Colores y formas exóticas en Canes Venatici

Canes Venatici es una constelación primaveral llamativa por varias razones. En primer lugar, está formada por dos estrellas brillantes sin ninguna forma definida. Para conocer el motivo nos tenemos que remontar al siglo II antes de Cristo, cuando Ptolomeo escribe su Almagesto y mapea toda la esfera celeste visible desde el hemisferio norte. Por aquel entonces la constelación de los Perros de Caza no existía aún, perteneciendo sus estrellas al Boyero, traducido como el pastor. Dichas estrellas venían a formar parte del cayado del pastor, pero los árabes, al adaptar el texto de Ptolomeo, sustituyeron la palabra “cayado” por “hoz”. En principio no parece un error tan importante, pero siglos más tarde, al pasar el texto al latín, se tradujo como “perro”. De ahí que Johannes Hevelius, a finales del siglo XVII, bautizase la constelación como Canes Venatici o los Perros de Caza, imaginándolos al lado del pastor. Esta constelación es, además, rica en galaxias, como corresponde a esta ventana primaveral al exterior de nuestra galaxia, sin brazos espirales que nos interfieran la visión.

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Comenzamos la visita a esta constelación con uno de sus clásicos, la brillante estrella Gamma Canum Venaticorum, también conocida como la Superba. Es una de las estrellas más rojas que podemos encontrar en el cielo, y pertenece al tipo espectral C5, lo cual hace referencia a su naturaleza rica en carbono. Al igual que R leporis, la Superba es una estrella de carbono en la que se está agotando el hidrógeno y el helio. Éste último se ha fusionado dando lugar a grandes concentraciones de carbono en el núcleo, que por corrientes de convección va hacia la superficie. El carbono es un elemento que bloquea las longitudes de onda corta, de manera que los colores azules y violáceos quedan retenidos, y es ése el motivo por el que la vemos de ese color rojo intenso. Es una estrella gigante roja con un volumen de unas 2.2 UA, con lo cual, situada en nuestro sistema solar, sobrepasaría incluso la órbita de Marte. La Superba está inminentemente destinada a convertirse en una enana blanca, dejando a su paso una huella en forma de nebulosa planetaria. Es, además, una estrella variable, cambiando su magnitud de 4.8 a 6.3 cada 5 meses. Con cualquier aumento es evidente su intensa tonalidad, incluso con prismáticos, ocupando el podio de las estrellas más rojas que podemos observar. Su color dependerá de la estabilidad atmosférica y la humedad, pero en líneas generales nada impedirá que la veamos de un color rojo anaranjado intenso que rivaliza con el mismísimo marte. Tras observar diversas estrellas rojas aprenderemos a distinguir este color, relativamente oscuro, con el de las gigantes rojas, que son por lo general más anaranjadas, incluso con tintes amarillentos.

No tenemos más que descender 4 grados y medio hacia el sur para que entre en campo la segunda estrella más brillante de la constelación, Beta Venaticorum, también llamada Chara o Asterion. Estos dos nombres, a pesar de aplicarse a la misma estrella, hacen referencia a los dos perros de la constelación. Es una estrella de magnitud 4.25 que se encuentra a 27 años luz de nosotros. Asterion es una enana amarilla de tipo espectral G0, con unas características sorprendentemente similares a las de nuestro sol, tanto en tamaño como en temperatura. De hecho, pertenece a un grupo de 30 estrellas seleccionadas para buscar la presencia de exoplanetas. Si algún día aprendemos a viajar entre las estrellas, Asterion será probablemente uno de los primeros destinos.

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Otro interés de esta estrella es su cercanía aparente a una espectacular pareja galáctica formada por NGC 4485 y NGC 4490. Ambas pertenecen al denominado Grupo Canes Venatici II, una veintena de galaxias que se encuentran gravitacionalmente unidas a unos 25 millones de años luz de nosotros, siendo su principal miembro M106. NGC 4490 y NGC 4485 son dos galaxias en interacción que hace unos 400 millones de años tuvieron su primer encontronazo, alterándose su estructura espiral. Ahora se están distanciando, dejando una estela de estrellas entre ellas de 24.000 años luz. NGC 4490 es la mayor de ellas, con 35.000 años luz y dos brazos espirales que todavía no se han deformado excesivamente. En fotografías de larga exposición se aprecian multitud de condensaciones y regiones HII, fruto de la intensa proliferación que está sufriendo desde hace millones de años, sobre todo en la cara que da a su compañera. La interacción no ha hecho más que incrementar esta formación estelar, hecho que se manifiesta también en la aparición de dos supernovas en las últimas décadas (en 1982 y 2008).

NGC 4485 es más pequeña y ha perdido casi toda estructura visible, aunque en algunas fotografías todavía pueden distinguirse reminiscencias de su estructura espiral. En las zonas más cercanas a NGC 4490 se aprecia también un importante brote estelar, pero el resto de la galaxia ha perdido su capacidad germinativa, siendo especialmente escaso su contenido interestelar de hidrógeno neutro, probablemente arrebatado por su compañera.

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NGC  4490 es visible con unos meros prismáticos en un cielo oscuro, aunque para apreciar detalles más sutiles serán necesarios los prismáticos. Con el Dobson de 30 cm la imagen es sublime, mostrándose ya a bajo aumento ambas galaxias con un gran brillo superficial. NGC 4490 presenta un núcleo brillante y pequeño, puntiforme, con un halo alargado cuyos extremos están curvados en direcciones opuestas, otorgando a la galaxia forma de letra “S”. A mayor aumento se hace aún más evidente, y se comienza a apreciar una especie de “columna vertebral” en la galaxia que la recorre de arriba abajo, atravesando el núcleo, que parece ser algo más grueso. Con la visión totalmente adaptada a la oscuridad se puede apreciar cierta estructura grumosa en la región que va del núcleo hacia su compañera, y una débil estrella hace su aparición en el extremo opuesto, en los límites de la visibilidad. NGC 4485 es más pequeña y débil, pero supone un broche de oro a la observación de esta pareja. Tiene forma redondeada, ligeramente ovalada, con la zona central algo más brillante- Con visión periférica su tamaño parece ser un poco mayor. Apuntar a estas dos galaxias en una noche oscura y usar aumentos elevados nos permitirá disfrutarlas como si viéramos una fotografía en blanco y negro.

