El gran estallido de NGC 3631

La gente tiende a pensar que el universo es inmutable, que la única dinámica en el cielo viene dada por el movimiento de los planetas y la aparición esporádica de algún cometa. Nada más lejos de la realidad. Desde estrellas que se mueven a gran velocidad hasta nebulosas que van creciendo en el lapso de unos pocos años, el cosmos es una muestra constante de que nada permanece invariable. Uno de estos cambios, y quizás el más brusco y llamativo, es lo que conocemos como supernova, y estos días tenemos la oportunidad de observar una de ellas si disponemos de un telescopio de amplia abertura.

Para comprender qué es una supernova, antes debemos tener claro el “metabolismo” de una estrella. Toda estrella se mantiene por el equilibrio entre dos fuerzas, una que va del interior al exterior, la fusión nuclear, y otra que tiende a empujar la materia hacia el núcleo, la gravedad. Los astros como nuestro sol están formados por una gran cantidad de hidrógeno, que continuamente se fusiona para formar helio, en un proceso que genera grandes cantidades de energía. De esta manera, el hidrógeno de la estrella va desapareciendo a medida que forma helio, un elemento más pesado y, por tanto, más difícil de fusionar. Una vez agotado el hidrógeno la fuerza que vence en esta lucha estelar es, momentáneamente, la gravedad, de manera que su masa sufre un breve colapso hasta que el aumento de presión en el centro reactiva a la estrella, haciendo que el helio comience a fusionarse para formar elementos más pesados aún como el carbono o el oxígeno. De nuevo, una vez que el helio se termina la estrella sufre un nuevo colapso, y en estrellas de masa similar a nuestro sol no hay suficiente masa como para reactivar de nuevo el proceso de fusión. Sin embargo, estrellas mayores tienen suficiente masa como para que la presión aumente hasta el punto de que se puedan fusionar el carbono y el oxígeno, formando elementos aún más pesados, en una cadena cada vez más complicada de llevar a cabo. En estrellas con una masa 8 veces mayor que la del sol el hierro es el elemento que marca el final de la vida estelar. Es un elemento que, lejos de producir energía, necesita de grandes cantidades de energía para poder fusionarse, por lo que las reacciones exotérmicas se detienen. Entonces, el inmenso volumen estelar se colapsa rápidamente, una caída libre hacia el núcleo que produce, casi de manera instantánea, una densidad tan grande que la estrella “revienta” y expulsa sus capas externas a enormes velocidades. En este proceso la estrella adquiere un brillo millones de veces mayor, de manera que puede brillar más que la propia galaxia que la contiene.

Foto tycho

Continuamente hay supernovas visibles desde la Tierra, pero todas ocurren en otras galaxias y, por lo tanto, no son visibles a simple vista. Contamos con el testimonio histórico de algunas supernovas que sí ocurrieron en nuestra propia galaxia, como la que ocurrió en 1054 y formó la Nebulosa del Cangrejo, o la que en 1572 observaron Tycho Brahe y Jerónimo Muñoz en Casiopea. La última ocurrió en 1604, observada por Johannes Kepler, y desde entonces nuestra galaxia permanece en silencio, a la espera de ser sorprendida de nuevo por una de estas feroces llamaradas.

Mientras tanto no tenemos más que contentarnos con observarlas fuera de nuestra galaxia, y tenemos a diario un buen arsenal en el que elegir, si bien las accesibles a telescopios medios no son tan numerosas. La página http://www.rochesterastronomy.org/supernova.html muestra una lista con las últimas supernovas descubiertas, ordenándolas por magnitud visual, con lo cual podemos hacernos una idea de las que están a nuestro alcance. El 13 de marzo de 2016 fue descubierta por Ron Arbour una supernova de magnitud 14.6 en la galaxia NGC 3631, en la Osa Mayor. Dos semanas después, sigue siendo observable por cualquiera que disfrute de un cielo oscuro. En la siguiente imagen del granadino Juan Antonio Sánchez puede verse la supernova a la derecha del núcleo de la galaxia, como una pequeña estrella. Está hecha con un telescopio Vixen Visac de 200/1200 mm, y muestra además la interesante morfología de la galaxia.

SN2016bau_crop

NGC 3631, también denominada Arp 27, es una galaxia espiral que se sitúa a unos 50 millones de años luz de distancia. Se nos muestra casi totalmente de frente, por lo que podemos disfrutar de sus brazos retorcidos en cualquier fotografía de larga exposición. Visualmente, necesitaremos cielos muy oscuros y grandes aberturas para distinguirla en detalle. Su tamaño de 4.5 minutosFoto NGC 3631 de arco se corresponde con un diámetro total de 80.000 años luz, algo más de la mitad de la Vía Láctea, y ha sido víctima de otras 3 supernovas en el último siglo.

