Suspiros bajo el cielo hibernal (Sh2-308)

El cielo está plagado de objetos “oscuros”, interesantes y espectaculares pero muy poco conocidos, normalmente debido a su dificultad para ser vistos o a la necesidad de un cielo especialmente oscuro. Tal es el caso que nos ocupa hoy, una estrella Wolf-Rayet y el anillo cósmico que está formando a su alrededor, en la constelación del Can Mayor.

Una estrella Wolf-Rayet es, como recordamos, una estrella con gran masa (más de 20 veces la de nuestro sol, por lo general), que ha crecido a un ritmo vertiginoso desde su nacimiento, perdiendo masa a una velocidad mayor a la habitual. Esta pérdida de materia se debe a una característica muy peculiar que es la formación de inmensas corrientes de aire, que superan los 2.000 kilómetros por hora, dejando al descubierto el núcleo formado por elementos más pesados como helio, oxígeno y carbono. La envoltura de hidrógeno acaba siendo arrancada por los vientos estelares y forma una nebulosa alrededor de la estrella, como ocurre con NGC 7635 o la “Nebulosa de la Burbuja”, ionizando el gas por la radiación ultravioleta de la estrella.

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Sharpless 2-308 es la nebulosa que ha formado la estrella EZ CMa, también denominada WR 6, un astro 3 veces más pesado que nuestro sol y 380.000 veces más brillante. Su temperatura es de 85.000 grados centígrados, 17 veces más caliente que nuestra estrella. A 5.200 años luz de nosotros, ioniza la envoltura gaseosa que la rodea y nos permite apreciar desde nuestro planeta esos fantasmagóricos filamentos de luz. La estrella, además, es una de las pocas estrellas Wolf-Rayet que emiten radiación en Rayos X, además en el ultravioleta. La nebulosa mide unos 60 años luz de diámetro y se formó hace 70.000 años, apenas un suspiro en la cronología cósmica. En un poco más de tiempo la estrella colapsará y terminará su vida con una gran explosión en forma de supernova.

Para encontrar nada más fácil que buscar Omicron 1 Canis Majoris, una estrella de magnitud 3.8 que se encuentra cerca de la brillante Wezen (delta CMa). Omicron 1 CMa es una gigante roja de tipo espectral K, con un diámetro tan grande que, de estar en nuestro Sistema Solar, superaría con creces la órbita de Marte. Al ocular llama poderosamente la atención con su tonalidad de un rojo anaranjado intenso, en un campo tan rico en estrellas que son imposibles de contar. Allí, entre esa playa de puntitos, brilla la estrella que nos ocupa, EZ CMa, que al lado de la gigante roja parece más bien blanco-azulada. A simple vista, con el ocular de 44 aumentos, la vista es sobrecogedora, pero no hay ni rastro nebuloso, ni un débil jirón que delate su presencia. La primera vez que la vi no conocía sus dimensiones, así que me dediqué a usar una gran variedad de oculares, buscando algo parecido a una nebulosa. Finalmente, con el mismo ocular, a 44 aumentos, decidí usar el filtro OIII. Entonces noté rápidamente un débil filamento junto a Omicron 1 CMa, claramente visible sin embargo con visión lateral. Debía de ser, sin duda, parte de la gran burbuja, y entonces fui consciente de que debía tener un tamaño considerable, teniendo en cuenta su distancia a la estrella central. Otro trazo de nebulosidad hizo su aparición tímidamente al lado del anterior, formando una concavidad que iba tomando forma poco a poco, porque al otro lado de EZ CMa pude notar otra porción de este anillo cósmico. Al cabo de unos pocos minutos no me resultó difícil completar la circunferencia, tan sólo rota en dos o tres puntos donde desaparecía de la vista.

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Fue, sin duda, la sorpresa de esa fría noche bajo uno de los cielos más oscuros que he podido disfrutar, en el claro de un bosque de pinos al sur de Granada. Y así, con estos objetos tan apartados de la rutina habitual del astrónomo, uno se da cuenta de la inmensidad que tenemos sobre nuestras cabezas y de lo corta que es una vida para poder saborear todas y cada una de esas maravillas celestes.

