8. Sin embargo, NGC 6334 está sufriendo uno de los episodios de mayor proliferación estelar que se han observado. Decenas de miles de estrellas ocupan cada jirón de gas, la mayoría ocultas tras las nubes, estimándose que la masa total de la región es de 200.000 soles. A 5.500 años luz de distancia, es uno de los mejores lugares para estudiar la formación estelar. Se han visto más de 2.000 estrellas en su fase más primigenia de crecimiento, rodeadas aún del gas que, a modo de huevo, las mantiene y las alimenta. Poco a poco la estrella irá agotando dicho gas y será visible sin ningún obstáculo. A lo largo de un área de 50 años luz se extiende la nebulosa brillando en fuertes tonos rojizos, correspondientes al hidrógeno que las estrellas masivas ionizan con su radiación. Toda la zona sufre, además, los efectos del viento interestelar, de manera que asistimos a caprichosas formas, destacando cuatro masas gaseosas que, por su disposición, recuerdan a la huella de un felino. Normalmente la intensa actividad proliferativa se debe a explosiones de supernovas o a colisiones entre galaxias. En este caso ninguna causa parece cuadrar con la situación, por lo que aún se desconoce el origen de este “boom” estelar. No obstante, su cercanía es muy útil para estudiar el comportamiento de estas grandes masas de gas.

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Visualmente, NGC 6334 es una de las nebulosas difusas más interesantes que podemos observar, siempre y cuando dispongamos de un horizonte sur lo suficientemente oscuro. La nebulosa es grande, alcanzando los 40 minutos de arco de diámetro, si bien la región más brillante (la huella) puede encuadrarse en menos de 30 minutos de arco. La observé por ello con el Panoptic de 24 mm, a 62.5 aumentos, y con toda la paciencia del mundo. Desde un primer momento pude apreciar cierta nebulosidad poblando el ocular de forma difusa, concentrándose gradualmente a medida que mi vista se adaptaba al ocular. Pude distinguir en primer lugar los tres “dedos” de la huella, siendo el del medio el más brillante, alrededor de una estrella más destacada. Se adivinaban algunos bordes más rectilíneos, y la almohadilla de la pata hacía su aparición como una nebulosidad alargada y más apagada. El filtro UHC definió mucho mejor todos estos detalles, y una tenue nebulosidad inundó prácticamente la mitad del ocular hacia el norte de las zonas más densas, sin forma ni rasgos característicos, pero suponiendo un añadido más a este interesante paraje.

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El siguiente objeto es una de las nebulosas planetarias más espectaculares que podemos contemplar si disponemos de una atmósfera estable. Se trata de NGC 6302, también conocida como la Nebulosa del Insecto. Situada a 3.400 años luz de nosotros, es una planetaria bipolar, una estrella moribunda desprendiéndose de sus capas superficiales, que han adquirido increíbles formas que desafían a la física. La estrella central, una enana blanca, es además una de las estrellas más calientes que se conocen, alcanzando en su núcleo los 200.000 grados de temperatura. No podemos verla directamente, sin embargo, porque se encuentra oculta tras un disco de gas y polvo que la rodea a modo de torus o donut. Esta estructura anular será, probablemente, la causante de su flujo bipolar, al bloquear el paso del gas en su dirección.

Foto NGC 6302

NGC 6302 presenta dos lóbulos bien definidos y otros dos más tenues y difusos, formados en una etapa anterior. El lóbulo más prominente parece haberse formado hace menos de 2.000 años y llega a alcanzar velocidades de hasta 600 km/s. En su camino hacia el exterior, estas proyecciones de gas se han encontrado con regiones gaseosas de distinta densidad, motivo por el cual podemos apreciar tantas irregularidades. Estas “alas”, que también le han servido para obtener el sobrenombre de la Mariposa, llegan a medir 2 años luz de longitud, y seguirán aumentando paulatinamente hasta que se dispersen por completo, dejando atrás tan sólo la pequeña y caliente enana blanca.

