Erupción en NGC 3079

Muchas veces, navegando por la constelación de la Osa Mayor, había visto una galaxia cuya forma me llamaba enormemente la atención, ya que parecía una galaxia espiral de perfil, pero con sus bordes ligeramente “inclinados” hacia el interior. El otro día me decidí a verla con propiedad, poniéndole nombre y apellidos, y descubrí que es una galaxia aún más interesante.

Foto ngc 3079

NGC 3079 es una galaxia espiral situada a unos 50 millones de años luz, ocupando una zona en el cielo que corresponde al pecho de la Osa Mayor. Tiene un considerable tamaño de 120.000 años luz, con unos brazos espirales distinguibles a pesar de que se nos presenta casi de canto. Pero su mayor interés no está en sus brazos, sino en su núcleo, una zona que podría compararse con un volcán en erupción. Se ha formado en él una estructura interesante, una burbuja de gas rica en vapor de agua que alcanza temperaturas de hasta diez millones de grados centígrados y que ocupa un área de unos 3.000 años luz. Esta gran burbuja se ha formado a raíz de intensos vientos, denominados supervientos, cuyo origen se debe a inmensas estrellas que han nacido en los últimos millones de años. En concreto, se ha estimado que hace un millón de años NC 3079 fue fruto de una inmensa proliferación estelar en sus regiones más internas, y son esas estrellas masivas las que han generado esas rápidas corrientes. Las partículas, aceleradas a miles de kilómetros por segundo, colisionaron con burbujas de gas provenientes de supernovas, desprendiendo ingentes cantidades de energía y formando ese “caldero” que podemos observar hoy en día.

Pero hay un detalle aún más llamativo en el núcleo de esta galaxia. Al parecer, es posible que albergue un agujero negro supermasivo que acelere el material que le rodea, de forma que el gas acretado termina por salir, literalmente, disparado hacia arriba, en forma de chorros de partículas muy calientes que alcanzan una altura de hasta 3.500 años luz. El telescopio Chandra ha captado estos enormes filamentos en Rayos X, pudiendo apreciarse cuatro de ellos formando un vórtice. Estos chorros, una vez alcancen su punto más álgido, volverán a caer sobre la superficie de la galaxia, estimulando de nuevo una gran proliferación estelar.

A spiral galaxy about 55 million light years from Earth.

NGC 3079 es una galaxia brillante, con una magnitud de 11.5, si bien algunos autores le otorgan una magnitud de 10.8, que personalmente me parece más acorde con la realidad. Comparte campo en el ocular con un triángulo de estrellas visibles en el buscador, con la más brillante de ellas, de magnitud poco mayor a 7, muy cerca del borde de la galaxia. NGC 3079 llama la atención por su forma alargada, de 7.9 x 1.4, y por tener un núcleo brillante, también alargado, que ocupa una tercera parte de la longitud total. Con el Dobson de 30 cm es visible con visión directa, aunque si miramos de reojo el núcleo queda más definido y los bordes alcanzan un mayor tamaño. Pero en cuanto prestamos un poco de atención podemos notar que la galaxia no es perfectamente regular, como ocurre con la mayoría de galaxias de perfil, sino que sus extremos parecen estar desplazados, desencajados con respecto a eje principal. Este curioso efecto óptico se debe a que lo que vemos en el ocular es sólo la parte más brillante de la galaxia, de manera que esos extremos representan  el brazo más alejado de la galaxia, mientras que el más cercano permanece invisible, oscurecido por un inmensa cantidad de polvo. Este fenómeno se aprecia con facilidad en fotografías realizadas con una exposición corta, en las que podemos distinguir esa forma si seguimos sus regiones más brillantes.

NGC 3079

Como curiosidad, y para los propietarios de grandes telescopios, muy cerca de NGC 3079 se sitúa una verdadera maravilla de la astrofísica, la prueba de que la luz es una entidad que puede deformarse por otras fuerzas. Se conoce como el Quásar Gemelo, o con la compleja designación Q0957+0561B. Básicamente, es la luz de un lejano quásar cuyos fotones, al encontrarse con una galaxia intermedia, han sido desdoblados en un fenómeno que se conoce como “lente gravitacional”, de manera que los apreciamos desde la Tierra como si fuera un objeto doble. De éste, así como de la Cruz de Einstein y otras lentes gravitacionales hablaremos en otro capítulo, aunque podéis ir conociendo el tema en esta entrada de Ciencia de Sofá.

