Bajando por la Cascada de Kemble

En el cielo encontramos una gran variedad de nombres de descubridores que han aportado su granito de arena haciendo del cielo un lugar más familiar. Lucian Kemble, un sacerdote de la orden de los Franciscanos, se encontraba en 1980 mirando el oscuro cielo de Camelopardalis. Esta constelación, cuyas estrellas más brillantes son de magnitud 5, hace referencia a la jirafa, animal que los griegos creían formado por una cabeza de camello y cuerpo de leopardo (de ahí Camello-Leopardo, Camelopardalis). A pesar de la oscuridad de esta agrupación de estrellas, esconde en su interior una enorme variedad de joyas al alcance de unos simples prismáticos. Lucian Kemble descubrió, en 1980, una curiosa alineación de estrellas que van de la magnitud 5 a la 10, ocupando un área relativamente grande en el cielo, de aproximadamente cinco lunas llenas. En conmemoración a este astrónomo amateur se le denominó a la línea de estrellas la Cascada de Kemble, siendo un objeto especialmente agradable para disfrutar con unos prismáticos, que nos mostrarán una bonita hilera de estrellas tan rectas que parece que alguien las ha colocado ahí a propósito. Pero aún hay más, y es que esta cascada de estrellas nos sirve de puente para localizar dos interesantes objetos: un cúmulo abierto y una bonita nebulosa planetaria.

Foto kemble.jpg

NGC 1502 se halla cerca del final de la cascada, y se aprecia con unos prismáticos como una pequeña mancha difusa. Es un joven cúmulo de estrellas que no supera 5 millones de años de edad. Destacan en el centro, a primera vista, dos brillantes estrellas que constituyen un sistema binario conocido como Struve 485. Muy cerca se encuentra otra estrella triple, catalogada como Struve 484, con sus componentes de menor brillo. Estos grupos se encuentran flanqueados por una treintena de estrellas de diferente brillo, otorgando una visión especialmente interesante a 214x. Sin duda el mayor atractivo de esta agrupación de estrellas son sus dos componentes más brillantes que parecen presidir el conjunto con un fuerte color amarillento. Se encuentran a una distancia estimada entre 2.000 y 3.000 años luz, y en el campo de unos prismáticos comparten escenario con el siguiente objeto que nos ocupa.

NGC 1502

La planetaria NGC 1501 es un pequeño anillo de humo en el cielo, una nebulosa de tipo anular que descansa justo cuando termina la cascada de Kemble, como si el fin de ésta fuera indicar su posición a los navegantes estelares. Se encuentra a 5.000 años luz de nosotros y su envoltura alcanza un diámetro de 1.4 años luz, lo cual habla en favor de su relativa juventud (conforme pasen los años la nebulosa se irá expandiendo progresivamente hasta que sus gases acaben difuminados, perdiéndose de la vista y formado parte del gas interestelar que, en las circunstancias adecuadas, dará lugar a la formación de nuevas estrellas).

NGC 1501

Ya a 125 aumentos se aprecia su forma redonda, con un tamaño cómodo para ser una nebulosa planetaria, de unos 52 segundos de arco. Posee un alto brillo superficial, y si la noche es buena no es difícil distinguir el aro exterior. La noche que observé a NGC 1501 el cielo estaba especialmente limpio y los filtros no podían ofrecerme mucha mejoría, aunque en general la mayoría de observadores coincide en que mejora bastante con el filtro OIII. El anillo era claramente visible a 214 aumentos, y una tenue estrella brilla tímida en su centro, más evidente con visión periférica. Es la estrella que se está apagando, y que brilla con una magnitud de 14.5, necesitando para verla una apertura generosa y una claridad de cielo importante. NGC 1501 se conoce con el sobrenombre de la “Nebulosa de la Ostra”, y está claro que la estrella central es la joya que guarda con recelo. Dentro de unos miles de años será invisible a nuestros ojos, pero mientras nada nos impide disfrutar de esa delicada perla blanquecina y lejana.

NGC 1333 y los cuerpos Herbig-Haro

Herbig… ¿qué? Antes de profundizar un poco en este interesante tema vamos a presentar a NGC 1333, ya que ambos se encuentran estrechamente unidos. NGC 1333 es una nebulosa de reflexión, una inmensa masa de gases que ha dado lugar a las estrellas que engloba en su interior, entre las que destaca BD+30 549, y cuya luz ilumina el gas circundante que llega a nosotros 780 años después, que es la distancia, en años luz, a la que se encuentra del Sistema Solar. Las estrellas nacidas en el seno de NGC 1333 tienen una edad ínfima, menor a un millón de años, lo cual quiere decir que estamos ante una verdadera guardería estelar. Dichas estrellas son invisibles a nuestros ojos, ya que se encuentran parapetadas tras enormes nubes de gas, formando todo parte de la Nube Molecular de Perseo, que ocupa una región de 600 años luz de longitud y que engloba multitud de nidos de estrellas en plena efervescencia. Sin embargo, el telescopio Chandra de rayos X y el Spitzer (en infrarrojo) han logrado penetrar en esa nube y mostrar las jóvenes estrellas escondidas, que podemos ver en la siguiente imagen:

A young star cluster about 780 light years from Earth.

