Aires de verano (M107 y NGC 6309)

Ofiuco es una de esas grandes constelaciones que, abarcando una zona de gran superficie, no llega a tener una forma clara y definida en nuestra imaginación, como puede suceder con Leo o con Escorpio. Es conocido también como el “serpentario” o el cazador de serpientes, y se encuentra precisamente entre las constelaciones de Serpens Caput y Serpens Cauda. A mis ojos aparece como la silueta de una inmensa casa cuya base reposa sobre el lomo del escorpión, y guarda una enorme cantidad de objetos de cielo profundo, destacando, sin duda, los cúmulos globulares.

Hoy vamos a hablar de M107, un cúmulo que fue descubierto por Méchain a finales del siglo XVIII, pero no se incluyó en el catálogo Messier hasta 1947, junto con M105 y M106. Es un cúmulo globular muy disperso, de tipo X, que se encuentra a unos 21.000 años luz de distancia. Además de ser poco denso, es relativamente pequeño, alcanzando los 80 años luz de diámetro. Unas 100.000 estrellas conforman su población, encontrándose entre ellas 25 variables y algunas azules rezagadas. Su metalicidad es característicamente elevada, pudiendo compararse a un 11% de la solar, lo cual habla en favor de una edad relativamente joven para un cúmulo globular. La mayoría de los globulares, de mayor edad, tienen una metalicidad que raramente supera el 1%.

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Al ocular, M107 es un espléndido objeto que, bajo un cielo oscuro, puede mostrarnos un gran aspecto. La mejor imagen la obtuve con el Kronus de 7 mm, a 214 aumentos. El globular ocupaba casi una tercera parte del campo, con forma redondeada y sus estrellas dispuestas en dos grupos. Uno central, más brillante y con sus componentes más unidas entre sí, y otro más periférico, con diminutas estrellas salpimentando la zona, todo ello arropado por una débil neblina de fondo.

A unos 10 grados hacia el corazón de la constelación, por encima de Sabik o Eta Ophiuchi, hay otro objeto digno de observar tras contemplar a M107. Después de una primavera rica en galaxias, es de agradecer la presencia de una nebulosa planetaria, y más aún una tan interesante como NGC 6309. Wilhelm Tempel la descubrió bien entrado el siglo XIX, y apenas 4 años después se pudo comprobar su naturaleza gaseosa gracias a la determinación de su espectro. NGC 6309 es una planetaria que se encuentra a unos 7000 años luz de distancia y posee en su centro una débil estrella, enana blanca, que va camino de apagarse por completo. Es una estrella muy densa, extremadamente caliente, que alcanza los 90.000ºK, y su magnitud visual se estima alrededor de 13,7. Imágenes en diferentes longitudes de onda han revelado una estructura tetrapolar, con dos parejas de prominencias bipolares, formadas al parecer por la emisión de chorros de gas o jets de la estrella central que, además, posee una pequeña compañera orbitando a su alrededor.

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Al telescopio es evidente el sobrenombre con el que se conoce a la nebulosa, “el signo de exclamación”. Aparece a bajo aumento como una nebulosidad fina y alargada, concentrada, junto a cuyo extremo hay una estrella de la magnitud 13 que semeja el punto de la exclamación. Sin conocer muy bien si podía encontrar algún detalle más en su interior, cuando la observé intenté usar mayores aumentos, utilizando para ello el Kronus de 5 mm, que me proporcionaba 300x y una imagen bastante estable. El filtro OIII aumentaba su contraste con respecto al fondo del cielo, pero me daba la sensación de que emborronaba la imagen, así que decidí seguir a ojo desnudo. Al cabo de unos minutos pude ver, con visión lateral, que el tercio más cercano a la estrella aparecía con un brillo más intenso, así como el extremo más alejado, aunque este último algo menos. Quedaba así conformada la nebulosa por tres lóbulos, siendo el del medio el más débil, más o menos de similares proporciones entre sí. No pude ver rastro de la estrella central, probablemente se veía enmascarada por el brillo general de la nebulosa, así que no estará de más probar en un futuro con mayor aumento.