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Terminamos la visita con otro magnífico alarde de contraste de colores que, junto a la Superba, demuestra la gran variedad cromática que se puede encontrar en el cielo. Se trata de 2 CVn, una estrella doble que puede pasar fácilmente desapercibida, con magnitud de 5,7. Es una espectacular estrella doble que pasa desapercibida ante otros objetos de la constelación. La estrella principal es de tipo espectral M1, poniéndonos por tanto en preaviso de su color rojizo. Su compañera, situada a unos cómodos 11 segundos de arco de separación, es una pequeña estrella de magnitud 8.71, de tipo espectral F7. Es una estrella amarilla de mayor envergadura que nuestro sol, pero su apariencia al lado de la principal es de un agradable color azulado, gracias a la diferencia de brillo. Se sitúan a 770 años luz de nosotros, y es una doble apta para todas las aberturas.

Doble - 2 CVn

Además guarda una sorpresa, y es la presencia de una débil galaxia junto a ella. Se trata de PGC 4548454 (acompañada por otra algo más débil, PGC 4570259). Según algunos catálogos es de magnitud 12, pero no nos dejemos engañar, pues tiene un brillo superficial extremadamente bajo. Es de esos objetos difíciles que requieren bastante tiempo para llegar a intuirlo, aun conociendo su situación con precisión. Tras permanecer unos diez minutos tras el ocular llegué a notar una debilísima nebulosidad, sin forma alguna definida, justo donde debía estar. No he encontrado información respecto a esta galaxia, ni respecto a otras tres que hay junto a ella, ya totalmente fuera de alcance de instrumentos asequibles. Aun así, no es necesario distinguir estos mundos lejanos para arrancar una exclamación a cualquiera que mire por el telescopio, pues la imagen de 2 CVn es un reclamo permanente al que mirar en las noches de primavera.

La isla de las maravillas (IC 2177)

En el cielo hay grandes regiones prácticamente ignoradas por el astrónomo aficionado, capaces de ofrecer horas de disfrute en noches diáfanas. Una de ellas es, sin duda, la conocida como Nebulosa de la Gaviota o IC 2177. Stephen James O’Meara, en su libro “Deep-sky Companions: Hidden Treasures”, lo describe como el “Paraíso Pirata”, y verdaderamente podríamos decir que es una isla plagada de tesoros escondidos en cada uno de sus rincones. Se encuentra al este de Sirio, y estas noches invernales se muestra en todo su esplendor cuando alcanza su punto más alto. IC 2177 es un lugar tan rico en objetos más pequeños que será fácil perderse si uno no tiene conciencia de lo que está viendo. De la misma forma, la diversidad de nombres atribuidos a ellos hace algo difícil la navegación por estos lares sin llegar a la confusión. No obstante, trataremos de desgranarla paso a paso, disfrutando al máximo cada una de sus playas, bahías y bosques estelares.

Wide-field view of the entire Seagull Nebula (IC 2177)

Comenzaremos por el principio, como debe ser. Nos remontamos a un período relativamente reciente, hace apenas 1 millón de años, y a una distancia algo mayor de 3.000 años luz, en las cercanías de la enorme región Canis Major OB1 (una aglomeración de gases y estrellas recién nacidas unidas por la gravedad, formando una gran familia). En algún punto de esa zona una enorme estrella explotó en forma de supernova, uno de los eventos más violentos que conocemos en nuestro universo, de forma que la onda expansiva barrió a su paso una pequeña región gaseosa, haciendo que se expandiera y produciendo un brote de proliferación estelar a su paso, conformando lo que se conocería posteriormente como Canis Major R1. Esta región cuenta con estrellas especialmente jóvenes que se hallan inmersas en la nebulosa que las vio nacer, y una de estas nebulosas es IC 2177, la protagonista de estas líneas. Su forma alargada le ha hecho meritoria de conocerse con el sobrenombre de “la Gaviota”, presentando dos prolongaciones que extienden curvándose y una región nebulosa más densa que ocupa el lugar de la cabeza. Todo el conjunto alcanza los 3 grados de diámetro, un tamaño aparente similar a 6 lunas llenas, aunque en la realidad es mucho. Su tamaño se estima en unos 250 años luz, y comparación basta decir que la gran Nebulosa de Orión, M42, cuenta con apenas 24 años luz, con lo cual no nos es difícil imaginar la inmensidad de lo que estamos viendo. Cualquier fotografía muestra IC 2177 en toda su extensión con un intenso color rojizo, debido al hidrógeno que las principales estrellas ionizan con su radiación ultravioleta. Son, en su mayoría, estrellas gigantes azules y blancas de tipo espectral O y B, que emiten una gran cantidad de energía.

Podemos dividir a la nebulosa en dos zonas claramente diferenciadas en cualquier fotografía. Por un lado, la cabeza de la gaviota; por otro, las enormes alas extendidas. La primera se denomina Gum 1 (primera entrada en el catálogo de nebulosas que publicó Colim Gum en 1955), y también recibe el nombre de vdB 93 (catálogo publicado por Sidney van den Bergh en 1966) y Sharpless 2-292. Es una nebulosa mixta, es decir, es de reflexión a la vez que de emisión, siendo la precursora de las estrellas que anidan en su interior. La más brillante que podemos apreciar al telescopio es HD 53367, la principal causante de hacer brillar al gas que la rodea. Es una estrella con una masa 20 veces mayor a la de nuestro sol que tiene una compañera secundaria, ambas de tipo espectral B. Al telescopio se aprecia como una nebulosidad de forma redondeada que rodea a la estrella, más definida con visión periférica. El filtro UHC realza su superficie, aunque no muestra mayor nivel de detalle.

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Gum 1, la cabeza de la gaviota

Gum 1 es como un terreno independiente de la “isla pirata”, y desde ella podemos saltar a la tierra de las maravillas que suponen las alas de la gaviota. El nombre IC 2177 designa de forma generalizada a estas últimas y a Gum 1, englobadas como una sola porción, si bien las alas también se conocen como Gum 2 o Sharpless 2-296. Su porción más brillante es la colindante con Gum 1, la región central de las alas. Necesitaremos un ocular de muy bajo aumento para poder apreciarlo en su conjunto. A 44 aumentos, bajo un cielo relativamente oscuro, sorprende la inmensa cantidad de estrellas que puebla la zona, y que se disponen de forma más densa formando una banda de norte a sur. Algo extraño hay en esa banda, y es el filtro UHC el que resalta definitivamente la nebulosidad concomitante, de forma que da la sensación de ser una versión en miniatura de la Vía Láctea veraniega que atraviesa el cielo de lado a lado. Es fácil dejarse perder en ese río de centenares de estrellas, algunas tan débiles que rozan el límite de la percepción. La nebulosa se aprecia mejor con visión indirecta, con una zona más brillante en su región superior, pero en ningún momento deja de tener esa apariencia etérea, casi fantasmal.

