Hacia el corazón de Auriga (2ª parte)

La segunda parte de este viaje por la constelación de Auriga nos lleva por algunos de sus más famosos cúmulos abiertos, cada uno con distinta personalidad, así como una interesante nebulosa que guarda un secreto en su interior. Nos daremos cuenta de que los cuatro cúmulos que mencionamos en este artículo tienen una distancia similar a nosotros, de poco más de 4.000 años luz, indicio de que forman parte de “algo” más grande. Ese algo es una inmensa nube molecular, llamada Auriga OB1, un gran área del espacio repleta de vida, entendiendo como tal grandes cantidades de gas que se enfrían y forman estrellas por doquier. Próximamente nos dedicaremos con mayor ahínco a entender con mayor globalidad estas regiones del cielo.

El otro día nos despedíamos con Berkeley 17, uno de los cúmulos más antiguos que conocemos en nuestra galaxia. No tenemos más que elevar el telescopio unos 3 grados al norte para que entre en el ocular otra joya, ésta mucho más evidente. Se trata de M36, uno de los grandes cúmulos del Cochero, que no fue descubierto por Messier, sino por Giovan Battista Hodierna (arquitecto, astrónomo y sacerdote italiano) a mediados del siglo XVII. M36 es, en cuanto a edad y componentes, muy similar a las Pléyades, y de hecho brillaría igual que ellas si no fuera porque se encuentra mucho más lejos, a unos 4.100 años luz, ocupando un espacio de unos 14 años luz, justo en el centro Foto M36 IRASde la asociación Auriga OB1. Sus 60 estrellas tienen una edad estimada de 25 millones de años, destacando entre ellas las de tipo espectral O y B. En concreto, destaca una llamativa estrella que posee un brillo 360 veces superior al del sol, una estrella tipo B2 con una magnitud de 9, la madre de esta interesante familia. Hay otro objeto curioso inmerso en M36, aunque quede fuera de nuestras posibilidades visuales. Se denomina IRAS 05327+3404, y es una joven y débil estrella, caliente, que emite un flujo de gas bipolar, probablemente en el transcurso de la gestación de un sistema planetario. En algunas imágenes de gran aumento aparece con aspecto cometario, con una cola de gas en uno de sus lados.

Hablando de sistemas planetarios, M36 se ha sumado al estudio de los llamados discos circumestelares o discos protoplanetarios, es decir, las estructuras primigenias formadas por gas y roca que rodean a las estrellas y derivarán en la formación de un sistema solar. Equipos de astrónomos han estudiado numerosas estrellas de M36 y de otros cúmulos para conocer el período que tarda en “madurar” este disco, completando la formación de sus planetas. Los resultados coinciden en otorgar a este lapso de tiempo una duración de unos 6 millones de años, De hecho, a los 3 millones de años la mitad de las estrellas ya han perdido su disco protoplanetario, un tiempo extremada y cosmológicamente muy pequeño. Aún hay más, y es que al parecer M36 engendró una estrella masiva de tipo OB que, hace 40.000 años, explotó en forma de supernova, dejando tras de sí una estela de gas que formó lo que hoy conocemos como Simeis 147, un gran remanente de supernova que abarca unos 3 grados en el cielo, y que recibe el nombre de Nebulosa Spaghetti, un interesante objetivo de observación en cielos especialmente oscuros y con aberturas generosas.

Foto Simeis 147.jpg

Se puede disfrutar de M36 desde un cielo urbano, pero para sacarle provecho es necesario un cielo oscuro, que nos revelará más de 50 estrellas de diferente brillo esparcidas por más de medio grado de arco. Llama la atención la disposición de muchas de esas estrellas en forma de parejas, destacando quizás un sistema binario cuyas componentes se separan tan solo por 10 segundos de arco. Hay unas 20 estrellas principales, más brillantes, con varias decenas más de fondo, titilando débiles en la lejanía. Sin duda, una visión sugestiva se mire con el instrumento que se mire.

M36.png

Dejamos atrás a este joven cúmulo para visitar a su primo mayor, M38, que se encuentra a apenas 2 grados al oeste. Cuando lo veamos a   través de nuestro telescopio quedaremos perplejos al comprobar que no es uno, sino dos cúmulos abiertos. Como si envidiara a M35 y NGC 5128, M38 forma una bonita pareja con NGC 1907.

El principal, M38 (o NGC 1912), se encuentra algo más alejado que M36, a unos 4.200 años luz, mientras que NGC 1907 se sitúa, al menos, a 4.500 años luz de distancia. ¿Significa esto que no hay relación entre ellos? Bueno, hay cierta discrepancia en esta materia. Algunos defienden que son dos cúmulos totalmente independientes, haciendo referencia a sus diferencias en cuanto a edad y localización. Otros sugieren, sin embargo, que se formaron en lugares distintos pero en la actualidad se están acercando entre sí, comenzando a interactuar poco a poco. Apoyan su teoría en los movimientos de las estrellas, que parecen apuntar en dicha dirección, de forma que estaríamos asistiendo a la unión de dos cúmulos totalmente distintos.

