Un brazo pegado a una galaxia (NGC 772)

El título puede sonar algo estrambótico y, efectivamente, es una exageración, pero representa la imagen que vemos de NGC 772, una distante galaxia situada a 115-130 millones de años luz en la constelación de Aries. La luz salió de sus estrellas cuando los dinosaurios estaban en todo su apogeo. Su tamaño duplica el de nuestra galaxia, con más de 200.000 años luz de diámetro, y tiene mucho que contar y mostrar. Es la principal galaxia de un grupo de unos 11 componentes, los cuales orbitan alrededor de NGC 772 como satélites, destacando una elíptica enana, NGC 770. Esta última es la responsable de la principal característica de 772. Se cree que las fuerzas de marea que ha generado en aquélla han producido la deformación de uno de sus brazos, que presenta una desviación de su posicióFoto NGC 772n habitual y un aumento de brillo y tamaño espectacular. El aspecto tan peculiar le ha valido a esta galaxia la inclusión en el catálogo Arp, con el número 78. Este brazo tan grande es rico en regiones HII de formación estelar, si bien el resto de la galaxia no muestra tales indicios, siendo bastante más débil. De hecho, los brazos más externos se han separado del núcleo y se están desvaneciendo lentamente en el espacio intergaláctico.

Junto a su núcleo se descubrió, en 1980, un quásar, denominado [HB89] 0156+ 18, que ha dado que hablar a la comunidad científica y podría traer importantes cambios en la concepción de las distancias cósmicas. Este quásar es una inmensa fuente de energía electromagnética con un gran corrimiento al rojo, lo cual la sitúa, según la Ley de Hubble, a más de 11 mil millones de años luz. El problema viene cuando se ha examinado este objeto con diversos instrumentos y la mayoría coinciden en que, si realmente estuviera a tal distancia, sería eclipsado por la brillante galaxia, pareciendo incluso que [HB89] 0156+187 se encuentra a la misma distancia que NGC 772. De ser cierto esto, haría replantear a la comunidad científica la validez del método del redshift (corrimiento al rojo) propuesto por Hubble para medir distancias extragalácticas. Vamos, que nuestra concepción de las distancias y la expansión del universo tendría que cambiar radicalmente. Mientras tanto, nos contentaremos con mirarla a través de nuestros instrumentos.

Concepto del corrimiento al rojo

Una galaxia produce un determinado espectro, que no es más que un conjunto de líneas en franjas de colores que representan los elementos químicos que hay en ese lugar. Esas líneas son longitudes de onda. Si la galaxia se está alejando de nosotros la longitud de onda aumentará (igual que las ondas de sonido de un coche, cuando nos deja atrás, se expanden). Esto supone que en el espectro encontraremos las mismas líneas de emisión y absorción pero un poco desplazadas hacia la izquierda, hacia el rojo. Es lo que se denomina corrimiento al rojo o redshift. De igual manera, si un objeto se acerca a nosotros las ondas se van estrechando (por eso oímos la sirena de una ambulancia más aguda si viene hacia nosotros), adquieren más energía y las líneas del espectro aparecen desplazadas hacia la derecha. Edwin Hubble fue el primero en relacionar este corrimiento al rojo con la distancia de las galaxias, de manera que cuanto más se aleja una galaxia de nosotros, mayor es la longitud de onda, menos energía tienen y aparecen desplazadas hacia el rojo del espectro. Además, comprobó así que las galaxias más distantes se alejan de nosotros a mayor velocidad, una de las pruebas básicas para la teoría del Big Bang.

Ya a bajos aumentos destaca como una mancha algo alargada en un campo estelar más bien pobre. He llegado a verla sin mayores problemas con mi Dobson 305 mm bajo los cielos suburbanos del Barrio de la Vega, acompañada de NGC 770, lo cual es muestra de su importante brillo. De entrada, uno no se imagina que está ante una galaxia situada a 130 millones de años. Bajo cielos oscuros la imagen mejora notablemente, haciéndose más patente su compañera, algo alargada también. A 125 aumentos, y no sin esfuerzo y tiempo dedicado, es cómo observé el imponente brazo que en las fotografías es tan claro. Con mirada periférica se aprecia una proyección desde la parte inferior, a modo de una muy difusa protuberancia que sobresale unos dos minutos de arco, otorgando entonces al conjunto una forma de letra “p”. Por momentos el brazo se pierde de mi retina, pero tras descansar la vista ahí sigue, dejándose notar a pesar del gran vacío cósmico que nos separa.