La observé el pasado martes 29 de septiembre desde un cielo suburbano relativamente oscuro, y saltó a la vista en el ocular de 13 mm rápidamente, como un núcleo brillante rodeado de un halo extremadamente difuso y débil. La mirada periférica ayuda a vislumbrarlo algo más extenso, pero ningún otro detalle es distinguible. Decidí usar 214 aumentos para oscurecer el fondo, con lo que el núcleo ganó en contaste al mismo tiempo que el halo se hacía aún más débil. Ninguna estrella, ninguna supernova se apreciaba en la etérea bruma galáctica. Mirada periférica, respiración relajada… Probé durante varios minutos estas técnicas para intentar cazarla, pero se resistía, probablemente debido a las cercanas luces de Granada, además de una atmósfera que no permitía usar cómodamente altos aumentos. Decidí dar el salto a los 300 aumentos, y fue entonces cuando noté, tras varios minutos, un diminuto punto que coincidía exactamente con las imágenes que había visto con anterioridad. En los momentos de estabilidad atmosférica una débil estrella aparecía tímidamente, desapareciendo unos segundos después, para volver a dar la cara con visión lateral.

NGC 3631

Mientras la veía ir y venir no podía salir de mi asombro. Somos capaces de ver galaxias enteras a enormes distancias, gracias al hecho de que son miles de millones de estrellas unidas entre sí. Por supuesto, ninguna de estas estrellas, ni siquiera las de M31, son visibles individualmente a través de nuestros ojos, pero allí estaba la supernova. Cuesta trabajo imaginar las dimensiones de esa explosión, y pensar que es capaz de viajar 50 millones de años luz para impregnar nuestra retina no deja de ser sobrecogedor. Desde nuestra cómoda situación es sólo un punto en el cielo, un punto débil, además, muy difícil de ver, que empalidece ante cualquier otro objeto de cielo profundo. Sin embargo, ser conscientes de que es la luz proveniente de una sola estrella que se encuentra, prácticamente, en el infinito, cambia sin duda las tornas.

5 Respuestas a “El gran estallido de NGC 3631

  1. Magnífico artículo, Miguel.

    Estamos ante una supernova tipo Ib. No son de las más brillantes ya que una serie de sencillos cálculos nos revelan la potencia de la explosión:

    Si se toma la supernova con magnitud aparente de 14,6 y según la fórmula…

    M = m + 5 – 5 × log d

    Donde M es la magnitud absoluta, m la relativa, y d la distancia en parsecs (NGC3631 está a 50 millones de años luz, unos 15300000 pcs)

    da M = -16,32 (Magnitud absoluta de la supernova)

    Como el Sol tiene M=5

    La diferencia lumínica es 2,512 elevado a 5-(-16,32), o sea,
    2,512 elevado a 21,32.

    Eso salen…340.000.000 de soles.

    Las tipo Ia llegan a decenas de miles de millones de soles.
    Podría parecer, pues, que esta supernova SN2016bau es muy débil, ¿verdad?

    Pues bien, esta explosión situada en Sirio (unos 7 años luz) brillaría en el cielo con magnitud aparente de -19,7.

    Nuestro sol nos ilumina a -26,7 y la luna a -12,6. Como estamos en escala logarítmica quiere decir que, situada en Sirio, nos iluminaría como cuando una nube tapa el sol.

    Solo que casi medio millón de veces más lejos.

    Menudo pepinazo.

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  2. Todo un lujo. Magnifica entrada Migue y muy bueno el comentario Salva, lo uno completa a lo otro y los dos, hacéis que me sienta realmente maravillado al entender un poquito mejor, como funciona todo esto. La inmensa distancia que suponen 50 M. de a/l. Si tenemos en cuenta que Próxima Centauri está a poco más de un pársec y que nos separan de ella unos 40 Billones de km… Uno se queda con un gran interrogante ¿¿es posible ver algo a esa distancia??
    Gracias amigos, hoy puedo entender algo más gracias a vosotros.

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  3. Salva, como ya te dije, muchísimas gracias por este pedazo de comentario, que aclara mucho la naturaleza de este objeto y nos permite entenderlo sin quebrarnos mucho la cabeza jeje

    ¡Un saludo!

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  4. Pingback: Nova en Escorpio | El nido del astrónomo

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