Podemos ver esta nebulosa planetaria a dos grados de NGC 6334, por lo que podremos buscarla desplazando levemente el telescopio si disponemos de un ocular de bajo aumento. Desde un primer momento llama la atención NGC 6302 como “algo” que no es una estrella, una mancha difusa y poco definida. Sin embargo, conforme vayamos usando mayor aumento podremos comprobar que de difusa tiene poco. Habrá que buscar la noche más estable posible para poder usar elevados aumentos. En mi caso, conseguí una imagen bastante aceptable con el ocular de 5 mm, a unos respetables 300 aumentos, y quedé sorprendido por el grado de detalle que mostró. Los dos lóbulos partían de una zona central y alargada muy brillante, como las alas de una mariposa que se van extendiendo conforme se alejan. Por supuesto, no se apreciaba la estrella central, pero uno podía imaginársela escondida tras la banda oscura de polvo, exhalando gargantuescos suspiros. Tras varios minutos noté, asombrado, que las alas no eran ni mucho menos homogéneas. La vertiente izquierda, una vez que se iba apagando, mostraba un nódulo brillante, fácilmente visible con visión lateral. El lado derecho presentaba una zona horadada, como si alguien le hubiera dado un mordisco, para luego continuar su camino hacia el exterior. Estos dos “accidentes geográficos” no son más que volutas e irregularidades como las que hemos comentado, y a medida que dispongamos de una mayor abertura y mejores cielos podremos ver más detalles de este tipo. Terminé de observar NGC 6302 con la sensación de haber conocido a una de las grandes reinas de la noche, y con las ganas de buscar un cielo aún más oscuro para poder perfilar aún más esos enormes chorros de gas. Pasarán varios miles de años hasta que desaparezcan, así que no tenemos prisa…

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A lomos del Escorpión (NGC 6357)

Sabemos que ha entrado el verano, lo dice la temperatura y lo dicen las estrellas. La constelación de Escorpio aparece coronando el horizonte sur a primera hora de la noche y no tenemos que esperar mucho para disfrutar de la ingente cantidad de objetos que guarda. Hoy vamos a explorar una zona fascinante que se sitúa entre su cuerpo y la cola, una secuencia de tres objetos que, bajo un cielo oscuro, se convertirán en favoritos de cualquiera.

El primero de ellos, más al norte, es quizás uno de los parajes estelares más bellos que se pueden apreciar en fotografías, destacando la realizada por el Telescopio Espacial Hubble, en la que se aprecia una pequeña porción de NGC 6357. Es una nebulosa de emisión que se sitúa a 8000 años luz de distancia, un lugar de formación de estrellas que guarda algunos de los astros más masivos que se conocen. La nebulosa, también conocida como Sharpless-2 11, se expande por un área mayor de 1 grado, si bien su región más interesante está concentrada en apenas 5 minutos de arco. Podemos ver una hilera formada por cuatro brillantes estrellas que atraviesan NGC 6357 de un lado a otro, y al lado de la última veremos otra pequeña estrella, que en fotografías aparece ante un marco nebuloso más brillante y alargado. Aquí es donde se centra la imagen del Hubble y donde vamos a prestar más atención.

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La fotografía nos lleva a un mundo onírico con altas montañas formadas por jirones de nubes y enormes estrellas que parecen tocar el suelo. Algunas regiones de la nebulosa, menos iluminadas que el resto, parecen formar un imponente arco en cuyo interior brilla una azulada estrella. Ese pico en la zona más alta apunta a una pequeña aglomeración de brillantes estrellas, el cúmulo conocido como Pismis 24. La estrella más destacada fue considerada durante mucho tiempo la estrella más masiva del cosmos, estimándose unas 300 masas solares, algo que, en teoría, supera con creces el límite de masa máxima estelar. Sin embargo, posteriormente se ha podido comprobar que Pismis 24-1, como se conoce a dicha estrella, está formada realmente por tres componentes distintas. Dos de las estrellas forman un par visual, mientras que la tercera es una doble espectroscópica, demasiado cercana para poder distinguirse. Sin embargo, se conoce que giran una alrededor de la otra con un período de 2.36 días y tienen, cada una, una masa de 64 M­. El otro miembro, mayor aún, parece tener 96 masas solares. Estos valores, junto con las masas también elevadas del resto de estrellas de Pismis 24, convierten a este cúmulo en una de las zonas de mayor densidad de estrellas masivas en nuestro universo cercano, si bien quedan disimuladas por esconderse tras la enorme nube que las ha creado. Las fotografías de larga exposición realizadas en cualquier zona de NGC 6357 muestran una gran variedad de formas y colores, destacando el rojo del hidrógeno ionizado. Esta ionización es debida, en su mayor parte, a la acción de Pismis 24-1 que, a más de 42.000 grados de temperatura, emite gran cantidad de radiación ultravioleta. Esta zona también es rica en Rayos X, producidos por el choque de diferentes frentes de viento que las grandes estrellas remueven. Veremos también columnas de gas, de manera similar a los “Pilares de la Creación”, en cuyo interior aguardan las estrellas envueltas en su nebulosa primigenia, que poco a poco será erosionada por la radiación hasta diseminarse por completo.

