De la mano de Pollux

Géminis se va ocultando estas noches antes cada vez, aunque todavía, si observamos a primera hora de la noche, estamos a tiempo de ver algunos de sus objetos. En este caso vamos a dar un paseo por la pierna del gemelo meridional, aquel cuya cabeza podría considerarse como la estrella Pollux. Podemos comenzar por NGC 2392 (la Nebulosa del Esquimal) o por la pareja que forman Abell 21 y NGC 2395. Nuestro primer objetivo es un cúmulo abierto llamado NGC 2355. Lo observé desde un cielo relativamente contaminado, al lado de Granada, pero cuando el hambre aprieta…

NGC 2355 es uno de esos cúmulos abiertos que podríamos definir como  maduros. Con una edad de más de mil millones de años, pertenece al 7% de cúmulos abiertos con más de 600 millones de años (tomando como referencia la edad de las Hyades). Al igual que muchos de estos cúmulos “ancianos”, NGC 2355 ocupa un lugar en el plano galáctico relativamente elevado, de manera que no sufre las inclemencias o procesos de marea típicos de lugares más centrados, que habrían dispersado, con casi total seguridad, sus componentes. Se encuentra a unos 5400 años luz de nosotros y, con una magnitud de 9.7, es fácilmente visible con instrumentos de aficionado. Tiene unas 140 componentes, aunque visualmente nos conformaremos con bastantes menos. Desde el cielo contaminado conseguí ver unas 30 o 40 estrellas dispersas por un espacio de 7 minutos de diámetro, con una curiosa neblina de fondo que no es más que la suma de las estrellas más débiles.

NGC 2355.png

El siguiente paso nos lleva mucho más lejos, a una galaxia lenticular que se encuentra a la respetable distancia de 90 millones de años luz. A pesar de estar, aparentemente, muy cerca del anterior cúmulo, NGC 2350 cae en los dominios del Can Mayor. Como ya hemos comentado en otras ocasiones, una galaxia lenticular es aquélla que comparte características con las espirales y con las elípticas. Poseen un disco galáctico, aunque sus estrellas no se disponen en forma de brazos en espiral, ya que han perdido todo el polvo y el gas interestelar. Mide 1.3 x 0.7 minutos de arco, lo cual corresponde a unos 35.000 años luz de diámetro. Estamos, pues, ante una galaxia pequeña y débil, con una magnitud 14, que hará casi imposible  distinguirla bajo cielos contaminados. En mi caso me resultó extremadamente difícil, aunque intuyo que bajo cielos oscuros no supondrá mayor problema. Necesité usar 300 aumentos para tener un mayor contraste con el cielo lechoso, y tras veinte minutos al ocular comencé a notar una tenue mancha difusa, de bordes poco definidos, como un fantasma con forma alargada.

NGC 2350.png

Por último, vamos a abordar un objeto mucho más agradecido bajo cielos suburbanos. Se trata de una bonita estrella doble que presenta un delicado contraste cromático. Es 38 Geminorum, una pareja de soles que se sitúan a 83 años luz de distancia y tardan casi 2000 años en dar una vuelta completa. La principal es de magnitud 4.7, mientras que la secundaria presenta una magnitud de 7.8, separadas ambas por 7 segundos de arco. Si hablamos del color, tendremos que hacerlo con reservas. Aunque ambas son de tipo espectral F, la mayor parte de la gente coincide en otorgar a la primaria un tono amarillento, mientras la secundaria posee un tono azulado. Sin embargo, no todo el mundo comparte esa opinión. Personalmente me sorprendió el tono amarillento y anaranjado de la secundaria, que contrastaba enormemente con el blanco pálido de la principal. Al parecer son varios los aficionados que afirman ver tonalidades rojizas en la pequeña estrella secundaria, muestra de la variabilidad que existe entre distintos ojos. Sea como sea, 38 Gem es una doble que bien merece nuestra atención, aunque sólo sea para comprobar de qué color vemos a la secundaria.

