Preámbulo al infinito (1ª parte)

Cada una de las siguientes galaxias merecería ser protagonista por sí misma de un artículo en particular, pero a veces la caprichosa disposición en la esfera celeste hace más práctica su consideración como un grupo. La primavera trae consigo la mayor estructura cósmica que tenemos al alcance de la mano, el Cúmulo de Virgo, cuya vasta extensión puede hacer complicada su completa comprensión. Está formado por una gran cantidad de galaxias, entre 2.000 y 3.000, que se sitúan en torno a unos 60 millones de años luz de nosotros. Es el “cúmulo de los dinosaurios”, ya que cuando los fotones que ahora vemos salieron de sus galaxias, no hacía mucho que los dinosaurios se habían extinguido. En el cielo ocupa un área mayor de 8 grados de arco, y cualquier instrumento que observe la región en una noche oscura verá innumerables manchas blanquecinas atravesando el ocular. Un gran número de ellas están también al alcance de buenos prismáticos, y con un Dobson de 30 cm podemos ver cientos y cientos de universos. Ésta es la principal dificultad si queremos conocer el cúmulo de Virgo con propiedad, y para ello no hay nada mejor que hacerlo siguiendo algún método, patrón o camino preestablecido. De no hacerlo así, tendremos la sensación de perdernos entre mancha y mancha, y no sabremos si estamos dando vueltas sobre nosotros mismos.

La entrada de hoy, a modo de introducción, comienza alrededor de una agrupación de estrellas que marcan, a modo de portal, uno de los extremos de este laberinto galáctico. Es un asterismo que reside en los dominios de Coma Berenices, aunque la mejor manera de encontrarlo es a partir de Denébola o Beta Leonis. Denébola es una estrella de magnitud 2.10 que marca la cola del león. Es de tipo espectral A, más caliente y brillante que nuestro sol, y se ha descubierto a su alrededor un disco de polvo que podría estar gestando nuevos planetas. 5 grados al este encontramos, a través del buscador, la zona que nos ocupa hoy. Es un asterismo compuesto por 5 estrellas que adoptan la forma perfecta de la letra “T” o, más práctico, de un pico. A su alrededor se disponen algunas interesantes galaxias que aprovecharemos para estudiar, sirviendo como aperitivo antes de ahondar en el Cúmulo de Virgo.

Hoz de Leo

La primera que nos encontramos, si venimos desde Denébola, es M98 o NGC 4192, una galaxia con una historia turbulenta. Sabemos que el espacio está en continua expansión, por lo que todas las galaxias se alejan unas de otras. Sin embargo, M98 es de las pocas que tienen un desplazamiento al azul, es decir, parece acercarse hacia nosotros a 125 kilómetros por segundo. Este argumento ha servido a algunos autores para defender su hipótesis de que M98 no pertenece al Cúmulo de Virgo, sino que se dispone por delante de él. Sin embargo, no debemos olvidar que en los cúmulos de galaxias la proximidad entre ellas puede producir alteraciones en su movimiento, y esto parece ser lo que ha ocurrido con M98. Ya de por sí muestra signos evidentes de haber interactuado con otras galaxias, con regiones HII claramente visibles en cualquier fotografía, así como nubes oscuras de polvo y unos brazos en espiral ligeramente deformados.

Foto M98

De hecho, todo indica que M98 sufrió un encuentro con otra galaxia, M99, que ahora se encuentra a 1.3 millones de años luz de ella. La distancia que los separa es la mitad de la que nos separa a nosotros de M31, la Galaxia de Andrómeda, y volverán a interactuar en un futuro lejano, formando definitivamente una gran galaxia elíptica. M98 es una galaxia que se nos presenta inclinada casi 80º con respecto a su eje central, con dos brazos claramente discernibles dispuestos en el sentido de las agujas del reloj. Pertenece al tipo de galaxias de Núcleo Activo, con regiones HII altamente ionizadas en su región más interna. No se sabe a ciencia cierta si la ionización se debe a la formación de estrellas (algo relativamente inusual a nivel del núcleo) o a la presencia de un agujero negro supermasivo.

M98 es una galaxia de magnitud 10.1, con unas dimensiones de casi 10 x 3 minutos de arco. En noches oscuras puede ser vista a través de unos prismáticos estables, pero es con el telescopio como se muestra en todo su esplendor. A bajos aumentos aparece como una mancha alargada, bien definida, con un núcleo más brillante. A 214 aumentos la galaxia ocupa la mitad del campo, ofreciendo una imagen bien clara si observamos desde un cielo en condiciones. Además del núcleo más intenso podemos apreciar parte del halo más realzada, con forma de alas de pájaro que salen del mismo núcleo. Una brillante estrella acompaña a M98, única compañera a altos aumentos. Con mirada periférica y una buena adaptación podemos distinguir una región más brillante a un lado de las alas, correspondiente a una zona más densa de uno de los brazos de la galaxia. Es emocionante poder ver a través de unos espejos reminiscencias de esos mundos tan lejanos, aunque sea una mínima condensación en una delicada nube plateada.

