Extraño en casa (M79)

El otoño es una estación especialmente escasa en cúmulos globulares, aunque el invierno nos va dejando caer algunos de ellos paulatinamente, con lo cual podemos quitarnos el “mono” de este tipo de objetos. El que nos ocupa hoy es M79, un interesante globular que se encuentra en la constelación de Lepus (la Liebre), justo por debajo de Orión. Es muy fácil de encontrar siguiendo la línea que forman sus dos estrellas más brillantes hacia el sur, doblando su distancia.

Foto M79

No hay dos cúmulos globulares iguales, y M79 difiere, además, de la inmensa mayoría que podemos observar desde nuestros telescopios. Si bien casi todos los globulares a nuestro alcance pertenecen a nuestra galaxia, M79 es un extraño cuyo origen es extragaláctico. Pertenece a los dominios de la Galaxia Enana del Can Mayor, una pequeña galaxia que está siendo devorada por la Vía Láctea y es considerada la más cercana a nosotros, por delante de la Galaxia Enana de Sagitario. Se encuentra a unos 25.000 años luz de nosotros, y sus estrellas se hayan dispersas por un área enorme en forma anular, dejando una estela alrededor del núcleo de la Vía Láctea. A ella pertenece M79, así como NGC 1851, NGC 2298 y NGC 2808, así como otros cúmulos abiertos que abordaremos más adelante. La visión de la galaxia propiamente dicha nos está vetada por la interposición del disco de nuestra galaxia, que hace de pantalla.

Foto Dwarf Canis Mayor.jpg

M79 es una aglomeración de miles de soles dispuestos en una esfera de 117.5 años luz de diámetro, con una densidad que aumenta enormemente hacia el centro, en el que se produce un fenómeno conocido como colapso nuclear, con una altísima condensación. Sus estrellas son muy antiguas, pero algo menos que los cúmulos de nuestra galaxia. Mientras que estos últimos suelen tener más de 12.000 millones de años de edad, a M79 se le atribuyen 11.7000 millones de años, nada despreciable de todas formas. Predominan en ella las estrellas de espectros anaranjados y rojizos, si bien también se encuentran algunas “azules rezagadas” o blue stragglers, de las que ya hablábamos en otras entradas. Estas estrellas azules se forman, según se cree, tras una colisión entre dos estrellas, que producen una “reactivación” de la estrella y aumento de su energía producida, adquiriendo el tono azul característico de cuerpos más jóvenes.

Este cúmulo globular cuenta con dos importantes desventajas de cara a su observación: por un lado, se sitúa detrás del plano galáctico, con lo cual una inmensa cantidad de polvo y partículas obstruyen su visión. Por otro lado, su situación demasiado hacia el sur dificulta su observación para los observadores del hemisferio norte, cuyos telescopios deben atravesar una cantidad mayor de turbulencias atmosféricas. Aun así, merece la pena dirigir nuestros instrumentos hacia él.

M79

Con prismáticos ya es visible claramente, al lado de una brillante estrella de magnitud 5.5, como una pequeña esfera brillante y perfectamente definida, con un núcleo más intenso que se va degradando hacia el exterior. Una visión al telescopio cambia totalmente el panorama. La noche que observé M79 la estabilidad atmosférica permitía usar altos aumentos sin perder mucha definición. A 125 aumentos pude resolver muchas de sus estrellas, pero fue a 214 cuando el cúmulo, sin lugar a dudas, se mostró en todo su esplendor. De entrada me recordó un poco a NGC 288, con sus estrellas relativamente débiles (comparado con otros globulares) y un gradiente débil del centro a los bordes. Sin embargo, pude ver una mayor cantidad de estrellas brillantes, principalmente en sus zonas más internas. El cúmulo ocupaba algo más de 5 minutos de arco, con una bonita forma esférica, enmarcado en un campo de estrellas que parecen flanquearlo. Una inmensa cantidad de astros chisporroteaban en toda su superficie, aumentando la cantidad con visión lateral. No aprecié un límite claro entre centro y corona, sino más bien un aumento progresivo desde la periferia hasta el intenso y brillante núcleo. Después de tanto tiempo sin ver un cúmulo globular, se agradece la oportunidad, aunque haya que luchar contra el grosor de la atmósfera. En pocos meses vendrán Ofiuco, Sagitario, Escorpio y esa cohorte de constelaciones que ofrecen la mayor condensación posible de estas gigantes poblaciones estelares. Poco a poco las iremos tachando de la lista.

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