 

La flor de la serpiente (M5)

La primavera es el preludio a una estación repleta de enormes esferas formadas por miles de estrellas, los cúmulos globulares, que aparecen cada vez con más frecuencia conforme nos vamos acercando al centro de la Vía Láctea. En esta época del año podemos ver algunos de los grandes globulares, y no podríamos hablar a conciencia de ellos sin mencionar uno de los más impresionantes que podemos contemplar con cualquier instrumento, e incluso a simple vista si la noche es oscura. Nos referimos a M5, un imponente cúmulo globular que camina entre las constelaciones de la Serpiente y Libra, y uno de los pocos objetos del catálogo Messier que fue descubierto con anterioridad. En concreto, Gottfried Kirch lo encontró en 1702, y no fue hasta 1764 cuando Messier lo sumó a su lista de objetos celestes. Poco después, siguiendo la estela de la mayoría de globulares brillantes, M5 fue resuelto en estrellas por William Herschel, que contó unas doscientas en su interior.

Foto M5.jpg

M5, también denominado NGC 5904, es uno de los mayores cúmulos globulares que rodean a nuestra galaxia, con un diámetro de unos 165 años luz, si bien su influencia se deja notar en un espacio de hasta 400 años luz. Cuenta con el honor, además, de ser uno de los cúmulos más antiguos que se conocen, con una edad que oscila entre los 11.000 y los 13.000 millones de años. Si tenemos en cuenta que la edad estimada de nuestro universo es de 13.700 millones de años nos daremos cuenta de que M5 es un verdadero fósil viviente. Sus estrellas, en su mayoría amarillentas y rojizas, tienen una magnitud superior a 12, y se agolpan hacia el centro produciendo un marcado gradiente. Si bien Herschel contó 200 componentes, más de 100.000 se pueden encontrar con los medios actuales, con algunas estimaciones que hablan de hasta 500.000 estrellas. Pensemos por un momento en la sobrecogedora densidad de estrellas que reinará en M5, especialmente en los 30 años luz de su región central, en los que se acumula la mitad de la masa total de esta gran familia.

Entre sus componentes se han encontrado 105 Foto M5 centroestrellas variables, entre las que hay 97 estrellas de tipo RR Lyrae. Estas estrellas, como explicábamos en esta entrada, han dejado atrás su fase de gigante roja y producen pulsos de brillo en base a cambios de temperatura. El interés de estas estrellas es que presentan una relación constante entre la magnitud absoluta y la frecuencia de los pulsos, gracias a la cual podemos calcular con bastante exactitud su distancia. Estas candelas astronómicas nos han permitido conocer que M5 se encuentra a una distancia de 24.500 años luz, formando un triángulo equilátero con el núcleo de la Vía Láctea y nuestro sol.

Encontraremos M5 al lado de la estrella 5 Serpentis, de magnitud 5.10, una gigante blanca de tipo espectral F8, un tipo de estrella que va camino de convertirse en una gigante roja. 20 minutos al noroeste encontraremos, si apuntamos con unos prismáticos, una pequeña esfera difusa, en la que nos llamará la atención su gran densidad y brillo conjunto. De hecho, M5 es el típico objeto que, cuando paseamos sin rumbo con unos prismáticos, capta nuestra atención invariablemente. Con una magnitud de 5.6, debe ser visible siempre y cuando la noche sea propicia y estemos alejados de toda contaminación lumínica. Al telescopio este cúmulo globular se convierte en uno de los objetos más impresionantes que podemos contemplar en el hemisferio norte. La cultura popular nos dice que M13 es el más espectacular de los cúmulos, pero gran parte de los astrónomos se decantarán por M5 una vez lo disfruten en condiciones ideales.

M5

Ya a 65 aumentos es un objeto de una belleza sobrecogedora, pero en mi Dobson de 30 cm el ocular ideal es el Hyperion de 13 mm, con unos agradables 125 aumentos que encuadran perfectamente a este portento cósmico. Llama la atención desde un primer momento la inmensa cantidad de estrellas, incontables, que se dispersan sobre una superficie de 20 minutos de arco, en una disposición relativamente esférica. El núcleo es brillante, muy brillante, y no apreciamos un corte brusco con respecto a la periferia, sino que se produce un gradiente suave y homogéneo. Las estrellas incandescentes saltan en pleno centro del cúmulo, resolviéndose con pasmosa facilidad hasta sus entrañas más profundas. Una atenta mirada pone de manifiesto unos interesantes detalles que pueden pasar desapercibidos. Cuatro filamentos formados por débiles estrellas parten de sus regiones internas hacia la periferia, formando sutiles curvas que sobresalen del resto de las estrellas, dando la apariencia de dibujar los delicados pétalos de una flor de lis. M5 merece todo el tiempo que podamos dedicarle, y será sin duda objeto de asombro de todo aquel que, por primera vez, se asome a un telescopio y contemple maravillado el efecto de medio millón de soles brillando al unísono.

