Dunas de luz en M78

Esta entrada va sobre un objeto que rompe esquemas, distinto a lo que le rodea y subyugado por su eterno antítesis. Al hablar de Orión casi nadie piensa en M78, esa pequeña nebulosa que se esconde en algún lugar sobre el Cinturón, y todas las miradas las acapara M42. Sin embargo, la primera no tiene nada que envidiarle a su compañera, aunque a los ojos de un telescopio no llegue a relucir como ella. Abriremos la entrada con una fotografía, que vale más que mil palabras:

Foto M78.jpg

Inmediatamente nos vemos obligados a reconocer que parece una imagen sacada de un libro de ciencia ficción, el portal a un mundo etéreo que esconde tierras extrañas bañadas por un sol cálido, y quizás… ¿agua? ¿Por qué no? Ese reflejo azul trae a nuestra mente imágenes de un océano escondido tras ese pórtico que envía su reflejo a través del humo. La imaginación puede perderse fácilmente haciendo elucubraciones sobre su naturaleza, y lo cierto es que la realidad es igual de apabullante. Esa masa de gases reside a unos 1.600 años luz de nosotros, en el Complejo Molecular de Orión, que ya nos sonará por anteriores entradas. Sin embargo, no encaja con el paisaje que hay a su alrededor, bañado por un mar de color rojo como estamos acostumbrados a ver en esta constelación. Ese tono rojizo no es más que el hidrógeno en forma de gas que se ha ionizado por la energía de las estrellas jóvenes y calientes que pueblan Orión, una de las guarderías estelares más cercanas a nosotros. M78, sin embargo, contrasta con ese magnífico color azulado que en cualquier fotografía llama poderosamente la atención.

M78 es un complejo de nebulosas en cuyo seno se han formado, y aún lo hacen, jóvenes estrellas azuladas que, con su luz reflejada en el gas, otorgan al conjunto ese agradable color. Es una nebulosa de reflexión, por lo tanto, que no ha llegado a ser ionizada todavía, por lo que simplemente transmite la luz de sus retoños. De hecho, M78 es la nebulosa de reflexión más brillante que podemos observar desde nuestro planeta. Mide unos 4 años luz de diámetro, y se encuentra rodeada por otras islas de luz muy similares, formando en su conjunto un paisaje celeste digno del mejor de los pintores.

Sus estrellas son jóvenes astros con un predominio de tipo espectral B (brillando por tanto con la llama más energética de color azul blanquecino) y soles similares al nuestro de tipo espectral G, amarillentos. Las estrellas más rojizas, y por ende de mayor edad, brillan por su ausencia. La mayoría de sus componentes son, sin embargo, invisibles a nuestros ojos, ya que se hallan escondidas tras la gran masa de gas. La siguiente imagen capta los detalles en infrarrojo, y en ella podemos apreciar las jóvenes estrellas que pueblan M78.

Foto M78 IR

Se han contado casi 200 estrellas en su seno, aunque las principales responsables de su resplandor son HDE 38563A y HDE 38563B, dos estrellas jóvenes de magnitud 10 y tipo espectral B, separadas por tan sólo 2.3 segundos de arco, que podemos ver con cualquier telescopio. Entre sus componentes encontramos también 45 estrellas variables similares a las T Tauri, que varían de brillo periódicamente, probablemente como parte de su proceso de formación. Algo más podemos encontrar también en M78, como prueba de su relativa juventud. Hasta 17 de sus estrellas se han asociado a cuerpos de Herbig-Haro. Como recordamos de otras entradas (NGC 1999 y NGC 1333), son estrellas jóvenes que, debido a la rápida rotación de su material de formación, emiten jets o chorros de materia de forma bipolar que van adentrándose en el espacio con formas contorneadas e irregulares a gran velocidad. De hecho, Herbig-Haro 24 fue publicado como APOD el 18 de Diciembre del pasado año, y es una de las imágenes más espectaculares que podemos observar de este fenómeno. Dediquemos unos momentos a impregnar nuestros ojos con los jirones de gas que rodean a esa pequeña y amarillenta estrella, viendo como salen esas inmensas columnas de luz hacia lados opuestos. Sobran las explicaciones…

