En el brazo de Perseo (NGC 7538 y NGC 7510)

Hay zonas del cielo que derrochan luces y formas, lugares a los que apuntamos nuestros instrumentos y no podemos dejar de sorprendernos, aunque vayamos a ciegas sin saber lo que vamos a encontrarnos. Cúmulos, nebulosas, saltan a la vista conforme el ocular va avanzando y descubriéndonos un cielo que puede presumir de todo salvo de aburrido. Una de estas zonas es la que rodea a M52, a medio camino entre Casiopea y Cefeo, compartiendo los límites de sendas constelaciones que ya en la mitología aparecían unidas por el matrimonio, siendo ambos reyes de Etiopía y padres de la conocida Andrómeda (pero esa historia nos ocupará otro capítulo). La mayor parte de los objetos celestes que encontramos en este lugar pertenecen a la región Cassiopeia OB2, un enorme complejo de gases en continua evolución, con regiones HII y cúmulos abiertos recién formados que pueblan el brazo de Perseo de nuestra galaxia.

Una de esas regiones HII, visible con instrumentos de aficionado, suele pasar desapercibida porque comparte barrio con el imponente M52 y la delicada NGC 7635, la nebulosa de la Burbuja. Estamos hablando de NGC 7538, también conocida como la “Nebulosa de la Laguna del Norte”, por su similitud con M8. Es una nebulosa de emisión, una región HII en la cual se están gestando estrellas a partir del gas que se condensa por la gravedad y las corrientes dinámicas que, al igual que en el cielo azul, van moldeando las nubes dando lugar a caprichosas formas. NGC 7538 es un objeto rico en Hidrógeno ionizado, de ahí su color rojizo en fotografías, y brilla gracias que las jóvenes estrellas formadas en su interior impregnan sus átomos con radiación ultravioleta, haciendo, literalmente, que salten chispas y un aluvión de fotones salgan disparados en todas las direcciones. Se encuentra a unos 9.100 años luz de nosotros y en su seno acoge a la protoestrella más masiva que conocemos, NGC 7538S. Es una estrella de tipo espectral O, con una masa de entre 20-40 masas solares y un disco de materia y restos que la rodea con un diámetro de hasta 1.000 veces el de nuestro Sistema solar. En su región más interna este disco alcanza altas velocidades, produciendo un jet o chorro de materia que es lanzado en perpendicular hacia el espacio. Este chorro, según los últimos estudios, tiene una vida muy corta, habiendo aparecido hace tan sólo unos 2.000 años. En términos astronómicos es comparable a unos pocos segundos.

Foto 7538.jpg

La primera vez que vi a NGC 7538 fue a propósito. La segunda, sin querer, después de estar viendo M52 y NGC 7635, y al mover levemente el telescopio me encontré con él, sin saber que estaba tan cerca de los anteriores, casi rozándolos. De hecho, sin saber lo que estaba viendo, iba a dibujarlo de nuevo, y entonces me di cuenta de lo parecido que era a NGC 7538. Es una nebulosa de entre 5 y 10 minutos de arco de diámetro que se dispone alrededor de dos brillantes estrellas que llaman la atención por su similitud, como dos ojos que miran desde el cielo. A bajos aumentos es fácil apreciar algo de neblina que las rodea, más concentrada en el centro y difuminándose hacia el exterior. Hay que subir algunos aumentos para apreciar su silueta más claramente. A 125x el cielo se oscureció lo suficiente como para poder verla con comodidad. Casi instantáneamente apareció a la vista una especie de cuerno, una prolongación acaba en punta en uno de los lados de la nebulosa. Fácil de ver, más evidente con visión periférica, me dispuse a dibujarla. A los pocos minutos noté que, al otro lado, otra prolongación aparecía de forma más tímida, más difusa, pero con una forma similar. Tras plasmarla en el papel otra porción más engrosada acompañó a esta última en el ocular, quedando la imagen final como muestra el dibujo, una región central más brillante y tres prolongaciones que se pierden en el cielo oscuro. Las dos estrellas presiden la bonita imagen y ayudan a orientarse. NGC 7538 me sirvió para reforzar la importancia que tiene el tiempo dedicado, ya que conforme pasan los minutos los detalles van apareciendo como por arte de magia.

NGC 7538

Muy cerca de esta nebulosa encontramos otro curioso objeto, una agrupación de estrellas que llaman la atención cuando el ocular pasa por encima, ya que presentan una disposición abigarrada y largada, como si fuera una pirámide aplastada, y su magnitud aparente de 7.9 lo hace resaltar rápidamente de las estrellas de fondo. Previamente había contemplado este cúmulo abierto, pero hasta esa noche de Noviembre no le puse nombre. Se trata de NGC 7510, un llamativo cúmulo de apenas 4 minutos de arco de longitud que se encuentran a casi 10.000 años luz de nosotros. Comparte con NGC 7538 su lugar en ese inmenso complejo que es Cassiopeia OB2, y es uno de los innumerables cúmulos que podemos ver echando un rápido vistazo entre Cefeo y Casiopea (se encuentra dentro de los límites de Cefeo). La mayoría de sus estrellas son de tipo espectral B, como corresponde a estrellas jóvenes de apenas 10 millones de años de antigüedad. Poco a poco irán transformándose en estrellas rojizas y separándose como una bandada de aves que se dispersan, desligándose finalmente en su madurez. Ya visible con prismáticos, muestra su verdadera magnificencia con el telescopio a aumentos medios. A 125x se aprecian dos brillantes hileras de 5 ó 6 estrellas, con otras más tenues dispersas por su interior. El cúmulo a simple vista transmite la sensación de ser un triángulo con un vértice algo achatado, con la base formada por las estrellas más brillantes, en una disposición rectilínea que llama la atención y le da un carácter geométrico al conjunto.