IC 2177

Una atenta mirada muestra que el campo del telescopio se encuentra poblado por pequeñas ciudades estelares. Los dos cúmulos abiertos más débiles del conjunto se encuentran justo en la zona central, y pertenecen al “alternativo” catálogo Collinder publicado en 1931. El más septentrional es Cr 465, mientras que al sur se sitúa Cr 466. Ambos son prácticamente indistinguibles, ya que están formados por estrellas muy débiles que se disimulan fácilmente contra el poblado fondo. Cr 465 es algo mayor, contando con unas 30 estrellas, la mitad de las cuales se aprecian sin mayor dificultad por el telescopio. Cr 466 es aún menos evidente, formado por unas 25 estrellas y con una magnitud conjunta de 11.1. En su conjunto, con visión periférica, ambos parecen formar un mismo cúmulo abierto, en una imagen bastante atractiva, ya que a menos de 20 minutos de arco se sitúa otra familia de estrellas, NGC 2343. Con una cincuentena de estrellas, es un cúmulo mucho más llamativo, de algo más de 5 minutos de arco de diámetro. Se encuentra a 3.400 años luz de distancia, inmerso en la nube circundante. Es interesante puntualizar que los dos cúmulos más débiles, Cr 465 y Cr 466, se encuentran a una distancia bastante mayor, a algo más de 6.000 años luz. Intentemos visualizarlos en un espacio tridimensional para ser conscientes del efecto de la distancia. Muy cerca de NGC 2343 encontramos una estrella especialmente brillante, denominada HD 54662, de magnitud 6.23. Es una estrella de tipo espectral O, extremadamente caliente, a 40.000ºC. Tiene un brillo 42.464 veces superior al de nuestro sol y es la responsable de iluminar en buena parte a la nebulosa Gum 2. Con un campo suficientemente amplio podemos contemplar estos últimos objetos formando una línea arqueada, desde la cabeza del águila, Gum 1, hasta este brillante estrella, pasando por las tres familias de estrellas que ya hemos visitado. De fondo, esa blanquecina banda que es tan sólo un reflejo de la inmensa Gum 2.

IC 2177 detalles

Esta región de la isla nos guarda otra sorpresa más, y es que frente a los objetos ya mencionados flota en el agua un bonito cúmulo abierto, NGC 2335, que complementa el paisaje dibujado. Es un cúmulo algo mayor que NGC 2343 y más lejano, situado a unos 4.100 años luz de distancia, motivo por el cual se nos muestra con sus estrellas algo más débiles. Se resuelven sin mayor problema unas treinta componentes dispersas sobre un área de unos 6 minutos de arco, con cierto matiz de neblina residual que es reflejo de las estrellas más débiles del fondo.

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NGC 2327

Dejamos de lado esta interesante zona para observar otra interesante agrupación de objetos. Al borde del ala más meridional residen tres nebulosas con nombre propio que adornan con su reflejo a IC 2177. Dos de ellas se encuentran fuera de su perímetro, rodeadas de negro mar. Son Sharpless 2-295 y Sharpless 2-293, siendo esta última la más brillante de ellas. Ambas se encuentran dispuestas rodeando a dos estrellas brillantes, causantes de la ionización de la masa de gas. Se aprecian como una nebulosidad redondeada de bordes difusos que se pierden en la negrura, más visibles con visión periférica. Realzan al colocar el filtro UHC, y entonces se puede distinguir también parte del ala de la gaviota, plagada como siempre de multitud de estrellas. Entre ellas, podemos apreciar una que se encuentra rodeada por un halo de nebulosidad, pequeño, pero llamativo con visión lateral. Se trata de NGC2327, una pequeña nebulosa de reflexión que rodea a una débil estrella, con un diámetro de 2.3 minutos de arco. Es pequeña, por lo que es conveniente conocer con seguridad el terreno antes de buscarla. Sin duda, complementa perfectamente a las otras dos nebulosas que, como faros en medio del mar, llaman la atención desde cualquier posición.

IC 2177 zona 2 detalles

Seguimos navegando hacia el sur entre una miríada de luciérnagas luminosas, dejándonos llevar por el río nebuloso hasta la última parada de esta visita, el extremo meridional de IC 2177. Es la nebulosa más evidente de cuantas pueblan esta isla, y vigila el resto de la región como una brillante nube incandescente. Se trata de Gum 3, Sharpless 2-297, Cederblad 90 ó vdB 94 (sí, todos y cada uno de estos nombres sirve para designar a la misma pequeña nube), una bonita nebulosa de emisión que se encuentra flanqueada por una oscura nebulosa que en fotografías marca un importante contraste de bordes curvos. Al telescopio no podremos percibir la nebulosa oscura, pero la imagen no está exenta de interés. Lo primero que nos llama la atención es la brillante estrella central, HD 53623, una joven estrella de tipo espectral B y magnitud 8, que se encuentra flanqueada por dos hileras de estrellas brillantes, una a cada lado. Esta estrella central es la principal responsable de ionizar el hidrógeno que la rodea, una masa de gas que adquiere cierta forma ovalada, con débiles extensiones que parecen seguir a las estrellas circundantes. Con visión lateral su tamaño aumenta y, al igual que en las anteriores, el filtro UHC nos proporcionará un mayor contraste, aunque por contrapartida el número de estrellas del campo disminuye y pierde gran parte de su atractivo.

IC 2177 zona 3

Aquí termina este viaje a través de la isla de las maravillas, que seguro nos proporcionará grandes satisfacciones. Nada nos impide, de todas formas, seguir su recorrido por sus intrincadas bahías y golfos, sólo por la cantidad de estrellas que veremos merece la pena. Podremos ver algunas otras condensaciones e incluso un bonito cúmulo abierto, NGC 2353, fácilmente visible con prismáticos y parte también de esta gran familia. La visión de la Gaviota con el telescopio no será como en las fotografías de larga exposición, pero podremos disfrutar como niños viendo la enorme variedad de tesoros que nos ofrece, y el mero hecho de buscarlos ya hará que merezca la pena el esfuerzo.

Tres colas tiene la hidra (M83)

La protagonista de hoy es la galaxia más meridional de las que catalogó Messier. Se trata de M83, y es, además, la primera galaxia foránea al Grupo Local en ser descubierta. Situada en la cola de la Hidra, la constelación del Cuervo indica su presencia bajo sus alas.