Gracias a ella se han podido contar 91 estrellas adicionales que nunca habían dado la cara, y se pueden apreciar también, de color rojo, filamentos de gas que son una muestra de las intensas fuerzas que tienen lugar en la formación de estrellas. En imágenes con una mayor resolución se llegan a apreciar los interesantes objetos que dan título a este capítulo, y a los que nombramos en la entrada dedicada a M8, la Nebulosa de la Laguna.

Los cuerpos de Herbig-Haroreciben ese  nombre en honor a sus descubridores, que en 1945 vieron que estos objetos no eran simples nebulosas de emisión, estudiando tres de ellos en NGC 1999, en Orion. Consisten, básicamente, en regiones de gas asociadas a una estrella recién nacida. Alrededor de dichas estrellas suele haber un disco de acreción, un disco de materia y gases que va girando a su alrededor, adquiriendo grandes velocidades en las regiones más internas de la órbita, por lo que son despedidas en forma de chorros polares en direcciones opuestas, conocidos como jets. Este gas caliente que sale a tal velocidad se encuentra a su paso con la nube molecular que preside toda la región de formación, de forma que ioniza sus gases y estos comienzan a emitir luz propia. Los cuerpos de Herbig-Haro durante tan sólo unos pocos miles de años y, debido a la rapidez de sus componentes, van evolucionando en su forma a una escala que podemos apreciar desde la Tierra. En la siguiente imagen podemos ver cambios ocurridos desde 1994 hasta 2007, avanzando claramente el chorro principal.

Foto herbig

En NGC 1333 se han encontrado, como ya comentamos con anterioridad, un gran número de estos cuerpos, fotografiados el Hubble. En la siguiente imagen se pueden apreciar varios de ellos. En NGC 1999 se pueden ver, al menos, dos cuerpos Herbig-Haro con telescopios de mediana apertura, si la noche es buena y se usan suficientes aumentos. Sin duda tendrán su lugar entre estas entradas en poco tiempo.

Foto h

Entramos ya en la observación de NGC 1333, la protagonista de esta historia. Es fácil de situar, ya que rodea a una brillante estrella cerca de Algol o Beta Persei, inconfundible a los pies de la constelación. En un primer momento, a 65 aumentos, no sabía que buscar y me encontraba algo deslumbrado por la linterna roja, así que esperé unos segundos, hasta que pude comprobar la presencia de una débil nebulosidad rodeando a la estrella principal, que forma una especie de rombo estrecho junto con otros tres astros. Ni el filtro UHC ni el OIII mejoraban la imagen, como ocurre con las nebulosas de reflexión, así que dejé todo en manos de la adaptación visual y las distintas técnicas para ganar magnitudes (visión periférica, relajación del ojo, respiración tranquila o rápida…).

NGC 1333 buena.png

A 125 aumentos, y tras unos pocos minutos, conseguí ver otra región densa a su izquierda, también con forma relativamente circular. Con la visión completamente adaptada (nunca es completamente, siempre se podrá más, o al menos esa es la actitud que, creo, debemos tener) remanentes de nebulosidad aparecían a su alrededor, comunicando las dos zonas principales más brillantes. Continué mirando hasta que mis ojos dijeron basta y di por terminada la observación de NGC 1333, sin saber su verdadera forma hasta que luego pude comprobarla en fotografías. Impresiona conocer la naturaleza de esas débiles nubes casi imperceptibles a la vista, y pensar que guardan en su interior objetos tan exóticos como los cuerpos de Herbig-Haro, como un puñado de palomitas de maíz que, a cámara lenta, se abren en su núcleo y se van expandiendo a grandes velocidades. El cielo no dejará de impresionarnos.

 

Entre el pez y la cuerda (M74)

Otra de las constelaciones desapercibidas del otoño es Piscis, aunque guarda en sus dominios interesantes objetos que conviene buscar en una noche clara y con el horizonte sur despejado. A pesar de ser una constelación zodiacal, ninguna de sus estrellas es especialmente brillante, siendo la principal de ellas, alfa piscium o Al Rischa, de magnitud 3.62. El nombre de esta estrella viene a significar “la cuerda”, y hace referencia a que forma el nexo de unión entre los dos peces que dan nombre a esta constelación, y que se disponen formando una gran “V”. Esta constelación está estrechamente relacionada, mitológicamente hablando, con Afrodita y su hijo Eros, y hay muchas versiones de su historia. Personalmente una de las que más me gusta es aquélla en la que ambos dioses huían despavoridos de Tifón, un antiguo monstruo con serpientes en las manos. Justo cuando iba a alcanzarlos, saltaron a un río y se convirtieron en peces. Para no perderse en las rápidas aguas se ataron una cuerda entre ellos, y posteriormente fueron llevados a los cielos por los dioses para conmemorar ese episodio.