NGC 7510

Merece la pena vagar por toda esta zona sin rumbo, con unos prismáticos o con un ocular de gran campo, dejándose llevar por la inmensidad y la variedad de formas que podemos llegar a encontrar. Ya habrá tiempo de ponerles nombre, pero de vez en cuando gusta observar despojándonos de tecnicismos, dispuestos simplemente a disfrutar con la vista, sin mayores pretensiones. Un grupo de estrellas minúsculas, un jirón de nube, ahí otro, esas estrellas tan brillantes que aparecen rodeadas por otras más tenues, una estrella doble, una esfera difusa flotando en el vacío… La región Cassiopeia OB2 bien merece un paseo.

A orillas del abismo (NGC 6503)

Ya hemos hablado previamente del Grupo Local, el conjunto de galaxias con el que compartimos nuestro espacio en el cosmos. Recientemente se nos puede englobar en otra estructura denominada, en inglés, “Local Sheet”, que viene a significar “Hoja local”. Esta agrupación engloba a un número de galaxias que se disponen en un espacio de unos 46 millones de años luz y tan sólo 1.5 millones de años luz de grosor, de ahí su mención como hoja. Lo que más nos interesa ahora mismo es que esta hoja galáctica marca el borde de una región rica en galaxias y se abre a un extenso vacío, conocido como el Vacío Local, en el que el número de galaxias es mínimo y se extiende a través de unos 200 millones de años luz. Es un mar oscuro, un páramo yermo que parece haberse producido por acción de la gravedad que, al unir a las principales galaxias, deja estos huecos entre ellas. Si da vértigo pensar que entre nuestro sol y la estrella más cercana nos separan 4.2 años luz de distancia, imaginar estos 200 millones de años luz de oscuridad puede llegar a estar fuera del alcance de nuestra imaginación.

Foto 6503.jpgSin embargo, no está totalmente vacío. Pequeñas galaxias sobreviven en esta región, y NGC 6503 es un buen ejemplo de ellas. Se encuentra a 17 millones de años luz, en el borde de este inmenso Vacío, y es una galaxia espiral enana que mide unos 30.000 años luz. Desde nuestra posición la vemos con una inclinación del 19%, por lo que sus brazos quedan relativamente poco visibles. Es una galaxia Seyfert, con un núcleo activo y considerado de tipo LINER, lo cual hace referencia a la probable presencia de un agujero negro en su interior que provoca la emisión de energía en diferentes longitudes de onda. Sin embargo, a juzgar por las emisiones, el agujero no debe disponer de una gran cantidad de estrellas para “echarse a la boca”, siendo considerada NGC 6503 una galaxia de bajo brote estelar en su centro, aunque en las zonas más periféricas podemos ver en las fotografías regiones HII de formación estelar.

Para buscarla tenemos que ir a la constelación del Dragón, que ocupa un área importante en el cielo y casi todos los meses podemos disfrutar de una gran porción suya. La zona nos resultará familiar, y es que se encuentra especialmente cerca de NGC 6543, la nebulosa del Ojo de Gato que ya vimos con anterioridad. Al mirar por el ocular, en una noche oscura con algo de humedad, agradecí enormemente el alto brillo de la galaxia, que adquiere una forma muy alargada, compartiendo campo con una brillante estrella cerca de uno de sus extremos. A 214 aumentos no perdía intensidad y el fondo se oscurecía más, componiendo una imagen espectacular. Otras pequeñas estrellas pululaban a su alrededor, aunque ninguna se atrevía a rozarla. Su núcleo era más brillante, ovalado y, por momentos, tras adaptar la vista completamente, me pareció ver el comienzo de un brazo en espiral. Tras descansar la vista volví para comprobar si continuaba allí y, efectivamente, una zona más brillante salía del núcleo y caminaba por su zona superior, la más cercana a la estrella principal.

NGC 6503

Cuando miremos al cielo en su busca y veamos la constelación de Draco, intentemos imaginar ese vacío inmenso a orillas del cual nos encontramos, para intentar conseguir, aunque sea de forma muy lejana, esa sensación que es una mezcla de vértigo y de inmensidad a la vez.

Joyas en la popa (M46 y M47)

El cielo de invierno nos muestra verdaderas maravillas, tantas que seríamos incapaces de verlas todas en una vida entera. Hoy hablaremos de una bonita pareja de objetos que comparten un rincón del firmamento en la constelación de Puppis (o Popa), una agrupación de estrellas que asoma a nuestro hemisferio tímidamente por el horizonte. La mejor referencia para encontrarlos quizás sea a partir de Sirio, llevando la vista a la izquierda, hasta ver, a ojo descubierto, un batiburrillo de estrellas muy débiles, incluso algo difusas se podrían definir. Al aplicar algo de aumento con unos prismáticos la imagen es impresionante, pero antes de describirlo vamos a saber lo que son.

