Los efectos de la luna

La de hoy es una entrada diferente, un ejemplo de cómo la luna puede influir en la observación, tanto como si hubiera un foco de luz cerca de nuestro lugar de observación. La primera observación la realicé el 2 de Septiembre, con la luna llena muy cerca de este interesante objeto. Aquí adjunto el enlace para conocerlo un poco más en detalle:

https://elnidodelastronomo.wordpress.com/2015/09/06/antepasados-ic-2003-y-ngc-1514/

En esa ocasión lo vi como una esfera de bajo brillo superificial, aunque visible con visión directa, rodeando a una estrella central. Ningún detalle pude apreciar en su interior.

NGC 1514 (con luna)

En esta segunda imagen queda reflejado tal y como lo vi un mes y medio después, el 15 de Octubre, en una noche clara y sin luna. Pude verlo con mayores aumentos sin problemas de turbulencias, y llegué a distinguir esos dos entrantes que caracterizan a esta bonita planetaria, con visión periférica.

NGC 1514 (sin luna)

También, siendo objetivos, hay que tener en cuenta que en mes y medio el ojo ha tenido tiempo de adaptarse mejor a este tipo de objetos y siempre hay un entrenamiento detrás de cada observación que realizamos, por lo que es posible que ese factor también influya. Sería interesante realizar los dibujos de forma más seguida, lo cual apunto en mi lista de tareas pendientes.

Una visita a Capricornio

Capricornio es una de esas constelaciones relativamente desapercibidas que a los observadores de cielo profundo nos dice más bien poco. Sus estrellas, ninguna especialmente brillante, forman una especie de triángulo que parece ir persiguiendo a Sagitario. Representa, mitológicamente, a Amaltea, una ninfa con cuerpo de pez y cabeza de cabra, que protegió a Zeus cuando era pequeño de su padre, Cronos (al igual que a Disney, a los griegos les encantaban las tragedias familiares). Zeus, agradecido, le hizo un hueco en los cielos para la eternidad.

Estas noches de Noviembre, a primera hora, Capricornio está en una posición relativamente apta para observarlo, en la región Suroeste del cielo. Si disponemos de un buen horizonte en esa dirección, relativamente libre de contaminación lumínica, podemos intentar cazar sus principales objetos de cielo profundo, entre los que se encuentran una galaxia y dos cúmulos globulares. La oferta será mucho más amplia si nos vamos a magnitudes menores, pero para una primera visita de rigor no está mal.

El primero de estos objetos es NGC 6907, una bonita galaxia cuya existencia desconocía por completo. Situada a unos 150 millones de años luz, es una galaxia espiral barrada con dos brazos muy bien definidos en fotografías. En uno de ellos se aprecia una condensación, que durante 150 años se asoció con una región HII, como tantas podemos observar en otras galaxias. Sin embargo, un estudio reciente con imágenes eFoto NGC 6907.jpegn infrarrojo descubrió que se trata de otra galaxia, NGC 6907, una pequeña galaxia elíptica que se superpone a su brazo. Además se comprobó que ambas se alejan de nosotros a una velocidad similar (algo más de 3.000 km por segundo), con lo cual se ha logrado saber que ambas están a la misma distancia y, de hecho, que están interactuando entre sí. NGC 6908 atravesó el disco de su compañera y ahora está frenando su velocidad, lo cual implica que está volviendo a ser arrastrada hacia el núcleo de NGC 6907. En un futuro no muy lejano ambas galaxias serán una sola.

Visualmente, NGC 6907 es fácilmente visible a bajos aumentos como una pequeña mancha alargada con un brillante núcleo redondeado y pequeño, como una estrella engrosada. Son necesarios mayores aumentos y una buena estabilidad atmosférica para poder distinguir, con visión periférica, uno de los brazos que sale de su extremo, girando en forma espiral. Una pequeña zona más brillante delata la posición de NGC 6908, tremendamente débil, apareciendo de forma intermitente. La mejor imagen la obtuve a 214 aumentos, ya que por debajo de ahí tan sólo llegaba a distinguir la forma ovalada del halo galáctico.