Acompañando a Cor Caroli

 

La primavera es la estación de las galaxias, y es por eso que miremos donde miremos con nuestro telescopio, casi con toda seguridad hay al menos una galaxia cerca. Hoy vamos a ver un grupito de 4 galaxias en Canes Venatici, a cuyo encuentro iremos partiendo de la brillante estrella Cor Caroli o Alfa Canis Venaticorum. Este egregio nombre se debe a Edmund Halley y hace referencia a Carlos II de Inglaterra (hay algunas fuentes que lo atribuyen a Carlos I. Halley fue aconsejado por el físico de la corte del Rey, que defendía que el día en que el soberano regresó a Londres, en 1660, la estrella brilló de forma inusual.

Cor Caroli es un estrella doble muy llamativa y sencilla de ver, con sus componentes a unos 19 segundos de separación. Su estrella principal es un astro de magnitud 2.89, con 10.000ºC en su superficie. Situada a 110 años luz de nosotros, es una estrella de tipo espectral A y tiene una masa 2.8 veces mayor que la del Sol. Su compañera es más pequeña, con una magnitud de 5.61, y se sitúa a 650 UA de la primaria, completando una vuelta en más de 8000 años. Es de tipo espectral F, de tonalidad amarillenta, pero su cercanía a la brillante compañera produce curiosos efectos visuales. Hay observadores que dicen distinguir un color anaranjado, mientras que otros la encuentran liliácea, rosácea y algunos, entre los que me encuentro, verdosa. La primera vez que la vi no me llamó la atención ningún color especial, probablemente debido a que la calidad de la atmósfera no acompañaba; sin embargo, la segunda vez que la observé quedé gratamente sorprendido, ya que nunca pensé que podría ver una estrella de color verde. Es una tonalidad difícil de definir, a medio camino entre el verde y amarillo, como la luz de un amanecer que se filtra a través de un frondoso árbol en primavera. Aquí entra en juego la sensibilidad cromática de cada uno, pero sin duda supondrá un bonito espectáculo se mire como se mire.

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Desde Cor Caroli no tenemos más que movernos unos 4 grados hacia el noreste para que entren en campo las galaxias que queremos observar, un cuarteto que se sitúa a unos 60 millones de años luz, aunque con una gran variabilidad según los métodos empleados, aportando cifras entre 39 y 100 millones de años luz. Una de las mayores es NGC 5005, también llamada Caldwell 29, una galaxia espiral de unos 100.000 años luz de diámetro que se nos muestra levemente inclinada, de manera que en fotografías de larga exposición podemos apreciar sus brazos bien definidos. Es una Galaxia de Núcleo Activo, clasificada como LINER por muchos autores. LINER significa “Low Ionization Nuclear Emission Region” y viene a ser un tipo de núcleo activo que emite menos radiación que otros tipos de galaxias activas como las Seyfert. Sin embargo, parece que el mecanismo subyacente a todas estas Galaxias de Núcleo Activo es un agujero negro que acelera la materia a su alrededor, despidiendo partículas a velocidades cercanas a la luz, de ahí la gran energía que podemos captar desde nuestro planeta. NGC 5005 es una galaxia con una importante proliferación estelar, especialmente en su región central, donde se ha descubierto, a 10.000 años luz del núcleo, un disco de hidrógeno molecular, el caldo de cultivo para formar estrellas. Con unos 6 x 3 minutos de arco y una magnitud poco mayor que 10, es fácilmente visible a través del Dobson, con una forma claramente ovalada y un núcleo brillante, reflejo del monstruo que habita en su interior.

Foto NGC 5033.jpgMuy cerca de ella podemos ver otra gran galaxia denominada NGC 5033, mayor que la anterior, con un diámetro total de unos 180.000 años luz (supera a nuestra propia galaxia). Tiene un tamaño aparente mayor que NGC 5005, de 10 x 5 minutos de arco, aunque lo que veremos a través del telescopio será su región más interna, con lo cual parece más pequeña. Es similar a su compañera en muchos aspectos. Su estructura espiral se deja adivinar en fotografías gracias a su leve inclinación, y guarda en su interior otro gran agujero negro. NGC 5033 es otra galaxia LINER, e incluso se parece a NGC 5005 a la hora de verla por el ocular, con una forma ovalada, algo menor, y con un brillante núcleo en el centro. Con visión periférica el halo ocupa una extensión mayor, aunque no llega a superar a su gemela. Las dos se ven fácilmente en el mismo campo a 65 aumentos, y si la noche es oscura podemos intentar ver otras dos galaxias, más débiles y pequeñas.

