Medusa espacial (IC 443)

La constelación de Géminis contiene, curiosamente, dos medusas en su interior. Por un lado tenemos a la medusa mitológica, con su cabellera plagada de serpientes, representada por la nebulosa Abell 21. Por otro, tenemos a la verdadera medusa del reino animal, con tentáculos que se contornean a través de un espacio lleno de vida. Ésta última se denomina IC 443 o Sh2-248, situada a los pies de Géminis, a unos 5.000 años luz de nosotros.

Foto IC 443

Fotografía de Juan Antonio Sánchez JASP, Granada.

Es el resultado de una de las mayores catástrofes que podemos encontrar a nivel cósmico, el remanente de una supernova que explotó hace 30.000 años (aunque algunos estudios sugieren una edad más temprana, de hasta 3.000 años), en medio de una región HII llena de gas. La estrella original debía tener una masa 20 veces mayor que la del sol, y al quedarse sin combustible interno la gravedad ganó la partida y se produjo un colapso tan rápido que la mayor parte de la estrella salió despedida en todas direcciones, dispersándose en medio de una espectacular explosión. Todo el hidrógeno y helio que formaba las capas externas de la estrella se encuentran hoy flotando en el medio interestelar, componiendo bellas formas a medida que se alejan de la estrella, como ondas de agua al tirar una piedra a la charca. Su diámetro actual llega a alcanzar los 70 años luz, motivo por el cual su brillo superficial es tan bajo, ocupando en nuestro cielo unos 50 minutos de arco. Está compuesta por dos capas principales en forma de caparazón, y un vistazo rápido a cualquier fotografía deja entrever que hacia uno de sus lados la densidad es mucho mayor que en el extremo puesto. Esto es debido a la diferencia de densidad de la región HII que la rodea, que se opone de distinta manera a la expansión de IC 443.

La estrella que dio lugar a este espectáculo celeste no se encuentra en el punto más céntrico, sino un poco más al sur, y es una estrella de neutrones que gira a enorme velocidad, de manera similar a la estrella de M1, la Nebulosa del Cangrejo. Ésta última se clasifica como Plerión, una estrella de neutrones que produce inmensos vientos que son los responsables de moldear el gas circundante. Sin embargo, en IC 443 el principal elemento escultor es el calor generado por la supernova, aunque también produce corrientes de viento relativamente rápidas. La estrella de neutrones se denomina CXOU J061705.3+222127, y no es la única supernova que se ha dado a conocer en el barrio. De hecho, estudios recientes han puesto en evidencia la presencia de una tercera capa gaseosa, más débil y escondida entre las otras dos, que corresponde a la explosión de otra supernova que ocurrió hace unos 100.000 años. ¿Veremos alguna de estas maravillas en el lapso de tiempo que nos ha tocado vivir?

La brillante estrella roja que yace al lado de IC 443, de magnitud 3.2, es Eta Geminorum, conocida como Propus o Tejat Prior. Es una gigante roja de tipo espectral M3 situada a 350 años luz de nosotros. Su fría temperatura de 3.600 grados centígrados traduce esa tonalidad tan intensa que podemos contemplar con cualquier instrumento y que añade un toque de gracia a la observación de la nebulosa. Como complemento, Propus es una estrella doble con una componente de magnitud cercana a 9 situada a 1.4 segundos de arco, con lo cual necesitaremos una atmósfera estable si queremos separarlas.

IC 443

Para ver IC 443 a través de un telescopio necesitamos un cielo suficientemente oscuro, ya que su brillo superficial es extremadamente bajo. Su magnitud 12 se halla dispersa por un área demasiado extensa. Un filtro OIII será indispensable para poder saborear, aunque sea, una pequeña porción de la nebulosa. Llevaba un tiempo intentando ver esta nebulosa. Varias veces en el último invierno había apuntado a la zona con la esperanza de distinguir la más mínima anomalía en la negrura del cielo, pero no tuve suerte. Sin embargo, a principios de abril me encontré bajo un millar de estrellas en uno de los lugares más oscuros que he conocido hasta ahora, al sur de Granada. Géminis ya iba camino de acostarse dejando prioridad a la primavera, pero todavía estaba a tiro de piedra, así que apunté el telescopio a sus pies convencido de que esa noche sería distinto. Y no me equivoqué. Una vez en la zona, me fui directo al lugar donde se sitúa la porción más brillante, y miré a través del ocular de 44x. Un montón de estrellas poblaban el campo, pero no había rastro de IC 443. Sin embargo, tenía conmigo la herramienta principal, así que coloqué el filtro OIII y volví a mirar por el ocular. El número de estrellas disminuyó drásticamente, pero en seguida pude notar, con emoción, un jirón difuso, una débil nebulosidad alargada que siempre había permanecido invisible a mis ojos. “Ahí estás, por fin”, le dije sonriendo. Con el paso de los minutos, mientras disfrutaba de su visión, pude percibirlo de una forma más extensa, como un filamento ancho que ocupaba casi la mitad del campo. No pude cerrar el círculo como se aprecia en las fotos, pero quedé más que satisfecho. Todos tenemos nuestros “némesis”, objetos que se nos resisten una y otra vez, y cada vez que conseguimos cazar uno es motivo para sentirnos algo más llenos por dentro. No hay que desesperar, no hay prisa para verlo todo, esa es la suerte de la que goza la astronomía. Pero eso sí, tenemos que estar atentos y aprovechar los cielos verdaderamente oscuros para buscar esos esquivos objetos

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