NGC 6907

Al otro lado de la constelación tenemos a M30, un cúmulo globular muy interesante, que comparte con M15 su gran densidad conforme avanzamos hacia el centro, denominado “core collapse” o colapso del núcleo. De esta forma, el núcleo de M30 es una gran aglomeración de estrellas que promueve las colisiones entre ellas, encontrando así las denominadas “Blue Stragglers” o azules rezagadas, que ya vimos en M3. Básicamente, son estrellas rojas, de edad avanzada, que al chocar con otras estrellas sufren un “rejuvenecimiento”, aumentan su temperatura drásticamente volviendo a adquirir un color azulado. Esta bola de estrellas se encuentra a 26.500 años luz de nosotros y tiene un diámetro de unos 90 años luz. Messier lo descubrió en 1764 y fue resuelto, como la mayoría de los globulares del catálogo Messier, por Herschel un siglo después.

M30 ya es apreciable con unos modestos prismáticos como una pequeña nube redondeada, al lado de una estrella relativamente brillante. Con el telescopio, bajo un cielo decente, 125 aumentos son suficientes para mostrar una chispeante nebulosidad redondeada con diminutas estrellas que aparecen en toda su superficie. A mayores aumentos destacan con mayor brillo, con un gradiente no especialmente marcado y un núcleo muy luminoso. Cerca de este núcleo salen tres ramificaciones de estrellas más brillantes que destacan sobre el resto. Es una bonita imagen, a medias entre los grandes globulares que ya conocemos y aquellos pequeños e irresolubles.

M30

Para terminar esta breve visita en la constelación vamos a ver algo más complicado, un cúmulo globular que pertenece al catálogo conocido como Palomar. Aunque dedicaremos un capítulo entero a este catálogo, como introducción cabe decir que es una lista de 15 cúmulos globulares que fueron encontrados muy recientemente, en la década de los 50, en placas fotográficas tomadas por el telescopio de 1,2 metros del “Palomar Observatory Sky Survey”, o el mapa del cielo del observatorio Palomar en California. Además, fueron descubiertos por personajes de sobra conocidos en el mundo de la astronomía, como Edwin Hubble, Halton Arp (nos sonará por el catálogo de galaxias peculiares Arp) o George Abell (igualmente, el catálogo de grupos de galaxias que lleva su nombre). Son un grupo de cúmulos globulares especialmente débiles, motivo por el cual no se descubrieron antes (excepto dos de ellos que pertenecen también al catálogo NGC e IC).

El que nos ocupa en esta ocasión es Palomar 12, un cúmulo globular situado muy cerca de M30, a más del doble de distancia de la Tierra, a 62.300 años luz. Su edad es un 30% menor que la de la mayoría de cúmulos globulares de nuestra galaxia. Recientemente se ha descubierto que este cúmulo perteneció una vez a la Galaxia Enana de Sagitario, siendo absorbido por las fuerzas de marea de la Vía Láctea, explicando de esa manera la diferencia etaria.

Palomar 12

Su poca densidad supondrá un desafío a la hora de verlo, si bien es fácil de encontrar a partir de M30. Con pocos aumentos el cielo de fondo era demasiado brillante como para distinguirlo, pero al usar el ocular de 7 mm, con 214 aumentos, mientras movía el telescopio por la zona, pude percibir un destello de luz difusa, muy débil, que al hacer vibrar el tubo podía percibir como una pequeña esfera blanquecina, apenas visible, cercana a un triángulo característico de estrellas más brillantes. Conforme iba dibujando el pobre campo de estrellas pude comprobar que dos débiles estrellas brillaban en el interior de esta tenue mancha, una de ellas en el centro y otra en la periferia. La adaptación fue ganando terreno hasta que pude ver la mancha sin ningún problema, con visión periférica. Ninguna estrella visible del cúmulo, ninguna forma especial, pero el hecho de ver uno de estos globulares ya debe ser motivo de alegría.