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NGC 5002 es una galaxia de apenas 20.000 años luz, irregular, similar en tipo y forma a la Nube de Magallanes. Tiene una barra central y un halo totalmente deformada, sin una clara silueta. Mide poco más de un minuto de arco de diámetro, y su magnitud de 14 puede dificultar un poco su identificación, aunque sabiendo su localización no deberíamos tener problemas en una noche oscura. No distinguiremos detalle alguno, tan sólo un tenue manchón, pero no todos los días podemos ver una galaxia irregular a 60 millones de años luz… La otra galaxia es algo más definida, una galaxia espiral denominada NGC 5014, que avanza por el espacio junto a las anteriores. Su magnitud de 13 la hace algo más fácil de ver, y tiene una forma más ovalada, más clara con visión periférica, con los extremos muy finos. Estas dos últimas galaxias son un aditivo reservado para cielos oscuros, pero la mera visión de NGC 5005 y NGC 5033 basta para tenernos pegados al ocular durante un tiempo considerado.

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Una caja de estrellas (NGC 4449)

Los observadores del hemisferio norte podemos estar resentidos por no poder disfrutar de las impresionantes vistas de la Gran Nube de Magallanes, la galaxia satélite que orbita a corta distancia a la Vía Láctea y que muestra detalles asombrosos a la vista de cualquier instrumento. Sin embargo, en espera de algún día viajar a tierras australes, podemos ver a través de nuestro telescopio otra galaxia irregular que, a pesar de encontrarse bastante más alejada, tiene algunos detalles por mostrarnos. Estamos hablando de NGC 4449, también denominada Caldwell 21 y conocida como la Galaxia de la Caja.

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Se encuentra situada a unos 12 millones de años luz, formando parte del grupo Canes Venatici I, al que también pertenece M94. Mide unos escasos 16.000 años y es una galaxia de tipo irregular, de características similares a nuestra Nube de Magallanes, pero con una proliferación estelar dos veces mayor. La fotografía del Telescopio Espacial Hubble muestra una explosión de luz y color. Por un lado, esos filamentos de color rosado son enormes burbujas de gas, regiones HII que sirven de caldo de cultivo para la formación estelar. Se pueden distinguir también grandes cúmulos estelares, aglomeraciones de estrellas que se agolpan en el centro y algunas zonas de la periferia. Todas estas características obedecen a una causa concreta: su interacción con otras dos galaxias en los últimos miles de millones de años. Una de ellas, llamada DDO 125, es una enana esferoidal que ha dejado tras de sí un rastro formado por miles de estrellas gigantes rojas, que se pueden apreciar muy cerca de NGC 4449. Su momento de mayor acercamiento fue hace unos 5.000 millones de años, y poco a poco irán acercándose de nuevo hasta formar parte de la misma estructura.

Foto NGC 4449 subaru

De la otra compañera sólo queda el núcleo, en forma de cúmulo globular de grandes proporciones, al igual que ocurre con Omega Centauri en nuestra galaxia. El conjunto se halla rodeado por una inmensa burbuja de hidrógeno neutro, invisible para nuestros ojos, que llega a ocupar un área de 75 minutos de arco, es decir, unas 14 veces el diámetro de NGC 4449. Probablemente sea gas que escapó de la galaxia principal durante sus encuentros intergalácticos, pero todavía supone un misterio para la ciencia.