M46, o NGC 2437, es un cúmulo abierto descubierto por Messier en 1771, que se encuentra de nosotros a 5.400 años luz de distancia. Mide unos 26 años luz de diámetro y contiene una barbaridad de estrellas, sumando más de 500 componentes. La gran mayoría de ellas son de tipo espectral A, lo cual supone al cúmulo una edad de unos 300 millones de años (relativamente joven). Una vez conocidos sus principales datos, si hemos ojeado cualquiera de sus fotografías,Foto M46.jpg nos habremos percatado de una pequeña circunferencia que brilla difusa y que rompe el monopolio de las estrellas. Es NGC 2438, una bonita nebulosa planetaria anular que aparece superpuesta en el campo. Uno querría pensar que forma parte de ese ejército estelar y camina con ellos por el espacio, pero la verdad parece que es distinta. Mientras que el cúmulo se mueve con respecto a nosotros a 44 km/s, NGC 2438 lo hace a 77 km/s, lo cual la sitúa en un plano anterior, entre 2.000 y 3.000 años luz de distancia. Además, si perteneciera al cúmulo tendría una edad demasiado joven para haber formado una nebulosa planetaria (aunque no faltan ejemplos de estrellas que mueren a una edad demasiado prematura).

Su visión con cualquier instrumento es muy agradable. Con prismáticos se aprecia como una bonita mancha redondeada muy cercana a M47, irresoluble, aunque dispuestos sobre una montura se pueden apreciar algunas de las estrellas que lo componen. Con el Dobson 305 mm, a cualquier aumento la imagen es espectacular. El campo se llena de estrellas y a 125 aumentos entre 100 y 200 astros pueblan el campo del ocular. Entre ellas destaca perfectamente NGC 2438 como un disco de un minuto de arco de diámetro, nebuloso, redondeado y con varias estrellas superpuestas, aunque ninguna parece ocupar el centro (no es de extrañar, ya que su estrella central es de magnitud 17.5). Con visión periférica sus bordes aparecen engrosados, otorgándole un bonito aspecto anular. EL filtro OIII, como siempre me ocurre cuando estoy en buenos cielos, no mejora especialmente la imagen, incluso oscurece tanto las estrellas como la nebulosa, por lo que decidí dibujarlo sin ayuda de filtros. Sin duda es una imagen para recordar, ya que no todos los días se puede ver una combinación de esta categoría.

M46

El siguiente objeto es otro cúmulo abierto que comparte codo con codo la zona de M46. Me refiero a M47, bastante diferente al anterior, lo cual nos servirá para describirlo con mayor precisión. Es un cúmulo mucho más cercano, situado a unos 1.600 años luz, y en las imágenes llama la atención el tono azulado de sus estrellas. Efectivamente, su tipo espectral B viene a indicar su menor edad, otorgando al cúmulo unos 78 millones de años de vida. Se parecen más, de hecho, a las Pléyades que a M46. Presenta, también, una menor cantidad de estrellas, aunque más brillantes que su compañera. Unos 50 astros brillan con intensidad sobre un fondo plagado de pequeñas estrellas como corresponde a la Vía Láctea, por una superficie de unos 30 minutos de arco. Messier, al descubrirlo, erró a la hora de indicar la posición, por lo cual M47 estuvo a la deriva, invisible, hasta que se relacionó en 1959 con NGC 2422, volviendo a tener su lugar en el cielo.

Ya distinguibles con unos prismáticos, sus estrellas relucen con fuerza a cualquier aumento en cualquier instrumento. A 125 aumentos el cúmulo ocupa el ocular entero y sus estrellas saltan a la vista, fácilmente discernibles de las que forman el marco posterior. Se aprecian unas 50 dispersas por toda la superficie, con un brillo mayor a las de M46. Sería interesante poder ver ambos cúmulos con un ocular de gran campo, aunque nos perderíamos, seguramente, el detalle de esa pequeña esfera que se esconde tras las estrellas.

M47

El ojo de la cerradura (NGC 1999)

Ya hemos podido comprobar que Orion es mucho más que su Nebulosa y que esas brillantes estrellas que conforman su cinturón. El Cazador posee una gran variedad de objetos, pero sin duda destacan en él las nebulosas, de todo tipo y tamaño, planetarias, de emisión, reflexión… Esta observación es de una noche que no prometía ninguna maravilla, ya que la atmósfera se encontraba demasiado iluminada por la luz de Granada, como si la contaminación lumínica se abriera paso a través de cada partícula del aire. Sin embargo, como compensación, reinaba una gran estabilidad atmosférica y las estrellas se veían bien nítidas, permitiendo hacer uso de altos aumentos. Orion estaba elevándose, y a pesar de estar a unos 20º ó 30º del horizonte decidí echarle un vistazo. Había leído algo sobre NGC 1999 y los cuerpos de Herbig-Haro (de los cuales hablamos más ampliamente en esta entrada sobre NGC 1333) y desde entonces tenía especial curiosidad por saber qué podría alcanzar a ver con mi telescopio. He de decir que no me mostraba especialmente optimista, aunque animé y, buscando en el atlas, encontré rápidamente V380 orionis, una estrella que brilla con una magnitud 10, con la maldición de convivir pared con pared con M42,que llega a eclipsar todo lo que hay a su alrededor.