Doble - 38 gem.png

Pueden parecer objetos poco interesantes, sobre todo después de las grandes galaxias de la primavera o los cúmulos de Invierno que ya hemos visto, pero después de muchas semanas de nubes, ver estas manchas en un cielo relativamente estrellado se agradece como agua de mayo.

El fantasma de la Primavera (NGC 3242 y U Hya)

Entre tanta y tanta galaxia primaveral podemos acabar sintiendo algo de vértigo, y por ello es de agradecer poder observar alguna nebulosa planetaria de nuestra propia galaxia. En este caso vamos a recurrir de nuevo a la constelación de la Hidra para abordar a NGC 3242, conocida como Caldwel 59 o el “Fantasma de Júpiter”. Pero antes aprovecharemos el camino para echar un vistazo a una estrella especialmente roja. Se trata de U Hydrae, una estrella de carbono que preside el lomo del monstruo marino. Tiene una magnitud de 4.92 y se encuentra a 680 años luz de distancia (es una de las estrellas de carbono más brillantes que existen). U Hydrae es una estrella que ha consumido todo su hidrógeno, y ahora, debido a la fusión del helio, presenta importantes cantidades de carbono que, por convección, acaban en su superficie formando parte de su atmósfera. El carbono, como ya sabemos, absorbe las longitudes de onda más azuladas, de manera que los rayos de la estrella que traspasan su superficie son los rojizos. La intensidad de este color rojizo es un dato que podemos confirmar con el Índice de color B-V. Este método consiste, básicamente, en mirar la estrella con dos filtros, uno de los cuales es sensible al ultravioleta y el otro no lo es. La diferencia entre ambos filtros será mayor cuanto más rojiza sea la estrella, y el número obtenido será indicativo de la intensidad del color. Por ejemplo, R leporis, también llamada Crimson Star, tiene un Índice de color B-V de 5.74, mientras que V Hydrae se le acerca con un índice de 5.5 (es otra estrella de carbono que veremos en otra entrada). La estrella que nos ocupa hoy, sin ser tan roja, tiene un respetable índice de 2.7. Al ocular destaca como una brillante estrella con un núcleo amarillo y una corona roja, como si estuviera rodeada por una atmósfera de fuego.

U Hydrae.png

No tenemos más que descender 6 grados para que entre en campo NGC 3242, una de las nebulosas planetarias más impresionantes que podemos contemplar con nuestro telescopio. Se encuentra a unos 1400 años luz, ronda la octava magnitud y fue descubierta por Herschel, quien la comparó con Júpiter debido a su tamaño y forma circular. Henry Smith la contempló un siglo después, compartiendo la apreciación de Herschel, aunque el nombre de “Fantasma de Júpiter” le sería dado posteriormente. Abordaremos su exploración desde el centro hacia el exterior, comenzando con el misterio que envuelve a su estrella central. Y es que, a pesar de tener una magnitud poco mayor a 12, no fue descubierta hasta que Angelo Secchi, astrónomo italiano, la observó con su telescopio en el siglo XIX. ¿Cómo pudo pasar desapercibida a los expertos ojos de Herschel, Smith y tantos otros? El problema principal radica en el alto brillo del disco de la planetaria, que disminuye enormemente el contraste con la estrella. Además, gran parte de su luz es emitida en longitud ultravioleta, y es por eso que su magnitud fotográfica es mucho más brillante que la visual. Al parecer, la estrella comparte el centro con otras dos compañeras: una enana marrón que prácticamente roza su atmósfera y la orbita a gran velocidad, y otra estrella más grande, similar a nuestro sol, situada a una distancia mucho mayor. El baile entre estas estrellas es el responsable, casi con total seguridad, de la asimetría observada en el gas circundante.