NGC 4449 es una galaxia accesible a pequeños instrumentos, pero con mayor abertura podremos distinguir en ella detalles especialmente interesantes. Se encuentra muy cerca de Chara, Beta Canis Venaticorum, a medio camino entre dicha estrella y la Superba. De magnitud 10, es apreciable con unos buenos prismáticos como una débil mancha, siempre y cuando contemos con un cielo oscuro. Con el Dobson de 30 cm llama la atención, desde un primer momento, su forma totalmente anómala. Entendemos entonces el sobrenombre de la galaxia, y es que pocos universos islas podemos contemplar que tengan una forma particularmente rectangular. Tiene un tamaño cómodo, de unos 4.4 x 6.2, y permite usar aumentos elevados si la atmósfera no está especialmente turbulenta. Una estrella reside en uno de sus extremos, y muy cerca de ella, ocupando el centro de la galaxia, se aprecia una región especialmente brillante. A 214x el centro es puntiforme, pero a su alrededor podemos ver varias zonas grumosas y brillantes, correspondientes a los grandes cúmulos abiertos que reinan en esta zona de la galaxia. No deja de ser asombroso que podamos observar estructuras particulares en un mundo extragaláctico, por muy cerca, relativamente, que esté. Con visión indirecta se pueden apreciar, al otro lado de la estrella, otras dos zonas más destacadas, delatando así mismo otra brillante aglomeración de soles. La cantidad de detalles que podamos ver será proporcional al tiempo dedicado a observar esta pieza de museo. No podremos evitar extrañar su silueta rectangular, pero el cosmos no entiende de formas, y ese es precisamente uno de sus mayores atractivos.

NGC 4449

En el corazón de la Catedral (la Espada de Orión)

Si el cielo fuera una gran ciudad Orión sería, como muchos la han denominado, su Catedral, el lugar que más tesoros resplandecientes alberga y la meca de todo astrónomo aficionado, ya sea novel o veterano, y es que alberga en la constelación una inmensa variedad de objetos de todo tipo, para todos los gustos y colores. Pero si Orión es la catedral, sin duda su zona central sería el retablo de las maravillas, la región conocida como el Tahalí de Orión o la espada. No es difícil imaginarla, pues se ve a simple vista como si colgase del llamativo cinturón, y si la noche es oscura podemos apreciar que no es una simple hilera de estrellas. Pocas regiones del cielo muestran tanto esplendor en un espacio tan reducido, de apenas 3 grados de diámetro, en los cuales encontramos una importante variedad de objetos que bien merecen un libro aparte.

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Comenzaremos con una vista global para situarnos en este océano cósmico. Cuando miramos a la constelación de Orión estamos viendo una inmensa familia de estrellas y gases que conforman lo que se conoce como Asociación Orión OB1, situada en torno a los 1450 años luz. Ésta, a su vez, se puede dividir en cuatro regiones:

  • Orión OB1a: situada al oeste del Cinturón de Orión, es la región más antigua, con 10 millones de años de edad y a una distancia de 1.100 años luz. Al parecer fue la responsable de engendrar a Betelgeuse, que es una estrella de tipo espectral M que ha crecido asombrosamente rápido hasta adquirir su intenso color rojizo.
  • Orión OB1b: engloba a las estrellas del Cinturón, grupo conocido como Collinder 70, con una edad de 2-5 millones de años y algo más lejos que el anterior, a unos 1.500 años luz.
  • Orión OB1c: la zona del Tahalí de Orión que ocupa este capítulo.
  • Orión OB1d: formada por M42 y M43, la nebulosa de Orión propiamente dicha, aunque se encuentre abarcado por Orión OB1c.

Estas dos últimas zonas son las más jóvenes, especialmente Orión OB1d, contando sus estrellas con menos de un millón de años. Teniendo en cuenta que nuestro Sol tiene una de edad de 4.500 millones de años, no es difícil ser conscientes de su efímera vida.

Como curiosidad “geográfica” cabe decir que Orión OB1 y nosotros, junto con otras estrellas y nebulosas de distintas zonas del cielo, pertenecemos a la misma estructura galáctica, conocida como el Cinturón de Gould, descubierta en 1870. Dicha “nube estelar” ocupa un área curvilínea de unos 3.000 años luz de diámetro, y las últimas hipótesis apuntan a que fue formada por la colisión contra nuestra galaxia de una nube de gas hace 50 ó 60 millones de años. Dicha teoría estuvo en entredicho hasta que hace poco se descubrió la existencia de la Nube de Smith, un cúmulo de gas de gran masa que está en vías de colisionar con la Vía Láctea. El sol, que ya tenía una edad respetable por aquélla época, pudo contemplar un espectáculo variopinto. El gas de procedencia extragaláctica colisionó con las estrellas del brazo de Perseo, provocando una onda de choque que desestabilizó las grandes nebulosas que allí residían, produciendo un inmenso brote de formación estelar. Algunas supernovas, fruto de esta gran proliferación, terminaron de esculpir la región tal y como la conocemos hoy. Dedicaremos un capítulo completo a hablar, a grandes rasgos, de la geografía de nuestra galaxia, aunque demos algunas pinceladas mientras tanto.