Hay más aún, y es que muy cerca de Pismis 24 se encuentra una estrella Wolf-Rayet. Como vimos en esta entrada, estas estrellas son enormemente masivas y van perdiendo materia a pasos agigantados, formando rápidas corrientes de aire a su alrededor. Esta estrella se denomina WR 93 y se encuentra a poco más de 10.000 años luz de distancia. Posee una masa relativamente pequeña, 10 veces mayor que nuestro Sol, pero distribuida por un volumen que es apenas la mitad del de nuestra estrella, con lo cual podemos imaginar la gran densidad que presenta. Los vientos que genera llegan a alcanzar los 5.000 km por segundo: imaginemos una ola de viento que diera la vuelta a la Tierra en apenas 8 segundos…

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Aproveché una noche en Sierra Nevada para observar este paisaje celeste, con cielos oscuros aunque el seeing no era precisamente de los mejores. Encontré fácilmente la hilera de estrellas que marcan la posición de la nebulosa, visibles sin problema en el buscador. Una vez ahí moví el telescopio hacia una débil estrella que se sitúa al noroeste del extremo norte de la hilera. Allí, al observar a bajo aumento, pude notar una débil nebulosidad, pequeña y alargada, al lado de la estrella que, sin duda, correspondía a Pismis 24-1. Comencé a poner mayores aumentos hasta llegar a los 214, con el ocular Kronus de 7 mm. El cúmulo era más visible, con dos estrellas destacando en el centro (Pismis 24-1 y Pismis 24-17, otra estrella que se acerca a las 100 masas solares) y otras tantas a su alrededor, contando unas 18 en total. Muy cerca se veía la región brillante de NGC 6357, esas tierras de fantasía con montañas y arcos nebulosos. Sin embargo, al telescopio nos tenemos que conformar con observar la nebulosa sin formas tan definidas. Usando el UHC pude definir mejor sus bordes, destacando la zona más cercana al cúmulo, muy alargada y brillante, haciéndose más tenue y pequeña conforme se acercaba a la estrella que ocupa el centro del “arco” que vemos en fotografías. No pude distinguir el entrante oscuro con forma de montaña, aunque tengo constancia de que con un telescopio de 50 cm y un cielo oscuro se puede distinguir. Por lo tanto, NGC 6357 pasa a engrosar la pequeña lista de objetos que intentaré observar el día que tenga acceso a un telescopio de mayor abertura. No obstante, su observación con el Dobson de 30 cm tiene su encanto, más aun conociendo los detalles y la naturaleza de esta inmensa nube de gas.

Más galaxias del norte (NGC 4236 y NGC 2985)

La zona que engloba a la Osa Mayor y a Draco nos sorprende en cada rincón con galaxias de diferente morfología y magnitud, aptas para todos los instrumentos de observación. Hoy vamos a ver dos de estas galaxias que se encuentran al norte de M81 y M82. La primera de ellas, NGC 4236, pertenece, de hecho, al grupo de galaxias de M81. Está situada a poco más de 11 millones de años luz y, a pesar de contar con una magnitud de 10.5, no nos será precisamente fácil su observación. Esta dificultad depende de un factor importante en astronomía que se denomina brillo superficial. Básicamente, tiene en cuenta el brillo de un objeto por unidad de superficie. Por ejemplo, podemos comparar una nebulosa planetaria de magnitud 12 con una galaxia extensa de la misma magnitud. La planetaria, mucho más pequeña, será mucho más fácil de ver, ya que el brillo se encuentra concentrado en un área menor. Sin embargo, si la galaxia tiene, por ejemplo, 10 minutos de arco, será distinguible a duras penas, ya que la magnitud 12 se encuentra dispersa por un área mucho mayor. Éste es el problema que encontramos con NGC 4236, una galaxia con un brillo superficial de 15.4 mag/arcmin y extensa, alcanzando los 22 x 7 minutos de arco.

