Galaxias en Leo (M95, M96 y M105)

El cosmos está plagado de galaxias que, a modo de edificios, se encuentran repartidos por todo el espacio, agrupándose en aldeas, pueblos, ciudades, países… De forma equiparable, podemos ver grupos de galaxias, cúmulos, supercúmulos, cuyo nexo de unión principal es la gravedad. En el cielo de primavera el protagonista es el Supercúmulo de Virgo, una inmensa población de galaxias compuesta por millones de miembros que se disponen con forma de un disco de 200 millones de años luz de diámetro. Más de 100 grupos o cúmulos de galaxias pueblan su espacio, destacando en el centro el Cúmulo de Virgo, el cual abordaremos más adelante y con el detenimiento que merece. Hoy nuestro objetivo es uno de estos grupos, o al menos parte de él. Es el Grupo Leo I, un conjunto de galaxias situadas a unos 38 millones de años luz, entre las que destacan tres objetos Messier: M95, M96 y M105. Tiene unos 8 componentes brillantes y otra decena de miembros más pequeños y débiles, todos ellos unidos a su vez con el Subgrupo de M66, el famoso Triplete de Leo.

Pero, antes de enfrascarnos en tan largo viaje, calentaremos motores con un objeto atractivo a la par que sencillo de ver. Hablamos de 46 Leonis, una estrella supergigante roja que se encuentra a unos 4 grados al este del grupo de galaxias. Situada a 690 años luz de distancia, brilla con una magnitud de 5.44, un brillo comparable a casi 900 soles como el nuestro. Su tamaño, de hecho, es 75 veces mayor que nuestra estrella, ya que sus capas externas se han expandido enormemente, haciendo que disminuya su temperatura (poco más de 3000º centígrados) y el color sea tremendamente rojo. Posee un espectro M1, llamando poderosamente la atención al mirarla tras el ocular. El campo que la rodea no es especialmente rico en estrellas; de hecho, prácticamente se encuentra sola en el campo de visión, pero ver ese punto brillante de tonalidad tan intensa resulta extrañamente cautivador. Aprovechemos si la noche es estable y pongamos un ocular de alto aumento. No nos costará ningún trabajo imaginar a esa enorme estrella roja flotando en medio del espacio a medida que atraviesa el campo de nuestro telescopio.

Centremos ahora nuestra atención en esta pequeña familia de galaxias. El grupo Leo I también se denomina Grupo de M96, lo cual da entender que esta galaxia es la más brillante, con una magnitud ligeramente mayor a 9. M96 fue descubierta por Méchain en 1781, junto a M95, y 4 días después Charles Messier apuntó con su telescopio a este interesante par. Con un diámetro de casi 100.000 años luz, presenta dos brazos espirales abiertos, con multitud de aglomeraciones de estrellas azuladas fácilmente visibles en fotografías de larga exposición. Varias galaxias pueden verse a través de su halo, por efecto de perspectiva, destacando en la siguiente imagen una espiral de perfil con una barra oscura que la atraviesa de extremo a extremo. El brillo tan intenso de su región central esconde dos barras que atraviesan su núcleo, una de ellas especialmente cercana al centro. Es en esta zona, de color amarillento, donde residen las estrellas de mayor edad, así como un agujero negro supermasivo que domina la dinámica central. En 1998 esta galaxia fue testigo de la explosión de una supernova que alcanzó la magnitud 11.8.

Foto M96.jpg

Unos 40 minutos de arco al este de M96 podemos ver a M95, quizás la más interesante de todas. Es una galaxia espiral de unos 46.000 años luz de diámetro, con una imponente barra central que alberga un núcleo brillante. Su halo da cobijo a unas 40 millones de estrellas, por lo que no estamos ante una galaxia precisamente inmensurable. Sus brazos, plagados de gas y regiones HII, con jóvenes estrellas azules, se disponen, a un nivel interno, en una interesante disposición anular, dotando a la galaxia de una apariencia similar a los TIE de la Guerra de las Galaxias. La mayor proliferación estelar se localiza a unos 2000 años luz del núcleo, formando otra estructura en anillo dominada por grandes cúmulos de estrellas. El telescopio Hubble observó sus variables cefeidas para confirmar la constante de Hubble (aquélla que relaciona la velocidad a la que se alejan de nosotros con su distancia), encontrando una distancia de 35 millones de años luz, lo cual parece en consonancia con los 41 millones de años luz a los que se encuentra M96.

Foto M95.jpg

En marzo de 2012 una supernova hizo su aparición en la galaxia, a menos de 2 minutos de arco del centro, con una magnitud 15. Tres días después, su brillo se elevó hasta alcanzar la magnitud 12, fácilmente visible con instrumentos de aficionado. Cuesta imaginar la cantidad de energía que se libera en estas cataclísmicas explosiones, capaces de hacer que un simple punto adquiera el mismo brillo que una galaxia entera.

La tercera notable galaxia de este grupo es M105, otra de las entradas póstumas de Charles Messier. Es la galaxia elíptica más brillante del grupo Leo I, con una magnitud de 9.3, y se encuentra rodeado por un enorme anillo de gas caliente (de 1.3 millones de años luz), invisible con nuestros instrumentos, que llega a rodear también a NGC 3384, otra galaxia elíptica que aparece a unos 7 minutos de arco de M105. Este anillo es una muestra de la interacción que tiene lugar entre estas galaxias, tan cercanas entre sí. De hecho, esta última galaxia, NGC 3384, estuvo una vez en contacto con M96, hace unos mil millones de años. Junto a M105 y NGC 3384, formando un triángulo, hay otra galaxia visible con instrumentos de abertura moderada, NGC 3373, un espiral que nada tiene que ver con sus compañeras, ya que se encuentra más lejos, a unos 64 millones de años luz de distancia.

