Hacia el corazón de Auriga (1ª parte)

Auriga domina el cénit al comienzo de las noches invernales, haciendo alarde de impresionantes cúmulos abiertos y nebulosas difusas. Pero Auriga es mucho más que eso, y es que guarda para sí algunos objetos verdaderamente interesantes. Este capítulo, así como una futura segunda parte, es un acercamiento a la constelación recorriendo un camino definido, comenzando en la periferia y acercándonos cada vez más hacia el corazón.

Comenzaremos usando como guía a la estrella iota aurigae o Hassaleh, una gigante anaranjada que apenas tiene unos 40 millones de años de edad. Sin embargo, al parecer ya está fusionando helio y formando carbono, y en un lapso relativamente corto de tiempo podría explotar en forma de supernova o apagarse como una enana blanca gigante, ya que su masa se encuentra rozando el límite entre ambas opciones. Al oeste de Hassaleh veremos un grupito de estrellas que resaltan en el buscador. Al final de ellas, ayudándonos de un atlas, llegaremos a nuestra primera parada en este fascinante viaje. Se trata de Palomar 2, un objeto especialmente difícil que necesitará cielos oscuros y limpios para poder intuirlo al menos. Es uno de los 15 cúmulos globulares pertenecientes al catálogo Palomar y, como tal, podemos adivinar que no será especialmente brillante. Su magnitud de 13 es engañosa, ya que su brillo superficial es bastante menor.

Foto Pal 12

Palomar 2 es un cúmulo ciertamente atípico. Como sabemos, los cúmulos globulares se agolpan alrededor del núcleo de nuestra galaxia, a unos 20.000 años luz de media, de manera que por este motivo podemos ver tantos en las constelaciones de Sagitario u Ofiuco, ya que se sitúan, desde nuestra perspectiva, rodeando al núcleo. Sin embargo, Palomar 12 yace en el lado opuesto (a 170º) del núcleo, y a una distancia de 110.000 años luz. No llega a ser el más lejano (recordemos a NGC 2419), pero sí se lleva el premio de ocupar las antípodas galácticas respecto al núcleo. Su bajo brillo se explica también porque está oculto por una gruesa capa de gases, que disminuye su magnitud en 1.5. Es un globular de tipo IV, relativamente concentrado en su núcleo, aunque al observarlo por el telescopio no distinguiremos ningún gradiente.

Palomar 2.png

Con poco más de 2 minutos de arco, es todo un desafío lanzarse a su búsqueda, pero nada nos impide observarlo. La noche que lo observé me hice camino a través de algunas brillantes estrellas, pero hay un momento en el que hay que “saltar” y navegar en una zona con estrellas especialmente débiles, que hacen la búsqueda algo más difícil. Una vez en el campo no pude ver nada, sólo un trapecio de estrellas que, según el atlas, guardaban al consentido halo en una de sus aristas. Me armé de paciencia y usé mayores aumentos, usando el ocular de 5 mm, que me daba unos 300x. La atmósfera no estaba para tirar cohetes, pero los mantuve lo mejor que pude. Finalmente, con visión lateral, conseguí ver una mínima nebulosidad justo en el punto donde Palomar 2 debía estar. Poco después volví a percibirlo, extremadamente débil. No había ningún detalle que me sugiriera su naturaleza globular, y si me hubieran dicho que era una lejana galaxia me lo habría creído. En cuanto miraba de forma un poco más directa el cúmulo desaparecía de la vista, desvaneciéndose en la lejanía. No obstante, me di por satisfecho al poder tachar uno más de la lista Palomar, y con renovadas energías fui hacia el siguiente objeto.

Se encuentra cerca de Palomar 2, y es una bonita y débil nebulosa planetaria denominada Kohoutek 2-1 o PK 173-05.1. Su naturaleza, sin embargo, ha dado lugar a discrepancias, ya que ha sido catalogada como galaxia (PGC 16765) y como región HII (LBN 809). Sin embargo, sus características físicas, morfológicas, su estrella central de magnitud 18 y su alta respuesta al OIII hacen clara su distinción como estrella moribunda. Se encuentra a medio camino entre Hassaleh y Elnath, beta tauri (ojo, que esta última estrella es de la constelación de Tauro, a pesar de ocupar uno de los vértices del clásico pentágono de Auriga).

Kohoutek 2-1 tiene unos 2.3 años luz de diámetro, y se encuentra entre 3.000 y 4.000 años luz de nosotros. Su magnitud, de 13.8, habla en favor de su debilidad, pero después de Palomar 2 nos sabrá a gloria. Comparte campo en el ocular con un buen número de estrellas de diferentes brillos, y su tamaño de más de 2 minutos de arco la hace perfectamente visible a bajos aumentos. La mejor visión la obtuve con el Hyperion de 13 mm, a 125 aumentos. La nebulosa, en un principio, se mostraba como una débil mancha apenas visible con visión lateral. Sin embargo, el filtro OIII realza enormemente su brillo y deja apreciar sin dificultad su forma circular. En su interior tres estrellas se dejan mecer por la nebulosa, si bien es la perspectiva quien las coloca ahí, ya que, como hemos dicho, su estrella central es de magnitud 18, fuera del alcance de nuestros ojos.

Kohoutek 2-1

El último objeto de esta primera aproximación ostenta un importante récord. Es el cúmulo abierto más antiguo que conocemos, con una edad que supera los 10.000 millones de años, tan sólo comparable a NGC 6791 en Lyra, con el que rivaliza por el podio (lo abordaremos en verano). Al hablar de M67 vimos un poco de la evolución de los cúmulos abiertos, comprendiendo que a medida que pasan los años las estrellas de los cúmulos se van apagando o dispersando por el espacio. Las 400 estrellas que conforman Berkeley 17 han aguantado, estoicas, manteniéndose a través del tiempo como una gran familia. En cualquier fotografía resaltan sus colores anaranjados y rojizos, como corresponde a estrellas de avanzada edad. El débil brillo de sus componentes, sumado a su distancia de 8.800 años luz, no pondrá las cosas fáciles para observarlo a través de nuestros telescopios.

Foto Berkeley 17

Es un objeto de brillo superficial bajo, y a la hora de cazarlo deberemos ir pensando en una débil nebulosa difusa, tal será inicialmente su aspecto. Una vez en la zona, cerca de Elnath, me costó un poco situarme, ya que hay cientos de estrellas ocupando cada hueco del ocular. Cuando localicé el sitio exacto pude notar una débil nebulosidad a medio camino entre dos estrellas más brillantes. Tenía cierta forma alargada, y me recordaba a la textura de la Vía Láctea en las noches de verano, algo más débil. La imagen me inspiraba cierto respeto, como si estuviera contemplando a un anciano en sus últimos días. Con visión indirecta algunas estrellas saltaban a la vista a lo largo de nebulosidad, salpimentando toda su superficie de una forma apenas perfectible. A sus estrellas más débiles se les estima una magnitud 16, al alcance de un Dobson 30 cm en noches diáfanas. Sentí emoción cuando pude verlas, como diminutos peces salpicando agua en un lejano estanque, como copos de nieve que caen sobre una piedra y aguantan unos segundos hasta derretirse. Berkeley 17 no es un cúmulo espectacular, no es llamativo ni en su forma ni en su composición, pero no debemos olvidar que estamos contemplando un verdadero fósil, una pieza de museo que debería enaltecernos con tan sólo intuirlo en ese rincón del cielo.

Berkeley 17

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