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NGC 4236 es una galaxia espiral barrada con 75.000 años luz de diámetro. Recientemente ha tenido lugar en ella una importante proliferación estelar, que se ha manifestado con el gran número de remanentes de supernova que se han detectado desde nuestro planeta. Abundantes regiones HII pueblan sus brazos, destacando una que es especialmente extensa y brillante al noroeste, y que será uno de nuestros objetivos de observación. Para encontrarla podemos partir de un trío de estrellas formado por kappa draconis, 4 Dra y 6 Dra, situadas al norte de la Osa Mayor. La primera de ellas es una brillante estrella de tipo espectral B, joven y masiva, que se encuentra a unos 500 años luz de distancia. Está rodeada de un disco de materia que se ha originado por su alta velocidad de rotación, que en el ecuador es mayor de 250 km/s. A menos de 2 grados de estas estrellas encontraremos a nuestra galaxia. NGC 4236 es de esos objetos que se ven tremendamente afectados por la más mínima contaminación lumínica, ya que su bajo brillo superficial hará que desaparezca si la noche no es suficientemente oscura. Con el Dobson de 30 cm, a 65 aumentos ya se distingue como una mancha fantasmal, alargada, tan difusa que no muestra forma alguna. A 115 aumentos ocupa más de la mitad del campo del ocular, y la paciencia será nuestra mejor herramienta para observarla, además de intentar dejar de lado a la brillante estrella que comparte ocular con ella. Poco a poco va quedando más definido el halo, muy débil pero fácilmente visible con visión lateral. Presenta una zona central más brillante y alargada en el sentido del lado mayor de la galaxia, el núcleo barrado del que salen los esquivos brazos. Tras largo rato mirando a través del ocular  conseguí ver la región HII más brillante de la galaxia, apenas una pequeña mancha tenue y difusa, situada al noroeste en la periferia del halo. No es fácil de distinguir, pero resulta tremendamente gratificante y emocionante poder apreciar estructuras de este tipo en galaxias distintas a la nuestra.

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Podemos aprovechar esta incursión en la zona para observar otra galaxia de la Osa Mayor relativamente desconocida, denominada NGC 2985. Es una delicada espiral situada a una distancia mucho mayor, a unos 62 millones de años luz. Presenta una estructura interna que recuerda a las galaxias floculentas, con múltiples brazos fragmentados salpicados de regiones azuladas, aglomeraciones de estrellas jóvenes y masivas. Sin embargo, podemos apreciar una región periférica compuesta por dos Foto NGC 2985brazos espirales mucho más tenues y pobres en estrellas, extendiéndose hasta perderse de vista.

Su magnitud de 10.4 la hace asequible a la mayoría de instrumentos, y una estrella roza su halo como si pudiera llegar a tocarla. Es una galaxia de tipo Seyfert, con un núcleo activo que emite altas cantidades de radiación. Dicho núcleo destaca como un punto brillante al observarla a 214 aumentos con el Kronus de 7 mm, ocular con el que no pierde excesivo brillo. Se puede apreciar la región interna de la galaxia como una esfera bien delimitada, de forma levemente alargada, rodeando al brillante núcleo. Es una galaxia pequeña, pero su visión es ciertamente agradable, y un sitio al que recurrir cuando queramos ver algo distinto a lo habitual.

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Copérnico, rey de los cráteres

La otra noche la luna brillaba a la altura perfecta para echarle un vistazo con el telescopio, y decidí pasar un rato con ella. Era el día 9 de lunación y, sin saber muy bien qué mirar, me dispuse a recorrerla de arriba abajo buscando un objetivo. Lo encontré rápidamente, cuando mis ojos quedaron prendados con un enorme cráter cargado de detalle. Una rápida búsqueda me reveló su nombre: Copérnico.

Con 93 kilómetros de diámetro, Copérnico llama la atención con sus escarpadas laderas, y las sombras que inundaban el suelo interior añadían un toque realmente misterioso. Los bordes no son perfectamente redondeados, sino que se disponen en distintas líneas paralelas a diferentes alturas. La anchura de estos desniveles llega a alcanzar los 30 km de grosor en algunos puntos. Desde el reborde más alto la altura decae hacia el cráter casi 4 km, y el suelo se nos muestra especialmente “liso”, muestra de su relativa juventud (se formó a raíz de una colisión hace unos 800 millones de años). En efecto, la lava no ha llegado a inundar el cráter, y tan sólo podemos encontrar algunas colinas formadas por el material eyectado en la colisión salpicando la zona sur. Sin embargo, tres altos picos destacan en su centro, más aún cuando las sombras internas son extensas. Estos picos centrales llegan a alcanzar los 1200 metros de altura, por lo que no llegan a sobresalir con respecto a las paredes, y están separados por pequeños valles.