M95, M96, M105

Para aprovechar la observación de esta familia galáctica merece la pena buscarlas bajo un cielo oscuro y limpio, entre invierno y primavera, cuando la constelación se encuentre casi en el cénit. Debemos buscarlas a medio camino entre Regulus y Denébola, donde caería el extremo de la pata trasera del león. El buscador de 10×50 muestra a M95 y M96 en noches especialmente diáfanas, apenas distinguibles, pero lo suficiente para avisarnos de su presencia. Todo cambia cuando miramos tras el ocular de nuestro telescopio. El Dobson de 30 cm sólo mostrará las cinco galaxias en un mismo campo si usamos un ocular de bajo aumento. A 65x apenas se aprecian detalles en los miembros. M95 y M96 presentan un halo algo más extenso que el resto, teniendo la última una forma más alargada. M105 destaca como una brillante esfera diminuta, acompañada de otras dos pequeñas manchas, más débiles, en disposición triangular. Usando oculares de mayor aumento en estas últimas no conseguiremos ver mucho más, como estamos acostumbrados con las galaxias elípticas. El halo crece un poco más y destaca el núcleo de M105 y NGC 3384 brillando en el centro. NGC 3373 en ningún momento deja de ser una débil nube indefinida, más fácilmente visible con visión lateral.

M95, M96, M105 detalles

M96 es bastante mayor, y ya de entrada destaca su perfil elongado, con el centro más brillante. A 214 aumentos, y con mirada indirecta, se comienza a intuir uno de sus brazos, que sale del núcleo en dirección opuesta a una brillante estrella que hay cerca de la galaxia. El otro brazo, que apunta a la estrella, es más débil, y se deja ver sólo con una adaptación completa a la oscuridad, en momentos en los que las turbulencias atmosféricas no entorpezcan la visión.

M95, a pesar de tener una menor magnitud, puede mostrarnos más cantidad de detalles si la noche es diáfana. Para empezar, a 300 aumentos, destaca con fuerza su núcleo redondeado, y la visión lateral revela rápidamente que se halla presidiendo una barra central que atraviesa el halo circular de lado a lado. Dedicándole unos minutos no es difícil distinguir que, en sus extremos, la barra se divide en dos líneas circulares que trazan la forma externa del halo, dando a la galaxia su característica forma de nave intergaláctica. No llega a formar un círculo completo, pues en sus zonas intermedias es demasiado débil, pero hay un detalle interesante que está al alcance del telescopio. En las fotografías de larga exposición podemos apreciar, en el borde de la galaxia, a unos 90º de la barra central, un pequeño punto brillante, que parece corresponder a una estrella de baja magnitud (de nuestra galaxia) y una región HII de M95 superpuesta junto a la estrella. Antes de saber que existía, varias veces pude notar un punto brillante en esa región, como una pequeña condensación. Efectivamente, no sabría decir si lo que se ve es la estrella o la región HII, pero sea como sea no deja de ser curioso y una prueba de la calidad del cielo en el que se observe. Ya podemos dejar descansar a este atractivo grupo de galaxias, queda mucho por ver en esta región del cielo.

M95

Quitémonos el sombrero (M104)

En la constelación de Libra, lindando con Corvus, encontramos una de las galaxias más fotogénicas que se pueden ver incluso con pequeños instrumentos. Hablamos de M104, una espectacular galaxia que hace gala de unos atributos muy peculiares. Para empezar, el cielo parece conocerla con creces, pues una serie de flechas van indicando el camino a seguir.

Foto M104 mapa

La primera de ellas está formada sobre Algorab o Delta corvi, la esquina noreste del cuadrilátero que forma el Cuervo. Unos 4º al norte podremos ver la saeta, con dos estrellas formando el penacho de plumas y tres formando la punta. Realmente no son tres, pues encontramos varias dobles entre ellas. La estrella del centro está compuesta por tres astros claramente diferenciables entre sí, siendo la del medio una triple muy interesante, denominada HIP 61465. Sus dos estrellas principales tienen una magnitud de 8 y están separadas por 27 segundos de arco, mientras que la tercera, más débil, Foto M104 Stargatepresenta una magnitud de casi 11 y se encuentra a unos 40 segundos de arco. Este curioso grupo, junto con el triángulo de brillantes compañeras que hay a su alrededor, forma un asterismo conocido popularmente como el “Stargate”, una especie de portal para viajar al hiperespacio que aparece en la serie de ciencia ficción “Buck Rogers”. Las 6 estrellas, en su conjunto, se catalogan como STF 1659. Merece la pena observar su atractiva forma a bajos aumentos, antes de seguir el recorrido hacia M104.

La siguiente parada es la segunda flecha del camino, la que señala directamente a nuestro destino. Se trata de otro pequeño asterismo en el que, a priori, destacan tres estrellas en línea recta. Una aproximación más atenta revela que la más brillante de ellas, en el extremo oriental, tiene una pequeña compañera a unos 40 segundos de arco de distancia, de magnitud 9, ambas conformando la parte posterior de la flecha. Son, respectivamente, HIP 61656 y HIP 61654, y a su vez forman parte del sistema conocido como Struve 1664, que engloba a otras dos estrellas cercanas y a la “flecha” en su conjunto.