Un hervidero de estrellas en M15

M15 es, con más de 12 mil millones de años de edad, uno de los cúmulos globulares más antiguos que posee nuestra galaxia. Antes de hablar más sobre este objeto, vamos a indagar sobre cómo podemos conocer la edad de estos objetos, algo que seguramente no ha sido fácil descubrir. La Vía Láctea ha llegado a tener 10.000 cúmulos globulares orbitando alrededor de ella. ¿Cómo es posible que ahora sólo queden unos 150 de ellos? El espacio es, aunque a veces no lo parezca, enormemente dinámico. Estos cúmulos, en constante movimiento, han sufrido colisiones entre ellos que han ido dispersándolos, sumando sus estrellas al resto de la galaxia. Otros, por ejemplo, han sido expulsados de la galaxia y vagan sin rumbo alejándose de su atracción gravitatoria. Cuando un globular choca contra otro, sólo permanecen las estrellas más estables, las que tienen generalmente una mayor edad (las más jóvenes e inestables desaparecen o son salen disparadas del cúmulo. Las estrellas rojas son, por lo general, las más ancianas, que han perdido gran parte de su energía y son más frías que las azules. Si el cúmulo fuera joven no veríamos ninguna gigante roja, y esa regla de tres, enormemente simplificada, es lo que permite estimar la edad de estas agrupaciones de estrellas. M15 presenta una población de estrellas rojas que le convierten en uno de los globulares más antiguos que conocemos, coincidiendo prácticamente su edad con la de nuestra galaxia.

Es una enorme esfera compuesta por 100.000 soles dispersos en un diámetro de unos 175 años luz. Además, es uno de los cúmulos más densos conocidos, de forma que 30.000 de esas estrellas se encuentran en el centro ocupando un área de 22 años luz en las imágenes captadas por el Hubble. Acercándonos al núcleo, la densidad es aún mayor, considerándose la mayor concentración de estrellas que podemos observar a nuestro alrededor. De esta gran densidad central se desprende que debe haber algo con una masa increíblemente grande en ese lugar, y como hipótesis principal está la presencia de un agujero negro que atraiga con fuerza a todas esas estrellas.

Este cúmulo esconde otras curiosidades en su interior. La mayoría de fotos muestran una pequeña estrella azulada a medio camino de su núcleo, que con mayores aumentos se revela como una nebulosa planetaria, llamada Pease 1 o Kuster 648, convirtiendo a M15 en uno de los cuatro cúmulos globulares con nebulosas planetarias conocidas en su interior (otro de ellos era M22). Para ver esta planetaria hace falta, además de una abertura importante, una estabilidad atmosférica excepcional, que nos permita ver cada una de las estrellas lo más puntual posible. Conociendo las estrellas guía, podemos llegar a encontrarlo con un filtro OIII, como una estrella “engrosada” que se diferencia de las demás. Personalmente sólo lo intenté una vez y, aunque la noche era oscura, la atmósfera no me dejó usar aumentos adecuados, con lo cual tendré que intentarlo otra noche de estas.

Podemos encontrar a M15 siguiendo una de las patas de la constelación del Pegaso, que sale desde alfa pegasi o Markab. Siguiendo la línea de Enif o épsilon pegasi veremos con prismáticos, a pocos grados de distancia, una pequeña esfera de aspecto nebuloso, con un brillo relativamente. Esta observación la realicé desde cielos suburbanos con el Dobson 300 mm, y me dejó muy buen sabor de boca por su facilidad y la gran cantidad de estrellas que se llegan a resolver.

M15

A 125 aumentos ya se ve como un gran objeto, de unos 10 minutos de arco de diámetro, esférico, una nube plagada de estrellas que chisporrotean en su interior, más aparentes y densas conforme nos acercamos al centro. En la periferia se van perdiendo paulatinamente, haciendo intuir que debe ser más grande de lo que aparenta, y llegará a medir más en cielos oscuros. A 214 aumentos la imagen es espectacular, con un seeing bastante decente. Las estrellas contrastan más sobre el fondo del cielo. Tras ellas se adivina una nebulosidad más brillante hacia el centro, que con mirada periférica se adivina irregular, con algunas prolongaciones a los lados que plasmo en el dibujo. En el centro hay un hervidero de estrellas, con un gran brillo de fondo, llegando a individualizarse muchas de ellas. Igual que otros globulares inspiran delicadeza, como NGC 6934, M15 transmite fuerza y la sensación de ser algo “grande” que no deja indiferente.