NGC 6309

Arqueología galáctica (NGC 5907)

Nuestro objetivo de hoy será otra importante galaxia de Draco, denominada NGC 5907, aunque antes de llegar a ella haremos un descanso a medio camino para visitar a una interesante pareja de galaxias, NGC 5963 y NGC 5965. Se encuentran separadas por tan sólo 9 minutos de arco, aunque no son precisamente vecinas. NGC 5963 es una galaxia espiral formada por multitud de brazos que giran en el sentido de las agujas del reloj, llamando la atención la extrema debilidad de estos. La galaxia posee abundantes zonas de proliferación estelar, con algunas pequeñas manchas rosáceas, regiones HII, dispersas por su superficie. Sin embargo, el bajo brillo de sus brazos parece tener su causa en una escasez relativa de estrellas de mediana y avanzada edad, por lo que podríamos decir que NGC 5963 es bastante joven en términos astronómicos. Se encuentra a unos 40 millones de años luz de nosotros, y con nuestros telescopios de aficionado podremos apreciar su región interna, que es donde se concentra la mayor parte de su brillo superficial. NGC 5965 se encuentra mucho más distante, a nada menos que 150 millones de años luz, y es una espiral vista casi de perfil, lo cual nos garantiza un bonito contraste entre ambas. Presenta un núcleo muy brillante y unas finas líneas de polvo que van delimitando de manera vaga la silueta de sus brazos en espiral. Del mismo diámetro aparente que su compañera es, sin embargo, mucho mayor, alcanzando los 200.000 años luz entre sus extremos Al telescopio ofrece una forma alargada y llama la atención su intenso núcleo y la región colindante, que aparece como una brillante zona redondeada en pleno centro de la galaxia.

NGC 5963.png

No tenemos más que desplazarnos 2 grados y medio para encontrar a NGC  5907, una galaxia que ha deparado grandes sorpresas en los últimos años. Situada a una distancia de entre 40 y 50 millones de años luz, siempre se la consideró una solitaria galaxia espiral barrada, vista prácticamente de canto. Presenta dos anillos de estrellas a modo de brazos, invisibles desde nuestra perspectiva, dispersándose por un diámetro total de 150.000 años luz, comparable a nuestra propia galaxia. En las últimas décadas se observó una gran escasez de estrellas rojas, encontrándose tan sólo una de las cien que esperaban ver. Esto hizo pensar que podía deberse a la interacción de NGC 5907 con otra galaxia, a pesar de encontrarse relativamente aislada. Sin embargo, en 2006 tuvo lugar un apasionante descubrimiento. En una fotografía de larga exposición aparecieron enormes cadenas de estrellas que sobresalían de la galaxia formando bucles, como si fueran grandes lazos que atravesaban el disco galáctico. Fue la prueba más irrefutable de que NGC 5907 no era tan solitaria como parecía, ya que esos bucles eran los restos de una galaxia enana que, por el influjo de la galaxia principal, se había ido deformando con intensidad hasta perder toda forma de cohesión.

Foto NGC 5907

Esta fotografía puede que nos traiga a la mente una imagen mucho más cercana. Si alguna vez hemos oído hablar de la Galaxia Enana de Sagitario, puede que nos suene esa apariencia de lazos en bucle que, realmente, es casi idéntica a la que tenemos en nuestra propia galaxia, aunque no podamos verla por su extrema debilidad. Este proceso se conoce como canibalismo galáctico, proceso por el cual una espiral de tamaño considerable “canibaliza” a una galaxia enana. Se forman importantes Foto NGC 5907 chorrocorrientes de marea y la gravedad va dispersando las estrellas que conforman la galaxia enana, quedando éstas disgregadas a modo de chorro de agua, hasta el punto de que no se puede reconocer el núcleo original de la galaxia, como ocurre en el caso de NGC 5907. El resultado final es un aumento de la población en la galaxia principal y la posible formación de nuevas estructuras, como anillos estelares, brazos o regiones con una proliferación importante de estrellas.

Ya a bajos aumentos NGC 5907 resplandece como una fina mancha que rasga la oscuridad del cielo, y entonces entendemos el sobrenombre de “la astilla” con el que también se la conoce. Ocupa algo más de 10 minutos de arco de longitud, con la zona central acompañada de una débil estrella. No encontramos un núcleo puntiforme, como en otros casos, sino que toda la región central brilla con más intensidad que el resto de la galaxia, de manera que se pueden diferenciar dos partes. La mitad de la galaxia más cercana a la estrella mencionada es más débil, mientras que la superior, especialmente las regiones más céntricas, son más brillantes, algo que también se puede apreciar perfectamente en cualquier fotografía. No podremos ver más detalles internos, pero tampoco es necesario. NGC 5907 brilla por sí misma de una manera especialmente llamativa, invitándonos a explorar más a menudo las profundidades del dragón.

