Al este del Can Mayor

Hoy vamos a dedicarle otro capítulo al Can Mayor, una de las constelaciones estrella de esta temporada para aquéllos que cuenten con un horizonte sur despejado. En esta ocasión vamos a recorrer su vertiente más oriental, trazando un camino recto a la derecha de Murzim. Esta estrella, pese a ser la beta de la constelación, es la cuarta en brillo, y se sitúa a 500 años luz de nosotros. Es una estrella 10 veces mayor que nuestro sol, de tipo espectral B, es decir, joven y brillante con un tono blanco-azulado. Su nombre, árabe, significa “el heraldo”, y no podía ser más acertado, ya que su aparición en el cielo precede a la entrada magistral de Sirio. A medio camino entre ella y Beta monocerotis (podemos aprovechar para hacerle una visita) vamos a comenzar nuestro recorrido, con la estrella doble FR CMa.

Situada a más de 1.000 años luz, FR CMa es una estrella de magnitud 5.6, visible a simple vista en un cielo medianamente aceptable. Comparte con Murzim el tipo espectral, y su superficie arde a 25.500 grados centígrados (nuestro sol lo hace a “tan sólo” 5.000 grados). Es una estrella joven, de unos 14 millones de años de edad, pero cuando termine su vida lo hará probablemente en forma de supernova, ya que su masa es unas 12 veces mayor que la del sol. Su compañera es bastante más débil, de magnitud 9.7, y se encuentra muy cercana, a unos 3.9 segundos de arco. Con 125 aumentos ya puede apreciarse si la atmósfera permanece estable, apareciendo la secundaria de color blanquecino. No hay grandes contrastes aquí, pero no deja de ser interesante su cercanía y la gran diferencia de brillo. Por cierto, la estrella que aparece en el campo visual a la izquierda y arriba de FR CMa es HD 44394, una gigante roja de tipo espectral M que sí nos muestra un color rojizo mucho más vivo (se encuentra a 700 años luz).

FR CMa.png

Esta estrella doble es un buen punto de partida para encontrar IC 2165, una pequeña nebulosa planetaria que hace verdadero honor a su nombre. Está formada por dos capas principales de gas que han sido emitidas en distintas etapas de la evolución de su estrella central. Está dos veces más alejada que FR CMa, estimándose su distFoto IC 2165ancia a unos 2.500 años luz. Su magnitud es de 12.5, lo cual la pone al alcance de telescopios de pequeña-moderada abertura, si bien su observación presenta una desventaja, ya que su tamaño apenas llega a los 0.2 minutos de arco de diámetro. Por este motivo, a priori se confundirá con una estrella más, por lo que hay que conocer con precisión su localización. Una vez en el campo podemos interponer entre nuestro ojo y el ocular un filtro OIII, con lo que conseguiremos aumentar el contraste de la nebulosa, haciendo que el resto de estrellas disminuyan su brillo.

La noche que la observé pude notar su naturaleza “extraña” a 125x. Sigue presentando un tamaño mínimo, pero algo en su brillo la delata. Al poner el ocular de 5 mm, con 300 aumentos, pude apreciar ya sin ningún problema un pequeño disco perfectamente circular y homogéneo. Comprendí al instante la denominación “planetaria” que se les da a este tipo de objetos, porque esa pequeña esfera bien podría ser un lejano planeta similar a Neptuno o Urano. No alcancé a ver su estrella central, que brilla con magnitud superior a 15, pero siempre es agradable contemplar esta fase de la vida de las estrellas. Si estuviéramos más cerca de ella podríamos verla quizás muy parecida a NGC 1535, pero en la vida tiene que haber de todo, y para gustos los colores. No siempre vamos a ver anillos internos y formas extravagantes. De vez en cuando gusta ver una diminuta esfera flotando en el espacio.

IC 2165

Avanzamos ya hacia el sur, y a unos 2 grados de Murzim vamos a por el siguiente objetivo, aumentando así mismo la distancia de lo que vemos por el ocular. Ahora vamos a viajar a 8.600 años luz de la Tierra, topándonos con un bonito cúmulo de estrellas, NGC 2204, a las que su juventud todavía no ha dado tiempo de separarse. La familia sigue aún unida por la gravedad, esparcida por un espacio de unos 24 años luz. Al telescopio ocupa algo menos de 15 minutos de arco, y nos muestra unas 40 componentes de distinto brillo, con dos de mayor intensidad presidiendo el conjunto. El campo circundante plagado de estrellas y una débil neblina que se encuentra tras las estrellas del cúmulo hacen de NGC 2204 un objeto digno de visitar cuando recorramos estas zonas meridionales. La neblina, por cierto, no es la nebulosa que dio lugar a las estrellas, que ya se ha dispersado, sino el efecto conjunto de decenas de estrellas demasiado débiles y juntas para resolverlas con nuestros instrumentos.

NGC 2204

Vamos a finalizar la aventura dando un salto en el vacío, dejando a la Vía Láctea muy atrás para sentir el vértigo del cosmos, más concretamente a 90 millones de años luz. A esta distancia lo que vamos a ver, lógicamente, son galaxias, y en nuestro caso a una pareja de ellas, NGC 2211 y NGC 2212. Son dos galaxias elípticas de apenas 1 minuto de arco de diámetro. La más brillante es NGC 2211, con una magnitud de 12.7, mientras que NGC 2212, más débil, ronda la magnitud 13.5. NGC 2211 es la más evidente de las dos, y pude verla sin ninguna dificultad mientras buscaba NGC 2204, a 125 aumentos. NGC 2212 es más difícil de ver, tiene un brillo superficial más bajo. Para verla usé 214 aumentos, aumentando el contraste y apareciendo con visión periférica de manera más evidente, con una orientación perpendicular a su compañera, que con ese ocular muestra un núcleo más brillante y puntiforme.

