En los reinos de Alnitak

La entrada de hoy merece comenzar con una imagen de presentación y unos minutos para recorrerla con la mirada:

Foto Complejo Orion.jpg

Esta explosión de formas y colores corresponde a la Complejo Molecular de la Nube de Orion, una inmensa masa de gases de unos 500 años luz de diámetro que engloba la enorme variedad de objetos que podemos ver en la imagen: nebulosas de emisión, de reflexión, regiones HII, nebulosas oscuras e imponentes estrellas azuladas (exceptuando a la brillante y rojiza Betelgeuse). Es una región en la que los gases están siendo moldeados y colapsados para dar lugar a la formación de miles de estrellas, una zona tan amplia que nos llevaría meses visitar por completo. Por eso, hoy nos centraremos en la zona que circunda a Alnitak, una de las componentes del cinturón de Orion.

Alnitak, o ζ orionis, es una joven estrella que nació hace 6 millones de años, siendo la más meridional de las “Tres Marías” o estrellas del cinturón de Orión, ampliamente reconocidas por su apariencia tan regular. Esta estrella esconde una región espectacular, tanto en fotografías como a través del telescopio, o de unos simples prismáticos, empezando por ella misma. Hará falta una buena estabilidad atmosférica para comprobar que es una estrella doble, con una compañera de la tercera magnitud a 2.1 minutos de arco. En el dibujo que hice no se aprecia porque no la desdoblo hasta que no uso los 214 aumentos, apareciendo entonces como una bonita doble muy cercana y brillante. Tiene otra compañera a 57 segundos de arco, fácilmente visible y más débil, de magnitud 9, que no deja de añadir atractivo al conjunto. Recientemente, además, se ha descubierto la presencia de otra compañera, fuera del alcance de telescopios de aficionado, muy cercana a Alnitak A, la estrella principal, conformando finalmente una estrella cuádruple.

Sin embargo, al apuntar con un telescopio a esta zona lo que más llama la atención no es la estrella en sí, sino los detalles que hay a su alrededor. NGC 2024 es una nebulosa de emisión Foto flama chandraconocida popularmente como “la Flama”, por su forma tan característica, con una nebulosa oscura que bloquea la luz en su región central. Es, como todas las nebulosas de la zona, parte de este gran Complejo Molecular. Está formado en su mayoría por HII o hidrógeno molecular, que se va colapsando por la gravedad y forma nuevas estrellas. Estas estrellas, cuando emiten la suficiente energía,  llegan a ionizar el hidrógeno, que brilla entonces en forma de nebulosa de emisión. Podríamos pensar que la estrella que ioniza a NGC 2024 es la brillante Alnitak, pero no es así, ya que ésta última se encuentra a unos 700 años luz y la nebulosa a 1400 años luz, así que su cercanía es tan sólo efecto de perspectiva. Realmente no se conoce la principal responsable, aunque en el seno de esta nebulosa hay un cúmulo de estrellas recién nacidas que parecen ser las culpables. Estas estrellas cuentan con una edad ridícula en términos astronómicos, existiendo tan sólo desde hace 200.000 años. Están rodeadas por una nebulosa que no emite radiación y las oculta a nuestra vista. Sin embargo, no pueden escapar al telescopio Chandra de rayos X ni a los telescopios que captan en infrarrojo, que nos han ofrecido la siguiente imagen, en la cual se revela el interior de la nebulosa.

Observaciones de estos instrumentos han puesto de manifiesto la presencia, en más de la mitad de las estrellas, de discos protoplanetarios a su alrededor. El disco protoplanetario no es más que una nube de partículas que gira alrededor de una estrella y que, con el debido tiempo y gracias a la gravedad, irá dando lugar a la formación de planetas y cuerpos menores. Estamos observando una verdadera guardería estelar que ha roto los esquemas que hasta ahora se tenían sobre la formación de estrellas. Se había pensado que la formación tenía lugar desde el centro, donde el gas colapsaba primero, hacia fuera. Sin embargo, la edad estimada para las estrellas periféricas es de más de un millón de años, siendo las centrales de unos 200.000 años. Esto, además de nuevos interrogantes, refleja que aún nos queda mucho por aprender del universo.

Un poco hacia el sur encontramos NGC 2023, una bonita nebulosa de reflexión que rodea a una caliente estrella de tipo B, llamada HD 37903. A diferencia de la anterior, esta estrella no tiene la suficiente energía para ionizar el gas que la rodea, limitándose éste a reflejar su luz hacia nosotros. En fotografías de gran aumento obtenidas por el Hubble se pueden distinguir distintas texturas y una agradable sensación de tridimensionalidad.