NGC 5907

El triplete de Draco (NGC 5981, NGC 5982, NGC 5985)

Draco es una constelación que a menudo pasa de largo en un segundo plano, debido a que es tan extensa que su forma se pierde con facilidad, sin contar con un número importante de estrellas brillantes que ayuden a su orientación. Por otro lado, es tan larga que rodea a la polar, teniendo regiones que mostrarnos prácticamente durante todo el año. Ahora, en primera, alcanza su mejor momento, arriba en el cénit, y podemos aprovechar para observar muchas de sus galaxias. Las que nos ocupan hoy son tres en concreto, alineadas en un fascinante triplete, con el aliciente de ser completamente distintas entre sí.

Foto NGC 5985 Ken Crawford

Imagen captada por Ken Crawford

La variedad de formas es evidente cuando contemplamos esta fotografía, y es que el Triplete de Draco, como se conoce a este grupo, está compuesto por una galaxia elíptica y dos espirales, una vista de frente y otra de perfil. Podemos, de esa manera, comparar de un vistazo distintos tipos de galaxias. NGC 5985 es la mayor y más brillante de ellas, situada en un extremo, y es una bonita espiral barrada alargada con múltiples brazos situada a unos 120 millones de años luz. Es una galaxia de tipo Seyfert 1, con un agujero negro supermasivo en su interior que ha podido ser descubierto gracias a su disco de acreción, la materia que va girando a su alrededor y, progresivamente, siendo “devorada”, liberando gran cantidad de energía. Algo más lejos, a 130 millones de años, encontramos a NGC 5982, totalmente diferente a la anterior. Es una galaxia elíptica, con un núcleo extremadamente brillante y una estructura ovalada de luz fantasmal, tan llamativa en este tipo de galaxias. Se han encontrado a su alrededor cúmulos globulares de edades muy dispares que, junto a una estructura externa en forma de capas, dan pie a pensar que su origen se debe a la colisión entre varias galaxias distintas. Por último, NGC 5981 es otra galaxia espiral, esta vez vista de canto, extremadamente fina y más débil, a pesar de lo cual se encuentra más cerca que las anteriores, a unos 100 millones de años luz de distancia. Muestra una delicada línea oscura cruzando su ecuador, masas de polvo oscuro iguales que las de nuestra Vía Láctea.

Si vemos el trío de Draco desde un lugar oscuro quedaremos, sin duda, asombrados ante su interesante imagen. Para encontrarla podemos partir de la línea que une a Kochab y Pherkad, los más externos componentes de la Osa Menor. Por cierto, ambas estrellas ocupaban el polo norte celeste hace 1500 años, así que de un vistazo podemos apreciar lo rápido que va cambiando el eje de nuestro planeta. Además, en una noche limpia nos llamará la atención el color de Kochab, que aparece de un rojo intenso muy llamativo, debido a que es una gran estrella de tipo espectral K4. Si seguimos la línea que forman ambos astros, saltando de estrella en estrella, daremos con nuestro objetivo. Desde un primer momento salta a la vista NGC 5985, brillante y de un tamaño considerable, como una esfera difusa y alargada. Llama la atención su núcleo, que presenta una forma ovalada, visible con visión directa. Justo abajo, a menos de 10 minutos de arco, encontramos a NGC 5982, redonda, con un núcleo brillante y puntiforme en su interior. Es algo más débil que la anterior, pero su brillo está distribuido por un espacio menor, por lo que a veces da la sensación de ser más brillante. La tercera componente de este grupo es mucho más débil, de magnitud 13.2, y se sitúa siguiendo la línea que forman las anteriores. NGC 5981 es visible con mirada periférica, primero como una mancha extremadamente difusa y sin forma, aunque poco a poco se va conformando su silueta larga y fina, como una pequeña aguja en medio del espacio. No se puede apreciar su barra central, probablemente hagan falta mayor abertura o mejores cielos, pero lo cierto es que el conjunto es altamente sugestivo, conformando un paisaje cósmico agradable a la par que didáctico.