NGC 2211

Intimidades de una vecina (NGC 1049, Hodge 2)

En estas noches invernales la débil constelación de Fornax se encuentra ocultándose hacia el oeste inexorablemente, pero si observamos a primera hora de la noche todavía estamos a tiempo de buscar por algunos de sus rincones. La Galaxia Enana de Fornax es una galaxia elíptica de unos 6.000 años luz de diámetro que orbita a nuestra Vía Láctea como un satélite, al igual que lo hacen otras galaxias enanas, como la de Sagitario o la del Can Mayor. Su magnitud visual de 9.3 puede resultar engañosa, ya que su brillo superficial se acerca más a la magnitud 17. Por ello, resulta hartamente difícil poder atisbarla con nuestros instrumentos, si bien aquéllos que dispongan de cielos paradisíacos en llanuras perdidas de África o islas remotas podrían intentarlo con mayor posibilidad de éxito.

La noche que observé la galaxia de Fornax la constelación se encontraba en plena campana de luz de Granada y tan cercana al horizonte que el tubo de mi Dobson 305 mm prácticamente estaba en horizontal. Aun así, quería echarle un vistazo antes de que se ocultara hasta dentro de unos meses, aun sabiendo que el resultado sería más bien pobre. Por supuesto mi objetivo no era la galaxia en sí, soy muy optimista pero tengo noción de lo imposible. No, otro de los alicientes que presenta esta galaxia, además de poder atisbarla, es conseguir cazar los cúmulos globulares que la rodean, de los cuales se conocen hoy en día seis. Ya de entrada es un dato curioso, pues las galaxias enanas no suelen tener cúmulos globulares a su alrededor, siendo la Enana de Fornax un curioso espécimen para estudiar. Normalmente, por acción de la gravedad, cabría esperar que los cúmulos globulares de Fornax hubieran sido ya devorados por su núcleo, y hasta hace poco no podía explicarse su persistencia en la periferia de la galaxia. Sin embargo, la materia oscura ha aparecido como salvadora de estos problemas, aportando estabilidad a los cuerpos de la galaxia con esa “atracción extra” que se necesitaba para explicarlo. De hecho, se estima que en las galaxias enanas la proporción de materia oscura es mayor al 90% de toda su masa, y que además, a diferencia de lo que se pensaba, no se encuentra acantonada en el núcleo, sino de forma dispersa por todo el volumen galáctico. Todavía quedan muchas cosas por descubrir respecto a este tema que nos tiene en pañales, pero le dedicaremos alguna entrada específica más adelante. Mientras tanto, podéis echar un vistazo a la entrada de Ciencia de Sofá, en la que se dan unas nociones y datos muy interesantes sobre el tema en cuestión.

Foto globulares

Volviendo a nuestros cúmulos globulares, entre ellos el más destacado es NGC 1049, que de hecho fue descubierto 100 años antes que la galaxia que lo alberga por John Herschel (si no sabes quién descubrió un objeto celeste, tienes un 95% de posibilidades de acertar si nombras a Herschel). En 1938, finalmente, Harlow Shapley detectó la luz proveniente de la galaxia, y unos 20 años después Paul W. Hodge descubrió otros cuatro cúmulos globulares que hoy llevan su nombre. NGC 1049 pasó a denominarse Hodge 3. El sexto globular tardaría unos años más en dar la cara. En la siguiente imagen tenemos fotografías de Hodge 1, 2, 3 y 5, en las que podemos apreciar sus diferencias en cuanto a densidad de estrellas.

Foto Fornax globulares.jpg

NGC 1049 se encuentra a 530.000 años luz de nosotros, por lo que podemos decir que dobla en distancia al errante extragaláctico (NGC 2419). Su magnitud de 12.9 lo hace asequible a instrumentos modestos, si bien su resolución se escapa de nuestras posibilidades. Con un tamaño de 0.4 minutos de arco, hacen falta usar aumentos elevados para poder distinguirlo como tal, y gracias a que contiene más de 360.000 estrellas en su seno. En las pésimas condiciones en las que le apunté con el telescopio pude verlo con relativa facilidad, tras varios sufridos minutos de búsqueda por las invisibles estrellas de esta constelación (más aún cuando casi roza el horizonte). De todas formas, cuando entra en el ocular se deja ver y se muestra como algo que, de entrada, no es una estrella. Viéndolo a 300 aumentos pude verlo como una pequeña esfera difusa, a la que la contaminación lumínica amenzaba continuamente con desaparecer, pero se mostraba sin problemas con visión lateral. Su núcleo era más brillante, puntiforme, apagándose después rápidamente hacia la periferia.