Retomamos nuestra atención sobre el Tahalí de Orión, la espada, el altar de la Catedral celeste. La siguiente fotografía, realizada por Leonardo Fernández de Alarcón Web con un refractor de 110 mm y F/7, nos muestra la región en cuestión, con el norte arriba:

Foto M42 espada

Vamos a recorrerlo de norte a sur, metódicamente, para poder disfrutar cada una de sus estrellas. Lo primero que nos encontramos es un curioso cúmulo abierto denominado NGC 1981, que pasa desapercibido debido a su cercanía con M42, pero situado en un lugar más solitario sería un objeto muy llamativo. Está formado por una veintena de estrellas brillantes, de magnitud entre 7 y 10, dispuestas a lo largo de un espacio de 20 minutos de arco. Sus estrellas más brillantes se disponen en forma de dos hileras de tres componentes, siendo flanqueadas por dos astros algo más débiles. Entre ellas podemos ver dos interesantes estrellas dobles. La primera, la más sencilla de separar, es Struve 750, la estrella situada más al norte. Su componente principal es de magnitud 6.40 y su secundaria dos magnitudes más oscura, separadas por 4.1 minutos de arco. Son de color blanco-azulado, jóvenes como la mayoría de las estrellas de la zona, y algunos observadores encuentran a la más débil una tonalidad más azulada que a la primaria. La otra estrella doble de interés es Struve 743, de magnitudes 7.7 y 8.2, esta vez más unidas entre sí, a una distancia de 1.8 minutos de arco. Para desdoblarlas necesitaremos mayores aumentos, aunque no supondrá gran problema si la noche es serena, viendo entonces dos pequeñas perlas casi en contacto. El cúmulo puede ser considerado relativamente pobre, pero si la noche es oscura llaman la atención un grupito de estrellas muy débiles dispersas al norte de Struve 743, que dan la sensación de ser, de por sí, otro cúmulo abierto más lejano.

NGC 1977

Nuestra siguiente parada nos sumerge en la niebla de una interesante región HII en la que se están gestando estrellas continuamente, una zona situada a 1.500 años luz de distancia que se compone, a grandes rasgos, de tres grandes masas gaseosas. El color rojo denota su naturaleza de emisión, excitadas por las estrellas que residen en su interior, pero podemos comprobar, en cualquier fotografía, que los tonos azules llegan a predominar, muestra de que son también nebulosas de reflexión que reflejan la luz de sus astros. La mayor de ellas, situada al sur, es NGC 1977, una gran nebulosa de unos 15 años luz de diámetro. En su interior reside c orionis, una estrella de magnitud 4.8 visible a simple vista, compañera de una estrella más tenue a tan sólo 1 minuto de arco de distancia. Esta estrella, junto con otras dos brillantes, se sitúa en el centro de la nebulosa, que tiene forma alargada, con nebulosas oscuras delimitando su forma en algunos de sus bordes. 42 orionis, de magnitud 4.7, es la responsable de ionizar la mayor parte del hidrógeno que conforma la nebulosa. NGC 1975 rodea a la estrella HD 36958, de magnitud 7.34, y es la segunda en extensión y brillo de este grupo. Tiene una forma ligeramente alargada y poco definida, perdiéndose sus bordes hacia el exterior. Muy cerca, y rodeando a la estrella que hay justo al norte de NGC 1975, encontramos la tercera nebulosa, NGC 1973, una pequeña nubecilla que se aprecia mejor con visión indirecta. El conjunto de estas tres nebulosas es especialmente llamativo y constituye una de las nebulosas difusas más brillantes que podemos ver. Sin embargo, siempre será un segundo plato por el delicado lugar que ocupa, al lado de la nebulosa principal  que ya, por fin, vamos a abordar.