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M83 es una galaxia que se encuentra a unos 15 millones de años luz y fue definida por Messier como “extremadamente débil”, de forma que “había que concentrarse enormemente para poder distinguirla”. Forma parte del denominado Grupo de Centauro y M83, dominando junto con NGC 5128 un pequeño cúmulo de galaxias que se sitúan entre 10 y 20 millones de años luz. Es una galaxia que podríamos definir de tipo mixto, compartiendo rasgos de galaxias espirales y barradas. Presenta un núcleo muy intenso en medio de una barra formada por estrellas y gas en constante movimiento, y de sus extremos salen tres largos y abiertos brazos en el sentido opuesto de las agujas del reloj, que le han hecho merecedora del sobrenombre “Molinillo Austral”. Dos de los brazos parecen superponerse, pero fotografías con suficiente detalle los muestran perfectamente diferenciados.

Con unos 40.000 años luz de diámetro, es un claro ejemplo de galaxia de brote estelar, estando salpicada por multitud de puntos azules y rojos. Los primeros, cúmulos de estrellas jóvenes que apenas cuentan con unos pocos millones de años de edad, poblados por abundantes supergigantes azules. Los segundos, las regiones HII que están dando lugar a la formación de estrellas. Como es típico de este tipo de galaxias, en ella son frecuentes las supernovas. Hasta hace poco, M83 contaba con el récord en cuanto a número de supernovas observadas, con 6 de ellas en poco más de un siglo. Sin embargo, recientemente se ha visto superada por NGC 6946, que cuenta con 9 de ellas, y empatada por M61. Más de 60 remanentes de supernova se han podido catalogar en M83, muchas de ellas visibles en las fotografías de larga exposición.

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Otro atributo interesante de esta galaxia reside en su núcleo, que es sede un agujero negro supermasivo, como tantas otras galaxias. Sin embargo, el núcleo es curiosamente doble, al igual que ocurría con el de M31. Apenas a unos años luz del núcleo propiamente dicho se encuentra un cúmulo abierto con una gran densidad de estrellas, que parece ejercer una gran relevancia en la dinámica central.

A la hora de observarla deberemos elegir la hora adecuada para que se encuentre en el punto más alto posible, justo a su paso por el sur. Para buscarla podemos localizar Gamma Hydrae, también denominada Cauda Hydrae (cola de la Hidra), por su posición en la constelación. Es una gigante amarilla de tipo espectral G, unas 13 veces mayor que el sol y a 132 años luz de distancia. Gamma Hydrae acaba de agotar sus reservas de hidrógeno, por lo que su núcleo está en proceso de condensarse al carecer de energía exotérmica suficiente. Cuando la densidad creciente en el núcleo aumente su temperatura hasta el punto de poder fusionar helio en carbono y oxígeno crecerá hasta convertirse en una gigante roja, unas 5 veces más gran que en el momento actual. Está a punto, por tanto, de “dar el estirón”. Encontraremos M83 si visualizamos un triángulo rectángulo cuyos vértices lo ocupan Gamma Hydrae, M83 y Pi Hydrae, una gigante anaranjada de tipo espectral K.

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Una vez en el buscador, M83 será visible como una mancha borrosa y redondeada, fácilmente distinguible si la noche es oscura. En objetos tan meridionales la atmósfera jugará un papel importante para poder disfrutarla como se merece. Al telescopio resalta fácilmente, recordando en un primer instante a una versión más brillante de M74, la galaxia en espiral de Piscis. Un radiante núcleo destaca en el centro, redondeado, y a su alrededor se dispone un halo difuso y heterogéneo. La región más cercana al centro es más brillante, con cierta forma alargada, mientras que las regiones más externas adquieren una silueta redondeada. Es en esta periferia donde se puede apreciar en primer lugar uno de sus brazos más prominentes, el más largo de ellos, que se extiende hacia unas 5 estrellas en forma de triángulo. Su comienzo no se puede apreciar con claridad debido al gran brillo de la zona central. Justo en el lado opuesto, con visión indirecta, aparece su contrapartida, otro brazo que, débilmente, se pierde en la lejanía, en sentido antihorario. A 125 aumentos, con una adaptación adecuada a la oscuridad, no es especialmente difícil detectar el tercer brazo, el más pequeño de todos y el más brillante en fotografías, si bien en visual se ve aplacado por el núcleo tan intenso. Se aprecia como una pequeña curva luminosa que se desarrolla al amparo del brazo más llamativo, adquiriendo una curvatura más cerrada que sus compañeros, conformando así una estampa sumamente atractiva. Desde cielos más australes debe ser, sin duda, aún mejor.

El punto más lejano (3C 273)

La naturaleza del ser humano es preguntarse hasta dónde puede llegar, cuáles son los límites… El atleta intentará superar su tiempo constantemente, así como el agricultor tratará de obtener la mayor cosecha posible. De la misma manera, no es raro que nosotros nos preguntemos, con cierta lógica, hasta qué distancia podemos llegar con nuestros telescopios. Vemos estrellas a simple vista situadas desde decenas a varios miles de años, y todos hemos contemplado galaxias a través de diferentes instrumentos (e incluso a simple vista). La mayor parte de estas galaxias está a un segundo nivel de distancia, a millones de años luz, estando la mayoría de nuestros objetivos situados por debajo de los 200 o 300 millones de años luz. Siempre que pienso en estas enormes distancias me gusta imaginar una línea del tiempo desde el Big Bang, hace unos 13.700 millones de años, hasta nuestros días. Mentalmente, la divido en 14 porciones, cada una representando 1.000 millones de años, y sitúo en cada celda los principales acontecimientos. Cuando veo una galaxia, por ejemplo, a 300 millones de años luz, me voy a esta escala del tiempo y soy consciente de que la luz que salió de esas estrellas lo hizo hace un porcentaje respetable con respecto a la edad del universo. Hay que tener cuidado, claro está, de no confundir los años luz con la unidad de tiempo,  aunque se puedan relacionar rápidamente una vez entendidos.

Sin embargo, el límite de nuestros instrumentos no está a 300 millones de años luz. Es cierto que en instrumentos de pequeña abertura las galaxias más lejanas visibles estarían, como mucho, a esa distancia (y sólo se podrían ver las más brillantes), ampliándose progresivamente a medida que el tamaño del telescopio aumenta. Pero la pregunta no es cuál es la galaxia más lejana visible con un instrumento de aficionado, sino cuál es el objeto más lejano que podemos ver. ¿Hay entonces objetos más brillantes que las propias galaxias? En cierto modo, sí. Para visualizarlo centrémonos en la escala temporal situada en horizontal, como un camino de 14 metros de largo en cuyo extremo nos situamos nosotros y en el otro el comienzo de nuestro universo. La mayoría de galaxias visibles se sitúan en los primeros 50 cm, fácilmente alcanzables estirando nuestro brazo. Ahora es cuando debemos de dar un salto para alcanzar ese límite de pequeños instrumentos. Dejamos rápidamente atrás el primer metro, el segundo, y vamos a parar entre este último y el tercero. 2.443 millones de años luz de distancia es la respuesta a la pregunta que llevamos persiguiendo desde el principio. Si lo miramos en perspectiva, la luz salió de ese lugar cuando el universo tenía un 82% de su edad. Es decir, estamos viajando en el tiempo una quinta parte hacia el comienzo de todo. Últimamente hemos escuchado noticias de que el Hubble ha podido ver galaxias tal cual eran hace 13.000 millones de años. No está mal, entonces, poder acercarnos con un modesto telescopio a los 2.500 millones de años.

