Filamentos en lo más remoto (1ª parte)

Hoy contaremos la historia del descubrimiento de una de las mayores estructuras conocidas en el universo, que ayudó a su vez a conocer la intrincada maraña en la que estamos inmersos. Imagina por un momento que estamos en el último cuarto del siglo XX y trabajas para el Centro de Astrofísica de Harvard (CfA), en la extenuante misión de observar cada galaxia de magnitud mayor a 15.5 y calcular su desplazamiento al rojo. De esta manera, una a una, vas colocando las galaxias en un mapa según la distancia que obtienes de este desplazamiento al rojo, y vas levantando un detallado mapa del cosmos que rodea a nuestro pequeño Grupo Local. Entonces te das cuenta, tras varios años de trabajo, que hay algo realmente grande situado a unos 300 millones de años luz de distancia. Cientos, miles de galaxias se sitúan de forma ordenada constituyendo un enorme filamento que se prolonga a lo largo de más de 500 millones de años luz. Pero aún hay más. Una vez que te centras en el Supercúmulo de Coma, a 300 millones de años luz e inmerso este gran muro de galaxias, compruebas atónito que de él salen varios filamentos hacia el exterior, de forma radial, como si fueran los hilos de una tela de araña. Las galaxias se disponen en estos hilos ordenadamente, desafiando al caos, dando a entender que el azar no las ha colocado ahí. Tomas un sorbo de café y respiras profundamente, tomando conciencia de lo que significan los datos que has recopilado. Es el año 1989, y tu nombre, Margaret Geller o John Huchra, pasará a la historia como pionero en el conocimiento de la organización del cosmos, como el explorador que ha descubierto que los árboles del bosque no se disponen de forma aleatoria, sino siguiendo los designios de una fuerza misteriosa que actúa como guía.

En una época en la que se pensaba que los supercúmulos de galaxias eran las estructuras más grandes y que poblaban el universo de una forma relativamente azarosa, el descubrimiento de Margaret Geller y John Huchra fue el primer paso para comprender que el cosmos está formado, hasta donde conocemos hoy en día, por una red de filamentos y nodos, a modo de una inmensa esponja de proporciones inimaginables. Los puntos donde se juntan varios filamentos, los nodos, están constituidos por los supercúmulos de galaxias. Nuestra Vía Láctea pertenece, como ya hemos visto, al Supercúmulo de Virgo, que ya estamos estudiando paralelamente y que desarrollaremos en estos meses. Sin embargo, el que nos ocupa hoy es el Supercúmulo de Coma, el cúmulo masivo más cercano al nuestro y, por tanto, un buen punto de partida. Además, el Supercúmulo de Coma ocupa el centro de esa gran región que hemos visto al principio del capítulo y que ha sido denominada la Gran Muralla, convirtiéndose en una de las mayores estructuras conocidas en el universo. Este muro tiene unas dimensiones colosales, con una longitud de entre 500 y 750 millones de años luz, 200 millones de años luz de anchura y un grosor ínfimo de apenas 16 millones de años luz. Es, pues, como una enorme cinta galáctica que flota en el espacio concentrando la luz de miles de galaxias.

Foto SC coma

En el centro de esta hoja cósmica encontramos al Supercúmulo de Coma, que se encuentra presidido a su vez por dos grandes cúmulos de galaxias, el Cúmulo de Leo y el Cúmulo de Coma, que serán los protagonistas de este capítulo… Sí, con nuestros instrumentos de aficionado podremos asomarnos al infinito para observar el corazón de estas gargantuescas estructuras. Pero vayamos por partes…

El Cúmulo de Leo, también denominado Abell 1367, es una familia de galaxias compuesta por más de 1000 componentes, aunque estudios recientes sugieren que en realidad está formado por dos subgrupos de galaxias que están en proceso de fusionarse. Abell 1367 se sitúa a unos 330 millones de años luz y, como decíamos, es uno de los principales componentes de la Gran Muralla cósmica. De él salen dos filamentos, uno en dirección al Supercúmulo de Virgo (el nuestro) y otro hacia su vecino, el Cúmulo de Coma. En el interior de Abell 1367 predominan, como suele ocurrir en estas estructuras, las galaxias elípticas, las galaxias de edad más avanzada. Esto se debe a que en las regiones centrales la densidad de galaxias es mucho mayor (de forma similar a los cúmulos globulares), de manera que las colisiones entre ellas son más frecuentes, dando como resultado la formación de galaxias elípticas. Además, la mayor parte de sus galaxias son pobres en gas interestelar, ofreciendo en las fotografías de larga exposición un color amarillento y apagado, con discos que no muestran estructuras definidas.

