El exótico sueño de una noche de invierno (NGC 5128)

En la última entrada hablábamos de NGC 4038 y NGC 4039, dos galaxias en plena colisión en Corvus. Hoy el protagonista es el resultado de una colisión entre galaxias, la última fase de esta interacción de proporciones colosales. Pensaba hablar de NGC 5128, también llamada Centaurus A, unas semanas después, pero la repentina aparición de una supernova hace dos días, exactamente cuando la vi a través de mi telescopio, me ha animado a adelantar su publicación.

Foto NGC 5128 grande.jpg

Con unos 60.000 años luz de diámetro, NGC 5128 es lugar de residencia de más de un trillón de estrellas, cantidad desmesurada si la comparamos con las 400.000 de nuestra Vía Láctea. Forma parte de un grupo de galaxias presidido por ella misma y por M83, y a su vez pertenece, al igual que nuestro Grupo Local, al Supercúmulo de Virgo. Fue descubierta en 1826 por el escocés James Dunlop Foto NGC 5128 Dunlop(e inmortalizada en un dibujo), y podemos entender su asombro al catalogarla como una “nebulosa doble”, idea que se mantuvo hasta bien entrado el siglo XX.

NGC 5128 se sitúa a una distancia entre 10 y 15 millones de años luz de nosotros (según los últimos estudios más cerca de los 13 millones). Es una galaxia que ha traído de cabeza a los astrónomos por sus peculiares características morfológicas. Denominada también Caldwell 77 y Arp 153, esta galaxia es la representación de un acto de canibalismo cazado in fraganti. La principal componente es una gran galaxia elíptica (aunque hay cierta discrepancia, con algunos defensores que la catalogan como lenticular) y la que ha servido de alimento es una galaxia espiral que se halla inmersa en su interior. No podemos verla directamente, pero podemos contemplar todo lo que ha formado a su paso. Tras la colisión, que comenzó hace entre 200 y 700 millones de años, se ha producido una enorme proliferación estelar en todos los rincones, siendo más evidente en las regiones centrales, donde podemos observar una banda oscura que divide en dos a NGC 5128, formada por partículas de polvo y gas frío. Esta banda es otra muestra de la violenta conjunción galáctica. En la siguiente imagen podemos contemplar cómo se encuentra poblada por cúmulos y grandes nebulosas, regiones HII en las que se están gestando estrellas.

Foto NGC 5128 centro

NGC 5128 esconde, en su núcleo, un agujero negro supermasivo con una masa que se estima entre 100 millones y 1.000 millones de soles, condensada en un tamaño tan minúsculo como nuestro sistema solar. A su alrededor la materia va girando cada vez más rápido a medida que las partículas son atraídas por él, formando un disco de acreción, y cuando están lo suficientemente cerca son despedidas por los polos a velocidades ingentes, alcanzando en algunos puntos la mitad de la velocidad de la luz. Estos jets bipolares se alejan rápidamente del núcleo alcanzando una distancia de hasta 800.000 años luz. A su paso calientan la materia y producen una gran cantidad de rayos X y ondas de radio, convirtiendo a Centaurus A en una de las fuentes de ondas de radio más cercanas a nuestra galaxia. En esta fotografía, obtenida en rayos X, destaca uno de los jets que salen del agujero negro, en el centro, así como múltiples puntos brillantes que corresponden a estrellas de neutrones o pequeños agujeros negros de masa estelar que pueblan la zona central.

Foto NGC 5128 jet

En 1986 fue condecorada con la presencia de una supernova, y hace dos días, el 8 de febrero, se descubrió una segunda supernova de tipo II, denominada SN2016adj. Este tipo de supernovas se forman cuando el núcleo de la estrella contiene mayoritariamente hierro y níquel, elementos que, lejos de producir energía, necesitan un aporte extra de energía para su fusión. Debido a ello, la estrella pierde la fuerza que la mantenía estable, y la gravedad no encuentra obstáculo alguno, de manera que toda su materia comienza a colapsar hasta el punto de destrozar los electrones de su núcleo, que comienza a emitir fotones altamente energéticos, llevando consigo una explosión de magnitud colosal. SN2016adj ha tenido lugar junto a una brillante estrella en la banda oscura central, y en un primer momento se le estimó una magnitud de 15.2. Sin duda esa gran explosión supondrá un nuevo empuje para la formación estrellas, reanudando el ciclo infinito de los cielos.

Observé NGC 5128 en una fría noche de febrero desde los cielos oscuros de Sierra Nevada, en Granada, a 2.500 metros de altura. Una capa de oscuras nubes bajas tapaba la ciudad, haciéndola totalmente invisible desde la montaña. A las 5 de la madrugada la galaxia debía alcanzar su punto más alto, así que me dispuse a buscarla, luchando contra un fuerte viento que no daba tregua. Era la primera vez iba a verla, así que notaba por dentro esa emocionante tensión de “la primera vez”. Sonreí cuando pude apreciarla sin ningún problema en el buscador, casi lindando con la cima del Veleta. Puse la vista tras el ocular y ahí estaba, esa increíble mancha blanquecina, redondeada, con la oscura barra central que la dividía en dos partes perfectamente diferenciadas. Intentando controlar la respiración, me dediqué a absorber con la mirada cada uno de esos fotones que alcanzaban mi retina, maravillado por poder contemplar un objeto que nunca había pensado ver desde mi latitud. Siempre había visto NGC 5128 en los libros, en fotografías, pero en ese momento era real… Decidí subir los aumentos. La atmósfera no me permitía enfocar con precisión, y de hecho las estrellas aparecían como pequeñas bolas engrosadas, pero aun así contemplé la galaxia con 214 aumentos, entre turbulencia y turbulencia. Ocupando la mitad del ocular, me centré en la barra oscura, notando que no era, ni mucho menos, totalmente recta. Describía una pequeña curva en su lado izquierdo, abarcando a una pequeña estrella, para ensancharse después progresivamente hacia el exterior. No podía imaginar que justo al lado de esa débil estrella ya podía verse la recién formada supernova, aunque estando tan baja en el horizonte me habría resultado totalmente imposible distinguirla. Desde una latitud más baja, sin duda, sería posible cazarla con un telescopio de 12 pulgadas, siempre que el cielo fuera lo suficientemente oscuro.

NGC 5128

Reticente, me despedí de la galaxia del Centauro con la sensación de haber cumplido un sueño (y no uno pequeño), con el deseo renovado de viajar a regiones más sureñas para poder contemplarla en condiciones y hacer justicia al espectáculo que nos ofrece. Luego me dispuse a buscar el cúmulo globular Omega Centauri, 4 grados más al sur, pero esa es otra historia…

2 Respuestas a “El exótico sueño de una noche de invierno (NGC 5128)

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