La cara de Géminis (NGC 2392)

Si hay algo que uno va aprendiendo conforme ve más y más objetos celestes es que el cosmos es un artista caprichoso, dejándonos en ocasiones imágenes que desafían nuestra imaginación. La entrada de hoy habla sobre NGC 2392, conocida como la Nebulosa del Esquimal o Nebulosa del Payaso, una espectacular nebulosa planetaria que fue descubierta en 1787 por William Herschel. Pero antes de enfrascarnos en ella tenemos que parar en una estación a medio camino, una parada que merece la pena hacer para repostar energía.

Se trata de Wasat (del árabe “mitad”) o delta Geminorum, la estrella que nos servirá como referencia y que marca la cintura de uno de los gemelos. Es una interesante estrella triple con sus componentes más brillantes separadas 5.7 segundos de arco, situadas a 59 años luz de nosotros. La estrella principal, de magnitud 3.53, es de tipo espectral F0, una subgigante que va camino de convertirse en gigante a medida que consume su hidrógeno. Tiene, a su vez, una pequeña estrella orbitando a su alrededor a 0.20 segundos de arco. La estrella secundaria es una enana roja de tipo espectral K6 y magnitud 8.2, por lo que el contraste de colores está garantizado. Gira alrededor de sus dos compañeras a 100 unidades de arco, en un baile a tres que lleva ocurriendo desde hace más de mil millones de años.

Doble - Wasat.png

Wasat ha sido parte de la historia de la astronomía como testigo de uno de los eventos más importantes del siglo XX, y es que ocupa un lugar prácticamente en la elíptica, por lo que sufre acercamientos de planetas continuamente, incluso ocultaciones cada más tiempo (Venus la ocultará en 2420. No estaremos ahí para verlo, pero nada nos impide simularlo en algún programa informático). En 1930 fue testigo, como decíamos, del descubrimiento de Plutón, ya que el planeta enano se encontraba a apenas medio grado de arco de la estrella. Wasat fue, por tanto, portada de periódicos, libros y revistas que han pasado a la posteridad. Como quien visita un lugar histórico, intentemos rememorar la imagen de ese pequeño punto de magnitud 14 al lado de esta brillante estrella, y la emoción de Clyde Tombaugh cuando comprobó que, efectivamente, se movía con respecto a las estrellas.

Pluto

Después de visitar a esta histórica estrella no tenemos más que descender unos 2 grados al sureste para encontrar a NGC 2392. Su distancia es algo indeterminada, ya que según el método que se use el resultado varía en un rango entre 2.000 y 4.000 años luz. Lo que vemos en ella es una estrella en proceso de convertirse en enana blanca, proceso que comenzó hace unos 10.000 años, cuando la estrella pasó a ser una gigante roja, debido al agotamiento de sus reservas de hidrógeno. Al carecer de la energía suficiente, la estrella se enfrió, expandiéndose sus capas externas y formando una esfera a su alrededor. Algunos estudios defienden la presencia de un disco de material alrededor de la estrella, de forma que cuando se expandió el material más denso también lo hizo, convirtiéndose en esos filamentos de aspecto cometario que podemos ver en la fotografía. Acto seguido la estrella comenzó a colapsar, provocando fuertes vientos de millones de kilómetros por hora y la emisión de dos lóbulos gaseosos que salieron de forma bipolar. Desde nuestra posición no podemos ver los dos lóbulos independientes porque se sitúa de frente a nosotros, de manera que ambos se sobreponen y nos aparecen como una esfera rodeando a la estrella. De hecho, ni siquiera adoptan una forma completamente circular, sino que las fuertes corrientes de la estrella esculpen los lóbulos otorgándoles unos lados algo más rectilíneos. Estos mismos vientos son, al parecer, los responsables de arremeter contra el material que la estrella expulsó hace más tiempo, formando tras de sí una especie de cola que les da el aspecto de decenas de cometas apuntando al núcleo.

Foto NGC 2392

Por tanto, en esta cara estelar tenemos tres diferentes elementos reseñables. Por un lado la envoltura gaseosa, reflejo de la expansión de la estrella central a medida que se iba enfriando y convirtiendo en una gigante roja. Por otro, una especie de corona inmersa en la envoltura gaseosa, hecha de materiales más densos que formaban parte de un disco circumestelar y que vemos ahora “desde arriba”, erosionados por el viento estelar. Por último la región nebulosa central que está formada por dos lóbulos superpuestos desde nuestro punto de vista. Todos estos gases están siendo ionizados por la estrella central, que además guarda otra sorpresa. Estudios recientes del Instituto de Astrofísica de Andalucía han descubierto que la cantidad de rayos X emitidos por la nebulosa son demasiado elevados teniendo en cuenta los vientos emitidos por la estrella central, de lo que se infiera la existencia de una componente binaria que hasta ahora no ha podido ser observada por métodos directos. De esa manera finalizaríamos este interesante puzle, que se presta a su observación con instrumentos de cualquier abertura.

Es visible con prismáticos como una diminuta estrella de magnitud 10. Incluso modestos telescopios a bajo aumento no lograrán vislumbrar nada más que una pequeña estrella borrosa. Pero será al usar mayores aumentos cuando la nebulosa cobre vida, y una mayor abertura permitirá distinguir los rasgos internos que la hacen tan particular. Con el Dobson de 30 cm, a 125 aumentos la visión ya es soberbia. La estrella central brilla con fuerza, rodeada por un anillo gaseoso que, a su vez, se encuentra envuelto por una corona más débil. Sin embargo, la nebulosa nos pide usar más aumentos. A 300 aumentos la imagen es sobrecogedora. Nos damos cuenta, entonces, de la región central no es un círculo perfecto ni mucho menos, sino que forma una especie de trapecio con los bordes curvados. Una visión más atenta revela que el borde este trapecio se encuentra engrosado en algunos lados, y fuera de él encontramos la corona, separada por un pequeño pasillo oscuro alrededor de la nebulosa interna. Este pasillo oscuro al principio no se distingue, pero con un poco de esfuerzo y visión indirecta comienza a aparecer discretamente. La corona es circular, y con la visión adaptada se llega a percibir que no es perfectamente homogénea en su interior. En los momentos de mayor estabilidad aparece una especie de zona más densa en el lado superior del trapecio, opuesto a la estrella más brillante del campo. Dicha densidad da la sensación de ser algo “grumosa”, y sin duda contribuye a la imagen de esquimal que dan las fotografías, como si fuera la parte superior de la capucha del parka. El filtro OIII resalta todos estos detalles, de manera que sin él es bastante difícil poder ver esas condensaciones de la corona. Estoy seguro de que con mayor estabilidad atmosférica se apreciarán más detalles, y eso es lo bueno de la astronomía, que siempre va a haber ocasión para mejorar la observación.

NGC 2392

Un esquimal, un payaso, un león… Sea lo que sea que uno vea en ella, NGC 2392 es una pieza de museo única e irreproducible, muestra de lo dinámico que puede llegar a ser el cosmos.

3 Respuestas a “La cara de Géminis (NGC 2392)

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