NGC 1049.png

Al otro lado de la “inexistente” galaxia estaba otro de mis objetivos, Hodge 2. Es otro globular aún más pequeño y más débil, con magnitud 13.5. Su clase VII lo cataloga como un cúmulo relativamente disperso y poco concentrado, pero a la hora de verlo por el telescopio no seremos capaces de notar esos matices. La intensidad de 180.000 soles se verá reducida a apenas un punto intermitente si las condiciones no son buenas. La noche que lo observé, si llego a conocer su magnitud previamente dudo que me hubiera molestado en buscarlo entre el fondo iluminado por las farolas, pero mi ignorancia me sirvió para intentarlo. Los primeros minutos no conseguí ver absolutamente nada en el lugar donde debía buscar, a medio camino entre dos estrellas más brillantes. Al cabo de un vi un débil punto, pero comprobé rápidamente con el atlas que no era más que una estrella de magnitud 13.5. Poco después otra estrella, más débil aún, se dejó ver en la zona, y gracias a la referencia de esos dos puntos pude conocer con precisión la localización de Hodge 2. Entonces, armado de paciencia, relajé la vista y volví a la caza. Tras veinte minutos noté por primera vez un mínimo destello que coincidía exactamente con su ubicación. Contento por poder distinguirlo, lo intenté varias veces con mayor éxito, apareciendo y desapareciendo ante mis ojos, esquivo pero presente al fin y al cabo. En cielos más oscuros y a mayor altura sobre el horizonte no debe suponer ningún problema. Las malas condiciones de la zona del cielo que observaba me hicieron recapacitar y decidí esperar unos meses para cazar el resto de globulares, con más tranquilidad y mejor temperatura. No hay prisa. Esa materia oscura no va a desaparecer de golpe ni los globulares van a disolverse. Llevan ahí unos 10 mil millones de años, así que podrán esperar unos meses.

Ahondando en el Lince (NGC 2537, IC 2233, NGC 2683)

La mayoría de las constelaciones se correlacionan, de una forma más o menos aparente, con la silueta o estructura del animal u objeto al que hace referencia, como ocurre llamativamente en el Escorpión o en Leo. Sin embargo, el Lince (o Lynx) es una constelación en la que sólo una estrella supera la magnitud 4, brillando con 3.14, y esos componentes tan débiles son los que han dado el nombre a la constelación, ya que, según Johannes Hevelius, había que tener vista de lince para poder distinguir todas sus estrellas. Se disponen a medio camino entre Auriga y las patas de la Osa Mayor, siendo estos primeros meses del año una buena época para su observación.

Ya hemos visto algunos objetos de esta constelación, como NGC 2419, Arp 315 o NGC 3184. Hoy profundizaremos un poco más en su anatomía y descubriremos algunos otros universos islas que permanecen escondidos en esta tenue vecindad. Son objetos débiles que, más que vista de lince, requieren para su observación un cielo bien oscuro y telescopios de moderada abertura.

Comenzamos con una pareja de galaxias que no guardan ninguna relación entre sí, pero se encuentran relativamente cerca desde nuestro punto de vista. La primera de ellas es NGC 2537, una galaxia cuya peculiar forma le ha valido para ser partícipe del catálogo Arp, pasando a ser conocida como Arp 6. Se encuentra a algo más de 20 millones de años luz de nuestra galaxia, y debido a sus características morfológicas no puede catalogarse como Foto Ngc 2537.jpgespiral ni como elíptica, perteneciendo al subgrupo de galaxias enanas irregulares azules. El término azul hace referencia a la gran cantidad de cúmulos abiertos de jóvenes estrellas que se pueden observar en su superficie. Como podemos ver en fotografías de larga exposición, sus brazos no adquieren una morfología en espiral, sino más bien cierta forma semicircular, con otro brazo rectilíneo en su centro, que otorgan al conjunto una forma de huella de animal, de ahí el sobrenombre de “Bear’s Paw Galaxy” (la galaxia de la pata de oso). Su superficie aparece grumosa debido a la presencia de cúmulos estelares, muestra de la activa formación que se registra en esta pequeña galaxia. Su diámetro se estima en unos 13.000 años luz, lo cual supone un 10% del tamaño de la Vía Láctea.

NGC 2537.png

Visualmente presenta un brillo de 12.3, con lo cual no debe ser especialmente difícil de detectar en una noche oscura. Aparece, en primer lugar, como una esfera muy difusa y pequeña, que ya de entrada sugiere cierta irregularidad en su superficie. Al principio no sabía muy bien qué era, pero notaba que no era tan homogénea como otras galaxias. Usé el ocular de 5 mm y decidí observarla a 300 aumentos, de forma que el cielo se oscureciera al máximo posible. Fue entonces cuando comencé a percatarme de que su periferia era algo más brillante, adquiriendo cierto aspecto anular. Decir que era similar a una planetaria anular sería mentir, pues algo en su superficie (color, textura…) delata que no es una nebulosa. Tras varios minutos de observación conseguí captar otra condensación que partía del centro y se prolongaba hacia la periferia de una forma muy tenue. Tras desaparecer ante mis ojos relajé la vista y respiré hondo, volviendo a visitar a esta curiosa galaxia. En los momentos en los que la atmósfera estaba más estable no tenía problemas para distinguir la periferia semicircular y el brazo interno durante al menos unos segundos, perdiéndose de nuevo rápidamente.

Foto NGC 2537 IC 2233

El frío y la humedad me vencieron esa noche, pero poco después volví a un encuentro pendiente con otra galaxia cercana a NGC 2537. Se trata de IC 2233, otra interesante galaxia situada a unos 40 millones de años luz, bastante más alejada que su compañera. Es una de las galaxias más finas que podemos observar al telescopio y el prototipo de galaxias en huso, espirales que se nos presentan totalmente de perfil. Llama la atención su cercanía a una brillante estrella de magnitud 10, con una compañera más débil a escasos segundos de arco. Su magnitud de 12.63 me parece un poco sobreestimada, ya que me resultó más difícil de apreciar que muchas otras galaxias de magnitud 13 o incluso 14.