Hay mucho que decir sobre M42 y M43 y no hay un espacio ilimitado para ello, así que tendremos que centrarnos en sus principales detalles. Para empezar, imaginemos a una inmensa región llena de gas que poco a poco se ha ido enfriando, con el paso de los años, de forma que sus partículas se van uniendo entre sí, haciéndose cada vez más densas. Así, en un área de más de 100 años luz de diámetro, se fueron formando nuevas estrellas desde hace unos escasos 3 millones de años, apenas un suspiro en la escala cósmica. Ahora FOto m42 trapecio (1)centremos nuestra atención en el centro de esta masa gaseosa, lugar de residencia de cuatro brillantes estrellas que todo astrónomo conoce. Galileo descubrió 3 de ellas, y en el siglo XVII varios astrónomos se dieron cuenta de que eran realmente 4 estrellas, dispuestas en forma de trapecio, nombre con el cual se conoce al grupo. En conjunto, reciben el nombre Theta Orionis, y son estrellas muy jóvenes de tipo espectral O y B, con una edad de apenas un millón de años. Tienen una masa de entre 15 y 30 veces la masa de nuestro sol, y emiten una inmensa cantidad de radiación ultravioleta. Theta Orionis C, la más brillante de ellas, es la principal responsable de ionizar el hidrógeno de la masa de gas circundante y, por tanto, tenemos que agradecerle que podamos disfrutar de este espectáculo. Es la estrella más caliente de todas las que podemos ver a simple vista, con 40.000 grados en su superficie. El Trapecio se encuentra formado, realmente, por once componentes, siendo 6 de ellas accesibles a instrumentos de aficionado. Las componentes E y F, de magnitud 11, requieren de una noche estable para poder verlas, ya que el brillo de la nebulosa juega en nuestra contra a la hora de distinguirlas.

Pero estas estrellas no están solas en el centro de la nebulosa. Invisibles a nuestros ojos, más de 2.000 estrellas se esconden tras el gas de la región, visibles sin embargo con instrumentos específicos como el Chandra X. En la siguiente imagen podemos comparar la zona más céntrica en longitud de onda visible y en el infrarrojo, sobrando las palabras para describirla: la vida se esconde tras esas densas nubes. Los últimos estudios sugieren que en el centro hay un agujero negro de unas 100 masas solares, de manera que podría explicar los anárquicos movimientos observados en las estrellas. De hecho, como ya comentábamos al hablar de IC 405, la estrella AE Aurigae parece tener su origen en el centro de M42, habiendo sido despedida al interactuar con otras estrellas.

Foto m42 centro

Estas grandes estrellas, además de iluminar la nebulosidad a su alrededor, generan fuertes vientos que van moldeando las estructuras a su paso, de manera que la Nebulosa de Orión muestra centenares de arcos y ondas, reflejo de los rápidos movimientos a los que se ve sometido el gas. De esta forma, la nebulosa Foto m42 vientose va expandiendo a pasos agigantados, calentando el espacio a su paso y estimulando la formación, en un futuro cercano, de miles de estrellas nuevas. De hecho, M42 cuenta en su interior con una gran cantidad de discos protoplanetarios y estructuras típicas de estrellas en formación, desde Glóbulos de Bok hasta cuerpos Herbig-Haro. El Telescopio Espacial Hubble ha encontrado hasta 13 planetas gaseosos, similares a Júpiter, vagando a la deriva sin estar ligados a ninguna estrella. Lo cierto es que no son planetas, sino “estrellas fallidas”. Comenzaron a formarse como cualquier otro astro, condensando sus átomos, pero el núcleo no fue capaz de llegar a fusionar el hidrógeno y el helio, de manera que no llegan a brillar con luz propia. Son una especie más de la abigarrada fauna que compone este increíble hábitat espacial.

FOto m42 protoplat

Discos protoplanetarios en Orión

M42 tiene forma esférica, con una gran concavidad en su interior que se ha generado mediante un proceso llamado fotoevaporación en el que las estrellas centrales más masivas alejan el gas y el polvo. Debido a esta dispersión, en cuestión de 100.000 años apenas quedarán restos gaseosos, y el resultado será un gran cúmulo estelar. Sus estrellas más masivas, en un período relativamente corto de tiempo, explotarán en forma de supernovas, volviendo a generar el caos a su alrededor. Hay un gradiente importante de temperatura, de forma que en las regiones más internas se alcanzan los 10.000º K, enfriándose a medida que se aleja del centro.