La estrella de fuego (IC 405) y NGC 1664

Hace unos 2 millones de años, cuando en la Tierra no se había descubierto el fuego, una llama se estaba preparando en el cielo, a 1.500 años luz de distancia. Tenemos que transportarnos al Trapecio de Orion, ese grupo de estrellas que se encuentra en pleno corazón de M42, un lugar donde se están gestando estrellas. Allí ocurrió en esa época una colisión entre algunas de las estrellas recién formadas, y fueron expulsadas bruscamente por la gravedad, alejándose de sus compañeras en diferentes direcciones. Tres de estrellas fueron AE aurigae, Mu columbae y 53 arietis, hecho que se ha descubierto gracias al seguimiento de su rápido movimiento. Volvamos al momento de la colisión y sigamos a AE aurigae, una estrella gigante azul que acaba de formarse y tiene una luminosidad 33.000 veces mayor que la de nuestro sol, con un radio 5 veces mayor. La estrella, empujada de su cúmulo, fue vagando por el espacio hasta encontrarse donde hoy podemos observarla, en el centro de la constelación de Auriga. A su paso por un espacio lleno de gas y nubes de polvo va dejando su huella. La inmensa luz que desprende va iluminando esta red enmarañada de gases su paso, que brilla fantasmagóricamente y cuyos fotones podemos percibir desde nuestro planeta en forma de llama, motivo por el que se conoce a este objeto como “The flaming star” (la estrella llameante).

IC 405 hace referencia a toda esa masa de gases que, en este Foto IC 405momento, es huésped del paso de una estrella que no encuentra su lugar. Es, a la vez, una nebulosa de reflexión y una nebulosa de emisión. Por un lado, la región iluminada por AE aurigae brilla en forma nebulosa de reflexión, reflejando la luz de la gigante azul. Por otro, la energía de la estrella es suficiente para ionizar la gran masa de hidrógeno molecular que rodea a la región, cuyos átomos excitados comienzan a brillar con luz propia en forma de nebulosa de emisión. En la fotografía anterior la nebulosidad de un tono morado corresponde a la zona de reflexión, mientras que la difusa y rojiza es la nebulosa de emisión. Es interesante fijarse en esta distinción, pues la región morada, de reflexión, es la que distinguiremos a través del telescopio (más o menos según el telescopio y las condiciones de observación). Todo el conjunto queda perfectamente plasmado en la APOD del pasado 10 de noviembre por parte de astrónomos de Cádiz:

Foto IC 405 APOD

Después de esta introducción podemos afrontar la observación de IC 405 de una forma más interesante, y conscientes de lo que estamos viendo. Se encuentra muy cerca del centro de Auriga, donde podemos ver, a simple vista, una hilera de estrellas que presentan aspecto nebuloso. Justo encima encontramos a AE aurigae, rondando la magnitud 6 (es una variable de corta amplitud). Para ver IC 405 es mejor no usar aumentos muy elevados. La mejor vista la obtuve con el Hyperion de 13 mm, a 125 aumentos, ya que es el que más me oscurece el cielo sin perder detalles. De entrada lo primero que se ve es una débil nebulosidad rodeando a la estrella principal, que forma un característico grupo con otras 5 estrellas, una especie de rectángulo que nos ayudará a orientarnos. La adaptación a la oscuridad y al campo de estrellas tiene que hacer su función y para ello tenemos que dejarle el tiempo que haga falta. Lo siguiente que pude apreciar claramente fue otro jirón de nebulosidad rodeando a la otras estrella brillante que forma uno de los vértices de este rectángulo, que se extiende un poco hacia AE aurigae. Tras dibujar estos detalles aparece como por arte de magia otro arco nebuloso por encima de la estrella principal, siguiendo la línea de tres pequeños astros. Los filtros no parecían ayudar mucho, así que prescindí de ellos.