Foto NGC 3242

En fotografías realizadas a bajo aumento la nebulosa aparece redondeada, uniforme, con un anillo ovalado más brillante en el interior. Sin embargo, a medida que nos acercamos podemos apreciar que la envoltura gaseosa es de todo menos regular. El óvalo interno presenta dos protuberancias polares, como las asas de una taza, y en ambos extremos aparecen dos haces de luz rojiza denominados FLIERs. Como hemos visto en otras planetarias, estos FLIERs son el resultado de la expulsión de material por parte de la estrella que avanza a gran velocidad, encontrándose con la masa de gas y produciendo, al contacto, una elevada temperatura y la emisión de rayos X. Todas estas irregularidades pueden ser explicadas por la acción simultánea de las estrellas centrales. La rápida traslación de la enana marrón, por ejemplo, puede promover la expansión acelerada de la envoltura de la estrella principal, la enana blanca que va camino de consumirse lentamente. Observadores de un futuro a medio plazo tendrán material suficiente para ver la evolución de las nebulosas planetarias en el tiempo, y seguramente podrán entender su mecanismo de formación de una manera más directa.

NGC 3242 puede ofrecer grandes momentos de placer al observador paciente, sobre todo bajo un cielo oscuro y una atmósfera estable. La primera vez observé la nebulosa, hace más de un año, no llegué a percibir su estrella central. Simplemente la observé como una esfera difusa con un débil anillo interior, no dedicándole ni una fracción del tiempo que merece. Hace una semana, sin embargo, decidí observarla con toda la paciencia del mundo, aprovechando que el seeing no era especialmente malo. Comencé a 214 aumentos, apreciándola inmediatamente como una brillante nebulosa redondeada, con el anillo interno claramente distinguible, de forma algo ovalada. Decidí usar el ocular de 5 mm, obteniendo 300 aumentos, y la planetaria me mostró con más intensidad su anillo interno, más definido. No había ni rastro de la nebulosa, y tuve la sensación de que la atmósfera me iba a permitir usar mayores aumentos, así que usé por primera vez mi ocular Omegon de 3.5 mm, proporcionándome 428 aumentos. La nebulosa apareció entonces con un tamaño considerable, sin perder su elevado brillo. El anillo interno, ovalado, tenía sus extremos más marcados que la zona media, y tras unos minutos mostró dos engrosamientos que terminaban casi en punta, de forma similar a la Nebulosa Saturno. Sorprendido por esa nueva morfología que no conocía aún, persistí ante el ocular en busca de más información. Y entonces, sin esperarlo, me di cuenta de que la estrella central estaba allí, mirándome disimuladamente, visible sobre todo con visión periférica en el centro del óvalo. Permanecí mirándola, en total, casi una hora, obteniendo al final una imagen que casi podría definir como “fotográfica”. Tuve claro, una vez más, la importancia de la paciencia y persistencia a la hora de ver estas maravillas celestes, y dediqué un rato más a disfrutar de NGC 3242, ya plenamente consciente de todos sus detalles. Esta planetaria es, sin duda, un respiro cuando uno quiere descansar de la lejanía que suponen las galaxias de la estación y una oportunidad para comprobar la capacidad de adaptación que tienen nuestros ojos, nuestras más preciadas herramientas.

NGC 3242

Bailando ante el León (NGC 3226 y NGC 3227)

El siguiente par de galaxias forma parte del selecto catálogo que Halton Arp publió en 1966. En él podemos encontrar galaxias con brazos peculiares, otras que interactúan entre sí adoptando curiosas formas, galaxias de un brazo, de tres… y también hay un apartado para espirales acompañadas por galaxias elípticas, en el cual encontramos a NGC 3226 y NGC 3227, que se conocen también como Arp 94.