IC 2233.png

Sin embargo, merece la pena darle una oportunidad. Tras adaptar completamente la vista, aparece como una fantasmagórica línea perfectamente recta, a la derecha de la estrella principal. Usé 214 aumentos para aumentar el contraste y oscurecer el cielo, porque las cercanas luces de Granada amenazaban con apagar su débil resplandor. Conforme mis ojos iban captando más y más luz pude comprobar que su grosor no era uniforme, de manera que la parte más engrosada correspondía con aquella que se encontraba justo por debajo de otra débil estrella que se interponía en su camino. A medida que descendía, la galaxia se iba haciendo cada vez más fina hasta desaparecer por completo. La imagen de IC 2233, si bien algo complicada, es enormemente agradable a la vista, aunque para disfrutarla de forma completa tendremos que buscar cielos relativamente oscuros. Un ocular de menor aumento puede englobar fácilmente a ambas galaxias, pero en mi caso su débil brillo las hacía desaparecer en cuanto disminuía los aumentos.

Foto 2683

Vamos a terminar esta zona del Lince por todo lo alto. Nos vamos a alejar de esos débiles halos de luz para visitar una galaxia de las grandes. Me extraña que no quedara recogida en el catálogo Messier, pues su alto brillo, de magnitud 10.6, la hace asequible a telescopios pequeños. Se conoce con el sobrenombre de la galaxia UFO, y un rápido vistazo es suficiente para entenderlo. NGC 2683 es una brillante galaxia espiral, recientemente considerada barrada, con un brillante núcleo y una inclinación de unos 20 grados que nos muestra la típica forma de otras galaxias como NGC 7331 o M31, quizás un poco menos inclinada respecto a ellas. Junto a su núcleo predominan los colores amarillentos y rojizos de estrellas maduras y una disminuida tasa de formación estelar. Numerosas bandas de gas oscuro rompen su luz en miles de fragmentos que podemos apreciar en las fotografías de larga exposición. A diferencia de otras, NGC 2683 es una galaxia relativamente estática que se aleja de nosotros a más de 400 kilómetros por segundo. Es, además, rica en cúmulos globulares, contando en su haber con unos 300 de ellos, el doble que la Vía Láctea.

NGC 2683

Al ocular  destaca como pocas galaxias. Con casi 10 minuos de arco de longitud, llama la atención inicialmente su forma alargada, engrosada en el centro, en el cual brilla con fuerza un núcleo redondeado y bien definido, que protruye desde la zona más brillante del halo. El brillo no es homogéneo en toda la superficie de NGC 2683, sino que es mayor alrededor del núcleo, destacando sobremanera respecto al resto del halo. El conjunto adquiere cierta forma abombada, que me recuerda especialmente a M104, pero sin su barra oscura característica. Con el paso de los minutos todos estos detalles se van acrecentando, y convierten a esta galaxia en un objeto digno de ver en estas noches de invierno y primavera. Su visión deja un buen sabor de boca y la sensación de estar viendo “casi” una fotografía.

De dobles va la cosa

Hoy vamos a perdernos de nuevo realizando una pequeña excursión por los dominios del Can Mayor, tomando como punto de partida la estrella Tau Canis Majoris, rodeada, como ya hemos visto, por el espectacular cúmulo NGC 2362. Este artículo es el resultado de abrir el atlas y explorar con la mirada, señalando con un círculo los objetos que, en cierta manera, captaron mi atención.

Chart dobles CMa.png

El primer objetivo fue NGC 2367, pero no imaginé que su búsqueda iba a traer ante mis ojos una de las más bellas estrellas dobles que jamás he visto. Subiendo un poco hacia el norte a partir de NGC 2362, moviendo lentamente el tubo mientras disfrutaba del paisaje celeste, apareció ante mí una pareja deslumbrante que marcó mi retina con sus contrastados colores. Rápidamente busqué su nombre y comprobé que era 145 CMa o H3945. Conocida también como la “Albireo del sur”, está formada por dos brillantes componentes de magnitud 5 y 5.9. La más brillante de ellas es de tipo espectral K y posee un intenso color amarillento, casi anaranjado. A poco más de 25 segundos de distancia brilla la estrella secundaria, de tipo espectral F, con un tono de un azul claro que contrasta enormemente con su compañera. Ambas no son realmente un sistema binario, sino que están juntas por efecto de perspectiva, pero el ojo no entiende de tecnicismos cuando tiene un espectáculo semejante ante él. A pesar de estar relativamente baja en el horizonte, su alto brillo y su amplia separación la hace perfectamente asequible a cualquier telescopio, ocupando, sin duda, un lugar en el podio de las estrellas dobles.