NGC 772

Bajo el ala del cisne (NGC 6894 y NGC 6940)

El cisne, en plena vía láctea, es un verdadero museo estelar, contando en su haber con una incontable colección de objetos de todo tipo. Bajo una de sus alas, junto a los imponentes Velos, el cisne guarda dos joyas poco reconocidas, accesibles ambas a instrumentos de pequeña abertura.

El primero de ellos es una bonita nebulosa planetaria, el último suspiro de una estrella moribunda que ha querido dejar un recuerdo de su presencia para la posteridad (o, al menos, para los próximos 10.000 años). NGC 6894 stripesSe trata de NGC 6894, un objeto de bajo brillo superficial pero agradecido bajo buenos cielos. Es una nebulosa planetaria con forma de anillo que recuerda a la famosa M57. A su lado, en fotografías de larga exposición, presenta tres franjas de nebulosidad, paralelas entre sí y demasiado débiles para ser observadas a simple vista. Su orientación convierte en culpable de su presencia, según un estudio reciente, al medio interestelar (conocido por sus siglas en inglés ISM). Este medio interestelar hace referencia al espacio que hay entre las estrellas que, lejos de lo que se cree, no es vacío precisamente. Está formado por átomos de distintos elementos, con un 90% de hidrógeno, en estado principalmente gaseoso y algo de polvo (un 1% del total). Este ISM se clasifica según su temperatura en tres categorías, y cuando es más frío favorece el depósito de sus elementos y la aglomeración, siendo el germen de futuras nebulosas y posteriores estrellas. Además, está sujeto a los fuertes vientos electromagnéticos provocados por las estrellas y la rotación de la galaxia. Tendemos a creer que el espacio entre las estrellas es un oscuro desierto vacío, pero lo cierto es que es un mar de vientos y gases en constante movimiento.

NGC 6894

Al mirar con el telescopio a NGC 6894 llama la atención el gran tamaño si lo comparamos con la mayoría de nebulosas planetarias, que son poco mayores que puntos en el cielo. El disco de esta nebulosa se aprecia perfectamente, débil al principio, más intenso conforme el ojo se va a acostumbrando a la oscuridad. Una vez adaptados, a partir de 125 aumentos, deja ver, intermitentemente, un borde más brillante, que le otorga un bonito aspecto anular. Con el filtro OIII esta característica queda bastante más contrastada, apreciándose como un débil anillo de humo, una réplica algo más tenue de M57. Es una imagen muy sugerente que se queda grabada en la retina.

El siguiente objeto, NGC 6940, es mucho más luminoso, un cúmulo abierto que se encuentra dentro de los límites de la constelación de Vulpecula (un nombre peculiar, pero preferible a “La Zorra”). A 2.500 años luz de nosotros, este cúmulo abierto es una gran aglomeración de estrellas azules y rojas que vagan juntas por el cielo. Con una magnitud de 6.30, debería ser visible a simple vista bajo un cielo oscuro.

NGC 6940

Con prismáticos es una visión excepcional, una nube alargada con pequeñas estrellas hormigueando en su interior, flotando en medio de la vía láctea. Al telescopio es un espectáculo impresionante, no sólo por el cúmulo, sino por el marco de la imagen, con cientos de estrellas brillando a su alrededor. No en vano estamos apuntando a uno de los brazos de nuestra galaxia. Varias estrellas brillantes guardan entre ellas a NGC 6940, una concentración de un centenar de astros de diferentes brillos que rellenan un espacio de unos 15-20 minutos de arco. Hay tantas que es difícil, por no decir imposible, definir cuáles pertenecen al cúmulo, que en teoría posee unas 80. Un fondo que parece neblinoso deja de ser tal cuando se mira atentamente a 125 aumentos, dejando claro que la supuesta nebulosa no son más que estrellas, más aún de las que parecía. El cúmulo tiene una forma ligeramente alargada, diría que en “Y”, siendo el extremo central y uno de los lados más abundantes en estrellas. Justo antes de terminar me llamó la atención una estrella que ocupaba el centro del cúmulo, que brillaba con un intenso tono rojo. Personalmente, me considero una persona con baja sensibilidad al color, pero esta estrella la pude apreciar sin lugar a dudas. Luego, comparando con fotografías, pude comprobar que, efectivamente, una bonita estrella roja preside el conjunto, poniendo el broche de oro a este objeto.