Alfileres en Virgo (NGC 4216, NGC 4206, NGC 4222)

Podríamos decir que las galaxias se disponen en el cielo de una forma arbitraria, dejando a un lado el hecho de que interaccionen entre sí y que formen parte de estructuras mayores en forma de grupos o cúmulos galácticos. De esta manera, si navegamos con nuestro telescopio por el cúmulo de Virgo, una de las zonas más densas en este tipo de objetos, podremos observar galaxias espirales de frente, elípticas, barradas de perfil, otra elíptica un poco más allá, una pequeña e irregular… Se nos muestran con una gran variedad de formas y tamaños, pero en ocasiones el azar quiere mostrarnos imágenes verdaderamente curiosas. Vamos a viajar a una porción del Cúmulo de Virgo muy cercana a la que ya conocemos, al lado de la “T” de Coma Berenices, siguiendo el fascinante proyecto de abarcar el cúmulo en su mayoría. De hecho, apenas tenemos que desplazar el telescopio un grado y medio desde M99 para encuadrar a las protagonistas de esta entrada. Pocas veces en el cielo podemos ver tres objetos tan parecidos en el mismo campo, y es que cualquiera diría que esas tres galaxias han tenido que ser colocadas siguiendo algún caprichoso designio. Nos referimos a NGC 4206, NGC 4216 y NGC 4222, tres galaxias que nos ofrecen su visión de perfil y que parecen, verdaderamente, tres agujas en el cielo.

Foto NGC 4216.jpg

La principal es NGC 4216, una bonita galaxia espiral que se nos muestra inclinada, sin llegar a estar completamente de perfil. Su imagen recuerda a M31 o NGC 7331, y realmente podemos decir que son bastante similares, con un brillante núcleo a partir del cual se dejan entrever unos grandes brazos en espiral. Una de sus características más peculiares es su bajo contenido en hidrógeno neutro, denominado HI, distintivo que comparte con muchas otras galaxias de su cúmulo. El hecho de que suela ocurrir en cúmulos de galaxias hace pensar que el hidrógeno neutro, necesario para la formación de estrellas, se pierde al interaccionar con el gas extragaláctico que inunda toda la región. De esta manera, NGC 4216 es una galaxia que podría definirse como “anémica”, con una baja tasa de proliferación estelar y unos colores que se inclinan hacia el rojo y amarillo, propios de estrellas de avanzada edad.Foto NGC 4216.2 No obstante, esta galaxia no es todo lo aburrida que podría parecer. Recientes imágenes muestran regueros de estrellas a su alrededor, restos de galaxias satélite que han interaccionado con ella y han sido disparadas y diseminadas en forma de filamentos de miles de años luz de longitud.

NGC 4216 tiene un desplazamiento al rojo extremadamente pequeño, lo cual llevaría a pensar que se encuentra a una distancia mucho menor a la del Cúmulo de Virgo. Sin embargo, de sobra conocemos que las altas velocidades que se producen en los cúmulos galácticos pueden dar datos alterados, y al parecer esto es lo que ocurre con esta galaxia, que se sitúa más bien a unos 55 millones de años luz. A su alrededor se han catalogado más de 700 cúmulos globulares, casi cinco veces más que los que tiene nuestra Vía Láctea, y un dato más de su acentuada senectud.

NGC 4206 es la siguiente galaxia de este trío en cuanto a brillo, situada un poco más lejos que la precedente, a unos 70 millones de años luz. Es algo más pequeña y tenue, pero su forma es prácticamente idéntica, la hermana pequeña de NGC 4216. Sin embargo, a diferencia de ella, NGC 4206 es totalmente prolífica. En su disco encontramos aglomeraciones azuladas de estrellas jóvenes y brillantes, con restos de polvo y gas entre sus brazos. El núcleo es menos brillante, y su color amarillento denota una mayor tranquilidad, haciendo las veces de residencia de ancianos de esta gran población.

A dusty spiral in Virgo

La hermana pequeña de este interesante trío, y la más débil con diferencia, es NGC 4222, la tercera aguja. Con unas dimensiones aparentes de 3.1 x 0.5 minutos de arco, es la más fina de ellas, y se sitúa también a unos 70 millones de distancia. Su diámetro es de unos 65.000 años luz, aproximadamente la mitad que NGC 4216.

Para ver a las tres agujas es necesaria una noche clara en un lugar alejado de la contaminación lumínica. Para ver a las tres en el mismo campo basta con un ocular que proporcione unos 30 minutos de arco. En mi caso, el elegido fue el Hyperion de 13 mm, que me proporcionaba 125 aumentos. NGC 4216 salta a la vista en primer lugar. Tiene un tamaño generoso, de casi 10 minutos de longitud, de manera que ocupa una tercera parte del campo visual. Su aspecto de óvalo extremadamente alargado es muy sugerente, con un núcleo puntual brillante que destaca sobre el resto del halo. Rodeando al núcleo se puede apreciar un bulbo más brillante, ovalado y curvado, que me recuerda enormemente al de NGC 2683, más definido con visión lateral. Llama la atención la presencia de una pequeña estrella que parece rozar este bulbo, con una magnitud de 14.5.