NGC 5985

Buscando nubes en M51

Tengo una lista de objetos para observar en las noches más oscuras, una lista de objetos complicados y extremadamente tenues que aguardan su momento de gloria cuando estoy bajo cielos verdaderamente buenos. Sin embargo, en esas contadas noches también merece la pena dedicarle un tiempo a objetos ya conocidos, con el objetivo de saborearlos aún más. La noche del 1 de mayo me encontré bajo uno de esos cielos, sin viento, sin humedad, con el espacio que había entre estrellas ocupado por un reguero cristalino que no era sino reminiscencia fantasmagórica de cientos de astros mucho más débiles. Me decidí entonces a reencontrarme con una vieja amiga, M51M51, que ocupaba a esas horas un lugar preferente en el cénit. Justo un año antes la observé, estrenando mi Dobson de 30 cm, en un lugar con mayor contaminación lumínica. Fue, sin embargo, la primera vez que pude distinguir sus brazos en espiral, así como el primer dibujo que realicé sentado ante el telescopio, que adjunto como documento histórico. Sirvió, también, como primera entrada de este blog que ya ha cumplido su año de vida, así que hoy haremos un repaso a esta maravilla celeste que siempre nos muestra su mejor cara.

M51 es una galaxia espiral cuya distancia se sitúa, teniendo en cuenta la supernova de 2011, a unos 23 millones de años luz. Se nos presenta de frente, con dos brazos bien distinguidos, y uno de sus principales atractivos radica en la presencia de una galaxia satélite, NGC 5195, que parece surgir de uno de sus extremos, como una orquídea que sale al final del tallo. Ambas galaxias están protagonizando un baile lento e inexorable desde hace mucho tiempo. Hace apenas 500 millones de años NGC 5195, también llamada M51B, atravesó a M51, de manera que ahora ocupa una posición algo más distante. Estas interacciones dejan su huella en forma de regueros de gas y estrellas que salen disparados al exterior, como el delfín que sale del agua y se lleva tras de sí parte del agua de la superficie. Este fenómeno podemos apreciarlo en la fotografía de Álvaro Ibáñez Pérez, APOD del 6 de Septiembre:

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Imagen obtenida por Álvaro Ibáñez Pérez. Abajo, luminancia en la que se observan las corrientes de marea generadas por la interacción entre las galaxias

Foto M51 luminancia.png

Dentro de dos o tres encuentros más las dos quedarán finalmente unidas en una sola. Es curioso comprobar que estas colisiones galácticas no son, ni de lejos, el violento evento que pueden parecer. Hay un espacio enorme entre estrellas, de manera que si comparamos nuestro sol con una canica de 1.5 cm de diámetro, la estrella más próxima, Alfa Centauri, estaría situada a unos 340 km de distancia. Pensemos por un instante en esta magnitud… No es de extrañar, por tanto, que durante una colisión entre dos galaxias no haya apenas interacciones entre sus estrellas. Lo que sí se produce es el movimiento de sus masas de gas, lo cual deriva en un aumento de su proliferación estelar. Gracias a su interacción, M51 y NGC 5195 han visto drásticamente aumentada su población local, manifestándose en forma de numerosas regiones HII y grandes nubes estelares azuladas en la primera. NGC 5195, sin embargo, posee una cantidad de gas interno mucho menor, con lo cual su tasa de formación de estrellas es, también, más reducida.

M51 LRGB final

Imagen obtenida por Juan Francisco Salinas Jiménez

En el centro de M51 destaca la presencia de un inmenso agujero negro, como en tantas otras espirales, y los últimos estudios han revelado la existencia de una banda de polvo en forma de anillo que rodea su zona central, apareciendo como un línea oscura que, curiosamente, se superpone con otra banda oscura en forma de X. No todas las galaxias cuentan con dos anillos de polvo a su alrededor, y no podemos negar que juntos, bandas y agujero negro, forman un curioso trío, marcando la “X” la situación exacta del agujero negro, como si fuera una indicación en un mapa. Messier 51 podría parecernos una galaxia extremadamente grande, debido a la fuerza que transmite en fotografías, pero lo cierto es que su diámetro apenas alcanza los 75.000 años luz, casi la mitad que el de la Vía Láctea.