Si seguimos esta pequeña flecha llegaremos, por fin, a la Galaxia del Sombrero. M104 es el primer objeto añadido al catálogo Messier de forma póstuma, cuando Camille Flammarion encontró, en 1921, unas anotaciones escritas por Messier describiendo un objeto que se correspondía con NGC 4594. Esta galaxia proporcionó, además, importantes pistas sobre la naturaleza extragaláctica de las galaxias, cuando Vesto Slipher, en 1912, descubrió que presentaba un importante corrimiento al rojo.

1200px-M104_ngc4594_sombrero_galaxy_hi-res.jpg

M104 es una peculiar galaxia que se encuentra a unos 28 millones de años luz de nosotros, y cualquier búsqueda sobre el tipo de galaxia al que pertenece supondrá, de entrada, ciertas dudas. En algunas publicaciones aparece como una galaxia espiral, mientras que en otras la definen como elíptica. ¿Quién tiene razón? Ambas la tienen, aunque pueda parecer imposible, pues la realidad es que la galaxia del Sombrero es el resultado de la interacción entre los dos tipos de galaxias, que tuvo lugar hace unos 9.000 millones de años. La mayor, una galaxia elíptica, ha “engullido” a una galaxia espiral, y las imágenes en infrarrojo nos muestran, efectivamente, el disco espiral en el centro galáctico. En la siguiente fotografía en infrarrojo podemos ver el disco que forma dicha galaxia espiral. Sus características son, por tanto, mixtas. En un primer momento nos podría parecer una espiral de perfil, con esa gran banda de polvo que la cruza por su ecuador, pero impresiona también el gran bulbo que rodea a su núcleo, mucho mayor de lo esperado en una galaxia espiral. De hecho, el bulbo es aún mayor de lo que muestran las fotografías, expandiéndose como una esfera que rodea todo el conjunto. Su gran barra de polvo, lejos de lo que pudiera parecer, es el principal asentamiento de la formación estelar, siendo el gas que la forma la materia primera para gestar estrellas.

Foto M104 IR

Con unos 50.000 años luz de diámetro, presenta un tamaño más pequeño que nuestra Vía Láctea, si bien su brillo es extremadamente intenso debido al gran número de estrellas que posee. Cerca de su núcleo se ha comprobado que las estrellas se mueven mucho más rápido de lo que deberían, a partir de lo cual se ha deducido la presencia de un agujero negro supermasivo. En la imagen obtenida por el Chandra, en rayos X, se aprecia el brillo central que emite el agujero negro, así como otras pequeñas fuentes que pueden corresponderse a agujeros negros estelares o estrellas de neutrones.

Sombrero Galaxy: A Great Observatories View

Otro dato llamativo de esta imponente galaxia es su gran población de cúmulos globulares, visibles en las últimas fotografías del Hubble. Mientras que nuestra galaxia cuenta con poco más de 150, M104 posee entre 1500 y 2000 cúmulos globulares a su alrededor, lo cual es más típico de galaxias con bulbos tan grandes. Al igual que en la Vía Láctea, se disponen en las zonas más cercanas al núcleo, disminuyendo su número en la periferia.

M104 es visible ya desde el buscador de 10×50 mm como una diminuta mancha difusa, a apenas 15 minutos de arco de la segunda flecha ya comentada. A bajos aumentos ya supone una magnífica visión, con un núcleo brillante rodeado por un halo alargado y con forma de huso, con los extremos cada vez más afilados. Presenta una longitud de casi 9 segundos de arco y una anchura de unos 3.5 segundos, y su magnitud de 9 nos permitirá usar mayores aumentos. Con el ocular de 7 mm, a 214 aumentos, la visión es sobrecogedora si el cielo es medianamente oscura. Ocupa la mitad del campo, acompañada de algunas estrellas brillantes, y su núcleo resalta con una intensidad que pocas veces he podido percibir en una galaxia. Se aprecia perfectamente redondeado, y a su alrededor una zona de menor brillo hace que se perfile el bulbo galáctico. Tiene forma ovalada, pero un rápido vistazo delata que no es perfectamente simétrico. Es más, queda totalmente patente que una franja negra delimita el bulbo e incluso el núcleo, dejando al otro lado una zona menor y más tenue, más fácilmente visible con visión lateral. La banda oscura no es rectilínea, sino que forma un ligero arco de lado a lado, como si arropara en su interior al brillante núcleo. La imagen, una vez tenemos la visión completamente adaptada, adquiere una tridimensionalidad capaz erizar el vello, y no es difícil darle profundidad a la imagen, situándola en unos lejanos 28 millones de años luz. Por supuesto, no vemos sus cúmulos globulares ni el disco interno perteneciente a la galaxia espiral; tampoco lo necesitamos para maravillarnos con una imagen que parece una fotografía en blanco y negro. M104 es, sin duda, una galaxia que ha ganado el derecho a ser visita obligada en el cielo primaveral. Y si podemos disfrutar de ella en la madrugada de una fría noche invernal, mucho mejor, su gélida atmósfera nos recompensará con un espectáculo difícilmente superable.

M104

Sobre M68 y estrellas de bario

El peculiar cuadrilátero que conforman las principales estrellas de Corvus va pregonando la llegada de un ejército de galaxias a todo lo largo del cielo, así como de otros objetos peculiares que pueblan el cielo de primavera. Hoy vamos a abordar un interesante cúmulo globular que se encuentra por debajo de la constelación, y, estrictamente hablando, pertenece a los dominios de Hidra. M68 es un cúmulo globular descubierto en abril de 1780 por Charles Messier (su descubrimiento se atribuyó, erróneamente, a Pierre Méchain), y resuelto en multitud de estrellas, como casi siempre, por William Herschel poco después.