NGC 4216

NGC 4206 es fácilmente visible al sur, aunque bastante más débil que su compañera. Con una magnitud de 12.15, se aprecia como una mancha fina y alargada, con los bordes mejor delimitados si usamos visión periférica, entre dos tenues estrellas. NGC 4222, la más débil, tiene una magnitud de 13.2 y un brillo superficial lo suficientemente bajo como para que suponga cierto desafío, aún bajo cielos oscuros. Se encuentra al otro lado de NGC 4216 y es difícil de intuir si no se conoce su localización exacta. La primera vez que la observé no sabía dónde buscarla, así que paseé la mirada por toda la zona durante varios minutos hasta que noté un mínimo de nebulosidad que iba y venía al pasar la mirada sobre el campo. Una vez centré mis esfuerzos logré apreciarla como una débil mancha alargada, apenas un suspiro, extremadamente fina y elusiva. Conforme la vista se acostumbra la dificultad disminuye, a medida que aumenta el placer de la observación, y entonces podemos disfrutar plenamente de estas saetas celestes. No encontraremos otras tres galaxias tan finas y unidas de manera frecuente, así que bien merecen que hagamos un esfuerzo por visitarlas.

NGC 4216 detalles

Siguiendo migas de pan

La franja de la Vía Láctea es un hervidero de objetos que van apareciendo sucesivamente cuando navegamos a su través. Este hecho es más apreciable en la estación veraniega, cuando no hay lugar al que se mire en el que no se vea algún cúmulo o nebulosa. Sin embargo, la Vía Láctea invernal también está especialmente poblada de multitud de objetos que, en ocasiones, pasan desapercibidos. Hoy nos vamos a centrar en un objeto que se encuentra a mitad de camino entre M46 y M48, pero para llegar a él recorreremos un trayecto en el que podremos disfrutar de un agradable y variado paseo, viendo algunos objetos que ya comienzan a despedirse hasta la siguiente estación.

Comenzaremos por NGC 2610, una nebulosa planetaria ya conocida, pero que observé por segunda vez sin caer en la cuenta de que ya la había visto y dibujado unos meses antes. El error me sirvió para comprobar que el ojo va entrenándose y capta estrellas cada vez más débiles. Como recordatorio diremos que es una nebulosa planetaria de magnitud 12.8, situada a una distancia de entre 6.000 y 8.500 años luz, en la constelación de Hydra. Tiene una bonita estructura anular, sólo visible con potentes telescopios o en fotografías de larga exposición. Está formada por dos capas, a modo de cebolla, cada de las cuales ha sido expelida en distintas etapas, a modo de suspiros consecutivos que la estrella moribundo va lanzando al exterior. Dicha estrella tiene una magnitud 15.5, al alcance de un Dobson de 30 cm bajo unas condiciones ideales. Sin embargo, esa noche realicé la observación desde un pueblo cercano a Granada y, aunque el sur estaba relativamente oscuro, no tiene nada que hacer contra un lugar perdido en el monte. Aun así disfruté de su visión, así como del campo que la rodea. Una estrella está situada justo en su borde, dando la apariencia, como ya comentábamos con anterioridad, de un anillo con una pequeña gema engarzada. Una brillante estrella anaranjada la vigila a apenas 8 minutos de arco de distancia.

NGC 2610.2.png

Siguiendo hacia el oeste, entre una multitudinaria población estelar, daremos con el siguiente objeto, mucho más llamativo, que es NGC 2539, ya en la constelación de la Popa. También bajo la atenta mirada de una brillante estrella, 19 Puppis, es un cúmulo abierto situado a unos 4.000 años de distancia. Su edad es bastante avanzada, entre 600 y 700 millones de años, comparable a la de las Hyades. Como ya sabemos, las estrellas de los cúmulos se van esparciendo hasta que éstos desaparecen, por lo cual es difícil encontrar agrupaciones que superen los 500 millones de años. Hay excepciones, como M67 o Berkeley 17, pero NGC 2539 tiene una edad totalmente respetable. De hecho, si estuviera a la distancia del Pesebre, M44, sería uno de los objetos más llamativos del firmamento.

El cúmulo está formado por un número indeterminado de estrellas, refiriendo algunos autores una población de 60 componentes, mientras que otros le atribuyen más de 150. Tenga las estrellas que tenga, es un cúmulo muy atractivo si se observa desde un cielo oscuro. Una veinte de estrellas brillantes ocupan un área de unos 20 minutos de arco, con varias decenas más salpicando un área circular su alrededor. Cuento más de 50 estrellas, algunas tan débiles que aparecen en el límite de visibilidad del telescopio. La brillante estrella 19 Puppis, de tipo espectral K, domina el campo con una tonalidad amarillenta, dando un toque especial a esta interesante familia.