Foto 3C273.jpg

Pero vamos a centrarnos ya en el objeto en cuestión. Se denomina 3C 273, y fue descubierto como una fuente de radio y catalogado con ese nombre en el “Third Cambridge Catalog of Radio Sources”, un catálogo con fuentes emisoras de radio publicado en 1959. Poco después se consiguió relacionar dicha emisión con una pequeña estrella que apenas llegaba a la magnitud 13, situada en la constelación de Virgo. No parecía ser una estrella corriente, ya que mostraba un espectro totalmente diferente a los ya conocidos. De hecho, compartía ese espectro característico con otras fuentes emisoras de radio distribuidas por todo el cielo. Fue en 1963 cuando el misterio no hizo más que aumentar. Se descubrió entonces que las líneas de emisión que tan extrañas parecían eran líneas de emisión de elementos conocidos, principalmente hidrógeno, pero tan desplazadas en la línea espectral hacia la izquierda que parecían ser totalmente diferentes. Ese desplazamiento al rojo o redshift ya se había descubierto previamente y utilizado por Edwin Hubble para demostrar que las galaxias eran objetos ajenos a la Vía Láctea. Pues bien, el gran desplazamiento al rojo que presentaba 3C 273 la situaba, sin precedentes en aquélla época, a unos 3.000 millones de años luz de distancia, alejándose de nosotros a 47.000 kilómetros por segundo (un 15% de la velocidad de la luz). Debía ser, por tanto, un objeto extremadamente brillante, mucho mayor que cualquier otro conocido hasta la fecha. Posteriormente se descubrió que muchas de esas fuentes de radio previamente catalogadas también se encontraban a distancias colosales, y pasaron a conocerse con el nombre de Quásar (derivado de “Quasi-stellar”)

Hoy ya hemos podido aprender bastante sobre ellos, aunque en algunos aspectos siguen siendo una incógnita. Los cuásares pertenecen a la categoría de Núcleos Activos de Galaxias (entre los que ya conocemos a las galaxias Seyfert, por ejemplo). Son, realmente, el núcleo de galaxias extremadamente lejanas, en cuyo interior reside un agujero negro con una masa gargantuesca, con un disco de materia (disco de acreción) rotando a su alrededor. Esta materia va cayendo hacia el agujero negro, atraída por la gravedad (o dejándose llevar por la deformación del espacio-tiempo producida por el agujero negro, ahora que tenemos evidencia de las ondas gravitacionales), alcanzando velocidades muy próximas a la luz, y gran parte de ella es despedida en todas direcciones en forma de energía electromagnética, abarcando desde ondas de radio hasta rayos gamma, pasando por la luz visible que nosotros podemos percibir.

Los cuásares, además, presentan una importante variabilidad de brillo que va desde unos días a varios años, y son sus períodos cortos de variación los indicadores de que su tamaño es extremadamente pequeño, de apenas un año luz. Para hacernos una idea, 3C 273 ocupa el tamaño de nuestro sistema solar, pero su masa es de 900 millones de soles. No hay equivalentes cerca de nuestra Vía Láctea. De hecho, si 3C 273 estuviera a 30 años luz de nosotros, brillaría tanto como el sol, impidiéndonos observar el cielo (realmente, si estuviera a 30 años luz de nosotros la radiación y la gravedad harían totalmente imposible la aparición de cualquier forma de vida en la Tierra).

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3C 273 tiene, además, un chorro o jet, visible en fotografías de larga exposición, formado por partículas que han sido eyectadas bruscamente desde el agujero negro. Una sustancia atraída por el quásar rotará cada vez más deprisa, y muchas de ellas “resbalarán” por su superficie en dirección a los polos (si no atraviesa el horizonte de sucesos tras el cual nada puede escapar), adquiriendo una velocidad aún mayor, saliendo disparadas hasta distancias colosales. De hecho, el jet de 3C 273 tiene la increíble longitud de 200.000 años luz, un tamaño bastante mayor que nuestra propia galaxia.

Ahora ya sabemos lo que buscamos. El brillante agujero negro que reside en el interior de una galaxia elíptica tan lejana que es invisible a grandes telescopios, eclipsada por el quásar que domina su centro. Su localización no es fácil, pudiendo buscarla a partir de c virginis, una estrella doble de magnitud 4.96 con su compañera de 11.60 brillando débilmente a una distancia de casi 140 segundos de arco. Saltaremos de estrella en estrella con ayuda de un atlas hasta llegar al Quásar en cuestión. Una vez lo tengamos a tiro, miraremos por el ocular y… no veremos nada. Bueno, realmente veremos varias estrellas de débil magnitud, destacando una de magnitud 10. Y allí, en el centro, está nuestro objetivo. Una de esas estrellas es 3C 273, brillando con una tímida magnitud de 12.9 y el tamaño aparente de una estrella. Por más aumentos que usemos su apariencia no cambiará, pero no resulta extraño si somos conscientes de la distancia que estamos contemplando Hagamos un ejercicio mental y coloquemos a esas estrellas que pueblan el campo a unos 100 años luz de distancia, 200 como mucho. Veamos ahora a 3C 273 como lo que es, un punto que brilla a 2.443.000 de años luz. Poniendo todas las cifras uno puede comparar con más facilidad, y si lo hacemos bien puede que sintamos algo similar al vértigo. Ese “punto” que tan fascinante puede llegar a ser es el resultado indirecto de uno de los agujeros negros más densos que vamos a poder contemplar por nuestro telescopio, una muestra de las enormes fuerzas que pueden reinar en el cosmos y que empalidecen a cualquier fenómeno que tengamos en nuestra vecindad galáctica. Es difícil ser conscientes plenamente de lo que estamos viendo, pero intentemos dejarnos llevar por ese débil punto. 3C 273 es un objeto que se ve con la mente, no sólo con los ojos, y nos permite viajar en el tiempo a una época en la que nuestro planeta, aún carente del oxígeno suficiente, estaba poblado por seres unicelulares que, poco a poco, empezarían a transformar nuestra atmósfera y a cambiar el curso de la evolución.