Midiendo la distancia en M3

Los cúmulos globulares son peculiares en mil facetas de su historia y composición, y M3 no se queda atrás. Descubierto en 1764 por Charles Messier y catalogado con el número 3, fue en realidad el objeto que le hizo comprometerse con la elaboración de una lista de nebulosidades celestes para evitar confundirse en su búsqueda de cometas. Él sólo vio una nebulosa redonda sin nada en su interior, siendo William Herschel el primero en resolver sus estrellas.

M3 es un cúmulo antiguo, como la mayoría de su especie, datándose su origen en más de 11.000 millones de años (recordemos que el universo nació hace unos 13.700 millones de años y nuestro sol hace 4.500 millones de años. Se encuentra a casi 34.000 años luz de nosotros, más lejano incluso que el centro de nuestra galaxia,  lo forman unas 500.000 estrellas. Llama la atención, entre ellas, la presencia de un gran número de “blue stragglers”, cuya traducción aproximada sería “azules rezagadas”. Este tipo de estrellas parecen ser relativamente jóvenes, con un espectro azulado que contrasta enormemente con las anaranjadas y viejas estrellas que conforman el grueso del cúmulo globular. Se piensa que se han formado al interactuar con el núcleo denso de estrellas, perdiendo su envoltura externa (lo que viene siendo echar una cana al aire).

Es, además, el cúmulo con mayor número de estrellas variables, habiéndose observado casi 300 de ellas. Destacan 188 variables de tipo RR lyrae, que han tenido y tienen una gran importancia en la medición de distancias en el cosmos. Hay diversas maneras para conocer la distancia que nos separa de los objetos en el universo, que se han ido desarrollando con el transcurso de los años y mejoría de la tecnología. Uno de estos métodos se basa en este tipo de estrella variable, cuyo prototipo de estrella, la primera que se descubrió, es precisamente RR lyrae, en la constelación de Lira. Son variables de período corto de tiempo (desde horas a 2 días) y una variación pequeña en su brillo (menos de dos magnitudes entre el mínimo y el máximo). Son estrelFoto M3las que han pasado su fase de gigante roja y han consumido el hidrógeno en su interior, de manera que su principal fuente de energía es ahora el helio, que fusionan formando carbono y otros elementos más pesados. Presentan un volumen equivalente a la mitad de nuestro sol, y sufren periódicamente variaciones en forma de pulsos, la estrella se contrae y se expande a un ritmo relativamente rápido, cambiando de esa manera su brillo. El brillo no varía directamente por presentar un mayor volumen (el volumen adquirido es insuficiente para ser apreciable desde grandes distancias), sino porque se expande la temperatura en su interior disminuye, disminuyendo así su brillo. Cuando la estrella se contrae el volumen debe ocupar un espacio más reducido, aumentando su temperatura al igual que ocurre en una olla express (tenemos ejemplos para todo sin movernos de nuestro planeta).

Este curioso comportamiento es utilizado por los astrónomos porque hay una relación entre la magnitud absoluta de la estrella (el brillo total, que no depende de la distancia) y la frecuencia de los pulsos, de manera que, conociendo dicha frecuencia podemos conocer la verdadera magnitud de la estrella. Conociendo esta magnitud absoluta y la magnitud relativa (la que vemos desde la tierra), un sencillo cálculo nos permite averiguar su distancia a nosotros. De esta sencilla manera podemos calcular las distancias de M3 y de otros cúmulos y galaxias cercanas, convirtiéndose este tipo de estrellas en “candelas” estelares (al igual que las cefeidas y otros objetos que iremos viendo poco a poco).