A unos 20 minutos de arco tenemos a la protagonista indudable de una gran mayoría de fotografías de cielo profundo y uno de los objetivos favoritos más esquivos que existen. Es la zona que corresponde a IC 434 y Barnard 33, que da forma a la conocida como Nebulosa de la Cabeza de Caballo. IC 434 es una nebulosa de reflexión que refleja la luz de Sigma Orionis, otra maravilla al alcance de cualquier telescopio. Antes de afrontar la observación de la nebulosa (o después) merece la pena realizar una visita a esta estrella, a la que dedicaremos más tiempo en su debido momento. Por ahora, basta decir que es un sistema formado por seis estrellas muy distintas entre sí y que, al telescopio, en una buena noche, podemos apreciar cuatro de ellas, perfectamente separadas y muy agradables a la vista. Es una imagen de la que uno no puede cansarse.

IC 434, como decíamos, es un complejo de gases que reflejan la luz de esta estrella, y en su seno está situada B33, una nebulosa oscura cuya silueta queda marcada sobre el fondo más brillante. Su oscuridad no la hace necesariamente diferente a IC 434, no es más fría ni posee distintas características. Simplemente no la ilumina ninguna estrella cercana. Puede ser que algún día una estrella vecina aumente su temperatura e ionice sus partículas, pasando a ser entonces una nebulosa de emisión. Lo más característico de B33, y lo que le ha dado el derecho de aparecer en tantas imágenes, es su forma tan lograda, que emula la cabeza de un caballo. La siguiente fotografía, realizada en el infrarrojo, realza su forma y deja ver su inmensidad, con una textura similar a las nubes tan familiares de nuestro planeta.

Foto caballo

Para disfrutar de toda esta zona lo más básico es disponer de un cielo excepcional, lejos de luces contaminantes y humedad ambiental. Es el factor más importante, si bien la abertura de nuestro instrumento también tendrá la palabra. Es mejor contemplar la región con oculares de bajo aumento para apreciar el conjunto, si bien algunos objetos soportan mayores aumentos.

Foto 2024

El primer objeto que se aprecia al primer vistazo es NGC 2024, la Flama, que brilla colindante a Alnitak, lo cual no deja de ser un engorro para la vista porque la deslumbra con facilidad. Es visible con prismáticos de 10×50 siempre y cuando la noche sea oscura y se haga uso de un trípode. Con mi Dobson 300 mm se distingue perfectamente su forma con 65 aumentos. Tiene un tamaño importante, y es fácil detectar la nebulosa oscura que la desgarra por el centro y se abre en varias ramificaciones. En este caso sí merece la pena aumentar un poco los aumentos, obteniendo la mejor imagen a 125x. Entonces la nebulosa ocupa más de la mitad del ocular, y a zona interna se divide en tres ramificaciones bien marcadas, siendo la más definida la primera de ellas que se abre hacia el otro lado de Alnitak. Dejando a la brillante estrella fuera del campo se aprecian mejor todos estos detalles. La nebulosa, en su periferia, se va perdiendo en la oscuridad del cielo, adoptando una silueta triangular.

La definición en un cielo bien oscuro hace que la imagen sea comparable a cualquier de las fotografías que podemos encontrar de esta zona. El núcleo de estrellas no puede verse, pero no cuesta imaginárselo escondido tras la nube oscura, iluminando a hurtadillas al resto de la nebulosa. El siguiente objeto apreciable, también de una forma relativamente fácil, es NGC 2023, que se ve como una nebulosidad rodeando a una estrella cercana, de forma circular, aunque a veces da la sensación de que tiene bordes irregulares, que se pierden difuminándose.

Para terminar, la parte más difícil de esta región es, sin duda alguna, la Nebulosa de la Cabeza de Caballo. Su principal dificultad estriba en el bajo brillo de IC 434, la nebulosa de fondo, que hace que la variación de brillo entre una y otra sea mínima. Para poder ver este objeto es preferible usar oculares que den un campo amplio, para poder concentrar la luz en zonas más pequeñas y resaltar más IC 434. De hecho, he leído observaciones de gente que la ha visto de una forma mucho más clara con telescopios de 10 cm con un gran campo, que en reflectores de más de 30 cm con menor campo. Personalmente sólo he afrontado la observación con mi telescopio de 30 cm, así que no puedo opinar al respecto. Elegí una noche especialmente oscura y limpia, en la que el cielo parecía que se iba a caer sobre la Tierra. Nada más mirar por el ocular, a 65 aumentos, noté “algo” que no debía estar allí. Respirando profundamente y descansando la vista, llegué a ver, con la mirada periférica, una débil nebulosidad en la zona que corresponde a IC 434, y antes de que la vista se cansara, una sombra aparecía recortando la tenue masa grisácea. Tras descansar de nuevo la mirada, volvía a apreciar ese “agujero” oscuro, justo en el lugar donde se aprecia en las fotografías la nebulosa. No pude distinguir el hocico, pero ver una silueta redondeada y negra fue más que suficiente para colmar mis expectativas. No fue fácil, no sé si podrá ver la forma en mejores condiciones, pero terminé con una agradable sensación. No todos los días se puede ver una cantidad tan grande de objetos en el mismo campo del ocular.

NGC 2023-2024

3 Respuestas a “En los reinos de Alnitak

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