Ese batiburrillo de estrellas…

Hay un objeto que ha sido observado desde que el hombre deambula la Tierra, que ha sido observado por las distintas civilizaciones y dado rienda suelta a su imaginación, un objeto que todo el mundo ha visto alguna vez con curiosidad desde la calle o el campo, preguntándose que serán esas estrellas tan juntas que, a primera vista, parecen una mancha emborronada en el cielo. Hablamos, por supuesto, de las Pléyades, ese increíble cúmulo que en estas noches se levanta rápidamente por el Este para alcanzar el cenit a medianoche. Desde cualquier lugar las Pléyades suponen una vista magnífica, y su cercanía y grandiosidad les ha servido como mérito para ser uno de los objetos más estudiados en la historia de la astronomía.

Ya están presentes en la manifestación artística Foto Nebra.jpgdel cielo más antigua que se conoce. Se trata del Disco Celeste de Nebra, encontrado en Alemania, un disco de bronce que data de hace 3.600 años en el que se pueden apreciar el sol, la luna, la barca solar (elemento religioso presente en toda Europa en la Edad del Bronce) y diversas estrellas, entre las que se encuentra una agrupación de siete astros que se relaciona con las Pléyades.

En la mitología griega, las Pléyades son las siete hijas del titán Atlas y la ninfa Pléyone, y hermanas, entre otras, de las Híades. Su nombre viene de la palabra “paloma” o “navegante”, y es que estas estrellas son visibles desde el mes de mayo hasta finales de año, marcando la temporada de navegación. Parece ser que el nombre de su madre, Pléyone, se inventó posteriormente y no al revés, para ir en concordancia con sus hijas. Según su mitología, cuando Atlas se vio obligado a cargar el mundo a sus hombros, Orion vio la oportunidad de asaltar a sus hijas y las persiguió durante años, incansable, hasta que Zeus las elevó en el cielo para ayudarles a escapar. Después de convertirlas en palomas, las transformó en estrellas, y de hecho todavía podemos ver a Orion, insistente, recorriendo la bóveda celeste tras ellas, en una persecución interminable.

Las Pléyades han guiado a través de muchas civilizaciones los períodos de siembra y recolecta, así como de la navegación, y cada pueblo tiene una historia para explicar su existencia. Una de mis favoritas es la de una tribu india, los Kiowa, que cuenta que hace tiempo un grupo de siete jóvenes estaban en el bosque y un osó les atacó, persiguiéndoles con furia. Cuando pensaban que no podían escapar, acorraladas, pidieron ayuda al Gran Foto torre diablo.jpgEspíritu, y éste levantó la tierra que había bajo sus pies y las elevó rápidamente hacia el cielo, dejándolas fuera del alcance del oso y convertidas en estrellas, permaneciendo por siempre a salvo. El animal intentó subir la montaña, sin éxito, y dejó en ella las marcas de sus garras. Lo más interesante de esta historia es que se asocia a un elemento de la geografía de Estados Unidos, cerca de Wyoming, que fue la que propició la leyenda. Es una intrusión ígnea, una elevación del terreno de 386 metros de altura formada por columnas basálticas, en cuyos laterales se aprecian largas grietas verticales. No es difícil imaginar a las jóvenes sobre la montaña y al temible oso dejando esas marcas en la dura piedra…

Foto pleyades nombre

Las estrellas del cúmulo reciben los siguientes nombres: Maya, Celeno, Alcíone, Electra, Estérope, Táigete y Merope, y no faltan en uno de sus extremos Atlas y Pleione, sus padres. Se menciona en diversas fuentes una supuesta disminución de brillo en Merope, que fue explicado por los griegos por ser la única de las siete hijas que tuvo relaciones con un mortal, lo cual la sumió en la vergüenza y desdicha. Se conoce hoy que esta estrella es variable, si bien sus diferencias en brillo son del orden de 0.1 magnitud, no apreciable a simple vista. ¿Podría haber disminuido su brillo tanto como para ser distinguible por los griegos? No llegaremos a conocer la respuesta, pero no sería de extrañar, conociendo las cosas que hoy conocemos del cosmos. Galileo fue el primero en observar sus estrellas con su telescopio de 3 cm de abertura, y sin duda quedó tan maravillado con lo que vio que realizó el siguiente dibujo:

FOto pleyades

Este cúmulo no sólo ofrece una historia fascinante en sus múltiples vertientes mitológicas, sino que también nos puede ofrecer interesante información si indagamos acerca de sus características más científicas. Las Pléyades se encuentran a una distancia de unos 443 años luz de nosotros, distancia ampliamente discutida durante muchos años. Conocerla es de gran importancia gracias a su cercanía, ya que conociendo bien sus características se pueden extrapolar sus datos para calcular las distancias de otros cúmulos estelares. En resumidas cuentas, se trata de colocar en un diagrama a las estrellas del cúmulo clasificadas según su tipo espectral y su luminosidad. El espectro lo conocemos gracias a los espectrómetros, y la luminosidad o magnitud absoluta la averiguamos una vez conocida su distancia, de forma que sabiendo dicha distancia y la magnitud relativa (la que apreciamos desde la tierra) podemos inferir su magnitud absoluta. ¿Y qué aplicación tiene ese diagrama? Gracias al diagrama de Hertzsprung-Rusell (así se llama), conociendo el espectro de la mayoría de estrellas de un cúmulo podemos conocer su magnitud absoluta. Haciendo una cuenta de tres, comparando su magnitud relativa con su magnitud absoluta, obtendremos la distancia aproximada. Básicamente, la interpretación casera sería algo así: “si esa estrella, desde mi jardín, tiene una magnitud de 1.5, muy brillante, pero sabiendo su espectro el diagrama me dice que su magnitud absoluta es muy débil, de 12 por ejemplo, eso significa que la estrella está muy cerca de mí, y por eso la puedo ver tan brillante”.

Herztsprung-Rusell.jpg

Pero claro, para conocer la distancia a las Pléyades no se pudo hacer uso del diagrama de Hertzsprung-Rusell porque todavía no se había desarrollado. En su lugar, gracias a la cercanía de sus estrellas, se pudo comprobar con bastante exactitud gracias al paralaje. En otro momento hablaremos de este método, aunque para salir del paso diremos que es un método que usa la trigonometría como principal herramienta, midiendo la posición de una estrella desde dos posiciones muy lejanas. Si hacemos una fotografía en verano y otra en invierno, hemos dado tiempo a que la Tierra se coloque en dos posiciones totalmente opuestas entre sí, y la estrella cercana parecerá que se ha movido respecto a las estrellas más lejanas. Haciendo uso entonces de la trigonometría, conociendo los ángulos y la distancia entre los dos puntos de observación, podemos calcular de una forma sencilla y efectiva la distancia a dicha estrella. Este método sólo es útil para objetos cercanos, y de ahí la importancia de las Pléyades, que nos permitieron usar este método para conocer su distancia.

FOto Paralaje_Anual_o_Estelar.png

Dejando de lado este tema continuamos con la descripción de este objeto, que está compuesto por más de mil estrellas que se distribuyen en un espacio de 86 años luz de diámetro. Su núcleo, que contiene a las estrellas más brillantes, mide unos 16 años luz. Sus estrellas son, mayoritariamente, gigantes azules de tipo espectral B, astros jóvenes con una edad estimada de unos 100 millones de años. Sin embargo, hay una población de estrellas totalmente distinta a ellas, relativamente abundante, formada por enanas marrones. Estas estrellas, mucho menores que nuestro sol, apenas tienen energía suficiente en su núcleo como para dar lugar a reacciones de fusión nuclear, por lo que son extremadamente frías (alcanzan temperaturas de unos 3.500º C). Suponen un 25% de la población total de las Pléyades, si bien su masa total apenas llega al 2%. La mayoría de las enanas marrones no son capaces de fusionar litio, por lo cual se puede encontrar dicho elemento en su superficie. Sin embargo, aquéllas con una masa mayor de 65 masas jovianas sí consumirán litio a una velocidad constante, por lo cual se puede deducir la edad que poseen. De esta manera se ha podido calcular la edad de las Pléyades con relativa precisión.

Las estrellas del cúmulo se encuentran rodeadas por gases fácilmente visibles en cualquier fotografía. En 1859 Wilhelm Tempel descubrió la nebulosa que rodea a Merope, por lo que pasó a denominarse Nebulosa de Tempel o NGC 1435. En un principio se pensó que estos gases serían los restos de la nebulosa original que dio lugar a las estrellas, si bien posteriores estudios dictaminaron que, tras 100 millones de años (la edad estimada del cúmulo), dicha nebulosa debería haberse disuelto por completo. Además, el movimiento delas estrellas el espacio no coincide con el movimiento de la nebulosa, lo cual parece indicar que el gas es tan sólo una zona del cielo que las estrellas están atravesando en su camino (algo similar a lo que ocurría con IC 405). Dentro de 250 millones de años las Pléyades se encontrarán en una región cercana al pie de Orion, aunque para entonces se habrán dispersado y dejarán de formar un grupo compacto.