Esta observación es de la pasada primavera, y he creído conveniente rescatarla para tener una oportunidad de despedirnos de M3, ahora que empieza a esconderse de nosotros por el horizonte al comienzo de la noche. Se encuentra a medio camino entre Arturo y Cor Caroli, siendo fácil de encontrar saltando de estrella a estrella desde la brillante alfa Bootis. Bien visible con prismáticos en casi cualquier condición, se aprecia perfectamente su forma redondeada y muy densa, sin estrellas resueltas.

M3

A 65 aumentos ya se nos muestra como uno de los más espectaculares cúmulos globulares del hemisferio norte. Es grande, con tantas estrellas salpicadas que es imposible contarlas todas. Su núcleo, muy denso, burbujea plagado de puntos luminosos, que se van difuminando en su camino a la periferia, sin una gran diferencia de gradiente como se puede apreciar en otros. La mejor imagen la obtuve a 125 aumentos, porque la atmósfera algo turbulenta no me permitía obtener una imagen completamente clara a mayores aumentos. Es un objeto digno de observar una y otra vez, y es de esas visiones que siempre consiguen arrancar una exclamación al invitado menos entusiasta.

Un titán de hielo y polvo (Panstarrs)

Todos hemos visto u oído hablar de los grandes cometas, aquéllos que nos visitan con cierta periodicidad, o aquéllos que aparecen “de la nada” y van brillando cada vez más, sorprendiéndonos con su movimiento y formas. Desde el Lovejoy no había tenido oportunidad de ver ningún otro cometa, por eso me emocioné anoche cuando conseguí ver uno de estos cuerpos, y no sólo verlo, sino disfrutarlo como si fuera un gran cometa en miniatura. Me refiero al C/2014 S2 Panstarrs, que carece de un nombre más sencillo.

Este cometa se descubrió hace un año, cuando brillaba con una magnitud 20, totalmente fuera del alcance de nuestros telescopios visuales. Ahora ya se encuentra mucho más cerca de la Tierra, a apenas 1,88 unidades astronómicas (o 281 millones de kilómetros), acercándose al sol a 100.000 kilómetros por hora. A estas enormes velocidades no es de extrañar que el hielo y polvo que compone su cubierta se esté desprendiendo, formando una cola tras de sí. No es una cola muy vistosa si lo comparamos con otros compañeros suyos, pero no deja de ser impresionante poder distinguirla a través de un telescopio. En este momento Panstarrs (para abreviar) se encuentra entre la órbita de Marte y la Tierra, y alcanzará su punto más cercano a nosotros el 26 de Octubre. El 9 de Diciembre tendrá su lugar su perihelio o mayor aproximación al sol, pasando a escasas 2.1 unidades astronómicas de él. ¿Qué pasará entonces? Realmente no se espera un aumento importante de brillo, las estimaciones iniciales no estimaban más de magnitud 14, con lo que podríamos darnos por satisfechos si el cometa continúa en la magnitud 0.actual, alrededor de 10,5.

Cuando leí que estaba al alcance de mi telescopio no dudé en buscarlo en cuanto las nubes dejaron un respiro, en los limpios y oscuros cielos cercanos a Alamedilla. No estoy habituado a observar cometas, y con una magnitud de 10.5 esperaba ver una especie de pequeña nebulosa redonda. Por eso me sorprendí enormemente al ver una perfecta réplica de otros cometas más grandes, con su núcleo brillante y una cola bien visible que se expandía unos 2-3 minutos de arco. Embelesado con la imagen, imaginé a esa gran bola de roca, hielo y polvo que da una vuelta al sol cada 2.219 años, acercándose a nuestra estrella como un péndulo infinito. La última vez que nos visitó, Panstarrs seguramente vio a Eratóstenes mirando al cielo, midiendo la circunferencia del planeta con una exactitud, para su época, digna de los genios. La próxima vez que nos visite no puedo imaginarme cómo y dónde estaremos, si es que seguimos en la Tierra y no hemos terminado de destrozar el planeta.