Foto M51 core

Esa noche del primer día de mayo abordé M51 sin ninguna prisa, con la intención de sacarle más partido que en veces anteriores, y este dibujo es el resultado de más de una hora de observación. Fácilmente apreciable a través del buscador, a bajo aumento su imagen saltó a la vista como una pequeña fotografía. La estructura espiral, fácilmente visible, se adivinaba en esa esfera, mientras que su pequeña compañera aparecía como una manchita sin detalles singulares. Aprovechando la gran estabilidad atmosférica decidí usar el ocular de 7 mm, que me proporcionaba unos efectivos 214 aumentos. La imagen parecía sacada de un libro. La estructura espiral se hizo entonces mucho más evidente, con sus dos brazos saliendo del núcleo y arremolinándose en aparente orden. Al poco tiempo pude notar que no forman una espiral perfecta, sino que, en ocasiones, los brazos adquieren un camino más rectilíneo, con algún que otro giro más cerrado. El puente que comunica ambas galaxias era visible sin dificultad, aunque en su parte más central desaparecía transitoriamente. NGC 5195 no era, a su vez, perfectamente regular. Tenía un núcleo brillante y su zona más brillante adquiría una forma rectangular, muy alargada, apuntando a su compañera mayor. Hacia abajo su halo se extendía tenuemente en forma de semicírculo, como un débil abanico difuso. El puente comenzaba en un extremo de su centro rectangular, con un entrante oscuro que formaba un ángulo pronunciado justo sobre el núcleo. Pasaron los minutos y mis ojos, ya plenamente adaptados a la oscuridad, empezaron a notar diferencias de brillo en los brazos de la galaxia principal. El brazo que acaba comunicando con NGC 5195 mostraba una región más densa en su zona superior, que al comprobarlo en la red resulta que es una agrupación de regiones HII y cúmulos estelares que, en conjunto, producen una zona más brillante. Estas regiones se llaman HK34, CCM53, CCM55 y CCM57. El otro brazo es más rico en regiones HII, de manera que pude distinguir hasta tres condensaciones, más brillantes incluso que la anterior. A la izquierda, la región más densa es simplemente una zona especialmente poblada de estrellas. La que ocupa la esquina inferior derecha está formada por las regiones HII denominadas HK74 y HK77, mientras que la superior la forman HK9, HK17, HK25, HK26 y hK26.

M51-2.png

Con mi telescopio no pude distinguir ninguna de éstas por separado, pero notar el brillo conjunto de estas inmensas nubes de gas produce una sensación indescriptible, como un viaje al infinito, y una inmensa motivación para seguir buscando más “pequeñas” manchas en mundos distantes. Con un telescopio de mayor abertura esas regiones se individualizan y se muestran a ojos del observador como pequeños puntos nebulosos, pero hasta entonces habrá que seguir exprimiéndolos como hasta ahora, y es que un Dobson de 30 cm puede proporcionar interminables satisfacciones.

La sonrisa de Markarian

Previamente hemos introducido ya los bordes del gran Cúmulo de Virgo, el cúmulo galáctico más cercano a nosotros, situado entre 50 y 60 millones de años luz. Comentábamos también lo difícil que puede suponer verlo todo sin ningún orden, así que nos vamos a acercar a su centro para abordar una de las áreas más conocidas por los aficionados.

M84

El cúmulo posee tres subnúcleos principales:

-Virgo A: centrado en M87, la galaxia “dominante” del cúmulo.

-Grupo de M86: se está moviendo a gran velocidad hacia el centro.

-Virgo B: rodeando M49.

Algunos autores hablan del subgrupo Virgo C, centrado alrededor de M60, así como de la presencia de otras menores agrupaciones con cierta entidad como para tener nombre propio. El Cúmulo de Virgo se aleja de nosotros a una velocidad de 1100 km por segundo, pero esto no quiere decir que todas sus galaxias compartan dicha velocidad, ya que las múltiples interacciones gravitacionales que ocurren en su interior hacen que haya galaxias viajando al doble de esa velocidad, tanto en una dirección como en otra.

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La Cadena de Markarian fotografiada por Juan Francisco Salinas Jiménez

Entre las galaxias encontramos un caliente medio intergaláctico formado por plasma que alcanza los 30 millones de grados centígrados. Este plasma, concepto que a veces nos puede parecer algo complejo, es una masa de átomos que se encuentran ionizados, de manera que pueden cargarse eléctricamente y producir interesantes fenómenos, como la formación de filamentos o rayos. El plasma no es, desde luego, un lugar agradable para la vida, y en este espacio intergaláctico, además, tendremos que esquivar estrellas y planetas a la deriva, e incluso nebulosas planetarias que vagan sin rumbo. De hecho, se estima que un 10% del total de estrellas del cúmulo se encuentra flotando entre galaxias, expulsadas por las continuas interacciones como gotas que salpican contra las rocas.

Charles Messier ya se dio cuenta, a finales del siglo XVIII, de la m-virgogran densidad de objetos nebulosos que había en la misma zona, incorporando 16 de ellos a su famoso catálogo. Posteriores astrónomos fueron encontrando decenas y decenas de nuevas manchas, aunque nadie sabría su naturaleza hasta la década de los 20. Hoy centraremos nuestros sentidos en el subgrupo que rodea a M86 y que forma una de las agrupaciones más famosas de cielo profundo, la Cadena de Markarian, llamada así por el astrónomo armenio que, en 1960, descubrió que ese conjunto de galaxias compartían su viaje a través del cosmos.