Foto m45

Las Pléyades es un claro ejemplo de cómo un simple nombre puede llegar a deformar lo que vemos y damos por hecho. La cultura popular siempre las ha relacionado con el número 7 (las 7 hijas de Atlas, las 7 hermanas…). Sin embargo, hay 9 estrellas con una magnitud superior a 5.6, perfectamente visibles desde un lugar medianamente oscuro. Si además tenemos en cuenta una de sus componentes que se encuentre un poco más alejada, el número alcanza la decena. Esterope, nombre con el que se conoce a dos estrellas relativamente cercanas, tiene un miembro de magnitud 5.6 y otro de 6.4, por lo que desde un cielo aún más oscuro podemos alcanzar a ver 11 componentes con facilidad. Y, aunque va sonando a disparate, hay personas que han alcanzado a observar hasta 19 estrellas que forman parte de este espectacular cúmulo. El único secreto es disponer de un buen cielo y de paciencia, ayudando a la proeza estar recostado en un lugar cómodo desde el que poder observar el tiempo que haga falta. Personalmente, he observado 10 de ellas a simple vista, aunque todavía no he encontrado el momento de tumbarme bajo el cielo sin prisas, quizás el verano sea la mejor estación para ello.

Cualquier aficionado a la astronomía sabe que la mejor visión de este cúmulo se obtiene a través de unos buenos prismáticos, que nos ofrezcan un campo amplio o, en su defecto, a través del buscador de nuestro telescopio. La imagen es entonces digna de recordar, con varias decenas de estrellas pululando por cada rincón, rodeando a las principales estrellas. Si la noche es especialmente oscura podemos apreciar, rodeando a algunas de ellas, cierta nebulosidad, que será más fácil de observar con el telescopio. Este instrumento tiene, como ventaja principal, una inmensa cantidad de estrellas para mostrarnos, si bien el gran aumento hace más difícil poder disfrutar de todo el conjunto, ya que cubre más de dos veces el área de la luna llena. Este problema se puede solucionar con un ocular de bajo aumento de gran campo aparente. En mi caso observé a las Pléyades con mi Dobson de 305 mm, usando un ocular de 34 mm y 68º de campo aparente, con lo cual encajaban perfectamente en el campo de visión (un poco justas, todo sea dicho). Un centenar de estrellas pobló el ocular, de distintos brillos, con algunas dobles fácilmente resolubles. Llamaba desde el primer momento la gran nebulosidad que rodea a Mérope (NGC 1435), expandiéndose hacia el extremo del ocular y dando la sensación de estar viendo la cola abierta de un cometa. Esta imagen mejora al ocular el filtro UHC, y entonces queda más patente aún que no sólo Mérope goza de este privilegio, sino que hay nebulosas envolviendo a Alcyone, Maya y Electro, las estrellas que forman el “cuadrado” interno. Fantasmales, como sábanas que emborronan el fondo, estas nebulosas se aprecian mejor con visión periférica, y sin duda recuerdan a uno la imagen que se puede ver en fotografías de larga exposición. Una hilera de estrellas discurre entre Mérope y Alcyone, como pudo comprobar Galileo con su telesopio.

M45

La visión de este grupo de estrellas no deja indiferente a nadie, ya sea con el telescopio, los prismáticos o con el instrumento de mayor campo que conocemos, nuestra vista. Aprovechemos estas noches frías para sentarnos bajo el cielo y dedicarles unos merecidos minutos a las hijas de un dios. ¿Cuántas seremos capaces de ver?

6 Respuestas a “Ese batiburrillo de estrellas…

  1. Jajaja sí, lo que pasa es que las brillantes hacen que el resto queden enmascaradas, pero ten en cuenta eso, que 10 de ellas son de magnitud 5.6, así que sólo es cuestión de saber donde buscar y tener un cielo medianamente en condiciones. Ya verás, inténtalo y me cuentas el resultado 🙂 Esterope y Celeno son las más fáciles de encontrar.

    Un saludo

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