Foto pisces.jpg

La constelación llega, en su vertiente más septentrional, hasta rozar a Mirach en Andrómeda y a la constelación del Triángulo, y desde ahí baja hasta alcanzar el vértice de la “V”. A medio camino entre estos dos puntos hay una brillante estrella, eta piscium, que será la guía para encontrar el objeto que nos ocupa, que no es otro que M74. Descubierta en 1780 por Mechain y añadida posteriormente al catálogo de Messier, M74 es una espectacular galaxia que el azar ha querido colocar de frente para mostrarnos una imagen inolvidable (eso sí, parece que no ha querido ponernos las cosas fáciles, otorgándole un brillo superficial tan bajo que nos hará sudar para observar detalles al telescopio). En fotografías se aprecian dos imponentes brazos en una armonía casi perfecta que salen de un núcleo compacto y redondeado. Una gran cantidad de condensaciones pueblan su superficie, regiones HII de importante formación estelar y enormes cúmulos de estrellas. Se encuentra a algo más de 30 millones de años luz de nosotros y se acompaña de un pequeño séquito conocido como “grupo de M74”, si bien no pueden verse en el mismo campo. Su diámetro se estima en 95.000 años luz, siendo pues algo menor que nuestra Vía Láctea, con unas cien mil millones de estrellas.

Esta galaxia pertenece al grupo de galaxias conocido como “Galaxias espirales de gran diseño”, haciendo referencia a la presencia en ella de dos brazos bien definidos, en contraposición a las galaxias espirales floculentas o con múltiples brazos (aproximadamente un 10% de las galaxias pertenecen a este grupo). Foto m74Han ocurrido en su seno tres supernovas, en 2002, 2003 y 2013, que han ayudado a calcular con mayor precisión la distancia de esta galaxia. La magnitud de M74 es de 10, pero no debe confundirnos, ya que se considera a este objeto como el más difícil de observar del catálogo Messier. Como siempre, habrá que buscar el sitio más oscuro posible.

He disfrutado de ella varias veces en el último mes, y en la última ocasión me decidí a dibujarla, desde un oscuro sitio a 30 minutos de Granada. Pese a mi incredulidad, hace una semana comprobé que era visible en unos prismáticos 15×70 apoyados sobre un trípode, no como un etéreo reflejo que apenas se ve, sino como un pequeña pelota nebulosa claramente discernible. En ese momento sí hace justicia a su décima magnitud, pero al telescopio la cosa cambia. Ese brillo se ve obligado a dispersarse por un área mucho mayor, con lo que parece evaporarse drásticamente. A bajos aumentos destaca el núcleo redondeado, brillante y denso, con un halo redondeado a su alrededor. Es a 125x cuando la imagen mejora drásticamente, aumentando el contraste con el cielo estrellado. Con visión periférica, así como con la vista perfectamente adaptada a la oscuridad, sus dos brazos saltan a la vista con una facilidad pasmosa, saliendo de su núcleo y retorciéndose en el sentido contrario a las agujas del reloj, perdiéndose en la lejanía. Impresiona poder ver los brazos de una galaxia mirando por un ocular, creo que es algo a lo que nunca terminaré de acostumbrarme. No son tan evidentes como los de M33 o M101, pero bajo un buen cielo tengo que admitir que son agradecidos.

M74

Piscis esconde otras galaxias más tenues, cerca de “la cuerda” que ya conocemos, y que serán protagonistas de una entrada en otro momento. Lo bueno de la astronomía es que las prisas no existen; si algo no se ve un día, ya habrá otra oportunidad.

Alargando el verano (M56 y NGC 6781)

A finales de Noviembre, todavía hay en el cielo objetos del cielo de verano que podemos disfrutar a primeras horas de la noche, como ya hemos comprobado con M57. Cerca de esta nebulosa planetaria hay otros dos objetos que bien merecen una visita (hay cientos de objetos que la merecen en las inmediaciones), un cúmulo globular y otra nebulosa planetaria.

El cúmulo globular es M56, otro objeto de la lista Messier que también se encuentra en la constelación de Lira, a medio camino entre Albireo y Sulafat o gamma Lyrae. Se encuentra a unos 32.000 años luz de nosotros, y se acerca a nuestro sistema solar a 145 km por segundo. Es un cúmulo de clase X, lo cual habla de su poca densidad y bajo gradiente, siendo imposible distinguir un verdadero núcleo compacto como en muchos otros globulares. En él se han encontrado una docena de estrellas variables, algunas de ellas RR lyrae y una algo especial, una cefeida que se puede seguir mediante instrumentos de aficionado, con un período de un día y medio. Más adelante hablaremos de estas interesantes estrellas que tanto nos han ayudado a conocer las distancias del universo. M56 presenta un movimiento retrógrado respecto a la galaxia, al contrario que la mayoría de sus compañeros, lo cual hace pensar que es reminiscencia de alguna galaxia enana ya disuelta y que fue atrapado por la gravedad de la Vía Láctea en su juventud.