NGC 2539

El tercer objetivo es un objeto que difícilmente podríamos adivinar en esta región de la Vía Láctea: una galaxia espiral, denominada NGC 2525. Tiene una magnitud de 11.6 pero un brillo superficial bajo que nos hará sudar si las condiciones del cielo no son buenas. Es una galaxia espiral barrada situada a 73 millones de años luz de distancia. Cuenta con dos prominentes brazos en forma de letra “S” que se bifurcan en su camino al exterior, partiendo de una barra central amarillenta en la que se sitúan las estrellas más antiguas. Sus brazos, más azulados, no están al alcance de telescopios de aficionado. Con el Dobson de 30 cm se aprecia como una pequeña nubecilla redondeada, más brillante con visión periférica, que no muestra ningún otro detalle. Por la posición en la que se encuentra, probablemente haya una enorme cantidad de polvo y gas en su línea de visión, por lo que no debemos extrañarnos. El hecho de que podamos distinguir una galaxia a través de uno de los poblados brazos de la Vía Láctea debe ser suficiente motivo de asombro, más aún si esa mancha se encuentra a tan grande distancia.

NGC 2525

Y así, siguiendo migas de pan, llegamos a la casita de chocolate, que en este caso corresponde a un bonito cúmulo abierto denominado NGC 2506 o Caldwell 54, en la constelación del Unicornio. A 10.000 años luz de distancia, es un cúmulo bastante alejado del centro galáctico, lo cual ha servido para obtener datos interesantes. Normalmente se asocia la metalicidad de un objeto con su edad, de manera que se entiende que cuando un cúmulo se ha formado en un “universo temprano” su concentración de elementos pesados será menor, ya que en el ambiente predominaba el hidrógeno y el helio (se ha formado en una época en la que no ha habido todavía un número importante de novas, gracias a las cuales se forman los elementos más pesados). NGC 2506 tiene una edad de unos 2.000 millones de años, extremadamente elevada, pero superada por M67. Sin embargo, éste último cúmulo tiene más cantidad de elementos pesados que NGC 2506, lo cual va en contra de la asociación inversa metalicidad-edad. De este dato se puede concluir que la posición en la galaxia también es un determinante importante en la composición de las estrellas, siendo la metalicidad mayor cuanto más cerca del núcleo se encuentre el cúmulo abierto.

Después de este inciso teórico volvemos a mirar NGC 2506 como lo que es, una nube formada por 800 estrellas que nacieron y aún permanecen juntas, en un espacio de entre 25 y 35 años luz de diámetro. Nuestro sol, a su lado, es un triste lobo solitario. Lord Rosse y su hijo vieron en NGC 2506 una cierta estructura espiral, especialmente en cuanto a sus estrellas más brillantes, en una época en la que se pensaba que todas las nebulosas eran en realidad aglomerados de estrellas. Quizás pensaran que NGC 2506 era la primera “nebulosa espiral” que eran capaces de resolver. Personalmente no encontré una estructura espiral llamativa, aunque posteriormente, revisando el dibujo que hice, sí es cierto que se podría apreciar la forma, teniendo en cuenta las estrellas principales. Unas cuarenta estrellas quedan enmarcadas en un espacio de unos 10-15 minutos de arco, envueltas en un halo de nebulosidad que las arropa fantasmagóricamente. El campo está plagado de estrellas, como corresponde a esta zona inmersa en la Vía Láctea, y sólo por este detalle merece la pena echarle un vistazo desde un lugar oscuro.

NGC 2506

Medusa espacial (IC 443)

La constelación de Géminis contiene, curiosamente, dos medusas en su interior. Por un lado tenemos a la medusa mitológica, con su cabellera plagada de serpientes, representada por la nebulosa Abell 21. Por otro, tenemos a la verdadera medusa del reino animal, con tentáculos que se contornean a través de un espacio lleno de vida. Ésta última se denomina IC 443 o Sh2-248, situada a los pies de Géminis, a unos 5.000 años luz de nosotros.

Foto IC 443

Fotografía de Juan Antonio Sánchez JASP, Granada.

Es el resultado de una de las mayores catástrofes que podemos encontrar a nivel cósmico, el remanente de una supernova que explotó hace 30.000 años (aunque algunos estudios sugieren una edad más temprana, de hasta 3.000 años), en medio de una región HII llena de gas. La estrella original debía tener una masa 20 veces mayor que la del sol, y al quedarse sin combustible interno la gravedad ganó la partida y se produjo un colapso tan rápido que la mayor parte de la estrella salió despedida en todas direcciones, dispersándose en medio de una espectacular explosión. Todo el hidrógeno y helio que formaba las capas externas de la estrella se encuentran hoy flotando en el medio interestelar, componiendo bellas formas a medida que se alejan de la estrella, como ondas de agua al tirar una piedra a la charca. Su diámetro actual llega a alcanzar los 70 años luz, motivo por el cual su brillo superficial es tan bajo, ocupando en nuestro cielo unos 50 minutos de arco. Está compuesta por dos capas principales en forma de caparazón, y un vistazo rápido a cualquier fotografía deja entrever que hacia uno de sus lados la densidad es mucho mayor que en el extremo puesto. Esto es debido a la diferencia de densidad de la región HII que la rodea, que se opone de distinta manera a la expansión de IC 443.