NGC 1999 es una nebulosa de reflexión, la masa de gases que dio lugar a la estrella central y que hoy se encuentran iluminados por ella, reflejando su luz hacia nosotros. Dicha estrella, V380 orionis, no es una sino cuatro estrellas que forman un sistema muy cerrado. Tres son muy jóvenes, de clase espectral B, con un intenso color blanco. La otra, sin embargo, es una enana marrón de clase espectral M, al otro lado del espectro de emisión. Qué interesante sería poder contemplar el sistema desde una de esas estrellas, y más aún con el marco en el que se engloban. Y es que NGC 1999 tiene una peculiaridad que la convierte en uno de los objetos más interesantes que he observado últimamente. Cualquier fotografía nos muestra una mancha completamente negra en forma de letra “T”, rozando a la estrella y saltando a la vista como algo que “no debería estar ahí”. Anteriormente se pensaba que era una nebulosa tan densa que no dejar pasar a la luz a su través, pero estudios de 2009 realizados con el radio-telescopio de Atacama y los telescopios Mayall y Magallanes han revelado que, efectivamente, es un verdadero agujero en el cielo. No hay en él gas alguno que oculte lo que hay detrás. Estamos, por tanto, ante una verdadera ventana que se ha hecho hueco en la nebulosa y nos muestra el vacío que hay detrás. Ahora, la pregunta del millón: ¿cómo puede haber un agujero en medio de una nebulosa? ¿Qué mecanismo puede provocar esa curiosa figura? Aunque no hay respuestas definitivas, la hipótesis con mayor fuerza achaca este fenómeno a chorros o jets de radiación que salen despedidos de la estrella principal, alterando la materia que encuentran a su paso. Volvamos a mirar la imagen e intentemos ver a esa estrella disparando contra la nebulosa un chorro de radiación, la imaginación hará el resto.

Foto 1999 centro

Pero no es esto lo único interesante de NGC 1999. Como podemos comprobar en la siguiente fotografía, acompañan a esta nebulosa unos filamentos que parecen estar en llamas, de un intenso color rojo que contrasta enormemente con el azul blanquecino de NGC 1999. Son, como ya adelantábamos al principio, cuerpos de Herbig-Haro, estrellas en formación rodeadas por gases que, a merced de fuertes vientos y radiación, adoptan forma de volutas y chorros de llamativos colores. Y lo mejor: están al alcance de los aficionados. Fueron descubiertos en 1946 y 1947, y precisamente tres de estos cuerpos de NGC 1999 fueron los primeros en observarse.

Foto 1999.jpg

Busqué a V380 orionis con el buscador y, a bajos aumentos, ya pude apreciar su envoltura gaseosa, que le daba un aspecto que describiría como “lúgubre”, con tonos más oscuros de lo normal. De una forma más o menos redondeada, compartiendo campo con algunas estrellas brillantes, no podía apreciar nada más, aunque por momentos algo cerca de su estrella me llamaba la atención, una especie de punto oscuro que aparecía y desaparecía con visión periférica. Claramente, me estaba pidiendo a gritos mayores aumentos, y no me negué. A 214x se me erizó el vello cuando pude comprobar que la zona oscura era exactamente igual a las fotografías. A 300 aumentos la impresión era aún mayor y la definición, perfecta, con los bordes bien marcados sobre el fondo nebuloso. En cuestión de segundos pasó a ocupar una lista entre mis objetos favoritos y, embelesado, le dediqué varios minutos en exclusiva, recreándome la vista. Entonces decidí ir a la caza de esos cuerpos Herbig-Haro, en concreto de los más brillantes, Herbig-Haro 1 y 2.

NGC 1999

Centré mis esfuerzos, en primer lugar, en enfocar a la perfección una débil estrella que ya rozaba el límite de magnitud de mi telescopio, la que en el dibujo ocupa la parte izquierda superior. Cuando la noté perfectamente puntual (aunque durante algunos segundos desaparecía de la vista), un fotón llegó a mi retina en un punto cercano un poco más abajo, y luego se esfumó. Justo después otra imagen saltó momentáneamente al ocular, más débil que la anterior y más cerca a V380 orionis. Emocionado y soltando una risa nerviosa (las vacas que había cerca debieron de mirarme extrañadas) aparté la mirada del telescopio y respiré varias veces, moviendo la cabeza para relajar la vista. Me asomé de nuevo y no vi nada, pero no desistí, y a los pocos segundos los dos puntos de luz volvieron a aparecer ante mí, esta vez durante un poco más de tiempo. Así pasé los siguientes 15 minutos, cazando por segundos esa imagen que tan rápido se desvanecía sin avisar. De hecho, no eran realmente puntuales, sino que la sensación que me llegaba, por lo menos del más alejado de la nebulosa, era como si fuera un disco extremadamente pequeño, tenue y algo difuso (me recordó a Mayall 1, el cúmulo globular de la galaxia de Andrómeda). Acabé exhausto por el esfuerzo, pero también con una sonrisa de oreja a oreja, sintiéndome por momentos como Guillermo Haro y George Herbig en esas noches de los años 40. NGC 1999 es un objeto infravalorado, quizás por acompañar en el cielo a M42, pero sin duda merece la pena echarle un vistazo, sea con la abertura que sea. Con telescopios más pequeños, si la noche es estable, sin duda podremos ver ese parche negro que rompe el brillo homogéneo de esa masa de gas que, a 1.500 años luz, nos muestra su cerradura. La llave para abrirla es mucha paciencia y un buen cielo, y entonces hará que merezca la pena regalarle nuestro tiempo.

NGC 1999 detalles

Seda sobre negro (NGC 6992 y NGC 6960)

El cielo parece un lugar tranquilo y sosegado, y en una noche clara nada hace pensar lo contrario. Las estrellas titilan en la distancia, con la Vía Láctea atravesando el escenario de un extremo a otro, fantasmal, con irregularidades en su contorno, fruto de nebulosas oscuras que nos ocultan algunas de sus estrellas… Nadie diría que en la constelación del Cisne ha tenido lugar uno de los eventos más catastróficos que podríamos imaginar, de proporciones tan grandes que un millón de bombas atómicas empalidecerían a su lado. Una de las más bellas imágenes del firmamento es la manifestación directa de esta enorme explosión, una supernova que dio lugar a lo que hoy conocemos como la Nebulosa del Velo. Antes de hablar sobre ella daremos unas pinceladas sobre la teoría de las supernovas y su origen.