C.2014 S2 Panstarrs

Entre nube y nube (NGC 1245, M76 y Gamma Andromedae)

El otoño trae objetos muy variados, pero también esporádicos ejércitos de nubes con los que hay que lidiar para aprovechar la noche. Ayer fue uno de esos días con una previsión del tiempo optimista que se tuerce cuando llega la hora de observar y ese 10% de nubes que marca el tiempo ocupa realmente una franja de más de 80% del cielo. Aun así había claros con estrellas brillando en un cielo bastante limpio. Las siguientes observaciones las realicé desde mi casa en el Barrio de la Vega, un pueblo a diez minutos de Granada con un cielo relativamente decente.

Tras comprobar que la calidad del cielo era adecuada, comencé con un cúmulo abierto que tenía en mi lista de asuntos pendientes. NGC 1245, o Melotte 18, está situado en Perseo, en pleno centro de la constelación, lindando con Melotte 20, la brillante agrupación estelar que rodea a Mirfak, o  Alpha Persei. Se encuentra en una zona ricamente poblada de estrellas, como corresponde a su localización en plena vía láctea otoñal. Sus estrellas tienen una media de edad de mil millones de años, 5 veces más jóvenes que nuestro sol, y flotan en el espacio a más de 8.000 años luz, distancia nada despreciable.

NGC 1245

Con 65 aumentos ya es visible como una mancha blanquecina de unos 10 minutos de arco, inmersa en un triángulo formado por tres brillantes estrellas. En esta especie de nebulosa resaltan pequeñas estrellas titilando tímidamente, y otras aún más tenues se adivinan. Mayores aumentos aumentan el número de estrellas visibles de forma más clara, pero la sensación de fondo neblinoso no llega a desaparecer. Llegué a contar una treintena de astros, aunque intuyo que bajo cielos oscuros debe ser impresionante.

Mi siguiente objetivo era M76, pero no pude evitar hacer una parada en Almach y leer sobre ella (de hecho, las nubes que iban y venían invitaban a leer tranquilamente esperando que dejasen libre la estrella). Almach, o Gamma Andromedae, es la tercera estrella más brillante de la constelación de Andrómeda, una de las protagonistas de esta estación, tanto por su situación como por ser huésped de M31 (además de otros objetos interesantes de los que ya hablábamos con anterioridad). Se encuentra a una distancia de unos 350 años luz y, personalmente, ocupa el podio de las estrellas dobles, junto con unas pocas más. Forma uno de los extremos de la constelación, una estrella que brilla con una magnitud de 2,26 y tono amarillo-naranja intenso, siendo de clase espectral K3. Es una gigante naranja con un diámetro 96 veces mayor que nuestro sol y una temperatura de 4.200ºC (básicamente, una estrella que se encuentra relativamente cerca de su final, el paso siguiente que le espera al Sol, cuando a empiece a hincharse y volverse rojizo). Cualquier aumento es suficiente para desdoblar su compañera, una bonita estrella azul a 9.6 segundos de arco de la principal. Juntas suponen una magnífica visión en cualquiera de los oculares. Esta segunda estrella es de clase B9, lo que la sitúa en el extremo opuesto del ciclo de la vida, una estrella muy caliente y joven que completa un giro a la primaria en 67 años. Guarda, además, otra sorpresa, y es que la estrella secundaria está formada en realidad por tres estrellas, tan cercanas que quedan fuera del alcance de telescopios de aficionado. El resultado final: una estrella cuádruple de variadas formas y colores.

El término Almach deriva del nombre de un animal arábigo, una especie de tejón o lince. Pero, lejos de ser un animal solitario, Almach es una pequeña familia, y ver las dos estrellas principales a través del ocular es una de las visiones más agradables de las que podemos disfrutar en las noches frías de otoño. El resto lo hará la imaginación, vislumbrando la vida en un planeta en el que cuatro soles juegan al escondite. Uno, enorme y brillante, llega a deslumbrar al resto, pero cuando se está poniendo tras el horizonte y adquiere un tinte aún más rojo, se puede ver otro sol de un color azul que se confunde con el agua, rodeado por otras dos pequeñas estrellas blanquecinas. Pocos planetas podrían presumir de una puesta de sol más bella.