Visualmente es de esos cúmulos sugerentes que, sin ser grandes objetos, tienen un más que sobrado encanto. Visible en el buscador como una pequeña mancha difuminada, alcanza su plenitud tras el ocular del telescopio. A 125 aumentos se resuelven muchas de sus estrellas, pequeñas y tímidas, sin un núcleo prominente que destaque sobre el resto. Sin embargo, la noche que lo observé la atmósfera era especialmente estable, y el ocular de 7 mm me proporcionó la mejor imagen, a 214 aumentos. Decenas de estrellas salpicadas a todo lo largo del cúmulo brillaban con diferentes intensidades, con un gradiente muy pequeño que resalta su poca densidad (recordemos que es un globular de tipo X).

M56

La región central, más brillante, no es perfectamente redonda, si no que presenta irregularidades y algunos salientes visibles con visión periférica. El campo estelar en el que se encuentra añade un importante atractivo al marco, ya que cada rincón del ocular aparece rociado por un centelleo interminable de lejanas estrellas.

Pasamos ahora al Águila, una constelación más baja en el horizonte pero abordable a primera hora de la noche, siempre que dispongamos de un horizonte Oeste despejado. En una de sus alas podemos encontrar a NGC 6781, una bonita nebulosa planetaria que recuerda a M57. Las comparaciones están mal vistas, pero la cercanía de estas planetarias nos puede ayudar a definirlas mejor. NGC 6781 es algo mayor, con un diámetro de 1.8 minutos de arco, que corresponden a casi 2 años luz, por lo cual es el doble de extensa que su compañera. Sin embargo, su brillo superficial es bastante menor.

NGC 6781

A bajos aumentos se aprecia sin problemas siempre que el cielo sea oscuro, con un bonito fondo de estrellas, pero necesitaremos mayores aumentos para distinguir algún detalle. A 214 aumentos, con la atmósfera limpia, pude ver sin problemas el borde externo de la esfera más resaltado, aunque con ayuda de visión periférica. El filtro OIII será aquí un gran aliado, pues resalta enormemente la nebulosa, haciendo mucho más evidente su naturaleza anular. Tras unos minutos de adaptación pude comprobar que una estrella se hallaba inmersa en su disco nebuloso, muy cerca del borde. Otras dos estrellas débiles la flanquean por otro lado. Su estrella central no dio muestras de querer revelarse, algo lógico con su débil magnitud mayor de 16. Al igual que M57, tiene forma de torus, y es su orientación hacia nosotros la responsable de que la veamos como una esfera. No tendrá la intensidad ni majestuosidad de su compañera, pero sin duda NGC 6781 dejará muy buen sabor de boca a cualquier cazador de estrellas que la busque.

Un anillo sobre el lienzo (M57)

Cualquier persona que no sea aficionada a la astronomía ha visto con total seguridad, a lo largo de su vida, tres imágenes características: la galaxia de Andrómeda, M42 y M57. De ésta última vamos a hablar a continuación, ya que todavía estamos a tiempo de cazarla a primera hora de la noche. Eso sí, conforme se acerque el Invierno estará cada vez más baja e inaccesible, volviendo a reaparecer dentro de unos meses.

M57 es, más que una nebulosa planetaria, la nebulosa planetaria por excelencia, el prototipo que siempre es usado de ejemplo. Situada a unos 2.300 años luz de nosotros, está formada por los gases que una estrella moribunda ha expulsado al exterior. Llegados a este punto y en el contexto de esta joya celeste, creo que sería interesante comprender la causa por la que las estrellas expulsan sus gases al exterior, y no quedarnos para siempre con la básica frase “las estrellas se desprenden de su envoltura gaseosa conforme van terminando sus días”. La astronomía práctica y observacional se beneficia enormemente si el observador conoce la teoría que hay detrás de cada fenómeno, aunque sea a grandes rasgos.

Una estrella es, como sabemos, el equilibrio entre dos fuerzas, una interna producida por la fusión nuclear, en la que se usa el hidrógeno para generar energía, y la fuerza de la gravedad que mantiene todas estas explosiones a raya, ejerciendo su fuerza desde las capas más superficiales hasta el interior. Una estrella de masa similar al sol quema en su interior el hidrógeno y lo transforma en helio, de forma que la concentración de hidrógeno en el núcleo es cada vez menor. Una vez agotadas las reservas nucleares de hidrógeno la estrella deja momentáneamente de ejercer su fuerza hacia el exterior, con lo cual la gravedad gana terreno y comprime las capas externas hacia el núcleo, dando lugar a la fase de colapso del núcleo. Esto ocurre predominante en las zonas más internas, donde la gravedad es mayor. Sin embargo, en el resto de capas más superficiales hay mucha energía que está recorriendo su camino hacia el exterior, de manera que estas zonas tenderán a expandirse.