La parte más conocida de esta cadena es la que engloba a M84 y M86, dos galaxias lenticulares que parecen los ojos de una expresiva cara celeste. M84 es la más débil de las dos, pese a lo cual tiene una generosa magnitud 10.1, que la hace fácilmente visible con cualquier instrumento. Tiene más de 110.000 años luz de diámetro y presenta dos jets que salen de su núcleo en direcciones opuestas debido a la existencia de un agujero negro supermasivo cuyo tamaño se ha estimado en 1500 millones de veces el del Sol. No presenta una gran  proliferación estelar, aunque cuenta con más de 1800 cúmulos globulares a su alrededor y una densa Foto M84banda de polvo que se interpone entre ella y nosotros. No muestra evidencias de colisiones recientes, lo cual no deja de ser llamativo en la zona en la que se encuentra. M86, al contrario, parece haber tenido un pasado algo más turbulento que se manifiesta en forma de cadenas de estrellas que han sido arrancadas en diversas colisiones con galaxias enanas. Con un diámetro de 135.000 años luz, M86 supera a M84 también en cuanto al número de cúmulos globulares, presentando la friolera de 3800. Una peculiaridad importante de M86 es que muestra el mayor desplazamiento al azul del cúmulo, acercándose a nosotros a 244 km por segundo… ¿Si el universo está en continua expansión y, además, hemos dicho que el Cúmulo de Virgo está alejándose de nosotros a 1000 km por segundo, como es posible que esta galaxia se acerque a tanta velocidad? La respuesta es sencilla, y es que M86 se está desplazando rápidamente desde el lado opuesto del cúmulo hacia el centro, en dirección a la Vía Láctea. Lo que saca a relucir este dato es que en el interior de los cúmulos galácticos la gravedad produce desplazamientos bruscos de sus componentes, y no debe extrañarnos, por tanto, encontrar comportamientos anómalos en el movimiento de las galaxias. La siguiente imagen del Chandra muestra a la galaxia seguida una colosal estela de estrellas que alcanza los 200.000 años luz de longitud.

Foto m86 cola

Ya conocidos los “ojos” de la cara galáctica podemos ir a conocer el resto de galaxias menores que pueblan la zona. Primero nos centraremos en esta cara, cuya boca está compuesta por NGC 4388, una galaxia espiral que nos muestra su perfil. Es la primera galaxia Seyfert que se descubrió en el cúmulo, y su paso veloz por el medio intergaláctico ha promovido la pérdida de gran parte de su hidrógeno neutro que ahora se dispone a su alrededor en forma de gran burbuja de gas. La energía de su núcleo ha hecho que dicho gas se ionice produciendo grandes filamentos de gas, como podemos apreciar en la siguiente fotografía:

Foto NGC 4388 subaru

La nariz de la “cara” está formada por NGC 4387, una pequeña galaxia elíptica que brilla con magnitud 12. La ceja es otra galaxia vista de perfil denominada NGC 4402 que, en su camino al centro del cúmulo, está siendo despeinada, literalmente, de sus estrellas más superficiales. IC 3303 es una pequeña galaxia elíptica con una magnitud de 14 y un brillo superficial extremadamente bajo que necesita de una buena adaptación a la oscuridad para poder intuirse siquiera. Desplazándonos hacia el otro continuamos esta interesante cadena de galaxias, viendo en primer lugar a NGC 4413 y NGC 4425, espiral y elíptica respectivamente, en las cuales no distinguiremos ningún detalle especial salvo la presencia de pequeñas manchas difusas. Mucho más llamativa es, a decir verdad, la siguiente pareja que se conforma por NGC 4435 y NGC 4438, siendo conocidas en su conjunto como Arp 120 o “las galaxias de los ojos”. La primera es una pequeña elíptica, pero NGC 4438 es, sin duda, una de las galaxias más exóticas que podemos apreciar en fotografías. Antaño fue una espiral relativamente normal, pero hoy sus brazos se han distorsionado en el espacio, abriéndose de forma contorsionista, como si algo tirase de ellos con fuerza. No se conoce muy bien cuál es el motivo de esta peculiar forma, pero es bastante probable que se deba a la acción de fuerzas externas. Entre los principales candidatos están M86 (a la que le une un puente de gas visible en algunas fotografías), NGC 4435 (la aparente monotonía de esta galaxia parece ir en contra de esta teoría a pesar de la corta distancia que les separa) o el propio medio intergaláctico que azota la región como un huracán ardiendo. Sea como sea, NGC 4438 es una galaxia que merece la pena contemplar, aunque no podamos apreciar las llamativas formas de las fotografías. Lo veremos con un núcleo alargado y brillante apreciándose los dos brazos principales como prolongaciones finas de este núcleo, quedando NGC 4438 como una pequeña esfera, fácil de ver incluso con visión directa.