M68 es un globular peculiar por varios motivos. Por un lado, como los cúmulos globulares “invernales” está en una dirección opuesta al centro galáctico, diferenciándose claramente de la mayoría de ellos que rodean el núcleo a una distancia cercana. M68 se encuentra, por el contrario a 60.000 años luz del centro galáctico, y a unos 33.000 años luz de nosotros. Teniendo en cuenta que nos encontramos a 27.000 años luz del núcleo de la galaxia, podemos inferir que M68 se encuentra prácticamente a 180º. Presenta un bajo brillo superficial, ya que sus 100.000 componentes se encuentran poco concentradas, considerándose un globular de tipo X (en una escala del I al XII, según la concentración de sus estrellas).

Foto M68.jpg

Los cúmulos globulares son, como ya sabemos, cuerpos extremadamente antiguos que se formaron casi a la par que la galaxia. De ahí que su contenido en metales (metalicidad) sea bajo, ya que se crearon a partir de una masa gaseosa y no se vieron influenciados por supernovas u otros cuerpos que desprenden elementos metálicos al espacio. Pero M68 presenta una metalicidad del 0.6% de nuestro sol, baja incluso al compararlo con el resto de cúmulos globulares. De ahí, además de por su movimiento algo atípico, se ha deducido que M68 es “un regalo” que nos dejó alguna galaxia que la Vía Láctea devoró en el pasado, el recuerdo de otro mundo con características químicas algo diferentes.

Para encontrar M68 podemos tomar como referencia beta corvi o Kraz, una supergigante amarilla que brilla con la magnitud 2.65 y que está catalogada como una estrella de bario. Normalmente, una gigante roja o amarilla (estrellas relativamente frías) no tiene la energía necesaria para formar bario a partir de la combustión de otros elementos. La razón de presentar este elemento es su interacción con una estrella de carbono que ha contaminado su atmósfera, presentando bario y, eFoto Barion ocasiones, circonio. De hecho, en la mayoría de estrellas de bario se han encontrado enanas blancas orbitando a su alrededor, vestigio de la estrella donante que ha ido perdiendo su materia. Sin embargo, Kraz carece de un segundo componente orbital, con lo cual desbarajusta los esquemas en torno a este tipo de estrellas. ¿Cómo ha podido formar ese bario? ¿Tiene una enana blanca pero es demasiado pequeña para verla? Otro misterio más que el tiempo acabará por aclarar.

Como decíamos, descendiendo algo más de 3 grados hacia el sur llegamos a HR 4803, una cerrada estrella binaria con sus componentes separados por tan sólo 1.4 segundos de arco. De tipo espectral F, la primaria es de magnitud 5.4, mientras que la secundaria es de magnitud 11.3. Justo al este de la estrella doble podremos adivinar, con unos prismáticos, una pequeña esfera nebulosa, con un centro brillante y los bordes difusos, que no es ni más ni menos que M68.

La observé a 2.500 metros de altura en una noche donde el viento apenas dejaba un respiro. La oscuridad del cielo era espectacular, pero la mala calidad de la atmósfera también, con turbulencias allí donde pusiera la vista. Aun así, pude disfrutar de este interesante cúmulo globular entre ráfaga y ráfaga. A bajo aumento ya resulta evidente su naturaleza globular, una esfera nebulosa más brillante en el centro, con diminutas estrellas que se dejan ver por toda su superficie, preferiblemente en la periferia. Decidí subir a 214 aumentos, y entonces el cúmulo adquiere mayor entidad. Ocupaba unos 7 minutos de arco, algo menos que los 11 indicados en las bases de datos, pero sus estrellas periféricas eran demasiado débiles para mostrarse esa noche. Sin duda, en latitudes más meridionales, el tamaño del cúmulo será algo mayor. La zona central era más brillante, con un fondo blanquecino, pero no había ningún gradiente brusco. En lugar de eso, el brillo iba decayendo poco a poco a medida que sus bordes se internaban en la negrura del cielo. Las estrellas se resolvían sin ningún problema en su superficie, tanto en el núcleo como en la periferia, donde chisporroteaban en el límite de su visibilidad. M68 es uno de “esos cúmulos globulares” que, ni grandes ni pequeños, dejan un buen sabor de boca al dedicarles un poco de nuestro tiempo. ¿Lo mirarían con el mismo recelo en la galaxia de la que proviene?

M68

La perla de la luna

En el suroeste de la luna, en contraposición al Mare Crisium, destaca un pequeño mar redondeado que guarda alguna de las más sofisticadas formaciones de nuestro satélite. Mare Humorum es un mar de unos 380 km de diámetro que se formó hace 3.900 millones de años, en el período nectárico, por el impacto con un gran asteroide. La colisión hizo florecer grietas que bañaron con la lava interna la mayor parte de la cuenca formada, cubriéndola con más de 3 km de espesor, suavizando de esa manera su superficie. Alrededor de Mare Humorum se levantan formaciones elevadas que marcan el borde del cráter, y en su superficie pequeños cráteres han ayudado a conocer su edad.