Tenemos, por tanto, un núcleo que se hace cada vez más pequeño y denso, y una zona más externa que se expande a grandes pasos, dando lugar a lo que conocemos como “gigantes rojas”. La envoltura llega a absorber a los planetas más cercanos, y al aumentar el espacio sin alterar la masa total, la temperatura final disminuye, y ese es el motivo por el que las gigantes rojas son mucho más frías que las azules. De esta manera tenemos un gran halo circular de gases rodeando a nuestra estrella. Este proceso se repite varias veces más, ya que una vez que el núcleo agota el helio volverá a reactivarse gracias a la utilización del carbono, lo cual provoca un nuevo colapso del núcleo y otra vez vuelven a separarse las capas externas, como si fueran capas de cebolla que se separan u ondas en el agua cuando cae una gota, cada vez más grandes y menos densas. Con dicha expansión se producen, además, fuertes vientos que moldean las nubes que encuentran a su paso, provocando en ocasiones caprichosas formas. Las nebulosas planetarias son, por tanto, suspiros que la estrella exhala mientras va disminuyendo su tamaño hasta convertirse en una enana blanca (ese es un tema que abordaremos en otro momento).

Foto m57.JPG

Volvemos ya a M57, nuestra planetaria, en la cual podemos ver en directo toda la teoría aquí expuesta. Los gases se alejan de la estrella central a una velocidad de 20 a 30 metros por segundo, otorgando a la nebulosa su atractivo aspecto anular. Pero, lejos de ser esférica, estudios recientes han demostrado que su forma es realmente toroidal, como si un donut se hubiera formado a su alrededor. El motivo de esta curiosa forma aún se desconoce, si bien se habla de una estrella compañera, de un disco de acreción, del viento estelar… Tendremos que esperar para saberlo con certeza.

La estrella central fue descubierta en 1800 por un astrónomo alemán con un refractor de 60 cm. Es una estrella del tamaño de nuestro planeta que calienta a unos 100.000ºC el gas que tiene alrededor, ionizando sus átomos y haciendo que la nebulosa emita radiación. Esta envoltura, aunque nos pueda parecer pequeña al telescopio, tiene un diámetro de 0.9 años luz o 60.000 unidades astronómicas (como referencia, Plutón llega a estar, en su posición más alejada de nosotros, a 40 unidades astronómicas). La estrella central, que empezó a morir hace unos 7.000 años, brilla rondando la magnitud 15, pero con una dificultad añadida a la hora de verla, y es que el centro del anillo tiene un alto brillo superficial, por lo que deslumbra a la estrella y la vuelve fácilmente esquiva. Por ello hacen falta altos aumentos para poder distinguir la estrella, ya que a bajos aumentos entra demasiada luz por el ocular y la nebulosa brilla demasiado como para dejar ver la estrella central (o cualquiera de las estrellas que aparecen en su disco por efecto de perspectiva).

Con tan sólo 1.4 minutos de arco de diámetro, M57 ya es visible con prismáticos como una pequeña estrella de magnitud 8.8, aunque para verla es necesario conocer bien la zona, ya que es indiferente del resto de estrellas. La observé a través del Dobson 300 mm hace una semana, en un cielo con un seeing inmejorable, pero con la campana de luz de Granada iluminando vagamente la zona de Lyra. Aun así, aprovechando la estabilidad atmosférica, decidí apuntar a M57 y ver qué podía ofrecerme antes de que se pierda en el invierno.

M57

A bajos aumentos ya destaca como una estrella gruesa y desenfocada, pudiendo detectar un diminuto centro más oscuro a 65x. La imagen empieza a mejorar conforme cambiamos el ocular. A 125x la visión era especialmente atractiva, con un tamaño lo suficientemente grande como para visualizar perfectamente el anillo de humo tan característico.

No obstante decidí subir, a 214x, y luego a 300x. La imagen, aunque más oscura, resultaba espectacular. Con el ocular de 5 mm la nebulosa adquiere una magnificación enorme y se aprecia su forma ovalada. Los bordes, más brillantes y densos, son algo irregulares, más anchos en los extremos. De hecho, el agujero central se ve relativamente circular, siendo los bordes los que más contribuyen a su forma ovalada. Esta vez pude ver algo que no había visto antes. En los extremos, más estrechos, la nebulosidad se difuminaba y se perdía en la oscuridad del cielo, alargando el óvalo como si quisieran terminarlo en forma de punta, un efecto que me recordó a NGC 7293, la nebulosa de la Hélice. No pude ver la estrella central, aunque tampoco sabía que era posible, así que no me empleé a fondo. Aun así, intuyo que hará falta que M57 esté en una región más oscura y, probablemente, hacer uso de mayores aumentos. El año que viene habrá nuevas oportunidades, en las frías madrugadas de invierno y primavera en las que la atmósfera parece haberse evaporado, dando paso a un cielo cristalino.