Foto NGC 4438

Otra pareja continúa la cadena, compuesta por NGC 4458 y NGC 4461, pequeñas manchas nebulosas que empalidecen al lado de sus compañeras. NGC 4473 les sigue, con una magnitud 10.4 y unos 50.000 años luz de diámetro, para dar paso al final del recorrido, clausurado por NGC 4477 y NGC 4479. NGC 4477 es la mayor de esta última pareja, con 65.000 años luz de diámetro y un agujero negro en su interior, mientras que NGC 4479 es una diminuta elíptica de magnitud 12.6, si bien no es difícil de percibir en una noche oscura. Aquí finalizamos esta excursión por el corazón del Cúmulo de Virgo, y no hemos visto ni la mitad de la décima parte de lo que está a nuestro alcance, pero más vale ir con paciencia, digiriendo cada mundo que vemos a través de la lente y grabándolo en nuestra retino. Si no, tantos universos no serán más que un conglomerado de manchas sin orden ni significación alguna, en vez de la maravilla cósmica que pueden suponer para nuestros ojos.

M84 detalles

Segunda acometida al planeta rojo

La segunda vez que observé Marte, un día después de la anterior, pude ser consciente de la pequeña diferencia que presenta en cuanto a la rotación. Mientras que el día en la Tierra dura realmente 23 horas, 56 minutos y 4 segundos, en Marte llega a superar las 24 horas y 39 minutos, con lo cual, si observamos periódicamente el planeta podremos ser testigos del continuo e inexorable avance de su superficie.

En este caso, la noche del 16 de mayo, Syrtis Major ya se había escondido hacia el Este, dejando en su lugar las dos grandes llanuras que dominaban la cara del planeta: Elysium Planitia, que ya vimos el día anterior, y Amazonis Planitia. Esta última es una de las llanuras más planas de Marte, con una gran extensión de 1300 kilómetros de largo y 900 kilómetros de anchura. Se formó hace menos de 100 millones de años con la entrada de distintos flujos de lava, dando lugar a una superficie bastante uniforme que muestra, a pesar de ello, algunas interesantes formaciones. Por ejemplo, destacan los llamados “dark slope streaks”, que viene a significar vetas de cuesta oscura. Slope_Streaks_in_Acheron_Fossae_on_MarsHacen referencia a la presencia de unas interesantes rayas oscuras que destacan enormemente en la superficie grisácea, como las rayas de una cebra. Se forman en superficies en pendiente, debido a pequeñas avalanchas de polvo que caen a un nivel inferior (empujadas por el viento), de manera que dejan entrever un estrato más profundo y oscuro, que es la raya que podemos observar en las fotografías. Otra interesante faceta de Amazonis Planitia es su extrema juventud. En los estratos superiores, al parecer, hay afloramientos de capas más internas, lo cual podría poner al descubierto la presencia de fósiles marcianos que vivieron hace millones de años. Nada impediría, entonces, que el día menos pensado un rover nos enviara la fotografía de un interesante esqueleto cuya silueta, a día de hoy, sólo podemos imaginar. En esta explanada se han visto, a su vez, grandes torbellinos de polvo que reciben el nombre de “Dust Devils” o Demonios de Polvo, similares a los que recorren la tierra, pero con unas dimensiones considerablemente mayores. Como ejemplo, algunos de estos tornados llegan a alcanzar los 10 kilómetros de altura, así como varios cientos de metros de ancho, llevando consigo polvo y piedras a altas velocidades. Más aún, esta poderosa dinámica puede hacer que la materia sólida se cargue eléctricamente, produciendo relámpagos en su interior que, definitivamente, harían correr al más valiente de los caza-tornados. En la siguiente imagen podemos apreciar uno de ellos capturado con gran detalle:

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En la zona de los montes Elyseum seguía estando esa débil masa nubosa que pude ver la noche anterior, algo más débil, quizás porque el planeta se encontraba más bajo en el horizonte. Otra zona oscura cercana, llamada Propontus, aparece de manera tenue, nuevamente una superficie de rocas basálticas sobreelevadas a las que el polvo no tiene fácil acceso. Al otro lado de Amazonia Planitia sigue a la vista Mare Cimmerium y su prolongación hacia el ecuador, mientras que Mare Thyrrenum ya se ha perdido por completo. Encontramos, sin embargo, al este de Mare Cimmerium otra extensión de piedras volcánicas que recibe el nombre de Mare Sirenium, que forma una bonita bahía entre ambos mares, llamada Atlantidum Sinus, abierta a Amazonis Planitia. Tras estos mares, rumbo al Polo Sur, deberían aparecer las regiones de Eridania y Electris, pero toda la zona está teñida de un color claro, casi blanco, que impide distinguir sus detalles. Primero pensé en el Polo Sur nevado, pero en seguida reparé en que el casquete meridional se encontraba mucho más alejado. Posteriormente, al ver fotografías de otros aficionados, pude comprobar que, efectivamente, una gran masa nubosa impide la visión de toda esa zona, así que no es nieve sino otro de esos inmensos sistemas nubosos que se dejan entrever por la superficie, dotando a Marte de una personalidad dinámica y misteriosa.

Marte 2

Una aguja en Coma Berenices (NGC 4565)

Nuevamente, la constelación de Coma Berenices nos sorprende con una de sus más espectaculares galaxias, al alcance además de cualquier instrumento de aficionado. NGC 4565, también conocida como Caldwell 38 y llamada coloquialmente “la Aguja”, es quizás el prototipo más perfecto de una galaxia de perfil que podamos observar a través de nuestro telescopio.

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Fotografía realizada por Juan Antonio Sánchez JASP

Situada a una distancia de entre 40 y 47 millones de años luz, NGC 4565 es una galaxia espiral barrada con un cierto aire misterioso que le otorga su gran banda central de polvo, que recorre su ecuador ocultando las regiones más internas. Sin embargo, en diferentes longitudes de onda se han podido encontrar evidencias de la existencia de una barra central, así como un anillo central de estrellas que se disponen en torno al núcleo. Está un poco más lejos que NGC 891, su innegable competidora, aunque NGC 4565 presenta un brillo superficial mucho mayor. El motivo será probablemente que el polvo de nuestra propia galaxia se interpone entre NGC 891 y nosotros, mientras que NGC 4565 se encuentra casi rozando el polo norte galáctico, sin brazos ni nebulosas que interfieran la observación. Tenemos, por tanto, una visión privilegiada de esta galaxia. En ella no encontramos abundancia de regiones HII ni grandes cúmulos azulados, indicadores de su limitada formación estelar. Presenta, sin embargo, un alto número de cúmulos globulares, habiéndose constatado unos 240 de estos y superando, por tanto, a la Vía Láctea. NGC 4565 mide unos 150.000 años luz de diámetro, así que observando esta galaxia podemos imaginar cómo vería un extraterrestre a nuestra galaxia desde una perspectiva lateral.

NGC 4565 es visible con unos simples prismáticos si la noche es lo suficientemente oscura y estable, saltando a la vista con cualquier telescopio. La primera vez que la vi fue hace un año, sin saber cómo era, y quedé enormemente sorprendido al percibir que presentaba una fina línea oscura. Hace unas semanas decidí volver a disfrutar de ella sabiendo lo que iba a encontrar, y no me defraudó. Es una galaxia grande y extremadamente alargada. Con sus 16 x 2 minutos de arco, ocupaba todo el campo con el ocular de 7 mm, a 214 aumentos. Un brillante núcleo de aspecto estelar relucía en el centro de la galaxia, rodeado por un abultamiento del halo galáctico en forma de sobrero. La región colindante del núcleo es más brillante y se difuminando hacia los lados. Su aspecto más llamativo, además de su forma, es esa banda de polvo que la recorre a nivel ecuatorial, que se aprecia mucho mejor en el centro, aunque con visión periférica se aprecia que continúa hacia los bordes perdiéndose en la oscuridad. Los extremos de la galaxia también presentan gran atractivo, pues se van estrechando cada vez hasta acabar en una finísima línea. La Aguja bien se ha ganado su nombre y el derecho a ser visitada regularmente como el mejor de los ejemplos de una galaxia espiral que nos muestra su llamativo perfil.

NGC 4565