Almach

Finalmente llegamos a M76, entre cúmulos y cirros que atraviesan rápidamente el cielo. Tradicionalmente se ha considerado uno de los objetos más difíciles de observar del catálogo Messier. Personalmente discrepo de esa afirmación, encontrando muchas otras galaxias más tenues y desafiantes. M76 es una nebulosa planetaria descubierta por Pierre Mecháin en 1780, muy cerca del límite entre Perseo y Andrómeda. Herschel fue el primero en distinguir su naturaleza bilobulada, pero habría de pasar más tiempo para vislumbrar sus dos lóbulos bien definidos, a modo de orejas o alas de mariposa. Su curiosa forma ha sido objeto de investigación, e incluso hoy en día no se tiene seguridad acerca de su mecanismo de producción. Estudios recientes hacen referencia a que el material que eyectó la estrella ha escapado principalmente por su región ecuatorial, formando una especie de torus que, visto de perfil, es el responsable de su estrambótica forma, que recuerda enormemente a la de M27. Su estrella central va camino de convertirse en una enana blanca, y los gases que la rodean se irán diseminando poco a poco hasta desaparecer por completo, dando lugar, en el mejor de los casos, a la gestación de nuevas estrellas.

M76

Es un objeto fácilmente visible ya desde bajos aumentos, a pesar de que lo observé desde un cielo suburbano. A 65x se aprecia una especie de rectángulo bilobulado, con los dos extremos más brillantes. A mayores aumentos esta forma se acentúa, estrechándose algo en el centro. El verdadero desafío es captar los dos lóbulos que salen de los extremos, y para ello, en un cielo de calidad normal, hay que recurrir a la visión periférica. La otra noche tardé unos minutos en comenzar a notar la salida de una de estas “orejas” en la región superior, mejorando la imagen en momentos de buen seeing. En la parte inferior también se aprecia el origen de otro de los lóbulos, menos definido que el anterior. Los filtros no ayudaron especialmente, si bien se podía notar nebulosidad difusa rodeando al cuerpo principal, especialmente a su derecha (anoche la observé desde cielos bastante más oscuros y pude apreciar los dos lóbulos perfectamente, con un poco de esfuerzo pero con claridad). No deja de sorprender la inmensa variedad de formas que pueden adquirir las estrellas a la hora de su muerte. ¿Qué figura nos mostrará el sol cuando llegue su hora? ¿Será un anillo o regalará caprichosas formas a los extraterrestres que nos examinen desde la distancia?

Dos planetarias de verano (NGC 40 y NGC 6826)

La estación estival nos brinda la oportunidad de observar un buen número de nebulosas, tanto planetarias como difusas. En esta ocasión nos vamos a centrar en dos nebulosas planetarias, el vestigio de la muerte de dos estrellas, en Cefeo y en el Cisne.

NGC 40 o Caldwell 2, situada muy cerca de Errai o gamma Cephei, es una planetaria que se encuentra a 3.500 años luz de nosotros, y presenta una serie de peculiaridades que la hacen digna de observar. Por un lado su estrella central es bastante brillante, con una magnitud de 11.6, y se considera una estrella de Wolf-Rayet (en esta entrada hablábamos sobre ellas). Esto es equivalente a altas temperaturas (50.000 ºC), rápida pérdida de su envoltura y fuertes vientos que modelan los gases que la rodean. A estos vientos se deberá, probablemente, el curioso revestimiento que la rodea, que semeja un óvalo que es cortado en dos lados opuestos, de forma que la estrella central parece flanqueada por dos paréntesis o líneas curvas independientes.

Al telescopio es realmente interesante. A 65 aumentos ya se aprecia como una estrella ensanchada y borrosa, que queda perfectamente definida cuando usamos 125 aumentos. Entonces se ve cierta forma ovalada en su forma, y se aprecian perfectamente los dos “paréntesis” que rodean a una brillante estrella central. Uno de los paréntesis parece tener distinto grosor en uno de sus extremos. Hacia el interior, una clara nebulosidad inunda el resto del espacio hasta llegar a laestrella. A 214x el contraste mejora notablemente, es una nebulosa que aguanta muy bien los aumentos, así que decidí hacer el dibujo con el ocular Omegon de 7 mm. El campo, para ser hecho a tanto aumento, es bastante rico en estrellas.