M38 posee un tamaño de unos 25 años luz, entre los que se esparcen  un centenar de estrellas de diferente brillo. Sus componentes tienen una edad de unos 220 millones de años, edad más que respetable para un cúmulo pero que palidece al lado de otros como Berkeley 17. Su compañero, NGC 1907, tiene unas 30 estrellas dispuestas en un espacio similar a M38, pero su edad media es de unos 500 millones de años, de ahí su tonalidad más amarillenta. Juntos, estos dos cúmulos forman una bonita estampa digna de admirar a bajo aumento en estas noches invernales. Para que entren ambos cómodamente necesité el ocular de 24 mm, con un grado de campo de visión. M38 aparece a la izquierda, estacando una veintena de estrellas con la característica forma de la letra “pi”, mientras que decenas y decenas de estrellas enmarcan el símbolo ocupando un área mayor de 20 minutos de arco. Al igual que ocurre con M35, NGC 1907 aparece al borde del campo, como un pequeño manojo de diminutas estrellas muy unidas entre sí, con forma de esfera algo alargada por uno de sus extremos. Cuento unas 20 componentes, si bien el número exacto es difícil de definir por lo agolpadas que se encuentran.

M38.png

La última parada de este recorrido por Auriga nos lleva bastante más lejos. Salimos de la región OB1 para realizar una inmersión en la región OB2, al doble de distancia, y disfrutar de un cúmulo estelar asociado a una nebulosa, NGC 1931. Realmente, es el cúmulo el que recibe dicha denominación, siendo la nebulosa Sh 2-237, del catálogo Sharpless. A 7000 años luz de distancia, este objeto es conocido por ser una versión en miniatura de la Nebulosa de Orión. Por un lado comparte su naturaleza, pues es una nebulosa de emisión y de reflexión que brilla al ser ionizada por sus estrellas internas. Por otro lado, podemos encontrar un trapecio formado por cuatro de sus estrellas, fácilmente visible desde un cielo oscuro (la estrella de menor brillo es de magnitud 14). Sin embargo, todo el conjunto presenta un pequeño tamaño, de apenas 3 minutos de arco de diámetro, con lo cual necesitará de grandes aumentos para poder apreciarlo como se merece.
Foto NGC 1931

Recibe el nombre de la Nebulosa de la Mosca, y en fotografías destaca su color rojizo debido al hidrógeno ionizado, que parece perfilar la forma de dicho insecto. Dos de sus estrellas internar son las culpables de su ionización, con un tipo espectral B0. La edad de la mayoría de sus componentes es de 10 de millones de años, con lo cual podemos entender perfectamente que todavía posea la cubierta primigenia que las creó y que, probablemente, siga formando algunas estrellas. Descubierta en 1793 por William Herschel, el almirante
Smith la catalogó poco después como una “nebulosa resuelta”, manifestando de esta manera su creencia de que todas las nebulosas no eran más que aglomeraciones de estrellas irresolubles si no se contaba con la suficiente abertura. En 1986 un estudio estimó que la nebulosa se encuentra bastante más alejada que el cúmulo, si bien las fuentes son ambiguas al respecto. Teniendo en cuenta otras nebulosas de la zona, como Sh 2-231, Sh 2-232 o Sh 2-235, se encuentran a la misma distancia, cuesta trabajo apoyar dicho estudio, ya que cúmulo y nebulosa forman una pareja totalmente consistente con su entorno, totalmente en consonancia con una región OB.

NGC 1931

NGC 1931 ya es visible en el buscador como una diminuta mancha apenas perceptible, y es al telescopio cuando adquiere suficiente entidad. Aparece entonces como una nebulosidad indefinida rodeando a varias estrellas. A mayores aumentos, a 214x y 300x en mi caso, las estrellas internas se dejan ver sin ningún problema, destacando en el centro un cerrado trapecio. Uno de sus lados, el más corto, está formado por dos estrellas excepcionalmente juntas, que necesitarán de altos aumentos para poder desdoblarlas. La nebulosidad adquiere forma redondeada, de unos 2 minutos de arco de diámetro, y con la visión adaptada se aprecia una prolongación que llega hasta un par de estrellas cercanas, rodeándolas con su velo fantasmal, más fácilmente visible con visión periférica. No tiene, claro está, la magnificencia de M42, pero también es digna de admirar.

Auriga nos reserva aún otros objetos y muchas noches de viaje astronómico, aunque después de este recorrido podemos decir que la conocemos un poco más, sobre todo en su región más central. Todavía nos quedan cúmulos, estrellas y nebulosas de todo tiempo esperando a ser descubiertas. Sin ir más lejos, muy cerca de estos objetos se encuentra una impresionante nebulosa con dos renacuajos navegando a su través, pero de eso hablaremos el siguiente día…

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  1. Pingback: Rubí entre diamantes (M37) | El nido del astrónomo

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