145 CMa

Seguimos nuestro camino hacia el este, bajo la atenta mirada de Sirio. El siguiente objeto tras el ocular fue un cúmulo abierto, pequeño y poco llamativo, pero con dos curiosos detalles que le hacen merecedor de una visita. El cúmulo en sí es NGC 2367, una agrupación de apenas una veintena de estrellas, relativamente débiles, con forma triangular. Se encuentra a unos 5.000 años luz de nosotros y es pequeño, de unos 5 minutos de arco de longitud. Una visión atenta nos revelará, en su interior, a medio camino entre dos de las puntas del triángulo, una pequeña estrella doble de la novena magnitud, cuyos componentes, blanquecinos, se encuentran separados por 4.8 segundos de arco. Sin embargo, no es la doble más llamativa en el ocular, y es que muy cerca, a unos 20 minutos de distancia del cúmulo, podemos encontrar a HD 57190, una bonita doble que es la antítesis de la anterior 145 CMa. Sus dos componentes, lejos de presentar un gran contraste, son dos gemas idénticas, de magnitud 7.7 y un color blanco-azulado. Lo que más llama la atención, probablemente, sea lo cercanas que están una de la otra, separadas por tan sólo 3.8 segundos de arco. Sin duda, un agradable complemento que aporta valor añadido al pobre NGC 2367. El cúmulo se encuentra rodeado por una débil nebulosa de emisión, los restos de los gases que formaron a sus estrellas, detalle apreciable en fotografías de larga exposición. De hecho, esa difusa masa de gas forma parte de una inmensa estructura llamada “megaburbuja”, que es el desenlace de grandes explosiones de supernovas que ocurrieron prácticamente a la vez, expulsando todo el gas circundante en forma de una enorme esfera conjunta. Para ver esto no hay más remedio que usar la imaginación, pues no existe otra manera de verla.

NGC 2367

Continuamos nuestra ruta para terminar esta pequeña excursión con lo que podríamos definir, a simple vista, como un cúmulo doble. Estamos hablando de NGC 2383 y NGC 2384, dos cúmulos estelares situados a alrededor de 6.000 años luz de distancia. Miden unos 5 minutos de arco y se encuentran muy cerca cuando los vemos por el ocular. Sin embargo, las apariencias engañan. Estudios recientes confieren a NGC 2383 una edad de unos 200 millones de años, mientras que NGC 2384 tendría apenas unos 8 millones de años, mucho más joven. Además, el primero se encuentra 5.400 años luz y NGC 2384 está a 6.900 años luz de distancia. Una vez más la perspectiva es capaz de engañar a nuestros sentidos. Sin embargo, no por ello dejaremos de disfrutar de la imagen de dos familias de soles tan cercanas, cada una con unos 20 componentes de brillo más bien débil. En NGC 2384 podemos ver una bonita estrella doble similar a las previas, de miembros muy similares entre sí, blanquecinas y unos escasos 4.5 segundos de arco entre ellas. Estas pequeñas parejas tienen algo especial, capaces de convertir un objeto cotidiano en una curiosa muestra de lo caprichosa que puede ser la naturaleza.

NGC 2383

Encuentros imprevistos (M93 y NGC 2467)

De vez en cuando, o a menudo si visitamos una zona densamente poblada del cielo, nos topamos sin quererlo con objetos que desconocemos y cuya visita nunca habíamos planeado. Cúmulos, nebulosas, galaxias… En algunas regiones del cielo es especialmente frecuente, como ocurre en la zona de Puppis o la Popa, al sureste de la brillante Sirio. En esta región me encontraba el otro día, visitando NGC 2452, cuando apareció en el buscador una brillante nube, de gran tamaño y plagada de pequeñas estrellas. Teniendo en cuenta su localización pude identificarlo como M93, uno de los últimos objetos que catalogó Messier, a finales del siglo XVIII.

M93 es un cúmulo abierto situado a unos 3.600 años luz de nosotros, con un diámetro de unos 25 años luz. Fue el primer objeto de cielo profundo que observó Caroline Herschel, y el que la motivó a compilar su catálogo. Podemos decir, por tanto, que M93 fue la primera luz que una mujer astrónoma vio a lo largo de historia. Con sus 100 millones de edad, está formado en su mayoría por brillantes gigantes azules de tipo espectral B, si bien hay algunas pocas estrellas anaranjadas y rojizas. La nebulosa que dio lugar a sus componentes ya se ha dispersado, de forma que no podemos verla. A pesar de su relativamente pequeño tamaño, el alto brillo de sus estrellas hacen que tenga una magnitud de 6, visible a simple vista cuando la noche es oscura. Al telescopio es preferible no usar demasiados aumentos, pues debido a su diámetro de 22 minutos de arco se perdería la sensación de cúmulo. A 125 aumentos, con mi Dobson 305 mm, ocupaba casi todo el ocular, mostrándose como una gran aglomeración de astros brillantes, contando alrededor de 100 componentes, en un fondo repleto de estrellas. Muchas de ellas forman alineaciones, parejas y tríos, aunque no conseguí ver ninguna forma característica. Es, sin duda, uno de esos grandes cúmulos que se aprecian mejor a bajos aumentos, incluso por un par de buenos prismáticos sujetos a un trípode.

M93

A los pocos minutos de observar M93, pasó por el ocular, mientras movía el telescopio, una brillante nube que me hizo retroceder rápidamente para enfocarla. “Esto tiene que ser algo importante”, pensé. Y no me equivocaba. NGC 2467 es un quebradero de cabeza y una completa muestra de lo variada que puede llegar a ser una pequeña parcela celeste. Herschel descubrió NGC 2467 en 1784, catalogándola como una nebulosa planetaria, por su forma circular alrededor de una estrella brillante. Por tanto, si nos ceñimos a la historia, NGC 2467 no es un cúmulo abierto, como se indica en numerosos sitios, sino la nebulosa propiamente dicha, que no es planetaria sino una nebulosa de emisión, que también recibe el nombre de Sharpless 2-311 o Gum 9.