Compartiendo el sur (NGC 247 y NGC 288)

Ya hemos podido comprobar que, pese a que la zona sur de Cetus se encuentra muy baja en el horizonte, esconde algunos objetos especialmente interesantes, como NGC 253 y NGC 246. A continuación vamos a ver otros dos objetos que, junto a NGC 253, completan un marco espectacular, al que lo único que le faltaría sería un fondo bien estrellado. Una galaxia y un cúmulo globular comparten los dominios entre Cetus y Escultor con la Galaxia del Escultor, convirtiendo esta zona en una verdadera mina poco transitada.

El primero de ellos, NGC 247, es otra galaxia que pertenece al grupo de galaxias del Escultor, del que NGC 253 es el centro gravitacional. Hasta hace poco se estimaba su distancia a nosotros en poco más de 12 millones de años, gracias a las variables cefeidas. Lo que no se había tenido en cuenta al hacer dichas estimaciones es que estas estrellas se encontraban parapetadas tras una densa masa de gas, sobreestimando así su distancia. Ahora podemos afirmar que NGC 247 se encuentra a 11.1 millones de años luz de la Vía Láctea, fuera de los dominios del Grupo Local. NGC 247 es una galaxia espiral, a veces considerada enana, con unos brazos muy difusos, que mide unos 50.000 años luz de diámetro. Presenta, en uno de sus lados, una región muy poco densa y oscura, que corresponde a la presencia de estrellas rojas, más antiguas y con un brillo más disminuido.

Foto 247.jpg

Visualmente, NGC 247 es apreciable con unos prismáticos 15×70, siempre que contemos con la estabilidad adecuada que proporciona un trípode. En ellos se ve como una mancha difuminada, alargada en sentido en vertical a partir de una estrella más brillante, por encima de NGC  253. Al telescopio esta galaxia es, claramente, una de “las grandes”. A 125 aumentos ocupa gran parte del ocular, con unos 20 minutos de arco de longitud, y se muestra como una larga mancha blanquecina con un brillo irregular. Varias estrellas salpican su silueta, marcando uno de sus bordes laterales. En el centro destaca un núcleo brillante, irregular, que adquiere apariencia casi estelar en el punto más céntrico. Otra condensación es fácilmente visible muy cerca del núcleo, un poco hacia abajo. Tras unos minutos frente al ocular tuve la sensación de que su lado más inferior era menos denso, rodeado por partes más brillantes, hecho que pude comprobar posteriormente frente a fotografías. En definitiva, un objeto digno de ver, sobre todo bajo cielos oscuros en los que resalta sin dificultad, y de obligada visita al observar desde regiones meridionales.

NGC 247


NGC 288
es un cúmulo globular que, en oculares de gran campo, puede llegar a compartir escenario con la imponente NGC 253, conformando una imagen que, sin duda, quita el hipo. Situado a cerca de 30.000 años luz de nosotros, es un cúmulo de tipo X, lo cual da una idea de su baja concentracFamily of stars breaking upión de estrellas, algo que podremos comprobar fácilmente al verlo a través del telescopio. Tiene una edad relativamente joven, estimándose en 10.500 millones de años (poco si lo comparamos con los 12.000 millones de años de muchos de sus congéneres). En fotografías de gran aumento, como ésta del Hubble, se pueden apreciar perfectamente algunas estrellas azules, que corresponden a “Blue stragglers” o “azules rezagadas”, de las cuales ya hemos hablado en otros capítulos. Es curioso el efecto que producen entre el resto de estrellas más rojizas, características de los cúmulos globulares.

Esta gran masa de estrellas ya es apreciable en unos prismáticos bien estables, muy cerca de NGC 253. Con el Dobson 300 mm se aprecia perfectamente su baja densidad de estrellas, una nube redondeada de unos 10 minutos de arco con muchas estrellas salpicadas. A diferencia de otros cúmulos no se ve repleta de estrellas, sino que una treintena de ellas salpica toda la zona, de diferentes brillos, dando un interesante efecto de tridimensionalidad. A 214 aumentos pude apreciarlo de una forma mucho más clara una noche en la que el seeing era especialmente bueno, y la imagen es espectacular, a medias entre los grandes cúmulos globulares y los pequeños irresolubles. Sin duda, una zona a la que recurrir en estas noches frías de Otoño.