Foto NGC 3226.jpg

En la constelación de Leo, a apenas un grado de la brillante Algieba (una bonita doble que podemos aprovechar para visitar de nuevo), reside esta pareja de galaxias, que se encuentran a la considerable distancia de 77 millones de años luz. NGC 3227 es la mayor de ellas, una espiral que mide alrededor de 100.000 años luz. Sus brazos se encuentran manchados por una importante cantidad de regiones HII, muestra de la gran proliferación estelar que está teniendo lugar en ella. Es una galaxia de tipo Seyfert, con un agujero negro en su núcleo que acelera la materia circundante a grandes velocidades, de manera que emite importantes cantidades de radiación electromagnética. Como ocurre con otras galaxias con núcleos activos, la cantidad recibida de rayos X sufre oscilaciones frecuentes y variables, desde unas cuantas horas a varios meses, debido a la interposición de nubes de gas denso y oscuro que impide el paso libre de la radiación. Muy cerca, NGC 3226 es una galaxia elíptica con un brillo considerable. Su halo se encuentra deformado por la cercanía a su compañera, pero todavía conserva su forma redondeada, con un núcleo muy brillante que, además, emite radiación en forma de ondas de radio y rayos X. Es una galaxia de tipo LINER, cuyo núcleo emite radiación débilmente ionizada, por lo que podríamos decir que se encuentra en una fase inicial que va camino de convertirse en una galaxia Seyfert, como NGC 3227. A fin de cuentas, cada vez parece más claro que todos estos núcleos activos no son más que diferentes caras de la misma moneda. En todos ellos hay un agujero negro, y según su masa y su orientación lo definimos de una u otra manera. Una de las estructuras más llamativas de esta pareja de galaxias es el entramado de restos estelares que están produciendo con su precipitado baile. En fotografías de muy larga exposición, como la siguiente del observatorio Rancho del Sol, pueden apreciarse estas corrientes de marea en forma de sinuosas curvas de luz compuestas por las estrellas que se han ido desgranando de NGC 3226, zarandeadas por la gravedad y lanzadas al vasto infinito.

NGC3227 NGC3226 Arp 94

Disfrutar de este par de galaxias no es difícil siempre y cuando no se observe desde un centro urbano. Encontrarlas es extremadamente sencillo gracias, como hemos dicho, a su proximidad con Algieba o gamma Leonis. Un vez en campo, y usando bajo aumento, veremos instantáneamente dos manchitas muy unidas y de brillo considerable. NGC 3227 tiene una magnitud de 11.1, mientras que NGC 3226, más débil, alcanza una magnitud de 12.3. Sin embargo, la superficie reducida de ésta última hace que el brillo se concentre más, de manera que puede llegar a ser más fácil de observar. Conforme usamos mayores aumentos obtendremos un mayor detalle, y a 214x la pareja adquiere un porte distinguido. NGC 3227 es muy alargada, apuntando hacia su compañera, y su núcleo brilla intensamente, como si una estrella se hubiera colocado justamente en su centro. NGC 3226, separada levemente por un puente oscuro, es una mancha circular, patente con visión directa, con un núcleo intenso y redondeado más grande y brillante que el de NGC 3227. Juntas simulan un signo de exclamación inclinado que parece realizar una llamada de atención. Y, no en vano, se lo merecen, ya que tienen una fácil localización, brillo asequible y aspecto lo suficientemente agradable como para dedicarle parte de nuestro tiempo.

NGC 3226

Pilares de la Creación

El cosmos es un lugar fascinante, capaz de mostrarnos imágenes que desafían a la imaginación y traen a nuestra mente la sensación de vivir en un mundo de ciencia ficción. Una de las fotografías que más veces nos ha hecho soñar ha sido, sin duda, la obtenida por el Hubble en 1995 de M16, que recibió el onírico nombre de “Los Pilares de la Creación”.

Foto M16 pilares.jpg

Nadie puede permanecer indiferente ante esta imagen, que no es sino una pequeña parte de una región HII, un lugar donde el gas interestelar se está condensando a medida que se enfría, dando lugar a la formación de estrellas. La intensa radiación emitida por las jóvenes estrellas, a su vez, crea intensos vientos que van moldeando el gas que las circunda. Son, en su mayoría, enormes estrellas de tipo espectral O y B, azules gigantes que alcanzan en su superficie temperaturas mayores a 20.000 grados centígrados. Su radiación erosiona las estructuras gaseosas, produciendo un fenómeno conocido como fotoevaporación, al igual que el escultor va cincelando su obra de arte.