NGC 2467 completa.jpg

La confusión, probablemente, venga porque esta nebulosa (una región HII) comparte localización con varios cúmulos estelares que han coincidido en nuestra línea de visión, por lo que encontramos, en apenas 15 minutos de arco, dos cúmulos abiertos y una nebulosa de emisión (además de otras peculiaridades que iremos viendo a continuación). Sharpless 2-311 es, por tanto, una región HII en la que se están gestando estrellas, brillando con un tono rojizo intenso debido a la ionización del hidrógeno por las recién nacidas estrellas. En la siguiente imagen de la ESO podemos ver el corazón de esta nebulosa, en el que destacan pequeñas nubes negras que corresponden a glóbulos de Bok, en cuyo interior el gas se va condensando hasta que las altas concentraciones terminan formando los astros. Columnas de gas se perfilan desde la zona inferior, esculpidas por los vientos estelares, recordando enormemente a los Pilares de la Creación de M16. No en vano ambas zonas comparten la mayoría de sus características. El telescopio Spitzer ha descubierto unas 45 protoestrellas a lo largo de la nebulosa, una muestra más de su alta actividad proliferativa. La estrella central, HD 64315, es una brillante y joven estrella de tipo espectral O6, que preside este espectáculo desde un lugar privilegiado.

A cosmic concoction in NGC 2467

Muy cerca encontramos, como ya comentábamos, dos cúmulos estelares. El más tenue de ellos se denomina Haffner 19, a la derecha en la fotografía inicial. Está envuelto en lo que se conoce como Esfera de Strömgren, que es básicamente el halo de gas ionizado que rodea a una estrella que emite radiación intensa, en este caso un brillante astro de tipo espectral B. La existencia de estos cuerpos fue teorizada por Bengt Strömgren en 1937, y posteriormente pudo confirmarse, siendo uno de los ejemplos más claros la Nebulosa Roseta. Haffner 19 se encuentra a 20.900 años luz, algo más alejado que Sharpless 2-311, a 20.500 años luz. Su edad se estima en unos 2 millones de años.

El otro cúmulo visible es Haffner 18, aún más joven que su compañero, con una edad media que ronda el millón de años. Está situado algo más cerca que Haffner 19, aunque se les puede considerar un cúmulo binario. Sus estrellas casi se han despojado del gas que les rodea, pero hay una de ellas que delata su verdadera edad. Con el peculiar nombre de FM3060A se designa a una de las estrellas más jóvenes que podemos ver a través de nuestro telescopio. Nació hace apenas 40.000 años, cuando los primeros pobladores de Europa caminaban por sus llanuras. De hecho, todavía se encuentra recubierta por la envoltura de gas que la vio nacer, de unos 2.5 años luz de diámetro, y cuyos bordes se expanden a unos 20 kilómetros por segundo. Es el análogo perfecto de un zigoto que apenas lleva unos instantes de vida, lo cual no deja de ser asombroso. En “pocos” años su envoltura desaparecerá y FM3060A comenzará su infancia, pubertad, madurez, e inexorablemente terminará sus días volviendo a expulsar el gas que la compone. Todo, como en los seres vivos, no es más que la transformación de unas moléculas en otras y el reciclaje de los átomos imperecederos.

Visualmente, la región que rodea a NGC 2467 merece un tiempo dedicado proporcionalmente a todo lo que tiene que contarnos. La brillante nebulosa es lo primero que llama la atención, de entre 5 y 10 minutos de arco de diámetro. Sus bordes se van perdiendo poco a poco, otorgando una forma circular, aunque con visión lateral la silueta es más difusa y de mayor envergadura. En su interior, la brillante estrella que la preside se encuentra rodeada de unas 20 estrellas mucho más débiles, inmersas en la nebulosidad.

NGC 2467

Haffner 18 se encuentra justo debajo, y destaca su forma triangular, con las estrellas más brillantes formando las aristas principales. Está formado por unos 20 componentes, y en uno de sus extremos podemos apreciar a la recién nacida FM3060A. Con nuestros instrumentos no podemos vislumbrar la esfera de gas que la rodea, pero la imaginación no entiende de capacidades. Muy cerca, a apenas 5 minutos de arco de distancia, destaca Haffner 19, más claro cuando usamos mayores aumentos. En un primer momento se aprecia como una pequeña agrupación de 3 ó 4 estrellas muy unidas. Una exploración más minuciosa, usando mirada lateral, revela algunas estrellas más, al borde de la visibilidad, y una débil nebulosidad que rodea a la zona, perceptible tan sólo con una adaptación completa a la oscuridad.

NGC 2467 detalles

Todo este conjunto de objetos queda realzado por el inmejorable marco que supone la Vía Láctea, que inunda cada espacio del ocular con una miríada de estrellas incontables. Sin duda, a veces merece la pena desviarse de la observación prevista y perderse en algunos de estos rincones perdidos.

Parejas celestes (NGC 2452 y NGC 2818)

Estamos acostumbrados a ver todo tipo de objetos tras el ocular, pero cuando dos de estos ocupan un lugar tan cercano el uno del otro que aparecen en el mismo campo, la imagen es sin duda especial. Ya sean dos cúmulos abiertos, nebulosas, galaxias, es innegable que no podemos permanecer impasibles ante su visión. Dos de las parejas más impresionantes, de las que ya hemos podido leerr, son M46 en Puppis (con NGC 2438), y  la que forman NGC 6712 e IC 1295. Hoy vamos a añadir a la lista otras dos que se encuentran en Puppis y en Pyxis, y si bien no son tan llamativas, no dejan de ser interesantes.