3C 273

3C 273 es tan sólo el más brillante de los quásares que conocemos, pero hay otros muchos de menor magnitud, accesibles a telescopios de mayor abertura. El límite de nuestro instrumento, por tanto, no tiene por qué restringirse a 2.500 millones de años luz, y sólo necesitaremos una noche bien oscura para poder viajar en el tiempo miles de millones de años atrás.

A través del espejo (Abell 12 y NGC 2194)

Si alguien nos habla de una brillante estrella que deslumbra a una pequeña nube que hay a su lado pensaremos seguramente en Mirach y NGC 404, en Andrómeda. Sin embargo, hay otros ejemplos de dicho fenómeno, y uno de los más difíciles de ver es sin duda el formado por la estrella Mu orionis y la nebulosa planetaria Abell 12, en la constelación de Orión.

Mu orionis es un sistema estelar muy interesante, cuyas dimensiones podemos comprender atendiendo a nuestro propio sistema solar. Está formado por dos estrellas binarias. La principal, Mu orionis A, tiene una pequeña compañera a una distancia de 0.07 unidades astronómicas, bastante más cerca de lo que Mercurio se encuentra del sol. La secundaria, Mu orionis B, posee a su vez una compañera a idéntica distancia que la principal. Entre el sistema A y el B hay 12 unidades astronómicas, equivalente a algo más de la distancia que separa Saturno del sol. Son algo mayores que nuestra estrella, y juntas brillan con una magnitud conjunta de 4.12. Mu orionis es fácilmente reconocible justo por encima de Betelgeuse.

Para ver Abell 12 deberemos escoger una noche con la atmósfera estable y limpia, ya que será el seeing el factor determinante para poder distinguirla. Encontrar su situación no será difícil, ya que se encuentra a unos escasos 50 segundos de arco de Mu orionis, de ahí la gran dificultad para apreciarla. No es un objeto excesivamente débil. Con una magnitud de 12.39, no debería suponer un gran problema para telescopios de abertura media, pero el halo brillante de la estrella será nuestro principal enemigo. A pesar de verlas tan próximas entre sí, Mu orionis se encuentra a unos 150 años luz, mientras que a Abell 12 se le estima una distancia de casi 7.000 años luz. Impresiona darse cuenta del efecto de la distancia, así como imaginar el gran tamaño que debe tener, a pesar de que se vea eclipsada por una estrella de tamaño normal.

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En la observación de Abell 12 hay dos premisas fundamentales: el aumento y el uso de filtros. La primera vez que intenté verla, a 125 aumentos, el halo brillante de la estrella era todo cuanto podía ver. Sin saber muy bien en qué dirección se encontraba la nebulosa, usé la visión periférica para intentar localizarla, pero mis intentos eran en vano. Ni siquiera el filtro OIII servía para nada. Oscurecía el brillo de la estrella, pero seguía siendo un astro solitario. No me atreví a usar mayores aumentos en ese momento, ya que a 125 la estrella bailaba como si no hubiera un mañana, apreciándose las turbulencias de la atmósfera como pocas veces, y el viento hacía temblar el tubo del telescopio. Ya decidido a continuar intentándolo otro día, unos minutos después tuve la sensación de que las estrellas aparecían más puntuales, y decidí probar suerte de nuevo. Esta vez usé el ocular de 7 mm, con 214 aumentos, y coloqué directamente el filtro OIII. Ahogué una exclamación cuando Abell 12 apareció ante mis ojos, de la manera más evidente posible. Una esfera perfecta de medio minuto de arco de diámetro que parecía una imagen fantasma de la estrella, como si fuera un defecto del espejo. Homogénea y de bordes totalmente definidos, era visible directamente, aunque con visión periférica resultaba aún más evidente.

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Podemos aprovechar la observación de Abell 12 para hacer una visita a un cúmulo abierto, NGC 2194, que podemos encontrar a apenas 4º al este de la nebulosa. Se sitúa a unos 10.000 años luz, y está formado por más de cien estrellas dispuestas esféricamente simulando un cúmulo globular disperso. Sus estrellas tienen una edad de unos 400 millones de años y su contenido en metal es bastante bajo, lo cual es indicativo de que se formó en una región alejada del núcleo galáctico. Observé NGC 2194 desde cielos semiurbanos, si bien la noche era especialmente limpia. Sin duda, un gran número de estrellas escaparon a mi vista, pero aun así resultó ser un cúmulo muy interesante.

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Una vez en la zona, NGC 2194 es evidente ya a bajo aumento. En primer lugar, a 125 aumentos, destaca una veintena de estrellas débiles, con cuatro o cinco más brillantes. Algunas se disponen agrupadas  formando hileras aleatorias. El campo del ocular está plagado de estrellas por doquier, destacando en el centro el cúmulo. Poco a poco, con la visión adaptada, comienza a notarse una débil neblina de fondo, la manifestación de decenas de estrellas que necesitan del trabajo en equipo para hacerse notar. Y bien que lo consiguen, otorgando al grupito de estrellas un aspecto neblinoso que lo hace merecedor de realizar una visita de vez en cuando.

La cara de Géminis (NGC 2392)

Si hay algo que uno va aprendiendo conforme ve más y más objetos celestes es que el cosmos es un artista caprichoso, dejándonos en ocasiones imágenes que desafían nuestra imaginación. La entrada de hoy habla sobre NGC 2392, conocida como la Nebulosa del Esquimal o Nebulosa del Payaso, una espectacular nebulosa planetaria que fue descubierta en 1787 por William Herschel. Pero antes de enfrascarnos en ella tenemos que parar en una estación a medio camino, una parada que merece la pena hacer para repostar energía.

Se trata de Wasat (del árabe “mitad”) o delta Geminorum, la estrella que nos servirá como referencia y que marca la cintura de uno de los gemelos. Es una interesante estrella triple con sus componentes más brillantes separadas 5.7 segundos de arco, situadas a 59 años luz de nosotros. La estrella principal, de magnitud 3.53, es de tipo espectral F0, una subgigante que va camino de convertirse en gigante a medida que consume su hidrógeno. Tiene, a su vez, una pequeña estrella orbitando a su alrededor a 0.20 segundos de arco. La estrella secundaria es una enana roja de tipo espectral K6 y magnitud 8.2, por lo que el contraste de colores está garantizado. Gira alrededor de sus dos compañeras a 100 unidades de arco, en un baile a tres que lleva ocurriendo desde hace más de mil millones de años.