M16, como tal, hace referencia al cúmulo de estrellas y a la nebulosa que le rodea, habiendo sido Messier el primero en captar la nebulosidad. Por el motivo que sea, pasó desapercibida a grandes astrónomos como Willian Herschel, y el almirante Smith cuenta que es extremadamente débil. Sea como sea, la nebulosa recibió posteriormente su propio nombre, catalogada como IC 4703, Sharpless 2-49 o Gum 83. El cúmulo abierto, por otra parte, se denomina NGC 6611. Ambos, cúmulo y nebulosa, forman un complejo situado a unos 7000 años luz, ocupando parte del Brazo de Sagitario, el primer brazo espiral que nos encontramos cuando miramos al interior de la Vía Láctea. El cúmulo está formado por más de 400 estrellas con una vida extremadamente corta, de apenas 1 ó 2 millones de años (aunque se estima una edad de 50.000 años a algunas de ellas). La naturaleza de M16 es, por tanto, comparable a la de M8 o M42: una verdadera guardería estelar. En su interior, como no podía ser de otra manera, guarda maravillosos secretos que la fotografía ha ido desvelando poco a poco.

Foto M16.jpg

Sus estructuras más llamativas son, sin lugar a dudas, esas grandes columnas de gas que se han ganado un hueco en el corazón de todos los aficionados. Esculpidas por la radiación de jóvenes estrellas, las columnas están formadas por masas de hidrógeno especialmente densas, de manera que no dejan pasar adecuadamente la luz. Hay tres pilares principales en la región interna, siendo el mayor el de la izquierda y más pequeño el de la derecha. Vemos el de la izquierda algo más brillante que el resto, debido a que a su superficie llega más cantidad de radiación, capaz de ionizar el hidrógeno. En el interior de estas columnas se están gestando las estrellas de forma activa, y en fotografías de alta definición podemos ver estructuras en forma de yemas que sobresalen de los grandes pilares, y en cuyo interior las protoestrellas seguirán creciendo hasta que su propia radiación las despoje del gas y se dejen ver sin tapujos. Estas estructuras se denominan EGGs (“Evaporating Gaseous Globules”) y son una muestra primigenia en el proceso de creación de estrellas. No en vano estas columnas se conocen como “Los Pilares de la Creación”. Las tres protuberancias, que bien parecen estalagmitas, no son colindantes entre sí. La de la izquierda, de unos 4 años luz de longitud, se sitúa atrás, mientras que la de la derecha, de menor tamaño, es la más cercana a nosotros.

863px-Pillars_of_creation_2014_HST_WFC3-UVIS_full-res_denoised

Si bien las columnas son los elementos más famosos de M16, hay otras estructuras llamativas en su entorno, destacando quizás la denominada “Aguja Estelar”, Foto M16 filamentootra densa nube de frío gas que contrasta enormemente con la nebulosa de fondo. Es más alargada y fina que sus congéneres y alcanza los 9.5 años luz de longitud, más del doble de la distancia que nos separa de la estrella más cercana, Próxima Centauri. Dispersos a lo largo de la región podemos encontrar numerosos Glóbulos de Bok, pequeñas “gotas” de gas que flotan solitarias en el espacio y en cuyo seno reside una joven estrella en formación.

Observaciones recientes con el telescopio Chandra han puesto en evidencia la existencia de una masa de gas muy caliente que avanza hacia M16, pudiendo corresponder a la gigantesca onda de choque producida por una supernova. De ser así, y teniendo en cuenta que M16 está a 7000 años luz de distancia, sería bastante probable que la delicada estructura de la nebulosa, incluyendo sus magníficos pilares, se haya desecho como el castillo de arena que se viene abajo con el agua. En teoría, dicha colisión tuvo lugar hace 6000 años, por lo cual no veríamos la “destrucción” del gas hasta dentro de otros 1000 años. Podemos alegrarnos, por tanto, de haber nacido en esta época.