Foto Abell 1367.jpg

NGC 3842 ocupa el núcleo del Cúmulo de Leo, a 320 millones de años luz de distancia, y es una galaxia gigante elíptica que alberga en su interior el agujero más masivo que conocemos, con una masa de unos 10.000 millones de soles e incluso más. Su horizonte de sucesos, el punto de no retorno para la materia circundante, se encuentra a una gran distancia también, comparable a cinco veces el espacio que separa el Sol de Plutón. Sin embargo, su masa se sitúa en las regiones más internas, Foto UGC 6697aglomerándose en su punto central, o singularidad, de tal manera que hace tambalearse a las leyes de la física. Otra peculiar galaxia es UGC 6697 que, lejos de ser una galaxia fósil como la mayoría de ellas, es un hervidero de formación estelar y de explosiones de supernovas. Es una galaxia irregular que parece haber colisionado recientemente con otra pequeña galaxia, estimulándose la formación estelar y la interacción con el medio intergaláctico que domina el centro de Abell 1367.

Observar todas las galaxias de Abell 1367 sería una tarea difícil y duradera, hay demasiadas galaxias en un área de 2 grados de diámetro y la mayoría de ellas son especialmente tenues. Una opción es dejarnos llevar y navegar sin rumbo a aumentos medios. Veremos diminutas manchas pequeñas y difusas pasando a lo largo del campo de visión, anónimos mundos a los que podemos poner nombre y apellidos si contamos con un buen atlas. Podemos, sin embargo, echar un vistazo al mismísimo corazón de esta familia de galaxias, a la zona que preside la ya mencionada NGC 3842. Con una magnitud de 12.8, esta gran elíptica es el miembro más brillante del Cúmulo de Leo, por lo que fácil intuir que necesitaremos una noche especialmente oscura para disfrutar de la región. A 214 aumentos NGC 3842 se aprecia como una esfera relativamente brillante de 1 minuto de diámetro, cerca de una estrella de magnitud 11.4. Si tenemos la vista adaptada a la oscuridad comprobaremos que algunas otras manchas acompañan a esta galaxia.

Abell 1367

Algunas son elípticas, como NGC 3837 o NGC 3841. Sin embargo, también sorprende encontrar algunas espirales, aunque a la vista sólo parezcan nubecillas excepcionalmente débiles, como NGC 3845, NGC 3844, o NGC 3840. NGC 3844, en concreto, nos muestra una forma alargada que hace intuir su categoría. La mayoría de estas galaxias rondan la magnitud 14, si bien podemos ver otras aún más débiles. Muy cerca de NGC 3842 encontramos una diminuta galaxia espiral denominada PGC 169975, de magnitud 15.4, sólo apreciable con visión lateral y tras permanecer una gran cantidad de tiempo tras el ocular. Otra débil galaxia es NGC 3851, una elíptica de magnitud 15.3 y situada muy cerca de una débil estrella de magnitud 14.2. Es interesante comprobar cómo las galaxias elípticas son, a menudo, más fáciles de distinguir que las espirales. Más alejada del tumulto hay otra pequeña galaxia, algo mayor que las anteriores y de magnitud 15, denominada PGC 36544. Por último, sorprende distinguir la forma tan alargada de UGC 6697, que brilla con una cómoda magnitud 13.6 y apunta hacia NGC 3842, como un cohete que se dirige a toda velocidad hacia el núcleo del cúmulo (algo que no está tan fuera de lugar). Aprovechemos todo el tiempo disponible para disfrutar de una de las mayores estructuras que podemos ver a través de nuestros telescopios. Cuando estemos satisfechos y hayamos sentido algo de vértigo, no tenemos más que apuntar a Coma para volver a disfrutar de esa sensación…

Abell 1367 detalle

4 Respuestas a “Filamentos en lo más remoto (1ª parte)

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