El primer dúo está formado por NGC 2452 y NGC 2453, situados en una zona de Puppis totalmente plagada por cúmulos abiertos. Basta un rápido vistazo con unos prismáticos para ver multitud de nubecillas de distintos tamaños y formas, como los bolsones de Procesionaria en las copas de los pinos. NGC 2453 es un cúmulo abierto situado a unos 7.000 años luz de distancia, formado por una treintena de jóvenes estrellas de tipo espectral B, de una edad aproximada de 40 millones de años (apenas un suspiro si lo comparamos con los 4.500 millones que tiene nuestro planeta). Foto NGC 2452.jpgSe encuentra entre dos importantes regiones de formación estelar, Puppis OB1 y Puppis OB2, de ahí la gran abundancia en cúmulos estelares. A apenas 15 minutos de arco tenemos una nebulosa planetaria, muy cercana en el ocular pero 1.500 años luz más alejada de nosotros. NGC 2452 es una nebulosa planetaria de magnitud 11.9 y pequeña, de unos 30 segundos de arco de diámetro. Su estrella central, lejos de nuestras posibilidades visuales, es de magnitud 19. En la fotografía de NGC 2452 realizada por el Telescopio Espacial Hubble podemos apreciar una interesante estructura algodonosa, con filamentos que se expanden hacia el exterior, con la estrella convertida en enana blanca ocupando la región central, responsables de esa última exhalación que hoy podemos cazar desde nuestro lugar de observación.

Visualmente, lo primero que nos llamará la atención será el cúmulo abierto, NGC 2453, una aglomeración de más de 20 estrellas dispuestas con cierta forma triangular. Algunas son de magnitud 12, pero la mayoría de ellas son más débiles, disponiéndose muchas en parejas. Una vez tengamos la vista adaptada, algo ajeno nos llamará la atención. A bajos aumentos nos parecerá una estrella algo engrosada, pero a partir de 125x ya puede observarse un pequeño disco circular, que no es ni más ni menos que NGC 2452. A unos 15 minutos de distancia, la nebulosa planetaria ofrece el aspecto más característico de estos objetos y que les valió su denominación. No es difícil imaginarlo como un planeta gaseoso lejano, como si fuera el “Planeta Nueve” tan de moda estos días. Mayores aumentos hacen que NGC 2452 se muestre a mayor tamaño, pero aparece entonces independiente del cúmulo, lo cual le resta parte de su encanto. Fue descubierta en 1847 por Herschel, que lo definió como “un objeto cuya naturaleza no consigo entender. No es claramente una estrella, ni una cercana estrella doble…”. Pasarían aún décadas hasta comprender su verdadera naturaleza.

NGC 2452.png

La otra pareja recibe el nombre de NGC 2818, englobando bajo el mismo número a la nebulosa planetaria y al cúmulo abierto, si bien este último suele conocerse como NGC 2818A. Se encuentran en la constelación asutral Pyxis (la Brújula), a la izquierda de Puppis. Por su localización demasiado sureña nos conviene buscarlos en las frías noches de invierno en las que atmósfera esté lo más estable posible, libre de incómodas turbulencias que conviertan el horizonte en una marejada de aire. El cúmulo abierto se compone de algo más de 20 estrellas situadas a unos 10.000 años luz. Se ha podido comprobar, sin embargo, que la nebulosa planetaria se mueve a distinta velocidad de las estrellas del cúmulo, situándose por lo tanto posterior a ellas, de manera que no forman una verdadera pareja. De hecho, sólo se conoce una nebulosa planetaria que pertenezca realmente a un cúmulo abierto, y se conoce como PHR 1315-6555, en la constelación de la Mosca. ¿Y por qué no hay planetarias en los cúmulos? La respuesta es sencilla. Hay varios factores más, pero el motivo principal es que las estrellas de los cúmulos abiertos suelen ser relativamente jóvenes (cuando crecen el cúmulo se dispersa y desaparece), por lo que no dan tiempo suficiente a que una estrella se desarrolle por completo y muera en forma de nebulosa planetaria. Las estrellas de NGC 2818, por ejemplo, tienen unos 40 millones de años, mientras que la nebulosa, con sus 6.5 años luz de diámetro, debe tener bastantes más. Además, la fase de nebulosa planetaria dura unos pocos miles de años, con lo cual equivale a captar con una fotografía una bala recién disparada.

Foto NGC 2818.jpg

La fotografía obtenida por el Hubble nos muestra todo un espectáculo de colores lleno de dinamismo que más bien parece una obra de arte. Se aprecia la envoltura gaseosa que ha desprendido la estrella que brilla en el centro, y llaman la atención unos filamentos que parecen cometas avanzando hacia el centro. Esas imágenes recuerdan a la nebulosa de la Hélice, NGC 7293, y probablemente sean regiones más densas de gas que están siendo “despeinadas” por los vientos estelares, arrancando su material y arrastrándolo hacia el exterior. Lo cierto es que la imaginación puede volar contemplando esa foto.