La estrella que dio lugar a este espectáculo celeste no se encuentra en el punto más céntrico, sino un poco más al sur, y es una estrella de neutrones que gira a enorme velocidad, de manera similar a la estrella de M1, la Nebulosa del Cangrejo. Ésta última se clasifica como Plerión, una estrella de neutrones que produce inmensos vientos que son los responsables de moldear el gas circundante. Sin embargo, en IC 443 el principal elemento escultor es el calor generado por la supernova, aunque también produce corrientes de viento relativamente rápidas. La estrella de neutrones se denomina CXOU J061705.3+222127, y no es la única supernova que se ha dado a conocer en el barrio. De hecho, estudios recientes han puesto en evidencia la presencia de una tercera capa gaseosa, más débil y escondida entre las otras dos, que corresponde a la explosión de otra supernova que ocurrió hace unos 100.000 años. ¿Veremos alguna de estas maravillas en el lapso de tiempo que nos ha tocado vivir?

La brillante estrella roja que yace al lado de IC 443, de magnitud 3.2, es Eta Geminorum, conocida como Propus o Tejat Prior. Es una gigante roja de tipo espectral M3 situada a 350 años luz de nosotros. Su fría temperatura de 3.600 grados centígrados traduce esa tonalidad tan intensa que podemos contemplar con cualquier instrumento y que añade un toque de gracia a la observación de la nebulosa. Como complemento, Propus es una estrella doble con una componente de magnitud cercana a 9 situada a 1.4 segundos de arco, con lo cual necesitaremos una atmósfera estable si queremos separarlas.

IC 443

Para ver IC 443 a través de un telescopio necesitamos un cielo suficientemente oscuro, ya que su brillo superficial es extremadamente bajo. Su magnitud 12 se halla dispersa por un área demasiado extensa. Un filtro OIII será indispensable para poder saborear, aunque sea, una pequeña porción de la nebulosa. Llevaba un tiempo intentando ver esta nebulosa. Varias veces en el último invierno había apuntado a la zona con la esperanza de distinguir la más mínima anomalía en la negrura del cielo, pero no tuve suerte. Sin embargo, a principios de abril me encontré bajo un millar de estrellas en uno de los lugares más oscuros que he conocido hasta ahora, al sur de Granada. Géminis ya iba camino de acostarse dejando prioridad a la primavera, pero todavía estaba a tiro de piedra, así que apunté el telescopio a sus pies convencido de que esa noche sería distinto. Y no me equivoqué. Una vez en la zona, me fui directo al lugar donde se sitúa la porción más brillante, y miré a través del ocular de 44x. Un montón de estrellas poblaban el campo, pero no había rastro de IC 443. Sin embargo, tenía conmigo la herramienta principal, así que coloqué el filtro OIII y volví a mirar por el ocular. El número de estrellas disminuyó drásticamente, pero en seguida pude notar, con emoción, un jirón difuso, una débil nebulosidad alargada que siempre había permanecido invisible a mis ojos. “Ahí estás, por fin”, le dije sonriendo. Con el paso de los minutos, mientras disfrutaba de su visión, pude percibirlo de una forma más extensa, como un filamento ancho que ocupaba casi la mitad del campo. No pude cerrar el círculo como se aprecia en las fotos, pero quedé más que satisfecho. Todos tenemos nuestros “némesis”, objetos que se nos resisten una y otra vez, y cada vez que conseguimos cazar uno es motivo para sentirnos algo más llenos por dentro. No hay que desesperar, no hay prisa para verlo todo, esa es la suerte de la que goza la astronomía. Pero eso sí, tenemos que estar atentos y aprovechar los cielos verdaderamente oscuros para buscar esos esquivos objetos

Preámbulo al infinito (2ª parte)

El otro día descubrimos dos de las galaxias que nos servían de punto de inicio para explorar la vasta extensión de cielo poblado por el Cúmulo de Virgo. Hoy veremos otras galaxias cercanas que rodean el curioso asterismo en forma de “T”. Las primeras forman una pareja variopinta, a apenas 40 minutos al este de M99. Se denominan NGC 4298 y NGC 4302, y las dos son galaxias de tipo espiral con una disposición totalmente distinta. Mientras que NGC 4298 se nos presenta de frente, la segunda lo hace totalmente de canto. NGC 4298 muestra unos brazos bien definidos, con líneas de polvo que atraviesan su superficie como patas de araña. Se encuentra a 60 millones de años luz de nosotros, en consonancia con el resto de galaxias de la zona. Su forma es redondeada, contrastando enormemente con la fina y alargada NGC 4302. Esta última nos enseña su mejor perfil, con una banda oscura que la recorre por su ecuador y oculta las estrellas que hay detrás, de manera similar a NGC 891 o NGC 1055. Mide unos 97.000 años luz de diámetro, casi el doble que su compañera, y también se encuentra a unos 60 millones de años luz. De sus tamaños relativos se deduce que están excepcionalmente cerca, a apenas 35.000 años luz de distancia. ¿Cómo es posible entonces que no se encuentren restos de interacción entre ellas? Ni brazos deformados, ni rastros de estrellas o regiones con intensa proliferación estelar, nada de esto podemos ver en este par. Sin embargo, no hay duda de que son vecinos en su viaje por el espacio, tan pacíficos que parecen querer desafiar a los astrofísicos.

