Buscando el límite (PGC 16865)

El ser humano siempre ha intentado ir más allá de sus posibilidades, probando nuevos límites, saltando al océano para descubrir nuevas tierras o forzando su razonamiento para comprender el universo. De la misma manera nosotros, astrónomos, podemos conformarnos con el límite de visión que nos imponen teóricamente los instrumentos, o podemos intentar superarlo y llegar más allá. Como prueba de ello vamos a basarnos en un cúmulo abierto situado en la constelación de Tauro, denominado NGC 1807. Forma una pareja con otro cúmulo, NGC 1817, aunque dejaremos éste último para otra ocasión. NGC 1807, como decíamos, es una agrupación formada por una treintena de estrellas, cuyos principales componentes, de magnitud por encima de 8, adoptan la forma de un rectángulo achatado, con su arista superior prolongada hacia los extremos a modo de alas. Unas quince estrellas más débiles salpican un área de 15 minutos de arco. Estudios recientes han observado que, al parecer, no se trata de un verdadero cúmulo, sino que las estrellas parecen estar unidas por efecto de la perspectiva.

Foto NGC 1807.png

Esa “estrella” difusa que hay en el cuadrante infero-izquierdo es la intrusa.

Sin embargo, no es el cúmulo, falso o verdadero, lo que nos interesa ahora, sino un intruso que esconde en su interior: una inmensa aglomeración de estrellas que se agolpan formando una galaxia elíptica de 80.000 años luz de diámetro. Sin embargo, de entrada no veremos nada, ya que se encuentra a la vertiginosa distancia de 246 millones de años luz. Si tenemos en cuenta que M31 está a 2.5 millones de años luz y la mayoría de galaxias del cúmulo de Virgo a 65 millones, no nos será difícil comprender la vastedad de este número: 246 millones. Pero hay un dato más interesante con respecto a esta galaxia elíptica. La primera vez que la observé no era consciente de su magnitud visual, simplemente la vi en una fotografía, brillante y redonda, y decidí probar suerte. PGC 16865 era su nombre de pila. Efectivamente, aunque al principio no pude verla, a los pocos minutos de mirar en el sitio exacto llegué a apreciarla sin ninguna dificultad, con visión lateral. No le di mayor importancia hasta que, al día siguiente, se me ocurrió buscar algo de información sobre este objeto. Comprobé su distancia, que ya de por sí me parecía elevada, pero lo que más me asombró fue conocer su magnitud, que la página de la NASA estimaba en 15.7. Nunca había visto un objeto tan débil, en teoría, e hice una amplia búsqueda para confirmar el hallazgo. Apenas pude encontrar nada, pero en algunos sitios web le estimaban una magnitud de entre 15.3 y 16, así que no parecía estar tan equivocado. Fue entonces cuando comprendí que no se puede establecer una magnitud límite generalizada para una abertura determinada. Hay tantos factores implicados en el proceso que no tiene sentido.

NGC 1807

En el caso de un telescopio de 30 cm, como el mío, muchas fuentes coinciden en otorgar una magnitud límite de 14.5, mientras que unas pocas dicen que es de 15.1. Sin embargo, no podemos dejarnos llevar por estos números, siempre cuando podamos disfrutar de un cielo en condiciones. La atmósfera, la humedad, la práctica, el brillo superficial del objeto… Son tantas variantes que es imposible acotar una magnitud límite generalizada. Y eso sin tener en cuenta el tiempo empleado para ver el objeto, una de nuestras principales armas y sobre la que hablaremos en otro capítulo más específico, pero a modo de resumen, nuestro ojo  es capaz de captar más detalles conforme más tiempo pasamos delante de un objeto, como si fuera una cámara que va recogiendo más y más luz. Por eso, nuestra paciencia es un potente amplificador de luz que nos podrá ser útil en cualquier momento, y con un poco de práctica superaremos sin ningún esfuerzo este hipotético límite. Ésta es una llamada al atrevimiento, a intentar siempre ir más allá. Si vemos un objeto que está por encima de nuestras posibilidades teóricas y tenemos la opción de ir a un cielo oscuro, intentémoslo. Que seamos nosotros mismos los que pongamos un límite a nuestra capacidad. Si no podemos ver el objeto en cuestión, ya tendremos ese dato como referencia para futuras observaciones, e incluso puede que tengamos más suerte meses después, tras haber acumulado horas y horas de práctica. Si no podemos ver algo, un objeto o un detalle en concreto, apuntémoslo en una libreta. Al cabo de tiempo, cuando disfrutemos de unas mejores condiciones, revisemos la lista de observaciones pendientes, y puede que nos sorprendamos a nosotros mismos rompiendo los límites establecidos.

4 Respuestas a “Buscando el límite (PGC 16865)

  1. Coincido contigo en el tema de las magnitudes, nunca se sabe si el cielo bajo el que estamos observando nos va a permitir ver algo o no, con lo que la mejor opción es probar. Hace unos días hice un intento con el cúmulo de Virgo con la esperanza de coger algún messier, cosa que aunque muy débiles pille dos. Pero de premio y tras unos minutos observando, vi otra del catálogo NGC.

    La mejor manera de salir de dudas es ir a por ello y luego sacar conclusiones. Muchos astrofotógrafos hablan de los buenos resultados que consiguen algunos con equipos no muy potentes pero bajo unos cielos excelentes.

    Saludos.

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