IC 405

Lo interesante de dibujar algo sin conocer la forma del objeto por medio de fotografías es que la sugestión no juega ningún papel, y lo que se ve, se ve. Tras varios minutos más la principal nebulosidad se alargaba hacia arriba, con un saliente hacia otro lado que se perdía en la oscuridad del cielo. Otro manchón aparecía a unos 10 minutos de arco, aislado del resto. Supongo que si hubiera estado dos o tres horas habría acabado por unirse al resto de la nebulosa. El resultado final fue una curiosa y débil nebulosa con formas totalmente asimétricas y con delicadas curvas, como se puede apreciar en el dibujo. No me resultó fácil en absoluto, pero es un objeto agradecido a quien le eche algo más que un vistazo. Así es como una débil nube alrededor de la estrella pasa a ser una emocionante historia de colisiones, viajes a grandes velocidades a través de nubes de gas, prendiendo fuego a su paso como una gran llama… Conociendo lo que vemos y dedicando tiempo a ello tenemos el placer asegurado (teniendo buenos cielos, más aún).

No muy lejos de allí, por encima de Capella, tenemos un bonito cúmulo abierto, fácil de ver y de disfrutar, para contrarrestar el esfuerzo de ver la nebulosa. Se trata de NGC 1664, un bonito cúmulo situado a 3.900 años luz de nosotros. Está formado por unas 40 estrellas y no me di cuenta de su característica forma hasta revisar hoy el dibujo que hice esa noche. Ahora entiendo por qué se conoce como el “cúmulo de la cometa”, aunque a mí me recuerda más a un globo con forma de corazón, con la cuerda en su parte inferior. Hay una estrella brillante ajena al cúmulo que da un efecto interesante al conjunto. El ocular de 125 aumentos, como la mayor parte de las veces, fue el que dio la imagen perfecta. Más aumentos, para mi gusto, expanden demasiado el cúmulo y pierde atractivo. Pero para gustos, colores, y Auriga es una constelación tan rica en cúmulos abiertos que nos va a permitir ver una inmensa variedad de ellos. Sólo hay que coger un atlas y empezar a buscar.

NGC 1664

Cazando cometas

El pasado 12 de Octubre observé el cometa C/2014 S2 PANSTARRS, un bonito cometa con una pequeña cola a sus espaldas. Estos objetos son muy sugerentes, ya que parecen copias pequeñas de sus “primos mayores” que nos visitan cada más tiempo. Anoche volví a apuntar el telescopio a este cometa y a otro que no conocía, C/2013 X1 PANSTARRS. El nombre PANSTARRS hace referencia al telescopio de sondeo de la Universidad de Hawái, que se encarga de barrer el cielo en busca de cometas y otros objetos que se acerquen a la Tierra.

El cometa C/2014 S2 PANSTARRS sigue su camino hacia el sol, a 1.88 unidades astronómicas de nosotros (un poco más lejos que hace un mes). El 9 de Diciembre se encontrará en su punto más cercano al sol, y hasta entonces podría ser esperable un aumento de la cola y del brillo superficial. Actualmente se encuentra en una cómoda magnitud 9.5-10 que lo hace asequible a la mayoría de instrumentos. Al apuntar con mi Dobson pude comprobar que era más brillante que hacía un mes. Su núcleo se ve fácilmente con visión directa, de unos 2 minutos de diámetro, aunque su región más externa se pierde como un halo en la oscuridad. La cola es bastante más evidente. Recuerdo que el mes pasado me costó bastante distinguirla, con visión periférica, y sin embargo en esta ocasión la veía sin ningún problema, bien ancha y notable, de unos 3-4 minutos de longitud, aunque sospecho que la humedad de la noche que había a esa hora me impidió verla con mayor detalle…

C.2014 S2 PANSTARRS

El siguiente objetivo fue otro cometa llamado C/2013 X1 PANSTARRS, En este momento se encuentra en el corazón de Perseo, muy cerca de Mirphac o alfa Persei, en una situación perfecta para osbervarlo durante casi toda la noche. Está a 1.62 unidades astronómicas de nosotros, más cercano que el anterior, si bien su brillo es algo menor (el brillo de los cometas depende de muchos factores, entre otros su material, estructura, distancia al sol, velocidad…). Pero aun así se encuentra entre las magnitudes 10 y 10.5, siendo asequible a la mayoría de instrumentos.