M43 es en realidad parte de la misma Nebulosa de Orión, aunque fue considerada en el siglo XVIII como un objeto distinto. Un filamento de polvo oscuro separa ambas nebulosas, dando esa sensación. También se la conoce como NGC 1982 o Nebulosa de Mairan, debido a su descubridor Jean-Jacques Dortous de Mairan, y se encuentra ionizada por la estrella HD 37061, justo en su zona central. Fue inmortalizada por Messier a finales del siglo XVIII, en un dibujo junto a M42.

Foto M42 messier

Visualmente, M42 y M43 suponen un espectáculo a través de cualquier instrumento. Con unos simples prismáticos bien firmes y una noche oscura se puede apreciar la nebulosa en el mismo campo que NGC 1981 y el complejo de nebulosas de NGC 1977. M42, si el cielo es favorable, mostrará incluso la porción opuesta al trapecio, ese lazo que la rodea de forma tenue. Las estrellas del trapecio pueden empezar a resolverse con pequeños prismáticos, pero para distinguir sus 4 estrellas será mejor recurrir a grandes prismáticos o a pequeños telescopios

A través del Dobson de 30 cm y un filtro la vista es, sencillamente, superponible a la mayoría de fotografías de M42, e incluso mejor, ya que la zona central no aparece velada y podemos disfrutar de todos sus detalles a la vez. Usando bajos aumentos podemos encuadrarla en el mismo campo, mostrando nebulosidad y filamentos donde quiera que pongamos la vista. La zona central es muy brillante, contrastando enormemente la denominada Boca de Pez, un entrante oscuro que avanza hacia el trapecio, una región rectangular llamada Regio Huygheniana. En este último distinguimos las cuatro estrellas principales, y basta con usar 125 o 214 aumentos para poder ver, si la atmósfera no es turbulenta, las componentes E y F, brillando débilmente a muy poca distancia del resto. Al sur del Trapecio aparece otra bahía oscurecida, más estrecha, que separa Regio Huygheniana de Regio gentili, llamada Sinus gentili.

M42 interna

Las alas se abren en direcciones opuestas, y la occidental (proboscis maior) se divide en dos arcos claramente diferenciados, abiertos en un ángulo de 50º. Uno de ellos se dirige hacia Iota Orionis y se une a la otra ala cerrando un círculo casi perfecto. En esta zona posterior, bastante más débil, se pueden apreciar entrantes de nebulosidad hacia el centro, creando pequeños arcos que se aprecian mejor con visión lateral. Volutas de humo aparecen flotando en el interior de la nebulosa y multitud de estrellas pueblan cada uno de sus rincones. M43, al lado del trapecio, despliega una elegante forma redondeada que se extiende acabando en una curvada punta hacia el norte. Sin duda, cualquier descripción se queda corta ante este monumento estelar. Lo mejor es verlo por uno mismo, no de pasada, sino deteniéndose en cada detalle. Conforme pasen los minutos vislumbraremos zonas hasta entonces invisibles, estrellas que antes parecían no existir, y tras media hora estaremos contemplando una verdadera y “viva” fotografía.

M42

Por último, terminamos este recorrido echando un vistazo a NGC 1980, nebulosa descubierta por William Herschel en torno a Iota Orionis. Dicha estrella, denominada Hatysa, tiene una magnitud aparente de 2.75 y es una gigante azul de tipo espectral O9, con una temperatura mayor a 31.000º K. Es una interesante estrella triple, con dos componentes más débiles a 10 y a 40 segundos de arco. La más alejada, según algunos observadores, tiene un tono rojizo que contrasta con el blanco azulado de sus compañeras. Además, la primaria es a su vez binaria espectroscópica, con una estrella orbitando a su alrededor cada 29 días en una órbita muy excéntrica, que podría haber sido causante de la fuga de AE Aurigae. La naturaleza de NGC 1980 es algo incierta, con cierta controversia acerca de si se trata de una porción de M42 o si es una nebulosa con entidad propia situada más cerca de nosotros. Hay incluso quien dice que es un cúmulo abierto formado por Hatysa y una quincena de estrellas, si bien Herschel describió sin ninguna duda su naturaleza gaseosa.

Espada de Orión - detalles

Sea como sea, la imagen que podemos ver a través de un ocular de gran campo es inolvidable, con tantas formas y sombras que tardaríamos una eternidad en estudiarla a fondo. No en vano es el objeto más visitado del firmamento.