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Wasat ha sido parte de la historia de la astronomía como testigo de uno de los eventos más importantes del siglo XX, y es que ocupa un lugar prácticamente en la elíptica, por lo que sufre acercamientos de planetas continuamente, incluso ocultaciones cada más tiempo (Venus la ocultará en 2420. No estaremos ahí para verlo, pero nada nos impide simularlo en algún programa informático). En 1930 fue testigo, como decíamos, del descubrimiento de Plutón, ya que el planeta enano se encontraba a apenas medio grado de arco de la estrella. Wasat fue, por tanto, portada de periódicos, libros y revistas que han pasado a la posteridad. Como quien visita un lugar histórico, intentemos rememorar la imagen de ese pequeño punto de magnitud 14 al lado de esta brillante estrella, y la emoción de Clyde Tombaugh cuando comprobó que, efectivamente, se movía con respecto a las estrellas.

Pluto

Después de visitar a esta histórica estrella no tenemos más que descender unos 2 grados al sureste para encontrar a NGC 2392. Su distancia es algo indeterminada, ya que según el método que se use el resultado varía en un rango entre 2.000 y 4.000 años luz. Lo que vemos en ella es una estrella en proceso de convertirse en enana blanca, proceso que comenzó hace unos 10.000 años, cuando la estrella pasó a ser una gigante roja, debido al agotamiento de sus reservas de hidrógeno. Al carecer de la energía suficiente, la estrella se enfrió, expandiéndose sus capas externas y formando una esfera a su alrededor. Algunos estudios defienden la presencia de un disco de material alrededor de la estrella, de forma que cuando se expandió el material más denso también lo hizo, convirtiéndose en esos filamentos de aspecto cometario que podemos ver en la fotografía. Acto seguido la estrella comenzó a colapsar, provocando fuertes vientos de millones de kilómetros por hora y la emisión de dos lóbulos gaseosos que salieron de forma bipolar. Desde nuestra posición no podemos ver los dos lóbulos independientes porque se sitúa de frente a nosotros, de manera que ambos se sobreponen y nos aparecen como una esfera rodeando a la estrella. De hecho, ni siquiera adoptan una forma completamente circular, sino que las fuertes corrientes de la estrella esculpen los lóbulos otorgándoles unos lados algo más rectilíneos. Estos mismos vientos son, al parecer, los responsables de arremeter contra el material que la estrella expulsó hace más tiempo, formando tras de sí una especie de cola que les da el aspecto de decenas de cometas apuntando al núcleo.

Foto NGC 2392

Por tanto, en esta cara estelar tenemos tres diferentes elementos reseñables. Por un lado la envoltura gaseosa, reflejo de la expansión de la estrella central a medida que se iba enfriando y convirtiendo en una gigante roja. Por otro, una especie de corona inmersa en la envoltura gaseosa, hecha de materiales más densos que formaban parte de un disco circumestelar y que vemos ahora “desde arriba”, erosionados por el viento estelar. Por último la región nebulosa central que está formada por dos lóbulos superpuestos desde nuestro punto de vista. Todos estos gases están siendo ionizados por la estrella central, que además guarda otra sorpresa. Estudios recientes del Instituto de Astrofísica de Andalucía han descubierto que la cantidad de rayos X emitidos por la nebulosa son demasiado elevados teniendo en cuenta los vientos emitidos por la estrella central, de lo que se infiera la existencia de una componente binaria que hasta ahora no ha podido ser observada por métodos directos. De esa manera finalizaríamos este interesante puzle, que se presta a su observación con instrumentos de cualquier abertura.

Es visible con prismáticos como una diminuta estrella de magnitud 10. Incluso modestos telescopios a bajo aumento no lograrán vislumbrar nada más que una pequeña estrella borrosa. Pero será al usar mayores aumentos cuando la nebulosa cobre vida, y una mayor abertura permitirá distinguir los rasgos internos que la hacen tan particular. Con el Dobson de 30 cm, a 125 aumentos la visión ya es soberbia. La estrella central brilla con fuerza, rodeada por un anillo gaseoso que, a su vez, se encuentra envuelto por una corona más débil. Sin embargo, la nebulosa nos pide usar más aumentos. A 300 aumentos la imagen es sobrecogedora. Nos damos cuenta, entonces, de la región central no es un círculo perfecto ni mucho menos, sino que forma una especie de trapecio con los bordes curvados. Una visión más atenta revela que el borde este trapecio se encuentra engrosado en algunos lados, y fuera de él encontramos la corona, separada por un pequeño pasillo oscuro alrededor de la nebulosa interna. Este pasillo oscuro al principio no se distingue, pero con un poco de esfuerzo y visión indirecta comienza a aparecer discretamente. La corona es circular, y con la visión adaptada se llega a percibir que no es perfectamente homogénea en su interior. En los momentos de mayor estabilidad aparece una especie de zona más densa en el lado superior del trapecio, opuesto a la estrella más brillante del campo. Dicha densidad da la sensación de ser algo “grumosa”, y sin duda contribuye a la imagen de esquimal que dan las fotografías, como si fuera la parte superior de la capucha del parka. El filtro OIII resalta todos estos detalles, de manera que sin él es bastante difícil poder ver esas condensaciones de la corona. Estoy seguro de que con mayor estabilidad atmosférica se apreciarán más detalles, y eso es lo bueno de la astronomía, que siempre va a haber ocasión para mejorar la observación.

NGC 2392

Un esquimal, un payaso, un león… Sea lo que sea que uno vea en ella, NGC 2392 es una pieza de museo única e irreproducible, muestra de lo dinámico que puede llegar a ser el cosmos.

Buceando entre las alas de la paloma

Hay ocasiones en que un objeto está tan cercano al horizonte que uno tiene la sensación de zambullirse en el mar cuando va a buscarlo, notando que las estrellas apenas se pueden enfocar y que el cielo parece especialmente despoblado. Así ocurre desde latitudes medias con la constelación Columba, o Paloma, que hasta 1679 pertenecía al Can Mayor. No tiene un mito claramente asociado, encontrando varias palomas en la literatura que podrían ocupar su lugar, desde la paloma del arca de Noé hasta la paloma que los argonautas enviaron para saber si podían cruzar el Mar Negro. Quizás ésta última explicación esté más en consonancia con su situación en el cielo, por delante de la constelación Puppis, que representa la popa de la nave Argo.