Una vez en el ocular, a bajos aumentos ya destaca como una ancha redondeada con un núcleo marcado y brillante. El cometa soporta bien los aumentos, mejorando el contraste y la visibilidad a 214. Hace falta hacer uso de la visión periférica para comenzar a distinguir una discreta cola, ancha y corta, que se pierde rápidamente, no llegando a más de 2 minutos de arco de longitud.

C.2013 X1 PANSTARRS

Su máximo acercamiento al sol se espera para abril de 2016, estaremos atentos a ver si nos depara alguna sorpresa. Mientras tanto nos contentaremos con estas discretas visiones, que son tremendamente sugerentes cuando, haciendo un esfuerzo mental, imaginas al cometa visto de frente, con su núcleo por delante y la cola perdiéndose hacia atrás. Es entonces cuando parece que se está moviendo hacia nosotros, y un escalofrío nos recorre la espalda.

A la luz de un faro (protoplanetarias)

Como ya sabemos, las nebulosas planetarias son la etapa final de las estrellas con una masa relativamente pequeña (entre 1 y 8 masas solares), formadas por la pérdida de la envoltura gaseosa de una estrella que empieza a apagarse poco a poco, convirtiéndose en una enana blanca. Pero hay una fase que podemos observar, intermedia entre la estrella en su plenitud y la nebulosa planetaria, que recibe el nombre de Nebulosa Protoplanetaria. Es el preámbulo de la planetaria, una corta etapa que se caracteriza, entre otras cosas, por ser una nebulosa de reflexión en vez de emisión. ¿Qué significa esto? Que no es una nebulosa con brillo propio, que se encuentre ionizada, sino que se ilumina con el resplandor de la estrella que la ha generado, “refleja” su luz hacia nosotros. A medida que la estrella vaya aumentando su temperatura llegará un momento en el que será capaz de ionizarla y comenzará a emitir radiación ultravioleta, convirtiéndose en una nebulosa planetaria. Mientras tanto, las protoplanetarias son una fuente lejana de rayos X.

La estrella central se va calentando paulatinamente conforme va perdiendo su envoltura, y estos gases adquieren una morfología axial que las hace especialmente interesantes, una estructura bipolar que las diferencia de la mayoría de planetarias. Vamos a ver dos de ellas, ambas en la constelación del Cisne.

La primera, denominada coloquialmente la Nebulosa de la Huella, Foto Minkowski 1-92es Minkowski 1-92. En la región de la cabeza del Cisne, se encuentra a unos 7.500 años luz de nosotros y está formada por dos lóbulos, uno mayor que el otro, con origen en un estrecho centro dominado por la estrella responsable. Se piensa que si fuera una estrella doble se podría explicar más fácilmente esta estructura bipolar, o quizás se deba a un disco de acreción de la estrella central que absorbe materia en el ecuador, no hay nada claro todavía a este respecto. Lo que sí es innegable es su interesante figura, fotografiada en detalle por el Hubble.

Al ocular no veremos gran cosa porque es especialmente pequeña. La observación la realicé desde la terraza de mi casa, en cielos suburbanos, ya que, aunque sea de dimensiones reducidas, es un objeto bastante brillante, al alcance de telescopios modestos. A bajo aumento, una vez orientado en la zona, se ve como una estrella doble, con sus componentes muy unidos. Hace falta aumentar la magnificación para poder verlo como dos pequeñas nebulosas, casi puntuales, que se rozan en la distancia. Una de ellas es algo mayor, de contorno redondeado, y no es difícil compararlo con una huella en miniatura, aunque no podremos ver ningún detalle más.