Foto M78 HH24.jpg

Aún hay más, y es que M78 guarda otra sorpresa descubierta hace muy poco. En 2004, el astrónomo aficionado Jay McNeil hizo una fotografía de M78 con un modesto telescopio de 8 cm de diámetro. En ella pudo comprobar una zona de gas brillante que no aparecía en anteriores imágenes. Rápidamente dio la voz de alarma y se comprobó que, efectivamente, había surgido de forma inesperada una nueva y pequeña nebulosa. La causa de este fenómeno parece residir en el aumento de brillo brusco de una de las estrellas que iluminan la zona que, a modo de mechero, iluminó el gas que le rodeaba, en una erupción estelar de proporciones considerables. Otra explicación podría ser una envoltura de material que girase sobre la estrella responsable, de forma que al pasar de largo permitiera que iluminara su vecindario. Curiosamente, remontándonos varias décadas atrás, se ha podido comprobar que dicha nebulosa se captó en fotografías de la década de los 60, si bien luego permaneció apagada durante cuarenta años. Un misterio aún sin resolver que resalta la importancia que puede tener el astrónomo amateur a pesar de los grandes equipos profesionales. Estas palabras de McNeil, justo después de su descubrimiento, transmiten totalmente su emoción: “La idea de que algo visto por primera vez con mi telescopio de 3 pulgadas, que uno puede sujetar fácilmente con una mano, sería observado 48 horas después por un instrumento de 342 toneladas era absolutamente asombrosa”.

Foto M78 Mc Neil

Tras esta tarjeta de presentación de M78 y su entorno, ya estamos listos para abordarla con nuestros instrumentos. Es, como decíamos, la nebulosa de reflexión más brillante que podemos ver, y como tal se aprecia fácilmente en el buscador, situada sobre Alnitak. Una manera fácil de encontrarla es abarcar con la mirada el cinturón de Orión, y luego recorrer esa misma distancia a partir de Alnitak, en perpendicular hacia el norte. No nos será difícil distinguir una pequeña mancha difusa que brilla con magnitud aparente de 8.3. Cualquier telescopio nos mostrará, en un cielo oscuro, el cuerpo principal de M78, ese portal del que hablábamos al principio, con una forma semicircular, casi podríamos decir que “en abanico”, con la zona abierta perdiéndose en la negrura del cielo. Dos estrellas destacan en su interior. La más próxima al borde circular no pertenece a M78, sino que se encuentra mucho más cerca de nosotros. La otra, de magnitud 10.4, es la que comentábamos anteriormente, HDE 38563, la principal responsable del iluminar la nebulosa. Es una estrella doble con sus componentes separados 2.3 segundos de arco. La noche que realicé el dibujo las turbulencias de la atmósfera no me permitieron desdoblarla, aunque no es especialmente difícil por encima de 100 aumentos si la estabilidad es buena.

M78

Con mi Dobson de 30 cm la nebulosa se aprecia con un tamaño algo mayor y deja de ser la única mancha que se puede observar en el campo. Al menos otras tres nebulosas se dejan ver sin mayores dificultades. La más evidente de ellas es NGC 2071, englobando a una estrella brillante al norte de M78. Tiene cierta forma alargada, más extensa con visión lateral. Casi rozando a M78 hay un triángulo de estrellas más débiles, una de las cuales también aparece inmersa en una muy débil nebulosidad sin límites definidos. Se trata de NGC 2067, y se encuentra al otro del espacio oscuro que se aprecia en fotografías. La nebulosa más débil que alcancé a ver fue NGC 2064, una pequeña y difusa mancha que puede pasar fácilmente desapercibida. Al principio no conocía su existencia, y cuando la vi por el rabillo del ojo mientras dibujaba el resto pensé que era sugestión o algún efecto óptico. Tras dedicarle un momento más detenido pude comprobar que era real, y no especialmente difícil siempre y cuando la adaptación a la oscuridad sea adecuada. Los filtros no ayudaron a ver la imagen más clara, ya que no son útiles para las nebulosas de reflexión. El ojo es el único filtro que necesitamos aquí.

M78 detalles

Después de ver las magníficas imágenes fotográficas, es fácil sentirse decepcionado, sobre todo si observamos con instrumentos de baja abertura. Sin embargo, tenemos que aprender a ver con la mente, siendo conscientes de cada elemento que vemos por el ocular. Intentemos verlo con la profundidad de lo que realmente es, como un paisaje en el espacio que se deja ver a medias, ofreciendo más a medida que le dediquemos más de nuestro tiempo. Al final cada minuto que pasamos frente al ocular, acumulando frío en el cuerpo, son fotones que nuestro ojo va captando. Nunca llegaremos a verlo con el detalle de una fotografía, pero la sensación de estar viéndolo en directo es algo que ninguna pantalla puede ofrecernos.

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