Para encontrar algunos de sus objetos podemos partir de un llamativo triángulo que se encuentra bajo la constelación de la Liebre, formado por las estrellas alfa, beta y épsilon Columbae. La más brillante de ellas, Phact, tiene una magnitud de 2.65 y su nombre significa, literalmente, paloma. A 268 años luz de nosotros, es una gran estrella de tipo espectral B7, que rota a velocidades tan altas que la han hecho meritoria de catalogarla como “estrella Be”. Este tipo de estrellas giran tan rápido que tienen su disco achatado y su pérdida de masa es mayor que en el resto de astros, provocando la formación de un disco circumestelar, responsable de que se encuentren líneas de elementos en su espectro que no deberían estar presentes en estrellas de tipo B.

Epsilon Columbae, la estrella más septentrional del triángulo, es una gigante roja tipo K1, con su color fácilmente visible a través de cualquier instrumento. Desde ella no tenemos más que bajar unos 6º hacia el sur para toparnos con el primero de sus objetos de cielo profundo, y quizás el más espectacular de ellos. Se trata de NGC 1851, un cúmulo globular que pertenece al halo galáctico de nuestra galáctica, donde residen los cúmulos globulares más antiguos. Su bajo contenido en metal apoya este dato, ya que sus estrellas se formaron básicamente a raíz de masas de gas en las que apenas había elemFoto NGC 1851entos más pesados que hidrógeno y helio. Hoy en día el medio interestelar es mucho más rico en metales, debido a su fusión en grandes estrellas y a la emisión por novas y supernovas. En la época en que se formaron estos cúmulos (NGC 1851 es relativamente joven, formándose hace casi diez mil millones de años) el espacio era un caldo de cultivo bastante homogéneo. Además, NGC 1851 presenta dos grandes familias de estrellas que se diferencian en su contenido en Lantano y Circonio, lo cual da a entender que su formación no ha sido regular desde el principio. Probablemente haya sufrido algún tipo de interacción con otro cúmulo, mezclándose de esa manera sus componentes.

Se encuentra a unos 39.000 años luz de nosotros y a 54.000 del centro galáctico, ocupando, como hemos dicho, su lugar en el halo de nuestra galaxia. Tiene una magnitud brillante de 7.14, y su halo de 11 minutos lo hace fácilmente detectable con los prismáticos, aunque la latitud será nuestro principal enemigo. Encontrarlo ya puede suponer un desafío si la atmósfera no se encuentra especialmente limpia, y será fácil sentir que navegamos en un mar de niebla que empalidece las estrellas que podemos ver. NGC 1851 será visible en el buscador como una diminuta mancha difusa, redondeada, que a pesar de su localización muestra un intenso brillo. Una vez miremos a través de nuestro telescopio tendremos que esperar con paciencia a que las turbulencias nos dejen disfrutar del espectáculo. Llama la atención, a bajo aumento, un intenso núcleo a cuyo alrededor se dispone un halo más extenso, de unos 10 minutos de arco de diámetro. A 214 aumentos llama la atención, usando visión periférica, que a ambos lados del núcleo la nebulosidad es más densa, dando la sensación de que el núcleo es más bien ovalado. Algunas estrellas lo rodean a una distancia prudencial, y en un primer momento podríamos jurar que es totalmente irresoluble. Pero no hace falta más que esperar un momento para notar los primeros centelleos, una estrella brillando en la periferia, otra un poco más cerca del núcleo… Una veintena de astros titilan tímidamente a lo largo de su superficie, algunos prácticamente rozando el núcleo, que con la visión adaptada adquiere un aspecto enormemente granujiento. Desde latitudes más meridionales, sin duda, debe ser aún más espectacular.

NGC 1851

Pero no acaba aquí lo que la paloma tiene que ofrecernos, y es que muy cerca de NGC 1851 hay dos interesantes galaxias, a menos de 3º de distancia hacia el oeste. NGC 1808 es una bonita espiral barrada situada a nada más y nada menos que unos 40 millones de años luz. Es una galaxia que está sufriendo un elevadísimo brote estelar desde hace unos 100 millones de años, con una gran cantidad de cúmulos y material nebuloso que se dispone en sus brazos espirales. Es una gran fuente de radio, probablemente debido a la emisión por supernovas, habiendo aparecido la última de ellas en 1993. En su núcleo reside un agujero negro supermasivo que es el responsable de la expulsión de grandes chorros de gas y polvo hacia el exterior, catalogándose por tanto como una galaxia de tipo Seyfert.

Foto NGC 1808

Visualmente es una galaxia brillante, con una magnitud de 10, y alargada, con una longitud de casi 6 minutos de arco. Al ocular de 13 mm es perfectamente visible sin ningún esfuerzo, destacando un núcleo brillante y puntual, que con mirada indirecta aparece alargado en el sentido de la galaxia. Sus bordes están bien definidos, con cierta forma ovalada, aunque no hay rastro de la presencia de sus brazos en espiral. Ni la latitud ni la abertura son suficientes para ello. Aun así, es de esas pocas galaxias que “saltan” del ocular sin ningún esfuerzo, y no es difícil imaginarla como una espiral algo inclinada respecto a su eje central, mirándonos desde la lejanía.

NGC 1808

Muy cerca de NGC 1808 se encuentra otra galaxia, NGC 1792, que parece haber sido la responsable de alterar la estructura de la anterior. De hecho, ambas galaxias estuvieron en contacto hace millones de años, quedando pequeñas alteraciones en sus brazos que lo demuestran. Un ocular de amplio campo podrá abarcarlas a la vez, mostrando una bonita imagen a la vez que inusual. NGC 1792 es, en muchos sentidos,The Starburst Spiral Galaxy NGC 1792 similar a su compañera. Se sitúa un poco más lejos, a 44 millones de años luz, y es una espiral barrada, aunque su núcleo es más tenue que la anterior. Mide unos 70.000 años luz de diámetro y su superficie se encuentra formada por hasta cinco brazos espirales, plagados por multitud de regiones HII de formación estelar.

Al telescopio NGC 1792 es, quizás, menos llamativa que su compañera. Posee un tamaño prácticamente idéntico, así como también comparte su forma alargada, ligeramente ovalada. Sin embargo, el núcleo de NGC 1792 apenas destaca sobre el halo, de forma que es una mancha completamente homogéneo, sin ningún detalle que mostrar a la vista. De todas formas es interesante compararla con NGC 1808, y con ocular de bajo aumento nos parecerán dos gemelas separadas por unos escasos 40 minutos de arco.

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Ambas galaxias pertenecen a la nube de galaxias del Dorado, una gran estructura repleta de galaxias que escapan, en su mayoría, a la visibilidad de los habitantes del hemisferio norte. Podemos darnos por satisfechos por disfrutar de estas galaxias tan australes, aunque sea a través de la neblina que forma nuestra atmósfera.