Minkowski 1-92

Con el nombre de PK 80-6.1 o RAFGL 2688 se conoce a la Nebulosa del Huevo, otra protoplanetaria que puede mostrarnos algo más que su compañera. También se encuentra en la constelación del cisne, sobre una de sus alas, y está a la mitad de distancia, a unos 3.000 años luz. Su pequeño diámetro no impide disfrutar de su interesante forma. Una serie de anillos concéntricos parten de su estrella central que, a modo de faro cósmico, emite unos potentes haces de luz que iluminan simétricamente dichos anillos, adquiriendo la forma de arcos luminosos. Esta envoltura de gas se expande a unos 20 km por segundo, y tiene un tamaño aparente ed unos 15 segundos de arco.

 PK80-6.1

Visualmente, a pocos aumentos se parece bastante a Minkowski 1-29. Dos lóbulos, uno mayor que el otro, son visibles sin mayor problema en un campo densamente poblado por la Vía Láctea. Uno de ellos es claramente mayor, lo cual se aprecia con aumentos más elevados, que soporta sin problemas. A 214 aumentos, y tras un rato de visión periférica y respiración relajada, pude apreciar algo con lo que no contaba. Una línea ecuatorial salía de cada lóbulo hacia fuera, corta y débil, pero claramente visible. En el momento en que realicé la observación no sabía cómo era el objeto, así que supuse que serían líneas de difracción por la humedad, pero aun así me decidí a dibujarlas. Luego comprobé que están ahí realmente, correspondiendo a dos potentes haces de luz.

Foto PK80-6.1

Muchas otras nebulosas protoplanetarias están ahí para que las miremos a través del ocular, siendo objetos interesantes y distintos a los que estamos habituados, ayudándonos además a comprender un poco mejor esa inmensidad que nos rodea.

La Guerra de las Galaxias (el Quinteto de Stephan)

“Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana…” podría ser un buen comienzo para la entrada de hoy, y su título sería más acertado que el de la película que se estrena en breve, ya que en la gran pantalla toda la historia transcurre en una misma galaxia, y en el caso que nos ocupa las protagonistas son varias de ellas. Centrándonos en el tema, hoy vamos a hablar una de las mayores catástrofes naturales que podemos observar con nuestros propios ojos, una colisión de proporciones cósmicas, nunca mejor dicho, al alcance de telescopios de mediana abertura. Me refiero al Quinteto de Stephan, también llamado Hickson 92 o Arp 319.

Descubiertas por el francés Édouard Stephan en 1877, fue el primer grupo compacto de galaxias conocido. Por esa época, claro está, nadie se podía imaginar que esas pequeñas nebulosas que tanto poblaban el cielo eran en realidad universos plagados de estrellas (hasta 1924 no se conocería su verdadera naturaleza). Stephan descubrió unas 800 de estas nebulosas, casi todas ellas formando agrupaciones muy tenues y juntas.

El quinteto de Stephan es una agrupación de cinco galaxias de una magnitud alrededor de 13, que se extienden por un espacio de apenas 4 minutos de arco, lo cual da una idea de lo cercanas que están. En la siguiente fotografía podemos apreciarlas en todo su esplendor. Sus componentes son NGC 7317, NGC 7318A, NGC 7318B, NGC 7319 y NGC 7320. A mediados del siglo XX se encontró que estas galaxias se alejaban de nosotros a velocidades en torno a 6.600 kilómetros por segundo, exceptuando a NGC 7320, que lo hacía a unos 786 km/s. Según la Ley de Hubble, esto significa que dicha galaxia se encuentra mucho más cerca, ya que, en resumidas cuentas, cuanto más lejos está un objeto de nosotros, más rápidamente se aleja (es el fenómeno del corrimiento al rojo, que ya vimos en esta entrada). Además, para corroborar dicha afirmación, en las fotografías se llegan a individualizar estrellas en NGC 7320, mientras que las otras galaxias permanecen irresolubles.

Foto stephan

Este grupo de galaxias se encuentran a unos 280 millones de años luz de nosotros, estando NGC 7320 bastante más cerca, a 39 millones de años luz. Parece ser que esta última se encuentra gravitacionalmente asociada a NGC 7331.