NGC 4298 y NGC 4302 tienen magnitudes de 11.4 y 12.7 respectivamente. Sin embargo, la segunda aparece algo más brillante al ocular, quizás debido a que la superficie de NGC 4298 es más grande y, por tanto, su brillo superficial es menor. Sea como sea, son una pareja muy interesante de observar bajo un cielo oscuro, a la par que didáctica, ya que muestran de un rápido vistazo las dos posiciones clásicas de una galaxia espiral. Con mi Dobson de 30 cm no conseguí ver la barra central de NGC 4302, a pesar de lo cual la imagen no deja de ser atractiva. A diferencia de otras galaxias más densas, no soportan bien los aumentos, de manera que por encima de 300 aumentos noté cómo su brillo disminuía bastante hasta el punto de verlas con excesiva dificultad. A 214x obtuve la mejor imagen, con las dos galaxias bien definidas y contrastadas, “el gordo y el flaco”.

NGC 4298.png

Tenemos que irnos un poco más lejos, algo más de un grado al norte, para encontrar nuestro siguiente objetivo, otro objeto del catálogo Messier y, por lo tanto, relativamente brillante. Se trata de M100, una de las galaxias más brillantes y grandes del Cúmulo de Virgo. Gracias a las estrellas cefeidas que alberga se ha estimado su distancia de una manera bastante precisa, situándola a 56 millones de años luz. Es una galaxia espiral de gran diseño, en cuyo núcleo encontramos una diminuta barra y un anillo de estrellas, fruto de la unión de dos pequeños brazos, con un diámetro de apenas 3.000 años luz. El tamaño de M100 alcanza los 107.000 años luz, acercándose a las medidas de nuestra propia galaxia, y está formada por dos grandes brazos en espiral, además de algunos otros más débiles e irregulares. Es una galaxia de brote estelar que, a raíz de interacciones con otros miembros del cúmulo, está sufriendo una importante proliferación estelar.

Foto M100

Fue descubierta por Pierre Méchain en 1781 y catalogada un mes después por Messier. No hasta mediados del siglo XIX cuando Lord Rosse advirtió su estructura espiral, y la incluyó en su lista de 14 nebulosas espirales. Si hubiese llegado a conocer su naturaleza… M100 ha sido objeto de 5 supernovas en el último siglo, apareciendo la última en 2006 con una magnitud de 15.3. La más peculiar, quizás, fue la de 1979, denominada SN 1979c, que alcanzó la magnitud 11. Durante los siguientes fue empalideciendo, al igual que todas las supernovas, pero al observar la galaxia en Rayos X se pudo comprobar que había una fuente importante de emisión en el lugar de la supernova. Lo habitual es que su emisión vaya disminuyendo en pocos meses, pero SN 1979c sigue brillando en Rayos X como si hubiera surgido recientemente. Este anómalo comportamiento ha traído de cabeza a los astrónomos durante décadas, y hoy en día se barajan dos principales posibilidades. Por un lado, al colapsar la estrella podría haber formado un agujero negro. El agujero negro, como tal, no  emite radiación, pero sí la materia que es acelerada a su alrededor, alcanzando altas temperaturas. La otra opción para explicar la emisión de Rayos X sería la presencia de fuertes vientos surgidos a raíz de un púlsar, de manera similar al púlsar de la Nebulosa del Cangrejo, M1. En cualquiera de los casos, podemos afirmar que esta supernova dejó huella en la galaxia, y sus proporciones deben haber sido cataclísmicas para poder apreciarlas desde aquí.

Foto M100 sn

M100 es una galaxia brillante, con una magnitud de 10.1 repartida por una superficie de 7 x 6 minutos de arco. Es visible en el buscador si la noche es oscura como una diminuta y débil mancha cerca del extremo de la “T” que forma HD 107415, una estrella de la sexta magnitud. A bajo aumento podemos apreciar una mancha redondeada, algo achatada por los lados, en un campo de estrellas relativamente pobre. Su núcleo es brillante y con forma ovalada, difuminándose rápidamente hacia la periferia. Para ver más detalles tendremos que usar mayores aumentos. Con el ocular de 7 mm, a 214 aumentos, la galaxia no perdía excesivo brillo, y aparecía con visión directa flanqueada por dos estrellas brillantes. Haciendo uso de la visión periférica se hizo patente el brazo más brillante, el meridional, como una condensación alargada, horizontal, siguiendo una línea paralela a la que forman las dos estrellas citadas. No conseguí ver su curvatura, pero al cabo de varios minutos el brazo opuesto apareció tímidamente, justo al otro lado del núcleo, y entonces la galaxia comenzó a parecer, verdaderamente, una galaxia. Al poco rato me percaté de una mancha tenue y más pequeña situada a unos 6 minutos del núcleo de M100, y al buscarlo en el atlas me percaté de que era NGC 4328, una de las cercanas galaxias con las que M100 parece haber interactuado en un pasado cercano. De hecho, se han encontrado puentes de estrellas y gas que unen discretamente estas galaxias entre sí, prueba directa de sus encontronazos fortuitos.