Tras un rato de adaptación pude ver algo que se situaba en la envoltura de la nebulosa, un nódulo, pensé primero. Tras mirar con detenimiento comprobé que era una pequeña estrella inmersa en la capa externa, muy cerca de uno de los paréntesis, aportando a todo el conjunto un agradable broche.

NGC 40

El siguiente objetivo fue NGC 6826, otra nebulosa planetaria que brilla en un campo plagado de estrellas en la constelación del Cisne, bajo una de sus alas.  El cisne vuela, pero lo hace lentamente, de forma que dispondremos de varios meses para recorrerlo entero, gracias al alargamiento de las noches de otoño. Esta nebulosa forma parte también del catálogo Caldwell, con el número 15, y es conocida como la Nebulosa Parpadeante (Blinking planetary).

NGC 6826 se encuentra un poco más cerca que NGC 40, a 2.000 años luz de distancia, y su diámetro es algo menor. Como la mayoría de nebulosas planetarias, tiene forma esferoidal, con algunos matices que vamos a ver. En fotografías puede apreciarse cómo NGC 6826 está compuesta por dos capas superpuestas, una mayor redondeada, y otra menor This gallery shows four planetary nebulas from the first systematic survey of such objects in the solar neighborhood made with NASA's Chandra X-ray Observatory. The planetary nebulas shown here are NGC 6543 (aka the Cat's Eye), NGC 7662, NGC 7009 and NGC 6826. X-ray emission from Chandra is colored purple and optical emission from the Hubble Space Telescope is colored red, green and blue. A planetary nebula is a phase of stellar evolution that the sun should experience several billion years from now, when it expands to become a red giant and then sheds most of its outer layers, leaving behind a hot core that contracts to form a dense white dwarf star. A wind from the hot core rams into the ejected atmosphere, creating the shell-like filamentary structures seen with optical telescopes. The diffuse X-ray emission is caused by shock waves as the wind collides with the ejected atmosphere. The properties of the X-ray point sources in the center of about half of the planetary nebulas suggest that many central stars responsible for ejecting planetary nebulas have companion stars.más elíptica. Estudios de 1990 sugieren que la forma elíptica de la nebulosa se debe a la presencia de una estrella compañera que fue evaporada por la estrella central. Al parecer, esto explicaría su forma ovoidea, mientras que la capa más externa, invisible al telescopio visual, es perfectamente redonda.

Además la nebulosa posee dos zonas polares iluminadas de forma características que son conocidas como FLIERs (o Regiones de Emisión Rápida de Ionización-baja… Sería una traducción aproximada), que podemos encontrar en otras nebulosas planetarias. Parece que provienen de fulguraciones de la estrella central y alcanzan velocidades supersónicas. Nuevos estudios en el futuro podrán comparar su movimiento actual y establecer un poco mejor su naturaleza.

Su estrella central brilla con una magnitud 10.6, y es este alto brillo el responsable de su efecto “parpadeante”. Efectivamente, cuando observamos NGC 6826 a bajo aumento se produce un curioso fenómeno, una especia de ilusión óptica. Si miramos la estrella fijamente, la nebulosa desaparece, y cuando miramos a otro lado, la nebulosa resurge ante nuestros ojos, como si estuviera parpadeando realmente. Este efecto dejé de notarlo a mayores aumentos.

Como la mayoría de planetarias, soporta estupendamente altos aumentos sin pérdida de la calidad de visión, siempre que la noche sea estable. A 214x la imagen era estupenda. La brillante estrella rodeada de una clara esfera nebulosa, con gran brillo superficial, al lado de una bonita estrella. Pero esa noche buscaba algo más. Había visto imágenes de los FLIERs y me pregunté si estarían al alcance de mi telescopio. Dediqué un buen rato a NGC 6826, usando la visión periférica en distintos ángulos, respirando más rápido, menos… hasta que finalmente noté un punto brillante en uno de los lados de la nebulosa. Al principio pensé que había sido sugestión, pero volví a intentarlo de nuevo y pude comprobar reiteradas veces que ese “algo” estaba ahí. Posteriormente confirmé por su posición que era uno de los FLIERs, el opuesto a la estrella más cercana. El otro me fue totalmente imposible, habrá que buscar mejores noches (y más horas de práctica).