Pero quizás la formación más interesante y llamativa de esta zona sea el cráter Gassendi, que corona el mar en su vertiente norte. Con unos 110 km de diámetro, escarpadas paredes bordean este cráter en cuyo centro se alzan tres picos, alcanzando uno de ellos los 1.200 metros. Esta formación central denota su origen por impacto. Su muralla en la región sur presenta una estrecha comunicación con el Mare Humorum. La “perla”, denominada Gassendi A, es un cráter de 33 km con altas paredes e irregularidades en su interior, con terrazas escalonadas y pequeñas montañas centrales. Al oeste, el cráter Mersenius, de unos 85 km de diámetro, se encuentra bañado por las sombras que dejan sus paredes occidentales, y es único cráter capaz de encarar al espectacular Gassendi.

Foto Luna Gassendi.jpg

Delimitando al Mare Humorum, al noroeste, podemos ver una larga grieta curvada, Rimae Mersenius, que va desde Gassendi hasta un pequeño cráter de 20 km de diámetro denominado Liebig G. Si continuamos descendiendo hacia el sur encontramos, en el borde del mar, un interesante cráter denominado Doppelmayer, de 65 km, cuyas paredes orientales han sido cubiertas con lava, de forma que resalta con más claridad su pared al oeste. Una alta montaña central domina el horizonte, fácilmente visible con el telescopio. Justo a su lado reside un curioso cráter fantasma con sus murallas apenas elevándose sobre el nivel de base, denominado Poiseux. De hecho, si los rayos solares no inciden mínimamente oblicuos resultará extremadamente difícil distinguirlo.

Luna - Gassendi.jpeg

Un poco hacia el sur destaca otro cráter parcialmente inundado por lava, Lee, de 41 km de diámetro, en estrecho contacto con Lee M, otro cráter aún menos profundo pero algo más ancho, con 77 km. El último componente de este grupo de cráteres es Vitelio, con 41 km de diámetro y unas paredes externas de casi 2.000 metros de altura. Alberga, además, una pequeña montaña central.

El borde oriental del Mare Humorum no es tan rico en detalles y formaciones llamativas, contando con pequeñas cordilleras salpicadas con algunos cráteres, poco visibles en este día lunar. Dentro de unos días el sol se pondrá volverá a salir en la luna y producirá las sombras opuestas a las que podemos ver hoy, dando un toque distinto a un mismo lugar. Sea como sea, el Mare Humorum nos invita a visitarle tan a menudo como podamos, descubriendo sus pequeños cráteres centrales y las grandes formaciones que pueblan su periferia.

Luna - Gassendi detalles

Una lejana familia (HCG 44 y Algieba)

Leo va alzándose más al comienzo de cada noche, no teniendo que esperar hasta altas horas de la madrugada para disfrutar de sus objetos. Hoy vamos a centrarnos en el pecho del león, que en vez de un corazón guarda dos tesoros a buen recaudo. Por un lado, Algieba, gamma Leonis, es la brillante estrella amarillenta que podemos ver por encima de Regulus. Por otro lado, una pequeña agrupación de galaxias brilla junto a Algieba, dispuestas a ofrecernos una agradable visita.

Empezaremos con Algieba, para ir adaptando la visión a la oscuridad y prepararnos para disfrutar del siguiente objetivo. La llamativa estrella no es tal, sino una estrella doble de componentes muy brillantes, con una magnitud de 2.28 y 3.51, respectivamente. Su nombre proviene del árabe “la frente”, a pesar de lo cual ocupa la zona de la melena que cae sobre el pecho del felino. Situadas a unos 130 años luz de nosotros, giran una alrededor de la otra completando una vuelta en más de 500 años. La principal es de tipo espectral K, con un diámetro 23 veces mayor que nuestro sol y una temperatura cercana a 4.500 grados kelvin. La estrella secundaria, algo más pequeña, es de tipo espectral G. Ambas son gigantes que han dejado de fusionar hidrógeno en helio, con lo cual la gravedad colapsa el núcleo mientras la envoltura gaseosa se va expandiendo, de ahí su gran diámetro. Dentro de unos miles de años tendrá suficiente energía para fusionar helio y transformarlo en elementos más pesados, continuando el ciclo habitual de las estrellas.

Se encuentran separadas entre sí por 4.6 segundos de arco, distancia fácilmente distinguible con la mayoría de telescopios. Aun así nos convendrá elegir una noche estable para disfrutar de ella. Veremos entonces dos estrellas brillantes y amarillentas, una levemente mayor que la otra, que a bajos aumentos parecen tocarse, separándose en cuanto colocamos un ocular de mayor aumento. La mejor imagen la obtuve con el ocular de 7 mm, a 214 aumentos, ambas refulgiendo con la fuerza de las estrellas gigantes. En la menor componente, por cierto, se ha descubierto un planeta situado a poco más de una UA (unidad astronómica) de distancia. Podría parecer similar a la tierra, pero la realidad es que tiene un diámetro más de 8 veces superior al de Júpiter, por lo que la vida allí no debe de ser precisamente sencilla. De todas formas la imaginación puede elucubrar muchas posibilidades. Quién sabe si en un gigante gaseoso tan enorme habrá capas de su atmósfera con una temperatura estable y elementos que permitan la formación de moléculas orgánicas…

Doble - Algieba.png

De Algieba damos un breve salto, moviendo el telescopio tan sólo 2 grados al norte, “cuello arriba”, si bien estamos viajando millones de años luz en la realidad. Hickson 44 es un grupo de galaxias cuya distancia se estima entre 60 y 100 millones de años luz, y al menos 3 de sus componentes son fácilmente visibles con aberturas moderadas. El catálogo Hickson es un compendio de 100 grupos compactos de galaxias publicado en 1982 por Paul Hickson, siendo el más famoso el Quinteto de Stephan, o Hickson 92. El que nos ocupa hoy, HCG 44, está formado por NGC 3185, NGC 3187, NGC 3190 y NGC 3193. Las tres últimas conforman, a su vez, el grupo conocido como Arp 316.