Ver M16 es un espectáculo a través de cualquier instrumento. La mejor manera de encontrarlo es a simple vista, ya que aparece como una pequeña nebulosidad engarzada en la Vía Láctea, siguiendo el camino de condensaciones por encima de M8 y M17. Si no somos capaces de verla a simple vista, seguramente no podamos obtener gran detalle tras el ocular. El cúmulo se aprecia sin ninguna dificultad, pudiendo contar un centenar de estrellas de distintas magnitudes. Destacan, en el centro, dos estrellas más brillantes, así como una decena de ellas que se arremolinan a unos 5 minutos de distancia. Alrededor de esta zona se dispone una enorme zona neblinosa que ocupa todo el ocular al usar 125 aumentos. En el centro es brillante, más aún si usamos visión periférica, y se abre como dos enormes alas hacia los lados, continuando hacia arriba de forma triangular. El filtro UHC potencia el brillo de la nebulosa, apareciendo mucho más definida, y podemos ir moviendo el telescopio para seguir su silueta, que en algunos puntos se pierde de forma difusa.

M16

Una vez obtenida una visión general decidí proseguir con la observación para sacar detalles más recónditos. Lo primero que noté fue un entrante oscuro a la derecha de las dos brillantes estrellas centrales, como si la homogeneidad de la nebulosa se rompiera por la entrada de otra masa más densa, aunque de una forma extremadamente difusa. Lo dibujé tal cual lo vi, y posteriormente comprobé que coincide exactamente con la localización de la mencionada ”Aguja Estelar”, la masa de gas fina y oscura que también es testigo de la formación de estrellas. Motivado por la inmensa oscuridad de la noche y la estabilidad atmosférica decidí probar suerte con los famosos pilares. Para encontrarlos es imprescindible conocer con exactitud su lugar, ya que son objetos extremadamente débiles y poco contrastados con el resto de la nebulosa. Tenemos que buscarlos justo a la izquierda de una de las estrellas centrales que presiden el cúmulo, y además tenemos que saber lo que buscamos. A pesar de sus interesantes colores fotográficos, lo que buscamos es una sombra, unos finos y pequeños filamentos oscuros que apenas se diferencian del fondo. La primera que vi fue la columna del centro, y casi me dio un vuelco el corazón al conseguirlo, ya que esperaba tener que esforzarme mucho más. Justo antes de distinguirla noté una zona oscura por encima de la estrella, fácilmente visible con visión lateral, y entonces, de repente, vi cómo esa oscuridad se prolongaba hacia la izquierda, mínimamente distinguible del fondo, pero claramente existente. Tendría unos 2 minutos de arco de longitud y unos 20 segundos de anchura aproximadamente. Posteriores intentos volvieron a mostrarme la columna, e inmediatamente apareció el segundo pilar, el más pequeño de ellos, aunque el más contrastado. Pequeño y más fino aún que su compañera, la visión de esas dos columnas me transportó a la famosa fotografía instantáneamente. Primero las observé a 214 aumentos y con el filtro UHC, y una vez familiarizado con ellos no tuve problemas para percibirlos con el Hyperion de 13 mm, a 125 aumentos. Satisfecho con lo conseguido (era uno de mis objetivos para este verano), no pude dar crédito a mi vista cuando noté una pequeña zona oscura y redondeada entre las dos estrellas centrales, algo más grande que el grosor del pilar del centro. Atónito, comprobé rápidamente que era el pilar más alto que, en la retaguardia, se presenta con un menor contraste. Ahora sí, la familia estaba al completo y yo, tras una hora de observación, me sentí totalmente realizado.