La mayoría de estrellas, como hemos visto recientemente, terminan sus vidas en forma de nebulosa planetaria, convertidas en una solitaria enana blanca. Sin embargo, aquéllas con una masa mayor a 8 masas solares tienen un destino muy diferente… Tenemos que tener claro algunos conceptos. En una estrella hay dos fuerzas en oposición, en constante lucha: la gravedad, que empuja toda la masa hacia el centro, y las reacciones nucleares que liberan energía, ejerciendo fuerza hacia el exterior. La estrella va fusionando helio a un ritmo rápido, convirtiéndolo en helio y liberando energía. El helio, posteriormente, forma Carbono en el núcleo de la estrella, donde la presión ejerce más fuerza y permite que los núcleos se fusionen. En una estrella normal el proceso termina en este punto, pero en las estrellas más grandes la gravedad imprime tanta energía que puede hacer que el carbón se fusione nuevamente, creando elementos más pesados cada vez (oxígeno, azufre, magnesio…). El sol va, de esta manera, aprovechando cada último aliento para sobrevivir un poco más, haciendo un esfuerzo mayor a medida que los elementos son más pesados. Durante este proceso la estrella adquiere una disposición en “capas de cebolla”, con los elementos más pesados en el núcleo y los más ligeros hacia la periferia, con una capa de hidrógeno en la región más externa.

El gran cambio se produce cuando en la fusión nuclear se forma hierro. El hierro es un elemento distinto a los anteriores, ya que al fusionarse, en vez de desprender energía, “absorbe” energía, que la estrella no puede cederle. Por lo tanto el complejo sistema de fusión nuclear se detiene y el núcleo deja de respirar súbitamente. Imaginemos a cámara lenta este proceso, en el que todas las explosiones que estaban teniendo lugar en el núcleo ceden bruscamente, haciéndose un silencio sepulcral. Entonces la gravedad no encuentra ninguna oposición y se prepara para dar el último golpe. Toda la estrella, cada uno de sus átomos, sufren una atracción tan inmensa que en una fracción de segundo la estrella se colapsa hasta poseer un diámetro tan pequeño como nuestro planeta, con una densidad que alcanza los 1.000.000.000 kg/cm3. Imaginemos por un momento un centímetro de un material que llegue a pesar mil millones de kilos… Al encontrarse toda la masa colapsada a tal velocidad, no es difícil imaginar la energía producida al fusionarse tantos protones y neutrones, hasta el punto de que muchos de ellos se deshacen y pierden su estructura. El núcleo entonces sufre la mayor de las explosiones concebidas en el universo, una supernova, y el material de la estrella es expulsado con violencia hacia el medio interestelar, colisionando con todo lo que encuentra a su paso y brillando con la luz de millones de soles, tanto como una pequeña galaxia.

Foto supernova.jpg

En esa intensa reacción nuclear se forman elementos pesados como el oro que hoy en día forma parte de joyas, el calcio que da resistencia a nuestros huesos o el hierro que corre por nuestra sangre, por lo que podríamos decir que existimos gracias a un gran desastre natural que ocurrió hace miles de millones de años en nuestras inmediaciones. En esa explosión incluso los fotones adquieren tanta energía que destrozan núcleos de elementos más pesados como el hierro y provocan un aluvión de hidrógeno desprendiendo aún más energía. Una bomba de hidrógeno es 1.000 veces más potente que la bomba atómica que destruyó Hiroshima, y su mecanismo de acción es también la fusión de hidrógeno, pero reducida a menos de un metro cúbico de volumen. Imaginemos esa bomba multiplicada por los 300 millones o más kilómetros que puede alcanzar una estrella antes de colapsarse y nos podremos hacer, vagamente, una idea de las dimensiones de las que hablamos…

Foto velos

Una vez conocidos los cimientos de estos decesos estelares estamos ya en disposición de hablar de la Nebulosa del Velo, que es, ni más ni menos, el mejor y más impactante ejemplo de los restos de una supernova que tenemos a nuestro alcance. Una estrella explotó hace unos 8.000 años, en una época en que las personas se distribuían en pequeñas tribus cazadoras y recolectoras, y brilló en el cielo con una intensidad mayor que la luna llena, siendo apreciable durante el día a simple vista. Los gases que la estrella expulsó al colapsarse se han ido expandiéndose desde entonces, haciéndose cada vez menos densos, ocupando en el momento actual una longitud en el cielo de 3 grados, lo que equivale a 6 lunas llenas seguidas. A unos 2.000 años luz de distancia, sus gases alcanzan ya un diámetro de unos 100 años luz (recordemos, como referencia, que las nebulosas planetarias más antiguas apenas llegan a los 4 años luz).

Se conoce como Nebulosa del Velo a las regiones más brillantes de esta remanente de supernova, que son visibles con instrumentos de aficionado, siendo el resto del “anillo” demasiado débil y poco denso como para apreciarlo. Se compone, por tanto, de dos regiones principales, conocidas como NGC 6992 (la región más occidental) y NGC 6990 (las más oriental). Entre ambas hay otras zonas más débiles que veremos en otro momento. A pesar de su fama de difícil, para ver la nebulosa sin problemas necesitamos simplemente un filtro para nebulosas, preferiblemente el OIII (el UHC también es muy útil), y entonces resalta con cualquier instrumento. Es apreciable en noches oscuras con unos prismáticos bien fijos en un trípode, aunque para ver detalles consistentes tendremos que recurrir al telescopio. Es entonces cuando, al usar el filtro OIII, la nebulosa parece cobrar vida y mostrarse tal cual lo hace en las fotografías, constituyendo una de las imágenes imprescindibles del verano.