Foto HCG 44.jpg

NGC 3190 es la galaxia principal, ocupando el centro del grupo, una espiral vista de perfil que exhibe una prominente banda oscura de gas, claramente visible en la siguiente fotografía del Hubble. Mide unos 75.000 años luz de diámetro, aproximadamente la mitad que la Vía Láctea, y muestra signos de estar interactuando, especialmente con NGC 3193.

Foto NGC 3190

Ésta última es una galaxia elíptica, la segunda de mayor brillo en esta pequeña familia, con un diámetro de unos 2 minutos de arco. En las fotografías de larga exposición se aprecia un reguero de polvo brillante entre NGC 3190 y NGC 3193, un río de estrellas que ambas galaxias están compartiendo. La vista desde un planeta situado alrededor de ellas sería, sin duda, majestuosa. Sin embargo, la componente más llamativa por su forma es, probablemente, NGC 3187, una espiral barrada deformada con los brazos muy abiertos, casi a 90º de la prominente barra central, debido a la interacción gravitatoria con la galaxia principal. En sus brazos podemos observar un gran número de pequeñas condensaciones, regiones HII y cúmulos abiertos, prueba de la actividad proliferativa que está teniendo lugar en ella. Es la componente más débil del grupo, con una magnitud estimada entre la 13 y la 14. La cuarta componente de HCG 44, que se encuentra excluida de Arp 316, es NGC 3185, una espiral barrada con sus brazos en disposición circular. La familia la rematan otras dos pequeñas galaxias, PGC 86788 y PGC 2806871, visibles tan sólo en fotografías.

Hickson 44

La observación visual de Hickson 44 no es difícil si la noche es oscura. Cuando busqué estas galaxias con mi Dobson 305 mm, lo primero que vieron mis ojos de forma llamativa fueron NGC 3190 y NGC 3193. La primera ocupaba el centro del ocular, brillante, con una silueta alargada y un núcleo brillante que destacaba sin dificultad. NGC 3193, un poco más abajo, era una esfera perfecta con el núcleo más intenso, difuminándose conforme se alejaba hacia los bordes. Creo que es uno de los ejemplos más ilustrativos para diferenciar entre ambos tipos de galaxias (lo sería más aún si NGC 3190 estuviera de frente y mostrara sus brazos con claridad). NGC 3185, un poco más lejos, también se ve sin mayores problemas, una pequeña mancha difusa y de forma circular, con un núcleo menos brillante que en las anteriores. NGC 3187 es, con diferencia, la galaxia más esquiva de la familia, apreciándose con visión lateral muy cerca de NGC 3190. Al principio sólo distinguía una pequeña nebulosidad, pero prestando un poco de más atención pude distinguir su forma fina y alargada, bien definida, aunque los brazos se escapaban a mis ojos. Sin duda, una peculiar e interesante familia de universos a la que visitar en más de una ocasión.

Hickson 44 detalles

Guardados por la hidra

Hidra es la constelación más extensa que podamos observar en el cielo (si bien no la más brillante), asomando la cabeza por el cielo de invierno y con la cola en pleno cielo de primavera. Así, a medias entre dos estaciones, Hidra recorre el cielo llevando en su lomo a Corvus y Crater. Estas tres constelaciones se relacionan en la mitología griega. Apolo tenía a un cuervo como sirviente, y lo envío a recoger agua. El cuervo descansó a mitad de camino, y como excusa por la tardanza trajo a Apolo una culebra de agua, alegando que le había retrasado. El dios se dio cuenta del engaño y, enojado, lanzó a la culebra, al cuervo y a la taza de agua al cielo, donde se convirtieron, respectivamente, en las constelaciones de Hidra, Corvus y Crater. Estos griegos no saben qué inventar, pero debía ser fascinante escuchar esas historias hace más de dos mil años, en una época en la que los dioses y la magia estaban de moda.

Foto hidra.jpg

Los tres objetos de este capítulo se sitúan alrededor de la región central del gran monstruo, y comenzaremos con una pequeña pero bonita nebulosa planetaria. A medio camino entre Puppis y Alphard, la alfa de Hidra, encontramos a NGC 2610, una pequeña planetaria de magnitud 12.8. La noche que abordé su observación una creciente luna iluminaba el cielo desde el oeste, pero aun así no me resultó difícil verla como una pequeña esfera de apenas 1 minuto de arco, visible con visión directa pero más evidente con mirada periférica. Como planetaria aislada es interesante, pero lo más llamativo es que parece tener una piedra preciosa engarzada en su reborde como si fuera un anillo. La gema es una estrella de la magnitud 11.5, no muy brillante pero en una posición muy acertada, convirtiendo una débil planetaria en una pequeña joya. Y no es la única que veremos hoy…

NGC 2610.png

El siguiente objetivo es una galaxia, una gran espiral situada a unos 41 millones de años luz. En fotografías de alta resolución muestra una pequeña barra en torno a su núcleo, más brillante, y al menos 6 brazos que se arremolinan hacia el exterior. Numerosas regiones HII pueblan toda la zona, aunque son más evidentes en uno de sus lados, sugiriendo una posible interacción con alguna otra galaxia en el pasado. Foto NGC 2835Fue descubierta en 1884 por Wilhelm Tempel, y  su magnitud de 10.3 la pone al alcance de la mayoría de instrumentos, incluso de unos prismáticos bien firmes en un cielo oscuro.