M100

La galaxia de Coddington (IC 2574)

Edwing Coddington fue un astrónomo estadounidense que descubrió varios asteriores y cometas a finales del siglo XIX. Asímismo descubrió, en 1898, una oscura nebulosa en la constelación de la Osa Mayor, que pasaría a conocerse como la Nebulosa de Coddington, posteriormente denominada IC 2574. Hoy en día sabemos que no es una nebulosa, sino una espectacular galaxia situada a 12 millones de años luz de nosotros, que forma parte del Grupo de M81.

Foto IC 2574

Como podemos apreciar en las fotografías, es una galaxia enana irregular, caracterizada por no tener una forma predefinida. No encontraremos en estos objetos brazos armónicamente dispuestos en espiral, sino más bien una masa heterogénea de estrellas, nebulosas y cúmulos dispuestos de forma aparentemente arbitraria. Son fósiles cósmicos, galaxias extremadamente antiguas que a menudo se forman por la interacción entre varias galaxias más pequeñas. Es muy frecuente encontrar en ellas signos de una importante proliferación estelar, e IC 2574 no es diferente en este aspecto. Cualquier imagen nos mostrará una ingente cantidad de manchas rosáceas que pueblan su superficie. Cada una de ellas es una gran nebulosa de emisión, una región HII de hidrógeno que es ionizado por las brillantes estrellas que se están formando en su interior. Es el aspecto que tendrían, desde otra galaxia, las nebulosas de nuestra Vía Láctea como M42 o M8. Esta importante proliferación estelar se ha visto estimulada por la presencia de numerosas supernovas que han removido el caldo de cultivo de la galaxia, promoviendo el choque de sus partículas para formar cuerpos cada vez mayores. La última de estas oleadas de nacimientos celestes parece haber tenido lugar hace apenas 10 millones de años, muestra del gran dinamismo que reina en la galaxia y que no parece llevar a un descanso a corto plazo.

Tenemos que mencionar un detalle importante. Los movimientos de las estrellas dan una idea bastante exacta acerca de la masa galáctica, y en IC 2574, al igual que en muchas otras galaxias irregulares, los estudios indican que las estrellas y nebulosas suponen tan sólo un 10% de la masa total estimada. ¿Dónde reside, entonces, el 90% de masa restante? Es lo que se conoce como materia oscura, cuya verdadera naturaleza todavía es una incógnita. Estrellas tan frías que no emiten luz propia, gas que no deja pasar la luz, planetas errantes (valga la redundancia), neutrinos, otras partículas más exóticas aún… La imaginación puede dejarse llevar, pero lo cierto es que la mayor parte de la galaxia no es visible mediante instrumentos convencionales, y es uno de los grandes misterios que aún nos quedan por resolver.

IC 2574

IC 2574 no es objeto precisamente sencillo de observar. Para disfrutar de él deberemos buscar los mejores cielos que tengamos a nuestra disposición ya que, aunque cuenta con una magnitud total de 10.8, su magnitud superficial roza la 15, ya que se halla dispersa por un área de 13 x 5 minutos de arco. Tras localizarla en el campo relativamente pobre de estrellas, puede pasar perfectamente desapercibida si no buscamos con atención. Si movemos nuestro tubo por la zona podremos notar, en algún momento, algo tremendamente débil que cruza el ocular de lado a lado. Ahí está IC 2574, tenue como pocos objetos hemos visto, aunque se deja ver. Desde un primer momento, a 125 aumentos, impresiona su gran tamaño, aunque sus bordes mal definidos no dejan delimitar su silueta, si bien podríamos decir sin miedo a equivocarnos que es ovalada. El brillo parece uniforme en toda su superficie, y algunas estrellas hacen su aparición junto a la galaxia. Al usar mayores aumentos ésta se pierde en la negrura del ocular, siendo apenas perceptible como un fantasma. Es mejor, por tanto, usar oculares de un aumento bajo o medio, con  un campo generoso. Una vez tengamos la vista adaptada podremos distinguir su forma con mayor facilidad, y entonces podremos atrevernos con su región HII más brillante. Para ello tendremos que conocer perfectamente su posición y usar la visión lateral, teniendo en cuenta que es un objeto de brillo extremadamente bajo. No obstante, si le dedicamos el tiempo que merece podremos apreciarlo como una pequeña mancha blanquecina y difusa, de forma ligeramente redondeada, que juega al escondite con nuestra mirada.