NGC 6960

NGC 6960 llama la atención por varios motivos. Por un lado, está en contacto con una bonita y brillante estrella en su porción media, que en ocasiones puede dificultar un poco la visión si la abertura es pequeña. Con mi Dobson 305 mm la imagen es espectacular con el ocular de 65x, apareciendo como el palo de una escoba de bruja, siendo más ancha en un extremo y agudizándose a medida que avanza hacia el otro lado hasta terminar en una delicada punta. Durante el recorrido de la misma aparecen volutas de humo que se entrelazan entre ellas, y queda patente el motivo del nombre con el que se la conoce, la Nebulosa del Velo. Realmente parece un pañuelo de seda colgado del cielo, y con visión periférica y un poco de paciencia se comienza a apreciar más detalles internos y algo de nebulosidad fuera de la porción principal.

NGC 6992

Tenemos que mover el telescopio hacia el lado opuesto, imaginando que NGC 6960 es parte de una circunferencia, y nos toparemos con otro espectáculo aún más impresionante, si cabe, que su compañera. Es NGC 6992, y a mí me gusta referirme a ella como la “Nebulosa de las Cascadas” o “de las ramas”, ignoro si alguien ha llegado a la misma conclusión. El cuerpo principal de esta porción también es ligeramente curvo, perdiéndose por el borde del ocular, y en su extremo es donde guarda mayores secretos. Dos ramificaciones salen en perpendicular como si fueran chorros de agua que caen de un río, con una tercera más débil que se adivina solitaria en el cielo oscuro. La mayor parte de la nebulosa se encuentra salpicada de claroscuros, pequeños salientes de diferentes densidades que contribuyen a otorgar una sensación de tridimensionalidad. El campo de infinitas estrellas adorna a este David de la astronomía y resalta su belleza, comparándose perfectamente la sensación visual a lo que se ve en fotografías. No sé con cuál de las partes me quedaría si tuviera que elegir, probablemente con las dos, o con ninguna, porque cada una es especial a su manera, y entre las dos logran cautivar a la mirada y consiguen que el tiempo parezca detenerse. Es difícil imaginar que esa imagen que vemos a través del ocular sea el vestigio de tanto caos, y sin embargo cualquiera que observe nuestro planeta con un potente telescopio imaginará un paraíso verde y azul sin ruidos, humo o violencia. Todo es cuestión de perspectiva.

Entre galaxias en Pegaso

Al oír hablar de Pegaso, nuestra mente se va rápidamente a ese grupo de estrellas que forman el consabido Cuadrado de otoño, que ocupa el cenit en estas noches de Noviembre y Diciembre. Es la séptima constelación en cuanto a superficie ocupada y, sin embargo, una de las más “vacías” para el que se limita a los objetos de cielo profundo más famosos. La realidad es que Pegaso es una ventana al sur galáctico, una zona en la que la ausencia de brazos espirales determina que podamos echar un vistazo al infinito plagado de galaxias en todas sus direcciones. Después de observar los objetos más conocidos de la constelación (NGC 7331, M15…) decidí dar un paso más y comenzar un primer barrido de algunas de esas interminables galaxias que pasan desapercibidas al mundo. Haciendo uso del fantástico “The Night Sky Observer’s Guide” seleccioné varios de estos distantes mundos y me dispuse a abordarlos bajo el cielo oscuro de Blancares, a 40 minutos de Granada. En este mapa, realizado con Stellarium, he marcado los objetivos de esta ruta galáctica.

Galaxias pegaso.png

Aprovecharemos para distinguir los principales tipos de galaxias, basándonos en la secuencia de Hubble, que podemos ver a continuación. En ella las galaxias elípticas, a la izquierda, se van diferenciando hasta abrirse dos caminos, el superior que hace referencia a las espirales normales, y el inferior a las espirales barradas. Empleando tan solo las dos letras que hay bajo cada dibujo podremos establecer, a grosso modo, su morfología.

Foto galaxias

Vamos a comenzar con un par de galaxias especialmente interesante, que se sitúan cerca de NGC 7331. Me refiero a NGC 7332 y NGC 7339. La primera es una peculiar galaxia lenticular, S0, muy alargada por sus extremos, que vemos de perfil. Presenta un núcleo brillante y redondeado con un halo extenso, fino y alargado. Su compañera, NGC 7339, es una galaxia espiral Sa vista de perfil, más tenue que la anterior y uniforme, sin claras condensaciones ni núcleo visible. La visión de estos dos universos que se encuentran a unos 67 millones de años luz es especialmente interesante y no deja indiferente. Soportan bien los aumentos, aunque la mejor imagen la obtuve a 125x, siendo una bonita pareja que, al parecer, interactúa entre sí, formando parte del catálogo de galaxias dobles compilado por Karachetsev con el número 570.

NGC 7332-7339

La siguiente galaxia nos lleva un poco más al norte, muy cerca de Funda o Beta Pegasi. NGC 7457 es otra galaxia lenticular situada un poco más cerca que las anteriores. Destaca en ella un brillante núcleo puntiforme, como si tuviera una estrella incrustada en él. El Telescopio Espacial Hubble apuntó a este mismo núcleo y comprobó que las estrellas se encontraban a una densidad mucho mayor de lo que cabría esperar en las regiones centrales, siendo una posible causa la presencia de un agujero negro. El halo, ligeramente ovalado, se pierde en la oscuridad del cielo, pero el núcleo resplandece con fuerza, y no es difícil imaginar a un agujero negro masivo en su interior, provocando fuertes mareas en las estrellas vecinas que van girando y acercándose inexorablemente a él.

