El cofre del cuervo (NGC 4361)

Las cuatro estrellas que forman el centro de la constelación del Cuervo, Corvus, se elevan en el cielo en las noches primaverales, acercando al aficionado muchos objetos interesantes. Hoy veremos una nebulosa planetaria que se encuentra guardada por estas cuatro estrellas como un tesoro.

Para encontrarla podemos partir desde Algorab o delta Corvi, la estrella de magnitud 3 que marca la esquina noreste de este curioso cuadrilátero. Es, en realidad, una estrella doble con una compañera de la octava magnitud a 24 segundos de arco, fácilmente resoluble con cualquier instrumento. La principal es de tipo espectral A, mientras que la secundaria es de tipo espectral K, por lo que su color anaranjado garantiza un bonito contraste cromático. Además, la emisión de infrarrojo de esta estrella secundaria indica la presencia de un disco circumestelar, la primigenia expresión de un sistema solar en formación. Por cierto, a simple vista podemos ver otra estrella muy cerca de Algorab. Se trata de eta Corvi, de magnitud 4.3, una estrella situada a 59 años luz de nosotros e interesante a su manera. No presenta estrellas secundarias ni un color curioso (es una estrella algo mayor que nuestro Sol, de tipo espectral F2). Sin embargo, recientemente se ha descubierto un disco de polvo que orbita a la estrella a 150 unidades astronómicas de distancia, estando las zonas internas libres de material, lo cual está en consonancia con la presencia de un sistema planetario que ha “barrido” el polvo en las regiones medias. Así mismo se ha detectado otro pequeño disco de polvo situado a apenas 3.5 UA de la estrella central, cuyo origen sigue siendo un misterio. Una explicación podría sostenerse en la presencia de planetesimales, restos de planetas que colisionan entre sí y acaban siendo atraídos por la estrella. Habrá que esperar para conocer su naturaleza.

Foto NGC 4361.jpg

Desde estas dos estrellas no tenemos más que descender 2 grados y medio hacia el interior de la constelación y nos encontraremos con NGC 4361. Es una nebulosa planetaria descubierta por Herschel en el siglo XVIII y catalogada inicialmente como una nebulosa difusa. Su tamaño relativamente grande, de hasta 2 minutos de arco, dio seguramente pie a ello. Esta planetaria es, sin duda, una maestra del disfraz, pues en algunas fotografías muestra dos prolongaciones de su núcleo con la forma de brazos de una galaxia espiral. Pero no nos dejemos engañar. En su interior aún lucha la estrella de magnitud 13 que ha generado esta confusión y va camino de consumirse en forma de enana blanca. Presenta una capa externa redondeada, relativamente homogénea, mientras que en su región interna muestra un flujo bipolar deformado por el viento estelar que produce. Estudios recientes han puesto en evidencia además la presencia de otros dos débiles chorros de gas que salen en sentido perpendicular, de forma que la nebulosa es realmente tetrapolar, como una cruz visigoda. Situada a unos 4000 años luz de distancia, su magnitud aparente de 10.9 la hace fácilmente visible a través de la mayoría de telescopios, e incluso de prismáticos en noches oscuras.

Una de las primeras cosas que llama la atención al ver esta nebulosa tras el ocular es su tamaño, mayor que gran parte de las planetarias que hemos observado. Ya a bajo aumento se percibe con forma ligeramente ovalada, presentando un gran brillo superficial. Es fácilmente visible con visión directa, y el campo de estrellas no es excesivamente pobre, teniendo en cuenta la región del cielo en que nos encontramos. Su alto brillo nos invita a probar oculares distintos, y a 214 aumentos la imagen es especialmente interesante. Con la visión completamente adaptada a la oscuridad comienzan a distinguirse, dentro de la esfera nebulosa, dos pequeñas protuberancias que salen de la zona más interna, que recuerdan vagamente a NGC 7009, la Nebulosa Saturno. Tras varios minutos estas prolongaciones se hacen más evidentes, como dos alas extendidas. La noche que vi NGC 4361 desde cielos verdaderamente oscuros no fui capaz de apreciar la “torsión” de este flujo bipolar, aunque el fuerte viento que soplaba no facilitaba la tarea. Habrá que probar en noches más calmadas y con una temperatura más agradable que invite a reposar la mirada sin prisa.

NGC 4361.png

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