NGC 2835 se encuentra unos 12 grados al este de NGC 2610 y la noche que la vi, a pesar de la luna, resaltó desde el primer momento con el Hyperion de 13 mm a 125 aumentos. Destacaba un núcleo más brillante con un halo de forma alargada, disminuyendo de intensidad conforme se alejaba de la periferia. Con visión lateral sus dimensiones aumentaban de tamaño, alcanzando unos 5 minutos de arco en su lado mayor. No pude ver indicios de ningún brazo. Quizás necesite una noche más oscura, sin luna, o simplemente mayor aumento del espejo del telescopio. Sea como sea, la imagen de una galaxia siempre llama la atención cuando “se ve con la mente”, no necesitando distinguir los brazos para notar esa sensación de vértigo.

NGC 2835.png

El último de la lista es un objeto tremendamente fotogénico. Si decíamos que NGC 2610 es una pequeña anillo, la nebulosa que nos ocupa ahora, Abell 33, es la más maravillosa alianza que puede haber en el cielo. El Very Large Telescope, en el desierto de Atacama, Chile, capturó este objeto dando lugar a una de las imágenes de nebulosas planetarias más exquisita que pueda existir. Abell 33 se encuentra a unos 2.700 años luz de distancia, y posee una superficie perfectamente simétrica, una esfera expandiéndose a través del especio a partir de una pequeña enana blanca que se acerca a la magnitud 16. El efecto del anillo se consigue gracias a la estrella HD 83535, que con una magnitud de 7 deslumbra ante cualquier objetivo, rozando el borde engrosado de la nebulosa. En fotografías de larga exposición pareciera que es un sol amaneciendo tras una pompa de jabón. Suaves irregularidades se pueden apreciar en el interior de Abell 33, fruto de las corrientes que provoca la estrella central mientras realiza sus últimas espiraciones

Foto Abell 33

Abell 33 tiene una magnitud de 13.4, pero su extensión de más de 4 minutos de arco de diámetro hace que el brillo superficial sea extremadamente bajo. Cuando me dispuse a verla la Luna aún no se había marchado del todo, pero quise intentarlo de todas formas. Una vez localizado el sitio exacto no conseguí ver absolutamente nada, tan sólo la estrella HD 83535 acompañada de algunas más poblando el ocular a 125 aumentos. Probé con distintos aumentos, pero el resultado fue el mismo. Cuando volví a colocar el Hyperion de 13 mm, sin embargo, la adaptación a la oscuridad me permitió notar “algo” ocupando el centro del ocular. De entrada no pude definir lo que era, es simplemente la sensación de que algo de aspecto brumoso está justo delante, tan débil que es apenas imperceptible. Entonces coloqué el filtro OIII, y ese “algo” cobró forma drásticamente, manifestándose como la característica esfera de las fotografías. Seguía siendo extremadamente débil, pero entonces su presencia era evidente. Con visión periférica se apreciaban sin mucha dificultad sus bordes perfectamente definidos, desapareciendo en cuanto fijaba la mirada. En los momentos de mayor estabilidad y con la vista relajada, la imagen era extremadamente clara, si bien no pude notar sus irregularidades internas. No obstante, ver esta joya en el cielo ya es suficiente motivo para apuntar a ella en las frías noches de invierno. El tiempo que le dediquemos, sin duda, merecerá la pena.

Abell 33

Hacia el corazón de Auriga (1ª parte)

Auriga domina el cénit al comienzo de las noches invernales, haciendo alarde de impresionantes cúmulos abiertos y nebulosas difusas. Pero Auriga es mucho más que eso, y es que guarda para sí algunos objetos verdaderamente interesantes. Este capítulo, así como una futura segunda parte, es un acercamiento a la constelación recorriendo un camino definido, comenzando en la periferia y acercándonos cada vez más hacia el corazón.

Comenzaremos usando como guía a la estrella iota aurigae o Hassaleh, una gigante anaranjada que apenas tiene unos 40 millones de años de edad. Sin embargo, al parecer ya está fusionando helio y formando carbono, y en un lapso relativamente corto de tiempo podría explotar en forma de supernova o apagarse como una enana blanca gigante, ya que su masa se encuentra rozando el límite entre ambas opciones. Al oeste de Hassaleh veremos un grupito de estrellas que resaltan en el buscador. Al final de ellas, ayudándonos de un atlas, llegaremos a nuestra primera parada en este fascinante viaje. Se trata de Palomar 2, un objeto especialmente difícil que necesitará cielos oscuros y limpios para poder intuirlo al menos. Es uno de los 15 cúmulos globulares pertenecientes al catálogo Palomar y, como tal, podemos adivinar que no será especialmente brillante. Su magnitud de 13 es engañosa, ya que su brillo superficial es bastante menor.

Foto Pal 12

Palomar 2 es un cúmulo ciertamente atípico. Como sabemos, los cúmulos globulares se agolpan alrededor del núcleo de nuestra galaxia, a unos 20.000 años luz de media, de manera que por este motivo podemos ver tantos en las constelaciones de Sagitario u Ofiuco, ya que se sitúan, desde nuestra perspectiva, rodeando al núcleo. Sin embargo, Palomar 12 yace en el lado opuesto (a 170º) del núcleo, y a una distancia de 110.000 años luz. No llega a ser el más lejano (recordemos a NGC 2419), pero sí se lleva el premio de ocupar las antípodas galácticas respecto al núcleo. Su bajo brillo se explica también porque está oculto por una gruesa capa de gases, que disminuye su magnitud en 1.5. Es un globular de tipo IV, relativamente concentrado en su núcleo, aunque al observarlo por el telescopio no distinguiremos ningún gradiente.