NGC 7457

Avanzamos hacia Eta Pegasi para encontrar a NGC 7217, una tímida galaxia que desde el principio se muestra al ocular Foto 7217como una mancha redondeada y difusa, sin bordes definidos ni un núcleo especialmente brillante. Las fotografías de esta galaxia son muy interesantes, mostrando una galaxia espiral cuyos brazos están conformados por múltiples anillos concéntricos, con un halo redondo más extenso hacia el exterior. Se piensa que, inicialmente, NGC 7217 era una galaxia elíptica, y  adquirió esta forma tras sufrir la colisión con otra galaxia adyacente. De esta manera se puede explicar que haya una población importante de estrellas que giran en sentido opuesto a la mayoría, así como evidencias de diversos brotes estelares a lo largo de su historia.

NGC 7217

Damos un salto hasta otro vértice del cuadrado, llegando a Markab o Alfa Pegasi, que, a pesar de ser la alfa de la constelación, no es la más brillante (el honor recae en Epsilon Pegasi). Cerca de esta estrella encontramos un bonito marco protagonizado por cinco galaxias y un gran número de estrellas, todo encuadrado en el ocular Hyperion de 13 mm (un campo angular de unos 30 minutos de arco). La más evidente de todas ellas es NGC 7448, una espiral situada bastante más lejos que las anteriores, a unos 106 millones de años luz. Es una espiral de tipo SA vista de perfil, y su imagen al ocular es muy sugestiva, un halo alargado y fino junto a una brillante estrella, que transmite lejanía y fuerza a la vez. Al otro lado del ocular se aprecia, de entrada, un batiburrillo de nebulosidad, y hacen falta mayores aumentos para poder distinguir con claridad lo que ocurre. Una agrupación de tres estrellas brilla difusa junto a otra brillante estrella. Dos de las galaxias están especialmente juntas, siendo una de ellas alargada y la otra más redonda. Son, respectivamente, NGC 7463 y NGC 7464, un grupo de galaxias en interacción entre los cuales se han detectado puentes de materia estelar desgarrada (como los que se habían descubierto entre los componentes del Quinteto de Stephan).

NGC 7448

Muy cercana también, NGC 7465 forma parte de este cerrado grupo, y es una galaxia Seyfert de tipo 2 (en esta entrada hablábamos sobre ellas con más detalle). Foto 7465Resumiendo, es una galaxia espiral barrada (SBA) con un núcleo activo en el que reside un agujero negro, formando un disco de acreción con enormes masas de gas que giran a su alrededor a velocidades de vértigo, motivo por el cual emite radiación en diversas longitudes de onda a modo de faro cósmico. Cuánta variedad en unos pocos minutos de arco de diámetro. Finalmente, el marco se cierra con NGC 7454, una galaxia elíptica de tipo E4 que forma parte también de todo este grupo de galaxias, que se conocen como Grupo de NGC 7448. Se aprecia como una nube difusa y redondeada, destacando en ella la superposición de dos débiles estrellas en su halo, creando un curioso efecto a la vista. En la siguiente imagen tenéis la identificación de cada una de estas galaxias:

NGC 7448 detalles

Vamos llegando al final de este recorrido, apuntando con el telescopio a NGC 7177. Es una galaxia barrada de tipo Sb que se encuentra a unos 70 millones de años luz. Cuando sus fotones salieron hacia nosotros, en la Tierra los dinosaurios seguían pululando a su antojo, ignorantes de lo que se les vendría encima 5 millones de años después. Es una galaxia LINER, que viene a significar “Región nuclear emisora de baja ionización”, una galaxia de tipo Seyfert en cuyo núcleo encontramos espectros de gases de baja ionización, diferentes a los que cabría esperar en una simple agrupación de estrellas. El núcleo de NGC 7177 es, probablemente, huésped de un agujero negro que transforma los gases circundantes, a grandes velocidades, en plasma, desprendiendo energía que llega hasta nosotros y podemos analizar con los espectrómetros. Visualmente es débil, de forma ovalada, con un núcleo alargado más claro con visión periférica. Tras unos minutos tras el ocular me pareció intuir una región más brillante y linear, como si fuera el comienzo de un brazo en espiral. Después lo volví a corroborar, aunque me he vuelto algo escéptico a la hora de dibujar elementos tan tenues. Por otro lado he podido comprobar a posteriori que las fotografías coinciden con lo observado, así que puede que no fuera tan mal encaminado.

NGC 7177

Terminamos esta ruta galáctica con una de las grandes, una bonita galaxia de tipo SBc que, si recordamos el diagrama anterior, corresponde a una espiral barrada con los brazos muy separados. Foto 7479Efectivamente, NGC 7479 es una galaxia cuyos brazos aparecen extrañamente deformados, producto de una antigua colisión con galaxias enanas que la orbitaban. Se encuentra muy lejos de nosotros, a 105 millones de años luz, a pesar de lo cual podemos verla con una magnitud de 11.6. Con más de 100.000 años luz de diámetro, es algo menor que nuestra galaxia, y presenta una enorme y brillante barra central que ha sufrido una importante formación de estrellas en los últimos 100 millones de años, probablemente debido a la mencionada interacción con otra galaxia. En 1990 hubo una supernova en ella, brillando como una estrella recién formada de magnitud 16.