NGC 7318 hace referencia a dos galaxias distintas, NGC 7318 A, una galaxia elíptica, y NGC 7318 B, una espiral barrada. La colisión de ésta última con su compañera, que está teniendo lugar actualmente y es la última en entrar a formar parte del grupo, ha formado una onda de energía que puede apreciarse en fotografías, una especie de filamento formado por estrellas y gas que han sido desahuciados de su hogar y lanzados con fiereza al espacio. Este filamento produce una importante cantidad de Rayos X, que el telescopio Chandra ha captado hace unos pocos años, una inmensa nube mayor que nuestra Vía Láctea. Si hay algún planeta con vida entre esas estrellas, sus habitantes deben estar contemplando un paisaje sobrecogedor.

This composite image of X-rays from Chandra (colored light blue) and optical data from the Canada-France-Hawaii Telescope (yellow, red, white, and blue) shows a beautiful new look at the compact group of galaxies known as Stephan’s Quintet. One galaxy is thought to be passing through the others at almost two million miles per hour. This generates a shock wave that heats the gas and creates the ridge of X-ray emission detected by Chandra.

NGC 7317 es una galaxia elíptica algo menor que sus compañeras, partícipe también de esta múltiple colisión entre sistemas. Al otro lado encontramos a NGC 7319, una espiral barrada con dos brazos totalmente deformados. Un filamento de detritus comunica esta galaxia con otra pequeña que se encuentra muy cerca, si bien su magnitud de 16.7 la pone fuera del alcance de la mayoría de los telescopios. Fue “enganchada” hace unos mil millones de años por el grupo de galaxias, y aunque su unión es más débil, sigue formando parte de ellas. NGC 7319 es, además, una galaxia de tipo Seyfert (aquí puedes leer más sobre ellas).

Foto Quinteto.jpg

Fotografía realizada por Aniceto Porcel y Miguel Sangón

Ya terminadas las presentaciones podemos pasar a la observación. Para disfrutar del Quinteto de Stephan es necesaria, además de una noche bien oscura y una buena abertura de telescopio, una atmósfera estable. Un buen seeing será primordial porque necesitaremos usar bastante aumento para verlas lo mejor posible. Se encuentran muy cerca de NGC 7331, por lo que esta bonita galaxia bien merece una visita de camino. La primera vez que las vi la atmósfera estaba especialmente calmada, y me sorprendí de lo claras que pude verlas.

A bajos aumentos se aprecia perfectamente una nubecilla muy tenue que contrasta con la nitidez de las estrellas. A 125 aumentos ya pueden distinguirse varias manchas muy pequeñas y muy juntas entre sí. Necesité subir a 214 aumentos para obtener la mejor imagen, individualizando perfectamente cada una de las componentes. NGC 7318 no era difícil de resolver, como una débil nebulosa doble con sus miembros muy unidos. La visión periférica es fundamental para apreciar los mínimos detalles que podamos ver. NGC 7320 es algo más grande que el resto, siendo NGC 7317 la menor, justo al lado de una débil estrella. Intenté encontrar NGC 7320C, sin tener una clara referencia de su sitio, pero no fui capaz. Quizás con una buena noche y sabiendo su lugar exacto pueda, al menos, intuirse. La última noche que las volví a visitar la atmósfera estaba algo movida, y la calidad empeoró, si bien descompuse sin problemas cada uno de sus miembros. Es una visión muy sugerente poder ver tanta mancha en un espacio tan reducido, y más aún saber lo que implica.

Quinteto de Stephan

Ver el Quinteto de Stephan es una oportunidad única para disfrutar y aprender en directo cómo se relacionan las galaxias entre sí, como interactúan y evolucionan. Dentro de unos miles de millones de años probablemente no exista ningún quinteto, sino una gran galaxia elíptica, mucho más brillante que los componentes actuales. Dudo que haya nadie en la Tierra para verlo cuando ocurra, pero mientras, no tenemos excusa para no deleitarnos con su visión e imaginar lo que debe ser una verdadera “Guerra de las Galaxias”.

Aquí está la imagen con la identificación de cada uno de los componentes del quinteto.

Quinteto de Stephan detalles