NGC 288

En los reinos de Alnitak

La entrada de hoy merece comenzar con una imagen de presentación y unos minutos para recorrerla con la mirada:

Foto Complejo Orion.jpg

Esta explosión de formas y colores corresponde a la Complejo Molecular de la Nube de Orion, una inmensa masa de gases de unos 500 años luz de diámetro que engloba la enorme variedad de objetos que podemos ver en la imagen: nebulosas de emisión, de reflexión, regiones HII, nebulosas oscuras e imponentes estrellas azuladas (exceptuando a la brillante y rojiza Betelgeuse). Es una región en la que los gases están siendo moldeados y colapsados para dar lugar a la formación de miles de estrellas, una zona tan amplia que nos llevaría meses visitar por completo. Por eso, hoy nos centraremos en la zona que circunda a Alnitak, una de las componentes del cinturón de Orion.

Alnitak, o ζ orionis, es una joven estrella que nació hace 6 millones de años, siendo la más meridional de las “Tres Marías” o estrellas del cinturón de Orión, ampliamente reconocidas por su apariencia tan regular. Esta estrella esconde una región espectacular, tanto en fotografías como a través del telescopio, o de unos simples prismáticos, empezando por ella misma. Hará falta una buena estabilidad atmosférica para comprobar que es una estrella doble, con una compañera de la tercera magnitud a 2.1 minutos de arco. En el dibujo que hice no se aprecia porque no la desdoblo hasta que no uso los 214 aumentos, apareciendo entonces como una bonita doble muy cercana y brillante. Tiene otra compañera a 57 segundos de arco, fácilmente visible y más débil, de magnitud 9, que no deja de añadir atractivo al conjunto. Recientemente, además, se ha descubierto la presencia de otra compañera, fuera del alcance de telescopios de aficionado, muy cercana a Alnitak A, la estrella principal, conformando finalmente una estrella cuádruple.

Sin embargo, al apuntar con un telescopio a esta zona lo que más llama la atención no es la estrella en sí, sino los detalles que hay a su alrededor. NGC 2024 es una nebulosa de emisión Foto flama chandraconocida popularmente como “la Flama”, por su forma tan característica, con una nebulosa oscura que bloquea la luz en su región central. Es, como todas las nebulosas de la zona, parte de este gran Complejo Molecular. Está formado en su mayoría por HII o hidrógeno molecular, que se va colapsando por la gravedad y forma nuevas estrellas. Estas estrellas, cuando emiten la suficiente energía,  llegan a ionizar el hidrógeno, que brilla entonces en forma de nebulosa de emisión. Podríamos pensar que la estrella que ioniza a NGC 2024 es la brillante Alnitak, pero no es así, ya que ésta última se encuentra a unos 700 años luz y la nebulosa a 1400 años luz, así que su cercanía es tan sólo efecto de perspectiva. Realmente no se conoce la principal responsable, aunque en el seno de esta nebulosa hay un cúmulo de estrellas recién nacidas que parecen ser las culpables. Estas estrellas cuentan con una edad ridícula en términos astronómicos, existiendo tan sólo desde hace 200.000 años. Están rodeadas por una nebulosa que no emite radiación y las oculta a nuestra vista. Sin embargo, no pueden escapar al telescopio Chandra de rayos X ni a los telescopios que captan en infrarrojo, que nos han ofrecido la siguiente imagen, en la cual se revela el interior de la nebulosa.

Observaciones de estos instrumentos han puesto de manifiesto la presencia, en más de la mitad de las estrellas, de discos protoplanetarios a su alrededor. El disco protoplanetario no es más que una nube de partículas que gira alrededor de una estrella y que, con el debido tiempo y gracias a la gravedad, irá dando lugar a la formación de planetas y cuerpos menores. Estamos observando una verdadera guardería estelar que ha roto los esquemas que hasta ahora se tenían sobre la formación de estrellas. Se había pensado que la formación tenía lugar desde el centro, donde el gas colapsaba primero, hacia fuera. Sin embargo, la edad estimada para las estrellas periféricas es de más de un millón de años, siendo las centrales de unos 200.000 años. Esto, además de nuevos interrogantes, refleja que aún nos queda mucho por aprender del universo.

Un poco hacia el sur encontramos NGC 2023, una bonita nebulosa de reflexión que rodea a una caliente estrella de tipo B, llamada HD 37903. A diferencia de la anterior, esta estrella no tiene la suficiente energía para ionizar el gas que la rodea, limitándose éste a reflejar su luz hacia nosotros. En fotografías de gran aumento obtenidas por el Hubble se pueden distinguir distintas texturas y una agradable sensación de tridimensionalidad.