NGC 7479

Llevaba tiempo detrás de esta galaxia, observándola con el telescopio en distintos lugares, y siendo incapaz de ver nada más que una brillante mancha fina y alargada. Sin embargo, bajo uno de los mejores cielos de Granada, decidí que esa tenía que ser la noche. Apunté a ella con paciencia, optimista gracias a la gran estabilidad atmosférica, que me permitía usar 214 aumentos sin el más mínimo problema. Efectivamente, al poco tiempo de estar observando, apareció a la vista una condensación alejada del núcleo, que se unía al cuerpo principal formando uno de los brazos, en un ángulo cerrado respecto a la barra central. Casi a la par, inmerso todavía en el entusiasmo, el otro brazo hizo su aparición estelar, si bien no de forma completa, al menos su zona más próxima al núcleo. Conforme avanzaban los minutos la imagen se volvía más nítida, aunque no alcanzaran la longitud que se ve en imágenes de la galaxia. Emocionado por ver algo tremendamente parecido a las fotografías, me dispuse a dibujarlo con las manos frías y entumecidas, dando por finalizada la búsqueda de esos esquivos y fantasmales brazos.

Con esta galaxia terminamos esta ruta de objetos lejanos y tenues, que nos ayudará a conocer un poco mejor a la constelación y a sentirnos un poco más pequeños, sintiendo ese vértigo indescriptible que nos sobrecoge cuando, por un momento, pensamos en lo que estamos viendo y nos dejamos llevar por la imaginación.

Lo que Messier se perdió (NGC 2403)

La constelación de Camelopardalis guarda, a pesar de su poco atractivo a simple vista, una importante cantidad de notables objetos de cielo profundo. Ya vistas las inmediaciones de la Cascada de Kemble, nos acercamos ahora a otra región mucho más lejana, en concreto, a 8 millones de años luz de la Tierra. A estas distancias sólo podemos referirnos, por supuesto, a una galaxia, NGC 2403. Llama la atención que no pertenezca al catálogo Messier, siendo quizás el objeto septentrional más brillante que no esté incluido en su lista, más notorio que muchos otros objetos de mayor fama.

NGC 2403, también conocida como Caldwell 7, es una de las galaxias más imponentes de la Nube de galaxias Coma-Escultor, una estructura que engloba varios grupos de galaxias, entre los cuales se encuentra nuestro Grupo Local. Con un diámetro de unos 70.000 años luz, es una galaxia algo menor que la nuestra, que guarda el privilegio de haber albergado las primeras variables cefeidas descubiertas fuera del Grupo Local. El estudio de esas variables, como veremos en otro momento, ha sido fundamental para conocer las distancias en el cosmos. NGC 2403 es una galaxia espiral con una inmensa cantidad de regiones HII de formación estelar, que recuerda vagamente a M33, la Galaxia del Triángulo. Sin embargo, estudios recientes parecen indicar que no predominan en ella los fenómenos de formación, salvo en algunas zonas más periféricas en sus brazos. La región HII más grande y brillante posee nombre propio, NGC 2404, y está al alcance de instrumentos de mediana abertura. Gracias a su cercanía podemos ver a la galaxia relativamente grande en el cielo, con una longitud de unos 20 minutos de arco.

Foto 2403.jpg

Se encuentra inclinada unos 15 grados con respecto al plano horizontal, no dejando ver sus brazos de una forma tan clara a como lo haría si estuviera de frente, en cuyo caso el espectáculo sería aún mayor. Dos supernovas han tenido lugar en esta galaxia en el último siglo, una en 1954 y otra 2003. Cuando la observemos tenemos que tener en cuenta que varias estrellas se interponen delante de ella, lo cual ha dado lugar más de una vez a confusiones y “falsas” supernovas, con la consecuente decepción del observador.

Visualmente, NGC 2403 es  perfectamente visible con unos prismáticos 15×70, siendo fácil de encontrar saltando de estrella en estrella a partir de la estrella que marca el hocico de la Osa Mayor, llamada Muscida. También se aprecia en el buscador de 50 mm como una pequeña mancha alargada que pide a gritos mayores aumentos. A 125x la imagen es espectacular, siempre y cuando que la noche sea lo suficientemente oscura y limpia. La galaxia ocupa casi la mitad del ocular, con una forma alargada y un núcleo ovalado muy brillante que contrasta fuertemente con el resto del halo. Algunas estrellas aparecen íntimamente relacionadas con el disco de la galaxia, destacando dos de ellas más brillantes.

NGC 2403

No hace falta esperar mucho tiempo para ver, si la vista se encuentra adaptada, que esta galaxia muestra algunas irregularidades, diferentes densidades que se intuyen desde el primer momento. Con visión periférica, un brazo sale del núcleo y se dirige hacia la izquierda y abajo, rodeando al núcleo por debajo, zona en la que su brillo se realza, haciéndolo especialmente notorio. Al lado de una estrella en el lateral de este brazo aparece una condensación fácilmente detectable, que corresponde a NGC 2403. Otras condensaciones son visibles, destacando una cercana al centro y otra fuera del aparente halo galáctico. El brazo otorga a la imagen una sensación de tridimensionalidad muy agradable, y por momentos el ojo quiere adivinar una compleja trama espiral que se retuerce sobre su núcleo. Al terminar me quedé con la sensación de que se le puede sacar más partido, así que necesitará una nueva cita en las frías noches invernales. Una vez visto un objeto, la mente lo recuerda instintivamente, y la próxima vez resulta más fácil la observación, pudiendo entonces seguir completando el puzzle y encontrar nuevas estructuras y formas en esta bonita galaxia.