Visualmente no se muestra de forma tan espectacular, aunque muestra algunos detalles interesantes. En el centro del ocular, a 214 aumentos, se puede apreciar el cúmulo abierto, formado por estrellas débiles que se disponen por una superficie de unos 7 minutos de arco. Algunas de sus estrellas forman interesantes líneas que parecen desembocar en la nebulosa. Ésta última, situada en un lateral del cúmulo, destaca frente al resto de las estrellas, con su forma redondeada y bordes algo difusos. Lo que vemos es realmente su región central, la más destacada en las fotografías. Desde el primer momento da la sensación de ser algo irregular en su superficie, y tras permanecer un rato frente al ocular, con la visión bien adaptada, pude comprobar que uno de sus bordes presentaba una condensación más brillante. Con el filtro OIII se apreciaba mejor, y la nebulosa en general ganaba contraste, aunque el campo estelar se veía bastante perjudicado en contraposición. Así mismo, de vez en cuando una débil estrella aparecía momentáneamente en el extremo contrario, aunque como ya hemos visto, estrella y nebulosa deben estar muy alejadas en el espacio.

NGC 2818

Con este objeto cerramos este capítulo, aunque en breve aparecerán nuevas parejas a las que observar, por no mencionar los grandes grupos de galaxias que se avecinan por el este. La primavera se está acercando, asomando estas noches en las frías madrugadas. De hecho, tan largas son las noches de invierno que, cuando anochece, el cielo otoñal se va escondiendo por el oeste, mientras que al amanecer ya podemos saludar a Antares en el corazón del Escorpión. Tenemos un cielo a la carta para elegir a nuestro antojo a dónde viajar.

Un globular y un intruso (NGC 2298 y NGC 2243)

La zona que rodea al Can Mayor, que en estas fechas se sitúa en un lugar privilegiado (un poco bajo, desde luego), ofrece dos objetos muy similares entre sí visualmente, pero totalmente opuestos en su naturaleza, a muy poca distancia entre sí. El primero es NGC 2298, un bonito cúmulo globular que se sitúa a unos 30.000 años luz de nosotros. M79 era, si recordamos el anterior artículo, un componente de la Galaxia Enana del Can Mayor, una galaxia en interacción con la nuestra cuyas estrellas se dispersaban a su alrededor en forma de filamentos alargados. Al igual que M79, NGC 2298 es un cúmulo globular perteneciente a dicha galaxia, y como tal, sus estrellas son algo más jóvenes que las del resto de globulares de la Vía Láctea. Es bastante pequeño, de unos 50 años luz de diámetro, y los estudios sugieren que está perdiendo estrellas a grandes velocidades, debido a las fuerzas de marea que genera nuestra galaxia. Pero no debemos preocuparnos, pasarán miles de años hasta que sus estrellas se dispersen y se entremezclen con las nuestras, así que tenemos tiempo de sobra para observarlo.

Su principal contrapartida a la hora de verlo es su baja altitud sobre el horizonte, en los dominios de la constelación de la Popa, a medio camino entre ésta, Columba y el Can Mayor. Su localización no resulta complicada si bajamos a partir de kappa Canis Majoris. Eso sí, habrá que elegir una noche estable y con un horizonte sur lo más oscuro posible si queremos sacarle provecho. La noche que lo observé me recreé en él, ya que los cúmulos globulares no abundan en esta estación del año, así que su visión siempre es de agradecer. A bajos aumentos se apreciaba sin problemas como una esfera pequeña y perfectamente redondeada de unos 3 minutos de arco de diámetro, con un núcleo más brillante. Coloqué el ocular de 5 mm, que da a mi Dobson de 30 cm unos 300 aumentos, y sonreí cuando comprobé que varias estrellas saltaban sobre esa esfera, que había aumentado de tamaño. Conté una docena de débiles estrellas, con algunas en el límite de la visión del telescopio. La mayor parte de los componentes del cúmulo son de magnitud 16, con lo que no es de extrañar su tímida apariencia. Destaca un fuerte gradiente luminoso, de forma que el núcleo es bastante más brillante que la periferia, diferenciándose de forma brusca el límite que los separa. Una imagen para recordar, sobre todo teniendo en cuenta que es una esfera formada por miles de estrellas que pertenecen, ni más ni menos, a otra galaxia.

NGC 2298.png

El siguiente, al suroeste del Can Mayor, es un objeto singular, un imitador, un cúmulo abierto cuyo afán es ser un globular, y no es de extrañar su envidia sana. De hecho, lo hace tan bien que NGC 2243 parece un cúmulo globular más claramente que el anterior NGC 2298, y engañaría a cualquiera que no se informara previamente. Está situado a la mitad de distancia que su compañero, a casi 15.000 años luz, y sus estrellas se disponen formando un núcleo denso y una periferia redondeada a modo de esfera. Son estrellas de edad bastante avanzada, llegando a los 4.000 millones de años, algo inusual para un cúmulo, pues lo normal es que tras ese período de tiempo sus componentes se hayan dispersado por el espacio.

NGC 2243

NGC 2243 se encuentra justo en el borde del Can Mayor con Columba, por lo que también tendremos que observarlo cuando contemos con un horizonte sur lo suficientemente limpio. En lo primero que uno piensa al ver NGC 2243 es, como ya hemos adelantado, en un cúmulo globular. Una mancha nebulosa perfectamente circular de algo más de 5 minutos de arco de diámetro parece mirarnos desde lejos, con una treintena de débiles estrellas que hacen su aparición titilando con magnitudes superiores a la 13. En los momentos en los que la atmósfera se libra de las turbulencias la cantidad de estrellas apreciables aumenta enormemente, insinuándose muchas de ellas por toda su superficie. El núcleo es más brillante, degradándose a medida que nos acercamos a la periferia. Uno no puede dejar de preguntarse cómo puede ser tan similar a los globulares que ya hemos visto, y la respuesta nos trae a la mente una imagen plagada de estrellas y nos confunde, aunque en este caso no creo que nos importe demasiado.