Al este del Can Mayor

Hoy vamos a dedicarle otro capítulo al Can Mayor, una de las constelaciones estrella de esta temporada para aquéllos que cuenten con un horizonte sur despejado. En esta ocasión vamos a recorrer su vertiente más oriental, trazando un camino recto a la derecha de Murzim. Esta estrella, pese a ser la beta de la constelación, es la cuarta en brillo, y se sitúa a 500 años luz de nosotros. Es una estrella 10 veces mayor que nuestro sol, de tipo espectral B, es decir, joven y brillante con un tono blanco-azulado. Su nombre, árabe, significa “el heraldo”, y no podía ser más acertado, ya que su aparición en el cielo precede a la entrada magistral de Sirio. A medio camino entre ella y Beta monocerotis (podemos aprovechar para hacerle una visita) vamos a comenzar nuestro recorrido, con la estrella doble FR CMa.

Situada a más de 1.000 años luz, FR CMa es una estrella de magnitud 5.6, visible a simple vista en un cielo medianamente aceptable. Comparte con Murzim el tipo espectral, y su superficie arde a 25.500 grados centígrados (nuestro sol lo hace a “tan sólo” 5.000 grados). Es una estrella joven, de unos 14 millones de años de edad, pero cuando termine su vida lo hará probablemente en forma de supernova, ya que su masa es unas 12 veces mayor que la del sol. Su compañera es bastante más débil, de magnitud 9.7, y se encuentra muy cercana, a unos 3.9 segundos de arco. Con 125 aumentos ya puede apreciarse si la atmósfera permanece estable, apareciendo la secundaria de color blanquecino. No hay grandes contrastes aquí, pero no deja de ser interesante su cercanía y la gran diferencia de brillo. Por cierto, la estrella que aparece en el campo visual a la izquierda y arriba de FR CMa es HD 44394, una gigante roja de tipo espectral M que sí nos muestra un color rojizo mucho más vivo (se encuentra a 700 años luz).

FR CMa.png

Esta estrella doble es un buen punto de partida para encontrar IC 2165, una pequeña nebulosa planetaria que hace verdadero honor a su nombre. Está formada por dos capas principales de gas que han sido emitidas en distintas etapas de la evolución de su estrella central. Está dos veces más alejada que FR CMa, estimándose su distFoto IC 2165ancia a unos 2.500 años luz. Su magnitud es de 12.5, lo cual la pone al alcance de telescopios de pequeña-moderada abertura, si bien su observación presenta una desventaja, ya que su tamaño apenas llega a los 0.2 minutos de arco de diámetro. Por este motivo, a priori se confundirá con una estrella más, por lo que hay que conocer con precisión su localización. Una vez en el campo podemos interponer entre nuestro ojo y el ocular un filtro OIII, con lo que conseguiremos aumentar el contraste de la nebulosa, haciendo que el resto de estrellas disminuyan su brillo.

La noche que la observé pude notar su naturaleza “extraña” a 125x. Sigue presentando un tamaño mínimo, pero algo en su brillo la delata. Al poner el ocular de 5 mm, con 300 aumentos, pude apreciar ya sin ningún problema un pequeño disco perfectamente circular y homogéneo. Comprendí al instante la denominación “planetaria” que se les da a este tipo de objetos, porque esa pequeña esfera bien podría ser un lejano planeta similar a Neptuno o Urano. No alcancé a ver su estrella central, que brilla con magnitud superior a 15, pero siempre es agradable contemplar esta fase de la vida de las estrellas. Si estuviéramos más cerca de ella podríamos verla quizás muy parecida a NGC 1535, pero en la vida tiene que haber de todo, y para gustos los colores. No siempre vamos a ver anillos internos y formas extravagantes. De vez en cuando gusta ver una diminuta esfera flotando en el espacio.

IC 2165

Avanzamos ya hacia el sur, y a unos 2 grados de Murzim vamos a por el siguiente objetivo, aumentando así mismo la distancia de lo que vemos por el ocular. Ahora vamos a viajar a 8.600 años luz de la Tierra, topándonos con un bonito cúmulo de estrellas, NGC 2204, a las que su juventud todavía no ha dado tiempo de separarse. La familia sigue aún unida por la gravedad, esparcida por un espacio de unos 24 años luz. Al telescopio ocupa algo menos de 15 minutos de arco, y nos muestra unas 40 componentes de distinto brillo, con dos de mayor intensidad presidiendo el conjunto. El campo circundante plagado de estrellas y una débil neblina que se encuentra tras las estrellas del cúmulo hacen de NGC 2204 un objeto digno de visitar cuando recorramos estas zonas meridionales. La neblina, por cierto, no es la nebulosa que dio lugar a las estrellas, que ya se ha dispersado, sino el efecto conjunto de decenas de estrellas demasiado débiles y juntas para resolverlas con nuestros instrumentos.

NGC 2204

Vamos a finalizar la aventura dando un salto en el vacío, dejando a la Vía Láctea muy atrás para sentir el vértigo del cosmos, más concretamente a 90 millones de años luz. A esta distancia lo que vamos a ver, lógicamente, son galaxias, y en nuestro caso a una pareja de ellas, NGC 2211 y NGC 2212. Son dos galaxias elípticas de apenas 1 minuto de arco de diámetro. La más brillante es NGC 2211, con una magnitud de 12.7, mientras que NGC 2212, más débil, ronda la magnitud 13.5. NGC 2211 es la más evidente de las dos, y pude verla sin ninguna dificultad mientras buscaba NGC 2204, a 125 aumentos. NGC 2212 es más difícil de ver, tiene un brillo superficial más bajo. Para verla usé 214 aumentos, aumentando el contraste y apareciendo con visión periférica de manera más evidente, con una orientación perpendicular a su compañera, que con ese ocular muestra un núcleo más brillante y puntiforme.

NGC 2211

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