A unos 20 minutos de arco tenemos a la protagonista indudable de una gran mayoría de fotografías de cielo profundo y uno de los objetivos favoritos más esquivos que existen. Es la zona que corresponde a IC 434 y Barnard 33, que da forma a la conocida como Nebulosa de la Cabeza de Caballo. IC 434 es una nebulosa de reflexión que refleja la luz de Sigma Orionis, otra maravilla al alcance de cualquier telescopio. Antes de afrontar la observación de la nebulosa (o después) merece la pena realizar una visita a esta estrella, a la que dedicaremos más tiempo en su debido momento. Por ahora, basta decir que es un sistema formado por seis estrellas muy distintas entre sí y que, al telescopio, en una buena noche, podemos apreciar cuatro de ellas, perfectamente separadas y muy agradables a la vista. Es una imagen de la que uno no puede cansarse.

IC 434, como decíamos, es un complejo de gases que reflejan la luz de esta estrella, y en su seno está situada B33, una nebulosa oscura cuya silueta queda marcada sobre el fondo más brillante. Su oscuridad no la hace necesariamente diferente a IC 434, no es más fría ni posee distintas características. Simplemente no la ilumina ninguna estrella cercana. Puede ser que algún día una estrella vecina aumente su temperatura e ionice sus partículas, pasando a ser entonces una nebulosa de emisión. Lo más característico de B33, y lo que le ha dado el derecho de aparecer en tantas imágenes, es su forma tan lograda, que emula la cabeza de un caballo. La siguiente fotografía, realizada en el infrarrojo, realza su forma y deja ver su inmensidad, con una textura similar a las nubes tan familiares de nuestro planeta.

Foto caballo

Para disfrutar de toda esta zona lo más básico es disponer de un cielo excepcional, lejos de luces contaminantes y humedad ambiental. Es el factor más importante, si bien la abertura de nuestro instrumento también tendrá la palabra. Es mejor contemplar la región con oculares de bajo aumento para apreciar el conjunto, si bien algunos objetos soportan mayores aumentos.

Foto 2024

El primer objeto que se aprecia al primer vistazo es NGC 2024, la Flama, que brilla colindante a Alnitak, lo cual no deja de ser un engorro para la vista porque la deslumbra con facilidad. Es visible con prismáticos de 10×50 siempre y cuando la noche sea oscura y se haga uso de un trípode. Con mi Dobson 300 mm se distingue perfectamente su forma con 65 aumentos. Tiene un tamaño importante, y es fácil detectar la nebulosa oscura que la desgarra por el centro y se abre en varias ramificaciones. En este caso sí merece la pena aumentar un poco los aumentos, obteniendo la mejor imagen a 125x. Entonces la nebulosa ocupa más de la mitad del ocular, y a zona interna se divide en tres ramificaciones bien marcadas, siendo la más definida la primera de ellas que se abre hacia el otro lado de Alnitak. Dejando a la brillante estrella fuera del campo se aprecian mejor todos estos detalles. La nebulosa, en su periferia, se va perdiendo en la oscuridad del cielo, adoptando una silueta triangular.

La definición en un cielo bien oscuro hace que la imagen sea comparable a cualquier de las fotografías que podemos encontrar de esta zona. El núcleo de estrellas no puede verse, pero no cuesta imaginárselo escondido tras la nube oscura, iluminando a hurtadillas al resto de la nebulosa. El siguiente objeto apreciable, también de una forma relativamente fácil, es NGC 2023, que se ve como una nebulosidad rodeando a una estrella cercana, de forma circular, aunque a veces da la sensación de que tiene bordes irregulares, que se pierden difuminándose.

Para terminar, la parte más difícil de esta región es, sin duda alguna, la Nebulosa de la Cabeza de Caballo. Su principal dificultad estriba en el bajo brillo de IC 434, la nebulosa de fondo, que hace que la variación de brillo entre una y otra sea mínima. Para poder ver este objeto es preferible usar oculares que den un campo amplio, para poder concentrar la luz en zonas más pequeñas y resaltar más IC 434. De hecho, he leído observaciones de gente que la ha visto de una forma mucho más clara con telescopios de 10 cm con un gran campo, que en reflectores de más de 30 cm con menor campo. Personalmente sólo he afrontado la observación con mi telescopio de 30 cm, así que no puedo opinar al respecto. Elegí una noche especialmente oscura y limpia, en la que el cielo parecía que se iba a caer sobre la Tierra. Nada más mirar por el ocular, a 65 aumentos, noté “algo” que no debía estar allí. Respirando profundamente y descansando la vista, llegué a ver, con la mirada periférica, una débil nebulosidad en la zona que corresponde a IC 434, y antes de que la vista se cansara, una sombra aparecía recortando la tenue masa grisácea. Tras descansar de nuevo la mirada, volvía a apreciar ese “agujero” oscuro, justo en el lugar donde se aprecia en las fotografías la nebulosa. No pude distinguir el hocico, pero ver una silueta redondeada y negra fue más que suficiente para colmar mis expectativas. No fue fácil, no sé si podrá ver la forma en mejores condiciones, pero terminé con una agradable sensación. No todos los días se puede ver una cantidad tan grande de objetos en el mismo campo del ocular.

NGC 2023-2024