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Las paredes de la vertiente oriental proyectan sus largas sombras sobre el fondo del cráter, ocupando la mitad de éste. Uno de los elementos más llamativos, rodeando a Copérnico, son los rayos de material eyectado que se disponen de forma radial, alejándose del cráter, con algunos saliendo del ocular. De hecho, algunos de ellos alcanzan los 500 km de longitud, más de 5 veces el diámetro del cráter. Podemos ver muchos de estos rayos rodeando el cráter, algunos bien marcados, otros más débiles y apenas distinguibles del gris lunar.

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Dos pequeños cráteres destacan al sur de Copérnico, denominados Fauth y Fauth A, con 2000 metros de profundidad y unos 10 km de diámetro, muestra del bombardeo de meteoritos que ocurrió en la misma época en que se formó Copérnico. Al otro lado del gran cráter encontramos una importante cordillera, los Montes Cárpatos. Se encuentran flanqueando a Mare Imbrium, una enorme cuenca que se formó por la colisión de un gran objeto hace más de 3.000 millones de años, el segundo mayor impacto que ha ocurrido en la luna. Los Montes Cárpatos tienen una longitud de más de 300 kilómetros y algunos de sus cimas alcanzan los 2400 metros, separadas por grandes valles. En su parte más meridional destaca un cráter con sombras en su interior denominado Gay-Lussac, con algunos otros pequeños cráteres visibles si la atmósfera está estable. Es interesante observar, en estas cordilleras, las grandes y picudas sombras que dejan las montañas, lo que verdaderamente nos hace conscientes de que lo que vemos no es precisamente llano, sino un mundo plagado de altibajos continuos.

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El Septeto de Copeland

A todos nos asombran los grupos compactos de galaxias, es algo que parece ciencia ficción, varias galaxias compuestas por miles de millones de estrellas bailando en el cosmos, unidas por la misma fuerza que hace caer una hoja al suelo. Muchos de estos grupos tienen nombres propios que perdurarán a lo largo de la historia, destacando, sin duda el Quinteto de Stephan, que ya hemos visto con anterioridad. Sin embargo, hay otras agrupaciones famosas que requieren aberturas más generosas, como el caso que nos ocupa hoy, que es conocido como el Septeto de Copeland. El nombre hace referencia a su descubridor, Ralph Copeland, ayudante de Lord Rosse que, en 1874, se topó en el telescopio de 72 pulgadas con esta agrupación de galaxias. Las catalogó y se equivocó al pasar las coordenadas al papel, de manera que estuvieron “desaparecidas” durante más de un siglo, hasta que Paul Hickson las reencontró y las añadió a su catálogo de galaxias peculiares con el nombre de Hickson 57.

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El Septeto de Copeland se sitúa a una enorme distancia, precisada en el año 2005 con una supernova que tuvo lugar en NGC 3746. Si el Quinteto de Stephan, con más de 300 millones de años luz, ya nos parecía lejano, podremos sentir vértigo al ver Hickson 57, ya que se encuentra a 480 millones de años luz. Si multiplicamos por 28 el tiempo que ha tardado la luz en llegarnos de esas galaxias llegaremos al mismo instante en el que el universo se formó. NGC 3753 es el componente principal del grupo, con una magnitud de 14.5, una galaxia espiral alargada que muestra dos colas deformadas de material que se ha desprendido a raíz de la interacción con sus compañeras. Recientes estudios sugieren que es el resultado de dos espirales que han colisionado entre sí durante los últimos 100 millones de años, promoviendo una importante proliferación estelar. Casi en contacto con ella podemos ver a NGC 3754, una espiral barrada de la magnitud 15, fuente de emisión en radio e infrarrojo. El resto de galaxias ronda la magnitud 15, llegando NGC 3745 a la magnitud 16.2. Se disponen en forma de dos tríos de galaxias, con NGC 3751 algo más alejada. De hecho, ésta última no forma parte de Arp 320, otro nombre con el que se conoce a las restantes galaxias de Hickson 57. Un octavo componente, UGC 6601, aparece en medio de las demás, brillando con una tímida magnitud 17.4, reservada por tanto a mayores telescopios.