Palomar 2.png

Con poco más de 2 minutos de arco, es todo un desafío lanzarse a su búsqueda, pero nada nos impide observarlo. La noche que lo observé me hice camino a través de algunas brillantes estrellas, pero hay un momento en el que hay que “saltar” y navegar en una zona con estrellas especialmente débiles, que hacen la búsqueda algo más difícil. Una vez en el campo no pude ver nada, sólo un trapecio de estrellas que, según el atlas, guardaban al consentido halo en una de sus aristas. Me armé de paciencia y usé mayores aumentos, usando el ocular de 5 mm, que me daba unos 300x. La atmósfera no estaba para tirar cohetes, pero los mantuve lo mejor que pude. Finalmente, con visión lateral, conseguí ver una mínima nebulosidad justo en el punto donde Palomar 2 debía estar. Poco después volví a percibirlo, extremadamente débil. No había ningún detalle que me sugiriera su naturaleza globular, y si me hubieran dicho que era una lejana galaxia me lo habría creído. En cuanto miraba de forma un poco más directa el cúmulo desaparecía de la vista, desvaneciéndose en la lejanía. No obstante, me di por satisfecho al poder tachar uno más de la lista Palomar, y con renovadas energías fui hacia el siguiente objeto.

Se encuentra cerca de Palomar 2, y es una bonita y débil nebulosa planetaria denominada Kohoutek 2-1 o PK 173-05.1. Su naturaleza, sin embargo, ha dado lugar a discrepancias, ya que ha sido catalogada como galaxia (PGC 16765) y como región HII (LBN 809). Sin embargo, sus características físicas, morfológicas, su estrella central de magnitud 18 y su alta respuesta al OIII hacen clara su distinción como estrella moribunda. Se encuentra a medio camino entre Hassaleh y Elnath, beta tauri (ojo, que esta última estrella es de la constelación de Tauro, a pesar de ocupar uno de los vértices del clásico pentágono de Auriga).

Kohoutek 2-1 tiene unos 2.3 años luz de diámetro, y se encuentra entre 3.000 y 4.000 años luz de nosotros. Su magnitud, de 13.8, habla en favor de su debilidad, pero después de Palomar 2 nos sabrá a gloria. Comparte campo en el ocular con un buen número de estrellas de diferentes brillos, y su tamaño de más de 2 minutos de arco la hace perfectamente visible a bajos aumentos. La mejor visión la obtuve con el Hyperion de 13 mm, a 125 aumentos. La nebulosa, en un principio, se mostraba como una débil mancha apenas visible con visión lateral. Sin embargo, el filtro OIII realza enormemente su brillo y deja apreciar sin dificultad su forma circular. En su interior tres estrellas se dejan mecer por la nebulosa, si bien es la perspectiva quien las coloca ahí, ya que, como hemos dicho, su estrella central es de magnitud 18, fuera del alcance de nuestros ojos.

Kohoutek 2-1

El último objeto de esta primera aproximación ostenta un importante récord. Es el cúmulo abierto más antiguo que conocemos, con una edad que supera los 10.000 millones de años, tan sólo comparable a NGC 6791 en Lyra, con el que rivaliza por el podio (lo abordaremos en verano). Al hablar de M67 vimos un poco de la evolución de los cúmulos abiertos, comprendiendo que a medida que pasan los años las estrellas de los cúmulos se van apagando o dispersando por el espacio. Las 400 estrellas que conforman Berkeley 17 han aguantado, estoicas, manteniéndose a través del tiempo como una gran familia. En cualquier fotografía resaltan sus colores anaranjados y rojizos, como corresponde a estrellas de avanzada edad. El débil brillo de sus componentes, sumado a su distancia de 8.800 años luz, no pondrá las cosas fáciles para observarlo a través de nuestros telescopios.

Foto Berkeley 17

Es un objeto de brillo superficial bajo, y a la hora de cazarlo deberemos ir pensando en una débil nebulosa difusa, tal será inicialmente su aspecto. Una vez en la zona, cerca de Elnath, me costó un poco situarme, ya que hay cientos de estrellas ocupando cada hueco del ocular. Cuando localicé el sitio exacto pude notar una débil nebulosidad a medio camino entre dos estrellas más brillantes. Tenía cierta forma alargada, y me recordaba a la textura de la Vía Láctea en las noches de verano, algo más débil. La imagen me inspiraba cierto respeto, como si estuviera contemplando a un anciano en sus últimos días. Con visión indirecta algunas estrellas saltaban a la vista a lo largo de nebulosidad, salpimentando toda su superficie de una forma apenas perfectible. A sus estrellas más débiles se les estima una magnitud 16, al alcance de un Dobson 30 cm en noches diáfanas. Sentí emoción cuando pude verlas, como diminutos peces salpicando agua en un lejano estanque, como copos de nieve que caen sobre una piedra y aguantan unos segundos hasta derretirse. Berkeley 17 no es un cúmulo espectacular, no es llamativo ni en su forma ni en su composición, pero no debemos olvidar que estamos contemplando un verdadero fósil, una pieza de museo que debería enaltecernos con tan sólo intuirlo en ese rincón del cielo.

Berkeley 17