NGC 6826

Jugando en el cielo (NGC 281)

¿Recuerdas esas regiones HII que hemos visto en otras galaxias? Sobre todo en las que se nos presentan de frente, como M33 o M101… Son regiones de formación estelar, con nebulosas rodeando las recién nacidas estrellas azuladas. En nuestra propia galaxia tenemos un buen número de ellas visibles desde nuestra posición (M8, NGC 7023…), todas distintas y con características que hacen a cada una especial. Hoy vamos a hablar de una de ellas, NGC 281, que se encuentra en el brazo de Perseo a una distancia aproximada de 9.500 años luz (cuando la luz salió de esas estrellas, en la tierra llegaba a su fin la última Edad de Hielo). Podemos encontrarla fácilmente cerca de Schedar o alfa Cassioppeia, una bonita doble (en esta entrada de Santos podéis leer sobre ella) que forma uno de los “picos” de esta constelación.

Foto NGC 281

NGC 281, o IC 11, es conocida como la Nebulosa Pacman por su forma, que recuerda al personaje del clásico videojuego. Esta figura ayuda a ser definida gracias a la presencia de nebulosas oscuras que recortan su silueta. Mide unos 48 años luz, bastante grande si la comparamos con la Nebulosa de Orion (12 años luz) y una nimiedad siGlob bok lo hacemos con la Nebulosa de la Tarántula en la Gran Galaxia de Magallanes (500 años luz). En ella se está gestando una familia de brillantes estrellas azuladas llamada IC 1590, que alcanzan altas temperaturas en su superficie (su espectro, OB, indica su corta edad y alto brillo, como veremos en otro momento). En el centro de la nebulosa brilla la estrella HD 5005, que con su radiación ultravioleta es la principal responsable de ionizar el gas circundante. En realidad esta estrella es cuádruple, siendo sus componentes discernibles en una noche estable.

Como buena región HII presenta, al igual que veíamos en M8, Glóbulos de Bok, que son “bolsas” de gas oscuro que rodean estrellas en plena formación, o protoestrellas. Son, metafóricamente, placentas de futuras estrellas azuladas. He leído informes de aficionados que han sido capaces de ver algunos con telescopios de 80 cm de abertura.

Bajo los buenos y limpios cielos del Camino de la Cabra,  entre Granada y Málaga, dediqué un buen rato a NGC 281 con mi Dobson 305 mm, sin saber realmente lo que iba a encontrar para no ir predispuesto. Ya desde el principio, a 65 aumentos, aprecié perfectamente su forma de “boca abierta”, de Pac Man, con los bordes de la boca bien definida. Con el Hiperion 13 mm, a 125x, la imagen ocupaba cómodamente gran parte del campo y permitía ver más detalles, zonas más densas que otras. Al aplicar el filtro UHC noté un importante aumento en el contraste, siendo consciente entonces de que las dimensiones eran bastante mayores, con una nueva zona de nebulosidad por encima de la “cara”. El filtro OIII mejoraba algo la imagen, pero sin llegar a los resultados del UHC.

NGC 281

El campo que rodea a NGC 281 es rico en estrellas, como corresponde por su cercanía a la vía láctea. En el centro de la nebulosa pude apreciar a la brillante HD 5005. Me sorprendí cuando vi otra estrella muy cercana a ella, casi rozándola, ya distinguible a 65 aumentos. No sabía que era una estrella múltiple, así que disfruté gratamente con la sorpresa. No deja de ser admirable poder ver tantos objetos de distinta naturaleza en un mismo campo: una nebulosa de emisión, un cúmulo estelar, una nebulosa oscura y una estrella múltiple. Una pena que esos glóbulos de Bok estén fuera del alcance por ahora…