Observé el Septeto de Copeland desde un cielo oscuro pero un día con importantes turbulencias en la atmósfera, de manera que usar altos aumentos era un verdadero infierno. A  115 aumentos ya atisbarlas como una doble mancha sin forma en torno a una estrella de magnitud 12, si bien su resolución distaba mucho de ser posible. Decidí, con paciencia, usar el Kronus de 7 mm, observando el conjunto a 214 aumentos, y ahí, tras minutos esperando un poco de estabilidad atmosférica, pude ir captando más cosas. De entrada destacaban dos galaxias a ambos lados de la estrella central, correspondientes a NGC 3753 (magnitud 14.5) y NGC 3746 (magnitud 15). No pude apreciar NGC 3754, la pequeña galaxia que forma pareja con NGC 3743, probablemente estuvieran demasiado juntas teniendo en cuenta las condiciones meteorológicas, así que habrá que probar otro día. La mancha que había en su lugar probablemente correspondía a la silueta de ambas galaxias, prácticamente en contacto. Sí pude distinguir sin mayores problemas a NGC 3750, de magnitud 15, muy cerca de las anteriores. Al otro lado de la estrella, acompañando a NGC 3746, me las vi y sudé para distinguir, con visión periférica y la vista completamente adaptada a la oscuridad, a NGC 3748, de magnitud 15.8. Entre ambas brillaba NGC 3745, de magnitud 16.2, completamente invisible bajo ese cielo. “Apartado” del primer grupo (a tan sólo 2.5 minutos de arco de NGC 3753, pude ver con relativa facilidad a NGC 3751, otra espiral de magnitud 15 y ninguna forma definida. En total pude individualizar 5 galaxias, muy sugerentes a pesar de su extremada debilidad, y es que no todos los días podemos ver tantas estrellas en un espacio tan reducido.

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Cielo profundo al anochecer (NGC 3521)

Hay una barbaridad de diferentes tipos de galaxias en cuanto a formas, color, brillo… Algunas parecen cúmulos globulares, otras nebulosas difusas… Sin embargo, las que personalmente me transmiten la “sensación” de ser verdaderas galaxias, sin excepción, son las que se presentan con cierto grado de inclinación y con un núcleo brillante que se va difuminando hacia la periferia. Es el caso de NGC 3521, una bonita galaxia que se sitúa en medio de ninguna parte, al sur de la figura principal de Leo, en una zona donde las estrellas brillantes resaltan por su ausencia. Sin embargo, este universo es tan brillante que puede competir con la inmensa mayoría de galaxias del catálogo Messier, aunque fue descubierto por William Herschel en 1784.

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NGC 3521 presenta una estructura mixta entre una galaxia espiral normal y una barrada, con características de ambas. Se encuentra a una distancia indeterminada entre los 23 y 35 millones de años luz y forma parte del filamento que conecta nuestro Grupo Local con el Cúmulo de Virgo, llamado “Ramal de Leo” (Leo Spur). Con unos 80.000 años luz de diámetro, cuenta con 150.000 millones de estrellas, y sus brazos se encuentran divididos en multitud de fragmentos, haciéndola entrar en la categoría de galaxias floculentas. De hecho, NGC 3521 recuerda innegablemente a otras floculentas como NGC 2841, NGC 4414 o M63. Imágenes de larga exposición han demostrado recientemente la presencia de burbujas de gas rodeando a la galaxia, de forma irregular, muestra de que en un pasado no muy lejano NGC 3521 interaccionó con otras galaxias colindantes, si bien hoy no hay evidencia de que haya galaxias cercanas.

Uno de los recuerdos que guardo de esta galaxia es que pude verla cuando todavía no había anochecido. Desde los cielos de Sierra Nevada, aproveché que el sol se había puesto hacía poco tiempo para ir buscando la zona de la galaxia y dibujar en el campo las estrellas más brillantes, para luego poder dedicarme por entero a la visión de la galaxia. Las estrellas principales apenas aparecían en el buscador, por lo que pasé un rato entretenido en busca de NGC 3521. Cuando finalmente situé el buscador en la zona y miré tras el ocular, a 125 aumentos, quedé sorprendido por notar, con el fondo aún azulado, una diminuta y redondeada mancha, que correspondía exactamente con el núcleo de la galaxia. Eso no hizo más que confirmarme el gran brillo superficial de este objeto. Ya entrada la noche pude disfrutar de su visión plenamente, y su extenso halo, de 11 minutos de longitud, se hizo patente sin ningún problema. Presentaba un núcleo puntiforme, visible con visión directa, y las regiones internas eran más brillantes, tornándose tenues a medida que se alejaban del centro. El campo de estrellas, como corresponde a esta zona “pobre”, no era muy abundante, pero la veintena de astros que compartían ocular con la galaxia añadían atractivo a ese gran universo.

NGC 3521