M98

La siguiente galaxia en nuestro punto de mira nos va a hacer conscientes de todo lo que aún nos queda por conocer del universo y nos va a poner en contacto con un tema que todavía está en pañales: la materia oscura. Se trata de M99, denominada también NGC 4254 o la galaxia del Remolino (este último nombre puede ser polémico debido a que es compartido por varios objetos más). Es una curiosa galaxia espiral situada a unos 55 millones de años luz y que pasó al lado de M98, como ya hemos visto, hace unos 750 millones de años. De hecho, mientras aquella galaxia se acerca a nosotros, M99 se aleja a una velocidad de 2.400 km/s (casi un 1% de la velocidad de la luz). Esa velocidad es incluso elevada teniendo en cuenta la velocidad del Cúmulo de VirFoto M99go, que es de unos 1.200 km/s, pero ya sabemos que cuando tiene lugar una interacción entre dos galaxias la velocidad puede alterarse enormemente. La característica más llamativa de esta galaxia es, sin duda, la asimétrica disposición de sus brazos, con uno de ellos tan extendido que parece querer desprenderse. El motivo para explicar este comportamiento ha traído de cabeza a muchos astrónomos, buscando algo capaz de tirar de esas estrellas hacia el vacío intergaláctico.

La respuesta llegó en 2005, cuando un grupo de astrónomos descubrió una inmensa región de hidrógeno neutro que emitía radiación en ondas de radio. Su masa, deducida a raíz de su interacción con M99, era equivalente a 10.000 millones de soles, pero ni una sola estrella era visible. Este intrigante objeto fue catalogado como la primera presunta galaxia oscura, una importante aglomeración de gas y materia que apenas emite luz en el rango visible, denominada VIRGOHI21. ¿Qué es esa materia oscura que la forma? Lo único que se puede hacer es elucubrar al respecto. Podrían ser estrellas extremadamente frías que apenas emitan radiación, planetas, partículas desconocidas hasta ahora, neutrinos… En el tema de la materia oscura lo único que sabemos con seguridad es que existe, gracias a sus efectos gravitacionales. Recientemente el telescopio Hubble ha descubierto la presencia de algo más de un centenar de gigantes rojas, estrellas frías que se acercan al final de su vida. Hay gente que opina que VIRGOHI21 no es más que el resultado de la colisión de M99 con otra galaxia, una porción de la galaxia que salió despedida al espacio a raíz de la interacción, y que las galaxias oscuras no existen realmente como tal. A día de hoy no conocemos la respuesta a estos enigmas, pero no deja de ser interesante imaginar una exótica galaxia formada por materia que no podemos comprender aún. M99, además, ha sido testigo de 4 supernovas en el último siglo, apareciendo la última de ellas en 2014, con una magnitud cercana a 15.

Foto M99 detalle

M99 es una galaxia llamativa se mire por donde se mire. Con una magnitud de 10.4, es visible a través del buscador siempre y cuando la noche sea lo suficientemente oscura. El Dobson de 30 cm muestra sin ningún problema, a primera vista, el brazo extendido que tan bien la caracteriza. M99 adquiere, de entrada, una forma redondeada, que tras una atenta mirada comienza a mostrar irregularidades en su superficie. El famoso brazo sale del centro y se extiende en dirección opuesta a la brillante estrella, más visible con visión indirecta. Pero si le dedicamos un tiempo prudente la galaxia nos mostrará algunos de sus encantos. Por ejemplo, nos daremos cuenta que en realidad está formada por tres brazos. Uno de ellos, más débil, sale en dirección a la mencionada estrella, perdiéndose rápidamente en la negrura del cielo. Es más difícil, pero la paciencia será nuestra mejor aliada. No es fácil tampoco otro pequeño brazo que hace su aparición a un lado de la galaxia, y que se dirige hacia una pequeña estrella que parece rozar el halo galáctico. Pero hay un detalle que se ve más fácilmente que dicho brazo, y es un gran cúmulo de estrellas que reside en su extremo, una región HII denominada HK1, situada cerca la pequeña estrella. Su gran densidad hace que no sea difícil percibirlo, apareciendo como una pequeña condensación redondeada y de bordes difusos, más brillante que el resto del halo. M99 posee otras condensaciones, pero necesitarán de mayores aberturas o cielos más oscuros.

M99

Imaginemos por un momento la emoción de Lord Rosse cuando apuntó a M99 y distinguió una espectacular estructura en espiral, convirtiéndose dicha galaxia en la segunda “nebulosa espiral” que el astrónomo pudo ver. ¿Qué pensaría de esas delicadas curvas? ¿Qué explicación le daría su imaginativa mente? Seguramente nunca llegó a ser consciente de la inmensidad de lo que estaba viendo. Nosotros, en cambio, tenemos consciencia de lo que significa esa espiral, y no sólo eso, sino que incluso podemos imaginar, justo al lado, una masa oscura e invisible que arrastra hacia sí los brazos de su compañera, en un universo cada vez más exótico en el que la física no deja de sorprendernos cada día. El cosmos es un verdadero zoo galáctico, y no conocemos ni la mitad de sus animales.

4 Respuestas a “Preámbulo al infinito (1ª parte)

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